¡Viva la madre que me parió!

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Con cariño por Carmen Prada

 

Siempre he escuchado que para ser madre, una mujer nunca está preparada.

Yo no lo soy, pero sí hija y hermana, y tengo varias amistades en mi entorno que son madres. También he escuchado que te cambia la vida… Y es algo que jamás he dudado.

Admiro a mi madre, lo he hecho toda mi vida. Soy consciente de que cuando hablamos de nuestras madres, se utilizan muchas frases hechas. Pero es que, aun hechas, son verdaderas.

Admiro a mi madre por muchos motivos, y entre ellos, el regalarme su ejemplo de vida humilde, honrada, de sacrificio, generosidad, y repleta de entrega. Entrega por su esposo y por sus hijas.

Ella siempre dice que su mayor orgullo son sus tres hijas, y hasta en eso es generosa. La vida no le ha regalado nada, siempre nos ha hecho ver que para lograr algo se debe derrochar mucho sacrificio. Que conseguir las cosas de un modo fácil y rápido no es el mejor camino. Y es que nuestra mejor carrera de estudios nos la ha regalado ella, la carrera de la vida.

Humildemente, pienso que ser madre es una carrera de fondo. Durante 9 meses hay momentos buenos y otros que no lo deben ser tanto. Poco a poco vamos creciendo y los hijos,  a veces sin percatarnos de ello, nos volvemos egoístas. Egoístas porque nuestra memoria es selectiva y se nos olvida  lo mucho a lo que nuestra madre tuvo que renunciar, y quizá lo siga haciendo, para darnos lo mejor.

Noches en vela, miedos, preocupaciones, decepciones, alegrías… ¡Tanto y nada que le damos! Pero aun así, ahí están, incondicionales.

Una madre ejerce con “título” siempre. En la más tierna infancia, en la complicada adolescencia, en la esperanzadora juventud, cuando nos casamos, pero también cuando nuestra edad y “experiencia de la vida” nos hacen pensar que en nuestra vida actual nuestra madre poco ha de ejercer. ¡Disculpadme, pero es un grave error! El punto de vista de una madre es único, por lo que creo muy conveniente estar siempre receptivo a lo que puedan decir, pues lo harán con amor y conocimiento, más allá de que después cada uno ha de tomar sus propias decisiones, pues en eso también consiste ser adulto.

Hay muchas frases típicas de una madre, pero sin duda la mía tiene un repertorio diferente para  cada una de sus tres hijas. Y es que cuando digo que una madre toda la vida sigue ejerciendo como tal y además debemos disfrutar con ello, pongo el ejemplo de frases típicas de la mía, que aún ahora, a mis 40 años, sigue diciéndome:

  • Me he podido comer medio cocido, pero para mi madre la frase “nena, no has comido nada”, es obligatoria.

 

  • Reconozco que me gusta mucho hablar con ella, y aunque estamos a poca distancia geográfica, al teléfono le damos bastante uso. Si pasa unos días sin llamar y al final acabo llamándola yo, solo descolgar el teléfono dice “justo ahora, hija, te iba a llamar yo…”

 

  • Puedo llevar cinco capas de ropa encima, pero sin duda dirá “abrígate, que después así se cogen los catarros”.

 

Podría seguir y seguir, pero independientemente de la edad que tengas, tú que me estás leyendo, seguramente hayas identificado a tu propia madre con alguna.

Y es que es cierto, ¡MADRE NO HAY MÁS QUE UNA!

¿Y por qué hoy hablo de las madres? Hoy se celebra su día. Será como recordatorio, porque a mi madre la tengo en la mente cada día e instante de mi vida.

No necesito un día como hoy para decirle “te quiero mamá”, o mandarle un beso por teléfono, achucharla cuando estoy con ella, decirle lo orgullosa que me siento de ella por recientes pasos que ha dado que solo los valientes se atreverían a darlos, a hacerle un regalo porque he visto algo que me ha hecho pensar en ella… ¡Celebro tener a mi madre, pero lo hago cada día!

