K-Thar-Sys, más que un trabajo en equipo…

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Con cariño por Carmen Prada

Servidora, Tacones Cercanos. Detrás de este avatar hay uno de mis sueños hecho realidad.

Todo comenzó siendo una aventura sin importar el ¿por qué?, ¿cómo?, ¿cuál es la finalidad? Todo ello junto a unos fantásticos compañeros de viaje. A estas alturas, tengo la sensación de que nos conocemos de toda la vida, y lo cierto es que no conozco a ninguno en persona, pero para mí ya son amigos.

No ha sido fácil, y no me refiero al hecho en sí de escribir K-THAR-SYS, sino por la metodología que hubimos de utilizar para lograr que hoy la novela esté ya en papel y a la venta:

K-Thar-Sys Novela en Amazon

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Orgullosos, salvamos dificultades, sacrificamos momentos, el apoyo de muchos de ellos fue fundamental, la comprensión jugó un papel importante…, y no os voy a engañar, desencuentros también existieron.

Este es un sueño hecho realidad en el que hemos trabajado muchos profesionales que nos hemos entregado a la aventura, no me quiero olvidar de ninguno, y es que con ellos he conocido muy de cerca y de modo diferente lo que es el trabajo en equipo, y salvando distancias abismales en todos los sentidos.

Estos son los artífices que me ayudaron a saber lo que es remar todos en el mismo sentido:

A continuación, os hago llegar las palabras que pertenecen al Prólogo de K-THAR-SYS, escrito por parte de uno de los compis, Manuel Calle.

“Las mejores cosas de la Vida surgen sin avisar, sin planificarlas, sin darte cuenta, de forma espontánea y natural. Y se desarrollan como si llevasen meses planificándose. A veces, las entendemos como “locuras”.

¿Por qué será?

Llegan de repente, sin previo aviso, y no las controlas, están fueran de nuestro alcance y
control.

¿Locura o experiencia? ¿Nos arriesgamos, probamos y nos dejamos llevar o nos
quedamos en nuestro mismo sitio de siempre?

Esto fue lo que pensé cuando decidí embarcarme en esta “loca” y encantadora aventura
de escribir una novela.

La idea surgió durante una conversación por whatshapp. Cada mañana, como de costumbre, antes de que el gallo anuncie la llegada oficial de un nuevo día, me dispongo
a dar mi particular saludo de buenos días en algunos grupos de whatsapp a los que
pertenezco.

Pero hubo un día, que a diferencia de los otros, una persona desde el otro lado, inició una conversación. Conversación que terminó derivando en una “descabellada” idea….escribir una novela multiautor.
Ya sé que muchos pensaréis, ¿descabellada?, no sois ni los primeros ni seréis los últimos
en escribir una novela de este tipo.

¡Cierto! Pero lo que hace especial a esta novela es que el elenco de autores que participan
en la misma no se conocen físicamente, al vivir cada uno, en una zona geográfica distinta de España (Madrid, Benicássim, Málaga, Ponferrada, Almería, San Lorenzo de El Escorial, Vitoria, Gijón, El Entrego y Cádiz……..) e incluso de América (Costa Rica – San José- y Argentina -Córdoba-), por lo que las relaciones, reuniones y coordinación se realizó exclusivamente por dos vías: whatsapp y mails.

De esta manera, un grupo de veinte personas decidimos embarcarnos en la apasionante
aventura de escribir una novela multiautor. Pero no cualquier novela, sino una que fuese original e innovadora, y para ello, nada mejor que escribirla sin un argumento
predeterminado.

¡Sí, tal y como estás leyendo!

El argumento de esta novela iría surgiendo de la imaginación de cada escritor a medida
que se escribiese cada capítulo, con el único límite de continuar lo que se hubiese escrito
en el capítulo anterior, intentando no caer en incoherencias ni contradicciones con lo anteriormente publicado, aunque se podían dar todos los giros que se quisieran a la historia.

¿Qué pretendíamos o a donde queríamos llegar?

¡¡¡A donde fuese!!!! La idea era no ponernos límites y disfrutar haciéndolo, entre todos los que finalmente se apuntasen a esta aventura.

Teniendo en cuenta que ninguno de los participantes en la novela es escritor profesional,
esto suponía un reto aún mayor.

