Me encuentro perdido, ¡no sé por dónde tirar!

park-748339_960_720.jpg

Artículo publicado por Carmen Prada

“Tu vida no está tan determinada por lo que te trae la vida como por tu actitud ante ello; no tanto por lo que te ocurre como por la forma en que miras lo que te ocurre”. Khalil Gibran.

No sé vosotros, pero yo me estoy encontrando gente a mi alrededor que no halla su lugar. ¿Lugar? Sí, grandes profesionales que ha llegado un momento en sus vidas en que se sienten perdidos, desubicados, desorientados… No encuentran esa luz que en muchas ocasiones buscamos al final del túnel.

Humildemente pienso que existen varias razones para que esto pueda llegar a sucedernos:

  • hay algo evidente, y es que la crisis no está ayudando. La cantidad y calidad de la oferta laboral está a años luz de lo deseado.

 

  • Obcecarnos en esa profesión a la que hemos dedicado media vida y no salir de esa “habitación” nos limita mucho.

 

  • La situación económica dentro de los hogares nos condiciona en algunos casos para dar ese salto en que llevamos tiempo pensando, pero las circunstancias no acompañan.

 

  • La edad, la dichosa edad, pues depende en la franja en la que te encuentres que quizá no sabes muy bien en tierra de quién estás, o ni siquiera si tienes tierra firme. Si uno se encuentra entre los 35-55 años, da la sensación que todo lo que tiene que ver con las alternativas laborales e incluso cursos, está diseñado para antes o después de esas edades.
  • Las emociones en cada uno de nosotros están a flor de piel. Miramos a nuestro alrededor y vemos nuestro entorno, y acabamos viendo a través de unas lentillas de un color poco aconsejable, y nos cuesta quitárnoslas.

Podría seguir y seguir, pero estoy segura que mientras estáis leyendo, a vosotros mismos os están viniendo a la cabeza limitaciones, miedos, incluso personas que provocan esta desorientación.

Tenemos que tener siempre claras tres cosas en esta vida, y si por un momento nos distraemos, pongámonos enseguida en su búsqueda:

  • de dónde venimos. Cuál ha sido nuestro camino hasta el día de hoy.

 

  • En qué momento nos encontramos. Busquemos dentro de nosotros, y aunque en ocasiones hurgar duele, hagamos ese ejercicio. Busquemos el momento y el lugar, y si no lo conseguimos, debemos seguir haciéndolo hasta encontrarnos. ¡Es clave!

 

  • Y hacia qué o dónde nos queremos dirigir. ¡Cuál es el camino que debemos recorrer hasta lograr esa meta en la que estamos pensando desde hace tiempo!

Muchas de las personas que conozco se siguen reciclando, han comenzado a cursar másters, talleres, cursos… ¡Se siguen cultivando, eso es magnífico! Pero quiero dejar unas preguntas en el aire, ¿toda esta formación os hace el camino que queréis recorrer un poquito más sencillo? ¿Ese es el motivo?

¿Tendremos más oportunidades cuanto más preparados estemos en diferentes frentes, para todo lo que se tercie laboralmente?

Quizá esta diversidad de formación que vamos acumulando en diferentes materias dispares, sea una válvula de escape para utilizar esa famosa frase de “por si acaso…”, sin darnos cuenta que puede ser que estemos perdiendo de vista dos de los puntos clave que siempre debemos tener presentes y anteriormente nombraba:

  • en qué punto nos encontramos.
  • Y hacia dónde nos dirigimos.

Es cuando llegado este punto nos preguntamos, ¿pero qué estoy haciendo? ¿Todo esto tiene sentido? Y se escucha esa frase a la que tanto se recurre, “tanto me he preparado y nada de nada”.

 

¡Debes tener claro tu objetivo! No sigas dando palos de ciego, la formación es muy importante, pero cuando uno llega a este punto, en algún momento aparece un estado de frustración, fruto de lo que mucho que hemos sembrado –cabe la posibilidad que equivocadamente- y lo escaso que estamos recogiendo.

Tampoco debemos pecar en querer abarcar a la vez actividades de distinta índole. Al final lo que conseguiremos es dispersarnos y tener la sensación de no estar haciendo nada. Simplemente estamos lanzando varias flechas en sentidos diferentes. Ya sabéis, el que mucho abarca, poco aprieta, como dice el sabio refranero.

darts-102919_960_720.jpg

Con todo lo anteriormente mencionado lo único que quiero transmitir es que debemos fomentar la confianza en nosotros mismos, creer en nuestras posibilidades, ser capaces de marcar la diferencia entre los demás, y eso nos lo aporta nuestra propia marca personal, tener claro el horizonte hacia el que nos queremos dirigir, ser conscientes de que no se ganó Zamora en una hora, hemos de mostrar nuestra valía y experiencia como si llevásemos esos galones colgados de la solapa de la chaqueta, sin pudor ni vergüenza a enseñarlos.

