Esos golpes me hacen más fuerte

 

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

La única forma de no despertar envidia es no destacando. Si quieres destacar, acostúmbrate a ella.

¿Qué provocan los celos y la envidia en el mundo laboral? Un estrés derivado de la competitividad insana, habitual en el ámbito profesional.

El celoso o envidioso es un perdedor nato, con falta de personalidad y valores, sabe de antemano que tiene la batalla perdida y, ¿esto qué provoca? Un desagradable sentimiento de frustración y carencia.

Hace escasos días me vi envuelta en algo así, ¿por qué lo quiero compartir con vosotros? Sencillamente para mostraros mi actitud, no digo que sea la más correcta, pero os hablo de mis emociones en ese mismo momento y en mi reacción posterior al hecho.

Alguien escondido cobardemente tras un perfil falso en la Red Social más conocida y popular, me difamó y calumnió gravemente con respecto a mi desempeño profesional, publicando las mismas infames acusaciones en varias de las publicaciones que tengo en mi perfil profesional. Inconvenientes que tienen las Redes Sociales y a los que una sabe que está expuesta…

Hace escasamente poco más de un mes he comenzado mi propio proyecto, volcada totalmente en mi pasión, las PERSONAS. Trabajando con las empresas y profesionales la formación, el liderazgo, la resolución de conflictos, técnicas de ventas, gestión de equipos, selección de personal… Pero también con las PERSONAS que están en búsqueda activa de empleo. Desde que comencé, he sido consciente de que el camino no sería fácil, pero en esta vida apuestas por todo o eres perdedor. Esta última opción jamás la he barajado.

Mi ciudad, Ponferrada, es pequeña, y con un poco de ruido que hagas, ¡saltan todas las alarmas! ¿Dónde? En aquellos que viven en una inseguridad y miedo permanentes.

Reconozco que cuando vi tales difamaciones, no daba crédito. Lo cierto es que mi incredulidad alcanzaba tal punto que no era capaz de concebir que alguien pudiese hacer algo así.

Mis sentimientos fueron de tristeza, decepción, rabia, impotencia…, pero a medida que las horas iban pasando y me di un tiempo para reflexionar, me dije, ¡no has de temer nada, Carmen, si confías en ti plenamente! ¡Crees en lo que haces! ¡Vives por y para las personas!

Llegaron a mi mente frases como “si eres envidiada no tienes la culpa, será que las cosas las estás haciendo bien y eso escuece”.

Podría haber eliminado esos dañinos comentarios y ya estaba, pero después de reflexionar y con la mente fría, me dije: “lo vas a hacer público, que sean las personas que realmente te conocen personal y profesionalmente las que hablen por ti”. ¡Y así lo hice!

Solo tengo palabras de agradecimiento a los cientos de personas que de un modo u otro me apoyaron, me hicieron sentirme arropada, me valoraron y algunos de ellos con gran contundencia denunciaron tales hechos. Esta emoción no la puedo describir con palabras, pero no faltaron las lágrimas y en abundancia…

¿Cómo reaccioné a tal indignante hecho? Creciéndome, convirtiendo este acontecimiento tan desagradable en una gran oportunidad, levantándome y con elegancia, no dando opción al desánimo ni al abandono. Sé que sin duda la clave está en que creo plenamente en mí y en mi honestidad.

Me queda mucho camino que recorrer, pero mientras lo estoy realizando, no dejo de potenciar la autoestima, además de confiar en mis capacidades.

De este hecho he sacado muchas conclusiones, que te deseen mal y te intenten dañar no es culpa de uno, no está de nuestra mano, sino es responsabilidad únicamente de la otra persona. Con lo que si vas por la vida de frente, con honestidad, honradez, fiel a unos determinados valores…, no debes sentirte culpable por las carencias demostradas por otras personas.

No sé si con esta experiencia personal voy a poder ayudar a alguien a cómo afrontar estos reveses de la vida. Aun así, me gustaría dirigirme a dos tipos de personas:

 

  • si sientes celos o envidia, me atrevo a decirte que esos sentimientos no harán nada bueno de ti, salvo hacerte sentir más mezquino, vivir aún más estresado y a disgusto con la vida.

 

  • Si tú eres la víctima, no te sientas mal. No tienes la culpa de hacer las cosas bien.

 

 

Aprovecha los golpes para convertirlos en oportunidades. De esa forma, los que quieren hundirte verán cómo sus canalladas no hacen más que servirte de impulso.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Un pedacito de todos nosotros

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Por Carmen Prada

 

Me gustaría compartir en el día de hoy un sentimiento, una emoción que quizá en algún momento para muchos de vosotros haya sido al mismo tiempo un pesar.