Y como lo mejor de la vida no atiende a planes o programaciones, sino que basta con
dejarnos llevar, con permitir que las cosas sucedan por sí mismas, con la sutileza de la
causalidad, con la apertura de quién es humilde y no espera nada, así nació la novela K-THAR-SYS.

Novela donde todos sus autores escribieron bajo seudónimo y mediante un avatar. Cuyos
capítulos se publicaron en Internet, TODOS los días (fines de semana incluidos) a las
12:00 horas del mediodía y donde cada autor, tenía de tiempo para escribir su capítulo,
desde ese momento en el que se publica el último capítulo, hasta las 22:00 horas de ese
mismo día. Hora máxima en la que se entregaría el capítulo a la persona encargada de
programar su publicación en el Blog.

K-THAR-SYS tiene todos los alcances y límites de haber sido elaborada desde el amor que todos sus creadores sienten por la creatividad en su estado más puro y libre. Una novela que es una incitación a pensar, a reflexionar y a disfrutar con cada capítulo.

El libro que más sorpresas me ha deparado y gracias al cual comencé a sentir que se hacía realidad ese sueño casi dormido y que alentaba en mi infancia: llegar a ser algún día escritor.

Me gustaría que recorrieras y visualizaras estas páginas junto a cada Avatar y que te
sumerjas de lleno en el mundo de

K-THAR-SYS,

pero siempre teniendo en cuenta una premisa fundamental en toda esta historia: NADA ES LO QUE PARECE”.

Manuel Calle Mena
6 de Junio de 2017

Más de una vez, en las numerosísimas conversaciones que teníamos en el grupo de WhatsApp, Héctor Trinidad, cuando mencioné emocionada que ya tenía la novela entre mis manos, me dijo: – hay tres cosas en la vida que si alcanzas a hacer, uno ya se puede sentir realizado. Una es plantar un árbol, otra tener hijos y la última escribir un libro -.

 

Reconozco que el árbol lo planté cuando aun era una niña en una de esas excursiones que teníamos con el cole. Los hijos no los he tenido. Y el libro, ¡lo he logrado escribir! Aun así, he de decir que los árboles hay que cuidarlos para que no se mueran, a los hijos hay que alimentarlos y educarlos, y el libro…, he de conseguir que lo leas.

¿Nos ayudas con tu lectura?

¿Te animas a #NadaEsloqueParece?

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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¿Ya has construido tu propio YO?

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Quizá os pueda parecer extraña esta reflexión que os voy a formular hoy pero, después de analizar mucho a las personas, vivir con pasión mi profesión, de ser éstas mi fuente de inspiración y escuchar más que hablar, he llegado a la conclusión de que hay dos momentos muy importantes en nuestra vida.

Os estaréis preguntado, ¿cuáles? Pues no, no hablo de lo que normalmente se comenta, ya sabéis, estudiar una carrera, casarse, tener hijos… ¡No, los tiros no van por ahí! Me explico:

1º.- Infancia. Evidentemente, nos educan a cada uno de un modo diferente. Nuestra educación sin duda va a estar condicionada por nuestra familia, por las costumbres del entorno, los valores culturales que nos inculquen, pero incluso también por los miedos que las personas que tenemos alrededor nos transmitan.

Nacemos casi con un “no llores”, poco a poco vienen los “ten cuidado que te vas a caer”, más tarde “no comas tanto dulce…” Y así podríamos seguir. Bajo ningún concepto dudo de que nuestros padres quieren lo mejor para nosotros, pero… ¿Y nosotros, sabemos lo que realmente queremos?

2º.- El momento de descubrir para qué hemos nacido. ¡Sí, lo que estás leyendo! A medida que vamos creciendo tenemos que tomar decisiones y asumir responsabilidades, en muchas ocasiones, si nos parásemos por un instante no sabríamos ni por qué, ni para qué. Y no, no hablo de tener una bola mágica y predecir el futuro, sino de pararnos frente a un espejo y preguntarnos a nosotros mismos, ¿en qué soy bueno en la vida y por qué?

Pero voy más allá, para ello debemos alejarnos de los miedos que quizá nos han acompañado durante muchos años, tener claro cuál es el punto en el que nos encontramos y hacernos la siguiente pregunta, ¿deseo pasarme toda mi vida en el punto en el que estoy en este momento? Entonces, ¿qué deseo para mi futuro?

