Como tú te quieres, nadie lo hará

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

 

Si los demás se han dado cuenta, ¿por qué nosotros no lo hacemos?

Hay momentos en la vida en los que por diferentes circunstancias la miramos prácticamente de reojo. Caminamos con los hombros caídos, nos sentimos desganados, perdidos, sin una sonrisa ni por casualidad, la negatividad se aferra a nosotros y por supuesto no le decimos que no a tanta apatía.

Y no es que queramos conscientemente permanecer en esta fatídica zona de confort, lo cierto es que puede más el inconsciente que la razón, pues nos dejamos.

Parece que uno empieza a conformarse con ese “yo personal” con el que lleva un tiempo conviviendo, desapareciendo en gran medida la persona que no hace tanto caminaba erguida, sonriente por momentos y con metas e ilusiones en la vida.

Los problemas, las frustraciones, las decepciones que hemos ido acumulando en esa famosa mochila que nos hemos echado a la espalda, hacen de nuestro día a día una carga pesada. Por momentos insostenible.

Es entonces cuando llegan a nuestra mente y de forma repetitiva frases y diversas preguntas tales como, “nada merece la pena”, “ya no puedo más”, “¿por qué me pasa todo a mí?”, “preferiría morir a estar así”… Quizá alguna de ellas os suene…

La mente no es capaz de rebobinar como si de un DVD se tratase, y volver así a tiempos mejores. ¿Por qué puede suceder esto? Porque es inevitable que nuestra mente acumule, retenga y recuerde los momentos negativos por encima de todo lo bueno que nos ha podido suceder en la vida.

Y os voy a poner un ejemplo. Imagínate que estás terminando un máster y estás con el trabajo final a presentar para por fin lograr su obtención. Te reúnes con cuatro compañeros y tres de ellos te comentan que el trabajo que has hecho es brillante. En cambio hay uno que te hace saber que observa demasiados aspectos muy mejorables.

¿Con qué impresión te quedarías? ¡Está claro!, con el último. Los otros tres que han dado un 10 a tu trabajo ni los recuerdas, sino que te ha quedado clavada la opinión de ese cuarto.

Retenemos lo negativo de nuestra vida, y a la vez, se apodera de nosotros.

En estos momentos de tanta pasividad, negatividad y falta de ilusión, es precisamente cuando llega el momento de conocernos. Quizá el haberlo hecho antes nos hubiese salvado de algunos de estos trágicos momentos que estamos atravesando.

 

  • Mira en tu interior. Hazte preguntas tales como, ¿de dónde vengo?, ¿en qué situación me encuentro en este momento? Y cómo no, ¿hacia dónde deseo ir?

  • Sonríe aunque en muchos momentos te cueste. La sonrisa es una respuesta a la felicidad y a momentos de plenitud, un reflejo de un estado de salud inmejorable, pero también se puede convertir en el camino en este momento por el que estás pasando para lograr esa salud tan deseada.

  • Sonreír es gratis, fácil, y gratificante; alarga nuestra vida, previene enfermedades tales como la depresión, aumenta la energía, la creatividad y abre puertas sociales.

  • Perfecto, ¡abramos puertas sociales! Precisamente este momento es el menos propicio para permitirnos rodearnos de personas tóxicas. Huye de ellas, es una buena manera de comenzar el cambio en tu estado actual.

  • No te obsesiones con la felicidad. Ésta es momentánea, no es eterna en el tiempo. Debe haber en nuestras vidas momentos de todo tipo y debemos ser conscientes de ello. La verdadera felicidad tiene mucho que ver con saber mantener la calma en momentos de tempestad.

  • Poco a poco vete deshaciéndote de esas piedras pesadas con las que llevas cargando en la mochila de la que antes hablábamos. ¡Muchas no te corresponden! Y las situaciones que sí te corresponde afrontar, intenta que su peso llegue a ser nulo porque vayas resolviendo una a una, dando prioridad a lo que la merece.

  • Comienza a tomar decisiones, aunque no sean transcendentales. Esto hará que empieces a activarte nuevamente.

  • ¡Olvídate de grandes retos en estos momentos! Todo llegará, pero ahora es momento que dar pasos cortos hacia metas pequeñas. Debes llegar a sentir que puedes lograr lo que te propones. Pero no olvides jamás que lo más importante no es la consecución de ese objetivo, sino el crecimiento que vas a experimentar a lo largo del camino hasta llegar a alcanzarlo.

  • Mímate, abrázate, prémiate. ¡No esperes nada de nadie! Todo comienza en ti. Pero tampoco te cierres a lo bueno que llegue de otras personas…

En muchas ocasiones nos olvidamos de vivir porque algo o alguien nos ha colocado un obstáculo en el camino. La importancia que el mismo ocupe en nuestra vida dependerá en gran medida del grado de autoconocimiento que tengamos y de nuestra situación actual para hacerle frente.