Cada vez estoy más segura de que “uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde”. ¡Es cierto! Y en ocasiones, hay pérdidas que no volveremos a recuperar, al menos en mucho tiempo.

Y os estaréis preguntando, “¿pero todo esto a que viene, Carmen?”

En mi zona, la comarca del Bierzo, disfrutamos gracias a Dios de bienes tan preciados como la cultura gastronómica y enológica, histórica y monumental, y cómo no, de unos parajes y paisajes que son nuestro orgullo. Los amantes de la naturaleza, tanto turistas como cualquier persona que desee respirar aire puro, pueden disfrutar y perderse en nuestro paraíso poblado de numerosa y variada flora y fauna.

Hoy os quiero presentar uno del que durante años y años hemos gozado y disfrutado, El Valle del Silencio. ¿Cómo describirlo para que podáis sentir su frescura?

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Imagen de Javier Martínez Ponte – Antes

“Un río de cristalinas aguas serpentea a lo largo de un valle angosto, sinuoso y de fuertes pendientes, y deja paso a un paisaje perfecto para el viajero sin prisas, donde disfrutar de la tranquilidad y la naturaleza.

El paraje de Tebaida Berciana es un lugar de ermitaños. Fructuoso y Genadio son sus primeras señas de identidad y quienes fundaron monasterios en Compludo, San Pedro de Montes o Santiago de Peñalba, lugares repoblados espiritualmente durante los siguientes siglos. El Valle del Silencio guarda la magia del bosque, de sus pueblos y de una cultura que permanece en la memoria.

En esta ruta se pueden visitar: la Cueva de San Genadio, el Monasterio de San Pedro de Montes, la Ermita de Santa Cruz, el Monasterio Iglesia de Santiago de Peñalba y la Herrería de Compludo”.

¿Por qué todo esto? Porque a primera hora de este pasado miércoles, se inició un pavoroso y dramático incendio en nuestro Valle del Silencio, donde miles de hectáreas han sido arrasadas dejando una imagen de desolación donde poco antes había un secular vergel.

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Javier Martínez Ponte – Ahora

Desolados estamos todos los bercianos que por él llevamos días llorando. Son lágrimas de impotencia, de rabia, de incomprensión… ¿Incomprensión? ¡Sin duda!

Incomprensión por no entender cómo hay personas capaces de estar tan vacías en su interior para llegar a provocar catástrofes tan crueles como ésta. Se me ocurren muchos calificativos, pero no los voy a utilizar. Los que realmente amamos nuestra tierra, con sus riquezas, pero también con sus pobrezas, no debemos permitir que personas que además de tener el interior negro, sucio e insípido, nos quiten a la gente de bien las ganas y el orgullo de defender y cuidar lo que hemos heredado de generaciones pasadas, para podérselo entregar del mejor modo a las futuras.

También es cierto que la autocrítica en estos momentos no está de más… No se actúa hasta que algo así llega. No se toman las medidas necesarias para cuidar lo que presumimos tener, y yo me pregunto, ¿y ahora qué lugar ocupará nuestro Valle cuando se nos llenaba la boca hablando lejos del Bierzo de él?

Para todos los que amamos el Bierzo, no solo el Valle del Silencio está de luto, nosotros como bercianos también…

Seguro que muchos de los que estáis leyendo estas palabras que salen de lo más profundo de mi ser, habéis lamentado sucesos similares en vuestra tierra, pues se trata de una lacra muy extendida. Una mayor concienciación medioambiental desde la escuela, junto con una menor tolerancia a comportamientos irresponsables que frecuentemente se dan en determinados ámbitos, no solo en el rural, son carencias sociales que necesitan ser impulsadas y gestionadas convenientemente por el poder público, pero también por la conciencia personal de cada ciudadano.

La unión de las personas, la responsabilidad firmada por determinados cargos de la administración, y sin duda una dura condena a comportamientos incomprensibles y repugnantes, han de ser  la base del trabajo por el bien común y la riqueza – en cualquier sentido – de nuestro país.

Hoy siento tristeza e indignación, pero no nos rindamos nunca. La naturaleza volverá a florecer, estemos siempre de parte de la vida. También eso es vivir confiadamente el Tiempo Pascual.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Google

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¿Te consideras aprendiz o empresario?

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Peter Drucker, reconocido investigador, autor de diversos libros sobre administración, indica que el empresario no posee características especiales, y, en sí, estas no son necesarias; dice que él personalmente ha sido testigo de cientos de casos en los cuales personas comunes se han desenvuelto de muy buena forma como empresarios.

Según se encuentra el mercado laboral, la precariedad del mismo y las pocas alternativas que se presentan, los emprendedores salen hasta de debajo de las piedras.

