El coraje es una decisión

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

A menudo me llegan ofertas de empleo y propuestas de colaboración por diferentes medios. Pero he de reconocer que en muchos de los proyectos que se me presentan no creo, con lo cual, aceptar algo en lo que no veo una  lógica, sería  incoherente por mi parte. Por otro lado, llegan ofertas con tintes que están lejos de la seriedad profesional… Otras, que la carta de presentación en sí de la empresa deja mucho que desear, y también es cierto que otras las voy dejando porque quizá no es el momento, pero nunca las descarto…

Hace algún tiempo, contactó conmigo una persona, que así se considera antes que empresario, interesada en mí profesionalmente. Desde el inicio le hice saber que el proyecto me parecía atractivo, le veía cosas interesantes, tenía muy buena pinta…

 Durante unos días, intercambiamos dudas, reflexiones, opiniones, sugerencias… Y progresivamente hablamos del proyecto con mayor profundidad. Me comentó algo que me hizo ver el porqué este proyecto tenía algo diferente al resto, y lo que me dijo fue “soy humilde pero muy honrado”. Puede sonar a frase hecha, pero tras saber cómo su idea nació, las dificultades que se ha podido encontrar, desencuentros, decepciones, estoy convencida de que es así. Y no tiene cualquier cosa, sino un proyecto inteligente, de futuro, y con un logro muy importante, que es la confianza y unión de las personas, que reitera “son una parte muy importante del proyecto”.

Como a muchos, por desgracia la crisis le azotó, y fue una crisis en muchos sentidos, económica, social, familiar, de salud…  Y lo cierto es que en algunos casos, -y no hablo en concreto de éste-, cuando uno está en lo alto, cuando uno piensa que las necesidades materiales las tiene sobradamente cubiertas, se corre el riesgo de que los euros tapen “otras miserias”…

Son muchos los empresarios y profesionales que han tocado la cima en momentos de bonanza, y a menudo –no siempre, claro-, sin ser conscientes, la soberbia, la altanería, el egocentrismo, el egoísmo… han sido sus compañeros de viaje, y han podido hacer en ellos estragos, ya que han vivido una vida alejados de esa otra realidad que también existe,  que es la de la precariedad y las dificultades para llegar a fin de mes.

Es muy fácil subir, mirar por encima del hombro, llegar a creerse dioses y tratar a los que están a su alrededor con un despotismo desmesurado, sin darse cuenta que el recorrido de la vida es largo, y acabas encontrándote con muchos cruces de caminos, y en ellos, personas que conocías…

No son pocos, y lo digo porque conozco casos concretos, los que siguen sin aceptar que su pedestal ya no es el mismo, el nivel no lo pueden mantener, que quizá deban llamar a puertas que antes ellos tenían que abrir, y ahora tendrían que esperar lo contrario, son incapaces de someterse a una conversión de humildad, su corazón aunque sufra no lo muestran, sino todo lo contrario, siguen viviendo una vida irreal, la soberbia la siguen llevando por bandera… Y no son capaces de mirar atrás, verse a tiempo real y hacer una autocrítica, levantar la mirada de la zona del ombligo o mantenerla a la altura de los ojos de la persona que tienes en frente, porque en esta vida hay que saber ganar, pero también aceptar una derrota, y es que tanto en el éxito como en el fracaso hay que equiparse de mucha humildad.

Seguramente no sea fácil, pero estoy segura que te tiene que hacer crecer el valorar situaciones, momentos, acciones, sensaciones…, en los que antes ni se reparaba. De estos actos nacen nuevas personas, valores, sentimientos… Y es que la persona que me ha inspirado a escribir esto, me ha hecho creer que la humildad desde el todo hasta el poco sigue existiendo. Que de ella nacen ilusiones, pasiones, proyectos, metas, caídas y vueltas a empezar, amar todo aquello que te rodea… Y es que en este caso las fuerzas se las han dado sus hijos, su familia, amigos, “algo que no se ve pero se siente”…, y es que cuando por momentos quieres tirar la toalla, te das cuenta que existen un montón de motivos por los que seguir luchando.

Claro que hay que luchar, pegarse cada día con la vida, patalear, caerse, sudar… Pero, ¿quién nos dice que de todo sufrimiento y dolor no va a nacer algo bonito, que la vida nos va a enseñar algo nuevo?

A mí me has dado una lección, me has hecho ver que hasta las derrotas más crueles se pueden vestir de colores, y no sé cuál será mi camino, pero algo sí puedo decir, y es que todo proyecto que nace desde la humildad del corazón tiene el éxito garantizado, y valoro y agradezco que lo hayas querido compartir conmigo.

El éxito no es el final, el fracaso no es fatal: es el coraje para continuar lo que cuenta.

                                                                                                      WINSTON CHURCHILL

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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La propia vida con distintos finales

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Por Carmen Prada y varios colaboradores

A mediados del pasado agosto di comienzo a una historia en una Red Social, que más bien era un relato con el final abierto, pues mi intención fue hacer participar a aquellas personas que les apeteciese, escribiendo cada cual su propio final para esa historia.