Está claro que llegado este 2º punto, tenemos dos opciones:

  • seguir en nuestra zona de confort y quizá quedarnos en esa etapa del “nacimiento”. Y continuar consolándonos con los “por si acaso”, “es que todo está muy difícil”, “más vale malo conocido que bueno por conocer…”

 

  • O por otro lado, construir nuestro propio yo desde dentro hacia fuera. ¿Esto qué significa? “Lo parezco, porque es lo que realmente soy”. Transmitir personalidad, carisma, pero sobre todo seguridad y transparencia a los que nos rodean.

 

Sin duda, todo lo mencionado en el punto anterior es un proyecto, y quizá el proyecto y el reto más grande con el que nos encontremos en nuestra vida, la construcción de nosotros mismos.

 

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Me gustaría hacer mención de una frase de Viktor Frankl que dice mucho, “si tienes un por qué, aguantas casi cualquier cómo”. Y es que realmente este psiquiatra lo pudo experimentar en sus propias carnes y así lo dejó plasmado en su libro, A la vida. Éste narra sus experiencias como recluso de un campo de concentración nazi, lo que le llevó a descubrir la importancia de encontrar sentido en todas las formas de existencia, incluso las más brutales, y por lo tanto, una razón para seguir viviendo.

 

Proponte visualizar tu futuro, no será muy complicado si ya hemos construido nuestro propio Yo. La más ardua tarea vendrá después, cuando realmente tengamos que plasmarlos en palabras escritas como un compromiso vital con nosotros mismos. No valen las excusas ni peros, ya que tenemos claro cuál queremos que sea nuestro propio futuro y que para alcanzarlo debemos dejarnos la piel. ¡Es un todo o nada! ¡Es una apuesta al 100% por nosotros mismos! ¿Crees que existe alguien que pueda hacer una apuesta tan fuerte como tú por tu futuro?

 

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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La urgencia de un proyecto de construcción de una sociedad rota

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Artículo publicado por Carmen Prada

“Es más fácil construir niños fuertes que reparar hombres rotos”.Frederick Douglass

 

Disculpad que saque mi raíz y vena futboleras, en el más amplio sentido de la palabra en ambos casos.

Deseo compartir aquí y ahora con todos vosotros algo que muchas de las personas con las que me relaciono habitualmente ni saben, y es que durante gran parte de mi adolescencia y primera juventud desarrollé la actividad arbitral en el fútbol. Confieso que algo de “culpa” en todo esto tuvo mi padre, pues mi hermana y yo comenzamos en ese mundillo influenciadas sin duda por el hecho de haberlo acompañado muchas veces a los partidos que él durante años dirigió cada fin de semana, en categorías y campos modestos, en los que el árbitro se encontraba expuesto a todo tipo de incomprensiones y cosas peores, como podéis imaginar.

Recuerdo aquella etapa de mi vida con cariño, aunque en cada partido escuchaba barbaridades, y seguramente más por ser mujer. Frases como “estás mejor fregando los cacharros”, “a ti te hacia yo mujer”, “vete al puticlub y ganarás más”, y otras mucho peores que prefiero no reproducir, eran habituales. Pero quizá lo más curioso y triste es que no pocas veces eran mujeres las que proferían las expresiones más machistas.

También he de advertir que los espectadores participaban muy activamente en esa violencia verbal, que era tolerada con naturalidad, y también los conflictos y trifulcas entre los jugadores eran habituales.

Paradojas de la vida, hace casi diez años, retirada ya por completo del mundo arbitral, conocí a un chico con el trabé una gran amistad. Era y sigue siendo árbitro. Y además, desde hace casi un lustro es mi esposo.

Me ha contado muchas anécdotas vividas en primera persona, y aunque en comparación con lo que ocurría hace más de dos décadas, cuando yo arbitraba y él jugaba al fútbol, las cosas algo han mejorado, los episodios de violencia en el deporte se siguen produciendo con demasiada frecuencia. Quizá pase como con la violencia doméstica, salvando las distancias. No es que haya ahora más que en tiempos de nuestros padres y abuelos, pero sí hay más sensibilización y repercusión mediática al respecto. Y, al igual que con la doméstica, hay muchísimo camino por andar para erradicar esta lacra de nuestra sociedad.