 

En varias ocasiones he dicho que nadie nos querrá como nosotros mismos lo podemos hacer. No permitas que la gran persona que hay en ti sea eclipsada por una mala caricatura de ti mismo.

¡Quiérete y valórate! Si de verdad así lo quieres, hoy comienza lo mejor…

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

*Fuente de la fotografía, Pinterest.com

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Da gracias a la vida cada día

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Confieso y me desnudo al deciros que antes de comenzar a escribir este artículo me he quedado mirando durante algunos segundos la pantalla en blanco del ordenador, y de pronto me he dicho, “¿qué deseas transmitir hoy, Carmen?” En ese instante, un montón de momentos, confidencias y noticias de los últimos días han venido a mi cabeza.

¡Necesito hablar de realidades vivenciales! El cuerpo, de acuerdo con mis emociones, me pide hablar de hechos, de la VIDA misma.

Vivimos rodeados de auténticas tragedias. No hace falta ir fuera de España, ni tan siquiera leer un periódico o ver la televisión. Me refiero a esas tragedias que se presentan a nuestro alrededor o incluso vivimos en carne propia.

Cuando algo se tuerce o simplemente cambia de algún modo el sentido que tenía nuestro camino, con facilidad nos venimos abajo y parece que todo lo que sucede en nuestro entorno conspira contra nosotros.

Y es entonces cuando comenzamos a envolvernos en el bucle de “todo me pasa a mí”. De diferentes modos empieza a surgir en nosotros el desánimo, la frustración, la irritabilidad… Y empezamos a no ver salida a todos los problemas que muchas veces nosotros mismos vamos sembrando. Y sí, digo bien, no me he vuelto loca.

Se dice que todo lo que está en nuestra mente lo recreamos, podemos ser nuestro mejor aliado pero también nuestra gran perdición.

Llega un momento en el que proyectamos los problemas, si no existían los creamos, y al final nos convencemos de que los más adverso que nos está sucediendo en la vida solo nos puede pasar a nosotros.

Párate un momento, sé sincero contigo mismo y contéstate con qué grado de frustración te encontrarías si esta semana…

  • Te han dado un golpe en el coche.
  • Te han devuelto por error del banco el recibo de la hipoteca.
  • Te ha surgido en el trabajo un contratiempo con uno de tus compañeros.
  • Te han cambiado la cita del médico y coincide con la misma hora que debes ir a ver a tu hijo actuar en la función del colegio.

De acuerdo, para una semana no está mal… ¿Pero no crees que son problemas que tienen la importancia que tú le quieras dar?

¿No crees que la solución de cada uno de ellos no es tan complicada?

No intentemos resolver a la vez todos los problemas que nos surjan. Aprendamos a priorizar lo urgente por delante de lo importante, y en igualdad de importancia empecemos por lo más sencillo, pero sin demorar lo más complejo.

Soy consciente de que no es sencillo relativizar los problemas, pero sinceramente, ¿no crees que hay problemas mucho más graves que sin duda pueden condicionar una vida entera?

Hay personas jóvenes que nos dejan de manera imprevista. Un accidente, una enfermedad fulminante.

También otros luchan por salvar sus vidas, mientras ves sufrir a las personas que les rodean.

Hay personas que una y otra vez se encuentran sin posibilidades en el mercado laboral, y cada día llegan a su casa sin haber encontrado una nueva oportunidad.

No saber cómo explicar a unos niños el motivo por el que no se le pueden comprar unas zapatillas deportivas, aun a pesar del estado de las actuales, ni por qué ellos, al contrario de sus compañeros de colegio, no pueden celebrar su cumpleaños con una fiesta…

 

La VIDA es demasiado corta para convertirnos en víctimas, excesivamente dura cuando uno no es valiente. Pero sobre todo es muy generosa cuando somos capaces de agradecer lo que tenemos y ayudamos a esos que sí tienen motivos para estar abatidos y nos dan lecciones cada día.

 

Siempre existirán motivos para continuar, también para sonreír, para seguir haciendo realidad los sueños por los que luchemos, y también para acercarnos a aquellas personas que sin que nos demos cuenta, nos aportan tantas cosas con su ejemplo.

Después de todo esto, ¿aún sigues pensando que la vida es muy injusta contigo? Si tu respuesta es sí, háztelo mirar. Otra opción es que vuelvas a releer el artículo…

 

 

¡DA GRACIAS A LA VIDA CADA DÍA!

