Trabajar en familia y no morir en el intento

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Artículo publicado por Carmen Prada

En algún momento lo leí, y es que dicen las estadísticas que la primera generación levanta una empresa, la segunda la administra y la tercera la dilapida.

Hace escasos días escuché un programa de radio en el cual se planteaba la siguiente pregunta: “¿trabajaría usted con su pareja o con algún familiar?” Lo cierto es que la respuesta abrumadoramente mayoritaria era ¡no! Así de sencillo.

Son muchas las cosas a tener en cuenta, y depende en gran medida de la personalidad y carisma de las personas que lideran el proyecto.

Hay negocios generacionales, la primera generación quizá no poseía los mismos recursos o preparación académica que la segunda y tercera generación, pero es cierto algo, y es que la formación es muy importante, pero el empuje y la fe y la pasión por lo que uno crea y ve florecer pesa más.

Reconozco haber trabajado con el que ahora es mi esposo, pero en aquel entonces novio, y yo ejercía un cargo de responsabilidad dentro de un equipo comercial del que él formaba parte. Lo teníamos claro, a partir de tal hora somos profesionales, y después de la jornada laboral otra vez pareja. Reconozco que pocas personas entendían cómo podíamos hacerlo, pero la verdad es que nunca tuvimos problema alguno al respecto.

Delimitar y alejar de tu vida personal la profesional nunca es fácil, y es más, puede llevar a rupturas sentimentales, familiares o a distanciamientos con amistades.

Lo más complejo de todo cuando tu trabajo lo compartes con un familiar es saber dónde y cuándo finalizan las relaciones personales y las profesionales. Al final, es como una relación de amor/odio, ya que gestionar las emociones cuando existe un vínculo de confianza tan fuerte hace por momentos que ambos midan sus fuerzas llegando al máximo.

La situación actual en el país hace que muchas personas se planteen cuestiones como puede ser el poner en marcha una empresa familiar. De esa idea, evidentemente empiezan a surgir diversas preguntas, tales como:  ¿qué hacemos entonces?, ¿trabajamos en familia o mejor buscamos nuestro propio camino?

Sin duda, cada persona es un mundo y un caso particular, pero el tema de las empresas familiares puede parecer algo más sencillo de gestionar, ya que “al final todo queda en familia”, pero tiene más inconvenientes que ventajas, y es que sin duda no es oro todo lo que reluce.

Existe cuestiones básicas que toda empresa de este tipo, que no deja de estar formada por personas, debe plantearse:

  • ¿lo voy a hacer por necesidad? Con lo cual, el grado de responsabilidad, implicación y desempeño de tus funciones, va a ser proporcional a esa necesidad, que sin duda no tiene por qué estar reñida con que además disfrutes con tu trabajo.
  • ¿Lo voy a hacer por compromiso? La respuesta que doy a esta última pregunta es simple. Llegará un momento en que se tome otro camino diferente, ya que ni uno mismo se identifica con lo que hace. ¡No existe una necesidad que haga que luches por el negocio!

Para mí, las empresas familiares son empresas, sin añadir “familiares”. Porque si nos ponemos a pensar, ¿cuál es el fin de cualquier empresa? Obtener una rentabilidad económica. Debemos tener claro que una empresa no es una ONG, y a partir de aquí, ¡nadie trabaja por pasar el rato! De ahí la importancia, como siempre digo, de la sana ambición. El conformismo tiene que estar muy lejos de cualquier profesional, y más si cabe en estos casos.

Yo tampoco me conformo con los inconvenientes de hacerlo, y voy a intentar buscar soluciones para que la situación sea más gratificante, en muchos sentidos:

  • en cualquier empresa familiar es aconsejable definir horarios estrictos y reales de trabajo, días de descanso, tareas repartidas y a las que cada cual se compromete, objetivos claramente definidos, sin olvidarnos de algo tan básico como es la innovación dentro de un negocio.
  • Déjese claro desde el inicio el porcentaje a repartir de las ganancias, como ha tenido que quedar claro el de las responsabilidades.
  • Algo básico es saber separar el terreno personal del profesional, respetando siempre dichos ámbitos. Tanta confianza en la mayoría de las ocasiones perjudica más que beneficia, de ahí que muchas veces se abuse de ella…

 

  • Mantener el autocontrol juega un papel muy importante. Como mencioné anteriormente, la confianza nos puede llevar al abuso o incluso a situaciones límite que además de finalizar con ese compromiso profesional, pueda limar y dañar la relación familiar o de amistad.