Tenemos mucho que aportar al mundo laboral, y por encima de todo, hemos de intentar disfrutar de este recorrido, dejando de sufrir por el que hasta ahora estábamos recorriendo.

¡Fuera frases negativas!:

  • ya no puedo más…
  • No veo ninguna solución…
  • Me dan ganas de tirar la toalla…
  • Me siento un inútil…
  • A esta edad todo se complica…

 

Estas sí son frases que cada mañana, cuando pongas el primer pie fuera de la cama y te dirijas al baño, debes ver en el espejo en el que te reflejas:

  • ¡hoy puede ser ese día que llevo tiempo esperando!
  • ¡Voy a demostrar lo que valgo, porque sé que es mucho!
  • ¡Ayer ya pasó, hoy se van a presentar más oportunidades!
  • ¡En ganas, ilusión y sacrificio no me va a ganar nadie!
  • ¡La palabra derrota no está en mi diccionario!
  • ¡Voy a salir a buscar esa oportunidad que sé existe para mí!

Cree en ti mismo, porque si lo haces los demás también lo harán. No les darás opción a dudar de ti si transmites fuerza, coraje y autoconfianza.

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

SI TE GUSTAN MIS ESCRITOS NO DEJES DE COMPARTIRLOS, TODOS PONEMOS       NUESTRO GRANITO DE ARENA.

Anuncios

Solo hay una opción sensata en la vida, vivirla

meadow-2401911_960_720.jpg

Por Carmen Prada

A menudo he escuchado decir que cuando una persona sufre una enfermedad o un accidente y su vida corre peligro, parece que aquellos que le quieren están más preparados para asumir su pérdida… Reconozco que lo dudo, aunque también es cierto que las personas más queridas que me han dejado, ha sido en todos los casos de manera inesperada. Y puedo decir que las emociones se manifiestan como un huracán que llega a absorber todo tu ser y sentimientos.

Es duro levantarse un día, y que de una manera inesperada alguien te diga que una persona muy cercana y querida ha fallecido. Este hecho lo he vivido hace muy pocos meses, cuando me comunicaron el fallecimiento de uno de mis mejores amigos, alguien muy próximo en lo personal y profesional, un gran apoyo, en quien yo confiaba.

Cuando pronuncias la palabra muerte, las caras que percibes alrededor son de que se trata de un tema tabú, y mi opinión es que tratar algo tan evidente e inevitable, como también lo es la vida, con tanto terror e inmadurez, nos hace alejarnos de la realidad.

Es como si algo dentro de nosotros se partiese en varios pedacitos, el dolor se centra en el pecho y las lágrimas se hacen presentes como nuestras compañeras de camino. Algo cotidiano en lo que esa persona habitualmente estaba presente, nos hace recordar una y otra vez que ya no está, que no nos acompaña…

Aunque puedo decir que son innumerables las ocasiones en las que con el paso de los días me doy cuenta que esas personas están más presentes en mi vida quizá que en otros momentos lo hayan estado.

 

Uno mira al cielo en las noches estrelladas y busca cuál es la que más brillo tiene, porque sin duda, esa es la de cada uno.

 

Entonces dudas de todo, sobre todo de uno mismo. ¿Le dije todo lo que quería decirle? ¿Por qué no hice todo lo posible por verle el último día en el que quedamos para vernos? ¿De verdad sabía lo mucho que le quería y siempre le querré? ¿Le di ese tipo de abrazos que hacen crujir todo el cuerpo? ¿Estuve siempre que me necesitó? Qué sé yo, infinidad de preguntas nos inundan…

Y si éstas nos surgen con dolor, ¿será que algo nos estamos “perdiendo”? Podemos seguir toda la vida de luto, con lágrimas constantes, con recuerdos que nos alejan de toda realidad, fustigándonos por lo que dejamos sin hacer o eso pensamos… O, ¿por qué no aprovechamos estos azotes que nos da la vida para valorar todo lo bueno vivido y aprender de los posibles errores, para no volver a cometerlos con los que aún están en este mundo?

Hay personas a tu alrededor que te necesitan, que te extrañan en los momentos en los que estás ausente, viven tu dolor como suyo, cada lágrima que derramas salpica sus corazones, son testigos de tus desvelos, quisieran poder pulsar un interruptor y transformar tu llanto en tu mejor sonrisa. Pero no es tan sencillo, lo sé.