 

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

*Fuente de la fotografía, Pinterest.es

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Si eres madre, tienes un plus

 

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Mientras muchos de vosotros estéis leyendo este post, yo habré vivido en primer lugar, un taller dirigido y organizado por mi compañera y amiga Noema Fernández (Psicóloga Perinatal y Familiar) y una servidora. El tema, “El emprendimiento y la maternidad”.

¿Por qué este tema? Porque estamos encantadas de aportar nuestro granito de arena a un tema tan complejo y a la vez socialmente asimilado y no del modo que nos gustaría…, como es el hecho de ser madre y estar en el mundo laboral.

Por supuesto que todas las mujeres, siendo o no madres, luchamos día a día por demostrar ese plus que se nos exige para ganar una de las batallas aún pendientes en este siglo XXI. La mujer en el mundo laboral y la situación que ocupa es un tema en el que hoy me voy a mojar al respecto.

Son muchos los prejuicios con los que una mujer camina por la vida, los roles que en determinados momentos se presupone debe desempeñar. Pero, ¿y si empezamos a asumir que parte de ellos los llevamos cargando hace años también nosotras y en ocasiones poco hacemos para cambiarlos? Sí, lo habéis leído bien, ¡poco hacemos entre todas!

Una mujer no tiene por qué ser madre porque venga casi impuesto por la historia que nos precede y seguimos consintiendo, pues hay circunstancias diversas como problemas de salud, situaciones familiares o económicas, o simplemente el hecho de haber decidido que ese no era su camino en la vida. “Pero, y los niños, ¿para cuándo?”; “ahora que os habéis casado, pronto vendrá el pequeñín, ¿verdad?” Qué manía de meter el hocico en la vida de los demás…

 

A mi alrededor, hay amigas y conocidas que cuando hablamos del tema de la maternidad, me han llegado a confesar más de una vez que “si no soy madre nunca me sentiré realizada”, y esta es una de las consecuencias de la manía social de marcarle el camino “políticamente correcto” a las personas.

Por otro lado, está esa mujer que sí quiere ser madre, pero los miedos le hacen dudar, y algunas dudas están derivadas de situaciones complejas con respecto al trabajo;

  • tienen miedo a perder el actual;

 

  • piensan que si se decantan por ello, les va a resultar muy difícil regresar a posteriori al mundo laboral…

 

 

¿Os dais cuenta, chicas, que hay mucho camino por recorrer?

Está claro que el mundo laboral ya está difícil de por sí, pero no construyamos  más obstáculos nosotras mismas en vez de desmontar esos mitos que llevamos años heredando de la mujer, maternidad y dificultades laborales.

¡Seamos inteligentes, chicas!, y es que la ciencia nos avala, cuando una toma una decisión con tanta responsabilidad como es la de traer un nuevo ser al mundo, es capaz de muchas cosas. ¡Solo nos queda colocar esas cualidades encima de la mesa, pero además con estilo!

Últimamente escucho a menudo que “según están los tiempos, o montas algo por tu cuenta o no haces nada”. Lucho cada día porque no se vea el emprendimiento como la única alternativa, sino como una alternativa más, aunque personalmente opine que es la más apasionante. Pero no el único camino.

Ya has demostrado al decidir ser madre que eres capaz de tomar decisiones importantes. Pues además, he de decirte que mediante el proceso de crianza de tu hijo, puedes adquirir o perfeccionar los siguientes puntos fuertes:

  • buena gestora del tiempo, sí o sí necesitas una organización minuciosa del día a día;

  • te toca desempeñar a lo largo del día varios roles, con lo que tienes una capacidad de adaptabilidad extraordinaria;

  • ser líder, tus hijos ven en ti a su principal referente, y sabes que no hay mejor método de enseñanza que el buen ejemplo;

  • capacidad para mediar y resolver conflictos, a menudo a través de la negociación. “Si haces esto…, a cambio…”;

 

  • gran administradora de los recursos, ya que cuando la familia crece, en la economía hay que priorizar;

 

  • de oratoria y comunicación verbal, ¡nada que dudar! El modo que utilizas para que tus hijos te comprendan y sigan el camino que les marcas, debe ser claramente entendible a la vez que conciso;

 

  • está claro que el miedo a asumir riesgos, es una asignatura que ya aprobaste y con sobresaliente. ¡Sácale partido!

 

El número de mujeres en puestos de responsabilidad en medianas y grandes empresas está empezando a crecer. Eso es buen síntoma, es una de las consecuencias de la lucha de esas mujeres que tienen las ideas claras, sin miedos, capaces de mostrar su valía, ambiciosas…, y todo porque todas estamos en la misma carrera.

