El día que te das cuenta que eres HUMANO…

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Si eres de los que lees mis escritos habitualmente, a estas alturas ya te habrás dado cuenta que en cada uno de ellos la menor parte es teoría y la mayor experiencia.

Me resultaría tremendamente difícil e incómodo tratar un tema determinado si lo que me sé muy bien es la teoría pero de práctica nada de nada. Creo que hasta me sentiría un tanto hipócrita.

Dicho esto, hoy me gustaría comenzar con una pequeña pero profunda pregunta, para que reflexiones al respecto, ¿cuándo fue la última vez que te acordaste de ti? Sí, ese día o momento, o vivencia a partir de la cual como PERSONA pasaste a ser la prioridad número uno en tu propia vida.

Reconozco que en 40 años, me ha pasado en más de una ocasión olvidarme de mí, aunque en realidad creo que más o menos nos puede suceder a cualquiera en momentos puntuales, como cuando te vuelcas en algo o estás preocupado por una determinada situación ajena.

Pero lo cierto es que muy recientemente me he dado cuenta de que ¡SOY HUMANA!

Cuando un maravilloso día di el paso de dedicarme a una de mis principales pasiones, LAS PERSONAS, pensaba que todo aquello que se derivase de mi profesión sería una bendición.

Vivo el día a día volcada en poder ayudar a las personas a cumplir metas, sueños, objetivos. A intentar transmitir cosas positivas y mi sonrisa para que se convierta en algo contagioso. Es cierto que soy una persona sanamente ambiciosa, que no me pongo límites, no renuncio a ninguna posibilidad de crecimiento, y si encima éste lo experimento con otra persona o un grupo, ¡mucho mejor!

Realmente me siento muy afortuna por poder realizar algo que amo y por lo que cada mañana me levanto entusiasmada, y que me aporta gran felicidad, que compensa sacrificios y dificultades.

Evidentemente, trabajar con personas, empresas y profesionales, son emociones, situaciones, circunstancias que en algunas ocasiones caminan contigo cada día, y sin darte cuenta pueden llegar a provocar un desapego de uno mismo.

¿A dónde quiero llegar? ¡Que muy recientemente me olvidé de mí pensando que yo podía esperar! Y claro, el cuerpo, que es muy sabio, tras previos avisos me ha terminado por decir “¡Carmen, hasta aquí!” Y es cierto, durante estos días de conversación profunda conmigo misma, emocional pero también racional, sin poder levantarme de la cama ni apenas moverme, he llegado a muchas conclusiones:

  • todos necesitamos nuestros momentos, momentos de estar a solas con uno mismo;

 

  • debemos intentar abrirnos más en cuanto a emociones y pensamientos con las personas que nos rodean y nos quieren;

 

  • debemos atender a los pequeños avisos que el cuerpo nos da, sin forzar en exceso la máquina, pues se termina pagando;

 

  • haz ver que tú también eres importante, y procura que los demás lo entiendan;

 

  • exigirse a uno mismo es bueno en su justa medida, pero no nos pasemos de rosca, y menos aún sin que nadie provoque esa exigencia, pues solo conseguiremos llegar a límites extremos de estrés, agotamiento y frustración;

 

  • de igual modo que debemos priorizar en el ámbito profesional, debemos saber hacerlo también en el personal;

 

  • si nosotros estamos bien, en todos los sentidos, podremos dar mayor calidad de emociones y acompañamiento a los demás;

 

  • debemos pensar que la vida es para vivirla y no para castigarnos por no ser perfectos, ¡vive en paz con tus limitaciones e imperfecciones!

 

No nos olvidemos que somos HUMANOS, con grandes capacidades y potencialidades, pero no omnipotentes ni omniscientes, y desde luego dejemos de pensar que nos hemos de convertir en máquinas. Porque lo que proyectamos en nuestra mente, es lo que llevamos a cabo en nuestra vida.

Vivimos rodeados de compromisos, de obligaciones… Pero difícilmente todo esto lo llevamos a nosotros, a un compromiso firmado y sellado con nosotros mismos de cuidarnos.