Llevamos una temporada escuchando y viendo imágenes sobre hechos tan lamentables como que en partidos de categoría infantil los padres se enfrentan unos a otros llegando incluso a las manos. De todos estos hechos vergonzosos, han salido heridos y actuaciones judiciales. Los moratones y las contusiones son daños físicos con tratamientos conocidos y concretos, pero hago una pregunta; y los daños en la retina de muchos hijos, llantos y decepciones, ¿esos quién los va a reparar?

 

Hoy en día queremos ganar y ser los mejores, que se nos vea, llamar la atención, estar por encima de cualquiera… ¡En todo y a costa de cualquier cosa!

Toda esta violencia en la sociedad la respiramos cada día, no sé si somos del todo conscientes.

Entre los más jóvenes nos estamos encontrando con auténticas tragedias, incluso llegando a suicidios al sufrir el llamado bullying, un acoso físico y/o psicológico al que someten, de forma continuada, a un alumno sus compañeros.

Nos vamos al terreno profesional, y las injusticias y abusos aparecen como una plaga. La falta de respeto y de dignidad están a la orden del día.

  • Contratos de trabajo abusivos en los que todo vale, y si no te conviene hay muchos en la cola del paro.

 

  • Faltas de respeto por parte de cargos intermedios o incluso el propio empresario, viviendo a diario bajo la amenaza de perder el puesto de trabajo.

 

  • Las desigualdades salariales y de oportunidades por razón de sexo.

 

  • La relación con los compañeros… Es sano la competitividad, pero, ¿sabemos medir el grado? Cruzar la línea roja es muy fácil cuando lo que quieres conseguir es a costa de todo y todos.

 

  • El escaso valor que se le da a la experiencia, buscando perfiles que se pueden definir claramente: menores de 40 años. Se acostumbra a discriminar de este modo y dejar a un lado a personas que podrían tener un peso importante dentro de la empresa, cómo no, junto a esos “otros perfiles” con tanta demanda en estos momentos.

Y es que en nuestra vida personal nos sucede lo mismo, seguimos compitiendo salvajemente.

Se compite por tener mejor móvil que el amigo. Por irnos de vacaciones cada año y hacer eco con todo detalle para mostrar así el poder adquisitivo que tenemos. Si el mejor amigo de mi hijo tiene las últimas zapatillas deportivas que han salido en el mercado, el mío las tiene que tener también, que no se diga…

¿Dónde han quedado los verdaderos valores? Es algo a reflexionar por todos, yo me incluyo.

Estamos construyendo una sociedad basada en el materialismo, en el ansia de poder, el egoísmo, sin parar a pensar que vienen otras generaciones detrás a las que se lo estamos poniendo muy difícil. Y difícil por comportamientos que no se entienden, pero que ya empiezan a ver como normales, por la cotidianidad con que los viven.

Planes de estudio en los que las humanidades tienen cada vez una presencia más marginal, abundancia de familias desestructuradas, nuevas formas de violencia por el mal uso de las nuevas tecnologías, pérdida generalizada del sentido de la trascendencia, una sociedad más interconectada en la que las personas a su vez viven una mayor soledad por la superficialidad imperante que lleva al “consumismo de relaciones fugaces”…

Y sin embargo, no hay que perder la esperanza. También es más fácil encontrar personas dispuestas a no dejarse arrastrar. Puedes relacionarte con gente de los cinco continentes a golpe de clic, las posibilidades de llevar adelante proyectos aumentan, todo es más fácil si se tienen en cuenta las herramientas con las que contamos y se utilizan adecuadamente. Pero no pongamos nuestra fe en las tecnologías. Al final, son las personas lo realmente valioso e importante.

 

No renunciemos nunca a ver en cada una de ellas un motivo para seguir creyendo que merece la pena, pero eso sí, desde el realismo, y sin miedo a poner nombre a cada una de las violencias y miserias que tenemos que enfrentar cada día en este mundo gris en el que, gracias a Dios, mañana de nuevo saldrá el sol.

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Camina con tus propios zapatos

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Por Carmen Prada

 

Llevaba muchos años, desde la adolescencia, caminando con los mismos zapatos, un calzado que sus padres en aquel entonces habían comprado para ella con todo el cariño.

Evidentemente, esto suponía que el número de pie no había variado, porque tampoco había crecido apenas. Sus pies sufrían dolores en las plantas, durezas insoportables, grietas interdigitales, y todo este suplicio porque durante muchos años de su vida, había caminado con los dedos encogidos, ya que apenas había espacio en esos zapatos.