 

Cuando te sientes frente a un entrevistador, recuerda que ya has optado por un proyecto de vida, y hazle ver todas las competencias que éste te ha otorgado, y además, ¡hazlo con orgullo!

Si antes o después de ser madre decides emprender, enumera de cabeza o escríbelas una por una esas destrezas que has adquirido, y decántate por un nuevo proyecto, en este caso laboral.

 

¡No lo dudes, hazte valer! ¡SER MADRE ES UN PLUS!

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

*Fuente de la fotografía, Pinterest.es

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No te engañes, el día es hoy

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Por Carmen Prada

 

Lo prometido es deuda, y cómo no, ¡ya estoy aquí de nuevo!

Hoy finaliza el Tiempo de Navidad y parece que tras ello todo vuelve a su rutina. A algunos les costará más que a otros hacerse a ella, pero después de algún que otro exceso no hay más remedio.

Tenemos por delante todo un año, que a buen seguro llega cargado de oportunidades. Cada día se nos presentarán, por ese motivo debemos estar bien atentos para no dejar pasar ninguna y darle a cada una el valor que merece.

¿Eres de esas personas que cuando comienza un nuevo año se marca nuevos propósitos?

¿Y por qué tenemos esa tendencia en estos momentos del calendario?

Mentalmente hacemos un recorrido por todo lo acontecido durante esos 365 días, nos vienen a la memoria retos que no llegamos a alcanzar, circunstancias que nos gustaría cambiar, momentos u oportunidades que no aprovechamos… También hay que tener muy presente todo lo bueno vivido y alcanzado, pues nuestra vida acostumbra a ser una sucesión de grises en la que se intercalan las luces y las sombras. Hay que quedarse con lo bueno y aprender de lo que es susceptible de mejora. Todo esto nos lleva a decirnos “para este nuevo año me voy a proponer…”

Está bien empezar el nuevo año con propósitos tales como:

  • Voy a dejar de fumar;
  • voy a dedicarle más tiempo a mi familia;
  • quiero aprender inglés;
  • voy a cambiar de trabajo;
  • sí o sí, comienzo en el gimnasio…

Todos estos son a modo de ejemplo, y estoy segura a ti se te ocurrirá alguno más pero, ¿por qué en la mayoría de los casos se quedan simplemente en buenos deseos? Sí, y digo bien, parece que con planteárnoslos es suficiente.

Pues no, hay que dar pasitos. Partamos de la base que si con alguien somos condescendientes, es con nosotros mismos. Nos refugiamos en excusas, en miedos, en postergaciones… Y al final, lo único que estamos haciendo es autoengañarnos. A medida que va pasando el tiempo y vemos que ni con nosotros mismos nos podemos comprometer, llegan estados tales como la frustración, la decepción, el desengaño…

A menudo compartimos estos nuevos retos que nos proponemos y sin darnos cuenta hacemos partícipes a otros también de esas promesas que se quedaron por el camino. ¿Crees que esto puede decir bastante de nuestra persona? ¿Podríamos llegar a perder credibilidad con respecto a las personas que nos rodean? ¡Sin duda!

¿Qué podemos hacer para que nuestros propósitos se conviertan en realidades?

  • Es importante que éstos sean realistas. No podemos pretender pasar más tiempo con nuestros hijos si realmente llegamos a casa de trabajar a las 23 horas. Pero quizá sí podamos comprometernos a hacerlo durante el fin de semana, por ejemplo.
  • También deben ser concretos. Está muy bien eso de proponernos empezar en el gimnasio, pero si no lo concretamos más, es muy posible que la cosa se quede en agua de borrajas. Voy a comenzar a ir a tal gimnasio el lunes 8 de enero, además iré porque así me lo permite el trabajo los lunes, miércoles y viernes, en el horario de 20.00 a 22.00 horas. Y el bono que compraré será el anual.

¡Perfecto, hemos concretado todo!

  • Deben ser medibles o evaluables. Tanto es así que yo aconsejaría anotar en una libreta o cuaderno todo aquello que como objetivo me he propuesto para este nuevo año. De este modo podré ir repasando cómo van las cosas.

Tengamos en cuenta que tendemos a hacer estos balances de modo anual y siempre coinciden en las mismas fechas, finalización e inicio de año. Eso está bien, pero ¡los balances deberían ser más frecuentes durante el año! Sería ideal hacer un pequeño balance semanal, y más profundamente cada mes, aunque la periodicidad recomendable también dependerá del tipo de objetivo…

 

  • Algo que debemos tener en cuenta es que los propósitos deben ser nuestros, han debido salir de nosotros mismos, y si salen de fuera de nosotros, hay que hacerlos verdaderamente nuestros, que sean consecuencia de una decisión que hemos tomado con nosotros mismos de manera franca y honesta. En ocasiones podemos caer en el error de hacer promesas para complacer a otras personas, ¡será un fracaso!

