Como tú te quieres, nadie lo hará

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

 

Si los demás se han dado cuenta, ¿por qué nosotros no lo hacemos?

Hay momentos en la vida en los que por diferentes circunstancias la miramos prácticamente de reojo. Caminamos con los hombros caídos, nos sentimos desganados, perdidos, sin una sonrisa ni por casualidad, la negatividad se aferra a nosotros y por supuesto no le decimos que no a tanta apatía.

Y no es que queramos conscientemente permanecer en esta fatídica zona de confort, lo cierto es que puede más el inconsciente que la razón, pues nos dejamos.

Parece que uno empieza a conformarse con ese “yo personal” con el que lleva un tiempo conviviendo, desapareciendo en gran medida la persona que no hace tanto caminaba erguida, sonriente por momentos y con metas e ilusiones en la vida.

Los problemas, las frustraciones, las decepciones que hemos ido acumulando en esa famosa mochila que nos hemos echado a la espalda, hacen de nuestro día a día una carga pesada. Por momentos insostenible.

Es entonces cuando llegan a nuestra mente y de forma repetitiva frases y diversas preguntas tales como, “nada merece la pena”, “ya no puedo más”, “¿por qué me pasa todo a mí?”, “preferiría morir a estar así”… Quizá alguna de ellas os suene…

La mente no es capaz de rebobinar como si de un DVD se tratase, y volver así a tiempos mejores. ¿Por qué puede suceder esto? Porque es inevitable que nuestra mente acumule, retenga y recuerde los momentos negativos por encima de todo lo bueno que nos ha podido suceder en la vida.

Y os voy a poner un ejemplo. Imagínate que estás terminando un máster y estás con el trabajo final a presentar para por fin lograr su obtención. Te reúnes con cuatro compañeros y tres de ellos te comentan que el trabajo que has hecho es brillante. En cambio hay uno que te hace saber que observa demasiados aspectos muy mejorables.

¿Con qué impresión te quedarías? ¡Está claro!, con el último. Los otros tres que han dado un 10 a tu trabajo ni los recuerdas, sino que te ha quedado clavada la opinión de ese cuarto.

Retenemos lo negativo de nuestra vida, y a la vez, se apodera de nosotros.

En estos momentos de tanta pasividad, negatividad y falta de ilusión, es precisamente cuando llega el momento de conocernos. Quizá el haberlo hecho antes nos hubiese salvado de algunos de estos trágicos momentos que estamos atravesando.

 

  • Mira en tu interior. Hazte preguntas tales como, ¿de dónde vengo?, ¿en qué situación me encuentro en este momento? Y cómo no, ¿hacia dónde deseo ir?

  • Sonríe aunque en muchos momentos te cueste. La sonrisa es una respuesta a la felicidad y a momentos de plenitud, un reflejo de un estado de salud inmejorable, pero también se puede convertir en el camino en este momento por el que estás pasando para lograr esa salud tan deseada.

  • Sonreír es gratis, fácil, y gratificante; alarga nuestra vida, previene enfermedades tales como la depresión, aumenta la energía, la creatividad y abre puertas sociales.

  • Perfecto, ¡abramos puertas sociales! Precisamente este momento es el menos propicio para permitirnos rodearnos de personas tóxicas. Huye de ellas, es una buena manera de comenzar el cambio en tu estado actual.

  • No te obsesiones con la felicidad. Ésta es momentánea, no es eterna en el tiempo. Debe haber en nuestras vidas momentos de todo tipo y debemos ser conscientes de ello. La verdadera felicidad tiene mucho que ver con saber mantener la calma en momentos de tempestad.

  • Poco a poco vete deshaciéndote de esas piedras pesadas con las que llevas cargando en la mochila de la que antes hablábamos. ¡Muchas no te corresponden! Y las situaciones que sí te corresponde afrontar, intenta que su peso llegue a ser nulo porque vayas resolviendo una a una, dando prioridad a lo que la merece.

  • Comienza a tomar decisiones, aunque no sean transcendentales. Esto hará que empieces a activarte nuevamente.

  • ¡Olvídate de grandes retos en estos momentos! Todo llegará, pero ahora es momento que dar pasos cortos hacia metas pequeñas. Debes llegar a sentir que puedes lograr lo que te propones. Pero no olvides jamás que lo más importante no es la consecución de ese objetivo, sino el crecimiento que vas a experimentar a lo largo del camino hasta llegar a alcanzarlo.

  • Mímate, abrázate, prémiate. ¡No esperes nada de nadie! Todo comienza en ti. Pero tampoco te cierres a lo bueno que llegue de otras personas…

En muchas ocasiones nos olvidamos de vivir porque algo o alguien nos ha colocado un obstáculo en el camino. La importancia que el mismo ocupe en nuestra vida dependerá en gran medida del grado de autoconocimiento que tengamos y de nuestra situación actual para hacerle frente.

 

En varias ocasiones he dicho que nadie nos querrá como nosotros mismos lo podemos hacer. No permitas que la gran persona que hay en ti sea eclipsada por una mala caricatura de ti mismo.

