Sé tú, auténtico y sin imitaciones

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Por Carmen Prada

 

A menudo nos quejamos de lo que no tenemos y nos gustaría poseer.

Habitualmente, muchos de nuestros deseos insatisfechos están la línea de lo superficial y material. Cuántas veces hemos escuchado a alguien expresar su deseo de ser más alto, tener una mejor figura, más dinero, mejor coche, una mansión, un premio de lotería…

Imagina por un momento que se te aparece el genio de la lámpara y te concede 3 deseos. Sé sincero, no te engañes, ¿qué le pedirías? Sí, lo del genio es un cuento, claro, pero lo importante no es eso, sino que te sinceres contigo mismo, y concretes por orden tus prioridades. ¡Te invito a este pequeño ejercicio!

Pues os voy a ser sincera, nada de lo que no soy o no tengo, me haría más feliz.

Tenemos que ser conscientes de que en la vida hay cosas y personas que nos acompañan en ésta, porque nosotros mismos lo hemos decidido. Hay situaciones que vienen provocadas por nuestras elecciones en algún  momento dado. ¿Que a veces nos gustaría dar marcha atrás al descubrir las consecuencias? ¡Pues claro! Pero es que el que decide también se equivoca.

Realmente lo único a lo que quiero aspirar es a ser yo misma, natural, auténtica, cercana… Lo demás me sobra.

Podría estar bien, no lo sé, ser rubia, o más alta, o tener un sueldo seguro cada mes… Pero de estas tres opciones que he barajado, ser rubia y tener un sueldo seguro cada mes, ya he decidido con libertad sobre ello. Y es que no me voy a teñir de rubia, sigo siendo morena, y como he emprendido con toda la ilusión mi propio negocio, mi sueldo no está garantizado. Y no me quejo. Sobre lo de ser más alta, anda que no le he sacado yo partido a esto de ser bajita, ¡si es que soy capaz de meterme en cualquier sitio!

 

De verdad, ¿por qué pensar tanto en lo que no somos ni tenemos, en vez de valorar realmente lo que sí?

Mira a tu alrededor, ¿te has parado alguna vez a pensar en todo lo bueno que has construido? Y también, ¿en todos los errores que has cometido para ser mejor?

Hay padres que inducen a los niños desde bien pequeños, de algún modo, a querer ser de mayores como Cristiano Ronaldo, Miley Cyrus… Seguramente, sería más provechoso sentarse con los pequeños y decirles que realmente lo importante es que en un futuro sean nobles y auténticas personas.

 

Sí, es cierto, esos famosos ganan mucho dinero, son personas de éxito, pero todos sabemos que detrás de muchos de ellos se esconden grandes dramas personales e insatisfacciones vitales. Tampoco pueden disfrutar de algo tan hermoso como el anonimato, y en no pocas ocasiones han de seguir un guión preestablecido que les impide ser auténticos, para así no perder contratos o seguidores. Muchas veces, son esclavos de su propio éxito. Algunos no me creerán, pero no siento ninguna envidia por ellos, más allá de que la envidia nunca es sana.

 

Busquemos dentro de nosotros mismos, saquemos a flote todo lo bueno que poseemos y disfrutemos de ello. Seamos conscientes de nuestras limitaciones, aunque a veces resulte duro, pero no nos pasemos la vida persiguiendo la da otras personas, porque entonces lo que estaremos haciendo es perdernos la nuestra propia.

 

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  • Caminemos hacia nuestros propios sueños.
  • Disfrutemos de los pequeños momentos.
  • Tengamos poder de decisión.
  • No busquemos ser una sombra de otra persona.
  • Vivamos nuestra propia vida.
  • No tengamos miedo a errar, nos ayudará en este arduo y largo camino.
  • Contagiemos a los demás de nuestra autenticidad aceptando a cada cual como es.
  • Sepamos agradecer el legado de nuestros mayores, y procuremos dejarle a las generaciones futuras un mundo mejor.

 

 

No negocies tu autenticidad a cambio de una mirada de aprobación. Jorge Bucay.