 

  • La motivación desempeña un papel vital. Podemos disponer de todos los medios para llevar a cabo los objetivos, pero si no nos encontramos motivados para ello no se harán realidad. Por este motivo debemos conocernos, tener claro lo que vamos hacer y hacernos preguntas tales como:

 

* ¿Es realmente lo que quiero hacer?

* ¿Estoy dispuesto a asumir las consecuencias?

* ¿Estoy dispuesto a sacrificar otras cosas por ello?

 

  • Como todavía estamos al inicio del año y estamos fijando nuestros retos para éste, caemos en la tentación de acumular demasiados. Puede que haya alguno que suponga además un gran esfuerzo. Por este motivo, podemos llevarlos a cabo mediante una subdivisión dentro del mismo, pequeños objetivos parciales.

 

  • Nuestros objetivos deben ser ambiciosos, deben hacer que salgamos de nuestra zona de confort y que realmente para nosotros supongan un esfuerzo de superación.

 

  • En vez de hacer un listado casi interminable de propósitos, los cuales en su mayoría se quedarán en nada, es preferible dividir nuestra vida en diferentes áreas, y señalar solo un par de propósitos en cada una de ellas, y que cumplan con los requisitos ya referidos. Evitaremos la dispersión, el pronto abandono producto de la frustración, trabajaremos todos los aspectos de nuestra existencia, y ya habrá tiempo de marcarnos nuevos propósitos conforme se vayan alcanzando los primeros.
  • Hay que marcarse plazos de balance y cumplimiento. Y naturalmente, ser fieles a dichos plazos. Un propósito solo se convierte en un verdadero objetivo cuando le ponemos fecha. De lo contrario, podemos pasarnos la vida aplazando y engañándonos perpetuamente.
  • Hay que tener la suficiente humildad para acudir a un especialista en determinados momentos y en según qué casos para que nos oriente, acompañe y evalúe.

Si estoy 20 kilogramos por encima de mi peso ideal, conviene acudir al médico o al dietista, pues podemos hacer cosas contraproducentes para nuestra salud, y el remedio termina siendo peor que la enfermedad. Igualmente en temas de pareja,

familia, situación profesional…

              Pero al igual que hemos de ser exigentes y no complacientes con nosotros mismos, hemos de querernos y mimarnos cuando lo hacemos bien. Darnos pequeños premios, ponernos puntuales incentivos para conseguir algo concreto nos ayudará a disfrutar de los logros alcanzados, y fortalecerá el convencimiento de que el esfuerzo merece la pena. Pero ojo, sin abusar, que hay que continuar el camino y ser constante…

 

Os deseo a todos los que me seguís un año 2018 cargado de buenos propósitos y de toda la ilusión y alegría necesarias para hacerlos realidad. Estaré encantada de ayudaros en lo que sea posible, comenzando por este post inaugural del año. ¡¡ Mucho ánimo, amigos!!

 

 

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

*Fuente de la fotografía, Pinterest.es

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Pongamos una sola cara a la Navidad

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Por Carmen Prada

 

Mi corazón y mi pluma me impedían escribir estas líneas de  cualquier otro tema que no fuera de los días entrañables que ya estamos viviendo y los mejores que están por venir.

Es cierto que cada uno vive de modo diferente estas fiestas navideñas.

Pero la realidad, aunque algunas personas sean reacias a ello, es que el verdadero sentido de la Navidad es religioso, acompañado claro está de todo lo familiar y social, que no hay porqué renunciar a ello. Aunque a veces no se vea así, se suele vivir con gran alegría, ya que es mucho lo que hay que celebrar.

Por otro lado, están las personas que viven estas fechas navideñas como simple fiesta, comilonas, noches demasiado largas, excesos, espera de los regalos pertinentes como cada año, aguantar al cuñado o a la suegra, gastos y más gastos, pero por qué no, ¡con alegría!

Y por otro lado están aquellas que las viven con tristeza, melancolía, con ánimo de nada, con ganas de que las luces que adornan nuestras calles desaparezcan pronto, repeliendo los villancicos, la Nochebuena ni la quieren nombrar y a ver si pasa el trago de la Nochevieja y las dichosas uvas. Cada uno tiene su historia, un motivo para sentir esta tristeza tan grande cuando podría vivirse con alegría.

