Sí, me quiero

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Cada día está dibujado multicolor, aunque en el cielo haya nubarrones. Carmen Prada

Me gustaría hoy dejar una reflexión en el aire, ¿en cuántas ocasiones te levantas por la mañana, te miras al espejo y no te reconoces? Algo así puede suceder por varios motivos.

Creemos estar viviendo nuestra propia vida, una vida de la que nosotros mismos somos arquitectos, pero cada mañana algo nos dice que no es lo que vemos.

Aspirar a la perfección y tener temor cada día de no dar la excelencia de nuestra persona a los demás, nos hace vivir en un tremendo estrés, a la par de ir de decepción en decepción. ¡No podemos pretender ser perfectos, porque sencillamente es imposible!

¿Por qué nos cuenta tanto pronunciar un NO? Puede que la inseguridad y el miedo a quedarnos solos, a no ser complacientes con los demás, a pensar que de este modo no nos encontraremos enemigos… ¿Pero alguien te ha dicho que no se puede agradar a todas las personas? Este hecho nos aleja de nosotros mismos, pasamos a ser carne de cañón para los “depredadores”.

¿Cuándo fue la última vez que alguien te dijo que creía en ti? ¿Cuándo la que te dijeron “vales mucho? Pero aun así, nos seguimos reconstruyendo en la perfección dejándonos llevar por la inseguridad. Si los demás confían en ti y son conscientes de tu valía, ¿quién eres tú para ser tu mayor enemigo?

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Después de esta reflexión, mírate a este espejo

La vida no es sencilla, tiene muchas curvas, nos encontramos con muchos obstáculos, hay momentos en que da giros inesperados, nos damos de frente con decepciones, situaciones que nos hacen derramar lágrimas, a veces nos gustaría mandarlo todo a la porra…, y después de todo este cúmulo de catástrofes, llegamos a pensar que los culpables de todo somos nosotros mismos y que no servimos para nada.

Y ahora te pregunto, ¿te quieres? Te invito a que te hagas esta pregunta literalmente y  además en voz alta. Y te estarás preguntando, ¿y cómo lo voy a saber?

  • ¿Tomas tus propias decisiones?
  • ¿Sonríes cada día?
  • ¿Decides quiénes son las personas que te rodean?
  • ¿Has decidido cuidar tu imagen personal por y para ti?
  • ¿Tienes confianza en ti mismo?
  • ¿Confías en ti?
  • ¿Contagias alegría y positivismo?
  • ¿Eres valiente y tenaz?
  • ¿Eres consciente de tus imperfecciones y vives con ellas?
  • ¿Sueñas y luchas por tus sueños?

 

Podría seguir, pero en definitiva, empieza por creer en ti mismo cuando tú eres la única persona que no lo hace.

¡Siéntete capaz de todo! Acepta los errores y conviértelos en posibilidades.

¡Vive, ama, siente!

¡No pases por la vida de puntillas, haz ruido!

¡Exprime al máximo cada instante del que disfrutes!

¡No dejes que nadie te diga “no puedes”!

¡Baila bajo la lluvia y descansa bajo el sol!

¡Llora sin temor cuando tengas que hacerlo, pero sonríe cuando algo lo merezca!

¡Pronuncia te quiero!

 

La vida pasa demasiado rápido como para que dejes escapar grandes momentos y segundos de felicidad.

Y ahora, ¿te vas a poner manos a la obra para dar de ti lo mejor a los demás? Recuerda que antes, te tienes que querer…

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imágenes, Google y Pixabay

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¿Tienes más de 45 años? ¡Sin duda estás en el mercado laboral!

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Artículo publicado por Carmen Prada

“No hay nada mejor que el ejemplo de alguien cercano, para darse cuenta de que los imposibles no existen.”   Carmen Prada.

 

Pues sí, otra de mis frases. No soy alguien importante, pero la deseo compartir con vosotros, a medida que vayáis leyendo entenderéis el fondo de ella.

Ya tenía ganas de tocar este tema, y hoy es el momento ideal para hacerlo, y la “culpable” de que así sea es nada más y nada menos que… ¡mi madre!

