Orgullosa y avergonzada. Y en perfecta coherencia.

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Por Carmen Prada

He escrito recientemente sobre el panorama político, lo que no es habitual en mí, pero la actualidad manda y nos afecta a todos, de un modo u otro.

En las últimas semanas, parece que los acontecimientos han despertado el sentimiento de orgullo de ser español. Abundan las banderas rojigualdas en los balcones de toda la geografía nacional, también en Cataluña. El pasado domingo 8 de octubre se produjo una multitudinaria manifestación en Barcelona por la unidad nacional, y soy consciente de que los sentimientos están muy a flor de piel, lo que siempre resulta peligroso, pues aunque éstos existen de todos los colores, ese no es el problema. El problema es que donde abundan los sentimientos deberían sobreabundar la reflexión y la razón. Y la realidad no suele ser esa.

Como ya he dejado claro en escritos recientes, mi patriotismo lo siento y entiendo mucho más allá de una bandera, sin menoscabo de que los símbolos tienen su sentido e importancia, y yo me emocione con la de España, y con el himno, y me ponga la camiseta para apoyar a la selección, claro que sí. Pero sin fanatismos. Sin vendas en los ojos. En clave de pluralismo y diversidad, agradecimiento y responsabilidad.

Puedo decir que tengo motivos sobrados para sentirme orgullosa de ser española. E igualmente, los tengo para sentirme avergonzada. Y me siento ambas cosas.

Cuando una persona se encuentra ante la tesitura de aceptar o no una herencia, ha de valorar muchas cosas. Pero si finalmente la acepta, asume lo mejor y lo peor. Puede ser que se trate de un valioso patrimonio. Pero también puede ser que la herencia venga cargada de deudas. Pues bien, lo que ni es coherente ni legal es quedarse solo con lo bueno y renegar de lo malo. Si aceptas, aceptas el paquete entero. Así está establecido por nuestro ordenamiento jurídico. Y es lo lógico.

 

Un adolescente puede ser en el instituto un alumno brillante y respetuoso con sus compañeros y profesores. Pero puede igualmente actuar de forma descontrolada el fin de semana, practicar el botellón en el parque, orinar en la acera, deambular en estado de embriaguez y propasarse con alguna chica. Y estos casos existen.

¿Sería coherente que los padres de la criatura sacaran pecho, henchidos de orgullo, por ser su hijo un alumno ejemplar, pero no asumieran su grado de responsabilidad en relación a sus gamberras andanzas?

 

Decir que me siento orgullosa y avergonzada de ser española no implica contradicción alguna. En realidad, es un verdadero ejercicio de coherencia, pues solo se es coherente cuando se asumen las luces y las sombras de nuestra realidad.

Acepto la herencia recibida, e intento poner cada día mi granito de arena para construir una mejor sociedad, pues nuestra vida y la de las futuras generaciones dependerán de nuestros pequeños actos, no solo de decisiones geopolíticas de gran alcance.

 

He nacido, me he criado, vivo y trabajo en España, me enorgullece ser receptora de su rica cultura, su milenaria historia, su  compleja y enriquecedora diversidad, sus playas y montañas, su magnífica gastronomía, el legado que a lo largo de los siglos ha enriquecido el hemisferio occidental, su tradición misionera por los cinco continentes, su lengua que une a cientos de millones de personas y decenas de países, su liderazgo mundial en donación de órganos, su apertura y hospitalidad, su juerga y cachondeo, sus bailes, melodías y canciones, su capacidad de emprendimiento, su presencia protagonista y exitosa en el deporte internacional… Y por mis amigos, y mi familia, y tanto y tanto y tanto… ¡Qué orgullo!