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pinterest.com

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Hablemos de lo “prohibido”

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Por Carmen Prada

 

En los inicios de mi escritura, ya bien fuese en revistas, blogs diferentes al mío, publicaciones en las RR.SS., o incluso en el programa de radio que cada miércoles realizo, siempre me han insistido en lo siguiente: “Carmen, es importante que tengas en cuenta que en la medida de lo posible no se puede hablar de política ni religión…” Nunca he estado de acuerdo, aunque a regañadientes lo he ido aceptando porque hay muchos otros temas ciertamente importantes de qué tratar.

Con el paso del tiempo, y más en los últimos días, me he dado cuenta que la falta de pronunciamiento por parte de muchos de nosotros, ante intereses comunes, nos está perjudicando a todos como nación.

Cuando estéis leyendo esto, habrá llegado un día muy señalado por aquellos que anteponen sus codicias al respeto a la legalidad por la que se rige nuestra convivencia.

 

Desde bien pequeña entendí que todos los españoles formábamos una sociedad variopinta y diversa, pero con unos rasgos comunes que nos unen, y esto es algo fácilmente comprobable a poco que se viaje por nuestra geografía. A medida que mi vida ha ido avanzando, y he podido conocer diferentes gentes y lugares de España y otros países, estoy más convencida de que las fronteras son algo habitualmente ficticio, lo cual no está en absoluto reñido con reconocer que la variedad de tradiciones, lenguas e identidades es algo real y enriquecedor, de lo que podemos sentirnos orgullosos, y además disfrutar de ello. Y precisamente por ello yo entiendo y siento mi identidad española en clave de diversidad, pues me siento tan española con el botillo de mi tierra berciana, como con el cocido gallego, la ensaimada mallorquina o las migas aragonesas, por hablar de gastronomía. Pero de la misma manera, me fascina la diversidad patria si hablamos de paisajes, lenguas, climatología, etc. Y toda esa herencia secular de la que hoy puedo disfrutar sin fronteras ni aduanas, me gustaría que las próximas generaciones la puedan heredar también aumentada y mejorada. Así entiendo yo el patriotismo, sin fanatismos ni imposiciones, sino con un sentido de agradecimiento y responsabilidad, con un ojo hacia el pasado, pues un pueblo que desconoce su historia no es consciente de sus raíces, errores y logros, y otro hacia el futuro, que se construye día a día y entre todos.

Las cosas se pueden hacer bien, regular o fatal, pero no entiendo una España dividida, y menos una España quebrantada como sociedad. No deseo enfrentamientos entre las personas que forman parte de nuestra gran nación. Hay ideologías diferentes, claro que sí, con diversidad de opiniones, con puntos de vista dispares…, pero siempre y ante todo debe primar el respeto, a las personas y a la legalidad vigente, la cual se puede cambiar, si procede, pero por los cauces establecidos.

 

Hay demasiados miedos a la hora de pronunciarse con respecto a este tema, y mucha carga emocional, y aunque por deformación profesional nunca dejo de lado las emociones, también creo que éstas hay que gestionarlas adecuadamente de forma que no solapen a la razón ni a la verdad.

 

No me sirve el argumento de las supuestas mayorías, ni las mareas populares, ni la reiterada utilización torticera y falsaria de la historia y los datos. Afortunadamente, vivimos en uno de los países más civilizados de los aproximadamente 200 que hay en el mundo, más allá de las muchas cosas mejorables que naturalmente también existen, y aunque la principal labor de los políticos ha de ser la de sentarse a hablar para encontrar solución a los problemas, y esto se hace poco, no se debe dar ni una mínima esperanza a los que quieren saltarse la ley, y esto es lo que ocurriría si los representantes políticos que defienden el respeto a la Constitución se sentaran a “negociar” con los que empecinadamente desobedecen las leyes y a los jueces. O sea, con los delincuentes. Porque un político que se salta la ley e incita a los ciudadanos a que hagan lo propio, es simple y llanamente un delincuente. Y si España fuese, además de un país civilizado, un país serio, que no es lo mismo, más de uno que se pasea entre vítores y banderas rupturistas ya estaría entre rejas. Porque la talla de un político nunca puede ser medida por su afán desafiante y desobediente, sino por su capacidad para tender puentes, defender la verdad por encima de intereses electoralistas y partidistas, y convencer con argumentos hasta el punto de conseguir cualquier lícito objetivo político sin saltarse las reglas del juego.