Son estas personas en las que me quiero centrar un momento. Estoy casi segura que en el primer y el segundo caso alguna vez han tenido algún motivo para sentirse así o quizás hayan estado cerca, ya que puede ser que en muchas ocasiones se puedan mezclar sentimientos, sensaciones, pero éstas últimas lo viven a partir de un acontecimiento, de un suceso, de recuerdos…

Son días en los que uno recuerda más a aquellas personas que ya nos están entre nosotros, pero no lo están el día de su cumpleaños, en el nuestro, en una reunión familiar que siempre se celebraba… Y creedme, ¡yo los siento más cerca de mí que nunca! No nos sintamos en exceso esclavos del dolor de su ausencia, porque en la mayoría de los casos, estas fechas eran motivo de alegría para ellos, porque todos nos reuníamos alrededor de una mesa. Pues recordemos que, de alguna manera, ¡siguen en ella!

Otras personas quizá, no las ven con buenos ojos porque su presente no le acompaña para celebrarlas como en su pasado sí lo podían hacer. Los estragos económicos han hecho daño a muchas familias españolas, pero la Navidad no depende de la mayor o menor abundancia cuando se vive desde el amor, la compañía, el reencuentro, la fiesta. ¡Podemos ser ricos en su vivencia!

También existen las que es su primera Navidad con significativos cambios. Cambios sobre todo emocionales, cambios que afectan a uno mismo y quizá a otras personas indirectamente. A largo de ese periodo de transición se han tenido que aceptar otras variantes de vida, costumbres, momentos… Aunque hayan tenido que doler, hasta lo más profundo. Uno se debe reconstruir, volver a levantar cimientos y  emprender una nueva vida. Pero estoy casi segura que durante todo este proceso mucha gente les ha rodeado, han tenido hombros en los que apoyarse, han reído, seguro que llorado, han conocido nuevas sensaciones, lugares, personas y al final, ¡uno no está solo!

Pues sentid en Navidad  todo ese derroche de cambios, de amistades, transformad las fiestas en vuestras aliadas, vividlas como no lo habías hecho antes, y es que solo hay un cambio de escenario, porque os aseguro que las que no han cambiado son ellas. ¡Sentid el nuevo cosquilleo de estas fiestas y quizá os conquisten! Siempre hay motivos para la celebración.

Reconozco que yo soy una mezcla de estas tres personas, pero con la alegría y la paz como melodía de fondo. ¡Confieso que vivo con entusiasmo la Navidad, porque no sé vivirla de otro modo! La base de estas fiestas, es la alegría por la venida del Señor, Él siempre está presente en todas mis celebraciones y banquetes. A partir de ahí disfruto con las comidas y cenas que reservamos para estas fechas, las uvas, que confieso nunca he sido capaz de terminar, con los brindis de cava acompañados de buenos deseos, con el gentío por la ciudad que en estos días está más bella por las luces y árboles de Navidad que nos rodean, las entrañables visitas a belenes, reencuentros con la familia y amigos, la ilusión de pensar en qué detalle de Reyes voy a tener con… y rompiéndome la cabeza con cada uno de ellos. Pero claro está, que echo de menos a personas muy importantes en mi vida, que ya no se sientan en la mesa, y es curioso, pero en estos momentos las siento más cerca que nunca, y además las necesito sentir, esto me  hace estar tranquila, ¡sé que me siguen acompañando!

Daría oro por repartir gotitas y gotitas de ilusión navideña, de alegría y paz. Quizá nos debamos plantear el no dividirnos en personas que viven de modos diferentes estas fiestas, sino en empeñarnos en ponerle una sola cara a la Navidad, se me ocurre, la de la celebración.

Por este motivo, celebro con toda mi familia, amor, amigos existentes y los nuevos que este año me ha regalado, una Navidad llena de ilusión, alegría y paz, porque me he empeñado en repartir esas gotitas y contagiar esa felicidad. Eso sí, si no lo logro con alguien, el año próximo lo intentaré hacer mejor.

¡FELIZ NAVIDAD!

 

 Nos vemos el próximo 7 de enero de 2018, para compartir todas las metas, sueños e ilusiones que para el nuevo año nos hayamos marcado.

 

¡GRACIAS DE CORAZÓN A TODOS LOS QUE EN ESTE AÑO 2017 ME HABÉIS ACOMPAÑADO Y DADO FUERZAS PARA SEGUIR LUCHANDO POR MI DESARROLLO Y EL VUESTRO!

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

*Fuente de la fotografía, Carmen Prada

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Vanidad de vanidades

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Artículo publicado por Carmen Prada

La semana pasada estuve con una amiga que me hizo recordar una vez más el tema que voy a tratar hoy.