Bello poema he encontrado para este día, a ti mamá que jamás me has soltado de la mano te lo dedico:

“Manos las de mi madre, tan acariciadoras,
tan de seda, tan de ella, blancas y bienhechoras.
¡Solo ellas son las santas, solo ellas son las que aman,
las que todo prodigan y nada me reclaman!
¡Las que por aliviarme de dudas y querellas,
me sacan las espinas y se las clavan en ellas!

Para el ardor ingrato de recónditas penas,
no hay como la frescura de esas dos azucenas.
¡Ellas cuando la vida deja mis flores mustias
son dos milagros blancos apaciguando angustias!
Y cuando del destino me acosan las maldades,
son dos alas de paz sobre mis tempestades.

Ellas son las celestes; las milagrosas, ellas,
porque hacen que en mi sombra me florezcan estrellas.
Para el dolor, caricias; para el pesar, unción.
¡Son las únicas manos que tienen corazón!
(Rosal de rosas blancas de tersuras eternas:
aprended de blancuras en las manos maternas).

Yo que llevo en el alma las dudas escondidas,
cuando tengo las alas de la ilusión caídas,
¡las manos maternales aquí en mi pecho son
como dos alas quietas sobre mi corazón!
¡Las manos de mi madre saben borrar tristezas!
¡Las manos de mi madre perfuman con terneza!”

                                                                                                              Alfredo Espino

 

No dejemos de dar gracias cada día por el hecho de habernos dado el regalo de la vida.

Dedicado a mi madre en especial y a todas las madres que leáis estas humildes palabras que salen del corazón. Unas palabras inspiradas por el amor de una hija.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, propia

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A mi manera… La tuya, ¿cuál es?

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A mi manera…

 

Por Carmen Prada

 

Hace escasos días, una tarde en la que la temperatura acompañaba para sentarse en uno de los bancos que hay a la orilla del Rio Sil y buscando un poco de paz entre tanto estrés, hubo un momento en los que cerré los ojos para sentir la leve brisa que acariciaba placenteramente mi rostro, escuchar la melodía del cauce del Sil y el canto de los pájaros… Intentando experimentar profundamente estos momentos, me vino a la cabeza una reflexión que a menudo me planteo, ¿sabemos vivir los momentos felices y placenteros con la misma intensidad con la que nos afectan el dolor y los reveses de la vida? Difícil pregunta, pero yo creo que son complicados vivir tanto unos como otros.

En las situaciones difíciles, estresantes, agobiantes, ante malas noticias…, todo se nos cae encima, parece que el mundo se acaba, que nada tiene sentido y a veces nos desplomamos. No siempre tenemos la entereza, la fuerza, el empuje necesario para afrontarlo, plantarle cara y automedicarnos con la fórmula de… ¡tiro para adelante porque yo lo valgo, vamos que si lo hago!

Pero es que cuando nos evadimos de la rutina, huimos del estrés del día a día, de los ruidos, los conflictos, las preocupaciones por nuestro trabajo, desconectamos de los proyectos pendientes, una necesidad que no llegas a cubrir, un desencuentro, o simplemente de la vida de “la masa”, y nos sumergimos – bien porque se haya programado o simplemente porque surge de manera espontánea – en una experiencia de paz, de tranquilidad, de oxigenar los pulmones, de una grata compañía, de un solemne y embriagador silencio, cuando piensas que nada malo puede sucederte en ese instante, cuando deseas que ese momento no termine nunca…

Hasta en esos momentos que creemos estar viviendo en toda su plenitud, ¡es que ni en esos, lo hemos hecho! Y estarás pensando, ¿cómo qué no? A las pocas horas, en pocos días y a medida que más tiempo pasa desde esa vivencia que nos hizo ver el cielo, nos damos cuenta que habríamos sido capaces de disfrutar más, de exprimirlo de una forma que no lo hicimos, de haber hecho o dicho algo que no llegamos a realizar…

Después de todo esto, ¿seguís creyendo que sabemos vivir en su plenitud los momentos de felicidad? ¡No! Ni sabemos vivir con el dolor, ni sabemos vivir con la felicidad.