Historia solo había una, pero los finales fueron diversos.

Las personas que me conocen saben que yo no hago nada porque sí, sino que siempre hay una intención, buena, se entiende. Y lo digo ya que toda esta trama tenía un por qué, que no mencioné a propósito…

En nuestras vidas se repiten muchas historias, historias que se comparten entre mucha gente, con más de la que pensamos. Situaciones de desempleo, rupturas afectivas, crisis en nuestra economía, decepciones con amistades, fallecimientos, también alegrías… Pero cada uno decide cómo afrontar esa misma historia.

Nuestras emociones tienen mucho que ver con cómo vivimos determinadas situaciones, también el momento personal o profesional por el que estemos atravesando, la gestión de la autocrítica, hay períodos en los que quizá vivamos con una sensibilidad extrema…

Quizá alguna de las personas que puso final a esa pequeña historia hace aproximadamente un mes y medio, que tampoco es mucho tiempo, en el momento actual lo viviría de otro modo.

No me enrollo más y os dejo el resultado de este “experimento”, y vosotros sacaréis vuestras propias conclusiones.

“No encontraba el lugar ni el momento idóneo para saber hasta dónde podía llegar… Lo cierto es que el día amaneció oscuro y casi lloviznando, pero algo le invitó a tomar la decisión de ir a una cala cercana a su casa para estar en soledad.

Llegó y para su sorpresa, solo estaba ella y el mar, no había nadie más.
Cada vez que acudía a ese lugar se sentía desnuda porque a la vez se veía libre.
El sol doraba su piel, pensaba que éste hoy no saldría, parecía que solo lo había hecho para ella y aún más relajada se sintió.

La calita tenía unas grandes piedras que le permitían disfrutar del sol sin apenas tocar la arena.
Esa tarde algo le llamó la atención, caminó hacia su piedra preferida y se quedó ensimismada mirando el sinfín del mar.

Sabía que apremiaba el tiempo y tenía que tomar una decisión ya. En ese mismo instante mientras miraba el mar y sin darse cuenta, se puso a ello…
Era mucho lo que Encina había sufrido por amor, la vida le había golpeado fuerte, había perdido casi totalmente la fe en ese sentimiento.

Y es que, sin buscarlo ni quererlo, había vuelto a resurgir en ella y se había vuelto a enamorar.
¡No comprendía cómo  podía haber sucedido!
Pero en esta ocasión, su gran amor estaba a más de 400 kilómetros de su hogar y de lo más importante, de sus padres con los que ella vivía.

Su madre, una mujer mayor pero con gran fuerza y valentía. Su padre, que con el paso de los años se había vuelto solitario y muy dependiente de ambas. Lo cierto es que en gran medida Encina llevaba el peso de la casa.

¡Era el momento de tomar una decisión!, vivir su vida y caminar hacia su futuro o seguir viviendo una vida que aunque querida no era la suya…

¿Qué decisión tomar?”

 

Voy a colocar por orden las personas que intervinieron con “su final”, y lo haré de un modo textual, sin variar ni corregir ninguna de sus aportaciones.

  • José Manuel López Gay; “Mirando al Mar soñe….”

 

  • Susana Álvarez Fernández; “Sonrió por última vez a su querida cala y emprendió rumbo a casa, tenía mucho que hablar con sus amados padres”.

 

  • Óscar Montejo Rodríguez; Durante el viaje, su mente estaba desatada. Miedos contra ilusiones, pasado contra futuro,…. una lucha constante entre pensamientos ocuparon cada kilómetro del viaje. ¿Estaré haciendo lo correcto? ¿Y si sale mal?¿Y si sale bien?. La locura de su mente contrarrestaba el volcán emocional de su corazón. Un cúmulo de emociones que confluian en una misma conclusión: quiero y necesito hacer esto.
    Al bajar los escalones del tren, sus piernas, temblorosas, apenas sabían donde dirigirse. Su amado no la esperaba. ¿Qué clase de sorpresa sería sino?. En su rostro, una sonrisa que llamaba la atención a cuantas miradas se cruzaban con Encina. Es uno de los efectos del amor, se nota. ¡Vaya si se notaba!”

 

  • Celia Benítez Pozo; Su cabeza le decía no lo hagas, no te vayas en busca de ese amor, pero su corazón gritaba…hazlo, vete, lucha por tus sueños, vive tu vida y sé feliz con tu amor. Entonces Encina decidió oir los latidos de su corazón, se levantó de su piedra mirando al mar y gritó: voy a ser feliz, voy a arriesgarme y vivir ese amor que me destroza por dentro.
    Cogió su coche y se fue en busca de la felicidad, pero cuando llegó él no estaba, en su puerta había una nota para ella. Abrió el sobre temblorosa y su corazón dio un vuelco al leer: Lo siento, no puedo hacer esto, Encina, perdóname pero soy un cobarde y no tengo derecho a cambiar tu vida, sé feliz sin mi porque yo no soy el hombre que tú deseas, sólo soy una ilusión”.