Él ya no está físicamente a tu lado. Pero sabes que le gustaría verte feliz, afrontando la vida con entusiasmo, contagiando tu alegría por doquier, algo que en ti es muy natural, pues es tu marca personal.

No te sientas mal por sentirte mal, tienes derecho a esos momentos, pero no olvides que a tu alrededor estamos personas que te queremos, que te comprendemos, pero que no renunciaremos a volver a reír contigo, pues eso también le gustará a él, allá donde esté. Muchos besos.

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, propia

SI TE GUSTAN MIS ESCRITOS NO DEJES DE COMPARTIRLOS, TODOS PONEMOS NUESTRO GRANITO DE ARENA.

 

¿Ya has construido tu propio YO?

child-1480220_960_720.jpg

 

Artículo publicado por Carmen Prada

 

Quizá os pueda parecer extraña esta reflexión que os voy a formular hoy pero, después de analizar mucho a las personas, vivir con pasión mi profesión, de ser éstas mi fuente de inspiración y escuchar más que hablar, he llegado a la conclusión de que hay dos momentos muy importantes en nuestra vida.

Os estaréis preguntado, ¿cuáles? Pues no, no hablo de lo que normalmente se comenta, ya sabéis, estudiar una carrera, casarse, tener hijos… ¡No, los tiros no van por ahí! Me explico:

1º.- Infancia. Evidentemente, nos educan a cada uno de un modo diferente. Nuestra educación sin duda va a estar condicionada por nuestra familia, por las costumbres del entorno, los valores culturales que nos inculquen, pero incluso también por los miedos que las personas que tenemos alrededor nos transmitan.

Nacemos casi con un “no llores”, poco a poco vienen los “ten cuidado que te vas a caer”, más tarde “no comas tanto dulce…” Y así podríamos seguir. Bajo ningún concepto dudo de que nuestros padres quieren lo mejor para nosotros, pero… ¿Y nosotros, sabemos lo que realmente queremos?

2º.- El momento de descubrir para qué hemos nacido. ¡Sí, lo que estás leyendo! A medida que vamos creciendo tenemos que tomar decisiones y asumir responsabilidades, en muchas ocasiones, si nos parásemos por un instante no sabríamos ni por qué, ni para qué. Y no, no hablo de tener una bola mágica y predecir el futuro, sino de pararnos frente a un espejo y preguntarnos a nosotros mismos, ¿en qué soy bueno en la vida y por qué?

Pero voy más allá, para ello debemos alejarnos de los miedos que quizá nos han acompañado durante muchos años, tener claro cuál es el punto en el que nos encontramos y hacernos la siguiente pregunta, ¿deseo pasarme toda mi vida en el punto en el que estoy en este momento? Entonces, ¿qué deseo para mi futuro?

Está claro que llegado este 2º punto, tenemos dos opciones:

  • seguir en nuestra zona de confort y quizá quedarnos en esa etapa del “nacimiento”. Y continuar consolándonos con los “por si acaso”, “es que todo está muy difícil”, “más vale malo conocido que bueno por conocer…”

 

  • O por otro lado, construir nuestro propio yo desde dentro hacia fuera. ¿Esto qué significa? “Lo parezco, porque es lo que realmente soy”. Transmitir personalidad, carisma, pero sobre todo seguridad y transparencia a los que nos rodean.

 

Sin duda, todo lo mencionado en el punto anterior es un proyecto, y quizá el proyecto y el reto más grande con el que nos encontremos en nuestra vida, la construcción de nosotros mismos.

 

yes-2069850_960_720.png

 

Me gustaría hacer mención de una frase de Viktor Frankl que dice mucho, “si tienes un por qué, aguantas casi cualquier cómo”. Y es que realmente este psiquiatra lo pudo experimentar en sus propias carnes y así lo dejó plasmado en su libro, A la vida. Éste narra sus experiencias como recluso de un campo de concentración nazi, lo que le llevó a descubrir la importancia de encontrar sentido en todas las formas de existencia, incluso las más brutales, y por lo tanto, una razón para seguir viviendo.

 

Proponte visualizar tu futuro, no será muy complicado si ya hemos construido nuestro propio Yo. La más ardua tarea vendrá después, cuando realmente tengamos que plasmarlos en palabras escritas como un compromiso vital con nosotros mismos. No valen las excusas ni peros, ya que tenemos claro cuál queremos que sea nuestro propio futuro y que para alcanzarlo debemos dejarnos la piel. ¡Es un todo o nada! ¡Es una apuesta al 100% por nosotros mismos! ¿Crees que existe alguien que pueda hacer una apuesta tan fuerte como tú por tu futuro?