Desde que tengo uso de razón, presencio como ciudadana el lamentable y agotador espectáculo de un país cainita, enfrentado  por guerracivilismos tan trasnochados como innecesarios, que acostumbra a admirar lo ajeno y a minusvalorar lo propio, que comulga progresivamente con estúpidas tradiciones que no son las nuestras, como veremos pronto con el vomitivo Halloween, pero que se resiste a tener el nivel de inglés del resto de Europa, como si lo que necesitásemos fueran zombis y no dominar como propia la lengua franca de nuestra época. Un país salpicado por toda clase de corruptelas, pero en el que el ciudadano solo se rasga las vestiduras cuando el corrupto es el vecino o el rival político, pues no hay voluntad de autocrítica sincera, sociedad enferma de ombliguismo. Y más, y más, y más… ¡Qué vergüenza!

 

Podría alargar mucho más los dos párrafos anteriores, pero no pretendo con este humilde artículo hacer una radiografía sociológica de algo tan complejo, y en cierto sentido misterioso, como es mi querida España. Querida, y mucho, con sus luces y sombras. Ni siquiera, aunque no lo parezca, es la política la cuestión de fondo de este artículo.

En realidad, sobre lo que os invito amistosamente a reflexionar, es sobre lo fácil que es autoengañarse cuando ponemos la vista solo en lo que nos gusta y resulta agradable.

No sé si alguna vez lo habéis cantado, aquello de “¡Yo soy español, español, español!” Yo sí, celebrando triunfos deportivos, por ejemplo. Pero también soy española cuando en mi país, mi ciudad o mi barrio se producen acontecimientos vergonzosos. Y como he decidido, libre y democráticamente, no vivir en una burbuja, sino que acojo la herencia recibida, me siento orgullosa y avergonzada, a la vez y según el caso. Y siempre, con mis limitaciones e imperfecciones, intento ser una buena ciudadana del mundo, una buena española, una buena persona. Sin fanatismos. Pero sin temor a que me tilden de esto o aquello. Sin complejos.

Y para quien piense que lo que uno haga de poco sirve, acabo con una sabia reflexión de un referente para mí de primer nivel. Alguien que siempre con amor miró a los ojos a sus semejantes, sin preocuparse de nacionalidades, razas o credos.

A veces sentimos que lo que hacemos no es más que una gota en el océano, pero el océano sería más pequeño si le faltara esa gota. Santa Teresa de Calcuta.

 

 

 

 

 

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¡Reto a la vista!

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Por Carmen Prada

 

Pues sí, cuando se sueña, en muchas ocasiones cuando uno pone de su parte, sacrificio, entrega, pasión, reciclaje continuo, tenacidad… ¡Se cumplen esos sueños!

Cuando un bendito día decidí dedicarme a lo que ahora me dedico, que no es a otra cosa que a las PERSONAS, es porque sabía que este realmente podía ser el camino para lograr algo que muchos creen imposible, ¡disfrutar de lo que hago!

Evidentemente tenemos que ser pacientes, ir pasito a pasito, teniendo las ideas y prioridades claras, y sobre todo, con mucha humildad.

Al final del camino que con arduo derroche has sembrado, seguramente te vaya a estar esperando el fruto.

Me gustaría dar las gracias a Alcalá Desarrollo y a la ciudad de Alcalá de Henares por contar conmigo para participar como ponente en un evento como es el que se va a desarrollar el 19 de octubre en el Espacio de Iniciativas Empresariales (C/ Blas Cabrera Infante, 23), que acogerá la I edición de #El Foro de empleo y emprendimiento, a través del cual se pretenden crear herramientas útiles para que tanto las personas que se encuentren en búsqueda activa de empleo, como aquellas que quieren crecer profesionalmente, logren sus objetivos. Se contará para ello con profesionales que formamos parte de La Nueva Ruta del Empleo, que por cierto te invito a que visites su web, porque estoy segura te va a sorprender.

 

La ponencia que impartiré llevará como título “Qué tener en cuenta antes de emprender”. Para me entendáis, antes de tirarme a la piscina…, me voy a asegurar que haya agua. Mi ponencia dará comienzo a las 10.45 horas, pero es que habrá varias salas para poder encontrar respuesta a eso que te está dando vueltas en la cabeza y que no encuentras.

