Sigue corriendo, te estás quedando atrás

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Si hasta ahora lo has hecho, continúa. No pares, no vayas a perder el tiempo en mirar a tu alrededor y distraerte de tu camino y meta.

Si hasta ahora has caminado a buen paso, si por momentos te ha faltado el aliento y no has dejado de mirar el reloj ya que el tiempo apremia, ¿por qué cambiar?

Puede ser que tampoco hayas buscado un momento para pensar si algo te está persiguiendo. Aunque es normal, el tiempo pasa. No deseas llegar tarde a nada, tus compromisos son más poderosos que tus necesidades. Siempre has aspirado a la perfección, porque por tu mente nunca ha pasado otra cosa, aunque sabes el peaje que por ello pagas, pero bueno, siempre has estado dispuesto… Pero, ¿hasta cuándo? Quizá tampoco te lo has planteado… Es otra de las cosas en la vida que ya has asumido.

Llevas muchos años corriendo tu propio maratón personal.

Partamos de un punto, y es que en un maratón propiamente dicho, existe una distancia considerable de recorrido. Por otro lado, las personas que participan en esta modalidad deportiva se preparan durante un largo periodo de tiempo, tanto física como mentalmente.

Las horas de sueño y descanso forman una parte importante de su entrenamiento. La alimentación y la vida saludable, también es preciso tenerlas en cuenta. Y todo ello con un objetivo y meta clara, y para ello hay que calzarse los deportivos más adecuados para hacer frente a este evento deportivo, junto con la ropa idónea para hacer frente a lo que durante tanto tiempo llevan preparando. El alcanzar la meta, así como el llegar antes o después depende de cada participante.

Eso sí, en tu particular carrera llevas todo lo necesario y además algo muy importante que es esa pesada mochila. Es la única con el poder suficiente como para poder pararte o por lo menos hacer que tu ritmo no sea tan frenético. No tiene fin, es como si ésta estuviese rasgada, rota, sin fin… En ella se van acumulando todas las caídas, contratiempos, miedos, cargas diarias, emociones, sentimientos… Sin percatarte que llegará un momento en el que tus prisas de nada servirán porque no estás atendiendo al peso que tienes sobre tus hombros.

Quizá ha llegado el momento de que te pares, frenes en seco, alces la mirada y te des cuenta de todo lo que te has perdido y te estás perdiendo. Aún estás a tiempo de mirar al futuro con otro brío, con ojos de esperanza, de ilusión, con una mirada fresca.

La sociedad, la rutina, las costumbres, las obligaciones…, nos llevan a tener que caminar por la vida sin permitir que nos deleitemos del recorrido. Evidentemente que durante el mismo nos encontraremos de todo, cosas que nuestra memoria recordará positivamente y por otro lado, experiencias que no serán tan gratas.

Nos pasamos la vida planeando, marcando fechas, estableciendo horarios, agendando, pero, ¿en algo de todo lo anterior estamos nosotros como protagonistas? Nosotros siempre podemos esperar…

¡No, no debemos hacerlo! Puede resultar duro, pero es la única realidad, venimos al mundo con una garantía final que nos espera, que es la muerte.

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Es una pena que en muchos casos nos demos cuenta del gran tesoro del que disfrutamos, la vida, cuando por algún motivo ésta corre riesgo. Es entonces cuando cuestionamos muchas de nuestras actitudes ante determinados acontecimientos o cuando nos damos cuenta del valor que han tenido otras.

Lo bueno es que siempre estamos a tiempo de enmendar nuestras carencias, estamos a tiempo si nos paramos, analizamos y actuamos en consecuencia.

  • Puede que no tengas el trabajo con el que habías soñado, o ni tan siquiera el que te mereces.
  • Las circunstancias te han llevado a atravesar una situación económica delicada.
  • Quizá alguien a quien querías mucho ha dejado este mundo y te sientes “huérfano”.
  • Puede que seas de esas personas que en el amor no hayas sido afortunada.
  • Tus habilidades sociales no son todo lo satisfactorias que te gustarían, y la frustración y el apocamiento estén presentes en tu día a día.
  • Las etiquetas y los prejuicios son protagonistas en tu vida. Tanto, que condicionan totalmente tu día a día…

¡No pienses que eres diferente! ¡Que vives en un mundo en el que eres un extraño! ¡Que no hay alternativa!

¡Actúa! En tus manos está cambiar la realidad de tu vida.