 

Nuestra memoria es selectiva, muchas veces es dañina para con nosotros, siempre recordamos todo aquello que nos hizo daño, que nos causó dolor, aquello que no podemos borrar de nuestra cabeza por el mal que nos hizo, y rápidamente tenemos lagunas para recordar lo que sí nos hizo olvidar todo eso por momentos.

Para que esto no me suceda, y tras una vivencia como la que os he comentado o cualquier otra que me saque de la rutina y me acerque a la plenitud, intento escuchar una canción que me recuerde o inspire VIDA y de este modo ser consciente que los gratos momentos también existe y además, debemos provocarlos.

Cada uno estamos hechos de diferente pasta, cada uno afrontamos la vida a nuestra manera y algo sí puedo decir; “intento viajar por todos los caminos, enfrentándolo todo, asumo los golpes e intento arrepentirme lo menos posible”… Y todo ello, “a mi manera”. A mi manera vivo, río, lloro, sueño, disfruto, tomo decisiones, afronto, gozo, me apasiono, amo, interpreto unas palabras, asumo una postura, cultivo una amistad… Y es cierto, a mi manera.

 

Siempre he dicho que ante estas circunstancias lo peor que puede suceder es el arrepentimiento, un arrepentimiento que nos acompañe y sume otro y otro y otro de diferentes índoles por lo que hemos dejado pendiente… Y los vayamos coleccionando como cromos… Juega un papel importante el no dar lugar a ellos, y si llegan, que estemos preparados para afrontarlos, prepararnos como guerreros para plantarles cara. Cada uno lo hará a su manera… No hay una fórmula universal, impuesta, simplemente cada uno debemos tener la nuestra, la nuestra como marca personal…

¿Tú sabes cuál es tu manera? Piénsalo, y mientras lo vives todo a tu manera, afronta las penas y aprende a exprimir la felicidad, pero no dejes que nadie te diga cómo, solo hazlo “a tu manera”.

 

 

Os dejo con La Voz, envuelto entre las estrellas con más brillo,  el gran Frank Sinatra cantando My way. No tiene desperdicio.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Momentos de felicidad sin precio

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Artículo publicado por Carmen Prada

Aquí en El Bierzo el frío y la niebla ya empiezan a notarse, sobre todo a primeras horas de la mañana. También amanece más tarde, y eso está posponiendo el comienzo de una de mis rutinas matutinas, salir a caminar. El recorrido que más me gusta hacer discurre por la orilla del río Sil a su paso por mi ciudad, Ponferrada. Merece la pena escuchar el sonido del agua, del pisar sobre las hojas que ya han caído, y las especies de pájaros que por el lugar abundan.

Ese momento con el que doy comienzo al día es la coyuntura perfecta para dar la bienvenida a nuevas oportunidades y hacerlo con relajación. Es momento de hacerse preguntas, obtener respuestas, percatarse de situaciones que con la rutina pasas por alto, encontrarme, y cómo no, recapitular experiencias. El mejor día para este último punto es el viernes, ya que sin querer el balance de lo acontecido durante la semana llega solo.

Confieso que ha sido una semana complicada emocionalmente, aunque que el trabajar la automotivación ayuda, pero hay situaciones y circunstancias ya repetitivas en el día a día y debido a esta dichosa crisis, que son capaces de ponerle las cosas muy complicadas a la automotivación. ¡Ya sabéis que no soy de las que vendo humo! Por ese motivo, las emociones de frustración, tristeza, desaliento, desesperanza… no dejan de ser eso, emociones, pero que últimamente están acompañando demasiado a bastantes personas que seguro muchos de nosotros tenemos alrededor. Y hay que ser fuerte para no dejar que eso te afecte.