Obviamente, cada persona es un mundo, pero quizá varios de los que hoy me estáis leyendo sois de esos a los que les faltan horas en el día para hacer un montón más de cosas. Cuidado, no vaya a ser que muchas de esas cosas ni os correspondan ni os merezcan de verdad la pena.

 

No desatiendas tus quehaceres, pero no olvides que tú eres más importante que dichas labores, y que la felicidad se encuentra en tu interior cuando éste está armonizado con todo lo externo.

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pinterest.es

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Práctico entre tú y yo, arriesgado si somos muchos

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Artículo publicado por Carmen Prada

“La naturaleza nos dio dos ojos, dos orejas y una boca para que pudiéramos observar y escuchar el doble de lo que hablamos”. Epícteto.

 

Reconozco ser poco usuaria de los grupos de WhatsApp, salvo aquellos en los que es indispensable tener presencia, especialmente por motivos profesionales.  Se habla mucho últimamente de ser partidario o no de que las empresas los utilicen como un instrumento más de comunicación.

Mi humilde experiencia al respecto, y me atrevo a decir que seguramente muchos de vosotros ya habréis pasado por lo mismo, es que en dichos grupos están a la orden del día los malentendidos, las interpretaciones erróneas, las frases desconcertantes o ambiguas… Y todo ello, porque no nos esforzamos lo suficiente en empatizar con la persona que tenemos al otro lado del teléfono, y que incluso en algunas ocasiones ni conocemos personalmente. Y es que para llegar a entender realmente a alguien, hay que practicar y bastante la empatía.

Si ya en la mayoría de los casos nos cuesta comunicarnos con claridad en persona, cuando tenemos la posibilidad de observar gestos, movimientos, de poder mirar a los ojos, expresiones, énfasis en ciertos puntos de la conversación… ¡Imagínate en una conversación por WhatsApp!

¿Y cuál puede ser el motivo por el que en varias ocasiones no nos entendemos ni en persona? Sencillamente porque no sabemos escuchar, ¡así de claro! Es más, habréis escuchado muchas veces como respuesta la famosa frase “sí, ya te he oído…” ¡Pues no, no tenemos que oír, sino escuchar!

Esto lo que habitualmente denominamos escucha activa. Para que se me entienda, saber escuchar es tanto o más importante que saber hablar. La escucha activa es un elemento indispensable en la comunicación eficaz, y se refiere a la habilidad de escuchar no sólo lo que la persona está expresando palabra por palabra, sino también los sentimientos, ideas o pensamientos que subyacen a lo que se está diciendo.

Es tan importante, que volviendo al tema del WhatsApp, tenemos que tener la capacidad suficiente como para saber, en este caso, leer con atención y ponernos en el lugar del que está al otro lado. ¿Difícil? No te voy engañar, no siempre es fácil.

Después de todo lo que acabo de decir, ¿de verdad piensas que es un medio de comunicación altamente eficaz? Sin ningún tipo de duda, no es el más propicio, aunque no niego que sí es muy cómodo. La comodidad, algo que ha arraigado en nuestras vidas y de qué manera…No siempre para bien.

Piensa un poco.

¿Cuántas explicaciones te han pedido por una frase que no han sabido interpretar o tú no has expresado correctamente?

¿En cuántas ocasiones has tenido que aclarar que “eso” no era lo que querías decir?

¿Cuántos conocidos o amigos has perdido o te has alejado de ellos por el mal uso de este medio?

¿Tenemos la oportunidad de revertir la situación en todos los casos de las meteduras de pata?

Y en el trabajo, ¿cómo te tomas las órdenes de tu superior por esta red?

¿En cuántas ocasiones la has utilizado para escribir tú la última palabra con el enemigo número 1 que tienes de compañero?

