Desaprende y podrás seguir creciendo

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Artículo publicado por Carmen Prada

Cuando en determinadas ofertas de trabajo encontramos entre los requisitos, “no es necesario tener experiencia”, uno de modo inconsciente puede llegar a pensar que “este trabajo no parece muy profesional, ¡no es necesario experiencia!”, o nos inclinamos por otra conclusión, “aquí van a pagar una miseria, pues no valoran la experiencia…”. Evidentemente nunca llueve a gusto de todos, pero por qué no pensar ¡esta es mi oportunidad! En esta vida nunca se sabe… (Y doy fe de ello.)

Y lo digo porque yo misma en varias ocasiones he optado como persona responsable para cubrir vacantes en equipos comerciales en distintas empresas en las que he trabajado, que el personal a formar parte de la plantilla en esa ocasión no tuviese experiencia.

Siempre planteo mis reflexiones sobre mi propia experiencia, y las estrategias que he llevado a cabo en los distintos puestos de trabajo que he desempeñado me han enseñado a manejar este tipo de situaciones, y a saber cuándo es preciso arriesgar.

Os preguntaréis en mi caso por qué lo hacía, y estoy segura que no soy la única que ha llevado esta práctica para la contratación de nuevo personal, aunque en la mayoría de las ocasiones no se argumente el por qué.

En mi opinión hay determinadas profesiones en las que en muchas ocasiones se obtiene mejor rendimiento por parte de la persona que comienza e incluso del equipo al que se va a integrar cuando la experiencia en el sector es prácticamente nula. ¿Por qué? Porque sobre todo en el mundo comercial, los vicios que se llegan a adquirir son tremendos. Entre los que a uno le acompañan de su trayectoria profesional y los que se pueden contagiar, una empresa puede llegar a tener “clones” de comerciales formados todos por el mismo patrón, y no es habitual que el patrón sea el soñado…

¿Por qué no mezclar, savia nueva con cosecha añeja? Volviendo al comienzo de las líneas, ¿por qué no postularse entonces para este tipo de puestos de trabajo? Es un buen momento para que lo reflexionemos.

La savia nueva tiene que tener una capacidad de aprendizaje devoradora, ilusión, ganas, capacidad de sacrificio, de trabajo en equipo, brotes de liderazgo, creatividad, actitud, proactividad, pero hago la siguiente pregunta, ¿por qué a la cosecha añeja no se le propone “desaprender” cuando sea preciso?

¿No debería darse el caso de aprender y reciclarse con la misma facilidad?

En muchas ocasiones, las personas responsables o los propios empresarios se encuentran con personal que forman parte de su equipo de trabajo desde hace muchos años, lo que conlleva tener gran experiencia, o por lo menos así debería de ser, pero no poseen la capacidad de reciclarse, “desaprender”, y eso también debe formar parte de tu experiencia en adaptabilidad. Los tiempos cambian, las prácticas de llevar a cabo un trabajo también, el aprendizaje de nuevas técnicas de ventas nos pueden ayudar, la tipología de los clientes ya no es la misma que hace años, el propio cliente actúa de modos diferentes, las objeciones también se han “renovado”… ¡Las costumbres en muchas ocasiones no son la mejor opción!

Entonces, ¿qué opináis de este combinado en un equipo de trabajo?

Cuando decidía hacer esta combinación de profesionales los motivos eran:

  • fomentar el trabajo en equipo;
  • la automotivación;
  • combinación entre la experiencia y las ganas del principiante;
  • la proactividad se contagia, por lo que unos tirarán de los otros inconscientemente;
  • medir la capacidad de aprendizaje del nuevo personal y las resistencias ante el cambio del personal más veterano.

Tener la capacidad de autorrenovarse día a día, sin anclarse en la idea de “con la experiencia que tengo…”, es una gran virtud y una actitud a tener en consideración. Cuando uno está en cargos de responsabilidad, debe tener el criterio suficiente como para valorar y premiar este tipo de acciones y adaptabilidades, porque en muchas ocasiones y a ciertos años resulta un poco más complicado, en estos casos la motivación juega un papel importantísimo con estos profesionales.

En mi opinión, no creo en los grupos formados con los mismos patrones de perfil profesional, creo en aquellos en los que el equipo es heterogéneo y de lo más variopinto. Y además para el empresario, un gran medidor de capacidad de gestión de un equipo de trabajo para la persona responsable del mismo.

A mí no todas mis amistades me aportan lo mismo, porque nadie es igual y además ni lo pretendo. Cada una es peculiar, diferente, pero hay algo que todos tienen en común, y es lo mucho que me aportan independientemente de sus características.

La vida es una continua ruleta de aprendizaje y desaprendizaje, el que no aguante el movimiento, se bajará en la próxima parada…

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Convierte los noes en síes

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Artículo publicado por Carmen Prada

“No es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que responde mejor al cambio”. Charles Darwin.

Después de esta gran cita, comienzo con una pregunta: ¿te consideras una persona con dificultades para afrontar cambios y situaciones adversas?