 

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Pixabay

SI TE GUSTAN MIS ESCRITOS NO DEJES DE COMPARTIRLOS, TODOS PONEMOS NUESTRO GRANITO DE ARENA.

¡Las destructivas etiquetas!

shield-1090601_1920.jpg

Artículo publicado por Carmen Prada

 

Quizá lo que escriba a continuación sea un intento de mostrar sensatez y sensibilidad, o más bien, ¿una necesidad imperiosa de dar un grito al aire y expresar mis emociones y sentimientos hacia una realidad social atroz?

Hace poco me encontré en una red social lo que una joven de 14 años había compartido en su muro. Os puedo decir que me partió el alma, pero esta es la realidad en muchos adolescentes y jóvenes, y no la que muchas familias quieren mostrar, o lo que es más grave, desconocen.

“Querida sociedad:
Has cambiado bastante. ¿Por qué? ¿Por qué ahora todos me juzgan? Ellos no saben nada de mí ni de mi vida, ellos no me conocen. Si me visto de una forma, soy una hípster y si me visto de otra voy de moderna. Si twitteo mi vida soy una gilipollas que piensa que a todo el mundo le importa lo que me pase y si no twitteo nada soy una aburrida. Si tengo trece años tengo que fumar, beber alcohol y ser una puta. Y si tengo dieciséis soy una inmadura que no sabe nada. Si soy rubia, soy tonta, si me tiño soy una teñida de mierda. Si me gusta el heavy soy emo, si me gusta el pop soy infantil. Si apruebo todas soy una empollona, si suspendo soy imbécil. Si me gusta un videojuego soy una friki. Si soy fan de un cantante o grupo soy una obsesionada. Si digo palabrotas soy una mal hablada y si no las digo soy una aburrida. Si estoy delgada, estoy anoréxica. Si estoy gorda, estoy obesa…..
Yo creo que ya basta con las etiquetas. Hay gente que le puede dar igual lo que le llame, pero a otra mucha le puede doler muchísimo y puede llegar a hacer cosas horribles y tan solo por culpa de unas estúpidas etiquetas. Cada persona es como es, y eso es lo que la hace única, perfecta y especial. Ser ella misma”.

¡Malditas etiquetas! ¡Dichosos juicios! Lo deja claro en la frase que he resaltado en negrita.

¿Hacer cosas horribles? ¡Claro que sí, y le creo! Y le creo porque cada vez más estamos viendo cómo hay niños que no viven esa etapa, jóvenes que viven una vida que aún no es la que le corresponde, y adultos que no se dan cuenta de nada porque “ya bastante tienen con su propia vida”, para qué molestarles.

Os puedo decir que las tentaciones han existido siempre, las maldades también, pero también es cierto que la forma de afrontar todo ello no es la misma.

Recuerdo que en mi adolescencia muchos de mis amigos empezaron a fumar, ¡siempre dije NO! En el colegio sufrí con una compañera su superioridad física y despotismo, lo intenté afrontar con la mayor entereza posible, aunque una nunca lo olvida. Respecto a los dichosos botellones que tan de moda están ahora, solo participé en dos, y fueron inocentes veladas en la orilla de la playa cuando iba a veranear con mis padres a un cámping, nada que ver con el desmadre actual. Mi hora de llegada aún con 17 años los fines de semana eran las 22 horas, y cuando salía en mi bolsillo solo había 500 pesetas, lo suficiente para pagarme la entrada a la discoteca y comprarme a la salida unas chuches, ¡no daba para más!

Reconozco que en esa etapa de mi vida era una jovencita frágil, pero, ¿sabéis quién me ayudó y me formó para decir NO a muchas cosas? Mis padres, unos padres que no tuvieron la suerte de poder estudiar demasiado, ya que desde muy jovencitos tuvieron que trabajar, pero eso no les ha impedido nunca tener una cultura de valores impresionante.

Vemos en el caso de los adultos noticias que son incomprensibles. Observamos cómo se utiliza la violencia de la manera más irracional, cómo se finge y miente en muchos casos para dañar a otros, estamos infectados de materialismo viviendo en un mundo irreal, cada uno mete la mano en el “saco” en la medida en la que puede, vivimos en una continua tensión por ser mejor que el que tengo al lado, y ya da igual si ese es uno al que llamamos amigo.

¿Y todo esto para qué? ¡Ni idea! ¿Qué intentamos lograr? ¡Ni idea! ¿Por qué tenemos que estar continuamente mostrando un yo monstruoso? ¡Ni idea!