También es cierto que hay un dato significativo, son más el número de empresas y negocios que cierran, que los que comienzan su andadura. ¿Alguna vez os habéis preguntado el porqué? ¿Cuál puede ser el motivo? ¡Yo sí lo he hecho!

Es cierta y acertada en mi humilde opinión la cita de Peter Ducker, “empresario puede ser cualquiera”, no se necesitan unas capacidades extraordinarias para ello, pero lo que sí me cuestiono es, ¿el poseer ciertas capacidades puede condicionar el camino al éxito o al fracaso de la empresa? ¡Sin duda creo que sí!

En muchas ocasiones, conversando con personas con las que quizá no tenga un contacto tan directo o recién acabo de conocer, surge la siguiente pregunta: “¿y tú a qué te dedicas?” La respuesta es instantánea, “empresario”.

¿Realmente existe esa vocación empresarial?

Creo humildemente que sí, y además es algo que se huele, se siente, se palpa, es como una vena que no le sale a todas las personas. He conocido a muchos de los que se denominan “empresarios”, pero con esa vena pocos.

Hace escasos días encontré por casualidad un post que muestro a continuación y que para mí tiene mucho significado.

El ser empresario no lo otorga un título, ni es algo que compres. Es una arriesgada y apasionante decisión, pero a la hora de la verdad no todos valen para esta faena. Tengo muy claro que esta figura debe tener unos rasgos que no muchos poseen.

Puede ser que muchos de vosotros os hayáis encontrado con esta respuesta, “de profesión, empresario”, o incluso os estéis planteando emprender. Si os encontráis en cualquiera de los dos casos anteriores, os invito a que planteéis u os planteéis las siguientes cuestiones:

  • ¿Posees una gran capacidad para dirigir?

La mayor parte de la responsabilidad de alcanzar los objetivos marcados sin duda es tuya como empresario. Eres la persona que tiene la última palabra en las decisiones, y para ello tienes que saber marcar el camino a seguir. Debes tener el potencial necesario para sacar a flote las habilidades del personal que tú mismo has elegido para que te acompañe en tu andadura.

Nada puedes dejar al azar, debes tener un plan, no ir a salto de mata.

  • Este es tu objetivo, ¿pero sabes cuál es tu meta?

¡La pregunta del millón! Dejemos a un lado los objetivos mensuales, trimestrales, por empleado… No, estamos hablando del camino a seguir para alcanzar tu meta. No te puedes permitir dar palos de ciego. Tan claro la tienes que tener que debes hacérsela llegar con la mayor transparencia posible a las personas que están a tu alrededor. Debes llegar a seducirlas con tu idea, ya que si tú no lo tienes claro, los objetivos estarán difusos, y será complicado que los balances sean satisfactorios, y el riesgo será mayor de que el proyecto no tenga éxito ni continuidad en el tiempo. Y no solo tú pagarás las consecuencias. ¡No hagas víctima a los demás de tus errores!

  • ¿Estás dispuesto a asumir riesgos?

Debes saber asumir riesgos para crecer, pero antes de ello debes ser consciente de los pros y contras de cada disyuntiva, y mantener los pies en el suelo y la cabeza sobre los hombros… Esto último es muy importante, no te busques problemas, no se los busques a otros.

  • ¿Posees capacidad de decisión?

Eres la persona que más decisiones vas a tomar en tu organización. Como cualquier otra persona, unas veces acertarás y otras errarás. No caigas en el error de “echar balones fuera” cuando cometas un error. Es lo más recurrente y lo más sencillo a corto plazo, pero a medio o largo, estarás a la deriva y solo.

  • ¿Tienes esa vena y carisma entonces?

Solo ese empresario del que hablo, sí, ese que tiene vena y carisma es capaz de sacar de los que tiene alrededor lo mejor de cada uno.

Potencia a los subordinados, dedica el conveniente tiempo y dinero a su continua formación y a la tuya propia, debes saber delegar en ellos, haciendo que se sientan importantes y respetados como personas, ayuda a obtener la mejor implicación del conjunto de la plantilla. Se echa en falta dentro de las empresas ciertas palabras como “gracias”, “disculpa”, “de nada”, “buenos días”, “enhorabuena”, “gran esfuerzo”, “magnífico”, “te lo agradezco”… ¡Empieza tú a marcar la diferencia!

Eso sí, se escuchan más a menudo “que no vuelva a suceder”, “un grave error”, “que sea la última vez”, “esto es un ultimátum”… No llegues a utilizar el autoritarismo, si no piensa que en algo estás fallando.

Una cosa importante, ¡los errores y fallos, se corrigen en privado!