 

  • Marisa Riera; Y una canción que tarareaba continuamente le ayudó a tomar la decisión, quizás, más difícil pero más personal y consciente de su vida… Muchas veces, los pequeños detalles deciden toda una vida… “

 

Y tú, ¿te atreves a ponerle tu final?

 

Quiero agradeceros a todos los que habéis participado de un modo u otro en esta  historia que yo inicié y que con vuestra contribución ha tenido distintos finales. Todos ellos, son posibles. Cada uno, es especial…

 

 * Canción que Encina tatarareaba según el final de Marisa Riera

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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¿Empatizas o solo intentas endosar?

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Encontrada por las calles de Madrid

 

Artículo publicado por Carmen Prada

A menudo me encuentro profesionales que conocen bien y saben exponer las virtudes de su producto o servicio. Lo lógico sería llegar a alcanzar su objetivo, que no es otro que realizar la venta, pero me doy cuenta que muchas veces no es así.

Podríamos pensar que si tienen las herramientas más importantes para poder lograr su objetivo, ¿qué es lo que falla, pues no lo consiguen? Hagamos un ejercicio de reflexión al respecto.

Realmente no solo necesitamos conocer y dominar todo lo anterior, sino que debemos lograr lo que es más importante, según mi humilde opinión y experiencia, que es empatizar con el cliente.

Llegar a la venta es un proceso largo.

  • Debemos conocer en profundidad el producto o servicio, la propia empresa, las ventajas y también los posibles puntos débiles de lo que vendemos. Cómo no, conocer también a la competencia, algo en lo que muchas ocasiones no se repara.
  • Es importante conocer nuestros clientes potenciales, hacer un estudio de candidatos y de este modo no dar tumbos ni tener la sensación por momentos de no saber qué dirección tomar o de estar perdiendo el tiempo.
  • Debemos conocer nuestras limitaciones y áreas de mejora dentro de nuestras propias funciones, ser humildes en este aspecto y por otro lado focalizar nuestros esfuerzos en las debilidades. No seamos cabezones y orgullosos al pensar “¡yo llevo vendiendo así toda mi vida, no voy a cambiar ahora!”. ¡Pues sí, quizá lo debas hacer! Los tiempos cambian y con ellos nosotros también debemos hacerlo.
  • Cada uno debe tener su marca personal a la hora de vender. Debemos ser camaleónicos en este sentido, cada cliente es único y diferente, no es él el que se debe amoldar a nosotros, sino nosotros tener la capacidad de conocer el tipo de cliente que tenemos enfrente y de este modo poder tratarlo.
  • Dejemos de pensar como hace 15 años, hoy por hoy el cliente es más exigente, y no porque conozca más el producto concreto, pero sí tiene más conocimiento del mercado.
  • Debemos encontrar el medio de llegar a él. Lo cierto que concertar una entrevista personal con el cliente dará valor a nuestra profesionalidad.

¿Cómo llego al cliente si tengo que saltar un montón de obstáculos?

Utiliza la imaginación, la creatividad, pero también… ¡vuelve a empatizar! ¿Con quién? Con la secretaria, que cada vez que llamas te dice que en ese momento no está, o te suelta la repetitiva frase hecha de “está reunido”. Empieza por ganarte con ingenio a tu primer interlocutor –tema a tratar en otro post.- Superado esto, ya tienes medio camino recorrido. Pero entonces, “¿cuál es el que me queda ahora?” El plato fuerte, llegar en el más amplio sentido de la palabra al propio cliente.

Hasta aquí tenemos toda la teoría muy clara, o casi, te has aprendido el guión de memoria pero… ¡Llegó el momento de saltar al ruedo y torear en la plaza!

Si queremos vender, con la teoría no es suficiente. Debemos saber identificar el tipo de cliente  y tener además la capacidad de adaptarnos a él, según el perfil del mismo. Existen varios perfiles, pero si tienes la experiencia necesaria -y no hablo de la teoría- te darás cuenta en cuestión de momentos cómo debes afrontar esa entrevista.

El tener delante al cliente, en muchos casos hace que uno se sienta desnudo. ¿Cuáles pueden ser los motivos?