¿Qué estamos haciendo entre todos con esta sociedad? ¡Sí, porque todos estamos colaborando en deshumanizar principios que deberían ser incuestionables! Cada vez parece más “normal” pasar por encima de cualquiera a base de codazos, pisotear los sentimientos y abrir heridas en muchas personas. Incluso hacemos cambiar a base de miedos a determinadas personas porque creemos estar por encima del bien y del mal.

¿Qué estamos consiguiendo? ¡Eso lo tengo claro! Destruir valores, principios y marcar dramáticamente la vida de otras personas.

Los hogares muchas veces son cunas de toda esta deshumanización, ¿qué pretendemos esperar de los más jóvenes?

No comprendo como un chaval de 13 años pueda llevar 50€ en el bolsillo, ¡que a veces ni yo los llevo! Ven con toda normalidad, incluso como un derecho, tener el último móvil que ha salido, bien por no ser menos que sus amigos que ya lo tienen, o bien por poder presumir ante ellos de tenerlo si ellos aún no. Yo no acostumbro a trasnochar, pero cuando lo hago me sorprende ver a las 2 de la madrugada a muchachitos de 13 o 14 años por ahí. Menudo negocio las tiendas de 24 horas, se forman colas los viernes y los sábados ya a media tarde con jóvenes que la mayoría de ellos no tienen la edad permitida para comprar alcohol. Jovencitas maquilladas que quieren aparentar una edad y una vida que todavía no les corresponde vivir. Y podría seguir, pero, ¿para qué? No hay más ciego que el que no quiere ver.

Alguno estará pronunciando la dichosa frase de ¡es que los tiempos han cambiado! Benditos tiempos anteriores, entonces.

¡Basta de hacer daño impune y gratuitamente!

¡Basta de colgar etiquetas que en muchos casos llegan a destrozar vidas!

¡Basta de buscar víctimas vulnerables para satisfacer egos!

¡Basta de juzgar por la talla de vestir o por el color de tez!

 

Es lógico que se sientan perdidos y confundidos si a diario es lo que vemos en la televisión, por la calle, en casa… Pero entonces, ¿no creéis los adultos que debemos de ser nosotros los que los guiemos? ¡Claro que antes tenemos que volver a retomar valores que nosotros mismos hemos perdido y olvidado!

No me importa la edad que tengas, si llevas gafas o no, si eres rubio o moreno, si eres alto o bajito, si estás delgado o un poquito grueso, me es indiferente si tienes algún problema físico o mental, si te gusta el rock o eres más de hip hop… Lo único que te puedo decir y de todo corazón es que nunca dejes de ser tú para pasar a ser una persona que ni conoces. Vive cada momento como te corresponde, disfruta de la vida según tu edad, vive y deja vivir, respeta y no odies, pero sobre todo, ¡nunca dejes de ser tú!

Los que vengan detrás, te lo agradecerán eternamente…

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Pixabay

SI TE GUSTAN MIS ESCRITOS NO DEJES DE COMPARTIRLOS, TODOS PONEMOS NUESTRO GRANITO DE ARENA.

 

Esos golpes me hacen más fuerte

 

p

 

Artículo publicado por Carmen Prada

 

La única forma de no despertar envidia es no destacando. Si quieres destacar, acostúmbrate a ella.

¿Qué provocan los celos y la envidia en el mundo laboral? Un estrés derivado de la competitividad insana, habitual en el ámbito profesional.

El celoso o envidioso es un perdedor nato, con falta de personalidad y valores, sabe de antemano que tiene la batalla perdida y, ¿esto qué provoca? Un desagradable sentimiento de frustración y carencia.

Hace escasos días me vi envuelta en algo así, ¿por qué lo quiero compartir con vosotros? Sencillamente para mostraros mi actitud, no digo que sea la más correcta, pero os hablo de mis emociones en ese mismo momento y en mi reacción posterior al hecho.

Alguien escondido cobardemente tras un perfil falso en la Red Social más conocida y popular, me difamó y calumnió gravemente con respecto a mi desempeño profesional, publicando las mismas infames acusaciones en varias de las publicaciones que tengo en mi perfil profesional. Inconvenientes que tienen las Redes Sociales y a los que una sabe que está expuesta…

Hace escasamente poco más de un mes he comenzado mi propio proyecto, volcada totalmente en mi pasión, las PERSONAS. Trabajando con las empresas y profesionales la formación, el liderazgo, la resolución de conflictos, técnicas de ventas, gestión de equipos, selección de personal… Pero también con las PERSONAS que están en búsqueda activa de empleo. Desde que comencé, he sido consciente de que el camino no sería fácil, pero en esta vida apuestas por todo o eres perdedor. Esta última opción jamás la he barajado.

