Pongamos una sola cara a la Navidad

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Por Carmen Prada

 

Mi corazón y mi pluma me impedían escribir estas líneas de  cualquier otro tema que no fuera de los días entrañables que ya estamos viviendo y los mejores que están por venir.

Es cierto que cada uno vive de modo diferente estas fiestas navideñas.

Pero la realidad, aunque algunas personas sean reacias a ello, es que el verdadero sentido de la Navidad es religioso, acompañado claro está de todo lo familiar y social, que no hay porqué renunciar a ello. Aunque a veces no se vea así, se suele vivir con gran alegría, ya que es mucho lo que hay que celebrar.

Por otro lado, están las personas que viven estas fechas navideñas como simple fiesta, comilonas, noches demasiado largas, excesos, espera de los regalos pertinentes como cada año, aguantar al cuñado o a la suegra, gastos y más gastos, pero por qué no, ¡con alegría!

Y por otro lado están aquellas que las viven con tristeza, melancolía, con ánimo de nada, con ganas de que las luces que adornan nuestras calles desaparezcan pronto, repeliendo los villancicos, la Nochebuena ni la quieren nombrar y a ver si pasa el trago de la Nochevieja y las dichosas uvas. Cada uno tiene su historia, un motivo para sentir esta tristeza tan grande cuando podría vivirse con alegría.

Son estas personas en las que me quiero centrar un momento. Estoy casi segura que en el primer y el segundo caso alguna vez han tenido algún motivo para sentirse así o quizás hayan estado cerca, ya que puede ser que en muchas ocasiones se puedan mezclar sentimientos, sensaciones, pero éstas últimas lo viven a partir de un acontecimiento, de un suceso, de recuerdos…

Son días en los que uno recuerda más a aquellas personas que ya nos están entre nosotros, pero no lo están el día de su cumpleaños, en el nuestro, en una reunión familiar que siempre se celebraba… Y creedme, ¡yo los siento más cerca de mí que nunca! No nos sintamos en exceso esclavos del dolor de su ausencia, porque en la mayoría de los casos, estas fechas eran motivo de alegría para ellos, porque todos nos reuníamos alrededor de una mesa. Pues recordemos que, de alguna manera, ¡siguen en ella!

Otras personas quizá, no las ven con buenos ojos porque su presente no le acompaña para celebrarlas como en su pasado sí lo podían hacer. Los estragos económicos han hecho daño a muchas familias españolas, pero la Navidad no depende de la mayor o menor abundancia cuando se vive desde el amor, la compañía, el reencuentro, la fiesta. ¡Podemos ser ricos en su vivencia!

También existen las que es su primera Navidad con significativos cambios. Cambios sobre todo emocionales, cambios que afectan a uno mismo y quizá a otras personas indirectamente. A largo de ese periodo de transición se han tenido que aceptar otras variantes de vida, costumbres, momentos… Aunque hayan tenido que doler, hasta lo más profundo. Uno se debe reconstruir, volver a levantar cimientos y  emprender una nueva vida. Pero estoy casi segura que durante todo este proceso mucha gente les ha rodeado, han tenido hombros en los que apoyarse, han reído, seguro que llorado, han conocido nuevas sensaciones, lugares, personas y al final, ¡uno no está solo!

Pues sentid en Navidad  todo ese derroche de cambios, de amistades, transformad las fiestas en vuestras aliadas, vividlas como no lo habías hecho antes, y es que solo hay un cambio de escenario, porque os aseguro que las que no han cambiado son ellas. ¡Sentid el nuevo cosquilleo de estas fiestas y quizá os conquisten! Siempre hay motivos para la celebración.

Reconozco que yo soy una mezcla de estas tres personas, pero con la alegría y la paz como melodía de fondo. ¡Confieso que vivo con entusiasmo la Navidad, porque no sé vivirla de otro modo! La base de estas fiestas, es la alegría por la venida del Señor, Él siempre está presente en todas mis celebraciones y banquetes. A partir de ahí disfruto con las comidas y cenas que reservamos para estas fechas, las uvas, que confieso nunca he sido capaz de terminar, con los brindis de cava acompañados de buenos deseos, con el gentío por la ciudad que en estos días está más bella por las luces y árboles de Navidad que nos rodean, las entrañables visitas a belenes, reencuentros con la familia y amigos, la ilusión de pensar en qué detalle de Reyes voy a tener con… y rompiéndome la cabeza con cada uno de ellos. Pero claro está, que echo de menos a personas muy importantes en mi vida, que ya no se sientan en la mesa, y es curioso, pero en estos momentos las siento más cerca que nunca, y además las necesito sentir, esto me  hace estar tranquila, ¡sé que me siguen acompañando!