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Y claro, cuando hablamos de grupos en los que son muchas las personas que intervienen, tenemos que tener en cuenta además el carácter de cada uno, sentido o no del humor, conocerlos en profundidad para saber con qué y con qué no se les puedes hacer daño, respetar los turnos de respuesta para no caer en la falta de respeto, no utilizar la ironía o el sarcasmo a través de esta red, acompañar a alguna de las frases con emoticonos que puedan aclarar en mayor medida el sentido que le queremos dar, aprender a escuchar entre líneas, dedicar más tiempo a aquel que tenga mayor problema para comunicarse…

Detrás de cualquier red social, y cómo no de ésta que es el WhatsApp, también se esconde gente tóxica y además con claras intenciones de maldad. Sí, tal cual, ¡maldad! Para muchas de éstas, son medios de comunicación en los cuales enmascaran sus carencias, necesidades y pobrezas, tomando uno de estos dos roles:

  • el que manipula, capaz de tergiversar frases para su bien personal, apropiarse de ideas, insiste empecinadamente en tener siempre la última palabra, no sabe hacer otra cosa que poner a todo trabas en vez de dar soluciones, aparenta ser esa persona que jamás ha sido, tira la piedra y esconde la mano e incluso llega a herir y mucho a personas altamente sensibles.

  • O ese otro que va dando lástima y continuamente utiliza el victimismo para llamar la atención.

Nunca olvidemos que usemos el medio que usemos para comunicarnos, del otro lado siempre hay una PERSONA.

Una PERSONA con diferentes estados emocionales, con días más sensibles que otros, personas que para abrirse necesitan estos medios y así poder expresarse, personas que están pasando por momentos en su vida complicados, personas con momentos de tristeza y añoranza, personas con altibajos… En definitiva, no es un número de teléfono que tienes agendado con un nombre, quizá puede ser esa persona que por falta de comunicación o un malentendido, pase de ser una gran amistad a algo irrecuperable.

 

 

¿Grupo de WhatsApp como medio de comunicación en el trabajo? ¡Sin duda, yo lo evitaría! Este punto da para mucho.

 Una última cosa, evita un burofax en tu buzón por una conversación por este medio…

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen de Pixabay

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¿Empatizas o solo intentas endosar?

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Encontrada por las calles de Madrid

 

Artículo publicado por Carmen Prada

A menudo me encuentro profesionales que conocen bien y saben exponer las virtudes de su producto o servicio. Lo lógico sería llegar a alcanzar su objetivo, que no es otro que realizar la venta, pero me doy cuenta que muchas veces no es así.

Podríamos pensar que si tienen las herramientas más importantes para poder lograr su objetivo, ¿qué es lo que falla, pues no lo consiguen? Hagamos un ejercicio de reflexión al respecto.

Realmente no solo necesitamos conocer y dominar todo lo anterior, sino que debemos lograr lo que es más importante, según mi humilde opinión y experiencia, que es empatizar con el cliente.

Llegar a la venta es un proceso largo.

  • Debemos conocer en profundidad el producto o servicio, la propia empresa, las ventajas y también los posibles puntos débiles de lo que vendemos. Cómo no, conocer también a la competencia, algo en lo que muchas ocasiones no se repara.
  • Es importante conocer nuestros clientes potenciales, hacer un estudio de candidatos y de este modo no dar tumbos ni tener la sensación por momentos de no saber qué dirección tomar o de estar perdiendo el tiempo.
  • Debemos conocer nuestras limitaciones y áreas de mejora dentro de nuestras propias funciones, ser humildes en este aspecto y por otro lado focalizar nuestros esfuerzos en las debilidades. No seamos cabezones y orgullosos al pensar “¡yo llevo vendiendo así toda mi vida, no voy a cambiar ahora!”. ¡Pues sí, quizá lo debas hacer! Los tiempos cambian y con ellos nosotros también debemos hacerlo.
  • Cada uno debe tener su marca personal a la hora de vender. Debemos ser camaleónicos en este sentido, cada cliente es único y diferente, no es él el que se debe amoldar a nosotros, sino nosotros tener la capacidad de conocer el tipo de cliente que tenemos enfrente y de este modo poder tratarlo.
  • Dejemos de pensar como hace 15 años, hoy por hoy el cliente es más exigente, y no porque conozca más el producto concreto, pero sí tiene más conocimiento del mercado.
  • Debemos encontrar el medio de llegar a él. Lo cierto que concertar una entrevista personal con el cliente dará valor a nuestra profesionalidad.

¿Cómo llego al cliente si tengo que saltar un montón de obstáculos?