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Coincidió esta semana también que en uno de mis artículos, Permítete el lujo de ser feliz, colgados en uno de los grupos a los que pertenezco en LinkedIn, una persona me comentaba, buscando una respuesta: “Muchas veces me pregunto ¿qué es lo que estoy haciendo mal? Seguir adelante, trabajando e intentando abrir camino en una profesión y hacer que me encanta. Recompensas personales y emocionales muchas, económicas ninguna. Carmen Prada Fernández muchas gracias por tu reflexión, has motivado la mía”.

Siempre tengo la misma respuesta para esto y automáticamente se la hice saber. “No sabes cuánto me alegro por haberte aportado una dosis de motivación, Mª Carmen P. Me doy por satisfecha.
Te dejo una pregunta para que reflexiones sobre ella, ¿serías feliz y estarías encantada si tus estados emocionales fueran a la inversa, recompensas personales y emocionales ningunas y económicas muchas? ¡Haces lo que te apasiona, todo llegará!
Un abrazo enorme”.

La suya tardó en llegarme escasos minutos: “¡Has dado en la diana!”

Ella misma se dio respuesta, ¡no cambiaría su estado actual, aunque con ello tuviese mayores recompensas económicas!

Soy una persona ambiciosa con mis proyectos, con mis objetivos, en mi profesión, como persona, pero el objetivo principal no es vivir a todo tren pensando que el dinero me hará más feliz. ¡Jamás he pensado tal cosa!

Os hago estas preguntas y cada uno de vosotros que las reflexione y se dé respuesta:


¿qué lugar ocupa el dinero cuando uno se encuentra solo completamente?


¿Qué lugar ocupa el dinero cuando te juzgan por tu situación?


¿Qué importancia tendría si te pisotearan la dignidad?


¿Y qué sucedería su tu familia te faltase?

Claro que es importante nuestra economía, pero, ¿no será una excusa para no desarrollarse como persona eso de la falta de felicidad por no tener dinero? ¡Sería demasiado barata!

Os puedo decir, que aún con mi sana ambición de por medio, que es algo que a la vez me hace vivir el día a día al 300%, el dinero de poco me sirve para disfrutar de:

  • mi paseo mañanero y de todo lo que le rodea, que es paz interior, algo muy importante para afrontar los días más duros. Y os aseguro que esta semana los ha habido.
  • Todos mis amigos, las personas en las que confío, pero sobre todo en todas aquellas que de un modo u otro han depositado su confianza en mí.
  • Mi pasión por la escritura, de esa libreta que me acompaña a todos los lados y en la que hay muchas reflexiones y proyectos.
  • ¡Las personas en general! Vivo y respiro esa pasión. Una charla, una confesión, ese momento que no hace falta que te pidan aunque lo estén deseando, esa entrega incondicional…
  • El momento que le dedico con cariño cada día a mis flores y plantas.
  • Mis familiares, que sin ellos nada sería igual. Esas velas que se soplan en los cumpleaños, las comidas dominicales…
  • Los chistes inesperados y con una gracia desmesurada de mi esposo, que sabe en qué momento hacerme sonreír y qué temática es la oportuna para ello.

 

Podría seguir, ¿pero no os parecen suficientes? Os invito a que hagáis vosotros vuestra propia lista, esa lista llamada “momentos de felicidad que no tienen precio”.

Sí os puedo decir algo, y es que hasta el momento no conozco a nadie a quien el dinero le haya hecho ser mejor persona. ¿Tú sí? ¡Pues cuéntamelo, estoy dispuesta a rectificar si estoy en un error!