Daría oro por repartir gotitas y gotitas de ilusión navideña, de alegría y paz. Quizá nos debamos plantear el no dividirnos en personas que viven de modos diferentes estas fiestas, sino en empeñarnos en ponerle una sola cara a la Navidad, se me ocurre, la de la celebración.

Por este motivo, celebro con toda mi familia, amor, amigos existentes y los nuevos que este año me ha regalado, una Navidad llena de ilusión, alegría y paz, porque me he empeñado en repartir esas gotitas y contagiar esa felicidad. Eso sí, si no lo logro con alguien, el año próximo lo intentaré hacer mejor.

¡FELIZ NAVIDAD!

 

 Nos vemos el próximo 7 de enero de 2018, para compartir todas las metas, sueños e ilusiones que para el nuevo año nos hayamos marcado.

 

¡GRACIAS DE CORAZÓN A TODOS LOS QUE EN ESTE AÑO 2017 ME HABÉIS ACOMPAÑADO Y DADO FUERZAS PARA SEGUIR LUCHANDO POR MI DESARROLLO Y EL VUESTRO!

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

*Fuente de la fotografía, Carmen Prada

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Vanidad de vanidades

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Artículo publicado por Carmen Prada

La semana pasada estuve con una amiga que me hizo recordar una vez más el tema que voy a tratar hoy.

Hacía muy pocas fechas había fallecido su abuela, además de una manera repentina, lo cual todavía lo hizo más doloroso. Cabe destacar que mi amiga es una persona con un gran corazón, mucha humildad en combinación con su generosidad, y algo que impacta cuando la conoces es su belleza interior. Estaba muy apenada y llevaba días acompañada del llanto. Reconocía que tanto ella como su abuela -con la que su relación era muy cercana- eran conscientes de que en cualquier momento la llamada de la muerte tocaría a su puerta. Lo cierto era que su lamento iba más allá del deceso en sí, ya que era algo que por la muy avanzada edad de su abuela, tarde o temprano tenía que llegar, sino por el hecho de no haber tenido la oportunidad de acompañarla y cogerle de la mano en el momento final.

Entendí perfectamente ese dolor, ese lamento, esa espinita clavada… Porque a mí con mi abuela me ocurrió algo muy similar, y esa sensación me lleva acompañando desde entonces, diecisiete años… Pero con el paso de éstos, sorprendentemente te das cuenta que recuerdas momentos, palabras, sonrisas, situaciones… como antes no habías sido consciente, y parece que la persona que ya no está te acompaña más que nunca.

Estoy hablando de la muerte,  un tema tabú, casi prohibido en nuestra sociedad, tan libérrima y sin embargo tan inmadura a la hora de tratar cuestiones trascendentes y a la vez cotidianas.

Muchas veces no nos queremos dar cuenta que la muerte existe, sencillamente porque hemos vivido. Vivimos pensando que no nos tocará, que queda mucho, nos colocamos una venda en los ojos ante esa posibilidad, y eso nos aleja de la realidad, y en vez de prepararnos para afrontar esa realidad de una manera serena y madura, preferimos construir nuestra existencia sobre castillos de arena. No hay muerte, no hay sufrimiento, no hay dolor… Que los niños no vayan a los entierros, hay que sobreprotegerlos…

La vida es un caminar, y tiene principio y final. Entender esto, óntica y existencialmente, no solo de forma superficial o racional, debería ser asignatura obligatoria en la educación de los chavales.

A lo largo de este camino, que no sabemos cuándo va a llegar a su fin , vivimos muchas veces una vida desenfocada, egoísta, prepotente, soberbia, llena de materialismo, una vida egocéntrica…, sin pensar que tenemos compañeros de viaje a la derecha, a la izquierda, adelante y detrás… Y lo peor de todo, es que  a veces somos así con las personas que más nos acompañan con su amor.

 

Una palabra dura a destiempo, un gesto equivocado, un “despiste” que te pasa factura, el no tener tiempo nunca, el recurrir constantemente a la coletilla “no te preocupes, mañana…”, acompañar en las alegrías pero no acordarte en las penas, un consejo egoísta, la falta de un gesto de cariño que no se pide pero es necesario… Esta dejadez y egocentrismo nos lleva después a tirarnos de los pelos, a pensar; “ya es demasiado tarde y no estuve a la altura”. Este sentimiento será nuestro compañero durante nuestro propio caminar. Y es que, ¡la muerte existe! No pensar en ella, el creer que el mañana es un derecho en vez de un don, en que nada pasará factura… solo nos hace vivir en un engaño. Al final de ese camino está la muerte, que solo es el comienzo de un eterno caminar.