 

  • Si ya cuando tenemos trabajadores a nuestro cargo es importante una buena comunicación, sobra decir que en este caso debe ser abundante. Una de las herramientas más valiosas para el buen funcionamiento de la empresa, sin duda.

Os quiero dejar una breve reflexión.

“Que lo que no ha separado la sangre que corre por las venas de una familia o por el vínculo tan estrecho que existe en una pareja, no lo separe algo tan material como una lucha de poder y egos…” Carmen Prada.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Pixabay

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A mí también me sucede… No eres un extraterrestre

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Artículo publicado por Carmen Prada

“Que no te vendan humo, todos tenemos días basura. Lo que nos diferencia es cómo cada cual los afronta, nada más”, Carmen Prada

Sí, hoy la cita no es de un personaje célebre, es de servidora. ¡Qué le vamos hacer!

Quizá el cambio de estación, los altibajos en las temperatura, virus diversos… nos estén afectando a todos de un modo u otro. Confieso que he pasado unos días de interiorización, reflexión, hablar mucho conmigo misma… Y siempre que cambias de armario, hay alguna prenda de la que prescindir, porque ya no la utilizas o  quizá ya no te sirva.
Según cómo nos encontremos emocionalmente, aceptamos como respuesta un “no hay problema, el tiempo pasa y listo” o “menuda mierda de vida (disculpad por la expresión, pero seguro que todos la hemos escuchado o incluso dicho en algún mal momento)”.

Acostumbro bien temprano cada mañana a salir a caminar por la orilla del río Sil, que surca y dibuja más bella mi ciudad, Ponferrada. Hace unos días, mientras llevaba “mi pinganillo” al oído y en la radio sonaba la canción “Siendo uno mismo”, de Manuel Carrasco, me dejé llevar por su melodía y letra, y sin darme cuenta me arranqué a cantar, pero a todo trapo. Me paré, me reí de mí misma y pensé, menudo día de mierda tuve ayer y hoy a primera hora de la mañana estoy riéndome de mí misma”.

¡Cuánto bien nos hace reírnos de nosotros mismos!

“Día de mierda”, con el permiso de mi gran amiga Susana Álvarez, porque abiertamente un día así los bautizó. ¿Por qué no llamar a las cosas por su nombre?

Hablando desde la más absoluta sinceridad, el humo sale de las chimeneas, con lo que éste no se debe comprar, sencillamente porque no se debería vender…

Las palmeras son árboles formados en su parte superior por la corona o copa, ésta la componen el conjunto de sus hojas. Son muy apetecibles para resguardarnos de la sombra, pero vivir rodeados de “palmeros” que nos eviten el sol en la cabeza, nos impide sentir que el dolor de cabeza también existe y es natural.

Y traduzco, la vida no está dibujada de color rosa, ni siempre debemos buscar a aquellos que nos digan lo que necesitamos oír o hacer.

Toda persona tiene su historia, su vida, sus cicatrices, sus retos. ¡Yo también tengo vida, y es como la tuya, ni más ni menos!

Todos en algún momento queremos mandar todo a la porra, nos sale por la boca lo que se puede decir y hasta lo que no se debe, llegamos a negociar con valores, pensamos que nada merece la pena, que no se ve la luz al final del túnel… ¿Pero crees que eso solo te sucede a ti? Puede que me digas, “no me sirve de consuelo”, y quizá tengas tu parte de razón pero, si la vida no es toda de color rosa, ¿crees que el negro entonces es su color? ¡Tampoco!

Todo va marcado por el color del filtro a través del que miramos ese recorrido vital en el que simplemente somos un caminante más.

Cómo no, también influye cómo se encuentre nuestro corazón, si su latido es normal y no está demasiado afectado por el estrés, la tristeza, la ansiedad…
Tal como hace la naturaleza, es preciso distinguir entre aquellas hojas caducas, que caen porque su ciclo ha terminado, y las que son perennes, y resisten el paso del tiempo y de las estaciones. Así es, en nuestro devenir existencial hay proyectos y personas que quizá sean pasajeros, y no han de ser otra cosa, mientras que otros son los que verdaderamente configuran nuestra historia personal. No confundirnos al respecto es muy importante, y eso pasa por alejarnos de personas tóxicas e ideas estériles que provocan en nosotros culpabilidad y baja autoestima. Claro que tanto unas hojas como las otras dejan huella, y además aprendizaje. Pero es fundamental distinguir cuál es cuál.

