Líderes de nada, esclavos de si mismos

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Artículo publicado por Carmen Prada

Miras a un lado, miras al otro y da igual el color o la ideología, todos quieren pasar por encima de sus adversarios. Lamentablemente, España sufre un mal cada vez mayor, los sectarismos ideológicos quieren tener el poder a costa de lo que sea y de quien sea.

Me hace gracia – porque no gano nada con indignarme – la docilidad de la ciudadanía ante un sistema electoral y político que está diseñado para que los políticos jueguen groseramente con las voluntades de los votantes, planteando o rechazando según convenga pactos de lo más variopinto, regalando senadores que no han sido elegidos por los electores, tomando posesión de cargos sin respetar la ley en el mismo momento de la toma…

Hay muchas maneras de insultar al pueblo, pero lo peor es que al pueblo parece darle lo mismo, por lo que a veces pienso que no merecemos algo distinto a lo que hay. Lo de la búsqueda del bien común suena muy bonito, como la deportividad en el fútbol, pero a la hora de la verdad cada cual mira única y exclusivamente por sus intereses, y los debates políticos son sustituidos por broncas taberneras, la altura de miras y el sentido de estado por el afán de poder y la ambición personal, y la ciudadanía agacha la cerviz, quizá porque los ciudadanos, individualmente, en su vida privada, no son menos mezquinos ni más honrados que aquellos que nos pretenden gobernar.

Que cada sociedad tiene los gobernantes que se merece, es un dicho del que cada día estoy más convencida. Percibo en mi vida cotidiana un creciente individualismo en la gente, un progresivo deterioro en valores, por lo que no me sorprende que el nivel intelectual y ético de los líderes políticos sea a la par cada vez más pobre. No veo capacitado a ninguno para acelerar cualquier solución presente o futura, sino más bien, están buscando sus intereses presentes y futuros… Es triste que el poder se vea como un triunfo, que tras unas elecciones todos reivindiquen la victoria como si eso fuera lo que realmente importa. No hace falta ocupar ningún sillón ministerial en especial si lo que se quiere de verdad es servir a la sociedad, a tus semejantes, a los más necesitados…

El poder puede ser tentador, suculento y confuso. Sin duda, siempre peligroso. Ocurre lo mismo con el dinero. No conozco a nadie a quien el poder o el dinero haya transformado positivamente, haciendo de esa persona alguien más cercano, humano, humilde, fraterno, honesto, brillante… En cambio, creo que todos conocemos a alguien a quien el poder o el dinero lo ha llevado a ser más altivo, materialista, egoísta, corrupto, hipócrita y embustero… y en algunos casos un perfecto imbécil. Afortunadamente, no siempre ocurre, pero el riesgo está ahí.

En el mundo profesional, y muy concretamente en el sector comercial el conozco muy bien por mi larga trayectoria en él, también ocurre a menudo que toca convivir con gente “trepa” capaz de cualquier cosa por conseguir un puesto determinado, o con quien ya lo ha conseguido y se vanagloria de ello humillando a sus subordinados. Confiar un puesto de responsabilidad a alguien, exige no solo una capacitación profesional, o unos méritos constatables, sino también calidad humana que genere corriente positiva en el trabajo, como compañerismo, honestidad, afán de superación, reconocimiento, respeto, sentido de equipo… Aunque sin duda puede ayudar, en absoluto es imprescindible que las personas se lleven bien o tengan formas de ver la vida similares para trabajar juntas de forma exitosa. Es perfectamente posible hacer equipo y que la labor sea fecunda cuando las prioridades y los objetivos se tienen claros y no pasan por mirarse el ombligo, aunque los puntos de vista difieran en ciertos aspectos.

Saber valorar las diferencias como una posibilidad de enriquecimiento compartido puede ser muy provechoso, pero eso exige renunciar a los prejuicios y sectarismos que tienden a etiquetar a las personas, haciendo que nos cerremos a toda la riqueza humana y profesional que el otro puede ofrecer. Caer en este error, no solo es poco inteligente, sino que puede llegar a ser muy costoso, por lo que procuremos rodearnos de personas predispuestas a escuchar y aprender de otras, y  no malgastemos tiempo y energías con quienes levantan alambradas ficticias entre “los que son de los míos” y el resto.

En un equipo, siempre existen distintos carismas profesionales, que si se aprovechan y engarzan harán crecer más y mejor a la empresa, pero la figura de “poder”, si no se ejerce con autoridad moral y sobre todo enfocada a facilitar el desarrollo de las diversas potencialidades, terminará por diluirse en su propia inoperancia o ahogarse por la voracidad de su ego.