  • El producto lo tenemos claro, pero quizá la seguridad en nosotros mismos no la tenemos tan potenciada.
  • Quizá nos cuesta romper el hielo. No vayas directamente al grano, muéstrate cercano. Busca a tu alrededor mientras le esperas algo que se repita de un modo u otro en su decoración, que parezca que despierta interés en el propio cliente, sus aficiones… y utiliza ese argumento para no empezar con la venta precipitadamente y sacar ese tema y conectar con él antes de comenzar.
  • Te bloqueas una vez lo tienes enfrente. No pasa nada, salúdale con un apretón de manos firme, no rehúyas la mirada, pero tampoco seas agresivo con ella. Sonríe, si para ello necesitas un motivo, piensa que tienes en ese momento una oportunidad ante ti. No muestres una sonrisa forzada, quizá la debas practicar. ¡Es el momento sin duda de empezar a empatizar!
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Fotografía Pixabay.com

 

 

 

  • Debes mostrarte tranquilo aunque te cueste. Transmite seguridad, no recules en tus afirmaciones, no peques de hablar demasiado, da la información precisa, la que el propio cliente te pida. No le pises la palabra, deja que el cliente te dé pistas sobre lo que desea o incluso de lo que necesita y aún no sabe… Es muy importante que seas observador y practiques la escucha activa, quédate con todos los detalles.
  • Caemos en el error de incluir en el argumentario atacar a la competencia. Evita por todos los medios hablar mal de ella, le estarás haciendo publicidad gratuita y darás la impresión de que tu producto o servicio no es gran cosa, pues si lo fuera no haría falta traer a colación a otros. Sé listo si el cliente te pone a prueba en este sentido. Nunca menosprecies a la competencia, no hables mal de ella, y si puedes ni la nombres. ¡No caigamos en este grave error, que por desgracia es muy común! ¡Somos profesionales!

 

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Solo conozcámosla…

  • ¿En el cierre sientes que te atascas? Esta es la parte más personal del comercial, la que distingue del normalito al realmente bueno. Al igual que hay diversos tipo de clientes, cada comercial por su carisma y preparación trabaja cierres diferentes. Por eso es muy importante que tengas claro qué tipo de cliente tienes enfrente. No te muestres impaciente, evita parecer que imperiosamente quieres vender, (aunque en el fondo ambos sepáis que es así), es un momento para volver a trabajar la empatía. Es el cliente más importante que en este momento existe para ti, házselo ver.

 

Si superas el ser un Asesor Comercial más, si has mostrado que sus preocupaciones como cliente son las tuyas, que no necesitas hablar de nadie para darle valor a tu producto o servicio, y que además has sido transparente y honesto con él, no creo que te cueste alcanzar la venta. Quizá le tengas que hacer una segunda visita, aprovecha para trabajar lo que has anotado en tu agenda sobre el cliente, tanto dudas que le han hecho pensárselo, como pequeños comentarios de su vida personal, que has de utilizar para conectar con él de nuevo.  Porque si has logrado que hable de esta última, sin duda lo has conseguido, ¡has empatizado!

Vete con el pedido preparado para la siguiente visita…

Puede que te hayas ganado un cliente, o más…

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Marcha solidaria, juntos podemos hacer mucho

 

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Dorsales de solidaridad

 

 

 

Por Carmen Prada

El pasado domingo 18 de septiembre tuve la gran suerte de participar en un evento en el que no dudé en tomar parte cuando me dijeron, días atrás, lo que se estaba fraguando.

Se llevó a cabo la  1ª Marcha Solidaria Fútbol Base S.D. Ponferradina y ALFAEM SALUD MENTAL. El fin, recaudar fondos para la adquisición de una furgoneta que ayudará a mejorar el servicio del Centro Ocupacional El Valle, de la delegación que ALFAEM SALUD MENTAL-LEÓN tiene en mi ciudad, Ponferrada.

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Qué mejor plan para un domingo por la mañana, caminar casi 6 kilómetros disfrutando de un día estupendo y por una buena causa, ¡solidaridad!

Así que preparé un desayuno adecuado para el ejercicio que iba hacer, el atuendo y calzado deportivo pertinente para la ocasión y una mochila de buenas intenciones.

Mi esposo, cómo no, se apuntó a participar en el evento, y eso hizo más entrañable ese día, ambos unidos una vez más por una causa noble. Cuando llegamos al lugar señalado para la salida de la marcha, puedo decir que mi sorpresa fue muy grata. Había allí muchas personas con diferentes perfiles. Grupos de amigos, parejas, familias con sus niños, gente de todas las edades, y los chavales de la cantera del club de mis amores, todos dispuestos a aportar su granito de arena.

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Fotografía propiedad Alfaem

¡Todos unidos sin esperar nada a cambio en un acto solidario! ¡Disfruté del recorrido inmensamente!

A lo largo de los 6 kilómetros me dio tiempo a disfrutar de parajes que ni conocía de mi ciudad, ya que una se enreda en su rutina y trabajo, y siempre tienes alguna excusa para no salir de tu hábitat natural y descubrir todo lo que tienes alrededor. Gocé durante la hora y media del trayecto de una charla continuada, sin prisas, sin interrupciones, en la que mi esposo intercalaba chistes y ocurrencias que amenizaron la caminata, muy típico de él. Pude sacar un montón de fotografías de parajes sorprendentes, incluso descubrí que en Ponferrada hay caballos pastando libremente, algo de lo que no tenía ni idea, escuché el fluir del río que acompañaba nuestros pasos en algún tramo del camino… Pero también me fijé y aprecié rostros, sensaciones, emociones, sensibilidad… Porque todo el recorrido fue eso, momentos emotivos.