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Desde luego que no os diré cómo enfocaré mi ponencia, ¡pero lo tengo claro! Y por este motivo me gustaría que acudieses si tienes la posibilidad, eso sí, sacando tu entrada gratuita a través de Ticketea en http://ow.ly/SfSj30fEHhO .

¿Qué profesionales te vas a encontrar?

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Disfruta del empleo y el emprendimiento de un modo diferente, quizá allí encuentres cosas que te sorprendan. ¡Yo estoy segura que lo haré!

 

 

 

 

 

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Hablemos de lo “prohibido”

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Por Carmen Prada

 

En los inicios de mi escritura, ya bien fuese en revistas, blogs diferentes al mío, publicaciones en las RR.SS., o incluso en el programa de radio que cada miércoles realizo, siempre me han insistido en lo siguiente: “Carmen, es importante que tengas en cuenta que en la medida de lo posible no se puede hablar de política ni religión…” Nunca he estado de acuerdo, aunque a regañadientes lo he ido aceptando porque hay muchos otros temas ciertamente importantes de qué tratar.

Con el paso del tiempo, y más en los últimos días, me he dado cuenta que la falta de pronunciamiento por parte de muchos de nosotros, ante intereses comunes, nos está perjudicando a todos como nación.

Cuando estéis leyendo esto, habrá llegado un día muy señalado por aquellos que anteponen sus codicias al respeto a la legalidad por la que se rige nuestra convivencia.

 

Desde bien pequeña entendí que todos los españoles formábamos una sociedad variopinta y diversa, pero con unos rasgos comunes que nos unen, y esto es algo fácilmente comprobable a poco que se viaje por nuestra geografía. A medida que mi vida ha ido avanzando, y he podido conocer diferentes gentes y lugares de España y otros países, estoy más convencida de que las fronteras son algo habitualmente ficticio, lo cual no está en absoluto reñido con reconocer que la variedad de tradiciones, lenguas e identidades es algo real y enriquecedor, de lo que podemos sentirnos orgullosos, y además disfrutar de ello. Y precisamente por ello yo entiendo y siento mi identidad española en clave de diversidad, pues me siento tan española con el botillo de mi tierra berciana, como con el cocido gallego, la ensaimada mallorquina o las migas aragonesas, por hablar de gastronomía. Pero de la misma manera, me fascina la diversidad patria si hablamos de paisajes, lenguas, climatología, etc. Y toda esa herencia secular de la que hoy puedo disfrutar sin fronteras ni aduanas, me gustaría que las próximas generaciones la puedan heredar también aumentada y mejorada. Así entiendo yo el patriotismo, sin fanatismos ni imposiciones, sino con un sentido de agradecimiento y responsabilidad, con un ojo hacia el pasado, pues un pueblo que desconoce su historia no es consciente de sus raíces, errores y logros, y otro hacia el futuro, que se construye día a día y entre todos.

Las cosas se pueden hacer bien, regular o fatal, pero no entiendo una España dividida, y menos una España quebrantada como sociedad. No deseo enfrentamientos entre las personas que forman parte de nuestra gran nación. Hay ideologías diferentes, claro que sí, con diversidad de opiniones, con puntos de vista dispares…, pero siempre y ante todo debe primar el respeto, a las personas y a la legalidad vigente, la cual se puede cambiar, si procede, pero por los cauces establecidos.

 

Hay demasiados miedos a la hora de pronunciarse con respecto a este tema, y mucha carga emocional, y aunque por deformación profesional nunca dejo de lado las emociones, también creo que éstas hay que gestionarlas adecuadamente de forma que no solapen a la razón ni a la verdad.