 

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Pixabay

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Felicidad verdadera, con los pies en la tierra y la mirada atenta en los demás

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Un árbol cargado de mensajes que dan vida

 

Artículo publicado por Carmen Prada

Siempre he mostrado abiertamente mi opinión acerca de la felicidad, pienso que no es un estado permanente a alcanzar, sino que son momentos, instantes que nos hacen sonreír, olvidarnos de todas nuestras preocupaciones, disfrutar de paz interior y exterior con nuestros seres queridos, algo que no cuesta dinero ni es tan difícil de vivir si tenemos una actitud positiva ante la vida, más allá de los problemas y dificultades que inevitablemente todos hemos de afrontar en la vida. Sinceramente, no creo en las personas que dicen vivir una felicidad permanente. Puede ser que haya personas que necesitan mostrar este estado de ánimo o forma de vida para auto-convencerse ellas mismas.

Para encontrar esos momentos de felicidad, no conozco otro camino que encontrarse primero de todo a gusto con uno mismo. “El equilibrio interior” no es fácil, pero el resultado nos lleva a desprender todo ese brillo interior que tanto bien puede hacer a los demás con su contagio.

Reconozco que me encanta ver sonreír a los demás, porque para mí eso ya es más que un regalo. Al igual que me encanta que me hagan sonreír a mí. Son muchos los instantes en los que somos felices y no nos damos cuenta. La felicidad no necesita tener fijada una fecha para ella, no necesita una programación, simplemente surge y fluye.

¡Qué importantes son las personas de las que nos rodeamos para alcanzarla! Si miras a tu alrededor, te darás cuenta que muchas de las personas de tu entorno te habrán dicho más de una vez que no creen en ella, que no existe, otros que ya no recuerdan la última vez que sintieron esa sensación… ¿Qué estás haciendo para  no ser generoso y compartir tus momentos de plenitud?

La situación actual por la que estamos pasando necesita mucho de todo aquello que las personas podemos aportar, ser generosos para con los demás y transmitir con ello esperanza.

A menudo veo personas con rostros llenos de dolor, de desesperación, caras de frustración, con una infelicidad en la que llevan sumergidos demasiado tiempo. Personas que no tienen que llevarse a la boca, aquellas que me encuentro por las calles pidiendo para poder sobrevivir, las que no superan la muerte de un ser querido, las que por un motivo u otro su entorno familiar está desestructurado, personas que no ven una salida porque están sumergidas en permanente estado depresivo en su vida, otras que han perdido hasta sus hogares y de repente después de años se ven en la calle… ¿Por qué no ser generosos con ellos?

Las aportaciones materiales están bien, en muchos casos son necesarias, pero únicamente tapamos una situación determinada con un parche. Es cierto que hay personas que no saben ser felices, ¿por qué no mostrarles el camino? ¿Por qué no dar testimonio de ello? No hace falta tener facilidad para contar chistes, ni siquiera ser gracioso, pero saludar con una sonrisa, ser amable, cercano, sensible, escuchar al otro, transmitirle ánimo, esperanza, alegría de vivir, es dar testimonio de que merece la pena seguir adelante, pues vivir esos momentos tan especiales cotidianamente está al alcance de todos, verdaderamente.

No te quedes para ti esos momentos de felicidad, compártelos, haz partícipes a los demás, muéstralos, puede que sin saberlo hagas felices a aquellos que tienes alrededor.

 

Para encontrar la felicidad en necesario olvidarse de uno mismo, y generar felicidad a los que nos rodean. El efecto es maravillosamente multiplicador.

 

 

 

 

*Fotografía vía Carmen Prada

Que no os entristezca que el final del verano esté cerca, aunque el calor aún apriete. Cada momento del año y de nuestra vida es una oportunidad para ser feliz.

Os deseo a todos un feliz domingo y os invito a comenzarlo con una preciosa canción.

 

 

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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No lo compliquemos más, por favor

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Por Carmen Prada

Partamos de la base de que la palabra “feminismo” es definida por la R.A.E. como “ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres”. Pero, ¿realmente sabemos lo que es una ideología? Pues dice la R.A.E. que es el “conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político…”

Bien, teniendo en cuenta que el “feminismo” es una ideología, se podría decir que el feminismo es un conjunto de ideas fundamentales, y se supone que éstas tendrán una cierta homogeneidad, más allá de matices, y que quienes apoyan esta ideología – y cabe suponer que la inmensa mayoría de las mujeres defienden tener los mismos derechos que los hombres – tendrán en su vida diaria una serie de pautas de conducta que también tengan una cierta homogeneidad, más allá de matices…

Todo esto no pasa de ser un razonamiento sencillo, pero la realidad es mucho más compleja, sin duda, porque lo que yo me encuentro en el día a día son mujeres que sí, que al menos de palabra piensan que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres, con lo cual son feministas, se reconozcan o no como tales, pero a la vez protagonizan situaciones que más bien reflejan lo contrario. Y no son nuestras palabras las que de verdad hablan de nosotros, no. Los que de un modo elocuente, certero y nítido hablan de cada uno de nosotros, son nuestros hechos, comportamientos y decisiones.