  • Comienza por soltar esa pesada mochila que no te deja avanzar.
  • ¡Conócete! Aprende a vivir contigo mismo, quiérete con tus defectos y virtudes.
  • Da, pero hazlo por generosidad. Cuando regalamos a otras personas, nuestra autoestima aumenta, nos sentimos a gusto con nosotros mismos.
  • Pregúntate de dónde vienes, en qué punto te encuentras y hacia dónde desear ir. Tener objetivos y metas realistas en la vida nos mantiene activos.
  • Si algo te disgusta, algo con lo que no estés conforme, haz algo para darle la vuelta. El inmovilismo es uno de nuestros mayores enemigos.
  • Practica el perdón, cuando perdonamos a los demás, nos volvemos generosos, sale a relucir nuestra parte más humana. ¡Perdona para que te puedan perdonar!
  • Enfréntate a la muerte con la vida. Vive con amor, ama con plenitud, regala amistad, exprime los segundos, no temas al mañana.

Si no puedes volar entonces corre, si no puedes correr entonces camina, si no puedes caminar entonces arrástrate, pero sea lo que hagas, sigue moviéndote hacia delante. (Martin Luther King Jr.)

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Pinterest.es

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Todos somos vendedores, ¿o acaso crees que no?

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Artículo publicado por Carmen Prada

“No quieras comenzar por el final, primero consigue venderte tú al cliente a través de la confianza y honestidad, y después comienza con la venta del producto”. Carmen Prada

 

En muchas de las ocasiones, únicamente vemos como vendedores a esos que identificamos cuando entran por la puerta y van vestidos como un pincel, ya que su aspecto personal es claramente refinado. Pero también a los que siempre llaman por teléfono en el momento menos oportuno, y que en cinco segundos hemos despachado, y en algunas ocasiones con muy poca educación…
Claro, en ambos casos hablamos de vendedores, esos que son famosamente conocidos como comerciales.
Y me atrevo a lanzar la pregunta. ¿Para ti realmente los únicos que tienen interés por vender son ellos? ¡Para mí lo somos todos!

Yo en mi profesión intento venderme como profesional, captar clientes y fidelizarlos. Pero quizá sea por mi perfil comercial que tantos años disfruté y sudé, que me doy cuenta de que no todas las personas, empresas y profesionales que están en el mundo laboral, tienen esa perspectiva.

Sí, tú puedes estar detrás de un mostrador. Y puedes estar “ofreciéndome” unas sábanas ya que he decidido renovar mi ropa de cama. También puede que quiera hacer un regalo y me dirija después a una joyería para adquirir un reloj, y luego he quedado para ir a tomar algo con mis amigos. Si tu mostrador es el la tienda de ajuar doméstico, el de la joyería o el de la cafetería, ¿realmente no crees que tú eres también un vendedor?

Yo me doy cuenta que no, que no existe ese concepto cuando me dirijo a un punto de venta o a un establecimiento, sea el que sea. No sé vosotros, pero han sido múltiples las ocasiones en las que yo me he encontrado con esta afirmación: “yo no salgo a vender, ni a buscar los clientes. ¡Son ellos los que vienen a comprar!”. Este realmente es el gran problema que tenemos en España, o al menos en mi zona, la falta de conciencia clara de lo que es un vendedor.

Cuando hablo de este tema siempre me acuerdo de nuestro país vecino, Portugal. Han sido muchas las ocasiones en las que he tenido la gran suerte de visitarlo, y es ahí donde he visto grandes comerciales, allí lo son hasta los que te hacen una copia de llaves, y es que así debe ser.

Cada vez son más las pymes que se quieren reinventar, los proyectos creativos que nacen, las diversas empresas del mismo sector… Cada vez existe mayor competencia, y además los clientes tienen mayor información sobre los productos o servicios que quieren adquirir, que hasta de esto nos estamos olvidando.
¿Por qué no comenzamos a pensar que vendedores somos todos y no solo los que se nos presentan en el negocio como un pincel y a los que tenemos otorgada la etiqueta de “otro pesado más”?

– Empieza por mostrarte amable, honesto, transparente. Y estés trabajando donde estés, cuida tu imagen.

– Cuida de ese cliente que entra por la puerta como si fuese el más importante, dedícale tiempo y preocúpate por sus necesidades. Para eso tu empatía y escucha activa deben estar presentes.

– ¿No te has planteado que quizá tú juegues con desventaja? Me explico, si tu cliente acude a tu encuentro, de cómo sea tu trato, profesionalidad, honestidad, preocupación por él, depende que éste vuelva, o incluso personas de su entorno. La reputación conseguida desempeña un papel importante.

– Cierto, tú no estás en la calle de un lugar a otro, ¿pero tienes claro cuál es tu reclamo o en que estás marcando la diferencia, si realmente lo estás haciendo, para que los clientes decidan entrar en tu local y no en el de la competencia?

– Es vital que no denigres a la competencia, quizá la tengas muy cerca. Si lo haces para captar a un cliente, pueden suceder dos cosas: que pierdas a ese cliente porque le generes desconfianza, o que le recuerdes que hay competencia y que quizá deba plantearse otras opciones antes de decidirse, por lo que te estás perjudicando a ti mismo. ¡Es hora de ponerse las pilas!