Vivamos sin pensar que hay mañana, atendamos sin demora las penas de los que nos acompañan, estemos atentos al dolor de los que nos quieren, no nos olvidemos de decir “te quiero”, practica “el deporte” del abrazo-beso, ten un gesto preparado de compasión, préstate sin que se te pida nada, no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, porque si no terminas la jornada sin hacer la paz, el día después es frío y duro y es más difícil hacer la paz…

 

Porque si nada de esto llevamos a cabo, es ahí donde realmente comienza nuestro terror a la muerte, por que seas creyente o no, en el fondo nos da miedo pensar que no hemos hecho los deberes, que no hemos levantado la vista más allá del cuello de nuestra camisa, y de repente se nos enciende una luz de alarma. ¿Qué he hecho con mi vida? ¿Qué va a ser de mí? ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Si te llegas a plantear estas preguntas, las respuestas están claras… Echarla a perder, tener un gran vacío interior…

¡Y estas respuestas sí que son crudas realidades, no la muerte!

 

La nobleza humana, es una buena compañía durante el camino, y además es capaz de secar lágrimas si éstas aparecen cuando el fin de la vida se asoma, pero, ¿cuántas veces nos encontramos con ella en el día a día cotidiano? Tristemente, pocas.

 

Miguel Delibes, nos dejó muchas enseñanzas con sus palabras, y entre ellas esta frase. “Al palpar la cercanía de la muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales”.

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

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Tú que ya no eres un niño, ¿quieres ser feliz o perfecto?

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Artículo publicado por Carmen Prada

Nos pasamos la vida lamentando aquello que no conseguimos o que no nos gusta de los demás y sobre todo de nosotros mismos, pues una persona que muestra frustración respecto a su entorno es seguro que arrastra frustraciones personales importantes. Hablamos de la felicidad casi siempre en abstracto, y parece mentira que después de miles de generaciones, la humanidad siga deambulando buscándola tan a menudo por el camino equivocado. Porque no hay una fórmula mágica para encontrar la felicidad, pero sí sabemos todos que determinados caminos no llevan a ella, y aun así…

El día 25 de noviembre se celebra cada año el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, y aunque este es un tema que da para escribir un artículo y no es el caso, no quiero dejar pasar la ocasión de decir que algo no se ha hecho bien desde hace años y que el camino que llevamos no es el correcto. Un ejemplo más de que como especie caemos siempre en los mismos errores / atrocidades y que al avance tecnológico no siempre lo acompaña el avance en valores.

Vivimos el día a día con continuas noticias de discriminación injustificada y variadas formas de violencia. A veces, parece como si fuera inevitable que el hombre fuese un depredador para el hombre. El canibalismo nos espanta, a Dios gracias, pero ante otras formas de autodestrucción estamos casi inmunizados.

¡Tampoco me extraña! Y es que, yo que soy del año 1977 puedo decir que nadie me enseñó en el ámbito escolar cómo gestionar las emociones y los estados emocionales que les acompañan.

Hace escasos días lo comentaba con el gerente de una empresa con la que trabajo, Dinamia Teatro. Miguel y yo hablábamos de forma distendida del aprendizaje en gestión de emociones que hace falta en el ámbito educativo y también familiar. El reciclaje es necesario en las diferentes materias académicas, pero, ¿en qué lugar queda la educación emocional para que las futuras generaciones sean capaces de hacer frente a los reveses de una sociedad cada vez más fría, deshumanizada y competitiva?

Aprender a manejar la intensidad de la vida que se nos presenta y los impulsos que resultan de ella, es clave para controlar nuestro comportamiento. Y evidentemente, hay que tener claro que la violencia y la intolerancia no son el camino para con los demás.

Las emociones influyen directamente en nuestra forma de pensar y en nuestra manera de actuar. Una realidad que está muy presente en muchos niños y jóvenes hoy en día es la baja tolerancia a la frustración. Hay niños a los que no satisfacer sus deseos con inmediatez les provoca un grado inmenso de frustración. Aunque en ocasiones no nos demos cuenta de estas situaciones, estos comportamientos afectan a su aprendizaje, a la convivencia con sus compañeros y a su maduración integral. De ahí a la violencia hacia compañeros, padres o profesores muchas veces el paso es corto.