Mientras escuchaba la canción que antes os comenté, corrían mis piernas más de lo habitual, y no dudé en compartir con todos esa sencilla experiencia. ¿Y sabéis por qué?

  • No somos ejemplares, todos tenemos nuestras miserias.

  • Debemos querernos como somos para querer a los demás como se merecen. ¡Empecemos la casa por los cimientos!

  • Nunca olvidemos que un día fuimos fuertes. ¡Y no hay que dejar de intentarlo, pues conocemos esa sensación!

  • La vida pasa ante nuestros ojos, no dejemos que en ella abunden los “días de mierda” sobre los gratos. Recordad, ¡esos “días de mierda” los tenemos todos, no hay que avergonzarse por ello!

 

Pero sobre todo y ante todo, y aunque muchas veces nos duela lo que encontramos, busquemos ser nosotros mismos, estemos donde estemos y nos acompañe quien hayamos decidido.
Para terminar, os dejo la canción que me ha inspirado, no dejéis de escucharla, e incluso cantarla a pleno pulmón, que un poco de locura no está de más.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen de Pixabay

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No aspires a menos que al infinito

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Artículo publicado por Carmen Prada

Se ha retomado el curso académico, el político, vuelve el fútbol si es que alguna vez se fue, mucha gente se reincorpora a sus puestos de trabajo tras las merecidas vacaciones, otros que han podido trabajar en Navidad han de volver a buscar un empleo… Cada cual tiene su historia, y los estados de ánimo son también diversos, pues hay quien sufre el síndrome postvacacional, otros en cambio afrontan este inicio de año con las pilas cargadas dispuestos a alcanzar todos sus objetivos, hay quien decide comenzar o continuar estudios, hay quien no termina de ver la luz al final del túnel…

En muchos momentos de mi vida he podido observar la sobreprotección de algunos padres con sus vástagos, y no puedo evitar recordar mi propia infancia, aquellos tiempos en los que se veía como algo normal que los niños se ensuciaran jugando en la calle, o que se cayeran en la playa al correr detrás de un balón. Y no pasaba nada. Nunca ha sido tarea fácil educar a los más pequeños, pero no dejo de sorprenderme al ver a algunos padres alterarse ante situaciones intrascendentes, mientras diversos estudios reflejan que nuestros jóvenes paulatinamente comienzan antes a beber alcohol, fumar, tomar drogas, hacer un mal uso de las nuevas tecnologías… No pretendo criticar a nadie, entiendo que es muy complicado, pero no cabe duda que hay cosas que resultan cuando menos curiosas.

Son los padres, en su labor educativa primordial, quienes primero nos marcan y delimitan ciertas líneas rojas que no podemos traspasar. Eso es bueno y necesario, en su justa medida, para nuestro desarrollo personal y social, conocer los límites. Después la sociedad se encarga de imponer un suma y sigue de prohibiciones. El problema no está en esto, más allá de que pueda haber leyes más justas o más injustas, la verdadera losa psicológica es la que tiene que ver con los prejuicios y las etiquetas que, sin darnos cuenta, podemos cargar en la mochila, y que nos llevan a vernos a nosotros mismos y a los demás como seres mucho menos capaces de lo que realmente somos.

Muchas veces parece que estamos “programados” para ser conformistas, para aceptar los roles marcados por los prejuicios y la comodidad, para resistirnos a salir de nuestra zona de confort. La sobreprotección que hemos arrastrado se nos hace en muchos momentos cuesta arriba cuando ya somos adultos, a la hora de tomar muchas decisiones. Nos crea miedo a lo desconocido. Ya no están mamá o papá para sacarnos las castañas del fuego, y si no hemos aprendido desde pequeños a afrontar los problemas, a ejercitar la tolerancia ante la frustración sin rendirnos, si nuestra autoestima y seguridad en nosotros mismos son bajas porque nos hemos acostumbrado demasiado a depender de lo que otros hacen o dicen, seguramente tengamos un problemón cuando nos vengan mal dadas, y no será el contratiempo de turno en sí el problema, sino la falta de valentía y espíritu de superación para poder afrontar sin miedo cualquier adversidad, viéndola como una oportunidad de crecimiento y desarrollo que nos llevará a descubrir lo mejor de nosotros mismos.