 

No me sirve el argumento de las supuestas mayorías, ni las mareas populares, ni la reiterada utilización torticera y falsaria de la historia y los datos. Afortunadamente, vivimos en uno de los países más civilizados de los aproximadamente 200 que hay en el mundo, más allá de las muchas cosas mejorables que naturalmente también existen, y aunque la principal labor de los políticos ha de ser la de sentarse a hablar para encontrar solución a los problemas, y esto se hace poco, no se debe dar ni una mínima esperanza a los que quieren saltarse la ley, y esto es lo que ocurriría si los representantes políticos que defienden el respeto a la Constitución se sentaran a “negociar” con los que empecinadamente desobedecen las leyes y a los jueces. O sea, con los delincuentes. Porque un político que se salta la ley e incita a los ciudadanos a que hagan lo propio, es simple y llanamente un delincuente. Y si España fuese, además de un país civilizado, un país serio, que no es lo mismo, más de uno que se pasea entre vítores y banderas rupturistas ya estaría entre rejas. Porque la talla de un político nunca puede ser medida por su afán desafiante y desobediente, sino por su capacidad para tender puentes, defender la verdad por encima de intereses electoralistas y partidistas, y convencer con argumentos hasta el punto de conseguir cualquier lícito objetivo político sin saltarse las reglas del juego.

 

Pero claro, si en España hubiera políticos de verdad, otro gallo nos cantaría. Quizá tengamos lo que nos merecemos, porque hay que ver qué fácil es ver a miles, millones, seguir como un rebaño a personajes de diversos colores e ideologías que entre todos no hacen uno, pues impera la mediocridad y la mezquindad, el partidismo y la mentira. Quizá porque precisamente la mediocridad sea una de las más fuertes señas de identidad de nuestra actual sociedad, tan desnortada y manipulable, apoltronada y anestesiada, convencida de que no merece la pena molestarse demasiado por causa alguna.

 

Si usted ve el fraude, y no dice fraude, usted es un fraudeNassim Taleb.

 

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pinterest.com

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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¡Se puede conseguir!

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Por Carmen Prada

 

¿Queréis que os diga algo? ¡Se puede conseguir!

¿El qué?, os estaréis preguntando. Me refiero a los objetivos que nos marcamos en la vida.

¿Qué aún no lo has hecho? ¡No dejes de plasmarlos en papel!

 

Hace aproximadamente dos años me marqué algunos de ellos, pero con el paso de los días y las semanas, iban surgiendo nuevos. Necesitaba otros que complementasen a los ya establecidos.

Con algunos me di cuenta, a la vez que iba creciendo personal y profesionalmente en estos dos años, que algunos de los objetivos marcados no estaban hechos para mí, o no sé, quizá yo tampoco para ellos. Pero sin duda, con los errores y los aciertos durante este recorrido y a la hora de dar forma a mi Marca Personal, me he dado cuenta de que me he acercado más a lo que quiero que sea la vida de Carmen.

Es evidente que la vida nos pone muchas pruebas, pruebas en las que a veces caes y te levantas, porque se trata de ser valientes y mirar siempre hacia adelante.

Me considero afortunada, y estoy casi segura  que si reflexionas un poco, ¡tú también lo eres!, y es que las personas que me rodean me han ayudado a madurar profesionalmente, por lo que les doy las gracias, ya que por momentos y sin saberlo han sido mis colaboradores y maestros. Y es que cuando acuden a mí para pedirme un consejo o que les ayude como guía, solicitando mi opinión…, no llegan a ser conscientes de todo lo que me han regalado y lo siguen haciendo.

Mi crecimiento ha ido a la par con mi ambición, esa que no cesa y siempre da un paso hacia adelante por mí. La ambición sana, exenta de avaricias y egoísmos, procuro que sea el motor en mi día a día.

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Siempre he tenido en cuenta que los pasos han de ser cortos pero firmes. Muchas veces, esos pasos, aunque cortos, se nos hacen enormes. Pero con el tiempo y la experiencia me he dado cuenta que en ocasiones son nuestros propios miedos transformados en excusas los que nos alejan de esas metas y objetivos que nos hemos marcados.