Soy mujer, con mis virtudes y mis defectos, y conocedora de mis limitaciones, con objetivos y metas en mi vida, en la cual nunca me han faltado obstáculos que salvar, y algunos por razón de mi sexo, es cierto. Pues fijaros, me atrevo a decir y sin pelos en la lengua que de esto nos estamos encargando todos, hombres y mujeres. Sí, chicas.

Lo mismo cobramos menos que ellos, en algunos casos, por el mismo trabajo, que necesitamos demostrar dos veces más nuestra valía para estar en puestos de responsabilidad, como escuchamos eso de “para este trabajo una mujer no valdría…”, sin olvidarnos de “¿tienes hijos o tienes pensado tenerlos?”, esto entre otras muchas. Por poner solo algunos ejemplos en el campo profesional.

Pero es que en el personal, también hay mucha tela que cortar. Evidentemente, a mí ninguna de las situaciones anteriormente mencionadas me hacen ni pizca de gracia, pero hemos llegado a un punto de irrespetuosidad en el que, ¡quién lo iba a decir!, recuerdo con nostalgia, y no porque me gustaran, aquellos tiempos en los que algún hombre, y no necesariamente albañil, te echaba un piropo. Ahora lo que se estila es la obscenidad,  ya que una mujer va por la calle y puede escuchar auténticas barbaridades que no se pueden ni reproducir, tanto de día como de noche. Si tales groserías las pronunciase una mujer… Uff, no quiero ni pensarlo.

Voy más allá, si un hombre suelta algún taco no pasa nada, es un hombre. Ahora, si éste lo reproduce una mujer, ¡menuda mal hablada! Si se toma 2 copas de más, tampoco pasa nada, es un hombre. Ahora, si lo hace una mujer, ¡cómo se pone ésta! Un hombre sale a tomar algo, a cenar… con varias mujeres, y se escucha “no sé cómo lo hace, pero éste siempre tiene una suerte…”. Claro que en el caso contrario, menos guapa cualquier cosa… Tampoco nos pasemos con la ropa, porque igual es que vamos provocando y después pasa lo que pasa…

Pero ojo, porque el machismo existe también porque hasta cierto punto lo hemos permitido, agachamos la cabeza ante situaciones injustas, hasta nos cuestionamos ser madres o no, según el mercado laboral. Pues algo falla, hay sin duda mujeres conformistas que están muy a gusto en su inmovilismo, no es que muestren mucho querer la igualdad. Sucede que después va otra mujer que sí da un golpe encima de la mesa y además con argumentos, y tiene un burofax en su casa cuando llega. Con lo que, como muchas veces he repetido, ¡las mujeres somos nuestras propias enemigas! Y siento si alguna se ofende y recurre a la frase, “¿y qué vamos a hacer?, aceptas o a la calle”. Perdonadme, solo que acepte una, se inicia esa diabólica dinámica…

Etiquetas ideológicas hay muchas, y reconozco que a mí me resulta harto difícil identificarme con cualquiera de ellas, pues en todas hay incongruencias y aspectos que chirrían, por no hablar de los intereses inconfesables que siempre hay detrás de cada movimiento ideológico, pero una cosa tengo clara, y es que posicionarse en contra de la injusticia de un modo sincero, pasa inexorablemente por denunciar aquellas situaciones de las que también podemos resultar injustamente beneficiadas a veces. Pongo 2 ejemplos, uno más desenfadado, que no frívolo, y otro mucho más grave. Me repugna ver cómo las mujeres entran en los garitos como ganado – esa es la idea – cuando su acceso es gratuito, mientras que los hombres han de abonar entrada. Y no nos quejamos, aunque nos utilicen como reclamo de clientela masculina. Me produce vómito que las mujeres entremos en ese juego. Pero aún me parece mucho más grave tener conocimiento de casos reales en los que la resolución judicial sobre la custodia de los hijos ha favorecido a la mujer, siendo ésta bastante más inadecuada que el padre para asumir esa responsabilidad. ¿Queremos igualdad y justicia? Bien, reivindiquemos, pero no callemos tampoco ante situaciones en las que un hombre tenga razón para protestar.