Lo cierto, y no permitas que nadie te convenza de lo contrario o te haga dudar, es que somos una especie con una capacidad de adaptación y superación asombrosa.

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Recuerdo todavía el estado de continuo asombro que me causó la celebración de los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro 2016, pues me permitió conocer historias de superación personal que dejan a uno con la boca abierta. Detrás de cada uno de estos héroes hay una vida marcada no por la limitación física o intelectual, sino por las enormes ganas de vivir e ir más allá paso a paso.

Cuando veo que muchos de ellos son capaces de hacer cosas, faltándoles una o varias extremidades, que yo no sería capaz de hacer a día de hoy con mis dos brazos y mis dos piernas, no puedo dejar de admirarlos, y pensar que lo que nos limita son los estereotipos, los prejuicios, las etiquetas y falta de espíritu. No es lástima lo que me provocan, sino gratitud sincera por la lección que cada uno de ellos da a la sociedad y a mí misma. No tenemos derecho a quejarnos por tonterías. O sí lo tenemos, pero no perdamos el tiempo ejerciéndolo. Mejor es ejercer el derecho a no rendirse nunca, a sacar de todo algo positivo, a querernos a lo grande y a querer a los demás atreviéndonos a descubrir el tesoro que es cada persona.

Humildemente tengo que pedir perdón por mi resistencia a creer como cierta una noticia que, al comprobar su veracidad, me dejó patidifusa. En la prueba de atletismo masculino de 1500 metros lisos de estos Juegos Paralímpicos, los cuatro primeros atletas clasificados llegaron a meta con mejor tiempo que el conseguido por el campeón olímpico el pasado agosto. O sea, que el campeón olímpico hubiese terminado quinto en la prueba paralímpica con su tiempo.

 ¿Os dais cuenta? No solo lo han hecho muy bien, es que ¡¡¡incluso lo han hecho mejor que aquellos que son los mejores del mundo en el deporte sin discapacidad!!! No me lo creía, lo admito.  Y por otro lado, me llamó poderosamente la atención que esta noticia no hubiese sido portada de informativos, pues es algo que trasciende al deporte, nos habla de lo maravilloso que puede llegar a ser el ser humano.

¿Alguien puede dudar de que cada uno de nosotros, que también somos de carne y hueso, no tiene un potencial inmenso por descubrir y ofrecer?

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen Carmen Prada

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Huye, no lo intentes…

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Por Carmen Prada

No lo intentes, huye, escapa de ello. No intentes cambiar a esa persona que ahora actúa de modo diferente a hace años, o incluso quizá meses.  Habrá momentos que no la desconoces, otros en los que está lejos de ser esa persona que un día conociste. Da igual si hablamos de un familiar, de tu pareja, de un amigo, probablemente para ti nada tiene una explicación razonable.

La vida es una noria en constante movimiento. Hay alturas en las que el estómago se nos encoge, otras que controlamos bien. Debemos tener en cuenta que las personas cambian, pero a veces para bien y muchas otras al contrario, y muestran aspectos de su persona que quizá ya estaban, pero ocultos. Aun así, seguramente sigas pensando que no es justo, que quieres recuperar a la que has perdido, que esa es la que tú conociste.

¿Alguna vez te has planteado si esa persona que tú conociste era la verdadera o más bien lo es la actual?

Las personas estamos marcadas por historias, por miedos, por complejos, tenemos cicatrices y en muchas ocasiones muchas partes de estas cosas no se superan. Puede ser justo o no, ¿pero es justo querer cambiar a alguien? ¿Te gustaría sinceramente que te lo pidieran a ti? La respuesta habitual con la que me encuentro es, ¡es que yo siempre he sido así! Puede que te sorprendiese escuchar a gente que no opina lo mismo que tú.

¡Quizá ahí este el problema! Los ojos que miran a esa persona en la mayoría de los casos son los mismos que la miraban hace un tiempo, quizá sería bueno preguntarle, ¿cómo te ves tú? Pero no busquemos una respuesta poco argumentada o nada concluyente, quizá haya perdido la perspectiva de su persona, la esencia que lo determinaba. Puede que ni ella se haya percatado.