 

Pero claro, si en España hubiera políticos de verdad, otro gallo nos cantaría. Quizá tengamos lo que nos merecemos, porque hay que ver qué fácil es ver a miles, millones, seguir como un rebaño a personajes de diversos colores e ideologías que entre todos no hacen uno, pues impera la mediocridad y la mezquindad, el partidismo y la mentira. Quizá porque precisamente la mediocridad sea una de las más fuertes señas de identidad de nuestra actual sociedad, tan desnortada y manipulable, apoltronada y anestesiada, convencida de que no merece la pena molestarse demasiado por causa alguna.

 

Si usted ve el fraude, y no dice fraude, usted es un fraudeNassim Taleb.

 

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pinterest.com

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“ERE” o no eres, esa es la cuestión

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Comienzo desde la más absoluta sinceridad. Había comenzado a escribir un tema para hoy de gran carga emocional, pero de repente, los planes han cambiado. Sí, como en la propia vida, de manera imprevista uno se encuentra con situaciones que le llevan a variar sobre la marcha, y al final voy a tocar un tema totalmente diferente.

Hace muy pocos días, mientras disfrutaba del café mañanero, una persona conocida se acercó a mí. En la mano llevaba un buen paquete de papeles, y con los ojos vidriosos me confesó; “Carmen, llevo trabajando toda mi vida para la misma empresa, me quedan únicamente 5 años para la jubilación y me acaban de entregar los papeles en los que me comunican que la empresa prescinde de mí porque se encuentra en una situación de ERE. Ahora me toca ir a ver con los años que tengo cotizados cómo quedaría mi situación de prejubilación, menos mal que me lo han pagado todo…”

Mi respuesta trató de ser consecuente con el momento que intuía esta persona podía estar pasando. “Lo siento mucho. Antes de nada, me gustaría decirte que no sientas vergüenza por esta situación y no la vivas en silencio. Sé por lo que puedes estar pasando, yo me vi inmersa en una situación algo similar, porque a mí me debía tanto dinero la empresa, que ni el Fondo de Garantía Salarial (FOGASA)  llegó a cubrir el montante. Perdí mucho dinero”.

Su cara fue un poema ante mi confesión, y sobre todo por algo que le dije y le llamó mucho la atención, ¡no sientas vergüenza al decirlo!

Y es que reconozco haber sido hace unos años una de esas muchas personas a las que le tocó vivir esta situación. Todo comenzó con un ERE que afectó a parte de la plantilla de la empresa, y casi sin darme cuenta, llega al colectivo. En medio del proceso, hasta ser una de las últimas personas afectadas, uno tiene varias opciones, o por lo menos así lo pensé yo en aquellos momentos:

  • vivir de ilusiones construidas en castillos de papel, pensando que todo lo que has dado por la empresa, seguramente lo tendrán en cuenta y serás la única persona a la que no le afectará…

  • Aceptar esta circunstancia con resignación, sumido en una mayúscula tristeza, pensando que jamás te habías imaginado engordar las ya abundantes listas del INEM.

  • O por otro lado, está esa persona que se anticipa a sumarse a la cola antes mencionada, y no deja de trabajar en la búsqueda de nuevas posibilidades, para seguir desarrollando así su vida laboral.

Ni viví inmersa en castillos de papel, ni bajo ningún concepto asumí lo que sucedía con resignación, sino que lo que hice fue anteponerme a lo que se veía estaba por venir.

Está claro que la postura que tomes al respecto depende de muchas cosas, pero si de algo pende y mucho, es de la confianza que uno tenga en sí mismo. En esos momentos en los que te sientes perdido, sin rumbo, a la espera de no sabes muy bien qué… ¡Toca ser más inquieto que nunca, y en todos los sentidos!

 

Si eres de los que el certificado de extinción de contrato te llega por correo, y estando al tanto del cierre próximo de la empresa, ¿te has antepuesto con un plan B?