Como he dicho antes, no soy capaz de identificarme con ninguna ideología, y aunque sea de forma muy breve y simple, permitidme que enumere algunas:

-el machismo sostiene que el varón es por naturaleza superior a la mujer, y que por este motivo ésta ha de vivir sometida a aquel, sin poder desarrollarse como sujeto autónomo;

-el hembrismo es la contraposición del machismo, pues defiende el dominio, represión y prepotencia de la mujer respecto al hombre, así como la discriminación favorable a la mujer;

-el feminismo, como ya se ha explicado al principio, tiene como objetivo la reivindicación de derechos de la mujer, se opone a la dominación de los varones sobre las mujeres y a la asignación de roles sociales por razón de sexo;

-el masculinismo se considera la contraparte del feminismo, ya que busca la igualdad con la mujer, pero desde el punto de vista del hombre. Temas como la custodia de los hijos o la trivialización / silenciamiento / ridiculización  de la violencia de la mujer contra el varón son algunos de sus caballos de batalla habituales;

-el humanismo propone una ética en la que la dignidad y autonomía del individuo son centrales, aboga por la libertad responsable, la tolerancia y el altruismo, pero niega la dimensión trascendente de la persona, pues todo lo somete a pautas racionalistas, cientificistas y tecnologistas, haciendo del ser humano el centro de todo.

En fin, un artículo como éste, que no pretendo sea una tesis,  no da para más, pues el tema es complejísimo, y de cada una de estas ideologías se derivan a la vez un montón de variantes de toda índole, pero creo humildemente que si de corazón buscamos hacer de este mundo un lugar mejor, si procuramos practicar la empatía con nuestros semejantes, no tiene que ser tan difícil encontrar el equilibrio. Estamos en el mundo para caminar juntos, para construir juntos, para crecer juntos. Ni yo ni ninguna de estas ideologías está en posesión de la verdad, pero una cosa es segura, y es que cualquier iniciativa que fomente o se alimente de la ira, el deseo de revancha, la prepotencia y el afán de someter a los demás a sus esquemas, no hace más que complicar y aumentar el conflicto, lo que se ha venido a llamar tristemente como guerra de sexos.

No tengas miedo a echar a la basura tus prejuicios. No tengas miedo a liberarte de tus demonios. No tengas miedo a que te llamen iluso. No tengas miedo a construir un mundo mejor. No tengas miedo a ver en cada persona un regalo, una oportunidad. No tengas miedo al miedo.

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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¿Optas por ser el mejor en todo o te conformas?

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Artículo publicado por Carmen Prada

Puede parecer una historia, y sin duda lo es, pero real…

Después de unos días fuera de mi localidad se produjo la vuelta. La realicé en autocar, con su pertinente trasbordo, un viaje que podría haber sido la mitad de duradero de haberlo realizado en mi propio coche. Como tantas otras veces, mi compañera de viaje era la maleta en la que voy poniendo pegatinas de diferentes lugares que visito.

Una maleta que, además de venir cargada de un montón de cosas que, siendo sincera, después no utilizo ni la mitad, como siempre venía repleta de ideas, proyectos en mente, momentos, reflexiones…

Cuando llegué a Ponferrada, no sentía ni un músculo de mi cuerpo. Al día siguiente, ese malestar muscular se había multiplicado, como era de esperar, y he tenido que ir a visitar a mi querida fisioterapeuta. ¿Qué os puedo decir que no sepáis de lo que supone ir a darse un masaje descontracturante? Claro está que lo sabréis los que ya lo hayáis sufrido en vuestras propias carnes, y a los que no, no pasa nada, ¡que no tengáis que pasar por ello!

Quizá os estéis preguntado y no me extraña, ¿y todo esto…? Todo esto para hacer la siguiente pregunta, ¿creéis que tenemos la misma capacidad de sacrificio que antaño? ¿No pensáis que hoy por hoy tendemos a quejarnos por demasiadas cosas? ¿Soportamos del mismo modo la frustración que hace unos años? Podría seguir, pero tampoco es el caso…

Y pongo fecha en el tiempo, y la coloco en antes de la crisis que azota este país. Muchas veces tendemos a echar balones fuera por hechos que son consecuencia de acciones nuestras, la frustración se ha vuelto nuestro acompañante en ese “viaje programado” en el cual nos quedamos en el camino, culpabilizamos de muchos de nuestros errores a compañeros, jefes, amigos, políticos… Y quizá la cuestión es que ante situaciones adversas no hayamos el modo de automotivarnos. Ojo, como reitero en muchas ocasiones, ¡no esperemos que otros lo hagan por nosotros!

El hecho de automotivarnos nos hace reponernos antes de lo que nos afecta, hace que pasemos por encima de lo que nos ha vencido anteriormente, supone una dosis de adrenalina, hace que nos sintamos capaces de superarnos, de ver las cosas desde otra perspectiva, nos dota de positivismo y sin duda saca lo mejor de nosotros.