Nunca olvidemos que trabajamos con PERSONAS, personas con vidas, con necesidades, inquietudes, historias… No eres nada sin ellas. Tu organización la compone un grupo humano, del cual te guste o no dependes. No arrastres, no humilles, no arañes, no dañes, no prives de libertad y mucho menos juegues con el pan de nadie.

También quiero recordar que abusar de la necesidad de otros, empequeñece… Tú como empresario no serías nada sin los trabajadores, solo tendrías una idea. Para alcanzar esa meta necesitas de los demás. Los trabajadores deben tener claro su papel, pero no caigas en la tentación de la vanidad, llegando a pronunciar “sin mí, no serías nada…”

 

Fomentemos los valores humanos, las sanas relaciones entre
personas dentro de las empresas, para que todos se sientan
implicados en un proyecto común y orgullosos del mismo. En
un equipo es importante que haya un buen capitán y líder, pero
todos han de sentirse útiles, respetados y reconocidos, pues los
éxitos dependen de la suma eficiente de todos. Quien está a la
cabeza, ha de mantener siempre la humildad, y servir a los
demás como ejemplo profesional y personal.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com y Google

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El silencio del buen amigo

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Por Carmen Prada

 

“Un amigo es alguien con quien se puede no hacer nada y disfrutar de ello”. Anónimo.

 

No, no me he vuelto loca.  Hace pocos días, estuve hablando con unos amigos acerca de este tema, y al yo referirme a la cita con la que empieza el post, y que comparto totalmente,  se extrañaron. “¿Cómo puede ser posible eso, Carmen?”

Tengo claro que habrá opiniones de todos los tipos, pero para mí la amistad es una de las cosas más valiosas y a la vez gratuitas que la vida te puede regalar.

La amistad no es incompatible ni con la pareja ni con la familia, y tampoco debería serlo entre sí, es decir, unos amigos pueden conocer a otros a través de ti, y eso puede enriquecer a todas las partes. En el amor soy 100% monógama, pero en la amistad no hay que pretender ser monopolizador ni absorbente, pues la genuina amistad respeta la libertad y no busca satisfacer el ego siendo el centro de atención de los demás.

A menudo comparo la amistad con el amor, pues hay amistades que lo son a primera vista, otras ves que nunca llegarán a terminar de cuajar, otras relaciones a las que les cuesta madurar, pero que a base de adversidades y buenos momentos se hacen eternas. De todos modos, cuando alguien me dice que la verdadera amistad es la que lleva años de recorrido, perdonadme que dude que a la amistad haya que ponerle unos límites de tiempo para denominarla o no como tal.

Algunos ingredientes que ha de tener: confianza, confidencialidad, alegrías, lágrimas, lealtad, música…, pero también silencio.

Cuando me refiero al silencio, lo hago porque hay momentos en los que las palabras o los gestos sobran, lo más importante es el saber estar ahí. Es más, puede que incluso en ese preciso momento no tengamos a esa persona a nuestro lado, pero solo con saber que está, que existe, nos sentimos más tranquilos.

Claro que hay momentos para disfrutar de la amistad de diferentes modos, y quizás se esté abusando de la palabra en cuestión, tal vez haya en muchas personas una gran necesidad por mostrar emociones. Curiosamente, aunque las distancias se acorten en nuestros días gracias a los avances tecnológicos, la sensación de soledad en muchas personas aumenta, y enseguida, habitualmente de forma precipitada, se pasa de decir “conocido” a amigo.

No voy a ser yo la que juzgue esta necesidad, pero sí creo que otorgar o no esa etiqueta depende de cada uno de nosotros.

Hay amistades que son largas en el tiempo, que existe una distancia geográfica, pero que cuando una vez cada mucho escuchas su voz por teléfono, es como si el tiempo se hubiese parado y todo siguiese en el mismo punto. ¡Es eterna, es incondicional!

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También existe esa en la que solo necesitas su compañía mientras te desahogas con el llanto. Aunque las lágrimas recorran tus mejillas, puedes decir que eres afortunada, pues alguien importante y a quien necesitas en ese momento está a tu lado.

Podría poner más ejemplos, pero creo que son suficientes para explicar mi idea de lo que realmente es disfrutar y sentirse bien sin hacer nada cuando un amigo está a tu lado.

¡No hace falta hacer nada extraordinario para seguir disfrutando de la verdadera amistad!

No permitas que nada ni nadie te aleje de ese amigo que de un modo u otro, cada uno a su manera, te acompaña.

Tampoco te dejes condicionar por tu situación personal de pareja, por el sexo de la persona con la que tengas esa amistad, ya que ésta no entiende ni de celos ni de prejuicios.