Cuando me preguntan las personas que conozco, más cercanas a mí, o aquellas con las que interactúo en las RRSS, ”qué hago para ser capaz de estar presente en tantos lugares a la vez”, porque esa sensación parece que es la que doy, mi respuesta siempre es la misma y es “la pasión que un buen día conocí y ahora es capaz de mover mi vida, ¡las personas!”

 

Con todo este “discurso” no pretendo dirigir la vida de nadie, ¡Dios me libre! Ni tan siquiera señalarte el camino a seguir, porque ese lo debes descubrir solo tú.

Pero la cuestión es, ¿sabes cómo?

  • Escúchate.

 

  • Pregúntate qué te haría feliz.

 

  • Déjate llevar por tu intuición y no por la de otras personas…

 

  • Busca tu propia realización.

 

  • Sé feliz cada día con aquello que hayas elegido para tu vida.

 

 

Por ese motivo, dedícate tiempo, y si después de todo esto, eres capaz de pronunciar cuando te vas a trabajar “voy a disfrutar de lo que hago”, no solo habrás logrado tu objetivo, sino que además serás capaz de seguir superándote mientras disfrutas de lo que haces.

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pinterest.com

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Serás lo que desees ser…

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Por Carmen Prada

 

Está claro que cuando uno quiere y desea conseguir sus metas, algo se tiene que hacer al respecto, lo que no tiene cabida es el inmovilismo.

En muchas ocasiones hay cosas que debemos cambiar, en otras en las que ya estamos llevando pautas a la práctica debemos modificar sobre la marcha, e incluso dejar de seguir anclados en rutinas ineficaces. En definitiva, esos pasos que debemos ir dando marcarán nuestro camino hasta la consecución del reto definido por nosotros mismos.

Aunque no nos paremos a pensar en ello, nuestro estado de ánimo tiene mucho que ver para comenzar a caminar o más bien quedarnos paralizados.

La perspectiva que tenemos cuando visualizamos algo, no es la misma cuando nuestro estado de ánimo es óptimo, que cuando más bien tenemos que bajar nuestra mirada y buscarlo por los suelos. En este último caso, parece que todos los caminos se estrechan, incluso llegamos a dejar de verlos, les perdemos de vista y únicamente pasamos a visualizar inconvenientes y barreras para dar pasos hacia adelante, sin apenas permitirnos posibilidades de hacer las cosas de otra forma.

Toda esta situación nos lleva a perder vitalidad e ilusión, las metas se disipan, todo se oscurece y lo que antes era posible ahora lo vemos inalcanzable.

No podemos negar que el encaminar la negatividad en nuestra vida hacia la positividad nos traerá consigo un mejor estado emocional, que sin duda repercutirá en nuestra salud, pero también en nuestra relación con los demás. O sea, ello redundará en una mejor calidad de vida.

 

Quizá toda esta teoría la conocemos prácticamente todos pero, ¿cómo salimos de este círculo vicioso? ¿Conocemos prácticas o herramientas que nos pueden ayudar a ello?

 

  • Si no promovemos cambios en nuestra vida, no lograremos ver resultados.
  • Debemos intentar que en nuestro diccionario la palabra imposible no exista.
  • Un exceso de auto-exigencia y auto-crítica nos puede llevar a perder confianza en nosotros mismos. Es importante darnos una tregua, sería bueno recopilar momentos gratos, ilusionantes, esperanzadores y aferrarnos a ellos.
  • Nadie ha dicho que la vida fuese fácil, el caminar por ella con una sonrisa hace que ésta nos ayude a afrontar situaciones de un modo más positivo.
  • Debemos ser agradecidos por lo que tenemos, por lo que la vida nos regala, quizá de este modo nos demos cuenta de lo mucho que tenemos y lo poco que agradecemos este regalo.
  • ¡Claro que a veces lo vemos todo negro! Pero de nosotros depende dar el primer paso para cambiarlo de color.
  • Rodearnos de personas positivas y alegres hace que el ambiente que se genera sea emocionalmente positivo. Debemos renunciar tajantemente al aislamiento social.
  • El sentirnos útiles y ayudar a personas que pueden precisar de nosotros, nos ayuda a encontrarnos con nosotros mismos, pero también a encontrar razones para que los demás piensen en nosotros como una luz a la que dirigirse.
  • Que no nos condicionen lo que los demás piensen de nosotros. La envidia es mala compañera de viaje, no permitas que nadie con este perfil se cuele en tu equipaje.