Mi ciudad, Ponferrada, es pequeña, y con un poco de ruido que hagas, ¡saltan todas las alarmas! ¿Dónde? En aquellos que viven en una inseguridad y miedo permanentes.

Reconozco que cuando vi tales difamaciones, no daba crédito. Lo cierto es que mi incredulidad alcanzaba tal punto que no era capaz de concebir que alguien pudiese hacer algo así.

Mis sentimientos fueron de tristeza, decepción, rabia, impotencia…, pero a medida que las horas iban pasando y me di un tiempo para reflexionar, me dije, ¡no has de temer nada, Carmen, si confías en ti plenamente! ¡Crees en lo que haces! ¡Vives por y para las personas!

Llegaron a mi mente frases como “si eres envidiada no tienes la culpa, será que las cosas las estás haciendo bien y eso escuece”.

Podría haber eliminado esos dañinos comentarios y ya estaba, pero después de reflexionar y con la mente fría, me dije: “lo vas a hacer público, que sean las personas que realmente te conocen personal y profesionalmente las que hablen por ti”. ¡Y así lo hice!

Solo tengo palabras de agradecimiento a los cientos de personas que de un modo u otro me apoyaron, me hicieron sentirme arropada, me valoraron y algunos de ellos con gran contundencia denunciaron tales hechos. Esta emoción no la puedo describir con palabras, pero no faltaron las lágrimas y en abundancia…

¿Cómo reaccioné a tal indignante hecho? Creciéndome, convirtiendo este acontecimiento tan desagradable en una gran oportunidad, levantándome y con elegancia, no dando opción al desánimo ni al abandono. Sé que sin duda la clave está en que creo plenamente en mí y en mi honestidad.

Me queda mucho camino que recorrer, pero mientras lo estoy realizando, no dejo de potenciar la autoestima, además de confiar en mis capacidades.

De este hecho he sacado muchas conclusiones, que te deseen mal y te intenten dañar no es culpa de uno, no está de nuestra mano, sino es responsabilidad únicamente de la otra persona. Con lo que si vas por la vida de frente, con honestidad, honradez, fiel a unos determinados valores…, no debes sentirte culpable por las carencias demostradas por otras personas.

No sé si con esta experiencia personal voy a poder ayudar a alguien a cómo afrontar estos reveses de la vida. Aun así, me gustaría dirigirme a dos tipos de personas:

 

  • si sientes celos o envidia, me atrevo a decirte que esos sentimientos no harán nada bueno de ti, salvo hacerte sentir más mezquino, vivir aún más estresado y a disgusto con la vida.

 

  • Si tú eres la víctima, no te sientas mal. No tienes la culpa de hacer las cosas bien.

 

 

Aprovecha los golpes para convertirlos en oportunidades. De esa forma, los que quieren hundirte verán cómo sus canalladas no hacen más que servirte de impulso.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

SI TE GUSTAN MIS ESCRITOS NO DEJES DE COMPARTIRLOS, TODOS PONEMOS NUESTRO GRANITO DE ARENA.

Convierte los noes en síes

tin-man-1176557_960_720.jpg

Artículo publicado por Carmen Prada

“No es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que responde mejor al cambio”. Charles Darwin.

Después de esta gran cita, comienzo con una pregunta: ¿te consideras una persona con dificultades para afrontar cambios y situaciones adversas?

Son bastantes las personas que ante la carga de dificultades y tropiezos en la vida, sufren un incremento de sus miedos. La precaución es conveniente, pero practicarla en exceso, estar demasiado atento al retrovisor y demasiado poco al frente, lo que hace es paralizarnos. Es cierto que estas situaciones de malestar o dolor lo que hacen es modificar nuestro comportamiento, ya que con el paso de los años la experiencia puede ser un grado o un lastre, según como se oriente.

Claro que no es sencillo estar saltando piedras a lo largo de nuestro camino, pero esta situación por trágica y cansina que nos parezca nos puede aportar con el paso del tiempo una revolución dentro de nuestra propia persona.

car-mirror-1145383_960_720.jpg

A menudo me encuentro con personas que me comentan temerosas, “¿y si me dicen que no…?” Y mi contestación ante esta pregunta siempre es la misma: “pero, ¿qué respuesta tienes en este momento?, ¡un no!”

Entonces os pregunto, ¿por qué no cambiamos los noes por los síes? Os estaréis diciendo, “eso es muy fácil decirlo pero, ¿cómo lo hacemos?”