El mejor amigo que he tenido y tengo es el hombre que es mi esposo. Y siempre, antes y después de casarnos, ha respetado con total confianza y naturalidad que pueda tener amistad con otras personas de ambos sexos.

Siempre hay alguien dispuesto para salir por la noche, tomarse unas cañas o irse de cena… Te hago una pregunta, ¿esos son los que te acompañan cuando las fuerzas fallan y necesitas hablar? Porque si es así, ¡tienes un tesoro! Si simplemente están para lo primero, dale más valor a eso que se llama AMISTAD, y no se lo llames a cualquier cosa.

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Cuando un amigo se va

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Por Carmen Prada

El 24 de octubre de 2016 escribí mi post mensual en La Nueva Ruta del Empleo, no sé si como desahogo y ejercicio de esperanza ante una situación que para mí estaba siendo muy dura de asimilar. El texto era el siguiente:

“Hoy os quiero hablar de un gran amigo al que quiero muchísimo, el cual siempre me ha dicho, `Carmen, si uno trabaja únicamente por dinero en esta vida, nada le quedará cuando ya no pueda seguir haciéndolo. El dinero no sirve para mucho, ya que la pasión por lo que uno hace, el dinero no la paga´.

Prefiero no decir aquí su nombre, y lo entenderéis cuando sigáis leyendo, pues considero adecuado preservar su intimidad. Es una persona que desempeña con mucha profesionalidad y honradez sus trabajos, y digo en plural, porque además de tener su propia asesoría desde hace años, es profesor en un centro de Formación Profesional. Es la persona con mayor nobleza y entrega que conozco. Os sorprenderá, pero ¡ya podría estar jubilado! Pero ha entregado su vida a lo que hace, llegándome a confesar muchas veces que “qué haría yo sin poder hacer lo que me gusta, Carmen”.

He compartido largos cafés con él, conversaciones profundas, de fe, de política, de la vida, de la familia, de los dichosos impuestos… Yo me pasaría horas y horas con él charlando. Siempre he tenido presente una frase que a menudo pronuncia en nuestros encuentros, “el dinero solo me serviría por si un día enfermase, y aun así…”. Y es cierto, al dinero siempre lo ha tratado como al mayor traidor del hombre.

No olvidaré el momento en el que me regaló la mayor lección de vida y valentía.

Fue a principios del mes de abril, cuando sonó mi teléfono y vi su nombre en la pantalla. Pensé, ¡toca café y tertulia! Pues la realidad fue otra, y ésta se distanciaba infinitamente de mi deseo. Él llevaba una temporada con unos dolores muy fuertes en la espalda y estaba en medio de pruebas médicas. Desde el otro lado del teléfono me dice, “Carmen, ¿recuerdas que me tenían que dar los resultados de las pruebas pendientes? Pues ya me los han comunicado, tengo cáncer”.

 

Os tengo que confesar que de repente mi rostro se inundó de lágrimas (como en este mismo momento me está sucediendo al escribirlo y recordarlo), al escucharlo noté que la voz me fallaba. Dejé que siguiese hablando, y con total serenidad y calma me dijo, “no te preocupes, la vida es así, Carmen, yo estoy en paz y preparado para lo que tenga que ser. Si todo va bien esto solo será un contratiempo, y si no, no pasa nada, tú sabes que aquí solo estamos de paso”. A través del teléfono además de transmitir lo que me estaba confesando con toda serenidad, le pude intuir una sonrisa y continuó diciéndome, “¡ves, cuántas veces te dije que para qué valía el dinero!, ¿te acuerdas?”

No fue fácil para mí reaccionar con serenidad y calma, pero cuando escuché el modo con el que me transmitía lo que le estaba sucediendo, me dije que nunca podría pagarle (y no hablo de dinero), todos los valores que siempre me ha transmitido, como son humildad, sensatez, valentía, pasión por lo que hace y una inmensa entrega a los demás.

Después de acudir todas las semanas a una clínica fuera de nuestra provincia a recibir sesiones de quimioterapia, en ocasiones muy esporádicas ya que apenas tenía fuerza física, quedábamos a tomar un café. Y no olvidaré el último hasta hoy, ya que hace 3 meses que no puedo hablar con él ya que está ingresado en la clínica, bastante grave por la dichosa enfermedad.