Hemos de tener en cuenta que la inteligencia de una persona no tiene por qué ser proporcional a la empatía, sociabilidad, entrega, y tolerancia con otras personas. Y es que en una educación integral de la persona no solo hay que potenciar destrezas intelectuales o técnicas, sino también emocionales.

Algunos de los beneficios que se obtienen al desarrollar la inteligencia emocional son los siguientes:

– ser una persona emocionalmente inteligente es bueno para nuestra salud, y reporta beneficios psicológicos y físicos. Tener la capacidad de gestionar adecuadamente las emociones es fundamental para mantenernos estables y seguros de nosotros mismos;

conocerse a sí mismo pasa necesariamente por tener conciencia de nuestras potencialidades y limitaciones. Podremos entonces honradamente saber a qué decir NO o SÍ;

escuchar y practicar la crítica constructiva. Son demasiadas las ocasiones en las que somos hirientes sin importarnos las emociones o sentimientos que provocamos en los demás. Criticar sin una base sólida de conocimiento, respeto hacia toda persona y espíritu constructivo solo puede ocasionar dolor, injusticia y pérdida de credibilidad;

– aprender a valorar y aprovechar los aspectos positivos de cualquier vivencia, por amarga que ésta pueda resultar a primera vista. La vida es un continuo aprendizaje, y cada día nos encontramos con situaciones y personas que nos ayudarán a crecer, si estamos atentos y somos lo suficientemente humildes;

no perder nunca la sana curiosidad intelectual. La persona verdaderamente sabia es aquella consciente de que más allá de su limitado conocimiento hay siempre un océano de saber que aún ignora. ¡Pues nada, a seguir con nuestro aprendizaje!

Si sigues huyendo de ti mismo, entonces te advertimos que el amor, la alegría y la paz también se irán lejos de ti. Maddy Malhotra.

 

Profundiza en su mensaje…

 

 

*Fuente de la fotografía, Pinterest.es

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Si te quieres, huye de la mediocridad

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

“Siempre hay una gran demanda de la mediocridad fresca. En cada generación, el sabor menos cultivado cuenta con el mayor apetito”.    Paul Gauguin.

El diccionario de la RAE define mediocre, en su segunda acepción, relativa a las personas, como aquella que “no tiene un talento especial o no tiene suficiente capacidad para la actividad que realiza.”

Bien, permitidme que primero haga una breve descripción de algunos rasgos que caracterizan habitualmente a los mediocres. Después, procuraré terminar con un mensaje constructivo y que pueda servir de aliento a quien pueda haberse sentido aludido, pues mi intención siempre es meter el dedo en la llaga no para fastidiar, sino para invitar a una sincera autorreflexión que ayude a cada cual a crecer.

En primer lugar, tenemos al “mediocre puro”. Suele tratarse de un individuo carente de ambición, resignado a una gris existencia, cuyas aspiraciones no van mucho más allá de la mera supervivencia. Son aparentemente inofensivos, pero en muchos casos llevan en su interior un poso de resentimiento y envidia hacia quienes puedan demostrar una mínima brillantez, pues se sienten amenazados por todo y todos los que de un modo u otro pudieran trastocar su triste zona de confort, ya que las múltiples inseguridades y el carácter pusilánime les define.

En segundo lugar, el “mediocre tiranuelo”. Se trata de un individuo conocedor de sus limitaciones, pero que no pone su empeño en desarrollarse sanamente como persona y profesional, – dejaría de ser mediocre solo con que esa intención fuera auténtica -, sino que procura medrar a cualquier precio, comúnmente por atajos sembrados de mentiras y pelotilleos, intenta convertirse en imprescindible no por su valía, obviamente, sino porque está dispuestos a venderse y arrastrarse por el fango con tal de alcanzar su meta. Es tenaz y paciente, sabe que no destaca pero que su oportunidad llegará, y el resentimiento no es solo un poso, sino su motor.