Hacía muy pocas fechas había fallecido su abuela, además de una manera repentina, lo cual todavía lo hizo más doloroso. Cabe destacar que mi amiga es una persona con un gran corazón, mucha humildad en combinación con su generosidad, y algo que impacta cuando la conoces es su belleza interior. Estaba muy apenada y llevaba días acompañada del llanto. Reconocía que tanto ella como su abuela -con la que su relación era muy cercana- eran conscientes de que en cualquier momento la llamada de la muerte tocaría a su puerta. Lo cierto era que su lamento iba más allá del deceso en sí, ya que era algo que por la muy avanzada edad de su abuela, tarde o temprano tenía que llegar, sino por el hecho de no haber tenido la oportunidad de acompañarla y cogerle de la mano en el momento final.

Entendí perfectamente ese dolor, ese lamento, esa espinita clavada… Porque a mí con mi abuela me ocurrió algo muy similar, y esa sensación me lleva acompañando desde entonces, diecisiete años… Pero con el paso de éstos, sorprendentemente te das cuenta que recuerdas momentos, palabras, sonrisas, situaciones… como antes no habías sido consciente, y parece que la persona que ya no está te acompaña más que nunca.

Estoy hablando de la muerte,  un tema tabú, casi prohibido en nuestra sociedad, tan libérrima y sin embargo tan inmadura a la hora de tratar cuestiones trascendentes y a la vez cotidianas.

Muchas veces no nos queremos dar cuenta que la muerte existe, sencillamente porque hemos vivido. Vivimos pensando que no nos tocará, que queda mucho, nos colocamos una venda en los ojos ante esa posibilidad, y eso nos aleja de la realidad, y en vez de prepararnos para afrontar esa realidad de una manera serena y madura, preferimos construir nuestra existencia sobre castillos de arena. No hay muerte, no hay sufrimiento, no hay dolor… Que los niños no vayan a los entierros, hay que sobreprotegerlos…

La vida es un caminar, y tiene principio y final. Entender esto, óntica y existencialmente, no solo de forma superficial o racional, debería ser asignatura obligatoria en la educación de los chavales.

A lo largo de este camino, que no sabemos cuándo va a llegar a su fin , vivimos muchas veces una vida desenfocada, egoísta, prepotente, soberbia, llena de materialismo, una vida egocéntrica…, sin pensar que tenemos compañeros de viaje a la derecha, a la izquierda, adelante y detrás… Y lo peor de todo, es que  a veces somos así con las personas que más nos acompañan con su amor.

 

Una palabra dura a destiempo, un gesto equivocado, un “despiste” que te pasa factura, el no tener tiempo nunca, el recurrir constantemente a la coletilla “no te preocupes, mañana…”, acompañar en las alegrías pero no acordarte en las penas, un consejo egoísta, la falta de un gesto de cariño que no se pide pero es necesario… Esta dejadez y egocentrismo nos lleva después a tirarnos de los pelos, a pensar; “ya es demasiado tarde y no estuve a la altura”. Este sentimiento será nuestro compañero durante nuestro propio caminar. Y es que, ¡la muerte existe! No pensar en ella, el creer que el mañana es un derecho en vez de un don, en que nada pasará factura… solo nos hace vivir en un engaño. Al final de ese camino está la muerte, que solo es el comienzo de un eterno caminar.

Vivamos sin pensar que hay mañana, atendamos sin demora las penas de los que nos acompañan, estemos atentos al dolor de los que nos quieren, no nos olvidemos de decir “te quiero”, practica “el deporte” del abrazo-beso, ten un gesto preparado de compasión, préstate sin que se te pida nada, no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, porque si no terminas la jornada sin hacer la paz, el día después es frío y duro y es más difícil hacer la paz…

 

Porque si nada de esto llevamos a cabo, es ahí donde realmente comienza nuestro terror a la muerte, por que seas creyente o no, en el fondo nos da miedo pensar que no hemos hecho los deberes, que no hemos levantado la vista más allá del cuello de nuestra camisa, y de repente se nos enciende una luz de alarma. ¿Qué he hecho con mi vida? ¿Qué va a ser de mí? ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Si te llegas a plantear estas preguntas, las respuestas están claras… Echarla a perder, tener un gran vacío interior…

¡Y estas respuestas sí que son crudas realidades, no la muerte!

 

La nobleza humana, es una buena compañía durante el camino, y además es capaz de secar lágrimas si éstas aparecen cuando el fin de la vida se asoma, pero, ¿cuántas veces nos encontramos con ella en el día a día cotidiano? Tristemente, pocas.

 

Miguel Delibes, nos dejó muchas enseñanzas con sus palabras, y entre ellas esta frase. “Al palpar la cercanía de la muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales”.

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

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Tú que ya no eres un niño, ¿quieres ser feliz o perfecto?