Después de tantos años y kilómetros recorridos en su vida, de repente paró su recorrido sin saber muy bien el motivo.

No comprendía muy bien la razón de haberlo hecho. Algo dentro de ella se removió y sintió la necesidad de descansar y reflexionar.

 

El lugar elegido por ella para hacer el descanso en primera instancia no parecía un sitio apetecible, no invitaba a nada puesto que el calor era insoportable y el sol quemaba.

 

Pero de pronto se dio cuenta que algo así, parar y estar con ella misma en un descanso, jamás se lo había planteado. Lo pensó más detenidamente y se dio cuenta con lágrimas recorriendo su rostro que nunca lo había hecho.

 

Esta parada en su vida tenía un sentido, y era buscar una explicación a por qué durante tantos años había calzado esos zapatos que no soportaba, pero de los cuales nunca se había quejado, y que incluso ella no había elegido.

 

La dificultad al caminar con ellos le había hecho perder muchas oportunidades de haber disfrutado de bellos recorridos y caminos. Todavía no había podido deleitarse con la sensación de caminar descalza, sin nada que le obstaculizase la sensación de sentirse viva, de sentirse libre.

Habían pasado tres horas desde su decisión. Seguía tumbada sobre el césped. El sofocante calor se llevaba un poco mejor sobre el frescor de la hierba. Miró a su alrededor y se dio cuenta que estaba sola, nadie le estaba observando como acostumbraban, no se sentía enjuiciada ni tampoco sometida… Por primera vez se sentía ella, aunque la sensación de soledad siempre a lo largo de su vida le había acompañado, pero lo que estaba sintiendo en ese momento era bien diferente…

Sacó de su minúsculo bolso una libreta diminuta que siempre le acompañaba, y sin ser consciente de lo que estaba realmente haciendo escribió en ella: “¿quién soy?” Enseguida y con dolor se dio cuenta que era un pedacito de muchas personas menos de ella misma.

No podía permitirse seguir así, deseaba ser dueña de sus decisiones, actos, sentimientos, emociones… Y de pronto se dio cuenta que un pequeño paso había dado, y era que había tomado una primera decisión, la de hacer una parada en su vida.

La sonrisa apareció en su rostro, y de pronto llevó sus manos hacia esos zapatos que tanto detestaba y con gran decisión se deshizo de ellos.

 

¡Era libre! ¡Era ella! Una mujer que curiosamente no le resultaba del todo desconocida…

Levantó la vista del suelo y volvió a mirar a su alrededor, y lo que vio, fue sorprendente, ¡estaba rodeada de personas y no se sentía diferente!

 

¿Había recuperado su vida? No exactamente, ¡había comenzado a vivir su propia vida!

 

 

 

  • Y para acompañar…

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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El coraje es una decisión

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Artículo publicado por Carmen Prada

A menudo me llegan ofertas de empleo y colaboraciones por diferentes medios cada semana. Pero he de reconocer de muchos de los proyectos que me presentan no creo en ellos, con lo cual aceptar algo en lo que no veo una  lógica, sería  incompatible con mi coherencia, por otro lado llegan ofertas con tintes lejos de lo profesional… Otras, que “la carta de presentación”, en sí de la empresa deja mucho que desear, y también es cierto que otros los voy dejando porque quizá no es el momento pero nunca los descarto…

Hace varias semanas, contacto conmigo una persona que así se considera antes que empresario, interesado en mí profesionalmente. Desde el inicio le hice saber que el proyecto me parecía atractivo, le veía cosas, maneras…

 Durante unos días hemos intercambiado aun si caben más dudas, reflexiones, opiniones, sugerencias… Y es en ésta, cuando hemos hablado del proyecto con mayor profundidad. Me comentó algo que me hizo saber el porqué, de que este proyecto sintiese que tenía algo diferente al resto y lo que me dijo fue; “soy humilde pero muy honrado”. Puede sonar a frase hecha pero tras saber cómo su idea nació, las dificultades que se ha podido encontrar, desencuentros, decepciones… Y que vaya por delante, -no tiene cualquier cosa-, sino nada más y nada menos que un proyecto inteligente, de futuro, y con un logro muy importante que es, la confianza y unión de las personas que como reitera; “son una parte muy importante de él”.