¿Qué puedes hacer ante esta situación o una similar que es la de estar en búsqueda activa de empleo? No queda otra que ser más proactivo que nunca, llamar a todas las “puertas y ventanas”, preparar a las personas que te rodean de la situación que está por venir, hacérselo saber a tus contactos… Ahora te hago otra pregunta con respecto a esta última acción, ¿te has preocupado de generarlos? ¿Estás haciendo algo para salir de tu hábitat natural-laboral, ante un posible cambio de actividad? ¿Has sido proactivo?

 

Y es que sin darte cuenta ha llegado la situación de desempleo. Puedes estar pensando, si me lo permites, ¡qué fácil es decirlo Carmen!, pero si has leído todo el post, te habrás dado cuenta de que en todo momento sé de lo que te hablo. Y podría añadir la coletilla de “y por desgracia…”, pero no lo voy a hacer, y ¿sabes por qué?, porque esa situación dura, crítica, emocionalmente agotadora…, me hizo sacar la mejor versión de mí, que confieso, a veces he dudado de si la conocía, y la viví con optimismo, sin dudar que nuevas oportunidades se iban a presentar.

El realismo ha de acompañarte en todo momento, hay que tomar decisiones y ponerlas en marcha, activar a toda velocidad la capacidad de reacción, moverse por ámbitos que te generen nuevos contactos, participar en talleres, en grupos de netwórking, reuniones de emprendedores, moverse con destreza por las redes sociales y darse a conocer… ¡Infinidad de acciones que vengan promovidas por tu inconformismo!

 

En el mundo laboral no siempre comienza a trabajar la persona más preparada o con más experiencia, sino la que ha sido capaz de llamar a puertas y prestarse aun cuando no había un puesto disponible. A veces se consigue meter la cabeza porque se ha mostrado ser una persona inquieta y con ganas. Hay que ser como los buenos delanteros en el fútbol, tener buen olfato goleador y estar en el momento justo en el lugar preciso para simplemente meter el balón en la red.

 

Si me lo permites, busca tu oportunidad, no te quedes parado, sé inquieto, no te conformes, no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, ve por lo que te propongas y sin duda… ¡busca esa oportunidad provocada por una desgracia!

 

 

 

 

 

 

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Serás lo que desees ser…

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Por Carmen Prada

 

Está claro que cuando uno quiere y desea conseguir sus metas, algo se tiene que hacer al respecto, lo que no tiene cabida es el inmovilismo.

En muchas ocasiones hay cosas que debemos cambiar, en otras en las que ya estamos llevando pautas a la práctica debemos modificar sobre la marcha, e incluso dejar de seguir anclados en rutinas ineficaces. En definitiva, esos pasos que debemos ir dando marcarán nuestro camino hasta la consecución del reto definido por nosotros mismos.

Aunque no nos paremos a pensar en ello, nuestro estado de ánimo tiene mucho que ver para comenzar a caminar o más bien quedarnos paralizados.

La perspectiva que tenemos cuando visualizamos algo, no es la misma cuando nuestro estado de ánimo es óptimo, que cuando más bien tenemos que bajar nuestra mirada y buscarlo por los suelos. En este último caso, parece que todos los caminos se estrechan, incluso llegamos a dejar de verlos, les perdemos de vista y únicamente pasamos a visualizar inconvenientes y barreras para dar pasos hacia adelante, sin apenas permitirnos posibilidades de hacer las cosas de otra forma.

Toda esta situación nos lleva a perder vitalidad e ilusión, las metas se disipan, todo se oscurece y lo que antes era posible ahora lo vemos inalcanzable.

No podemos negar que el encaminar la negatividad en nuestra vida hacia la positividad nos traerá consigo un mejor estado emocional, que sin duda repercutirá en nuestra salud, pero también en nuestra relación con los demás. O sea, ello redundará en una mejor calidad de vida.

 

Quizá toda esta teoría la conocemos prácticamente todos pero, ¿cómo salimos de este círculo vicioso? ¿Conocemos prácticas o herramientas que nos pueden ayudar a ello?