El verdadero problema de esta clase de mediocre se da cuando alcanza su meta, su puesto soñado en el que tiene alguna cuota de poder. Ni por asomo se plantea entonces un “renacimiento” integral de su persona, sino que satisfecho por haber logrado su propósito de un modo reptiliano, insiste en su estrategia carente de valores para perpetuarse en su poltrona. Se rodea de acólitos que no puedan hacerle sombra, cuya mediocridad sea mayor y más pura, pues sabe que el puesto le queda grande, y da órdenes muchas veces absurdas e ineficaces, lo cual le obliga a ser despótico, le resulta más fácil hacerse temer que hacerse respetar o admirar, no soporta que se le discuta pues carece de argumentos, aunque siempre encuentra algún “cabeza de turco”, o excusas banales, o la táctica del “y tú también” para no asumir su propia incompetencia. Es un tonto peligroso, al que solo una tragedia personal o una persona a la que ame y respete como nunca antes podrán hacer que se plantee las cosas de otra manera. Difícil, mas no imposible.

 

Como ya he apuntado en el anterior párrafo, el mediocre deja de serlo en el momento en el que reconoce su realidad y se dispone a trabajar con humildad y constancia para poder así crecer en todos los ámbitos de la vida. Porque lo cierto es que cada persona tiene dentro de sí un potencial a explotar, pero habitualmente se queda en el tintero, bien por miedos, por comodidad, o por no tener cerca una persona capaz de ayudar a poner en acto esos talentos, que son los que definirán a la persona que se atreva a dar los pasos necesarios para alcanzar un alto grado de desarrollo.

Nunca hay que cerrar la puerta a nadie, la vida de muchas vueltas, pero sin humildad y ganas de crecer el mediocre lo seguirá siendo, aunque conduzca un superdeportivo gracias a la lotería o a sus negocios sucios, incluida la política o la prensa rosa.

Por el contrario, la persona brillante irradia luz, espera siempre lo máximo de la vida y de los demás, su transparencia agranda su belleza interior, y no es su mayor victoria llegar muy alto o tener mucho capital, sino llegar a lo profundo de los corazones, donde se hallan los tesoros que no pueden comprarse con dinero.

 

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pinterest.es

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El día que te das cuenta que eres HUMANO…

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Si eres de los que lees mis escritos habitualmente, a estas alturas ya te habrás dado cuenta que en cada uno de ellos la menor parte es teoría y la mayor experiencia.

Me resultaría tremendamente difícil e incómodo tratar un tema determinado si lo que me sé muy bien es la teoría pero de práctica nada de nada. Creo que hasta me sentiría un tanto hipócrita.

Dicho esto, hoy me gustaría comenzar con una pequeña pero profunda pregunta, para que reflexiones al respecto, ¿cuándo fue la última vez que te acordaste de ti? Sí, ese día o momento, o vivencia a partir de la cual como PERSONA pasaste a ser la prioridad número uno en tu propia vida.

Reconozco que en 40 años, me ha pasado en más de una ocasión olvidarme de mí, aunque en realidad creo que más o menos nos puede suceder a cualquiera en momentos puntuales, como cuando te vuelcas en algo o estás preocupado por una determinada situación ajena.

Pero lo cierto es que muy recientemente me he dado cuenta de que ¡SOY HUMANA!

Cuando un maravilloso día di el paso de dedicarme a una de mis principales pasiones, LAS PERSONAS, pensaba que todo aquello que se derivase de mi profesión sería una bendición.

Vivo el día a día volcada en poder ayudar a las personas a cumplir metas, sueños, objetivos. A intentar transmitir cosas positivas y mi sonrisa para que se convierta en algo contagioso. Es cierto que soy una persona sanamente ambiciosa, que no me pongo límites, no renuncio a ninguna posibilidad de crecimiento, y si encima éste lo experimento con otra persona o un grupo, ¡mucho mejor!

Realmente me siento muy afortuna por poder realizar algo que amo y por lo que cada mañana me levanto entusiasmada, y que me aporta gran felicidad, que compensa sacrificios y dificultades.

Evidentemente, trabajar con personas, empresas y profesionales, son emociones, situaciones, circunstancias que en algunas ocasiones caminan contigo cada día, y sin darte cuenta pueden llegar a provocar un desapego de uno mismo.

