¡Las destructivas etiquetas!

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Quizá lo que escriba a continuación sea un intento de mostrar sensatez y sensibilidad, o más bien, ¿una necesidad imperiosa de dar un grito al aire y expresar mis emociones y sentimientos hacia una realidad social atroz?

Hace poco me encontré en una red social lo que una joven de 14 años había compartido en su muro. Os puedo decir que me partió el alma, pero esta es la realidad en muchos adolescentes y jóvenes, y no la que muchas familias quieren mostrar, o lo que es más grave, desconocen.

“Querida sociedad:
Has cambiado bastante. ¿Por qué? ¿Por qué ahora todos me juzgan? Ellos no saben nada de mí ni de mi vida, ellos no me conocen. Si me visto de una forma, soy una hípster y si me visto de otra voy de moderna. Si twitteo mi vida soy una gilipollas que piensa que a todo el mundo le importa lo que me pase y si no twitteo nada soy una aburrida. Si tengo trece años tengo que fumar, beber alcohol y ser una puta. Y si tengo dieciséis soy una inmadura que no sabe nada. Si soy rubia, soy tonta, si me tiño soy una teñida de mierda. Si me gusta el heavy soy emo, si me gusta el pop soy infantil. Si apruebo todas soy una empollona, si suspendo soy imbécil. Si me gusta un videojuego soy una friki. Si soy fan de un cantante o grupo soy una obsesionada. Si digo palabrotas soy una mal hablada y si no las digo soy una aburrida. Si estoy delgada, estoy anoréxica. Si estoy gorda, estoy obesa…..
Yo creo que ya basta con las etiquetas. Hay gente que le puede dar igual lo que le llame, pero a otra mucha le puede doler muchísimo y puede llegar a hacer cosas horribles y tan solo por culpa de unas estúpidas etiquetas. Cada persona es como es, y eso es lo que la hace única, perfecta y especial. Ser ella misma”.

¡Malditas etiquetas! ¡Dichosos juicios! Lo deja claro en la frase que he resaltado en negrita.

¿Hacer cosas horribles? ¡Claro que sí, y le creo! Y le creo porque cada vez más estamos viendo cómo hay niños que no viven esa etapa, jóvenes que viven una vida que aún no es la que le corresponde, y adultos que no se dan cuenta de nada porque “ya bastante tienen con su propia vida”, para qué molestarles.

Os puedo decir que las tentaciones han existido siempre, las maldades también, pero también es cierto que la forma de afrontar todo ello no es la misma.

Recuerdo que en mi adolescencia muchos de mis amigos empezaron a fumar, ¡siempre dije NO! En el colegio sufrí con una compañera su superioridad física y despotismo, lo intenté afrontar con la mayor entereza posible, aunque una nunca lo olvida. Respecto a los dichosos botellones que tan de moda están ahora, solo participé en dos, y fueron inocentes veladas en la orilla de la playa cuando iba a veranear con mis padres a un cámping, nada que ver con el desmadre actual. Mi hora de llegada aún con 17 años los fines de semana eran las 22 horas, y cuando salía en mi bolsillo solo había 500 pesetas, lo suficiente para pagarme la entrada a la discoteca y comprarme a la salida unas chuches, ¡no daba para más!

Reconozco que en esa etapa de mi vida era una jovencita frágil, pero, ¿sabéis quién me ayudó y me formó para decir NO a muchas cosas? Mis padres, unos padres que no tuvieron la suerte de poder estudiar demasiado, ya que desde muy jovencitos tuvieron que trabajar, pero eso no les ha impedido nunca tener una cultura de valores impresionante.

Vemos en el caso de los adultos noticias que son incomprensibles. Observamos cómo se utiliza la violencia de la manera más irracional, cómo se finge y miente en muchos casos para dañar a otros, estamos infectados de materialismo viviendo en un mundo irreal, cada uno mete la mano en el “saco” en la medida en la que puede, vivimos en una continua tensión por ser mejor que el que tengo al lado, y ya da igual si ese es uno al que llamamos amigo.

¿Y todo esto para qué? ¡Ni idea! ¿Qué intentamos lograr? ¡Ni idea! ¿Por qué tenemos que estar continuamente mostrando un yo monstruoso? ¡Ni idea!