 

  • Si no promovemos cambios en nuestra vida, no lograremos ver resultados.
  • Debemos intentar que en nuestro diccionario la palabra imposible no exista.
  • Un exceso de auto-exigencia y auto-crítica nos puede llevar a perder confianza en nosotros mismos. Es importante darnos una tregua, sería bueno recopilar momentos gratos, ilusionantes, esperanzadores y aferrarnos a ellos.
  • Nadie ha dicho que la vida fuese fácil, el caminar por ella con una sonrisa hace que ésta nos ayude a afrontar situaciones de un modo más positivo.
  • Debemos ser agradecidos por lo que tenemos, por lo que la vida nos regala, quizá de este modo nos demos cuenta de lo mucho que tenemos y lo poco que agradecemos este regalo.
  • ¡Claro que a veces lo vemos todo negro! Pero de nosotros depende dar el primer paso para cambiarlo de color.
  • Rodearnos de personas positivas y alegres hace que el ambiente que se genera sea emocionalmente positivo. Debemos renunciar tajantemente al aislamiento social.
  • El sentirnos útiles y ayudar a personas que pueden precisar de nosotros, nos ayuda a encontrarnos con nosotros mismos, pero también a encontrar razones para que los demás piensen en nosotros como una luz a la que dirigirse.
  • Que no nos condicionen lo que los demás piensen de nosotros. La envidia es mala compañera de viaje, no permitas que nadie con este perfil se cuele en tu equipaje.

 

Lo sé, pueden parecer frases hechas, mucha teoría en ella y estar preguntándoos, ¿un ejemplo real?

 

Hace poco, durante varias semanas, una persona muy cercana a mí ha pasado por unos problemas de salud importantes. Han sido días de espera, de oscuridad, de ansias porque esta situación terminase, momentos de angustia.

Quizá hubiese sido más práctico en mi día a día, dejarme llevar por esta situación y dejar de disfrutar de mi trabajo o negar el tipo de persona que soy, a las personas que me rodean.

Claro que ha habido momentos de todo tipo, y hablo de mí emocionalmente, pero, ¿por qué dejarme llevar por la apatía y la desilusión? Realmente no tenía motivos, amo lo que hago, mi familia ha estado unida ante esta situación, me ha hecho ver la calidad y cantidad de amistades y personas que me quieren y además me ha servido para medir mi capacidad de sufrimiento.

 

Y repito, ha habido picos emocionales de todo tipo, pero mi motor es la pasión que siento por las personas, y es la que ha marcado mi camino hacia la luz y la esperanza.

 

 

 

 

 

 

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Y sin embargo, nada va a cambiar…

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Por Carmen Prada

 

Me resistí después del atentado perpetrado en Barcelona el pasado  17 de agosto a ver algún vídeo al respecto, porque era consciente de que me golpearía fuerte, más si cabe… Y reconozco que aún no lo he hecho.

 

Tras conocer que más de una docena de personas perdieron la vida, junto con la multitud de heridos y algunos de bastante gravedad, las lágrimas aparecieron en mis ojos. Al principio me esforcé en reprimirlas, pero en el transcurrir de los acontecimientos, no puede resistirme. Mi llanto era de dolor, impotencia, tristeza, indignación…

 

Esta vez el terror islamista ha golpeado España, aunque no es la primera vez, y mucho me temo, ojalá me equivoque, no será la última. Sabemos que masacres como la de Barcelona, y aun mucho peores, ocurren prácticamente a diario en algún punto de Siria, Afganistán, Pakistán… Pero lo vemos como algo lejano, ajeno, no se guardan minutos de silencio ni hay concentraciones por esas víctimas. ¿Será que son víctimas de inferior categoría? Es algo tan cotidiano, que no le prestamos atención, y somos tan groseramente ingenuos, que no nos paramos a pensar un poco en ello hasta que el lugar atacado es Berlín, Londres, Niza o París. Caramba, parece que eso ya nos acongoja un poco. Bueno, pues si alguno no terminaba de creérselo, aun después de lo sucedido en Madrid el 11 de marzo de 2004, ahora ha sido Barcelona. ¿Pensáis que alguno de nosotros está completamente a salvo? Evidentemente, no.