¿Eres tu mejor amigo?

¿Eres tenaz y consciente de que tus logros serán proporcionales a tus sacrificios?

¿Las dificultades las transformas en retos y sacas todo tipo de lecciones y aprendizajes de ellas?

¿Te consideras una persona con una adaptabilidad importante ante los cambios?

¿Eres de los que cree que enfrentarse a los problemas y los miedos, y no esconderlos bajo el felpudo, es la solución más rápida y eficaz para resolverlos?

 

Tengo que decirte que si a todas estas respuestas te has contestado con un SÍ, ¡enhorabuena! Estoy segura que has trabajado mucho en ti para llegar a este punto, y le podrás decir a la gente que se puede conseguir, partiendo de la base de la confianza en uno mismo.

Pero si eres de los que alguna de estas preguntas te han descolocado, o son muchas en las que has contestado con un no, o quizá al responderte has tenido muchas dudas… ¡Pongámonos manos a la obra y trabajemos sobre ello!

  • ¿Cómo se encuentra tu autoestima?

Es algo primordial, la autoestima marcará como las agujas de un reloj el que creamos en nuestras capacidades y posibilidades. Debemos querernos, confiar en nosotros mismos, reafirmarnos en que es posible lograr lo que nos propongamos.

Hace muy poco le transmití a una persona que para ser mejor persona con los demás tenemos que empezar por querernos a nosotros mismos.

¡Busquemos dentro de nosotros! Tenemos motivos para confiar en nuestras posibilidades, no pensemos que siempre hemos sido perdedores. Cometeríamos un grave error.

  • ¿Al sentido del humor lo conoces?

Conozco personas que son realmente impresionantes en este punto, tanto que son capaces de reírse de sus propios problemas. Utilizan esta herramienta para relativizar lo que les sucede y las dificultades con las que se encuentran.

¿Por qué no reírnos de nosotros mismos, antes que lo hagan otros? Todo parecerá menos grande. No pensemos que llorar es de cobardes, porque además en algunos momentos es necesario, es una emoción más pero no abusemos de ello, no nos hagamos mal.

  • ¿Cómo andamos de relaciones sociales?

Cierto es que cuando la autoestima está tocada somos demasiado susceptibles, por eso debemos cuidar y mucho el tipo de personas de las que nos rodeamos.

Pensemos y seamos realistas, son muchas las que disfrutan con el mal ajeno, y si entre tu círculo de amistades o conocidos abundan o tienen presencia las personas tóxicas, puede que en vez de ver tonos grises, y por momentos algún destello de color, pase todo a tener un aspecto negro. ¡Fuera personas tóxicas!

Rodéate de aquellas positivas, optimistas, alegres…

¡Rodéate de gente que te quiera!

  • ¿Conoces la famosa zona de confort?

                                                                            

Hace muy poco lo hablaba con alguien, que en esta vida está claro que atarse la manta a la cabeza cuando uno tiene dificultades para apenas cubrir esas necesidades básicas que todos tenemos, dificulta la posibilidad de dar giros bruscos en la vida de uno. Para hacer malabares, ya habrá tiempo.

Pero no nos confundamos, pequeños objetivos, metas fácilmente alcanzables, actos que nos hagan salir fuera de nuestro hábitat natural, será como un camino de aprendizaje para esa huida de esa zona tan cómoda por la que todos, absolutamente todos, de un modo u otro hemos rondado.

Superar las adversidades y las dificultades, convertir los noes en síes, hace que seamos capaces de lograr grandes cosas. Sin darnos cuenta, dejamos atrás miedos que nos llevan tiempo paralizando y nos sentimos fuertes ante cualquier reto que se nos ponga por delante.

Seguro que en este momento alguna persona, no sé, quizá de tu entorno o cualquier otra conocida por muchos de nosotros te viene a la cabeza a modo de ejemplo e inspiración.

Yo os dejo la mía…

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

SI TE GUSTAN MIS ESCRITOS NO DEJES DE COMPARTIRLOS, TODOS PONEMOS NUESTRO GRANITO DE ARENA.

Guardar

No me identifico con ese supuesto liderazgo complaciente

woman-1225261_960_720.jpg

 

Artículo publicado por Carmen Prada

La pasada semana pude disfrutar de un taller que trataba sobre “Liderazgo enfocado para obtener mejores resultados dentro de la empresa”. Tengo que decir que haga lo que haga, participe en lo que participe, todo me aporta, aunque como es lógico en unas ocasiones más que en otras.