¿Qué estamos haciendo entre todos con esta sociedad? ¡Sí, porque todos estamos colaborando en deshumanizar principios que deberían ser incuestionables! Cada vez parece más “normal” pasar por encima de cualquiera a base de codazos, pisotear los sentimientos y abrir heridas en muchas personas. Incluso hacemos cambiar a base de miedos a determinadas personas porque creemos estar por encima del bien y del mal.

¿Qué estamos consiguiendo? ¡Eso lo tengo claro! Destruir valores, principios y marcar dramáticamente la vida de otras personas.

Los hogares muchas veces son cunas de toda esta deshumanización, ¿qué pretendemos esperar de los más jóvenes?

No comprendo como un chaval de 13 años pueda llevar 50€ en el bolsillo, ¡que a veces ni yo los llevo! Ven con toda normalidad, incluso como un derecho, tener el último móvil que ha salido, bien por no ser menos que sus amigos que ya lo tienen, o bien por poder presumir ante ellos de tenerlo si ellos aún no. Yo no acostumbro a trasnochar, pero cuando lo hago me sorprende ver a las 2 de la madrugada a muchachitos de 13 o 14 años por ahí. Menudo negocio las tiendas de 24 horas, se forman colas los viernes y los sábados ya a media tarde con jóvenes que la mayoría de ellos no tienen la edad permitida para comprar alcohol. Jovencitas maquilladas que quieren aparentar una edad y una vida que todavía no les corresponde vivir. Y podría seguir, pero, ¿para qué? No hay más ciego que el que no quiere ver.

Alguno estará pronunciando la dichosa frase de ¡es que los tiempos han cambiado! Benditos tiempos anteriores, entonces.

¡Basta de hacer daño impune y gratuitamente!

¡Basta de colgar etiquetas que en muchos casos llegan a destrozar vidas!

¡Basta de buscar víctimas vulnerables para satisfacer egos!

¡Basta de juzgar por la talla de vestir o por el color de tez!

 

Es lógico que se sientan perdidos y confundidos si a diario es lo que vemos en la televisión, por la calle, en casa… Pero entonces, ¿no creéis los adultos que debemos de ser nosotros los que los guiemos? ¡Claro que antes tenemos que volver a retomar valores que nosotros mismos hemos perdido y olvidado!

No me importa la edad que tengas, si llevas gafas o no, si eres rubio o moreno, si eres alto o bajito, si estás delgado o un poquito grueso, me es indiferente si tienes algún problema físico o mental, si te gusta el rock o eres más de hip hop… Lo único que te puedo decir y de todo corazón es que nunca dejes de ser tú para pasar a ser una persona que ni conoces. Vive cada momento como te corresponde, disfruta de la vida según tu edad, vive y deja vivir, respeta y no odies, pero sobre todo, ¡nunca dejes de ser tú!

Los que vengan detrás, te lo agradecerán eternamente…

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Pixabay

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Esos golpes me hacen más fuerte

 

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

La única forma de no despertar envidia es no destacando. Si quieres destacar, acostúmbrate a ella.

¿Qué provocan los celos y la envidia en el mundo laboral? Un estrés derivado de la competitividad insana, habitual en el ámbito profesional.

El celoso o envidioso es un perdedor nato, con falta de personalidad y valores, sabe de antemano que tiene la batalla perdida y, ¿esto qué provoca? Un desagradable sentimiento de frustración y carencia.

Hace escasos días me vi envuelta en algo así, ¿por qué lo quiero compartir con vosotros? Sencillamente para mostraros mi actitud, no digo que sea la más correcta, pero os hablo de mis emociones en ese mismo momento y en mi reacción posterior al hecho.