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com y Carmen Prada

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Permítete el lujo de ser feliz

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Optar por la fortaleza y la felicidad

Por  Carmen Prada

Ha comenzado el otoño y éste va dejando huella. Antes de dar comienzo a la escritura de este post, reconozco que algo me llamó la atención, y es que al mirar por la ventana y teniendo en cuenta la hora que era, 18.37 horas, la luz del día ya nos estaba abandonando.

¿Dónde quedaron esos largos días con la permanente luz del verano, el disfrutar en una terraza de una cafetería después de la cena, los rayos del sol que daban alegría al día, las sandalias y faldas sin medias, esas tardes en la piscina o río y los más privilegiados en la playa, las deseadas vacaciones, los sabrosos helados…? ¡Muchos momentos que quedan grabados en nuestra memoria!

¡Pero no, no quiero vivir de momentos ya pasados! Porque el hoy, también es tanto o más bello y enriquecedor.

Ya han cambiado los colores en nuestros bosques, vemos las hojas secas en el suelo por la ciudad, ese rayo de sol que se escapa entre las nubes y lo buscamos hasta situarnos bajo su cobijo, los días más cortos que nos hacen ver que las horas pasan y así poder aprovecharlas mejor, ese café que se aprecia a cualquier hora del día, esos fines de semana entre mantas y películas que simplemente busco que me hagan sonreír y salir de la rutina.

Estoy de acuerdo que hay momentos y personas en nuestra memoria que aunque ya no están presentes, jamás nos van a abandonar. Siempre habrá recuerdos que nos harán llorar pero también reír. Lo que no debemos hacer es pensar en lo que fue y ya no es o no puede ser.

La situación actual no acompaña, y casi diariamente me encuentro con personas “perdidas”, buscando no saben muy bien qué. Una y otra vez les vienen a su cabeza aquellos tiempos mejores, su vida es una continua vorágine de malos pensamientos, de tortuosos “podría haber sido si no…” ¡Ya basta, vivamos el ahora! Es doloroso ver cómo se vive en una continua auto-tortura.

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Hace escasos días estuve charlando con una persona que necesitaba de mí, y así me lo hizo saber. Su situación es la de muchos españoles, con miedos, viviendo al día, sin ver luz al final del túnel, dando tumbos, y como mencioné antes, “perdida”. Complicada pregunta me hizo, “¿qué puedo hacer que no estoy haciendo para salir de esta situación que me está machacando?” Difícil de responder… Y ya no os digo nada cuando a una persona así la tienes a escasos centímetros de ti y le estás mirando a los ojos.

Y es que además cuando uno entra en una situación de crisis emocional, todo tiempo fue mejor, la desesperación nos coloca vendas en los ojos, tendemos equivocadamente a tomar decisiones, hace que nos agarremos a clavos ardiendo que después nos dejan huella, y hasta uno se llega a convencer que cualquier capricho o cosa buena que le suceda en la vida, no la merece y además no se puede permitir el lujo de disfrutar.

¡Demasiada dureza con uno mismo!

No sé si la respuesta al consejo que me pidió fue la más apropiada, ni tampoco si le va salvar del abismo actual, tampoco si la llevará a cabo… ¡No sé nada!, pero lo que sí tengo claro es que esos ojos humedecidos necesitaban de claridad.

Pasé un largo rato con ella y, entre otras muchas cosas, le dije con mucho cariño;

  • “debes encontrarte, debes buscar dentro de ti. Todos tenemos un pasado, algo que nos puede torturar, pero ocurra o no solo depende de nosotros. Esa camarera nos ha servido el café con un ¡buenos días! explosivo, el hombre que acaba de pedir el café tiene buena cara, yo misma tengo una sonrisa dibujada, ¿pero realmente crees que ninguno de nosotros tenemos problemas? ¡Claro que sí! Lo único que nos puede diferenciar es nuestra fortaleza emocional, o quizá el disfrutar de lo que hacemos día a día”. Entonces le pregunté, “¿qué te haría feliz en este momento?” Su respuesta fue clara, “disfrutar con algo que me llene en el trabajo, pero tengo muchos miedos, ha habido demasiados cambios en mi vida y tengo que volver a empezar de nuevo”.