Os preguntaréis, ¿por qué? Porque hace escasas semanas tomó la valiente DECISIÓN de disfrutar profesionalmente de algo que le encanta, y es eso de “andar con las manos en las masa”, emprendiendo su propio negocio. En concreto, una churrería, en la que los clientes ya han empezado a acudir asiduamente a degustar un rico chocolate con churros, u otras cosas que allí se sirven con cariño y cercanía.

Ella para mí siempre ha sido un ejemplo en muchos sentidos. Y lo cierto es que en el tema profesional solo tenía dos opciones. O ir dando vueltas de trabajo en trabajo, empleando todo su saber hacer para otros, de algún modo optando por la “comodidad” de ser asalariada, o trabajar para ella misma. Esta última opción, la elegida, ha traído consigo, entre otras cosas:

  • Disfrutar con su trabajo.

  • Ser administradora de su tiempo.

  • Ser responsable de lo bueno y también de lo susceptible de mejora.

  • No rendir cuentas ante nadie más que ante sí misma.

  • No tener que pedir permiso para innovar o tomar decisiones.

  • Tener la satisfacción personal y profesional de estar haciendo lo que verdaderamente ha decidido hacer…

Rosario, que así se llama, no es una jovencita emprendedora, ni solo tiene 45 años. ¡Tiene 57! Anteriormente he resaltado la palabra DECISIÓN, y lo he hecho porque todos tenemos opciones, pero lo más complejo e importante es tomar decisiones. Apostar por un camino conlleva inevitablemente dejar de lado otros, y hay que hacerlo con ilusión, conocimiento, valentía, prudencia, determinación y pasión por lo que se hace.

Con 57 años, tiene muchos de experiencia laboral, y es muy válida para lo que hace ahora y para otros muchos trabajos posibles. Alguno de vosotros estará pensando, y lo entiendo, “Carmen, qué nos vas a decir si es tu madre”. ¡Cierto…, lo es! Pero este artículo no es sobre ella en realidad, sino sobre cualquier PERSONA con una edad madura que no sepa por dónde encauzar su vida laboral.

Mi postura es clara ante la idea de diversificación de perfiles profesionales por edad, caracteres, habilidades, creatividad… dentro de las empresas.  Lo veo algo vital. Todos aportan a todos, con lo que todos contribuyen o deberían hacerlo al desarrollo de la propia empresa.

Hace pocas semanas, siguiendo la recomendación de una amiga, alquilé en el videoclub y pude ver la película “El becario”. Un breve adelanto sobre la temática del film. “La joven dueña de un exitoso negocio online dedicado a la moda acepta a regañadientes que la compañía contrate, como parte de un programa laboral, a un hombre de setenta años como becario senior. Sin embargo, poco a poco irá dándose cuenta de lo indispensable que puede volverse para la empresa”.

Pequeñas conclusiones  y enseñanzas que pude extraer al verla, más allá de que sea muy recomendable por motivos puramente cinematográficos, con el inmenso Roberto De Niro como protagonista:

  • estas personas gozan de una “experiencia natural”, esa experiencia que solo te da la vida con el paso de los años.

  • Las ganas de no quedarse atrás, de hacer ver que son tan válidos como cualquiera de nosotros, independientemente de la edad.

  • El haber pasado personalmente o con terceros por muchos altibajos emocionales y llegar a saber gestionarlos mejor.

  • La tenacidad y capacidad de sacrificio que han tenido que desarrollar en varios momentos de su vida profesional y personal.

  • La madurez para afrontar determinadas situaciones y poder con ésta ayudar a otros.

  • La lealtad que tienen hacia la empresa es mucho mayor que en otros perfiles profesionales con otra edad.

  • La amplia red de contactos con que cuentan, ¡llevan practicando Networking gran parte de su vida y sin enterarse en muchos de los casos!