Alguien escondido cobardemente tras un perfil falso en la Red Social más conocida y popular, me difamó y calumnió gravemente con respecto a mi desempeño profesional, publicando las mismas infames acusaciones en varias de las publicaciones que tengo en mi perfil profesional. Inconvenientes que tienen las Redes Sociales y a los que una sabe que está expuesta…

Hace escasamente poco más de un mes he comenzado mi propio proyecto, volcada totalmente en mi pasión, las PERSONAS. Trabajando con las empresas y profesionales la formación, el liderazgo, la resolución de conflictos, técnicas de ventas, gestión de equipos, selección de personal… Pero también con las PERSONAS que están en búsqueda activa de empleo. Desde que comencé, he sido consciente de que el camino no sería fácil, pero en esta vida apuestas por todo o eres perdedor. Esta última opción jamás la he barajado.

Mi ciudad, Ponferrada, es pequeña, y con un poco de ruido que hagas, ¡saltan todas las alarmas! ¿Dónde? En aquellos que viven en una inseguridad y miedo permanentes.

Reconozco que cuando vi tales difamaciones, no daba crédito. Lo cierto es que mi incredulidad alcanzaba tal punto que no era capaz de concebir que alguien pudiese hacer algo así.

Mis sentimientos fueron de tristeza, decepción, rabia, impotencia…, pero a medida que las horas iban pasando y me di un tiempo para reflexionar, me dije, ¡no has de temer nada, Carmen, si confías en ti plenamente! ¡Crees en lo que haces! ¡Vives por y para las personas!

Llegaron a mi mente frases como “si eres envidiada no tienes la culpa, será que las cosas las estás haciendo bien y eso escuece”.

Podría haber eliminado esos dañinos comentarios y ya estaba, pero después de reflexionar y con la mente fría, me dije: “lo vas a hacer público, que sean las personas que realmente te conocen personal y profesionalmente las que hablen por ti”. ¡Y así lo hice!

Solo tengo palabras de agradecimiento a los cientos de personas que de un modo u otro me apoyaron, me hicieron sentirme arropada, me valoraron y algunos de ellos con gran contundencia denunciaron tales hechos. Esta emoción no la puedo describir con palabras, pero no faltaron las lágrimas y en abundancia…

¿Cómo reaccioné a tal indignante hecho? Creciéndome, convirtiendo este acontecimiento tan desagradable en una gran oportunidad, levantándome y con elegancia, no dando opción al desánimo ni al abandono. Sé que sin duda la clave está en que creo plenamente en mí y en mi honestidad.

Me queda mucho camino que recorrer, pero mientras lo estoy realizando, no dejo de potenciar la autoestima, además de confiar en mis capacidades.

De este hecho he sacado muchas conclusiones, que te deseen mal y te intenten dañar no es culpa de uno, no está de nuestra mano, sino es responsabilidad únicamente de la otra persona. Con lo que si vas por la vida de frente, con honestidad, honradez, fiel a unos determinados valores…, no debes sentirte culpable por las carencias demostradas por otras personas.

No sé si con esta experiencia personal voy a poder ayudar a alguien a cómo afrontar estos reveses de la vida. Aun así, me gustaría dirigirme a dos tipos de personas:

 

  • si sientes celos o envidia, me atrevo a decirte que esos sentimientos no harán nada bueno de ti, salvo hacerte sentir más mezquino, vivir aún más estresado y a disgusto con la vida.

 

  • Si tú eres la víctima, no te sientas mal. No tienes la culpa de hacer las cosas bien.

 

 

Aprovecha los golpes para convertirlos en oportunidades. De esa forma, los que quieren hundirte verán cómo sus canalladas no hacen más que servirte de impulso.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Convierte los noes en síes

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Artículo publicado por Carmen Prada

“No es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que responde mejor al cambio”. Charles Darwin.

Después de esta gran cita, comienzo con una pregunta: ¿te consideras una persona con dificultades para afrontar cambios y situaciones adversas?

Son bastantes las personas que ante la carga de dificultades y tropiezos en la vida, sufren un incremento de sus miedos. La precaución es conveniente, pero practicarla en exceso, estar demasiado atento al retrovisor y demasiado poco al frente, lo que hace es paralizarnos. Es cierto que estas situaciones de malestar o dolor lo que hacen es modificar nuestro comportamiento, ya que con el paso de los años la experiencia puede ser un grado o un lastre, según como se oriente.