 El vello se me pone de punta viendo y escuchando la manifestación celebrada ayer reivindicando la paz y la convivencia entre todos, con una misma frase pronunciada por miles de personas, ¡NO TENGO MIEDO! Son muchos los ciudadanos catalanes y del resto de España los que se han unido alrededor de este grito, haciendo llegar lejos este reclamo de libertad.

No deberíamos necesitar que ocurran masacres en el corazón de Europa para tener presente que cada día en el mundo mueren salvajemente muchísimas personas a manos de estos abominables grupos llamados yihadistas. Mueren simple y llanamente porque no reniegan de su fe, musulmana, cristiana o ninguna en particular, por cómo van vestidos, por no interpretar el Corán del modo fanático y torticero que estos grupos promulgan.

 

No hay nada, absolutamente nada que justifique un acto terrorista, venga de donde venga. Pero ojo, ni siquiera hay que salir de España para encontrar pueblos en los que a los terroristas aun hoy se les ensalza, justifica y admira… Asesinos del pasado relativamente reciente, convertidos ahora en héroes que dan nombre a calles y plazas, sin mostrar en muchos casos el arrepentimiento hacia sus víctimas de ningún modo.

 

Yo, personalmente, no quiero tener relación con quien no desea ni está dispuesto a tener conmigo una relación de igual a igual, basada en los principios de reciprocidad y lealtad. Y a los países llamados occidentales parece no importarles demasiado tener relaciones con países que financian mezquitas en nuestras ciudades, pero no permiten que se construyan iglesias, sinagogas o pagodas en las suyas.

 

Necesitamos su petróleo, sí, pero no menos que ellos nos necesitan a nosotros como clientes. Y me parece bien que haya mezquitas en Madrid, pero solo si puede haber una catedral o una sinagoga en La Meca, por ejemplo.

No seamos ingenuos. Lo que aquí se puede defender como progreso, nuestros enemigos – a ver si nos enteramos que estamos en guerra, aunque distinta de la convencional – lo ven como una debilidad, y se aprovechan continuamente de nuestras bondades democráticas y de nuestro buenismo masoquista. Pues si no permitimos que se aprovechen de nuestras buenas intenciones en nuestra vida personal, tampoco lo aceptemos como sociedad.

Sin duda, es un tema complejo, el mundo actual lo es, y la inmensa mayoría de los musulmanes condenan estas atrocidades, pero no sé si me da más miedo la sed de sangre de esos fanáticos criminales, o la tibieza acostumbrada de la sociedad occidental, que no quiere abrir los ojos mientras renuncia cada vez más a sus raíces y fundamentos, de los que han nacido la democracia y los derechos humanos, conceptos ignorados por sociedades con las que conviene no obstante sellar acuerdos comerciales, patrocinios en camisetas de fútbol…

¡No tengo miedo! Es esa fuerza que nos debe unir a todos, una expresión que debemos y necesitamos transmitir. Pero me gustaría dejar una pregunta en el aire, ¿cómo se puede conjugar el decir que no tenemos miedo cuando a la par nos avergonzamos de los fundamentos de la cultura occidental?

 

Sin lugar a dudas, no debemos temer seguir con nuestras vidas, vivir con intensidad cada día, ser generosos para con los demás, deshacernos de los rencores, respetar a las personas que nos rodean, escuchar más de lo que lo hacemos, unirnos como nación ante la barbarie, que no tenga cabida en nuestras vidas la ira ni la maldad… Pero sobre todo, debemos ser fieles a las raíces de nuestra civilización, porque la historia nos enseña que hasta los más grandes imperios se han desmoronado cuando se han traicionado a sí mismos, y esa decadencia no ha sido percibida por el conjunto de la población hasta que era ya demasiado tarde. ¿Somos tan tontos de no querer aprender y  espabilar? ¿De verdad esperamos que sean los políticos los que muevan ficha? ¡País de papanatas!

 

 

 

 

 

 

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La actitud ante el cambio, clave de tu futuro profesional

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Publicado por Carmen Prada

 

El optimista dice: “puede ser difícil, pero es posible”. El pesimista dice: “puede ser posible, pero es muy difícil”. Anónimo.