Sinceramente, a mí no me quedo otra mientras estaba en la “camilla del sufrimiento” -que así la he bautizado hace tiempo- que automotivarme. Y no me costó mucho, porque de repente me vinieron a la cabeza los JJ.OO. de Río de Janeiro 2016. ¡Sí, ni más ni menos! Entonces empecé a pensar en ellos…

Oro:

  • MIREIA BELMONTE Natación, 200 m mariposa
  • MAIALEN CHOURRAUT Piragüismo, slálom K1
  • RAFAEL NADAL y MARC LÓPEZ Tenis, Dobles
  • MARCUS COOPER WALZ Piragüismo, sprint K1 1.000 m
  • SAÚL CRAVIOTTO y CRISTIAN TORO Piragüismo, sprint K2 200 m.
  • CAROLINA MARÍN Bádminton
  • RUTH BEITIA Atletismo, Salto de altura

Plata:

  • ORLANDO ORTEGA Atletismo, 110 metros vallas
  • EVA CALVO Taekwondo, -57 kg.
  • SELECCIÓN FEMENINA Baloncesto
  • CONJUNTO ESPAÑOL Gimnasia rítmica, Concurso Completo

Bronce:

  • MIREIA BELMONTE Natación, 400 m estilos
  • LIDIA VALENTÍN Halterofilia, -75 kg.
  • JOEL GONZÁLEZ Taekwondo, -68 kg.
  • SAÚL CRAVIOTTO Piragüismo, sprint K1 200 m
  • SELECCIÓN MASCULINA Baloncesto
  • CARLOS COLOMA Bicicleta de montaña

 

Y me dije, ¡increíble, qué no habrán soportado estos fenómenos durante cuatro años y en los propios JJ.OO.! Estoy segura que mucho esfuerzo, sacrificio, muchas caídas que trajeron consigo el volver a levantarse, dedicación, horas y horas de entrenamiento, dolores, en muchos casos lesiones que les tuvieron en vilo a expensas de saber si podrían llegar a poder disfrutar de su sueño, de la meta y objetivo de cada uno de estos medallistas, pero de igual modo de todos y cada uno de los integrantes españoles que han participado en este evento.

Para mí todos son ganadores, y lo son porque han llegado salvando muchos obstáculos, pero sobre todo, porque no han dejado de confiar en ellos y en su sueño. Evidentemente que seguro ha habido instantes de pensar en tirar la toalla, de miedos, de cansancio, de pensar en el virus zika, frustraciones y seguro que se habrán lamentado, pero sus ganas han podido más que todos los inconvenientes y ahí han estado, ¡luchando por su sueño!

Ellos son profesionales del deporte, nosotros cada uno de nuestra profesión. Nadie dijo que el camino fuese fácil y mucho menos que no nos íbamos a encontrar piedras, pero dejemos de lamentarnos tanto y tengamos la vista fijada en nuestro objetivo. Si aún no lo os hecho, sería buen momento para ello.

Quiero finalizar con un breve párrafo que he leído y lo dice todo de una luchadora como es Carolina Marín. Hace dos meses, antes de la lesión, Pablo (psicólogo de Carolina) le preguntó si quería ser campeona del mundo y pasar a la historia o seguir trabajando y mejorando. La respuesta de Carolina fue: “yo quiero ser la mejor en todo”. Y esa frase se la imprimió para recordársela.

¡Impleméntala en tu vida!

*Autora de la fotografía, Carmen Prada

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Un pequeño recorrido por nuestra vida

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En continuo recorrido

 

Artículo publicado por Carmen Prada

Recuerdo que hace unos meses, me encontré con un compañero del colegio del que hacía muchos años había perdido el rastro. Tuvimos pocos minutos para conversar, su vida está lejos de su ciudad natal, y yo continúo en el mismo lugar donde ambos nos criamos. Digo, fueron escasos minutos, porque únicamente recordamos, nos reímos, y disfrutamos volviendo a esos años, los de la infancia. Reconozco que siempre nos llevamos muy bien, yo era una niña tímida y reservada y eso a veces hacía que “las poderosas”, de algún modo se sintiesen superiores a esa niña, que simplemente vivía su inicio de juventud. Él y otros compañeros siempre me trataron con mucho cariño y por momentos, a sabiendas de mi inocencia, me sobreprotegían.

Fue curioso, él recordaba unos momentos, unas vivencias de esa época y yo otras. Nos reíamos porque nuestra memoria se antojó selectiva, ya que cada uno se había quedado con curiosidades que, de algún modo, le habían marcado. Resultó un rato agradable.