Como a muchos por desgracia, la crisis le azotó y fue una crisis en muchos sentidos – económica, social, familiar, enfermedad…- Y lo cierto es que en algunos casos, y -no hablo en concreto de éste- cuando uno está en lo alto, cuando piensa que el bien material lo tiene cubierto, cuando no hay necesidades por cumplir, y los euros tapan “otras miserias”… Nada nos parece tan grave.

Son muchos los empresarios y profesionales que han tocado la cima en momentos de bonanza, que el camino hacia ella les ha acompañado, sin ser conscientes  de que la soberbia, la altanería, el egocentrismo, egoísmo… Han sido sus compañeros de viaje y han podido hacer en ellos estragos ya han vivido una vida que no les ha presentado la otra realidad de ésta que también existe que es, la dureza.

Es muy fácil subir, mirar por encima del hombro, llegar a creerse Dioses y tratar a los que están a su alrededor con un despotismo desmesurado sin darse cuenta que el recorrido de la vida es largo y acabas encontrándote con muchos cruces y en ellos, personas que conocías…

Son pocos o casi nadie, y os aseguro que conozco unos cuantos… Que siguen sin aceptar que su pedestal ya no es el mismo, el nivel no lo pueden mantener, que quizás deban de llamar a puertas que antes ellos tenían que abrir y ahora tendrían que esperar lo contrario, son incapaces de someterse a una conversión de humildad, su corazón aunque sufra no lo muestran sino todo lo contrario, siguen viviendo una vida irreal, la soberbia la siguen llevando por bandera… Y no son conscientes, de mirar atrás, verse a tiempo real y hacer una autocrítica, levantar la mirada de la zona ombligo o mantenerla a la altura de los ojos de la persona que tienes en frente porque señores, en esta vida hay que saber ganar pero también aceptar una derrota y es que tanto el éxito como el fracaso hay que equiparse de mucha, mucha humildad.

Este acto, seguramente no sea fácil pero sin duda estoy segura que te tiene que hacer crecer, valorar situaciones, momentos, acciones, sensaciones… En los que antes ni se reparaba. De estos actos, nacen nuevas personas, valores, sentimientos… Y es que la persona que me ha inspirado a escribir esto, me ha hecho creer y es que lo necesitaba que la humildad desde el todo hasta el poco, sigue existiendo. Que de ella nacen ilusiones, pasiones, proyectos, metas, caídas y vueltas e empezar, amar todo aquello que te rodea… Y es que en este caso las fuerzas, se las han dado sus hijos, su familia, amigos, “algo que no se ve pero se siente”…, y es que cuando por momentos quieres tirar la toalla te das cuenta que existen un montón de motivos por los que seguir, y  por los que seguir luchando.

Claro que hay que luchar, pegarse cada día con la vida, patalear, caerse, sudar… Pero, ¿quién nos dice que de todo sufrimiento y dolor no va a nacer algo bonito? ¿Qué la vida nos va a enseñar algo nuevo?

A mí me has dado una lección, me has hecho ver que hasta las derrotas más crueles se pueden vestir de colores y no sé, cual será mi camino… Pero algo si puedo decir y es que, todo proyecto que nace desde la humildad del corazón, tiene éxito garantizado y para mí, ya has llegado a ese podio.

Os dejo con esta breve reflexión; el miedo es una reacción y el coraje una decisión… ¡Podría estar hecha a medida de los hombres coraje, como tú!

 

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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#SiempreFuertes

 

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

“NUNCA, NUNCA, NUNCA te des el lujo de RENDIRTE; pasará lo que tenga que pasar, así que acéptalo como venga” – Pablo Ráez.

Ya han pasado algunos meses desde que ese sábado 25 de febrero de 2017 comenzamos el día con la noticia de que Pablo Ráez había fallecido.

En sus últimos días, y aun cuando peor lo estaba pasando, seguía dando lecciones de vida, regalando reflexiones, y todo ello con una inmensa carga de espiritualidad y positividad capaz de calar en cualquier ser humano.