Sin lugar a duda, podemos llegar a ser nuestro mejor aliado, pero del mismo modo, nuestro peor enemigo.

Cada día en nuestro puesto de trabajo nos toca tomar decisiones, ser nuestro propio motivador y tener la capacidad de decir que “esto no puede conmigo”.

Cuando encima comienzas tu andadura en el apasionante y dinámico mundo comercial, son bastantes los días en los que los noes predominan, tanto que puede que haya días en el que no te encuentres con un . Llegado este punto, tienes en tus manos comenzar a ponerte la primera excusa para no continuar, con la famosa frase de “creo que esto no es para mí”. ¿No crees que comienzas con un implícito, “esto es muy difícil?

Claro que habrá casos en los que realmente sea cierto y tu camino no sea éste, y de sabios y humildes es reconocerlo, pero intenta haber quemado antes todas las balas para que seas capaz de decirte a ti mismo, “por no intentarlo no ha sido”.

Algunas de las diferencias entre el optimista y el pesimista:

  • donde el pesimista ve dificultades, el optimista ve oportunidades;

 

  • donde el pesimista ve un único camino, el optimista busca esa senda que le dé más posibilidades;

 

  • donde el pesimista se viene abajo, el optimista se crece para lograr su objetivo sí o sí;

 

  • donde el pesimista no ve salidas, el optimista las busca convencido de que existen;

 

  • donde el pesimista puede llegar a contagiar a sus compañeros de tanta negatividad, el optimista es capaz de transmitir esa positividad convirtiéndola incluso en motivación.

 

Anteriormente he mencionado a las personas que dan comienzo a su carrera profesional en el mundo de las ventas. Pero,  ¿y si ahora hablamos de aquellas que llevan toda una vida haciendo esto mismo?

Sin duda, hay enormes profesionales. Profesionales que han tenido la capacidad de evolucionar en las técnicas de venta, cierres, el tener en cuenta los cambios en los paradigmas de los nuevos tipos de clientes, encontrar la utilidad a las nuevas tecnologías… En definitiva, renovarse o morir.

Si tienes un profesional como éste en tu equipo, ¡ponle cláusula de rescisión! Tienes una joya. Al profesional que muestra esta capacidad de reciclaje y aprendizaje, sin temer a los cambios, ¡cuídalo como a un tesoro!

Pero también hay que decir que existe el otro tipo de profesional. Ese que con el paso de los años va adquiriendo manías, rígidas costumbres, vicios… Su capacidad de transformación a “los nuevos tiempos” es mucho más compleja. Evidentemente, el tiempo pasa como antes mencionaba y con él muchas cosas…

Es inadecuado seguir vendiendo del mismo modo y por muchos motivos:

  • el cliente está más informado;
  • la competencia está mejor preparada, tienes que conocerla;
  • los tipos de clientes se han diversificado y perfilado y más;
  • las objeciones que existen en este momento son múltiples, aunque gane por goleada la de “es que es muy caro…”;
  • existe una gama más amplia de productos, a la vez que éstos se renuevan con nuevas características a una velocidad mayor;
  • uno llega a acomodarse a su red de contactos y clientes en cartera, sin pensar en la posibilidad de buscar más alternativas como puede ser trabajar el netwórking, acudir a eventos, presentaciones, reuniones de profesionales del mismo sector…;
  • han entrado con fuerza las nuevas tecnologías, una herramienta más y muy válida para las ventas.

 

Una de las consecuencias de los motivos que enumero y me quedo corta, es que llegue el momento en el que lo que antes era un reto profesional y además satisfactorio, se vuelva una rutina y algo mecánico. Llegará la perdida de ilusión, la frustración, la impotencia…

Si has podido vivir del mundo comercial durante tantos años y además eres de los afortunados que disfrutaba de lo que hacía, ¿por qué no te renuevas como tenemos que hacerlo con “el carnet de conducir” cada ciertos años?

 

Nunca sabemos lo suficiente en la vida. Tampoco estaremos preparados para lo que creemos estar haciendo bien si no nos reciclamos continuamente. Solo debemos con humildad recuperar la ilusión a través del aprendizaje continuo.