Muchas veces, llevados por la rutina, el estrés, el día a día y sobre todo cuando nos surge algún problema, alguna preocupación, nuestra memoria se vuelve selectiva. Claro está, que en estos casos no nos beneficia en absoluto. Ese contratiempo se vuelve el centro de nuestra vida, cuando realmente es solo una parada más, no tiene que bloquearnos.

Pasamos por alto continuamente nuestro caminar en la vida, en muchas ocasiones nos olvidamos de todo lo vivido desde el comienzo, desde el mismo momento que tuvimos uso de razón. Y es que casi siempre los primeros recuerdos que nos vienen a la mente son los de la edad escolar, las primeras amistades, los dibujos animados preferidos, la merienda que tanto disfrutábamos cuando salíamos del cole, del momento en el que llegaban las vacaciones y nos íbamos con nuestros padres al lugar acostumbrado, de las canciones de la época.

De la época de juventud, nos viene a la mente la primera vez que nos dejaron maquillarnos –las mujeres-, el primer amor, los domingos de discoteca, las fiestas del instituto, aquellos exámenes en los que nos lo jugábamos a todo o nada, la primera vez que nos rompieron el corazón… Y sí, puede sonar hasta aquí, todo a una dulce melodía. Pero no, a esas alturas también había piedras en el camino, como algunas que he dejado entrever.

La juventud es una etapa difícil, complicada, con piedras, charcos, zancadillas, pero al final nuestra memoria sigue siendo selectiva, tiende a recordar lo bueno.

Comenzamos la etapa laboral, si uno tiene suerte o trabaja para tenerla, iniciaremos nuestra andadura en algún puesto que nos guste, que nos llene, en el que habíamos pensado, y si no seguiremos buscando nuestro sueño, trabajando para sobrevivir, y en ningún caso sin dejar de luchar sea cual sea nuestra meta profesionalmente, siempre desde la humildad y la honradez, pero con una dosis de ambición buena, porque la ambición en su justa medida y con cabeza es motor de grandes hazañas.

En el mundo profesional, es en el que quizá más zancadillas, golpes, charcos, caídas, peligros nos encontramos y a diferencia de los recuerdos de la infancia y juventud, nuestra memoria puede ser que esté marcada por las veces que nos caemos y nos volvemos a levantar. En Estados Unidos se dice que uno no es buen profesional -y algunas empresas así seleccionan a sus candidatos- hasta que no tiene tres grandes caídas, porque entienden que a partir de esta última, están formados profesionalmente. Para ellos eso es “experiencia”, para nosotros “fracaso”. Cuestión de mentalidad, ¿verdad? En fin…

En esta etapa de madurez, ya pensamos en encontrar al amor de nuestra vida, formar una familia, estabilizarnos, comprar un coche, casa… ¡Qué sé yo! Pero volvemos a tener memoria caprichosa, porque solo nos quedamos en la mayoría de los casos, en las dificultades que nos encontramos en este proyecto de vida. Que si la persona de la que te has enamorado tiene “taras”, el pago de la hipoteca, el coche solo da gastos, lo que supone económicamente mantener a los niños, la libertad que teníamos de algún modo se ha perdido, cuesta llegar a final de mes…

Y es que a veces hace falta volver la mirada atrás, para recordar todo lo bueno que la vida nos ha proporcionado, momentos que si no hacemos un esfuerzo quedan en el olvido, no nos damos cuenta de los sacrificios que nuestros padres han hecho para que hayamos llegado a este punto, nos olvidamos de las amistades que la vida nos ha regalado, del amor, de la gran suerte de haber vivido la infancia cuando hay muchos niños que no lo pueden hacer, de momentos que no van a volver, de una buena compañía en el lugar y momento adecuado, de los viajes disfrutados, de la emoción de cada año con los regalos de los Reyes Magos… ¡Infinidad de grandes momentos!

Sigo pensando que nos fustigamos demasiado, que nosotros mismos nos hacemos daño, parece que nos cuesta menos acordarnos de lo malo que de lo grato. Y es que sigo creyendo que somos esclavos de nosotros mismos.

Y finalizo como comencé, “hace muy escasos días…”, hice un pequeño recorrido por mi vida y me di cuenta que aún a pesar de la cruz que en nuestras vidas cada uno lleve, de igual manera, tenemos un pedacito de cielo, solo debemos abrir los ojos y echar la mirada en todas las direcciones.

 

 

 

 

*Autora de la fotografía, Carmen Prada

 

 

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Recuperar la ilusión de aquellos maravillosos años

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Artículo publicado por Carmen Prada

Estos días he tenido la oportunidad de compatibilizar la atención debida a mi trabajo con la posibilidad de estar cerca del mar, el cual me apasiona y relaja, y puedo dar fe de que cuando uno ama lo que hace, no le supone ningún sacrificio meter en la maleta junto al bikini el ordenador, la libreta y la agenda.