Son bastantes las personas que ante la carga de dificultades y tropiezos en la vida, sufren un incremento de sus miedos. La precaución es conveniente, pero practicarla en exceso, estar demasiado atento al retrovisor y demasiado poco al frente, lo que hace es paralizarnos. Es cierto que estas situaciones de malestar o dolor lo que hacen es modificar nuestro comportamiento, ya que con el paso de los años la experiencia puede ser un grado o un lastre, según como se oriente.

Claro que no es sencillo estar saltando piedras a lo largo de nuestro camino, pero esta situación por trágica y cansina que nos parezca nos puede aportar con el paso del tiempo una revolución dentro de nuestra propia persona.

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A menudo me encuentro con personas que me comentan temerosas, “¿y si me dicen que no…?” Y mi contestación ante esta pregunta siempre es la misma: “pero, ¿qué respuesta tienes en este momento?, ¡un no!”

Entonces os pregunto, ¿por qué no cambiamos los noes por los síes? Os estaréis diciendo, “eso es muy fácil decirlo pero, ¿cómo lo hacemos?”

¿Eres tu mejor amigo?

¿Eres tenaz y consciente de que tus logros serán proporcionales a tus sacrificios?

¿Las dificultades las transformas en retos y sacas todo tipo de lecciones y aprendizajes de ellas?

¿Te consideras una persona con una adaptabilidad importante ante los cambios?

¿Eres de los que cree que enfrentarse a los problemas y los miedos, y no esconderlos bajo el felpudo, es la solución más rápida y eficaz para resolverlos?

 

Tengo que decirte que si a todas estas respuestas te has contestado con un SÍ, ¡enhorabuena! Estoy segura que has trabajado mucho en ti para llegar a este punto, y le podrás decir a la gente que se puede conseguir, partiendo de la base de la confianza en uno mismo.

Pero si eres de los que alguna de estas preguntas te han descolocado, o son muchas en las que has contestado con un no, o quizá al responderte has tenido muchas dudas… ¡Pongámonos manos a la obra y trabajemos sobre ello!

  • ¿Cómo se encuentra tu autoestima?

Es algo primordial, la autoestima marcará como las agujas de un reloj el que creamos en nuestras capacidades y posibilidades. Debemos querernos, confiar en nosotros mismos, reafirmarnos en que es posible lograr lo que nos propongamos.

Hace muy poco le transmití a una persona que para ser mejor persona con los demás tenemos que empezar por querernos a nosotros mismos.

¡Busquemos dentro de nosotros! Tenemos motivos para confiar en nuestras posibilidades, no pensemos que siempre hemos sido perdedores. Cometeríamos un grave error.

  • ¿Al sentido del humor lo conoces?

Conozco personas que son realmente impresionantes en este punto, tanto que son capaces de reírse de sus propios problemas. Utilizan esta herramienta para relativizar lo que les sucede y las dificultades con las que se encuentran.

¿Por qué no reírnos de nosotros mismos, antes que lo hagan otros? Todo parecerá menos grande. No pensemos que llorar es de cobardes, porque además en algunos momentos es necesario, es una emoción más pero no abusemos de ello, no nos hagamos mal.

  • ¿Cómo andamos de relaciones sociales?

Cierto es que cuando la autoestima está tocada somos demasiado susceptibles, por eso debemos cuidar y mucho el tipo de personas de las que nos rodeamos.

Pensemos y seamos realistas, son muchas las que disfrutan con el mal ajeno, y si entre tu círculo de amistades o conocidos abundan o tienen presencia las personas tóxicas, puede que en vez de ver tonos grises, y por momentos algún destello de color, pase todo a tener un aspecto negro. ¡Fuera personas tóxicas!

Rodéate de aquellas positivas, optimistas, alegres…

¡Rodéate de gente que te quiera!

  • ¿Conoces la famosa zona de confort?

                                                                            

Hace muy poco lo hablaba con alguien, que en esta vida está claro que atarse la manta a la cabeza cuando uno tiene dificultades para apenas cubrir esas necesidades básicas que todos tenemos, dificulta la posibilidad de dar giros bruscos en la vida de uno. Para hacer malabares, ya habrá tiempo.

Pero no nos confundamos, pequeños objetivos, metas fácilmente alcanzables, actos que nos hagan salir fuera de nuestro hábitat natural, será como un camino de aprendizaje para esa huida de esa zona tan cómoda por la que todos, absolutamente todos, de un modo u otro hemos rondado.

Superar las adversidades y las dificultades, convertir los noes en síes, hace que seamos capaces de lograr grandes cosas. Sin darnos cuenta, dejamos atrás miedos que nos llevan tiempo paralizando y nos sentimos fuertes ante cualquier reto que se nos ponga por delante.

Seguro que en este momento alguna persona, no sé, quizá de tu entorno o cualquier otra conocida por muchos de nosotros te viene a la cabeza a modo de ejemplo e inspiración.