¿A dónde quiero llegar? ¡Que muy recientemente me olvidé de mí pensando que yo podía esperar! Y claro, el cuerpo, que es muy sabio, tras previos avisos me ha terminado por decir “¡Carmen, hasta aquí!” Y es cierto, durante estos días de conversación profunda conmigo misma, emocional pero también racional, sin poder levantarme de la cama ni apenas moverme, he llegado a muchas conclusiones:

  • todos necesitamos nuestros momentos, momentos de estar a solas con uno mismo;

 

  • debemos intentar abrirnos más en cuanto a emociones y pensamientos con las personas que nos rodean y nos quieren;

 

  • debemos atender a los pequeños avisos que el cuerpo nos da, sin forzar en exceso la máquina, pues se termina pagando;

 

  • haz ver que tú también eres importante, y procura que los demás lo entiendan;

 

  • exigirse a uno mismo es bueno en su justa medida, pero no nos pasemos de rosca, y menos aún sin que nadie provoque esa exigencia, pues solo conseguiremos llegar a límites extremos de estrés, agotamiento y frustración;

 

  • de igual modo que debemos priorizar en el ámbito profesional, debemos saber hacerlo también en el personal;

 

  • si nosotros estamos bien, en todos los sentidos, podremos dar mayor calidad de emociones y acompañamiento a los demás;

 

  • debemos pensar que la vida es para vivirla y no para castigarnos por no ser perfectos, ¡vive en paz con tus limitaciones e imperfecciones!

 

No nos olvidemos que somos HUMANOS, con grandes capacidades y potencialidades, pero no omnipotentes ni omniscientes, y desde luego dejemos de pensar que nos hemos de convertir en máquinas. Porque lo que proyectamos en nuestra mente, es lo que llevamos a cabo en nuestra vida.

Vivimos rodeados de compromisos, de obligaciones… Pero difícilmente todo esto lo llevamos a nosotros, a un compromiso firmado y sellado con nosotros mismos de cuidarnos.

Obviamente, cada persona es un mundo, pero quizá varios de los que hoy me estáis leyendo sois de esos a los que les faltan horas en el día para hacer un montón más de cosas. Cuidado, no vaya a ser que muchas de esas cosas ni os correspondan ni os merezcan de verdad la pena.

 

No desatiendas tus quehaceres, pero no olvides que tú eres más importante que dichas labores, y que la felicidad se encuentra en tu interior cuando éste está armonizado con todo lo externo.

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pinterest.es

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Me encuentro perdido, ¡no sé por dónde tirar!

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Artículo publicado por Carmen Prada

“Tu vida no está tan determinada por lo que te trae la vida como por tu actitud ante ello; no tanto por lo que te ocurre como por la forma en que miras lo que te ocurre”. Khalil Gibran.

No sé vosotros, pero yo me estoy encontrando gente a mi alrededor que no halla su lugar. ¿Lugar? Sí, grandes profesionales que ha llegado un momento en sus vidas en que se sienten perdidos, desubicados, desorientados… No encuentran esa luz que en muchas ocasiones buscamos al final del túnel.

Humildemente pienso que existen varias razones para que esto pueda llegar a sucedernos:

  • hay algo evidente, y es que la crisis no está ayudando. La cantidad y calidad de la oferta laboral está a años luz de lo deseado.

 

  • Obcecarnos en esa profesión a la que hemos dedicado media vida y no salir de esa “habitación” nos limita mucho.

 

  • La situación económica dentro de los hogares nos condiciona en algunos casos para dar ese salto en que llevamos tiempo pensando, pero las circunstancias no acompañan.

 

  • La edad, la dichosa edad, pues depende en la franja en la que te encuentres que quizá no sabes muy bien en tierra de quién estás, o ni siquiera si tienes tierra firme. Si uno se encuentra entre los 35-55 años, da la sensación que todo lo que tiene que ver con las alternativas laborales e incluso cursos, está diseñado para antes o después de esas edades.
  • Las emociones en cada uno de nosotros están a flor de piel. Miramos a nuestro alrededor y vemos nuestro entorno, y acabamos viendo a través de unas lentillas de un color poco aconsejable, y nos cuesta quitárnoslas.

Podría seguir y seguir, pero estoy segura que mientras estáis leyendo, a vosotros mismos os están viniendo a la cabeza limitaciones, miedos, incluso personas que provocan esta desorientación.

Tenemos que tener siempre claras tres cosas en esta vida, y si por un momento nos distraemos, pongámonos enseguida en su búsqueda:

  • de dónde venimos. Cuál ha sido nuestro camino hasta el día de hoy.

 

  • En qué momento nos encontramos. Busquemos dentro de nosotros, y aunque en ocasiones hurgar duele, hagamos ese ejercicio. Busquemos el momento y el lugar, y si no lo conseguimos, debemos seguir haciéndolo hasta encontrarnos. ¡Es clave!

 

  • Y hacia qué o dónde nos queremos dirigir. ¡Cuál es el camino que debemos recorrer hasta lograr esa meta en la que estamos pensando desde hace tiempo!