Vivimos impregnados por cuentos de hadas, de príncipes y princesas… pero la realidad de la vida es otra. No podemos diseñar a alguien a nuestra imagen y semejanza, tampoco construirlo como un puzle. Debes respetar su evolución o involución, quién sabe… Pero desde luego, no dejes que esta situación te llegue a hacer daño a ti.

Puede que ceda a tus premisas, quizá te regale esas últimas palabras que le pediste, también que sientas que ese sorbo de café junto a esa persona sigue teniendo el mismo sabor porque así lo necesitas sentir, o que ese tema de conversación que antes existía puedas recuperarlo y con respeto.

 Mi pregunta es, ¿durante cuánto tiempo? ¿Eres consciente que tienen fecha de caducidad esas peticiones? ¡Vuelves a querer recuperar a esa persona que un día tus ojos vieron!

La vida nos pone muchas pruebas, nos somete a exámenes continuos, nos analiza diariamente, pero todo esto solo lo puede hacer la vida.

Seguro que no deseas que un día te digan frases tales como “lo hice por ti…”, “ya te lo dije…”

Esa pareja que ha dejado de ser quien tú te habías imaginado de un modo infinito, quizá un día se muestre como es, o quizá descubras que nunca la llegaste a conocer.

Ese familiar con el que siempre te has sentido tan identificado, puede que la vida le haya puesto demasiadas curvas en su vida, y ésta misma le haya hecho pasar de ser dulce y cercano a frío y distante.

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Y cómo no, ese amigo con el que lo has pasado todo, incluso hasta más horas que en tu casa, que le has acompañado y lo mismo ha hecho en los peores momentos, ya no esté cuando en otras ocasiones ya estaría de camino.

¿Dolor? ¡Mucho! Pero me reitero al transmitirte que no dejes de ser tú por intentar cambiar a nadie, no lo intentes, no te desgastes, no dejes de mirar hacia adelante.

La vida me ha enseñado que hay puertas que se cierran y otras que quedan a medias, cierra esas por las que entra una brisa fría y heladora y abre otras que justo las tienes enfrente y llevas tiempo sin darte cuenta, ya que éste lo has utilizado intentando cambiar una cerradura…

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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¿Te has preguntado si vales para ser Asesor Comercial?

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Es una pregunta que cualquiera que se dedique o lo vaya a hacer a este apasionante mundo se debería cuestionar, pero sinceramente, ¿crees que son muchas las personas que lo hacen?

Hace unos meses plasmé en uno de los artículos otra pregunta parecida, pero en este caso, ¿Vales para ser empresario? Un tema que también da para mucho…

Pero hoy me quiero centrar en si te has preguntado si vales para ser Asesor comercial.

La situación actual en el terreno laboral esta complicada. En algunos casos hay personas que se han dedicado media vida a lo mismo y reconocen sentirse perdidos, porque no saben qué camino tomar ante tantas negativas. Otras buscan alternativas, ya que la situación en casa lo requiere, y es que ¡realmente solo quieren trabajar y les da igual en qué, porque lo necesitan! Existen esas otras personas que son como pajarillos, nunca están contentos en ningún lugar, y van picoteando de un lado para otro…

Todas estas circunstancias y más, son las causas para que se recurra al mundo comercial, es una de las profesiones punteras en oferta laboral, y por otro lado en muchos de los casos no se pide experiencia. No sé si alguno de vosotros en alguna ocasión habéis tenido la oportunidad de hacer las preguntas que a continuación detallo, yo sí las he llevado a cabo y en entrevistas de trabajo, te dicen mucho de la persona que tienes ante ti.

P.-  ¿Sabes algo del mundo comercial?

R.- No, pero para vender no hace falta saber mucho.

 

P.- ¿Pero te gusta?

R.- Ni lo sé, pero mientras no salga otra cosa…

 

P.- ¿Te han dicho que algún mes puede que no cobres aunque trabajes?

R.- No lo creo, yo he escuchado que en esto se gana dinero.

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P.- ¿Y a qué aspiras?

R.- A pasar esta mala racha y después ya veremos…

 

Os aseguro que he hecho éstas y más, y las respuestas obtenidas en bastantes de los casos son las que menciono o muy similares.

Una vez obtenido este resultado, mi pregunta final es, “¿alguien te ha dicho lo duro y difícil que es este mundo aún para aquellos que lo amamos, te puedes imaginar para alguien que no sabe nada de él?” Y la respuesta más habitual, “no es algo que me apasione, pero quién sabe, también me han dicho que se gana mucho dinero”.