Yo os dejo la mía…

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Déficit nacional en cultura comercial

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Artículo publicado por Carmen Prada

Uno de mis mayores placeres, como le ocurre a mucha gente, es viajar.

Cuando viajo fuera de España, intento empaparme de las peculiaridades del lugar, sus costumbres, idioma, gastronomía, mentalidad… Pero por deformación profesional que no pretendo corregir, procuro fijarme en los pequeños detalles de lo que podríamos llamar cultura comercial, y curiosamente en todos aquellos países que he visitado (Malta, Portugal, Francia, Suecia…) me ha dado la impresión de que van por delante de nosotros en muchos aspectos.

No se siente, no se huele, no se percibe que el español sea comercial, independientemente de su profesión. Bien es cierto que nuestra nación es plural y heterogénea, y quizá la cosa es algo diferente en Cataluña y Valencia, pero me refiero sobre todo a lo que más conozco, que es Castilla y León, Galicia, Asturias, Andalucía…

Uno debe saber venderse, ya que nunca sabemos dónde puede estar nuestra oportunidad, y a la vez también ser críticos cuando compramos, se trata de ser buenos comerciantes.

Quizá a los que nos apasiona en todas sus variantes el vilipendiado mundo comercial percibimos este déficit de diversas formas. Por ejemplo,  cuando realizamos una visita comercial al haber establecido una cita con un cliente, o en otro supuesto cuando somos nosotros los que acudimos a un comercio como consumidores. Me explico.

En el primer caso, independientemente de que la visita la realicemos a una zapatería, panadería, farmacia… la persona encargada de recibirnos, habitualmente parece tener solo esa misión -atender a un comercial-  sin caer en la cuenta que quizá esa misma semana, al día siguiente o incluso en la propia visita pueda estar ganando a un cliente más.                    Seamos honestos, ¿alguien volvería como cliente a un local en el cual el trato recibido haya estado lejos de ser profesional, cortés o adecuado? Lo normal es que no. Pues esa persona que regenta un negocio, y sin medir las consecuencias no trata de manera profesional / comercial a quien puede no solo prestarle un servicio, sino convertirse a su vez en su cliente, lo que consigue es perder una doble oportunidad. Y todo, por no tener esa cultura.

Ahora nos vamos al segundo caso. ¿Quién no se ha encontrado en estas situaciones? Estar en un local y preguntar por un producto después de estar mirando varios, y contestar el vendedor: “es que ese es más caro…” Sinceramente, ¿no se os ha pasado por la cabeza preguntar en alguna ocasión si acaso se transparenta la cartera?

 Pero hay más. Pedimos una camisa de un color  o modelo determinado y nos dice: “no queda, pero si quiere vuelva en 15 días que nos viene el nuevo pedido…” Por favor, ¿por qué no se nos ofrece otra alternativa y lo hace el vendedor tan bien que acabamos olvidándonos de esa primera idea que teníamos en mente?

 Y ya para rematarlo, ¿quién no ha visto el famoso cartel de “no se admite pago con tarjeta”? Puedo entender que muchos estén hartos de los bancos, de las comisiones… pero si los clientes buscan cualquier excusa para salir sin comprar de un establecimiento,  por favor, no se lo pongamos más fácil para seguir haciéndolo. A veces hay que perder un poco para poder ganar un poco más.

Son situaciones del día a día, que de una manera u otra todos hemos vivido, aunque casi nunca nos paramos a analizarlo de este modo, pero es una realidad que está lejos de esa cultura comercial a la que me refería al principio.

¿Podríamos empezar a ponerle solución? Desde luego, y además, cuanto antes. ¡Deberíamos empezar a culturizarnos comercialmente todos! Los empresarios, trabajadores, los propios agentes comerciales y los consumidores. ¿Cómo? Teniendo los propios empresarios esa formación, queriéndola, cultivándola, pero a la vez siendo capaces de trasmitirla y no simplemente de palabra, sino inculcársela a los empleados, incentivarles por ello como se merecen, formar a los trabajadores para aplicar técnicas de venta, atención al cliente… A veces se gasta dinero en publicidad, comidas con clientes… ¿Y por qué no en formación comercial que repercuta en una mayor eficacia laboral y por lo tanto en crecimiento de ventas?

¿Y los consumidores? Debemos ser más exigentes,  valorar el buen trato y la profesionalidad pero también ser críticos con quienes no ejercen tales formas. Hasta que no nos demos cuenta de que todos somos vendedores y compradores –todos, también el que despacha tras un mostrador con un sueldo fijo y se conforma con ello- no seremos capaces de adquirir esta cultura comercial, que nos ayudaría individual y colectivamente  a ser más competitivos, pues no hay que ser experto en finanzas para entender que cuanto más se mueva el dinero, mejor para todos, pues todos de un modo u otro estamos en el mercado.

La famosa frase; “un cliente, una oportunidad”, la podríamos también utilizar para “un comercial, una doble oportunidad.”

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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