Sentados en una terraza me dijo, “me he pasado toda mi vida entregado a los demás, estoy en un momento que en ocasiones me viene a la cabeza el pensar qué habría pasado si me hubiese querido y pensado más en mí. No sé si el dinero me salvará la vida, pero si no puede ser, estoy preparado para lo que tenga que suceder. La vida es muy corta, pasa demasiado deprisa, he tenido la gran suerte de disfrutar siempre de lo que he hecho. Y si me tengo que ir, Carmen, me gustaría irme pensando que a través de esa pasión he ayudado a personas.” Después de escucharle y con la voz temblorosa le dije, (su nombre), a mí me has ayudado mucho, y puedo decir algo de lo que últimamente no es fácil presumir, y es que tengo al mejor amigo que se puede tener y jamás me has fallado. Solo espero que te haya podido devolver una mínima parte de todo lo que tú me has regalado.

 

Ruter@s, hace tres meses para mí larguísimos que no lo veo. Hablo con su familia y me van informando, pero si hoy os estoy hablando de él es porque la sabiduría que tiene de la vida le ha terminado dando la razón.

El dinero lo necesitamos, todos queremos y necesitamos cubrir nuestras necesidades y aspiramos a una calidad de vida, no solo a sobrevivir a duras penas, que es la situación de mucha gente, por desgracia, pero os invito a reflexionar seriamente si no le damos a veces más importancia de la que realmente tiene.

¿Realmente crees que acumular riquezas garantiza la felicidad?

¿Las verdaderas amistades surgen o se compran con dinero?

¿Desaparecerían de tu vida todos los problemas?

¿Teniendo mucho dinero te daría igual cuidar o no tu desarrollo personal y profesional?

Quizá la pasión con la que desempeño todo aquello que llevo a cabo, el mirar a los ojos a las personas sin esquivarlas, el dar sin pensar en cuándo recibiré, el intentar por lo menos arrancar una sonrisa en un momento delicado, y sobre todo ir por la vida teniendo claro que a mí la felicidad me la aportan pequeños momentos, como esos cafés con mi amigo, son las cosas que me hacen sentir viva.

Ojalá pronto lo pueda volver a ver, y que me pueda decir que “el dinero me ayudó a hacer frente a una enfermedad y gracias a él la pude superar, pero lo que me mantuvo vivo, ¡fueron las ganas de vivir!”

 

Dicen que quien tiene un amigo tiene un tesoro, y podéis creerme que conocerlo ha sido uno de los mayores regalos que la vida me ha dado, espero y rezo de corazón por su pronta mejoría, pues mi amigo es una persona de la que se aprende cada día en el terreno profesional y personal, y aún tiene mucho bien que hacer en este mundo, si Dios quiere.”

 

 

Como arriba he señalado, esto fue publicado en octubre. Pues bien, el pasado 21 de diciembre de 2016 me despertaron con la dolorosísima noticia de que en la noche había finalizado su existencia terrena. Fueron días realmente duros e intensos, y en su multitudinario funeral quedó de relieve el mucho bien que hizo por tanta gente. En estas situaciones, las lágrimas brotan no solo de tristeza, sino también por la impotencia de no encontrar la forma de expresar el agradecimiento hacia la persona fallecida.

Nuestros cafés, tertulias y confesiones no volverán, pero siempre me sentiré una privilegiada por haber podido contar con su generosa amistad, su ejemplo y sabiduría de vida.

Él se fue en paz, y me consta que el legado que ha dejado en todos los que lo conocimos perdurará mientras vivamos cada uno de nosotros.

Solo puedo decirte, querido amigo, GRACIAS POR SER UN ÁNGEL EN MI VIDA, EN MÍ TU RECUERDO SIGUE VIVO, Y ESPERO VOLVER A ENCONTRARTE EN LA ETERNIDAD.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen de Pixabay

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¿Quieres empleados o personas productivas?

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

 

“El dinero mueve al dinero, para todo lo demás se necesita mucho más”. Carmen Prada.

 

Sí, otra frase de esas mías. No quedarán para la historia, pero en ocasiones veo que son utilizadas por otros contactos y con eso me doy por más que satisfecha. Y es que hace poco, alguien me dijo que “granito a granito de arena se construye una playa…” Estoy totalmente de acuerdo con esta última frase.

A partir de ahora entenderéis la frase con la que comienzo el post. Si alguno se ha incorporado recientemente o no me sigue con frecuencia, he de decirle que una de mis pasiones es el fútbol. Y es curioso, pero en él encuentro muchos ejemplos o paralelismos con temas como el liderazgo, gestión de equipos, resolución de conflictos… Pero sin duda, también veo y existen en ese mundillo las figuras de empresario y trabajador.

No os voy a hablar de fútbol, no os preocupéis. A muchos de vosotros no os tiene que interesar, y mucho menos gustar, pero ahora entenderéis a que me refiero.