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No se competía, no había premio para el primero en llegar a la meta, nadie tenía que mostrarse más en forma que otro… Realmente todos éramos partícipes de un equipo ganador, el de la solidaridad. Entre los participantes y la gran organización y colaboración de todos los integrantes de ALFAEM SALUD MENTAL y también de la S.D. Ponferradina, esta iniciativa se hizo aún más grande.

A posteriori, pude saber que el número de participantes superó los 400, y que las ayudas recibidas por parte de empresas también fueron generosas.

¿Cómo no voy a creer en la solidaridad? ¿Cómo no apoyar estas iniciativas? ¿Qué nos cuesta poner nuestro granito de arena?

He podido disfrutar en talleres con personas de esta asociación y otras, que con la mirada o un abrazo muestran su agradecimiento, que aprecian lo poco o mucho que les puedas enseñar porque son como esponjas, se muestran generosos y sensibles, y no quiero dejar de destacar la gran labor interna y la lucha incesante externa de trabajadores y colaboradores que hacen aún más grande estas asociaciones.

Veamos a estas personas como tal, sin más, no midamos la discapacidad que tienen para aprovecharnos de bonificaciones, si en realidad eso es lo que buscamos en su contratación. No son bichos raros, no los hagamos sentir así. Las enfermedades mentales abarcan muchos ámbitos de la salud mental, y en muchos casos se llegan a desarrollar pasados años, con lo que ¡no miremos a otro lado!

Como Alfaem hay muchas asociaciones en España sin ánimo de lucro, que luchan en muchas ocasiones en soledad porque nadie les acompaña, ni el propio Estado. Necesitan de todos, y cado uno podemos aportar según nuestra condición, porque no todo es material…

Personalmente, participar con alguna de estas asociaciones me ha aportado muchísimo, me ha hecho ver realidades a veces crueles, me ha puesto por momentos los pies en el suelo e incluso me ha hecho pensar después de salir de algunas de las clases, si yo era la profe o lo eran ellos…

Animo sin duda a todas las personas a que de un modo u otro colaboren en estas organizaciones que tanto necesitan de los ciudadanos de a pie, y se movilicen para que “alguien” se dé cuenta que existen personas que por diversas circunstancias necesitan de todos. Y eso incluye evidentemente a las Administraciones Públicas.

¡Enhorabuena a todos los héroes que cada día se levantan con el propósito de ayudar!

*Fotografías, Carmen Prada

Carmen Prada

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Homo emotionalis en el trabajo, y no máquinas

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Artículo publicado por Carmen Prada

El pasado sábado publiqué un post con el título de No me gustaría olvidar acerca del día que hoy se conmemora, referido a esa cruel enfermedad que es el Alzhéimer, que a tantas familias ha visitado, por desgracia.

Desde niña me enseñaron a ser agradecida y desde el corazón cuando una tanto recibe. Y lo digo por los mensajes y comentarios que me han llegado desde las distintas Redes Sociales, así como por el alcance de la publicación, al igual que la sensibilidad que he podido ver y sentir en muchas personas que ni conozco acerca del dolor que produce “la enfermedad del olvido”, lo cual me ha sobrecogido. Muchas gracias a todos.

También es cierto que me ha sorprendido que la mayor difusión se haya producido en la Red Social LinkedIn, lo cual me ha hecho reflexionar y mucho. Ésta es la red de contactos de profesionales por excelencia, el lugar virtual de mayor relevancia para la práctica del networking, la Red en la que pueden surgir colaboraciones u ofertas laborales si la aprovechas bien y la sabes trabajar correctamente, pero también es cierto que en determinados momentos llega a parecer fría y mecánica.

Me explico. En muchas ocasiones creemos que en nuestro ámbito laboral, profesional, incluso en el personal, no nos debemos mostrar tal y como somos, y mucho menos cómo nos sentimos. Evidentemente, no hablo de extremos, ya que ir contando las penas a todo aquel que pasa o estar sollozando con el pañuelo en la mano permanentemente, ni es sensato ni es profesional, desde luego.

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Algunas personas llevan tiempo interpretando un papel de duros y temibles en su trabajo, en algunos casos para eso les pagan, “según dicen…”. Otros denotan fuerte personalidad y además necesitan mostrarla imperiosamente.  Otros van a trabajar y solo respiran eso, rutina, hacen  sus horas y para casa. Hay personas que tienen que medir mucho en su puesto lo que dicen o hacen, ya que su contrato pende de un hilo cada día. También nos encontramos con otras que aspiran a encontrar un nuevo puesto de trabajo y llevan tiempo preparándose mediante formaciones, talleres… el qué hacer o no hacer en una entrevista de trabajo para lograr el objetivo. Profesionales que según el sector del que hablemos, deben mostrar su mejor cara para de este modo llegar y empatizar con los demás, independientemente del momento por el que estén pasando.