Son motivos más que suficientes como para confiar en personas que con más de 45 años están en el mercado laboral y no se les dan oportunidades, y nos pueden dar a los que somos más jóvenes lecciones de vida. Pero también tenemos que tener la humildad de reconocer que podemos y debemos aprender de todo el mundo, y especialmente de quienes han ido y siguen yendo por delante de nosotros en la mejor universidad, que es la de la vida y la necesidad.

Mi suegra tiene 64 años y es la más veterana con diferencia en su lugar de trabajo. Ha escuchado más de una vez comentarios relativos a que está impidiendo a otra persona más joven acceder al mercado laboral. Pero lo cierto es que habitualmente compañeros de su entorno profesional se nutren de su experiencia y consejos, y son mayoría absoluta los que la valoran como un activo muy destacado para el colectivo, por su juventud de espíritu, su capacidad para adaptarse y renovarse continuamente, y su pasión vocacional que le lleva a ir cada mañana al trabajo con la ilusión de una veinteañera.

No pongamos excusas baratas, ni dos dejemos engañar por prejuicios o etiquetas.
Cada persona tiene grandes cosas que aportar, si sabemos mirar más allá de los fríos datos de un currículum.
Lo más importante de los llamados Recursos Humanos es precisamente eso, que somos seres humanos.
Y muchas veces no lo son.

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Pixabay

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Líderes de nada, esclavos de si mismos

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Artículo publicado por Carmen Prada

Miras a un lado, miras al otro y da igual el color o la ideología, todos quieren pasar por encima de sus adversarios. Lamentablemente, España sufre un mal cada vez mayor, los sectarismos ideológicos quieren tener el poder a costa de lo que sea y de quien sea.

Me hace gracia – porque no gano nada con indignarme – la docilidad de la ciudadanía ante un sistema electoral y político que está diseñado para que los políticos jueguen groseramente con las voluntades de los votantes, planteando o rechazando según convenga pactos de lo más variopinto, regalando senadores que no han sido elegidos por los electores, tomando posesión de cargos sin respetar la ley en el mismo momento de la toma…

Hay muchas maneras de insultar al pueblo, pero lo peor es que al pueblo parece darle lo mismo, por lo que a veces pienso que no merecemos algo distinto a lo que hay. Lo de la búsqueda del bien común suena muy bonito, como la deportividad en el fútbol, pero a la hora de la verdad cada cual mira única y exclusivamente por sus intereses, y los debates políticos son sustituidos por broncas taberneras, la altura de miras y el sentido de estado por el afán de poder y la ambición personal, y la ciudadanía agacha la cerviz, quizá porque los ciudadanos, individualmente, en su vida privada, no son menos mezquinos ni más honrados que aquellos que nos pretenden gobernar.

Que cada sociedad tiene los gobernantes que se merece, es un dicho del que cada día estoy más convencida. Percibo en mi vida cotidiana un creciente individualismo en la gente, un progresivo deterioro en valores, por lo que no me sorprende que el nivel intelectual y ético de los líderes políticos sea a la par cada vez más pobre. No veo capacitado a ninguno para acelerar cualquier solución presente o futura, sino más bien, están buscando sus intereses presentes y futuros… Es triste que el poder se vea como un triunfo, que tras unas elecciones todos reivindiquen la victoria como si eso fuera lo que realmente importa. No hace falta ocupar ningún sillón ministerial en especial si lo que se quiere de verdad es servir a la sociedad, a tus semejantes, a los más necesitados…

El poder puede ser tentador, suculento y confuso. Sin duda, siempre peligroso. Ocurre lo mismo con el dinero. No conozco a nadie a quien el poder o el dinero haya transformado positivamente, haciendo de esa persona alguien más cercano, humano, humilde, fraterno, honesto, brillante… En cambio, creo que todos conocemos a alguien a quien el poder o el dinero lo ha llevado a ser más altivo, materialista, egoísta, corrupto, hipócrita y embustero… y en algunos casos un perfecto imbécil. Afortunadamente, no siempre ocurre, pero el riesgo está ahí.