Ella misma se había dado respuesta, tenía que olvidarse del pasado y comenzar una vida de la cual ella debe ser su propia dueña. Llegado este momento su gesto cambió, y ante esta respuesta yo le comenté, “¿qué te puede parecer más emocionante que crear tu propia vida desde 0? Date caprichos, y hay caprichos que no cuestan dinero, cambia tu vida social, empieza por hablar contigo misma, quítate esas etiquetas que tanto te están pesando, empieza a pensar que la vida es un reto para todos, que nadie lo tenemos fácil si caminamos por ella con honradez, busca momentos para ti, no tomes decisiones en estos instantes… Pero ante todo, ¡permítete el lujo de pensar que sí mereces ser feliz y trabaja para ello!”.

Todas estas palabras entre otras muchas fue las que intenté transmitirle, pero el mensaje final daba respuesta a su pregunta inicial, ¡permítete el lujo de pensar que sí mereces ser feliz y trabaja para ello!

Hagámoslo todos, y a la vez os invito, como así se lo dije a ella, a que nos hagamos las siguientes preguntas;

  • “¿de dónde vengo?”
  • “¿En qué momento estoy?”
  • “¿Dónde quiero llegar?”

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Carmen Prada y Pixabay.com

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Felicidad verdadera, con los pies en la tierra y la mirada atenta en los demás

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Un árbol cargado de mensajes que dan vida

 

Artículo publicado por Carmen Prada

Siempre he mostrado abiertamente mi opinión acerca de la felicidad, pienso que no es un estado permanente a alcanzar, sino que son momentos, instantes que nos hacen sonreír, olvidarnos de todas nuestras preocupaciones, disfrutar de paz interior y exterior con nuestros seres queridos, algo que no cuesta dinero ni es tan difícil de vivir si tenemos una actitud positiva ante la vida, más allá de los problemas y dificultades que inevitablemente todos hemos de afrontar en la vida. Sinceramente, no creo en las personas que dicen vivir una felicidad permanente. Puede ser que haya personas que necesitan mostrar este estado de ánimo o forma de vida para auto-convencerse ellas mismas.

Para encontrar esos momentos de felicidad, no conozco otro camino que encontrarse primero de todo a gusto con uno mismo. “El equilibrio interior” no es fácil, pero el resultado nos lleva a desprender todo ese brillo interior que tanto bien puede hacer a los demás con su contagio.

Reconozco que me encanta ver sonreír a los demás, porque para mí eso ya es más que un regalo. Al igual que me encanta que me hagan sonreír a mí. Son muchos los instantes en los que somos felices y no nos damos cuenta. La felicidad no necesita tener fijada una fecha para ella, no necesita una programación, simplemente surge y fluye.

¡Qué importantes son las personas de las que nos rodeamos para alcanzarla! Si miras a tu alrededor, te darás cuenta que muchas de las personas de tu entorno te habrán dicho más de una vez que no creen en ella, que no existe, otros que ya no recuerdan la última vez que sintieron esa sensación… ¿Qué estás haciendo para  no ser generoso y compartir tus momentos de plenitud?

La situación actual por la que estamos pasando necesita mucho de todo aquello que las personas podemos aportar, ser generosos para con los demás y transmitir con ello esperanza.

A menudo veo personas con rostros llenos de dolor, de desesperación, caras de frustración, con una infelicidad en la que llevan sumergidos demasiado tiempo. Personas que no tienen que llevarse a la boca, aquellas que me encuentro por las calles pidiendo para poder sobrevivir, las que no superan la muerte de un ser querido, las que por un motivo u otro su entorno familiar está desestructurado, personas que no ven una salida porque están sumergidas en permanente estado depresivo en su vida, otras que han perdido hasta sus hogares y de repente después de años se ven en la calle… ¿Por qué no ser generosos con ellos?