Utiliza la imaginación, la creatividad, pero también… ¡vuelve a empatizar! ¿Con quién? Con la secretaria, que cada vez que llamas te dice que en ese momento no está, o te suelta la repetitiva frase hecha de “está reunido”. Empieza por ganarte con ingenio a tu primer interlocutor –tema a tratar en otro post.- Superado esto, ya tienes medio camino recorrido. Pero entonces, “¿cuál es el que me queda ahora?” El plato fuerte, llegar en el más amplio sentido de la palabra al propio cliente.

Hasta aquí tenemos toda la teoría muy clara, o casi, te has aprendido el guión de memoria pero… ¡Llegó el momento de saltar al ruedo y torear en la plaza!

Si queremos vender, con la teoría no es suficiente. Debemos saber identificar el tipo de cliente  y tener además la capacidad de adaptarnos a él, según el perfil del mismo. Existen varios perfiles, pero si tienes la experiencia necesaria -y no hablo de la teoría- te darás cuenta en cuestión de momentos cómo debes afrontar esa entrevista.

El tener delante al cliente, en muchos casos hace que uno se sienta desnudo. ¿Cuáles pueden ser los motivos?

  • El producto lo tenemos claro, pero quizá la seguridad en nosotros mismos no la tenemos tan potenciada.
  • Quizá nos cuesta romper el hielo. No vayas directamente al grano, muéstrate cercano. Busca a tu alrededor mientras le esperas algo que se repita de un modo u otro en su decoración, que parezca que despierta interés en el propio cliente, sus aficiones… y utiliza ese argumento para no empezar con la venta precipitadamente y sacar ese tema y conectar con él antes de comenzar.
  • Te bloqueas una vez lo tienes enfrente. No pasa nada, salúdale con un apretón de manos firme, no rehúyas la mirada, pero tampoco seas agresivo con ella. Sonríe, si para ello necesitas un motivo, piensa que tienes en ese momento una oportunidad ante ti. No muestres una sonrisa forzada, quizá la debas practicar. ¡Es el momento sin duda de empezar a empatizar!
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Fotografía Pixabay.com

 

 

 

  • Debes mostrarte tranquilo aunque te cueste. Transmite seguridad, no recules en tus afirmaciones, no peques de hablar demasiado, da la información precisa, la que el propio cliente te pida. No le pises la palabra, deja que el cliente te dé pistas sobre lo que desea o incluso de lo que necesita y aún no sabe… Es muy importante que seas observador y practiques la escucha activa, quédate con todos los detalles.
  • Caemos en el error de incluir en el argumentario atacar a la competencia. Evita por todos los medios hablar mal de ella, le estarás haciendo publicidad gratuita y darás la impresión de que tu producto o servicio no es gran cosa, pues si lo fuera no haría falta traer a colación a otros. Sé listo si el cliente te pone a prueba en este sentido. Nunca menosprecies a la competencia, no hables mal de ella, y si puedes ni la nombres. ¡No caigamos en este grave error, que por desgracia es muy común! ¡Somos profesionales!

 

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Solo conozcámosla…

  • ¿En el cierre sientes que te atascas? Esta es la parte más personal del comercial, la que distingue del normalito al realmente bueno. Al igual que hay diversos tipo de clientes, cada comercial por su carisma y preparación trabaja cierres diferentes. Por eso es muy importante que tengas claro qué tipo de cliente tienes enfrente. No te muestres impaciente, evita parecer que imperiosamente quieres vender, (aunque en el fondo ambos sepáis que es así), es un momento para volver a trabajar la empatía. Es el cliente más importante que en este momento existe para ti, házselo ver.

 

Si superas el ser un Asesor Comercial más, si has mostrado que sus preocupaciones como cliente son las tuyas, que no necesitas hablar de nadie para darle valor a tu producto o servicio, y que además has sido transparente y honesto con él, no creo que te cueste alcanzar la venta. Quizá le tengas que hacer una segunda visita, aprovecha para trabajar lo que has anotado en tu agenda sobre el cliente, tanto dudas que le han hecho pensárselo, como pequeños comentarios de su vida personal, que has de utilizar para conectar con él de nuevo.  Porque si has logrado que hable de esta última, sin duda lo has conseguido, ¡has empatizado!

Vete con el pedido preparado para la siguiente visita…

Puede que te hayas ganado un cliente, o más…

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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