Llegados a este punto, solo me queda puntualizar humildemente que:

  • para empezar a trabajar en este mundillo, debes conocer muy mucho sus pros y contras. No es una profesión cualquiera. Y si estás dispuesto a asumirlos, ¡adelante!

  • No te dediques a esto sin saber si te gusta o no, porque serás un amargado y vivirás tu escaso paso por este mundo con una carga extra de frustración. Existe ya una cola demasiado larga de personas que no quieren ni oír hablar de este mundillo, porque un día se les ocurrió probar…

  • Si has escuchado que no es necesario tener experiencia y que para esto vale “cualquiera”, te sugiero que le des importancia a la fuente que te lo ha transmitido. ¡No vale cualquiera!, solo los profesionales. No menospreciemos está profesión, por favor.

  • ¿Que se gana mucho dinero? ¡Claro que sí! Pero eso depende de muchas de las cosas que he mencionado anteriormente. Piensa que en ningún trabajo el dinero lo regalan, y mucho menos en éste. Supone mucho esfuerzo y sacrificio, además de momentos amargos.

  • Quizá necesites conocer otro dato, y es que trabajas prácticamente 12 horas al día y de lunes a domingo. ¿Tampoco te lo habían comentado? Toda recompensa merece su parte de esfuerzo.

  • ¿Y que te vas a encontrar con malas caras, desplantes, “no porque no”, “sois unos pesados”, “otro que solo me quiere engañar”…? Debes saber gestionar tus emociones, vas a depender mucho de ellas y de tu personalidad.

  • También decirte que la silla la vas a tener que utilizar poco, o así debería ser, ¡el trabajo está en la calle, donde pasarás frío y calor! Debes sembrar mucho para poder recoger algo.

  • Puede ser que haya momentos en los que pienses que no merece la pena, porque no haces otra cosa que vivir en una tensión permanente. Vas a trabajar con una presión externa contínua, pero además tú mismo te acabarás generando la tuya.

Puede resultar bastante duro e incluso desmotivador, pero hay que recordarlo de vez en cuando.

Nos dedicamos a hablar de “técnicas de venta”, “trabajo en equipo”, “gestión emocional para comerciales”, “cómo afrontar las frustraciones”… ¿No estaría bien empezar la casa por los cimientos? Después de todo lo dicho, ¿te atreves?

Pros, ¡muchísimos!

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Si te digo todo esto es porque he trabajado y con pasión en este mundillo. Un mundo al que le debo mucho y bueno. Es cierto que el camino no es fácil. También tengo que confesarte que cuando comencé lo hice por decisión propia y sin presión, ya que yo en ese momento tenía un puesto de trabajo y bastante acomodado, pero mi cuerpo y mente me pedían ¡movimiento! El trato con los proveedores en mi anterior trabajo lo llevaba yo, y me picaba el gusanillo, quería tener la sensación de sentirme orgullosa de cada uno de los euros que ganase. Esa presión me motivaba, se acabó transformando en auto-motivación. El saber que el trabajo, el sacrificio y el tesón te llevan en esta profesión a disfrutar de una motivación extra que no tienen otras.

Según el último Estudio ManpowerGroup sobre Escasez de Talento 2016/2017, entre los 10 perfiles más difíciles de encontrar en España se encuentra el de “Comercial”, (ejecutivos comerciales, asesores comerciales y personal de venta al por menor). La escasez proviene de los “Comerciales Profesionales”.

¿Y por qué Profesionales? ¡Porque cualquier persona no vale para ello!

Por este motivo te pregunto, ¿gozas de las siguientes capacidades?

-Puntualidad

-Educación

-Empatía

-Seguridad

-Conocimientos del producto o servicio

-Constancia

-De reacción y adaptación

-De negociación

-De cierre

Si te fijas, P-R-O-F-E-S-I-O-N-A-L-I-D-A-D.

 

Pero a estas capacidades debemos sumar sin duda unos valores, que para mí son vitales.