En el mundo profesional, y muy concretamente en el sector comercial el conozco muy bien por mi larga trayectoria en él, también ocurre a menudo que toca convivir con gente “trepa” capaz de cualquier cosa por conseguir un puesto determinado, o con quien ya lo ha conseguido y se vanagloria de ello humillando a sus subordinados. Confiar un puesto de responsabilidad a alguien, exige no solo una capacitación profesional, o unos méritos constatables, sino también calidad humana que genere corriente positiva en el trabajo, como compañerismo, honestidad, afán de superación, reconocimiento, respeto, sentido de equipo… Aunque sin duda puede ayudar, en absoluto es imprescindible que las personas se lleven bien o tengan formas de ver la vida similares para trabajar juntas de forma exitosa. Es perfectamente posible hacer equipo y que la labor sea fecunda cuando las prioridades y los objetivos se tienen claros y no pasan por mirarse el ombligo, aunque los puntos de vista difieran en ciertos aspectos.

Saber valorar las diferencias como una posibilidad de enriquecimiento compartido puede ser muy provechoso, pero eso exige renunciar a los prejuicios y sectarismos que tienden a etiquetar a las personas, haciendo que nos cerremos a toda la riqueza humana y profesional que el otro puede ofrecer. Caer en este error, no solo es poco inteligente, sino que puede llegar a ser muy costoso, por lo que procuremos rodearnos de personas predispuestas a escuchar y aprender de otras, y  no malgastemos tiempo y energías con quienes levantan alambradas ficticias entre “los que son de los míos” y el resto.

En un equipo, siempre existen distintos carismas profesionales, que si se aprovechan y engarzan harán crecer más y mejor a la empresa, pero la figura de “poder”, si no se ejerce con autoridad moral y sobre todo enfocada a facilitar el desarrollo de las diversas potencialidades, terminará por diluirse en su propia inoperancia o ahogarse por la voracidad de su ego.

 

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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A mi manera… La tuya, ¿cuál es?

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A mi manera…

 

Por Carmen Prada

 

Hace escasos días, una tarde en la que la temperatura acompañaba para sentarse en uno de los bancos que hay a la orilla del Rio Sil y buscando un poco de paz entre tanto estrés, hubo un momento en los que cerré los ojos para sentir la leve brisa que acariciaba placenteramente mi rostro, escuchar la melodía del cauce del Sil y el canto de los pájaros… Intentando experimentar profundamente estos momentos, me vino a la cabeza una reflexión que a menudo me planteo, ¿sabemos vivir los momentos felices y placenteros con la misma intensidad con la que nos afectan el dolor y los reveses de la vida? Difícil pregunta, pero yo creo que son complicados vivir tanto unos como otros.

En las situaciones difíciles, estresantes, agobiantes, ante malas noticias…, todo se nos cae encima, parece que el mundo se acaba, que nada tiene sentido y a veces nos desplomamos. No siempre tenemos la entereza, la fuerza, el empuje necesario para afrontarlo, plantarle cara y automedicarnos con la fórmula de… ¡tiro para adelante porque yo lo valgo, vamos que si lo hago!

Pero es que cuando nos evadimos de la rutina, huimos del estrés del día a día, de los ruidos, los conflictos, las preocupaciones por nuestro trabajo, desconectamos de los proyectos pendientes, una necesidad que no llegas a cubrir, un desencuentro, o simplemente de la vida de “la masa”, y nos sumergimos – bien porque se haya programado o simplemente porque surge de manera espontánea – en una experiencia de paz, de tranquilidad, de oxigenar los pulmones, de una grata compañía, de un solemne y embriagador silencio, cuando piensas que nada malo puede sucederte en ese instante, cuando deseas que ese momento no termine nunca…

Hasta en esos momentos que creemos estar viviendo en toda su plenitud, ¡es que ni en esos, lo hemos hecho! Y estarás pensando, ¿cómo qué no? A las pocas horas, en pocos días y a medida que más tiempo pasa desde esa vivencia que nos hizo ver el cielo, nos damos cuenta que habríamos sido capaces de disfrutar más, de exprimirlo de una forma que no lo hicimos, de haber hecho o dicho algo que no llegamos a realizar…

Después de todo esto, ¿seguís creyendo que sabemos vivir en su plenitud los momentos de felicidad? ¡No! Ni sabemos vivir con el dolor, ni sabemos vivir con la felicidad.