Claro que no es sencillo estar saltando piedras a lo largo de nuestro camino, pero esta situación por trágica y cansina que nos parezca nos puede aportar con el paso del tiempo una revolución dentro de nuestra propia persona.

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A menudo me encuentro con personas que me comentan temerosas, “¿y si me dicen que no…?” Y mi contestación ante esta pregunta siempre es la misma: “pero, ¿qué respuesta tienes en este momento?, ¡un no!”

Entonces os pregunto, ¿por qué no cambiamos los noes por los síes? Os estaréis diciendo, “eso es muy fácil decirlo pero, ¿cómo lo hacemos?”

¿Eres tu mejor amigo?

¿Eres tenaz y consciente de que tus logros serán proporcionales a tus sacrificios?

¿Las dificultades las transformas en retos y sacas todo tipo de lecciones y aprendizajes de ellas?

¿Te consideras una persona con una adaptabilidad importante ante los cambios?

¿Eres de los que cree que enfrentarse a los problemas y los miedos, y no esconderlos bajo el felpudo, es la solución más rápida y eficaz para resolverlos?

 

Tengo que decirte que si a todas estas respuestas te has contestado con un SÍ, ¡enhorabuena! Estoy segura que has trabajado mucho en ti para llegar a este punto, y le podrás decir a la gente que se puede conseguir, partiendo de la base de la confianza en uno mismo.

Pero si eres de los que alguna de estas preguntas te han descolocado, o son muchas en las que has contestado con un no, o quizá al responderte has tenido muchas dudas… ¡Pongámonos manos a la obra y trabajemos sobre ello!

  • ¿Cómo se encuentra tu autoestima?

Es algo primordial, la autoestima marcará como las agujas de un reloj el que creamos en nuestras capacidades y posibilidades. Debemos querernos, confiar en nosotros mismos, reafirmarnos en que es posible lograr lo que nos propongamos.

Hace muy poco le transmití a una persona que para ser mejor persona con los demás tenemos que empezar por querernos a nosotros mismos.

¡Busquemos dentro de nosotros! Tenemos motivos para confiar en nuestras posibilidades, no pensemos que siempre hemos sido perdedores. Cometeríamos un grave error.

  • ¿Al sentido del humor lo conoces?

Conozco personas que son realmente impresionantes en este punto, tanto que son capaces de reírse de sus propios problemas. Utilizan esta herramienta para relativizar lo que les sucede y las dificultades con las que se encuentran.

¿Por qué no reírnos de nosotros mismos, antes que lo hagan otros? Todo parecerá menos grande. No pensemos que llorar es de cobardes, porque además en algunos momentos es necesario, es una emoción más pero no abusemos de ello, no nos hagamos mal.

  • ¿Cómo andamos de relaciones sociales?

Cierto es que cuando la autoestima está tocada somos demasiado susceptibles, por eso debemos cuidar y mucho el tipo de personas de las que nos rodeamos.

Pensemos y seamos realistas, son muchas las que disfrutan con el mal ajeno, y si entre tu círculo de amistades o conocidos abundan o tienen presencia las personas tóxicas, puede que en vez de ver tonos grises, y por momentos algún destello de color, pase todo a tener un aspecto negro. ¡Fuera personas tóxicas!

Rodéate de aquellas positivas, optimistas, alegres…

¡Rodéate de gente que te quiera!

  • ¿Conoces la famosa zona de confort?

                                                                            

Hace muy poco lo hablaba con alguien, que en esta vida está claro que atarse la manta a la cabeza cuando uno tiene dificultades para apenas cubrir esas necesidades básicas que todos tenemos, dificulta la posibilidad de dar giros bruscos en la vida de uno. Para hacer malabares, ya habrá tiempo.

Pero no nos confundamos, pequeños objetivos, metas fácilmente alcanzables, actos que nos hagan salir fuera de nuestro hábitat natural, será como un camino de aprendizaje para esa huida de esa zona tan cómoda por la que todos, absolutamente todos, de un modo u otro hemos rondado.

Superar las adversidades y las dificultades, convertir los noes en síes, hace que seamos capaces de lograr grandes cosas. Sin darnos cuenta, dejamos atrás miedos que nos llevan tiempo paralizando y nos sentimos fuertes ante cualquier reto que se nos ponga por delante.