 

Lo sé, pueden parecer frases hechas, mucha teoría en ella y estar preguntándoos, ¿un ejemplo real?

 

Hace poco, durante varias semanas, una persona muy cercana a mí ha pasado por unos problemas de salud importantes. Han sido días de espera, de oscuridad, de ansias porque esta situación terminase, momentos de angustia.

Quizá hubiese sido más práctico en mi día a día, dejarme llevar por esta situación y dejar de disfrutar de mi trabajo o negar el tipo de persona que soy, a las personas que me rodean.

Claro que ha habido momentos de todo tipo, y hablo de mí emocionalmente, pero, ¿por qué dejarme llevar por la apatía y la desilusión? Realmente no tenía motivos, amo lo que hago, mi familia ha estado unida ante esta situación, me ha hecho ver la calidad y cantidad de amistades y personas que me quieren y además me ha servido para medir mi capacidad de sufrimiento.

 

Y repito, ha habido picos emocionales de todo tipo, pero mi motor es la pasión que siento por las personas, y es la que ha marcado mi camino hacia la luz y la esperanza.

 

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pinterest.com

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¡Viva la madre que me parió!

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Con cariño por Carmen Prada

 

Siempre he escuchado que para ser madre, una mujer nunca está preparada.

Yo no lo soy, pero sí hija y hermana, y tengo varias amistades en mi entorno que son madres. También he escuchado que te cambia la vida… Y es algo que jamás he dudado.

Admiro a mi madre, lo he hecho toda mi vida. Soy consciente de que cuando hablamos de nuestras madres, se utilizan muchas frases hechas. Pero es que, aun hechas, son verdaderas.

Admiro a mi madre por muchos motivos, y entre ellos, el regalarme su ejemplo de vida humilde, honrada, de sacrificio, generosidad, y repleta de entrega. Entrega por su esposo y por sus hijas.

Ella siempre dice que su mayor orgullo son sus tres hijas, y hasta en eso es generosa. La vida no le ha regalado nada, siempre nos ha hecho ver que para lograr algo se debe derrochar mucho sacrificio. Que conseguir las cosas de un modo fácil y rápido no es el mejor camino. Y es que nuestra mejor carrera de estudios nos la ha regalado ella, la carrera de la vida.

Humildemente, pienso que ser madre es una carrera de fondo. Durante 9 meses hay momentos buenos y otros que no lo deben ser tanto. Poco a poco vamos creciendo y los hijos,  a veces sin percatarnos de ello, nos volvemos egoístas. Egoístas porque nuestra memoria es selectiva y se nos olvida  lo mucho a lo que nuestra madre tuvo que renunciar, y quizá lo siga haciendo, para darnos lo mejor.

Noches en vela, miedos, preocupaciones, decepciones, alegrías… ¡Tanto y nada que le damos! Pero aun así, ahí están, incondicionales.

Una madre ejerce con “título” siempre. En la más tierna infancia, en la complicada adolescencia, en la esperanzadora juventud, cuando nos casamos, pero también cuando nuestra edad y “experiencia de la vida” nos hacen pensar que en nuestra vida actual nuestra madre poco ha de ejercer. ¡Disculpadme, pero es un grave error! El punto de vista de una madre es único, por lo que creo muy conveniente estar siempre receptivo a lo que puedan decir, pues lo harán con amor y conocimiento, más allá de que después cada uno ha de tomar sus propias decisiones, pues en eso también consiste ser adulto.