He podido profundizar en inquietudes, pensamientos, preocupaciones… de algunas personas, las cuales han sido una fuente de información e inspiración que agradezco muy sinceramente.

En concreto me quiero centrar en una en especial, una mujer que conozco desde hace un año, y que cuando se trata con ella es fácil intuir lo mucho que puede dar y ofrecer a los demás. He tenido la gran suerte de poder charlar con ella largos ratos de temas variados, siempre interesantes y muy humanos.

Os pongo en situación, regenta junto a su familia un hostal, que en Galicia están denominados pensiones –algo que también ella me aclaró- , se le ve la cabeza pensante, pendiente de todo, y lo que sí confiesa es que es muy perfeccionista, maneja la cocina como pocas personas, sabiendo sacar partido a los ingredientes de manera que siempre se disfruta de sus exquisitos platos sin necesidad de sofisticaciones, pues su esencia es la comida casera aderezada de cariño y sapiencia. La cocina es un espacio en el que se mueve como pez en el agua.

En una de esas conversaciones surgieron preguntas realizadas por mí, y en este caso sin buscar respuestas concretas, pero realmente me volvió a sorprender. Mi lectura entre líneas da para mucho, e intento trabajarla y explotarla al máximo, es algo que me ha caído del cielo y lo siento como un regalo.

Hablando sobre todo del trabajo, le pregunté si le gusta la cocina, ya que dado el resultado de todo lo que sale de sus manos… A lo que ella con mucha humildad y sinceridad me confesó: “Carmen, cuando algo que te gustaba con los años se vuelve una obligación, llega un momento en el que ya dejas de disfrutar del mismo modo”.

En ese mismo momento para mis adentros pensé, uuufff, tema muy importante, ya que tendemos a tratar de lo bien que se siente uno cuando ama, disfruta, se apasiona con lo que hace, pero no del caso contrario. Del mismo modo que yo he reflexionado acerca de la respuesta que me dio, os dejo la pelota en el tejado y os pregunto, ¿qué os dice su respuesta?

Seguramente son muchas las personas que se sienten identificadas con esa situación. A todos los que lleváis años en el mismo puesto de trabajo, a los que vuestro oficio os resulta rutinario, a los que ya lo hacéis de manera mecánica, casi como autómatas, a todos los que su ocupación laboral no le reporta ninguna inspiración o aspiración, me voy a atrever a hacer las siguientes preguntas, preguntas que todos nos deberíamos hacer, sea cual sea nuestra situación:

  • ¿por qué se llega a ese punto?
  • ¿Puede haber remedio a esa situación?
  • ¿Cómo encontrar la motivación cuando se ha perdido?
  • ¿El trabajo se sigue haciendo con tanta profesionalidad como al principio?

Me encontré con todas estas preguntas de golpe y me dije que esta vez quiero, si es posible, que a todas ellas le dé respuesta alguien que lo esté sufriendo.

No pude evitar en la siguiente conversación comentarle que esa frase me había hecho reflexionar mucho acerca del tema, y si era posible me gustaría mucho que ella misma diera respuesta a unas preguntas, y sin saber aun cuáles eran,  en seguida me dijo “será un placer, Carmen”, cosa que le agradeceré siempre. Voy a enumerar sus respuestas, según el orden de las preguntas anteriores y de manera textual:

  • “todo se vuelve muy mecánico y monótono, es una situación que llega a provocar mucho sacrificio, dejas a un lado tu vida personal y renuncias a muchas cosas de las que antes disfrutabas”.
  • “Sí, dedicándose más tiempo y cuidados a una misma. Saliendo así de la rutina”.
  • “No sigues del mismo modo motivado, no encuentro motivos”.
  • “Yo sí lo intento y creo que sí”.

Tengo que apuntar a esta última respuesta, que no es que lo haga bien, es que lo hace estupendamente.

Al finalizar este cuestionario, me confesó: “Carmen, jamás me había cuestionado ninguna de estas preguntas”. Acto seguido me comentó que después del verano iba a hacer algún cambio, por pequeño que fuese, con respecto al modo de gestionar este tema.

Llego a la misma conclusión a la que he llegado tantas y tantas veces, ¿por qué no nos cuestionamos lo que vivimos?, ¿cómo lo vivimos?, ¿por qué estamos o llegamos a determinadas situaciones?, ¿qué cambiaríamos en nuestras vidas? Y una vital y quizá la más importante, ¿nos queremos lo suficiente como para dar lo mejor de nosotros a los demás?

Confieso que os dejo demasiados deberes en esta ocasión, pero del mismo modo que he dejado estas reflexiones en el aire, me las he cuestionado yo personalmente.