¡Quiérete y valórate! Si de verdad así lo quieres, hoy comienza lo mejor…

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

*Fuente de la fotografía, Pinterest.com

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Vanidad de vanidades

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Artículo publicado por Carmen Prada

La semana pasada estuve con una amiga que me hizo recordar una vez más el tema que voy a tratar hoy.

Hacía muy pocas fechas había fallecido su abuela, además de una manera repentina, lo cual todavía lo hizo más doloroso. Cabe destacar que mi amiga es una persona con un gran corazón, mucha humildad en combinación con su generosidad, y algo que impacta cuando la conoces es su belleza interior. Estaba muy apenada y llevaba días acompañada del llanto. Reconocía que tanto ella como su abuela -con la que su relación era muy cercana- eran conscientes de que en cualquier momento la llamada de la muerte tocaría a su puerta. Lo cierto era que su lamento iba más allá del deceso en sí, ya que era algo que por la muy avanzada edad de su abuela, tarde o temprano tenía que llegar, sino por el hecho de no haber tenido la oportunidad de acompañarla y cogerle de la mano en el momento final.

Entendí perfectamente ese dolor, ese lamento, esa espinita clavada… Porque a mí con mi abuela me ocurrió algo muy similar, y esa sensación me lleva acompañando desde entonces, diecisiete años… Pero con el paso de éstos, sorprendentemente te das cuenta que recuerdas momentos, palabras, sonrisas, situaciones… como antes no habías sido consciente, y parece que la persona que ya no está te acompaña más que nunca.

Estoy hablando de la muerte,  un tema tabú, casi prohibido en nuestra sociedad, tan libérrima y sin embargo tan inmadura a la hora de tratar cuestiones trascendentes y a la vez cotidianas.

Muchas veces no nos queremos dar cuenta que la muerte existe, sencillamente porque hemos vivido. Vivimos pensando que no nos tocará, que queda mucho, nos colocamos una venda en los ojos ante esa posibilidad, y eso nos aleja de la realidad, y en vez de prepararnos para afrontar esa realidad de una manera serena y madura, preferimos construir nuestra existencia sobre castillos de arena. No hay muerte, no hay sufrimiento, no hay dolor… Que los niños no vayan a los entierros, hay que sobreprotegerlos…

La vida es un caminar, y tiene principio y final. Entender esto, óntica y existencialmente, no solo de forma superficial o racional, debería ser asignatura obligatoria en la educación de los chavales.

A lo largo de este camino, que no sabemos cuándo va a llegar a su fin , vivimos muchas veces una vida desenfocada, egoísta, prepotente, soberbia, llena de materialismo, una vida egocéntrica…, sin pensar que tenemos compañeros de viaje a la derecha, a la izquierda, adelante y detrás… Y lo peor de todo, es que  a veces somos así con las personas que más nos acompañan con su amor.

 

Una palabra dura a destiempo, un gesto equivocado, un “despiste” que te pasa factura, el no tener tiempo nunca, el recurrir constantemente a la coletilla “no te preocupes, mañana…”, acompañar en las alegrías pero no acordarte en las penas, un consejo egoísta, la falta de un gesto de cariño que no se pide pero es necesario… Esta dejadez y egocentrismo nos lleva después a tirarnos de los pelos, a pensar; “ya es demasiado tarde y no estuve a la altura”. Este sentimiento será nuestro compañero durante nuestro propio caminar. Y es que, ¡la muerte existe! No pensar en ella, el creer que el mañana es un derecho en vez de un don, en que nada pasará factura… solo nos hace vivir en un engaño. Al final de ese camino está la muerte, que solo es el comienzo de un eterno caminar.

Vivamos sin pensar que hay mañana, atendamos sin demora las penas de los que nos acompañan, estemos atentos al dolor de los que nos quieren, no nos olvidemos de decir “te quiero”, practica “el deporte” del abrazo-beso, ten un gesto preparado de compasión, préstate sin que se te pida nada, no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, porque si no terminas la jornada sin hacer la paz, el día después es frío y duro y es más difícil hacer la paz…

 

Porque si nada de esto llevamos a cabo, es ahí donde realmente comienza nuestro terror a la muerte, por que seas creyente o no, en el fondo nos da miedo pensar que no hemos hecho los deberes, que no hemos levantado la vista más allá del cuello de nuestra camisa, y de repente se nos enciende una luz de alarma. ¿Qué he hecho con mi vida? ¿Qué va a ser de mí? ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Si te llegas a plantear estas preguntas, las respuestas están claras… Echarla a perder, tener un gran vacío interior…

¡Y estas respuestas sí que son crudas realidades, no la muerte!

 

La nobleza humana, es una buena compañía durante el camino, y además es capaz de secar lágrimas si éstas aparecen cuando el fin de la vida se asoma, pero, ¿cuántas veces nos encontramos con ella en el día a día cotidiano? Tristemente, pocas.

 

Miguel Delibes, nos dejó muchas enseñanzas con sus palabras, y entre ellas esta frase. “Al palpar la cercanía de la muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales”.

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

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