Hay muchas frases típicas de una madre, pero sin duda la mía tiene un repertorio diferente para  cada una de sus tres hijas. Y es que cuando digo que una madre toda la vida sigue ejerciendo como tal y además debemos disfrutar con ello, pongo el ejemplo de frases típicas de la mía, que aún ahora, a mis 40 años, sigue diciéndome:

  • Me he podido comer medio cocido, pero para mi madre la frase “nena, no has comido nada”, es obligatoria.

 

  • Reconozco que me gusta mucho hablar con ella, y aunque estamos a poca distancia geográfica, al teléfono le damos bastante uso. Si pasa unos días sin llamar y al final acabo llamándola yo, solo descolgar el teléfono dice “justo ahora, hija, te iba a llamar yo…”

 

  • Puedo llevar cinco capas de ropa encima, pero sin duda dirá “abrígate, que después así se cogen los catarros”.

 

Podría seguir y seguir, pero independientemente de la edad que tengas, tú que me estás leyendo, seguramente hayas identificado a tu propia madre con alguna.

Y es que es cierto, ¡MADRE NO HAY MÁS QUE UNA!

¿Y por qué hoy hablo de las madres? Hoy se celebra su día. Será como recordatorio, porque a mi madre la tengo en la mente cada día e instante de mi vida.

No necesito un día como hoy para decirle “te quiero mamá”, o mandarle un beso por teléfono, achucharla cuando estoy con ella, decirle lo orgullosa que me siento de ella por recientes pasos que ha dado que solo los valientes se atreverían a darlos, a hacerle un regalo porque he visto algo que me ha hecho pensar en ella… ¡Celebro tener a mi madre, pero lo hago cada día!

Bello poema he encontrado para este día, a ti mamá que jamás me has soltado de la mano te lo dedico:

“Manos las de mi madre, tan acariciadoras,
tan de seda, tan de ella, blancas y bienhechoras.
¡Solo ellas son las santas, solo ellas son las que aman,
las que todo prodigan y nada me reclaman!
¡Las que por aliviarme de dudas y querellas,
me sacan las espinas y se las clavan en ellas!

Para el ardor ingrato de recónditas penas,
no hay como la frescura de esas dos azucenas.
¡Ellas cuando la vida deja mis flores mustias
son dos milagros blancos apaciguando angustias!
Y cuando del destino me acosan las maldades,
son dos alas de paz sobre mis tempestades.

Ellas son las celestes; las milagrosas, ellas,
porque hacen que en mi sombra me florezcan estrellas.
Para el dolor, caricias; para el pesar, unción.
¡Son las únicas manos que tienen corazón!
(Rosal de rosas blancas de tersuras eternas:
aprended de blancuras en las manos maternas).

Yo que llevo en el alma las dudas escondidas,
cuando tengo las alas de la ilusión caídas,
¡las manos maternales aquí en mi pecho son
como dos alas quietas sobre mi corazón!
¡Las manos de mi madre saben borrar tristezas!
¡Las manos de mi madre perfuman con terneza!”

                                                                                                              Alfredo Espino

 

No dejemos de dar gracias cada día por el hecho de habernos dado el regalo de la vida.

Dedicado a mi madre en especial y a todas las madres que leáis estas humildes palabras que salen del corazón. Unas palabras inspiradas por el amor de una hija.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, propia

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Líderes de nada, esclavos de si mismos

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Artículo publicado por Carmen Prada

Miras a un lado, miras al otro y da igual el color o la ideología, todos quieren pasar por encima de sus adversarios. Lamentablemente, España sufre un mal cada vez mayor, los sectarismos ideológicos quieren tener el poder a costa de lo que sea y de quien sea.