Seguro que en este momento alguna persona, no sé, quizá de tu entorno o cualquier otra conocida por muchos de nosotros te viene a la cabeza a modo de ejemplo e inspiración.

Yo os dejo la mía…

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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No me identifico con ese supuesto liderazgo complaciente

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Artículo publicado por Carmen Prada

La pasada semana pude disfrutar de un taller que trataba sobre “Liderazgo enfocado para obtener mejores resultados dentro de la empresa”. Tengo que decir que haga lo que haga, participe en lo que participe, todo me aporta, aunque como es lógico en unas ocasiones más que en otras.

Durante este taller, impartido por una coach, escuché de su boca una frase que para mí no pasó desapercibida, y fue “me callo lo que pienso y digo lo que quieren oír”. Y la nombro porque me lleva a muchas situaciones que se dan tanto en nuestra vida profesional como en la personal.

Enseguida me vino a la cabeza el ejemplo de una entrevista de trabajo. Siempre he pensado y la he descrito como “una conversación entre dos o más personas, en las que se callan lo que piensan en muchas ocasiones y dicen lo que el otro necesita escuchar, en otras tantas”.

Otra situación que me vino a la cabeza, una conversación entre un jefe y un trabajador, en la cual el trabajador asume una sinrazón por parte del jefe. Muchas veces, el trabajador piensa para sí, “no le voy a llevar la contraria, mejor le doy la razón, no vaya a ser que me ponga de patitas en la calle…”

Otro ejemplo más. En nuestro equipo de trabajo hay una persona que por alguna razón en concreto, y puede ser por su falta de conocimientos o de actitud, no es fácil hablar con ella de modo constructivo, y convendría hacerle ver que si todos remamos en el mismo sentido, todo será más sencillo. Pero por el contrario, nos callamos, no vaya a ser que después encima nos coja manía.

Y si nos vamos a la vida personal, ¿en cuántas ocasiones seguimos al rebaño y sin levantar las orejas por si acaso? ¿Cuántas veces por no llevar la contraria y no tener enfrentamientos o perder amistades que no son tales, no decimos lo que pensamos?

“Me callo lo que pienso y digo lo que quieren oír”, la resumiría en tres palabras, “falta de personalidad”.

¿Por qué dejamos de ser nosotros? Muy sencillo, ¡por miedo! Claro que el miedo es una emoción necesaria y primaria, no es vergonzoso sentirlo. El problema es cuando se nos escapa de las manos y nos bloquea.

Que aparezca el miedo incontrolado en nuestras vidas nos puede llevar a:

  • estados de frustración duraderos en el tiempo;
  • falta de control sobre nosotros mismos;
  • bajo nivel de confianza en uno mismo;
  • emociones negativas, tales como la ansiedad o la angustia;
  • episodios de agresividad e ira.

 

Y todo ello, porque nos falta carisma y decisión. Eso es, ¡debemos ser coherentes con nosotros mismos guste o no guste a los demás! Eso sí, siempre desde el respeto y con prudencia, hay momentos para hablar y para callar, pero no dejemos que nuestros silencios sean cómplices de nuestra pérdida de dignidad.

 

Debemos partir de una base, y es que nunca debes decir o hacer algo para complacer a todo el mundo. ¡Quítatelo de la cabeza! Nunca llueve a gusto de todos, y al final uno debe mostrarse como es, lo que es y lo que puede llegar a ser.

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Voy a poner un ejemplo muy claro. Hace más de un año que empecé a escribir. Al principio comencé a hacerlo en el blog “Hablamos de Personas” de Sebas Morelli, en aquel momento un desconocido para mí al que siempre agradeceré su ofrecimiento, y que ahora tengo que reconocer es un gran amigo.