La creciente profesionalización del deporte rey ha hecho que hoy en día casi todos los clubes de fútbol profesionales hayan pasado a ser sociedades anónimas deportivas, S.A.D., lo que significa que ya no son de los socios, como antaño, sino de accionistas particulares, vinculados o no a la afición, y al ser simple y llanamente empresas, son comprados, vendidos y gestionados como tales, al margen del romanticismo de los hinchas que durante décadas han acompañado, con sus alegrías y sus penas, al equipo de su corazón.

Habitualmente, cuando una de estas empresas sufre serios problemas económicos, y su futuro es negro y aparentemente inviable, surge de la nada un empresario que cargado de euros o últimamente de petrodólares o yuanes se hace con la mayoría del accionariado y es aclamado por las masas, que ven en él a su mesiánico salvador, sin caer en la cuenta de que para ese desconocido el club es una mera inversión, y que quizá incluso los que pasan a dirigirlo no han visto un balón en su vida.

Es cierto que los trabajadores comienzan a cobrar los atrasos de sus remuneraciones, los espacios de trabajo se mejoran, en muchas ocasiones se purga y renueva la plantilla de arriba a abajo con algún que otro fichaje exótico o rimbombante, en busca del aplauso fácil y la ilusión pasajera.

Aquí comienza el problema, uno puede tener mucho dinero y simplemente moverlo, pero sin saber cómo gestionar ni el capital monetario ni el humano. Que al final, se mire por donde se mire, los proyectos, las empresas, los planes…, son PERSONAS.

Yo soy formadora comercial, de ventas, de gestión de equipos…, pero no considero honesto ni profesional prestarme a realizar una labor para que la que no estoy preparada. Nadie sabe de todo. Yo tampoco. Y el dinero, creedme, no hace milagros.

Que un empresario tenga mucho dinero no significa que pueda gestionar cualquier empresa, y mucho menos una empresa de un sector totalmente desconocido para él. El dinero es un sustento muy importante en un negocio, ¡sin duda! Pero, ¿no creéis que se necesita mucho más que dinero?

¡Desde luego que sí! Vuelvo a hacer una pequeña referencia al fútbol, ya que hay clubes a los que para poco o nada les está sirviendo o les ha servido…

Y es que a veces me pregunto, ¿realmente quieres empleados o personas productivas?

¡Para mí, hay grandes diferencias!

¿Por qué no empezar la casa por los cimientos sin entrar en la misma como un elefante en una cacharrería?

Claro que el dinero es muy importante, pero si lo sabemos gestionar dentro de nuestra propia empresa, con nuestro equipo de trabajo, facilitándole día a día el desempeño de sus funciones y haciéndole la vida “un poquito más agradable”.

Alguno estaréis diciendo, “qué sencillo lo ves, Carmen, pero esto es una empresa”. Y yo te digo, – por eso mismo debes sacar el máximo rendimiento de ella y el dinero no lo hace solo, éste simplemente ayuda. Alíate con tu equipo y encontrarás la herramienta para el crecimiento de tu empresa -.

  • Sería un buen comienzo el saber delegar. Busca a las personas idóneas o a ese otro profesional que te ayude a encontrarlas.

 

  • Seas solvente económicamente o estés pasándolo difícil, da prioridad a tener al corriente de pago a tu equipo de trabajo. Ellos también necesitan cubrir sus necesidades personales y básicas después de una jornada de trabajo.

 

  • Procura que se sientan implicados, haz que sientan la empresa como suya. Trabaja mucho la motivación con ellos.

 

  • No debes dejar que se acomoden y dejen la ambición a un lado. La ambición sana les servirá para alcanzar objetivos y metas profesionales, pero también en su vida personal.

 

  • Dales todas las herramientas necesarias para que se sientan capacitados y preparados para el desempeño de sus funciones. Lo contrario crea confusión e inseguridad.

 

  • Si quieres personas productivas, negocia con ellas los horarios. La flexibilidad de éstos, les ayudará a conciliar su vida personal con la laboral. ¿Alguna vez te has preguntado lo mucho que te gustaría a ti y el bien que te haría? Tienes la oportunidad de probarlo en otros. Quizá te sirva a ti para buscar el equilibrio, quién sabe…

 

  • El que se sientan valorados fomenta el trabajo en equipo, al igual que es un buen aliciente para superarse día a día.

 

 

Puede que sin darte cuenta y sin usar mucho la caja de caudales, tu empresa crezca en “felicidad”.

La humildad es un valor que toda persona debería abanderar, si con algo no podemos o nos vemos superados, pidamos ayuda. En ocasiones pensamos que pedir ayuda es igual a ser incompetente o fracasado… ¡Nada que ver! Es igual a crecimiento personal y profesional.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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¿Te había dicho que la vida es bella?