– Quítate de la cabeza que la competencia te perjudica, ésta nos hace estar alerta continuamente y nos obliga a seguir mejorando día a día. Tener buena competencia te lleva a ser más competente, mira el lado bueno de las cosas.

– Cuando logres vender, no te olvides de lo más importante, fideliza a tu cliente. Uno no vive de una venta. Logra que ese cliente regrese, y si por él vienen a tu negocio más personas, ¡será entonces cuándo podrás empezar a decir que estás en el buen camino, en el de la excelencia!

 

Quizá no seas tú la persona que atiende directamente el negocio y tengas empleados para tal fin, pero eso no te exime de transmitirles todo lo que quieres, deseas y exiges para tu mayor tesoro, el cliente.
¿Te das cuenta que no eres tan diferente a esas personas con corbata y maletín o esas otras que llaman por teléfono? Solo necesitas saber a qué te dedicas, conocer bien tu producto o servicio y conectar con tus clientes.

Quizá ahora entendamos un poco mejor que nadie que busque el éxito profesional debe olvidar que para alcanzarlo es preciso tener una actitud comercial, para así generar y aprovechar oportunidades, y ser inconformista en la permanente aspiración a crecer y mejorar.

 

Si te conformas, otros llegarán y te borrarán del mapa, y lo que es aún peor, estarás renunciando a desarrollar todo tu potencial.

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional
*Fuente de la fotografía, Pinterest.es

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¡Se puede conseguir!

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Por Carmen Prada

 

¿Queréis que os diga algo? ¡Se puede conseguir!

¿El qué?, os estaréis preguntando. Me refiero a los objetivos que nos marcamos en la vida.

¿Qué aún no lo has hecho? ¡No dejes de plasmarlos en papel!

 

Hace aproximadamente dos años me marqué algunos de ellos, pero con el paso de los días y las semanas, iban surgiendo nuevos. Necesitaba otros que complementasen a los ya establecidos.

Con algunos me di cuenta, a la vez que iba creciendo personal y profesionalmente en estos dos años, que algunos de los objetivos marcados no estaban hechos para mí, o no sé, quizá yo tampoco para ellos. Pero sin duda, con los errores y los aciertos durante este recorrido y a la hora de dar forma a mi Marca Personal, me he dado cuenta de que me he acercado más a lo que quiero que sea la vida de Carmen.

Es evidente que la vida nos pone muchas pruebas, pruebas en las que a veces caes y te levantas, porque se trata de ser valientes y mirar siempre hacia adelante.

Me considero afortunada, y estoy casi segura  que si reflexionas un poco, ¡tú también lo eres!, y es que las personas que me rodean me han ayudado a madurar profesionalmente, por lo que les doy las gracias, ya que por momentos y sin saberlo han sido mis colaboradores y maestros. Y es que cuando acuden a mí para pedirme un consejo o que les ayude como guía, solicitando mi opinión…, no llegan a ser conscientes de todo lo que me han regalado y lo siguen haciendo.

Mi crecimiento ha ido a la par con mi ambición, esa que no cesa y siempre da un paso hacia adelante por mí. La ambición sana, exenta de avaricias y egoísmos, procuro que sea el motor en mi día a día.

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Siempre he tenido en cuenta que los pasos han de ser cortos pero firmes. Muchas veces, esos pasos, aunque cortos, se nos hacen enormes. Pero con el tiempo y la experiencia me he dado cuenta que en ocasiones son nuestros propios miedos transformados en excusas los que nos alejan de esas metas y objetivos que nos hemos marcados.

Cuando me preguntan las personas que conozco, más cercanas a mí, o aquellas con las que interactúo en las RRSS, ”qué hago para ser capaz de estar presente en tantos lugares a la vez”, porque esa sensación parece que es la que doy, mi respuesta siempre es la misma y es “la pasión que un buen día conocí y ahora es capaz de mover mi vida, ¡las personas!”

 

Con todo este “discurso” no pretendo dirigir la vida de nadie, ¡Dios me libre! Ni tan siquiera señalarte el camino a seguir, porque ese lo debes descubrir solo tú.

Pero la cuestión es, ¿sabes cómo?

  • Escúchate.

 

  • Pregúntate qué te haría feliz.

 

  • Déjate llevar por tu intuición y no por la de otras personas…

 

  • Busca tu propia realización.

 

  • Sé feliz cada día con aquello que hayas elegido para tu vida.

 

 

Por ese motivo, dedícate tiempo, y si después de todo esto, eres capaz de pronunciar cuando te vas a trabajar “voy a disfrutar de lo que hago”, no solo habrás logrado tu objetivo, sino que además serás capaz de seguir superándote mientras disfrutas de lo que haces.