 

Nuestra memoria es selectiva, muchas veces es dañina para con nosotros, siempre recordamos todo aquello que nos hizo daño, que nos causó dolor, aquello que no podemos borrar de nuestra cabeza por el mal que nos hizo, y rápidamente tenemos lagunas para recordar lo que sí nos hizo olvidar todo eso por momentos.

Para que esto no me suceda, y tras una vivencia como la que os he comentado o cualquier otra que me saque de la rutina y me acerque a la plenitud, intento escuchar una canción que me recuerde o inspire VIDA y de este modo ser consciente que los gratos momentos también existe y además, debemos provocarlos.

Cada uno estamos hechos de diferente pasta, cada uno afrontamos la vida a nuestra manera y algo sí puedo decir; “intento viajar por todos los caminos, enfrentándolo todo, asumo los golpes e intento arrepentirme lo menos posible”… Y todo ello, “a mi manera”. A mi manera vivo, río, lloro, sueño, disfruto, tomo decisiones, afronto, gozo, me apasiono, amo, interpreto unas palabras, asumo una postura, cultivo una amistad… Y es cierto, a mi manera.

 

Siempre he dicho que ante estas circunstancias lo peor que puede suceder es el arrepentimiento, un arrepentimiento que nos acompañe y sume otro y otro y otro de diferentes índoles por lo que hemos dejado pendiente… Y los vayamos coleccionando como cromos… Juega un papel importante el no dar lugar a ellos, y si llegan, que estemos preparados para afrontarlos, prepararnos como guerreros para plantarles cara. Cada uno lo hará a su manera… No hay una fórmula universal, impuesta, simplemente cada uno debemos tener la nuestra, la nuestra como marca personal…

¿Tú sabes cuál es tu manera? Piénsalo, y mientras lo vives todo a tu manera, afronta las penas y aprende a exprimir la felicidad, pero no dejes que nadie te diga cómo, solo hazlo “a tu manera”.

 

 

Os dejo con La Voz, envuelto entre las estrellas con más brillo,  el gran Frank Sinatra cantando My way. No tiene desperdicio.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Luce tu disfraz, pero solo en carnaval

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Por Carmen Prada

 

“Ya quedaba muy poco para que llegara el carnaval. Era uno de esos días previos a ver las calles vestidas de color. A disfrutar de los disfraces hechos a mano con tanto cariño y delicadeza, pero también de esos otros comprados a última hora. Al ruido de los matasuegras, las serpentinas volando, la música de las charangas, a unirse a ella y dejarse llevar… Todos estos recuerdos son los que invadían en cualquier momento del día a Sofía en estas fechas.

Los más lejanos se remontaban a su infancia, pues desde muy corta edad su madre le comenzó a disfrazar, y lo cierto es que nunca se acordaba muy bien de qué, y por mucho que le ha preguntado durante toda la vida, Raquel nunca ha sido capaz de recordarlo.

Pero Sofía sí recordaba el disfraz que, a partir de una cierta edad, año tras año solicitaba a su madre. Lo cierto es que no era complejo en su confección, en ese sentido no se lo ponía difícil a Raquel, con lo que nunca su madre se negó a ello.

Sin embargo,  el cuarto año de volver a solicitar vestir el mismo disfraz, Raquel le preguntó con inquietud; “Sofía, hija, ¿por qué cada año el mismo disfraz mientras las demás niñas varían?”

La respuesta de Sofía fue clara y concisa, “¡porque de mayor quiero ser médico!”

Ante esa respuesta tan contundente y segura, su madre desistió de hacerla cambiar de “personaje”. Era el deseo de su hija, y no era mala cosa, todo lo contrario.