Las aportaciones materiales están bien, en muchos casos son necesarias, pero únicamente tapamos una situación determinada con un parche. Es cierto que hay personas que no saben ser felices, ¿por qué no mostrarles el camino? ¿Por qué no dar testimonio de ello? No hace falta tener facilidad para contar chistes, ni siquiera ser gracioso, pero saludar con una sonrisa, ser amable, cercano, sensible, escuchar al otro, transmitirle ánimo, esperanza, alegría de vivir, es dar testimonio de que merece la pena seguir adelante, pues vivir esos momentos tan especiales cotidianamente está al alcance de todos, verdaderamente.

No te quedes para ti esos momentos de felicidad, compártelos, haz partícipes a los demás, muéstralos, puede que sin saberlo hagas felices a aquellos que tienes alrededor.

 

Para encontrar la felicidad en necesario olvidarse de uno mismo, y generar felicidad a los que nos rodean. El efecto es maravillosamente multiplicador.

 

 

 

 

*Fotografía vía Carmen Prada

Que no os entristezca que el final del verano esté cerca, aunque el calor aún apriete. Cada momento del año y de nuestra vida es una oportunidad para ser feliz.

Os deseo a todos un feliz domingo y os invito a comenzarlo con una preciosa canción.

 

 

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Bailando bajo la lluvia

paraguas bajo la lluvia

 

Por Carmen Prada

Hoy, que es el Día del Libro, quiero traer a mi blog el artículo con el que “debuté” en esta práctica que ya es costumbre, y desde entonces mi decisión de plasmar por escrito vivencias e inquietudes, se ha convertido en una placentera necesidad, además de una manera emocionante de conocer a otras personas.

 

Una ola de calor como la que está viviendo el país no acontecía desde el año 2003. Son muchas las provincias de España que están alcanzado temperaturas récord, como por ejemplo Zaragoza hasta 44° o Lérida con 43°. Quizás la zona noroeste es la que menos sufre estas altísimas temperaturas.

Sin embargo, en Ponferrada, donde resido, se ha registrado la temperatura inédita de 38°.

Estoy segura que en cualquier punto del país, es mucha la gente que ha pensado en ese dicho, – eso sí, cambiando los meses – , de  “esperando unas gotas como agua de julio…”. Cierto es, que nunca estamos contentos con lo que tenemos, y ya nos quedan lejos las lamentaciones de los últimos veranos con abundantes tormentas y lluvias, incluso frío y granizadas.

A finales de la pasada semana y después de ser ésta larga y dura, una de las tardes me fui a descansar y huir de la rutina a una zona de baño.  Se presumía una tarde más de asfixiante bochorno, cuando el cielo en breves momentos se cubrió, y de repente, para mi sorpresa… ¡¡¡ el milagro se hizo!!!

Eran gotas grandes y refrescantes,  que empecé a sentir por todo mi cuerpo, que segundos antes estaba expuesto al sol, y en esos momentos toda la rutina, el estrés y el agotamiento desaparecieron, llegando a disfrutar del acontecimiento hasta tal punto, que no me retiré a resguardarme. Me apetecía, deseaba que el agua recorriese mi piel y me sentía bailando bajo la lluvia.

Más tarde, pasado ese momento que duró unos minutos, pensé en lo poco que necesitamos  para gozar de pequeños instantes de felicidad, plenitud, relajación… y que éstos no tienen precio material.

Fui feliz por unos minutos, con unas gotas de agua que llevaba anhelando semanas pero, ¿realmente cuántos momentos al día tenemos en los que sin ser conscientes gozamos de un instante de felicidad? Y son por cosas tan simples como un beso, una palabra, una caricia, una melodía, un abrazo, un olor, un sabor… Y quizá no nos damos cuenta porque hemos llegado a un punto de materialismo en el que LO QUE NO SE PAGA CON DINERO NO TIENE VALOR.