Muchas de las personas que conozco se siguen reciclando, han comenzado a cursar másters, talleres, cursos… ¡Se siguen cultivando, eso es magnífico! Pero quiero dejar unas preguntas en el aire, ¿toda esta formación os hace el camino que queréis recorrer un poquito más sencillo? ¿Ese es el motivo?

¿Tendremos más oportunidades cuanto más preparados estemos en diferentes frentes, para todo lo que se tercie laboralmente?

Quizá esta diversidad de formación que vamos acumulando en diferentes materias dispares, sea una válvula de escape para utilizar esa famosa frase de “por si acaso…”, sin darnos cuenta que puede ser que estemos perdiendo de vista dos de los puntos clave que siempre debemos tener presentes y anteriormente nombraba:

  • en qué punto nos encontramos.
  • Y hacia dónde nos dirigimos.

Es cuando llegado este punto nos preguntamos, ¿pero qué estoy haciendo? ¿Todo esto tiene sentido? Y se escucha esa frase a la que tanto se recurre, “tanto me he preparado y nada de nada”.

 

¡Debes tener claro tu objetivo! No sigas dando palos de ciego, la formación es muy importante, pero cuando uno llega a este punto, en algún momento aparece un estado de frustración, fruto de lo que mucho que hemos sembrado –cabe la posibilidad que equivocadamente- y lo escaso que estamos recogiendo.

Tampoco debemos pecar en querer abarcar a la vez actividades de distinta índole. Al final lo que conseguiremos es dispersarnos y tener la sensación de no estar haciendo nada. Simplemente estamos lanzando varias flechas en sentidos diferentes. Ya sabéis, el que mucho abarca, poco aprieta, como dice el sabio refranero.

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Con todo lo anteriormente mencionado lo único que quiero transmitir es que debemos fomentar la confianza en nosotros mismos, creer en nuestras posibilidades, ser capaces de marcar la diferencia entre los demás, y eso nos lo aporta nuestra propia marca personal, tener claro el horizonte hacia el que nos queremos dirigir, ser conscientes de que no se ganó Zamora en una hora, hemos de mostrar nuestra valía y experiencia como si llevásemos esos galones colgados de la solapa de la chaqueta, sin pudor ni vergüenza a enseñarlos.

Tenemos mucho que aportar al mundo laboral, y por encima de todo, hemos de intentar disfrutar de este recorrido, dejando de sufrir por el que hasta ahora estábamos recorriendo.

¡Fuera frases negativas!:

  • ya no puedo más…
  • No veo ninguna solución…
  • Me dan ganas de tirar la toalla…
  • Me siento un inútil…
  • A esta edad todo se complica…

 

Estas sí son frases que cada mañana, cuando pongas el primer pie fuera de la cama y te dirijas al baño, debes ver en el espejo en el que te reflejas:

  • ¡hoy puede ser ese día que llevo tiempo esperando!
  • ¡Voy a demostrar lo que valgo, porque sé que es mucho!
  • ¡Ayer ya pasó, hoy se van a presentar más oportunidades!
  • ¡En ganas, ilusión y sacrificio no me va a ganar nadie!
  • ¡La palabra derrota no está en mi diccionario!
  • ¡Voy a salir a buscar esa oportunidad que sé existe para mí!

Cree en ti mismo, porque si lo haces los demás también lo harán. No les darás opción a dudar de ti si transmites fuerza, coraje y autoconfianza.

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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¿Quieres ser feliz o políticamente correcto?

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Artículo publicado por Carmen Prada

Pues sí, una buena pregunta para comenzar. Y a la que doy personalmente respuesta, quiero ser yo y a la vez feliz.

Os estaréis preguntado, ¿pero qué significa esto? Para dar respuestas a preguntas, no hay nada más veraz que responder a base de las experiencias vividas y experimentadas.

El pasado 19 de octubre se celebró en Alcalá de Henares, organizado por Alcalá Desarrollo y de la mano de La Nueva Ruta del Empleo, un evento  repleto de profesionales de distintas partes de España, entre ellos servidora, que tenía por objetivo tratar los temas de Desarrollo Profesional y Personal, el Empleo, y cómo no, el Emprendimiento. Podéis imaginar que me sentía en mi salsa.

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Aprovecho para felicitar a la organización porque el trabajo de fondo fue inmenso. ¡Enhorabuena!