Se fue a lo grande, como grande era su filosofía de vida. Un joven que con apenas 20 años se tuvo que enfrentar a una grave enfermedad, y ese inesperado giro en “sus planes”, además de suponer un cambio personal en él de cómo afrontar la vida, sirvió para mostrarnos su generosidad al compartir su experiencia hacia los demás. De hecho, una de las frases que destaco de él, aunque reconozco que me resulta difícil quedarme con una de tantas, es en la que nos decía:

“Tienes que ser capaz de encontrar la motivación en ti mismo, no en los demás; nadie tiene más fuerza y coraje que uno mismo”.

 

¡Eso hizo él, sin duda! Optó por luchar, por vivir, por darlo todo y además mostrárselo a los demás, y ser capaz de hacer llegar sus mensajes de ESPERANZA y PASIÓN POR LA VIDA a través de las distintas RRSS con el hashtag #SiempreFuertes .

Se convirtió en un gran motivador. Pero, ¿de qué?, ¿para qué? Para el cambio, para un cambio en la filosofía de vida de todos nosotros que nos intentaba transmitir prácticamente cada día. Con sus frases y mensajes nos mostró que pensar en nosotros y solo en nosotros no nos llevaba a nada más que a la espera. ¿De qué? Pablo no esperó que nadie le demostrase nada, sino que decidió ser él mismo el que diese el paso. Fue capaz de sacar lo mejor en una dura y difícil situación personal, enfrentándose a una cruel enfermedad como es la leucemia durante dos años de su corta vida, para de este modo lograr una meta que se había marcado, ¡y vaya si lo logró! Las donaciones de médula ósea se dispararon en un mil por ciento…

Me atrevo a decir que casi seguro detrás de esa sonrisa permanente y esa actitud que cada día nos mostraba tras la pantalla, había un chiquillo con temores, inquietudes y por momentos viviendo un auténtico calvario. Pero él decidió vivirlo de un modo admirablemente constructivo.

Los seres humanos somos cómodos por naturaleza, esperamos que otros den el primer paso ante cualquier cosa y después nosotros seguirles según nos convenga. Nos montamos en carros que han sido construidos a base de tesón y esperanza de otras personas. Creemos en el CAMBIO cuando alguien lo ha llevado a cabo. Intentamos caminar sobre seguro, después de que otro haya recorrido ese camino. Pero en realidad, ¿hacemos algo para CAMBIAR el MUNDO?

Solo se atreven los apasionados de la vida, aquellas personas que no se conforman con lo que ven, esos que creen en las PERSONAS como motor de cambios, aquellos que el miedo no les paraliza, los que piensan que necesitan darse a los demás para encontrarse plenos con ellos mismos. Y es cierto, ¿cuántos héroes anónimos hay esparcidos en el mundo y que no llegamos a valorar?

No llevan capas ni antifaces de superhéroes, pero sin darnos cuenta, en muchas ocasiones son esas personas las que con su ejemplo y determinación nos hacen dar pasos y tomar decisiones que desde hace tiempo teníamos en mente, pero que se han quedado solo en eso por falta de coraje.

Al día siguiente del fallecimiento de Pablo, en mi muro de Facebook le dediqué una carta, una reflexión escrita desde el corazón, una dedicatoria extensible a todos esos héroes de los que casi nunca se habla y tanto tienen que aportar y enseñar, aunque lamentablemente se le preste más atención a otras frivolidades informativas.

Siempre te recordaré con uno o incluso los dos brazos en alto y puños cerrados, mostrándonos con este gesto vida y fuerza.

No ha falleció ni un cantante, ni un deportista, ni tampoco un Nobel. ¡Ayer lo hizo un héroe!
Una persona con un estilo de vida auténtico.
Una PERSONA que nos ha dejado un gran legado, un regalo que ojalá seamos capaces de seguir entre todos. Sus lecciones de VIDA y ESPERANZA, de lucha y entrega, solo son dignas de una persona de bien.
Quizá ha llegado el momento de desmontar a héroes de papel y tratar a Pablo y a otros muchos como se merecen.
Su generosidad ha quedado patente en sus frases de motivación y esperanza, en sus fotografías con una enorme sonrisa, en su forma de entender la vida, en el movimiento que produjo entre personas mediáticas, y sobre todo, en el crecimiento de donaciones de médula.

Siempre estaremos en deuda contigo, Pablo, algo que sí tengo claro es que nunca terminarás de irte.

Si algún día alguien me pregunta, ¿quién es tu héroe? Le diré con orgullo, Pablo Ráez, el cual me enseñó una gran lección…

Pablo, gracias por todo lo que nos has regalado. Descansa en paz.”