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Artículo publicado por Carmen Prada

Nos pasamos la vida lamentando aquello que no conseguimos o que no nos gusta de los demás y sobre todo de nosotros mismos, pues una persona que muestra frustración respecto a su entorno es seguro que arrastra frustraciones personales importantes. Hablamos de la felicidad casi siempre en abstracto, y parece mentira que después de miles de generaciones, la humanidad siga deambulando buscándola tan a menudo por el camino equivocado. Porque no hay una fórmula mágica para encontrar la felicidad, pero sí sabemos todos que determinados caminos no llevan a ella, y aun así…

El día 25 de noviembre se celebra cada año el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, y aunque este es un tema que da para escribir un artículo y no es el caso, no quiero dejar pasar la ocasión de decir que algo no se ha hecho bien desde hace años y que el camino que llevamos no es el correcto. Un ejemplo más de que como especie caemos siempre en los mismos errores / atrocidades y que al avance tecnológico no siempre lo acompaña el avance en valores.

Vivimos el día a día con continuas noticias de discriminación injustificada y variadas formas de violencia. A veces, parece como si fuera inevitable que el hombre fuese un depredador para el hombre. El canibalismo nos espanta, a Dios gracias, pero ante otras formas de autodestrucción estamos casi inmunizados.

¡Tampoco me extraña! Y es que, yo que soy del año 1977 puedo decir que nadie me enseñó en el ámbito escolar cómo gestionar las emociones y los estados emocionales que les acompañan.

Hace escasos días lo comentaba con el gerente de una empresa con la que trabajo, Dinamia Teatro. Miguel y yo hablábamos de forma distendida del aprendizaje en gestión de emociones que hace falta en el ámbito educativo y también familiar. El reciclaje es necesario en las diferentes materias académicas, pero, ¿en qué lugar queda la educación emocional para que las futuras generaciones sean capaces de hacer frente a los reveses de una sociedad cada vez más fría, deshumanizada y competitiva?

Aprender a manejar la intensidad de la vida que se nos presenta y los impulsos que resultan de ella, es clave para controlar nuestro comportamiento. Y evidentemente, hay que tener claro que la violencia y la intolerancia no son el camino para con los demás.

Las emociones influyen directamente en nuestra forma de pensar y en nuestra manera de actuar. Una realidad que está muy presente en muchos niños y jóvenes hoy en día es la baja tolerancia a la frustración. Hay niños a los que no satisfacer sus deseos con inmediatez les provoca un grado inmenso de frustración. Aunque en ocasiones no nos demos cuenta de estas situaciones, estos comportamientos afectan a su aprendizaje, a la convivencia con sus compañeros y a su maduración integral. De ahí a la violencia hacia compañeros, padres o profesores muchas veces el paso es corto.

Hemos de tener en cuenta que la inteligencia de una persona no tiene por qué ser proporcional a la empatía, sociabilidad, entrega, y tolerancia con otras personas. Y es que en una educación integral de la persona no solo hay que potenciar destrezas intelectuales o técnicas, sino también emocionales.

Algunos de los beneficios que se obtienen al desarrollar la inteligencia emocional son los siguientes:

– ser una persona emocionalmente inteligente es bueno para nuestra salud, y reporta beneficios psicológicos y físicos. Tener la capacidad de gestionar adecuadamente las emociones es fundamental para mantenernos estables y seguros de nosotros mismos;

conocerse a sí mismo pasa necesariamente por tener conciencia de nuestras potencialidades y limitaciones. Podremos entonces honradamente saber a qué decir NO o SÍ;

escuchar y practicar la crítica constructiva. Son demasiadas las ocasiones en las que somos hirientes sin importarnos las emociones o sentimientos que provocamos en los demás. Criticar sin una base sólida de conocimiento, respeto hacia toda persona y espíritu constructivo solo puede ocasionar dolor, injusticia y pérdida de credibilidad;

– aprender a valorar y aprovechar los aspectos positivos de cualquier vivencia, por amarga que ésta pueda resultar a primera vista. La vida es un continuo aprendizaje, y cada día nos encontramos con situaciones y personas que nos ayudarán a crecer, si estamos atentos y somos lo suficientemente humildes;

no perder nunca la sana curiosidad intelectual. La persona verdaderamente sabia es aquella consciente de que más allá de su limitado conocimiento hay siempre un océano de saber que aún ignora. ¡Pues nada, a seguir con nuestro aprendizaje!

Si sigues huyendo de ti mismo, entonces te advertimos que el amor, la alegría y la paz también se irán lejos de ti. Maddy Malhotra.

 

Profundiza en su mensaje…

 

 

*Fuente de la fotografía, Pinterest.es

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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