 

 

Pocos meses después comencé con ésta, mi casa, “Las estrellas brillan por ti. Siempre he tenido claro que escribo desde mi experiencia, mis emociones, mi recorrido profesional, mi propia persona… Todo esto lo comparto con vosotros, que al final sois quienes alimentáis mi escritura, pero tengo muy claro que no siempre lo hago al gusto de todos, quizá en muchas ocasiones no compartáis puntos de vista, o el enfoque de los temas, o puede ser que alguien haya visitado el blog y por lo que ha podido ver en un momento determinado, no haya vuelto a querer ni verlo en pintura. ¡Pero es que no pretendo convencer a nadie!, ¡ni tan siquiera que todos compartan los mismos puntos de vista!, o pretender tener otra forma de escribir que me aleje de mi personalidad.

Lo único que pretendo es compartir. Sé que estoy expuesta y lo he asumido desde el principio a las críticas, buenas y malas, pero eso no va a conseguir que deje de ser yo.

 

No busquemos ser complacientes, no queramos honrar a todo el mundo, no callemos nuestras voces, no caigamos en el temor… Porque al final, lo que estamos haciendo es dejar de ser nosotros mismos.

Finalizo con una frase de las que me gustan, cortas pero al grano, “el respeto se debe ganar, y la educación se debe pedir”.

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com y Carmen Prada

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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¡A mí nadie me dio un libro de instrucciones!

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Artículo publicado por Carmen Prada

Son sorprendentes los miedos y amenazas que llega a tener uno como profesional. Y digo sorprendentes, porque en las últimas formaciones que he impartido sobre Acciones Comerciales, eran varias las personas que reconocían que su mayor amenaza era que otros compañeros hiciesen mejor el trabajo y alcanzasen “mejores números” que ellos.

Son varias las lecturas que se pueden obtener de estas confesiones, pero desde luego lo que tienen que tener claro las empresas, desde mi humilde experiencia, es que es algo que deben trabajar. Y sin duda, ¡se puede hacer!

Pueden ser varias las causas, pero entre ellas todo apunta a una presión inmensa en el mundo profesional, la crisis laboral que hace luchar a uno en varios frentes, el temor a ser el señalado, el no ser capaz de reponerse ante la frustración, la propia inseguridad, perder el puesto de trabajo… Pero también es cierto que se puede ver como una postura inconformista y de superación, ¡esto es lo que hay que explotar, sin duda!

¿A quién le toca cambiar estos miedos? ¿Quién debe manejar estas situaciones? ¿Es aconsejable trabajarlas? ¿Son situaciones fáciles de manejar por cualquiera? ¿Cualquier persona está preparada? ¿Merece la pena para la empresa?

Haría una gran apuesta a que muchos líderes, jefes… ante estas situaciones su toma de decisión sería, “pues si no aguantas la presión, no vales para esto”. ¿Y por qué no lo trabajamos junto a ellos? Evidentemente las empresas no están para perder dinero ni tiempo pero, ¿te has planteado que si son varios los casos de este tipo los que se dan en tu negocio, y siempre se recurre a la misma solución, quizá sea que la persona que realmente no está preparada es la que lidera tu equipo de trabajo? ¡Y claro que sin duda, ésta es la solución más rápida y menos laboriosa para ella! Además, me atrevería a decir que se lo vende al empresario como que “primero es la empresa”.

Quitémonos de la cabeza que gestionar equipos de trabajo, es gestionar unidades de producción, ¡estoy totalmente en desacuerdo! Gestionamos mucho más que eso, gestionamos emociones, situaciones, riesgos, momentos, complicidades, motivaciones, metas, aprendizajes… pero sobre todo y ante todo, y por todo lo anterior, ¡personas!

Cuando hace años tomé el mando de un equipo de trabajo de venta telefónica, que en ese momento era el único que existía en la zona, ya que empezaba esta actividad a tener movimiento, mi comienzo en este trabajo fue con el “pinganillo”, desde abajo, y después, por méritos propios, decidieron darme esa gran oportunidad que era gestionar de pronto un equipo de más de 20 personas, que hasta ese momento habían sido mis compañeras al mismo nivel.

Os aseguro que el día que me dieron la noticia, lo recuerdo como un gran momento profesional en muchos aspectos. El sacrificio y el esfuerzo habían merecido la pena, y es que para mí ha sido una de las experiencias que más me ha hecho crecer personal y profesionalmente. Eso sí, esta responsabilidad me la dieron sin libro de instrucciones… De pronto me vi con un equipo de personas, con la necesidad de saber resolver conflictos en cuestión de segundos, varios al mismo tiempo, llegar a objetivos cuyo cumplimiento dependía de todos, y además yo misma seleccionaba a los candidatos a entrar en plantilla, decidía quién sí o no, y me tenía que ocupar de su formación y seguimiento desde el primer momento.