Durante este taller, impartido por una coach, escuché de su boca una frase que para mí no pasó desapercibida, y fue “me callo lo que pienso y digo lo que quieren oír”. Y la nombro porque me lleva a muchas situaciones que se dan tanto en nuestra vida profesional como en la personal.

Enseguida me vino a la cabeza el ejemplo de una entrevista de trabajo. Siempre he pensado y la he descrito como “una conversación entre dos o más personas, en las que se callan lo que piensan en muchas ocasiones y dicen lo que el otro necesita escuchar, en otras tantas”.

Otra situación que me vino a la cabeza, una conversación entre un jefe y un trabajador, en la cual el trabajador asume una sinrazón por parte del jefe. Muchas veces, el trabajador piensa para sí, “no le voy a llevar la contraria, mejor le doy la razón, no vaya a ser que me ponga de patitas en la calle…”

Otro ejemplo más. En nuestro equipo de trabajo hay una persona que por alguna razón en concreto, y puede ser por su falta de conocimientos o de actitud, no es fácil hablar con ella de modo constructivo, y convendría hacerle ver que si todos remamos en el mismo sentido, todo será más sencillo. Pero por el contrario, nos callamos, no vaya a ser que después encima nos coja manía.

Y si nos vamos a la vida personal, ¿en cuántas ocasiones seguimos al rebaño y sin levantar las orejas por si acaso? ¿Cuántas veces por no llevar la contraria y no tener enfrentamientos o perder amistades que no son tales, no decimos lo que pensamos?

“Me callo lo que pienso y digo lo que quieren oír”, la resumiría en tres palabras, “falta de personalidad”.

¿Por qué dejamos de ser nosotros? Muy sencillo, ¡por miedo! Claro que el miedo es una emoción necesaria y primaria, no es vergonzoso sentirlo. El problema es cuando se nos escapa de las manos y nos bloquea.

Que aparezca el miedo incontrolado en nuestras vidas nos puede llevar a:

  • estados de frustración duraderos en el tiempo;
  • falta de control sobre nosotros mismos;
  • bajo nivel de confianza en uno mismo;
  • emociones negativas, tales como la ansiedad o la angustia;
  • episodios de agresividad e ira.

Y todo ello, porque nos falta carisma y decisión. Eso es, ¡debemos ser coherentes con nosotros mismos guste o no guste a los demás! Eso sí, siempre desde el respeto y con prudencia, hay momentos para hablar y para callar, pero no dejemos que nuestros silencios sean cómplices de nuestra pérdida de dignidad.

Debemos partir de una base, y es que nunca debes decir o hacer algo para complacer a todo el mundo. ¡Quítatelo de la cabeza! Nunca llueve a gusto de todos, y al final uno debe mostrarse como es, lo que es y lo que puede llegar a ser.

PhototasticCollage-2016-06-15-19-58-04.jpg

Voy a poner un ejemplo muy claro. Hace más de dos años empecé a escribir. Al principio comencé a hacerlo en el blog “Hablamos de Personas” de Sebas Morelli, en aquel momento un desconocido para mí al que siempre agradeceré su ofrecimiento, y que ahora tengo que reconocer es un gran amigo.

Pocos meses después comencé con ésta, mi casa, “Las estrellas brillan por ti. Siempre he tenido claro que escribo desde mi experiencia, mis emociones, mi recorrido profesional, mi propia persona… Todo esto lo comparto con vosotros, que al final sois quienes alimentáis mi escritura, pero tengo muy claro que no siempre lo hago al gusto de todos, quizá en muchas ocasiones no compartáis puntos de vista, o el enfoque de los temas, o puede ser que alguien haya visitado el blog y por lo que ha podido ver en un momento determinado, no haya vuelto a querer ni verlo en pintura. ¡Pero es que no pretendo convencer a nadie!, ¡ni tan siquiera que todos compartan los mismos puntos de vista!, o pretender tener otra forma de escribir que me aleje de mi personalidad.

Lo único que pretendo es compartir. Sé que estoy expuesta y lo he asumido desde el principio a las críticas, buenas y malas, pero eso no va a conseguir que deje de ser yo.

No busquemos ser complacientes, no queramos honrar a todo el mundo, no callemos nuestras voces, no caigamos en el temor… Porque al final, lo que estamos haciendo es dejar de ser nosotros mismos.

Finalizo con una frase de las que me gustan, cortas pero al grano, “el respeto se debe ganar, y la educación se debe pedir”.

 

 

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com y Carmen Prada

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

SI TE GUSTAN MIS ESCRITOS NO DEJES DE COMPARTIRLOS, TODOS PONEMOS NUESTRO GRANITO DE ARENA.