Cuando me invitaron a participar en el evento y el tema qué trataría, “qué tener en cuenta antes de emprender…”, y me comentaron, “Carmen, vamos a hacer algo diferente, vamos a olvidarnos de las ponencias tradicionales”, reconozco que me dio un subidón.

¿Y por qué no? ¿Por qué hacer siempre lo que está considerado políticamente correcto sin pensar en qué quizá esto último no llega a lo más profundo de las personas porque quizá no vean una base real que sustente una charla determinada?

A veces alguien te habla sobre temas de los anteriormente mencionados o cualquier otro de diferente índole, y uno puede llegar a percibir que es teoría todo lo que nos muestran, sin estar avalado por experiencias en sus propias carnes. Parecen palabras vacías, sin fondo, ¡ya que quizá necesitamos más realidades palpables, ejemplos concretos!

También es cierto que en estos tiempos tenemos multitud de temarios, manuales, canales de YouTube… Y hasta amigos y familiares que se atreven a decirnos qué pautas debemos seguir, pero también a desmoralizarnos con el tema del emprendimiento. Parece que hoy en día, ¡todos sabemos de todo!

Tuve claro desde un inicio cómo se iba a desarrollar mi ponencia, ¡fuera teoría!, ¡no más manuales!, ¡adiós a las frases hechas! Y así fue, hablé sencillamente de mi propia experiencia.

La canción, “Oye, abre tus ojos” del cantante Chayanne, abrió mi intervención, y ya desde el minuto 1 las personas que llenaban la sala y a las que agradezco inmensamente su presencia, creo se dieron cuenta que lo políticamente correcto no iba a tener cabida…

Los pilares sobre los que la basé fueron sustentados por los pasos que yo misma seguí en mi desarrollo profesional hasta el día de hoy, para de este modo emprender sin tirarme a una piscina vacía.

1º.- ¿Tienes una idea clara de lo que deseas hacer y la experiencia necesaria para liderar tu propio proyecto?

2º.- Habla mucho contigo mismo, debes conocerte. A veces este ejercicio es doloroso, ya que nos encontramos con cosas que nos duelen, pero es a éstas a las que hay que hacer frente. El autoconocimiento es VITAL.

3º.- Ve trabajando tu Marca Personal, mediante un blog, las distintas Redes Sociales, acudir a eventos, practicar Netwórking…

4º.- Eso sí, si estás trabajando para el proyecto de otra persona, debes tener claro que tu esfuerzo y sacrificio se deben duplicar, ya que no debes abandonar éste, el punto anterior debe ir a la par con el desempeño de tus funciones en el trabajo que estés desarrollando en estos momentos.

5º.- Rodearse de personas no tóxicas es muy importante. Intenta que en este camino tus acompañantes confíen en tus posibilidades y transmitan positividad.

6º.- Ve sembrando, has de tener paciencia y ser consciente de que el recorrido no va a ser cómodo.

7º.- Marca la diferencia en algo, pero márcala desde el minuto 1. Tu idea apasionará más.

8º.- La ambición es fundamental, debes estar dispuesto a salir de tu zona de confort y ser consciente de que no debes ponerte límites, ni que nadie lo haga.

.- Cuando te sientas preparado para dar el salto, hazlo, pero intenta minimizar gastos. Puedes compartir oficina, gastos. Dependiendo de la actividad puedes comenzar desde casa. Adquiere lo básico y necesario para comenzar, evita lo superfluo o secundario. Prioriza en tus inversiones…

10º.- Si has seguido estos pasos y te han resultado, ¡enhorabuena, porque estarás liderando tu SUEÑO! ¡Habrás conseguido tus Metas! Que no te frene el miedo a las caídas, si las superas con determinación encontrarás muchas recompensas. Y es que la piscina ya tenía un poco de agua…

Estos has sido los pasos que yo he seguido y mi proyecto está en marcha. No me pongo límites, soy ambiciosa y me apasiona lo que hago. Tanto, que no quiero ser políticamente correcta, deseo ser feliz y hacer feliz a los demás.

Ah, mi ponencia no pudo tener un broche final más idóneo, volvió a sonar otra canción, y en este caso la elegida fue “Color esperanza” de Diego Torres. Esa con la que comienzo y finalizo mi programa de radio los miércoles de 18 a 19 en www.radiocima.com. El título del programa no podía ser otro, “Actívate con Carmen Prada”.

Después de todo esto, ¿quieres saber cómo terminó mi ponencia? Todos bailando y cantando y con alguna lagrimilla de emoción. Y es que las emociones mueven el mundo…

 

Un pequeño tesoro para siempre…

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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