En muchas ocasiones me encontraba chicas a las que daba la formación, y cuando llegaba el momento de ponerse al teléfono el miedo era espantoso, algunas se levantaban y sin mediar palabra se iban llorando, otras me repetían, “no voy a ser capaz, Carmen,” y entre otros muchos casos me encontraba las que se venían abajo porque ponían todo su empeño y tenían maneras, pero algo les fallaba… En todo equipo hay alguien que resalta por encima del resto, y a mí se me ocurrió de un modo sibilino y sin que ellas mismas se dieran cuenta, colocar a esas personas a las que les faltaba arrancar, pero que sus maneras me decían que tenían un buen potencial, al lado de algunas de las mejores.

Algunos diréis, ¡madre mía, qué remedio, las has tenido que hundir más, si cabe! Pues no, todo lo contrario. Observaba cómo las novatas comenzaban a utilizar argumentos muy válidos que ellas escuchaban a las compañeras, sus expresiones cambiaban cuando la persona que tenía al lado le confesaba que “así comencé yo, y mira ahora…”, y ya no os digo nada cuando llegaba la primera venta, ¡aplauso de todo el equipo! A partir de ahí, llegaba el despegue…

¡Claro que esto lleva mucho trabajo y dedicación!, pero os aseguro que la satisfacción que a mí me aportaba era enorme. Había mucho trabajo detrás de todo ello, intentaba hacer un equipo con un único objetivo, todos íbamos en el mismo barco, la motivación para mí siempre ha sido un pilar básico y siempre la he intentado transmitir, el compañerismo se contagiaba, los éxitos y logros los hacíamos de todos… Pero repito, ¡a mí nadie me dio un libro de instrucciones!

¿Qué no soy muy pragmática? Puede ser, pero tampoco lo deseo. Creo en el potencial de las personas, sé que por comodidad o por no saber descubrir y pulir las cualidades, se queda mucho talento perdido por el camino, pero quizá y vuelvo a dejar esta pregunta en el aire, ¿quién es el que falla cuándo no se sabe cómo afrontar estas situaciones y revertirlas?

Creo desde mi humilde experiencia, que he dado respuesta. Cada uno, que busque la suya, pero desde la profesionalidad y humildad. ¡Ojo, gestionamos personas, no máquinas…!

Ayuda a muchas personas a tener éxito y tú también lo tendrás.

 

 

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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La gota que colmó el vaso…

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Por Carmen Prada

De repente algo trastoca nuestra rutina diaria, esas pequeñas costumbres de cada día que nos sumergen en nuestra aburrida monotonía, y es que un día sucede algo, que puede ser lo más insignificante del mundo, pero que hace que el vaso se desborde. Ese vaso que teníamos prácticamente lleno a falta de nada para colmarlo. Y nos damos cuenta que algo nos sucede.

Forzamos y estiramos nuestra cuerda, nos creemos todopoderosos, pensamos que llegaremos a todo y a todos, y de pronto y sin darnos cuenta, ese pequeño y minúsculo golpe que se curaría con una simple tirita nos lleva al quirófano.

Con toda seguridad sería más conveniente, sano, coherente, sensato… hacernos revisiones interiores periódicas para no llegar a esos extremos. La fortaleza física y mental de un ser humano muchas veces supera lo imaginable, pero también recibimos pequeños avisos cuando sentimos que algo no va bien, quizá nos damos cuenta que nuestra mente no funciona tan ágilmente como tiempo atrás, o nos cuesta levantarnos hasta cuando empieza un nuevo día. Entonces pensamos que es algo pasajero, que pronto volverá nuestra mejor versión, y nos colocamos un velo en los ojos para recurrir a las famosas frases como “es que no paro en todo el día”, “es el estrés”, “tengo demasiadas cosas en la cabeza”, “a ver si llega el fin de semana porque no puedo con el cuerpo…”

Nuestra mente es más precavida que nuestra voluntad,  y le manda señales a nuestro cuerpo, aunque previamente es nuestro interior, ahí donde reside nuestro yo más íntimo el que ya ha apretado el “timbre rojo”.