En estos días me he hecho varias preguntas a las que no he podido evitar hacer otra cosa que dar respuesta:

  • ¿en qué lugar quedan nuestras emociones? ¡En el lugar más oscuro! En ese en el que evitamos que se detecten, por si acaso… Tenemos demasiados miedos, quizá entre todos nos hayamos encargado de ello.
  • ¿Pero no somos personas por encima de cualquier cosa? ¡Por supuesto, y no debemos rehuir de esa realidad! Las personas tenemos sentimientos, miedos, flaquezas, vivimos por emociones… ¡Somos seres humanos! En nuestra vida personal, pero también en la profesional, no somos máquinas.
  • ¿Expresar nuestras emociones puede dar muestra de debilidad? Todas las personas que han mostrado sus emociones, miedos, incluso rabia, me merecen todo el respeto y, ¿sabéis por qué? Porque son personas que gozan de una sensibilidad capaz de transmitirla y gran fortaleza para hacer frente a las dificultades que puedan surgir. ¡Yo las querría en mi equipo! Grandes dotes de solidaridad es lo que trae consigo la capacidad de trabajar en equipo.

 

  • ¿Por qué hay personas que en el ámbito profesional no las muestran explícitamente? En muchas ocasiones, algunas personas, por motivos diversos, en su vida en general, desempeñan un doble papel. Por un lado el Sr. Fulanito en su ámbito laboral es de una determinada manera, mientras que en su vida privada se comporta de forma completamente distinta. Esto a veces llega a confundir a cualquiera…

 

  • ¿En cuántas ocasiones hemos escuchado o dicho, “no tiene escrúpulos de ningún tipo”? Tengo la esperanza de que todos los tengamos, aunque a algunos les cuesta más que a otros buscar dentro de sí mismos y sacar lo mejor…

 

¿Por qué todo esto? Porque las emociones son indispensables en nuestras vidas, no somos robots, no podemos fingir no tener momentos de debilidad o necesidad de que alguien nos escuche, es imposible alejarnos de la vida real y personal, debemos romper con ese tópico de que llorar es de débiles, parece que la vida es de diversos colores pero que el negro no está, muchas veces la sociedad nos quiere empujar a deshumanizarnos…

Tengo claro algo, y puede que haya personas que discrepen al respecto, pero no entiendo a un buen profesional desdoblándose de su persona real, no esa que le han hecho interpretar o él mismo ha tomada prestada y en la que a veces se siente acomodado, y otras tantas incómodo…

La sensibilidad caracteriza a los que saben afrontar la vida salvando muchas barreras de las que nunca han renegado, y han aprovechado éstas para crecer exponencialmente en su vida personal y profesional.

A todos los que no teméis mostrar vuestras emociones, os doy las gracias de corazón.  Y confío que muchos más se liberarán de cargas para poder hacerlo.

*Fotografía, Pixabay.com

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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No me gustaría olvidar

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Por Carmen Prada

Las siguientes palabras las dedico especialmente a mi familia, así como a todas las que sufren el mal del que escribo a continuación.

Como cada año desde 1994, el próximo 21 de septiembre se celebra el Día Mundial del Alzhéimer, demencia que en España afecta a más de 600 mil personas, muchas aún sin diagnosticar. Se estima que dentro de 35 años, la llamada “enfermedad del olvido” la padecerán en España un millón y medio de personas. A la crueldad con la que se manifiesta y desarrolla, se une el hecho de suponer un gasto medio anual de unos 31000€, cantidad que ha de asumir el enfermo o su familia, ya que la tan esperada y necesaria Ley de Dependencia de momento es papel mojado para muchas personas que a duras penas sobrellevan su situación de precariedad, mientras iniciativas de lo más variopinto reciben subvenciones cuantiosas; pero no es la corrupción en sus múltiples formas -también a veces bajo el amparo de la legalidad– el tema que nos ocupa…

El que un familiar muy directo esté afectado por ella, me hace sentir esta enfermedad como mía propia, te hace valorar mucho más algunas cosas en las que antes no reparabas. Te hace vivir cada momento como único y último.

Por este motivo, deseo hacer una muy personal declaración de intenciones, y solo de intenciones, pues nadie está libre de sufrir esta dichosa enfermedad. Declaro solemnemente,  que no deseo olvidarme, entre otros muchos recuerdos, de:

  • mi primer disfraz de carnaval, de sevillana concretamente, que con tanto orgullo lucí;
  • la primera vez que comulgué, y algo dentro de mí se removió;
  • mi única canasta en dos años, jugando en el equipo de baloncesto del colegio. ¡Bueno, quizá por eso la recuerdo!
  • Escuchar a mi madre salir de casa a las cinco de la madrugada yendo a trabajar, haciéndonos ver lo importante que en la vida es el sacrificio;
  • las vacaciones estivales que en la infancia y adolescencia disfrutaba gracias al esfuerzo desmesurado de mis padres durante todo el año;
  • momentos en los que sufrí lo que ahora se llama “acoso escolar”, y no lo quiero olvidar porque me hizo afrontarlo con más fortaleza de la que yo podía imaginar;
  • mi juventud, que me hizo ver lo que era bueno en la vida de una persona y de lo que siempre me debería alejar;
  • el fatal primer amor que dejó secuelas en mi vida, y al que nunca he guardado rencor;
  • mi primer coche, que lo pagué con mi primer trabajo, ¡y lo que me costó!, con un contrato de aprendizaje y trabajando 9 horas y media seis días a la semana;
  • mi abuela paterna, mi fiel confidente, tan importante en mi juventud, cuya muerte nos cogió a todos por sorpresa, haciéndome vivir uno de los momentos más duros de mi existencia, agudizado por el fallecimiento en accidente de tráfico poco tiempo después de un tío materno solo un año mayor que yo;
  • mi primer logro profesional, bien jovencita. En un sobre y sin saber qué era, fui premiada con un viaje por las islas griegas, tras alcanzar un gran objetivo comercial;
  • la aparición inesperada de mi gran amor, con su peculiar modo pizpireto y desenfadado;
  • uno de los peores momentos de mi vida, cuando después de muchas pruebas y resultados, nos dieron el diagnóstico, diciéndonos “sufre Alzhéimer”;
  • mi boda, y muy especialmente el momento en el que entré en la basílica del brazo de mi padre, mientras mi prometido esperaba en mitad del templo, y yo le miraba entregada a lo que iba a hacer;
  • cada uno de mis logros profesionales, siempre vinculados a todos los valores que mis padres me han inculcado, y con sacrificio y tesón nos siguen mostrando;
  • cada “te quiero” de mi esposo, de los que les digo y me dicen mis padres, de los momentos que ya hemos vivido pero también de los que estamos viviendo;
  • dónde vengo y a dónde voy. Vengo de la humildad, la sencillez, la honradez, la generosidad y el sacrificio, y voy por el mismo camino sin desviarme, o por lo menos así lo estoy intentando.

 

¡Y es que no me quiero olvidar de nada ni de nadie! La vida está repleta de momentos buenos, pero también de los que no son tanto. Gracias a todos ellos nos desarrollamos como personas.

Y en especial en este día quiero tener presente que esta enfermedad no es solo de quien la sufre, también muy especialmente de la persona que le acompaña día y noche. De esa persona que llora en silencio por un mal gesto o palabra que le hace recordar que antes no era así. El enfermo adopta a veces actitudes muy cómodas, se hace difícil discernir hasta qué punto sería eso evitable, o si es solo debido al avance del mal, pero en todo caso esas situaciones del día a día hacen que el peso sea paulatinamente más difícil de sobrellevar. Los silencios prolongados al acompañante le causan dolor, porque le dan la sensación de vivir aún en mayor soledad. Tantas veces se dice “no puedo más”, y sin embargo sigue… Y se angustia y le falta el aire cuando la persona enferma tarda en llegar a casa un poco más de lo previsto, vive de cerca los episodios más fuertes de la dichosa enfermedad, está pendiente de su medicación en cada momento… Nada sería igual sin su presencia, sin la presencia de las familias y cuidadores que velan por el bienestar de estos enfermos.

Hay que intentar sacarle el jugo a cada instante, porque algún día llegará la oscuridad, pero hasta ese momento quiero contribuir a que esta persona muy querida por mí viva con la mayor plenitud posible, y que los recuerdos que aún le queden sean de ese modo felices.

Hace días escuché a la esposa de un enfermo de alzhéimer el siguiente pensamiento que comparto: “no hace falta tener buena memoria para tener buenos recuerdos.”

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Más vale poco de muchos que mucho de uno

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Artículo publicado por Carmen Prada

¿Si te planteasen tener en tu empresa o en tu equipo de trabajo al mejor vendedor que hayas conocido, le harías un hueco aun teniendo completa la plantilla? Estoy convencida que muchos alzarían las manos, pidiéndolo sin demora.

Lo cierto es que en un equipo comercial, a priori este gran vendedor puede salvar “muchas vidas”, pero, ¿durante qué periodo de tiempo?, ¿cuál sería el modo de actuar para alcanzar tales números?, ¿qué repercusión tendría en el resto del equipo?

Evidentemente, a un “comercial 10 en ventas” muchas empresas se lo rifarían independientemente de pensar más allá. Realmente es todo un filón para un negocio. Sobre todo para el mando intermedio, ya que le maquillaría los números cada mes, cerraría los trimestres con nota, haría de tirita en el caso de bajo rendimiento de otros compañeros, sería un referente a tener en cuenta para continuamente recordárselo al resto del equipo, las comisiones subirían como la bolsa en días de bonanza… Quizá más bien sería un remiendo momentáneo, según mi parecer.

Esta figura que se lleva todos los reconocimientos por parte de la empresa y ante sus compañeros, y al que todo se le concede porque lo tiene “más que merecido”, es ese profesional del que dependes, así de claro. Dirigir a un equipo comercial es una tarea de presente, pero sin duda de siembra para el futuro. Y la siembra en el mundo comercial es lo más complicado a lo que uno se tiene que enfrentar, si quiere tener una buena recogida.