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

“Cuando dañas a las personas, comienzan a quererte menos. Eso lo provocan las palabras descuidadas, los juicios atrevidos y severos, los gestos desmedidos. No solo pierdes el cariño y respeto de los demás, sin darte cuenta te estás perdiendo a ti mismo”. Carmen Prada

Puede que por los tiempos que corren de egoísmo, reacciones en ciertas personas de nuestro entorno, cambios emocionales, actitudes incomprensibles, silencios dañinos…, se llegue a la conclusión que cada cual mira a su ombligo sin alzar la vista al frente y mirar en todas las direcciones y ver la realidad de la vida, esa realidad humana que se nos está olvidando.

Es cierto que hay personas que sin querer, por circunstancias extraordinarias, hacen daño y causan dolor a terceros. Cuando esto sucede, uno sabe que este hecho es un indicativo de que algo en esa persona no va bien. ¿Queremos ayudarla? Escuchémosla.

Pero después están esas que por imprudencia, por aburrimiento o por pura maldad, llevan a flor de piel lo peor de la condición humana. Son personas que con una inteligencia dañina saben elegir muy bien a quién manipular, utilizan la mentira y la hipocresía como algo natural, su distorsión de la realidad llega a tal punto que son capaces de hacer de una víctima un verdugo.

Antes mencioné inteligencia dañina, ¡evidentemente!, puesto que hacen de los demás sus propias marionetas. ¿Por qué hablo de inteligencia? Porque hay que tener una cierta habilidad para lograr que esas otras personas ni se den cuenta de que están siendo utilizadas en beneficio únicamente del manipulador.

Por desgracia, esta “figura” nos la podemos encontrar en cualquier ámbito de nuestra vida. En el personal, profesional, familiar…

Su daño no alcanza únicamente a esa persona a la que maneja a su antojo, sino también a aquellas que lo perciben y observan.

  • No creo en las verdades a medias.
  • No creo en las apariencias.
  • Huyo de todo aquello que me impide o me limita ser yo misma.
  • El fin no justifica los medios, en absoluto.
  • Tengo muy presente que gano más estando sola que mal acompañada.
  • No soporto la soberbia ni la fanfarronería, y menos aún cuando están acompañadas de materialismo y superficialidad, que es casi siempre.
  • Pese a todo, no dejo de creer en la bondad natural del ser humano y su grandeza.

¿Por qué todo esto y más?

Me cuesta entender que haya personas que disfruten  jugando con las vidas de otras. La sociedad está siendo un auténtico criadero de personas carentes de valores fundamentales. La única crisis que importa es la económica, cuando ésta hunde sus raíces en otra mucho más profunda y de la que ningún gobierno se ocupa, por lo que será inevitable que las desigualdades e injusticias vayan a más, como así sucede de forma imparable. Y en esta selva, sálvese quien pueda. Sociedad desestructurada para personas y familias desestructuradas.

Evitemos rodearnos de personas tóxicas, esas que nos pueden dañar a nosotros, pero también a todos aquellos que queremos y vemos peligrar. El renegar “por momentos” de ciertos valores es peligroso, así se empieza, por relativizarlo todo, tanto que podemos olvidarnos de ellos. Es importante tener “buena memoria”, una memoria que te recuerde con hechos vividos dónde está la línea roja del bien y del mal. Es necesario buscar momentos para estar con nosotros mismos y valorar qué personas queremos que formen parte de nuestra vida.

La vida es demasiado bella para perder el tiempo. Tiempo perdido es tiempo que ya nunca podremos recuperar. Está en nuestra mano construir puentes y renovar valores. Todo aquello que sea teñir la vida de uno mismo y la de otras personas de un color oscuro, es perdernos a nosotros mismos. Ahí fuera hay gente maravillosa, cuyo trato y amistad nos enriquecerá y nos ayudará a ser felices, pero no olvidemos que se ha de empezar por uno mismo, a quererse, a cuidarse, a darse valor.

Os dejo varias preguntas para que reflexionéis en relación a todo lo anteriormente mencionado:

  • ¿existe un distanciamiento con un familiar?
  • ¿Has perdido una amistad?
  • ¿Estás viendo cómo a alguien que conoces le están manipulando?
  • ¿Te has llevado una decepción últimamente con una persona que creías conocer?

Se me ocurren muchas más, pero creo sinceramente que son más que suficientes.

Si estás pasando por algo así, no permitas que el tiempo corra, utiliza como herramienta la comunicación y dile bajito y al oído que le quieres y siempre estarás ahí.

¡No permitamos que la oscuridad se adueñe de nuestra vida!

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen de Pixabay

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