Sofía recientemente ha cumplido 45 años, y se ha dado cuenta que todo aquello simplemente había sido un deseo infantil, ni tan siquiera se atrevía a llamarlo sueño, pero los recuerdos de aquellos momentos no han dejado de venirle a la cabeza año tras año y siempre en las mismas fechas. Bueno, también hubo otro momento de su vida en el que le vino a la mente, y fue cuando le entregaron el título de Técnico Superior en Dirección de Cocina.

Amaba estar entre cacharros y fogones desde aquel campamento de verano en la adolescencia en el que en el reparto de tareas le tocó ayudar cada día a preparar “el rancho”, y cuando se planteó qué hacer al terminar sus estudios en el instituto, no tuvo ninguna duda. Además, vivía en una de las ciudades con mayor potencial en España para ello, San Sebastián.

El día que le entregaron el título, y mientras recordaba aquel disfraz que durante años había lucido con infantil ilusión, se dio cuenta que la vida no se puede programar a muy largo plazo, pues ésta da muchas vueltas, y a veces hay que dejar de lado proyectos incluso buenos, para optar por otros más acordes a lo que uno siente en su interior, pues la felicidad tiene mucho que ver con encontrarse a uno mismo, descubrir el camino a seguir y perseverar hasta el final.”

En nuestra vida cotidiana, es fácil caer en la tentación de disfrazarnos de múltiples formas, nos colocamos caretas para mostrar la cara que otros quieren ver, optamos por antifaces que tapan la profundidad con la que proyectamos nuestra mirada, e incluso por momentos pronunciamos palabras para que los que nos rodean, no se alejen de nosotros. Creemos que lo más conveniente es hacer y decir todo aquello que nos beneficie para no quedarnos solos o sentirnos un bicho raro…

Nos alejamos y traicionamos a nosotros mismos, a veces por cobardía, otras por comodidad, quizá por mendigar un poco de atención…

Carmen Prada

Os deseo un feliz carnaval, pero eso sí, cuando estos días pasen dejemos los disfraces, caretas y pelucas a un lado, y volvamos a ser nosotros. En el más genuino sentido.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Cuando estás vendiendo tu idea, te estás vendiendo tú

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Artículo publicado por Carmen Prada

Cuando estás vendiendo tu idea, te estás vendiendo tú, con lo que cuida el modo de vender tu idea, porque éste hablará de ti”. Carmen Prada.

 

En ocasiones, y no sé si en primera persona os ha sucedido alguna vez, en las que te encuentras hablando con alguien que acabas de conocer y te pregunte, “¿y tú a que te dedicas?”, ¿nos explayamos? Arriesgado…

Vamos a situarnos en otro supuesto, eres Asesor Comercial y hoy es tu día, llegas donde un cliente y parece que todo sale redondo:

  • está receptivo.
  • Te pregunta qué le puedes ofrecer.
  • Y parece que tiene tiempo para atenderte con calma.

¡Perfecto! Nos frotamos las manos y a pasar con él parte de la mañana, ¡esta venta no se escapa!

Pero, ¿y si no se da ninguno de los tres anteriores supuestos? ¿Y si no tenemos apenas tiempo para poder presentarnos y mucho menos hacerle ver lo que le queremos ofrecer? ¡Sin duda tienes que estar preparado sí o sí para este momento, que es el más habitual!

¿Queremos que nuestro negocio crezca?

¿Acaso no necesitamos ser los mejores embajadores de nuestra propia empresa y persona?

¿Acaso no debemos tener claro y en mente el cómo vender nuestro proyecto, idea, producto, servicio, aquello que nos diferencia del resto?

¿Deseamos que nuestra red de contactos se expanda?

 

¡Sin duda debes prepararte para ello!

Es indiferente tu condición profesional, puedes ser abogado, farmacéutico, mecánico de automóviles, psicólogo, peluquero, consultor, fontanero… ¡Necesitas venderte y rápido, en ocasiones no disponemos de mucho tiempo!