Evidentemente que hay que ser valiente, atrevido, autocrítico, por momentos egoísta, pero además de todo esto muy muy humilde para hacer un alto en el camino. Estoy segura que prácticamente todos nos hemos encontrado en esta tesitura, pero, ¿por qué siempre buscamos excusas para no hacer una parada y mirarnos por dentro? ¿Por qué no pensamos si el camino que llevamos es el que precisamente nos está minando las capacidades? ¿Qué es más importante, la salud física y mental o las facturas del mes que hay que pagar? ¿Nos preguntamos si disfrutamos con lo que hacemos, y lo vemos como nuestro prometedor futuro?… ¿O más bien lo que tememos encontrar es una respuesta que nos quiebre por dentro y esa posibilidad nos da terror? Puede que no seamos capaces de enfrentarnos a las pobrezas de nuestro interior sin ayuda, y debamos empezar a replantearnos todo esto desde la gran virtud, la puerta de la sabiduría por excelencia del ser humano, la humildad.

¿Nos duele encontrarnos con nuestras zonas más oscuras? ¡Claro que sí! Pero peor es no haberlas enfrentado y morir sin darnos la oportunidad de iluminarlas.

En mi caso, cuando siento estos “toques”, hago una parada en el camino, para mirarme dentro, hacerme preguntas y encontrar algunas respuestas, no las encuentro siempre todas, pero ¿quién sabe cuándo será la próxima? ¡Porque después de vivir una experiencia de este tipo, la vas a desear repetir! Mi vaso también se llena, como el tuyo. Te preguntarás, ¿cuáles son los pasos a seguir? Conozco los míos y quizá te puedan orientar; dejar a un lado cosas muy importantes para ti, armarte de humildad y pensar que si no estás bien conmigo mismo, no podrás dar lo mejor de ti a los demás, y para mí eso es vital.

Y os estaréis preguntando, ¿cuándo sientes el vaso al límite? Cuando lloras por cosas insignificantes y te preguntan y no tienes respuestas, cuando lo que hacías con ilusión hasta lo dejas de hacer, sientes que algo ligero como una pluma ahora notas que te pesa  demasiado, cuando la vitalidad y las fuerzas  no son las mismas, y necesitas la soledad más de la cuenta. Pero no nos confundamos, eso no significa que uno sea frágil o débil, sino que son demasiadas las cosas que llevas en la mochila y durante mucho tiempo. ¡Y esto nos sucede prácticamente a todos!

Las excusas son muy recurrentes, no necesitas irte de tu entorno si no puedes o no quieres, ni perderte en el Tíbet o en un paraje de ensueño, solo precisas momentos de soledad interior, silencio y más silencio para que te puedas escuchar, hacerte preguntas sin temor a las respuestas y llorar, seguro que lloras, porque no siempre es grato lo que uno encuentra cuando escarba en su mundo interior, ni darse cuenta del tiempo y oportunidades que tras perderse ya no volverán.

Un buen amigo dice que las personas somos demasiado emocionales y muy poco analíticas, y quizá tenga razón, pero también es cierto que echo de menos y mucho, más dosis de corazón en los demás y menos promesas incumplidas, olvidos, incoherencias, falsedades, disculpas que no se piden, abrazos que no se dan o llegan tarde, manos extendidas… Soy consciente y lágrimas me han caído por ello, que acostumbro a esperar peras del olmo, pero me resulta difícil evitar ser demasiado exigente conmigo misma, y por ello muchas veces soy mi peor enemiga. Ser tan exigente es una opción de vida, quizá la más dolorosa.

Si eres de las personas que das sin esperar, que extiendes tu mano sin que la pidan, si tu hombro siempre está dispuesto, no dejes de hacerlo. Pero no te asustes si sientes un día, quizá en breve, que el vaso se va a llenar… No tengas miedo, porque tú serás de esas personas que lo aceptarás con humildad.

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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