Siempre he tenido claro mi punto de vista con respecto a este tema y mi modo de actuar. He dirigido equipos de trabajo, equipos comerciales, y lo cierto es que la única premisa que colocaba encima de la mesa era la de que mi equipo lo monto yo, y del mismo modo que es mi responsabilidad la contratación del mismo, asumo las consecuencias. Porque en esta vida, hay que ser coherente y congruente. Y siempre he preferido dar cuenta de mis decisiones, para lo bueno y lo malo, que tener que responder por decisiones que otros han tomado incluso sin ni siquiera consultarme. Si después había que echar balones fuera, estaba claro que en la portería me iba a encontrar yo, pero lo asumía.

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He de decir a favor de todos los jefes que he tenido, que nunca ninguno me impuso un equipo de personas y me dijo “esto es lo que hay, y es con lo que tienes que trabajar”.

Quizá a muchas personas, en cambio, esa postura impositiva por parte de la empresa les resulte más cómoda, porque la responsabilidad no va a recaer sobre ellos al 100%, y además no se tienen que romper la cabeza al montar un equipo de trabajo, que no es tarea fácil.

En mi caso, he evitado a toda costa tener entre mi gente a un “ crack de comercial” que me diera los números que necesitaba y que además lo hiciese “a costa de lo que fuese…”, he evitado mirar hacia otro lado sin importarme el modo de cómo consiguiese esos números, y desde luego he evitado dejar que ese supervendedor “fuera por libre” mientras el resto del equipo “ni fu, ni fa”, con cambio de cromos continuamente y sin la motivación suficiente como para darle un giro a sus números. Soy consciente de que hay equipos que funcionan así, y como los números, en sentido colectivo, van saliendo, pues así se tapa la realidad.

Mi postura siempre ha sido la misma. Obviamente, no rechazo tener un excelente profesional en mi equipo, sería como decir que no quiero al mejor delantero del mundo en mi querida S.D.Ponferradina, pero la experiencia me lleva a ser muy cuidadosa, pues hay “cracks” que basan sus números en prácticas comerciales poco éticas, otros pecan de egocentrismo y cualquier planteamiento de trabajo en equipo les resbala, y otros piensan que presentar buenos números es patente de corso para hacer lo que les dé la gana. Ahora bien, doy la bienvenida al que a una habilidad comercial excelente, una la honestidad, la disciplina, el respeto, la humildad y la calidad humana suficientes para poder trabajar en equipo y aportar a los demás todo aquello que les pueda ayudar.

En la diversidad todos podemos enriquecernos, por lo que he preferido tener siempre grupos con cierta heterogeneidad, que unos profesionales se pudiesen nutrir de los otros, evidentemente alguno siempre despunta y eso es bueno, porque para el resto es un ejemplo a seguir, pero lo que puede ser fatídico es que de uno solo dependa todo el equipo, y mucho menos yo como responsable del mismo.

Si eres capaz de completar un grupo de personas con valores y profesionalidad, el resto lo tienes muy sencillo. Pero llegar a ese punto reconozco que no es fácil.

A mí me importa el modo de trabajar de la gente que tengo a mi cargo, que lo hagan con honradez y seriedad, y no quiero que lo hagan de cualquier manera para llegar a ser un “10”. Me gusta la competitividad sana dentro del propio grupo, y eso se consigue con personas  que trabajen con pasión, a gusto pero con la presión necesaria, con capacidad de sacrificio, en un buen ambiente de trabajo, y con posibilidades reales de crecimiento individual y colectivo.

Y os estaréis preguntando, ¿por qué motivo no quieres a alguien que despunte claramente en tu equipo de trabajo y te pueda ayudar a alcanzar los objetivos más fácilmente? Lo quiero si va acompañado de valores, porque ayudará al resto. No lo quiero si solo va a lo suyo, ¡es pan para hoy y hambre para mañana! Esa situación no creará buen ambiente, y si el equipo depende demasiado de sus ventas, ¿qué pasará si un buen día decide dejar de formar parte de la empresa? ¡Sería un desastre! No tengo ninguna duda de que es mejor, a medio o largo plazo, haber apostado por varios que sumen, aunque menos individualmente, que confiarlo todo a una carta.

En cambio, si el grupo está unido y comprometido, no tardará en descubrir los beneficios de trabajar en equipo, sacando de cada uno lo mejor, premiando los logros en público, hablando en privado de posibles errores a mejorar y logrando el respeto de todos, además de que los números serán constantes y en aumento, (en eso deberíamos trabajar), nunca jugaremos con fuego.

¡Claro que es un desafío personal!

¡Por supuesto que es difícil!

 ¡Evidentemente que toda la responsabilidad la tendrás que asumir para lo bueno y para lo malo!

Pero si eres un líder y no te dan miedo los retos, tu mayor satisfacción será cuando llegue la época de recogida, porque has trabajado en el tiempo de siembra.

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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