Me hace gracia – porque no gano nada con indignarme – la docilidad de la ciudadanía ante un sistema electoral y político que está diseñado para que los políticos jueguen groseramente con las voluntades de los votantes, planteando o rechazando según convenga pactos de lo más variopinto, regalando senadores que no han sido elegidos por los electores, tomando posesión de cargos sin respetar la ley en el mismo momento de la toma…

Hay muchas maneras de insultar al pueblo, pero lo peor es que al pueblo parece darle lo mismo, por lo que a veces pienso que no merecemos algo distinto a lo que hay. Lo de la búsqueda del bien común suena muy bonito, como la deportividad en el fútbol, pero a la hora de la verdad cada cual mira única y exclusivamente por sus intereses, y los debates políticos son sustituidos por broncas taberneras, la altura de miras y el sentido de estado por el afán de poder y la ambición personal, y la ciudadanía agacha la cerviz, quizá porque los ciudadanos, individualmente, en su vida privada, no son menos mezquinos ni más honrados que aquellos que nos pretenden gobernar.

Que cada sociedad tiene los gobernantes que se merece, es un dicho del que cada día estoy más convencida. Percibo en mi vida cotidiana un creciente individualismo en la gente, un progresivo deterioro en valores, por lo que no me sorprende que el nivel intelectual y ético de los líderes políticos sea a la par cada vez más pobre. No veo capacitado a ninguno para acelerar cualquier solución presente o futura, sino más bien, están buscando sus intereses presentes y futuros… Es triste que el poder se vea como un triunfo, que tras unas elecciones todos reivindiquen la victoria como si eso fuera lo que realmente importa. No hace falta ocupar ningún sillón ministerial en especial si lo que se quiere de verdad es servir a la sociedad, a tus semejantes, a los más necesitados…

El poder puede ser tentador, suculento y confuso. Sin duda, siempre peligroso. Ocurre lo mismo con el dinero. No conozco a nadie a quien el poder o el dinero haya transformado positivamente, haciendo de esa persona alguien más cercano, humano, humilde, fraterno, honesto, brillante… En cambio, creo que todos conocemos a alguien a quien el poder o el dinero lo ha llevado a ser más altivo, materialista, egoísta, corrupto, hipócrita y embustero… y en algunos casos un perfecto imbécil. Afortunadamente, no siempre ocurre, pero el riesgo está ahí.

En el mundo profesional, y muy concretamente en el sector comercial el conozco muy bien por mi larga trayectoria en él, también ocurre a menudo que toca convivir con gente “trepa” capaz de cualquier cosa por conseguir un puesto determinado, o con quien ya lo ha conseguido y se vanagloria de ello humillando a sus subordinados. Confiar un puesto de responsabilidad a alguien, exige no solo una capacitación profesional, o unos méritos constatables, sino también calidad humana que genere corriente positiva en el trabajo, como compañerismo, honestidad, afán de superación, reconocimiento, respeto, sentido de equipo… Aunque sin duda puede ayudar, en absoluto es imprescindible que las personas se lleven bien o tengan formas de ver la vida similares para trabajar juntas de forma exitosa. Es perfectamente posible hacer equipo y que la labor sea fecunda cuando las prioridades y los objetivos se tienen claros y no pasan por mirarse el ombligo, aunque los puntos de vista difieran en ciertos aspectos.

Saber valorar las diferencias como una posibilidad de enriquecimiento compartido puede ser muy provechoso, pero eso exige renunciar a los prejuicios y sectarismos que tienden a etiquetar a las personas, haciendo que nos cerremos a toda la riqueza humana y profesional que el otro puede ofrecer. Caer en este error, no solo es poco inteligente, sino que puede llegar a ser muy costoso, por lo que procuremos rodearnos de personas predispuestas a escuchar y aprender de otras, y  no malgastemos tiempo y energías con quienes levantan alambradas ficticias entre “los que son de los míos” y el resto.

En un equipo, siempre existen distintos carismas profesionales, que si se aprovechan y engarzan harán crecer más y mejor a la empresa, pero la figura de “poder”, si no se ejerce con autoridad moral y sobre todo enfocada a facilitar el desarrollo de las diversas potencialidades, terminará por diluirse en su propia inoperancia o ahogarse por la voracidad de su ego.

 

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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