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Desaprende y podrás seguir creciendo

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Artículo publicado por Carmen Prada

Cuando en determinadas ofertas de trabajo encontramos entre los requisitos, “no es necesario tener experiencia”, uno de modo inconsciente puede llegar a pensar que “este trabajo no parece muy profesional, ¡no es necesario experiencia!”, o nos inclinamos por otra conclusión, “aquí van a pagar una miseria, pues no valoran la experiencia…”. Evidentemente nunca llueve a gusto de todos, pero por qué no pensar ¡esta es mi oportunidad! En esta vida nunca se sabe… (Y doy fe de ello.)

Y lo digo porque yo misma en varias ocasiones he optado como persona responsable para cubrir vacantes en equipos comerciales en distintas empresas en las que he trabajado, que el personal a formar parte de la plantilla en esa ocasión no tuviese experiencia.

Siempre planteo mis reflexiones sobre mi propia experiencia, y las estrategias que he llevado a cabo en los distintos puestos de trabajo que he desempeñado me han enseñado a manejar este tipo de situaciones, y a saber cuándo es preciso arriesgar.

Os preguntaréis en mi caso por qué lo hacía, y estoy segura que no soy la única que ha llevado esta práctica para la contratación de nuevo personal, aunque en la mayoría de las ocasiones no se argumente el por qué.

En mi opinión hay determinadas profesiones en las que en muchas ocasiones se obtiene mejor rendimiento por parte de la persona que comienza e incluso del equipo al que se va a integrar cuando la experiencia en el sector es prácticamente nula. ¿Por qué? Porque sobre todo en el mundo comercial, los vicios que se llegan a adquirir son tremendos. Entre los que a uno le acompañan de su trayectoria profesional y los que se pueden contagiar, una empresa puede llegar a tener “clones” de comerciales formados todos por el mismo patrón, y no es habitual que el patrón sea el soñado…

¿Por qué no mezclar, savia nueva con cosecha añeja? Volviendo al comienzo de las líneas, ¿por qué no postularse entonces para este tipo de puestos de trabajo? Es un buen momento para que lo reflexionemos.

La savia nueva tiene que tener una capacidad de aprendizaje devoradora, ilusión, ganas, capacidad de sacrificio, de trabajo en equipo, brotes de liderazgo, creatividad, actitud, proactividad, pero hago la siguiente pregunta, ¿por qué a la cosecha añeja no se le propone “desaprender” cuando sea preciso?

¿No debería darse el caso de aprender y reciclarse con la misma facilidad?

En muchas ocasiones, las personas responsables o los propios empresarios se encuentran con personal que forman parte de su equipo de trabajo desde hace muchos años, lo que conlleva tener gran experiencia, o por lo menos así debería de ser, pero no poseen la capacidad de reciclarse, “desaprender”, y eso también debe formar parte de tu experiencia en adaptabilidad. Los tiempos cambian, las prácticas de llevar a cabo un trabajo también, el aprendizaje de nuevas técnicas de ventas nos pueden ayudar, la tipología de los clientes ya no es la misma que hace años, el propio cliente actúa de modos diferentes, las objeciones también se han “renovado”… ¡Las costumbres en muchas ocasiones no son la mejor opción!

Entonces, ¿qué opináis de este combinado en un equipo de trabajo?

Cuando decidía hacer esta combinación de profesionales los motivos eran:

  • fomentar el trabajo en equipo;
  • la automotivación;
  • combinación entre la experiencia y las ganas del principiante;
  • la proactividad se contagia, por lo que unos tirarán de los otros inconscientemente;
  • medir la capacidad de aprendizaje del nuevo personal y las resistencias ante el cambio del personal más veterano.

Tener la capacidad de autorrenovarse día a día, sin anclarse en la idea de “con la experiencia que tengo…”, es una gran virtud y una actitud a tener en consideración. Cuando uno está en cargos de responsabilidad, debe tener el criterio suficiente como para valorar y premiar este tipo de acciones y adaptabilidades, porque en muchas ocasiones y a ciertos años resulta un poco más complicado, en estos casos la motivación juega un papel importantísimo con estos profesionales.

En mi opinión, no creo en los grupos formados con los mismos patrones de perfil profesional, creo en aquellos en los que el equipo es heterogéneo y de lo más variopinto. Y además para el empresario, un gran medidor de capacidad de gestión de un equipo de trabajo para la persona responsable del mismo.

A mí no todas mis amistades me aportan lo mismo, porque nadie es igual y además ni lo pretendo. Cada una es peculiar, diferente, pero hay algo que todos tienen en común, y es lo mucho que me aportan independientemente de sus características.

La vida es una continua ruleta de aprendizaje y desaprendizaje, el que no aguante el movimiento, se bajará en la próxima parada…

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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