Prepara un buen speech, un discurso breve. Mientras los practicas mirándote al espejo, hazte las siguientes preguntas y tú mismo las respuestas:

1.- ¿quién eres? (Breve introducción.)
2.- ¿Cuál es tu objetivo profesional?
3.- ¿Qué te diferencia de la competencia?
4.- ¿Qué puedes aportar a quien te escucha, basándote en logros profesionales alcanzados?

¡Todo lo anterior te hará ganar seguridad!

Si regresamos a las preguntas que mencioné antes de llegar a tu breve discurso, hay una práctica que resaltaría por encima de otras, es el Speed Networking.

  • Consiste en encuentros bilaterales sucesivos, en los que cada participante conversa 2-3 minutos con otro y a la inversa, y tras los cuales cambia de sitio cuando se avisa de que el tiempo ha transcurrido. En ese periodo, de 5 minutos aproximadamente, se intercambian tarjetas, se habla sobre los respectivos productos y servicios, e incluso se llega a acuerdos comerciales simbolizándolo con un buen apretón de manos. Los cruces finalizan cuando todos los participantes se han encontrado entre sí.

Claro está que para llegar a este punto y resulte todo un éxito este evento, previamente vamos a tener que prepararlo, este hecho nos servirá de gran ayuda en nuestro día a día y buen desempeño profesional.

¿Cómo deberíamos prepararlo? ¡Pensemos que es esta ocasión o ninguna, y pongámonos manos a la obra!

–  Sé natural y directo.

–  Diferénciate. Busca la originalidad.

–  Es importante causar buena impresión y utilizar una buena vocalización.

–  El mensaje debe ser claro, breve, conciso e impactante. Si es necesario llévalo escrito.

–  Respóndete a las preguntas más obvias que te puedan realizar, como; quién eres, qué experiencia tienes, en qué mercado te mueves, etc.

–  Tu mirada y escucha activa juegan un papel importante. Empatiza y presta atención al mensaje de la persona que tienes enfrente .

–  No te olvides de ir bien servido de tarjetas. Entrégalas a todas aquellas personas con las que interactúes.

–  Haz el seguimiento de los contactos que más te han interesado y no te quedes solo en la presentación de los 4 minutos.

–  Evita hablar del futuro, a las personas les gusta centrarse en el presente.

–  Evita coletillas y la repetición de palabras, busca palabras que  definan a la perfección tu “yo autónomo”.

– Transmite pasión y satisfacción por tu trabajo, es vital.

 

No busquemos excusas lamentándonos de la situación actual por la que estamos cada uno atravesando. Éstas solo nos ayudarán a acomodarnos en nuestra zona de confort, de autofustigamiento. Busquemos SOLUCIONES, y lo más importante, tomemos DECISIONES.

¡Vamos a  ganarnos a la persona que tenemos en frente en 10 segundos!

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Práctico entre tú y yo, arriesgado si somos muchos

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Artículo publicado por Carmen Prada

“La naturaleza nos dio dos ojos, dos orejas y una boca para que pudiéramos observar y escuchar el doble de lo que hablamos”. Epícteto.

 

Reconozco ser poco usuaria de los grupos de WhatsApp, salvo aquellos en los que es indispensable tener presencia, especialmente por motivos profesionales.  Se habla mucho últimamente de ser partidario o no de que las empresas los utilicen como un instrumento más de comunicación.

Mi humilde experiencia al respecto, y me atrevo a decir que seguramente muchos de vosotros ya habréis pasado por lo mismo, es que en dichos grupos están a la orden del día los malentendidos, las interpretaciones erróneas, las frases desconcertantes o ambiguas… Y todo ello, porque no nos esforzamos lo suficiente en empatizar con la persona que tenemos al otro lado del teléfono, y que incluso en algunas ocasiones ni conocemos personalmente. Y es que para llegar a entender realmente a alguien, hay que practicar y bastante la empatía.

Si ya en la mayoría de los casos nos cuesta comunicarnos con claridad en persona, cuando tenemos la posibilidad de observar gestos, movimientos, de poder mirar a los ojos, expresiones, énfasis en ciertos puntos de la conversación… ¡Imagínate en una conversación por WhatsApp!