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pinterest.com

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Cinco de marzo, ha sido niña

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Por Carmen Prada

 

Os preguntaréis, ¿qué tiene de especial esta fecha en la que hoy estamos? Bueno, pues para mí mucho, pues tal día como hoy de hace cuarenta años mi madre sufrió dolores de parto para traerme al mundo, y eso fue solo el preludio de los desvelos que pasó en mi más tierna infancia para calmar mi llanto y hacerme comer. Reconozco que es algo que aún arrastro, lo del apetito un poco escaso, aunque lo del llanto, según el momento, los sigue habiendo, pero también a veces de felicidad. Desahogarse siempre ayuda, en las duras y en las maduras…

Fui una jovencita de fuerte personalidad, con ideas muy firmes y difícil de manipular. Como todo el mundo, he pasado por momentos más complicados y más fáciles de gestionar, pero por mi forma de ser, la fórmula rápida no ha sido la elegida habitualmente.

Reconozco que me he equivocado un montón de veces, pero los errores procuro utilizarlos como fuente de aprendizaje y trampolín para crecer. Mi familia ha sido el gran pilar, el punto de apoyo sobre el que madurar, mi gran inspiración en tantos momentos…

Jamás he perdido el norte, con orgullo puedo decir que provengo de una familia humilde y que jamás lo olvidaré, porque así es mi corazón y mi forma de vida. De ella he heredado la capacidad de sacrificio para alcanzar todo aquello que uno desea. También es cierto que a veces la vida te pone a prueba de sinsabores, pero al final aprendes que la capacidad de adaptación a estas situaciones te ayuda a crecer.

Recuerdo que con mi primer empleo, recién acabados mis estudios, y a la vez que trabajaba duro nueve horas y media de lunes a sábado, obtuve mi permiso de conducción. Apenas podía dedicarle tiempo, pero desde el principio tuve claro que lo sacaría a la primera, y todo por el sacrificio que en ello ponía cada día después de una jornada intensa de trabajo.

Conseguí comprar mi primer coche, ¡evidentemente de segunda mano!, pero no por ello me sentí menos orgullosa. Mis horas interminables de trabajo, en ese momento como Jefe de Administración, daban sus frutos, y es que siempre fui como una hormiguita.

Con el paso de los años, la experiencia de la vida te enseña muchas cosas. Entre ellas a luchar por lo que se quiere, a saber en quién sí y en quién no confiar, a enfrentarse a los miedos, a amar, a creer con realismo en uno mismo y en los demás, a disfrutar de momentos inesperados, a conocer personas que marcarán tu vida de un modo u otro…, pero sobre todo la necesidad de quererte, respetarte y que los demás lo hagan.

Amo cada día que la vida me regala, soy consciente que nada es fácil y os aseguro que sé de lo que hablo, pero tengo la gran suerte de haber nacido en el seno de una familia luchadora y humilde, lo cual me ha ayudado a tener siempre los pies en el suelo y tener claro de dónde vengo, en qué punto estoy y hacia dónde voy.

Para mí cada día es un regalo, una oportunidad y un reto. Sentir todo esto me hace sentir viva, algo que necesito como el aire que respiro.

¡Cierto, cumplo 40 años! ¿Y qué? Feliz de vivir con pasión muchos momentos, de disfrutar de las alegrías, de saber llorar las penas, de hacerme más fuerte con las frustraciones, de ser conocedora de mis valores, de tener cada vez más claros mis principios, y de atreverme a tomar decisiones, acertadas o no.

Intento día a día crecer personal y profesionalmente sin perder el horizonte, no olvidarme de lo que soy. Una mujer honesta consigo misma y con los demás, demasiado transparente tal vez, pero así lo prefiero.

Me queda mucho camino que recorrer, mis sueños los tengo claros, pero el trayecto es largo.

Más allá de las dificultades y complicaciones que se nos presentan en la vida, ésta merece la pena. Son muchos los momentos de felicidad, solo debemos estar atentos para apreciarlos, y me sentiré eternamente agradecida a todas las personas que me acompañan día a día de un modo u otro y tanto me aportan sin pedir nada a cambio.

Muy especialmente doy las gracias a mis padres, cuyo cariño nunca me ha faltado, y que con sus valores me han enseñado el camino de la vida.

 

Y cómo no, a la persona que cada día, en los buenos y en los no tan buenos momentos me acompaña, me saca una sonrisa, me hace sentir viva, es el mejor antídoto contra cualquier atisbo de “crisis de edad” por sus continuos cariños y tiernos piropos, está a mi lado de modo incondicional y es el acompañante en ese tren llamado amor. Gracias Roary, gracias mi amado esposo.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen familiar

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