 

 

 

 

 

 

 

 

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El silencio del buen amigo

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Por Carmen Prada

 

“Un amigo es alguien con quien se puede no hacer nada y disfrutar de ello”. Anónimo.

 

No, no me he vuelto loca.  Hace pocos días, estuve hablando con unos amigos acerca de este tema, y al yo referirme a la cita con la que empieza el post, y que comparto totalmente,  se extrañaron. “¿Cómo puede ser posible eso, Carmen?”

Tengo claro que habrá opiniones de todos los tipos, pero para mí la amistad es una de las cosas más valiosas y a la vez gratuitas que la vida te puede regalar.

La amistad no es incompatible ni con la pareja ni con la familia, y tampoco debería serlo entre sí, es decir, unos amigos pueden conocer a otros a través de ti, y eso puede enriquecer a todas las partes. En el amor soy 100% monógama, pero en la amistad no hay que pretender ser monopolizador ni absorbente, pues la genuina amistad respeta la libertad y no busca satisfacer el ego siendo el centro de atención de los demás.

A menudo comparo la amistad con el amor, pues hay amistades que lo son a primera vista, otras ves que nunca llegarán a terminar de cuajar, otras relaciones a las que les cuesta madurar, pero que a base de adversidades y buenos momentos se hacen eternas. De todos modos, cuando alguien me dice que la verdadera amistad es la que lleva años de recorrido, perdonadme que dude que a la amistad haya que ponerle unos límites de tiempo para denominarla o no como tal.

Algunos ingredientes que ha de tener: confianza, confidencialidad, alegrías, lágrimas, lealtad, música…, pero también silencio.

Cuando me refiero al silencio, lo hago porque hay momentos en los que las palabras o los gestos sobran, lo más importante es el saber estar ahí. Es más, puede que incluso en ese preciso momento no tengamos a esa persona a nuestro lado, pero solo con saber que está, que existe, nos sentimos más tranquilos.

Claro que hay momentos para disfrutar de la amistad de diferentes modos, y quizás se esté abusando de la palabra en cuestión, tal vez haya en muchas personas una gran necesidad por mostrar emociones. Curiosamente, aunque las distancias se acorten en nuestros días gracias a los avances tecnológicos, la sensación de soledad en muchas personas aumenta, y enseguida, habitualmente de forma precipitada, se pasa de decir “conocido” a amigo.

No voy a ser yo la que juzgue esta necesidad, pero sí creo que otorgar o no esa etiqueta depende de cada uno de nosotros.

Hay amistades que son largas en el tiempo, que existe una distancia geográfica, pero que cuando una vez cada mucho escuchas su voz por teléfono, es como si el tiempo se hubiese parado y todo siguiese en el mismo punto. ¡Es eterna, es incondicional!

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También existe esa en la que solo necesitas su compañía mientras te desahogas con el llanto. Aunque las lágrimas recorran tus mejillas, puedes decir que eres afortunada, pues alguien importante y a quien necesitas en ese momento está a tu lado.

Podría poner más ejemplos, pero creo que son suficientes para explicar mi idea de lo que realmente es disfrutar y sentirse bien sin hacer nada cuando un amigo está a tu lado.

¡No hace falta hacer nada extraordinario para seguir disfrutando de la verdadera amistad!

No permitas que nada ni nadie te aleje de ese amigo que de un modo u otro, cada uno a su manera, te acompaña.

Tampoco te dejes condicionar por tu situación personal de pareja, por el sexo de la persona con la que tengas esa amistad, ya que ésta no entiende ni de celos ni de prejuicios.

El mejor amigo que he tenido y tengo es el hombre que es mi esposo. Y siempre, antes y después de casarnos, ha respetado con total confianza y naturalidad que pueda tener amistad con otras personas de ambos sexos.

Siempre hay alguien dispuesto para salir por la noche, tomarse unas cañas o irse de cena… Te hago una pregunta, ¿esos son los que te acompañan cuando las fuerzas fallan y necesitas hablar? Porque si es así, ¡tienes un tesoro! Si simplemente están para lo primero, dale más valor a eso que se llama AMISTAD, y no se lo llames a cualquier cosa.

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

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