 

Me gustaría finalizar con una de sus grandes citas.

“La muerte no es triste, lo que es triste es que la gente no sepa vivir”.

 

 

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Heridas que dejan huella

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Artículo publicado por Carmen Prada

Vivimos con tanto frenesí, que no reparamos en muchas ocasiones en el daño que podemos causar a otras personas, pero tampoco nos percatamos del que nos causamos a nosotros mismos. Dependiendo del grado de las heridas, con el paso del tiempo pueden suceder dos cosas:

  • que cicatricen;
  • O que sigan como en un comienzo, provocando dolor.

Me gustaría presentar esta reflexión mediante un cuento, espero que lo disfrutéis y lo reflexionéis.

“Había un niño que tenía muy mal carácter. Un día, su padre le dio una bolsa con clavos y le dijo que cada vez que perdiera la calma debía clavar un clavo en la cerca de detrás de la casa.

El primer día, el niño clavo 37 clavos en la cerca. Pero poco a poco fue calmándose, porque descubrió que era mucho más fácil controlar su carácter que clavar los clavos en la cerca. Finalmente, llegó el día en el que el muchacho no perdió la calma para nada y se lo dijo a su padre, y entonces éste le sugirió que cada día que controlara su carácter debía sacar un clavo de la cerca. Entonces el padre llevó de la mano a su hijo a la cerca de atrás.

  • Mira, hijo, has hecho bien, pero fíjate en todos los agujeros que quedaron en la cerca.

La cerca nunca será la misma de antes. Cuando dices o haces cosas con mal genio, dejas una cicatriz, como este agujero en la cerca. Es como meterle un cuchillo a alguien: aunque lo vuelvas a sacar, la herida ya quedó hecha. No importa cuántas veces pidas perdón: la herida está allí. Y una herida física es igual de grave que una herida verbal. Los amigos son verdaderas joyas a quienes hay que valorar. Ellos te sonríen y te animan a mejorar. Te escuchan, comparten una palabra de aliento y siempre tienen su corazón abierto para recibirte”.

En ocasiones nos dejamos llevar por momentos personales que nos hacen sentirnos mal, nos encontramos con la frustración, con la falta de fuerzas, nos acompañan y vamos cargando con piedras en esa bolsa que llevamos y nos acompaña cada día y nos dificulta el caminar, ¿y que produce todo este agotamiento ante la vida? Intentar tirar esas pequeñas piedras fuera de la bolsa en la dirección en la que están las personas que más nos quieren y nos acompañan en nuestro día a día.

Nos dejamos dominar por pensamientos negativos, pronunciamos frases del tipo “¡todo me pasa a mí!”, “¿qué habré hecho yo para merecer esto?”, “¡todos parecen estar en mi contra…!” Y es que al final hacemos culpables a los demás de todo lo que nos sucede.

En momentos de tensión, esos que nos hacen llegar al límite, muchas veces sin ser conscientes, en ocasiones hacemos daño a los demás, y podemos producir heridas que quizá cicatricen, pero el dolor de las mismas ha sido sufrido. También puede suceder que haya otras que no lleguen a ser curadas, que nos lleven al arrepentimiento más absoluto pero no alcanzamos a repararlas.

Las personas que nos rodean y nos quieren, no son precisamente a las que tenemos que corresponder con culpas o heridas, sino más bien con demostraciones, sin que se queden en simples palabras o promesas, de lo importante que son para nosotros.

Porque si no pensamos antes de actuar, no tenemos en cuenta el dolor de terceros, si no valoramos lo que tenemos…, terminaremos quedándonos solos.

Está claro que el daño se puede producir en cualquier instante y de un modo rápido, mientras que su reparación nos va a costar más y eso en el mejor de los casos.

Llegados a este punto dejo dos preguntas en el aire: ¿realmente somos conscientes de que para hacer el bien a los demás, debemos estar a gusto con nosotros mismos?; ¿y que es vital conocernos en profundidad y ser humildes para de este modo poder gestionar mejor nuestras emociones?

“Voy a pasar por esta vida solo una vez. Cualquier cosa buena que yo pueda hacer o alguna amabilidad que pueda hacer a algún humano, debo hacerla ahora, porque no pasaré de nuevo por aquí.”  Santa Teresa de Calcuta

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Pixabay

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