Son infinitas las experiencias y sensaciones que podemos descubrir y disfrutar GRATUITAMENTE.

La felicidad no consiste en obtener lo que deseas, sino en saber apreciar lo que ya tienes.

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Suéñalo…

 

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Por Carmen Prada

Ayer me di cuenta que había amanecido cuando abrí uno de mis ojos y observé que un rayo de luz entraba entre uno de los huecos de la persiana de la ventana. Tampoco me preocupó… Me quise desperezar, pero tampoco tenía prisa, y me di cuenta que no la tenía porque no había sonado en mi teléfono la canción Human, de Christina Perri, la cual me advierte cada mañana de un nuevo día.

Fue entonces cuando, tras dar una vuelta en la cama y aun sin abrir los ojos, estiré mi pierna y me di cuenta que ¡él estaba allí! Dejé a un lado la almohada y me agarré fuertemente a él.

¡Demasiadas emociones! Entonces, ¡caí! Nos habíamos tomado unos días en Semana Santa y despertaba el Viernes Santo en un delicioso dormitorio que no era nuestro hogar y a no pocos kilómetros del mismo. ¡Era mi regalo de cumpleaños! Estamos en un encantador y tranquilo lugar, en la España profunda, una aldea cántabra próxima a la costa, y también cercana a hermosos lugares del interior turísticamente muy interesantes.

De pronto me entró la prisa de saltar de la cama, tanta tenía, que ni me percaté de calzar las zapatillas, recorrí descalza los pasos que hay hasta la ventana, y con unas ganas inmensas subí la persiana por la que entraban esos escasos rayos de sol, con nostalgia del paisaje que recordaba de la tarde anterior, pero estaba segura que a esas horas del día, todo lo vería aun con mayor belleza. Eso fue lo que hice, con el mayor silencio posible levanté lentamente la persiana, y no lo podía creer, ¡pensé estar en el paraíso! Las cosas se veían de un modo diferente al día anterior.

Había un silencio monacal, se dejaba ver la huella del rocío de la mañana, miré al frente y únicamente veía verde, verde y más naturaleza. Pensé que ni los pájaros eran capaces de despertar este día ya que ni a ellos se les escuchaba. La brisa de la mañana me rozaba el rostro pero no sentía ni la humedad, ni el frescor de las gotas de agua… Solo quería perderme en las vistas, en los minutos, en el silencio y en ese momento que se había hecho único, se había convertido en mi momento.

Por segundos cerré los ojos, respiré lentamente, acumulé todo ese aire puro que en mi cuerpo estaba muy bajo de reservas y tras abrir los ojos nuevamente, miré para el interior de la habitación, permanecía dormido, y lo cierto que con verlo ahí, cerca, descansando… Me regalaba felicidad.

Entonces volví mi mirada hacia el exterior, giré nuevamente hacia el interior y perdida en mis pensamientos me di cuenta de mi fortuna. Una fortuna inmerecida, una fortuna que no provenía de un premio de la lotería, de una herencia… simplemente era fruto de la sencillez, de lo poco que necesitaba para darme de frente con la felicidad.

En muchas ocasiones la buscamos a través del regalo de una joya, de una prenda de alta costura, de un crucero por las islas griegas… En mi caso, en ese mismo instante, me di cuenta que simplemente con lo que veía fuera y quien me esperaba dentro había alcanzado un cupo de felicidad plena.

¡Era mi regalo de cumpleaños! Lo soñé, lo pronuncié en alto y el sueño se hizo realidad. Tranquilidad, sosiego, silencio, descanso, y sobre todo y ante todo su presencia. Solamente él y yo.

Hay sueños caros, pero eso no es imprescindible para que sean felices, y el mío era como lo había soñado… ¡Se hizo realidad!

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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