¿Y cuál puede ser el motivo por el que en varias ocasiones no nos entendemos ni en persona? Sencillamente porque no sabemos escuchar, ¡así de claro! Es más, habréis escuchado muchas veces como respuesta la famosa frase “sí, ya te he oído…” ¡Pues no, no tenemos que oír, sino escuchar!

Esto lo que habitualmente denominamos escucha activa. Para que se me entienda, saber escuchar es tanto o más importante que saber hablar. La escucha activa es un elemento indispensable en la comunicación eficaz, y se refiere a la habilidad de escuchar no sólo lo que la persona está expresando palabra por palabra, sino también los sentimientos, ideas o pensamientos que subyacen a lo que se está diciendo.

Es tan importante, que volviendo al tema del WhatsApp, tenemos que tener la capacidad suficiente como para saber, en este caso, leer con atención y ponernos en el lugar del que está al otro lado. ¿Difícil? No te voy engañar, no siempre es fácil.

Después de todo lo que acabo de decir, ¿de verdad piensas que es un medio de comunicación altamente eficaz? Sin ningún tipo de duda, no es el más propicio, aunque no niego que sí es muy cómodo. La comodidad, algo que ha arraigado en nuestras vidas y de qué manera…No siempre para bien.

Piensa un poco.

¿Cuántas explicaciones te han pedido por una frase que no han sabido interpretar o tú no has expresado correctamente?

¿En cuántas ocasiones has tenido que aclarar que “eso” no era lo que querías decir?

¿Cuántos conocidos o amigos has perdido o te has alejado de ellos por el mal uso de este medio?

¿Tenemos la oportunidad de revertir la situación en todos los casos de las meteduras de pata?

Y en el trabajo, ¿cómo te tomas las órdenes de tu superior por esta red?

¿En cuántas ocasiones la has utilizado para escribir tú la última palabra con el enemigo número 1 que tienes de compañero?

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Y claro, cuando hablamos de grupos en los que son muchas las personas que intervienen, tenemos que tener en cuenta además el carácter de cada uno, sentido o no del humor, conocerlos en profundidad para saber con qué y con qué no se les puedes hacer daño, respetar los turnos de respuesta para no caer en la falta de respeto, no utilizar la ironía o el sarcasmo a través de esta red, acompañar a alguna de las frases con emoticonos que puedan aclarar en mayor medida el sentido que le queremos dar, aprender a escuchar entre líneas, dedicar más tiempo a aquel que tenga mayor problema para comunicarse…

Detrás de cualquier red social, y cómo no de ésta que es el WhatsApp, también se esconde gente tóxica y además con claras intenciones de maldad. Sí, tal cual, ¡maldad! Para muchas de éstas, son medios de comunicación en los cuales enmascaran sus carencias, necesidades y pobrezas, tomando uno de estos dos roles:

  • el que manipula, capaz de tergiversar frases para su bien personal, apropiarse de ideas, insiste empecinadamente en tener siempre la última palabra, no sabe hacer otra cosa que poner a todo trabas en vez de dar soluciones, aparenta ser esa persona que jamás ha sido, tira la piedra y esconde la mano e incluso llega a herir y mucho a personas altamente sensibles.

  • O ese otro que va dando lástima y continuamente utiliza el victimismo para llamar la atención.

Nunca olvidemos que usemos el medio que usemos para comunicarnos, del otro lado siempre hay una PERSONA.

Una PERSONA con diferentes estados emocionales, con días más sensibles que otros, personas que para abrirse necesitan estos medios y así poder expresarse, personas que están pasando por momentos en su vida complicados, personas con momentos de tristeza y añoranza, personas con altibajos… En definitiva, no es un número de teléfono que tienes agendado con un nombre, quizá puede ser esa persona que por falta de comunicación o un malentendido, pase de ser una gran amistad a algo irrecuperable.

 

 

¿Grupo de WhatsApp como medio de comunicación en el trabajo? ¡Sin duda, yo lo evitaría! Este punto da para mucho.

 Una última cosa, evita un burofax en tu buzón por una conversación por este medio…

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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