 

  • Honradez
  • Humildad
  • Sinceridad
  • Generosidad
  • Espíritu de sacrificio

 

 

Si después de todo lo anterior, consideras que sí puedes dedicarte a este apasionante mundo, ¡te doy la bienvenida! La bienvenida al crecimiento personal y profesional, al enriquecimiento de valores que ni tú mismo serás consciente, a gozar de la satisfacción por cada objetivo logrado, a que tu recompensa dependa de tu esfuerzo, del orgullo de tu propio trabajo, de la capacidad que vas a adquirir de automotivación, de un aprendizaje continuado que te llevará a poder alcanzar otros objetivos en un futuro… ¡Este mundillo te devolverá mucho!

 

Un buen día me arriesgué, y hoy por hoy le debo mucho, en lo profesional y también en la esfera más personal. Sin duda, no sería la misma.

¡Gracias por tanto!

 

 

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Mientras soñaba me encontré con la realidad

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Por Carmen Prada

 

Recuerdo que ya desde bien jovencita veía pasar vidas ante mí e intentaba mejorarlas, aunque en aquel momento no era consciente de que no todas tenían por qué mejorar…  Mi inquietud por todo lo que se mueve me ha acompañado a lo largo de todos estos años hasta llegar al presente. Y me explico.

Ya con 10 años buscaba mi momento durante el día y además en el mismo lugar para poder estar a solas y hacerme preguntas, a la par que yo misma me las respondía.

Recuerdo que después de hacer los deberes, que por entonces ni se cuestionaban, y merendar mi bocadillo preferido de mantequilla con azúcar, mi madre me permitía salir a jugar como se acostumbraba, a la calle, y disfrutar de un poco de ocio. Había algún momento en ese rato en el que sola buscaba un banco que estaba situado de espaldas al río Boeza, afluente del Sil que cede a éste sus aguas al llegar a Ponferrada. Justo a la derecha de ese banco de hierro cruzaba una carretera, y a pocos metros estaba situado un semáforo.

En aquel rato de preguntas y respuestas eran muchos los coches que por aquel entonces circulaban por allí, y cuando en el semáforo se dibujaba el color rojo, mi cabeza empezaba a imaginar la vida que podían tener las personas que ante él paradas se encontraban.

Y os preguntaréis, ¿pero no has comentado que te hacías preguntas a las que tú misma dabas respuesta? ¡Pues sí, y además con una rapidez de vértigo!

Utilizaba gran parte de mi tiempo preguntándome cómo sería mi vida en el año 2000, por aquel entonces corría 1987. Y yo misma me respondía.

Tendría una gran casa, toda llena de cristales, ya estaría casada, habría sacado la carrera de periodismo y completamente feliz. ¡La vida soñada por cualquiera y no estaba nada mal! ¡Para qué darle más vueltas, ya estaba todo planeado! Planeaba mi vida sin quitar de mi vista ese año como referencia, porque me parecía una fecha importante, quizá por su simbolismo, no sé…

Esta situación se repitió día tras día durante un periodo de tiempo considerable.

A medida que iban sucediendo los años comenzó toda la lluvia de noticias y hechos que iban a llevarse a cabo en esa fecha clave. Veía más complicado que todo lo que llevaba años soñando se hiciese realidad, sin pararme a pensar evidentemente y menos a esa edad que para alcanzar los sueños, una tiene que hacer algo…

Lo cierto es que llegó ese año tan señalado y nada fue como yo lo había soñado. Incluso puede que haya sido uno de los peores de mi vida, justo ese, pues mi abuela paterna, que era mi confidente y alguien muy muy importante en mi vida, falleció y de un modo inesperado.

A esas alturas ya me había dado cuenta que la vida no sucede como una se la imagina, ni tan siquiera pensando en el día de mañana mismo. Quizá ese fue el primer aviso que tuve advirtiéndome que la vida no es tal y como la programamos, y mucho menos como la imaginamos.

La vida la construímos cada día, pasito a pasito, deshaciéndonos de cosas y cargándonos de otras.

Imaginaros lo difícil que es llevar a buen puerto la nuestra, tropezando lo menos posible, levantándonos lo más rápido que podemos de la última caída, saltando obstáculos que en ocasiones ni somos conscientes…, como para pretender organizar la vida de los demás.

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El deseo para nosotros mismos es la construcción, mientras que en ocasiones tengo la sensación que para otros es la destrucción del bienestar ajeno. No podemos caminar cada día juzgando lo que hacen o no hacen los demás, poniendo en tela de juicio acciones, menospreciando a la gente porque uno no obtiene lo que desea, intentando saltar por encima de quien haga falta… Porque si llegamos a esto, qué triste y vacía debe ser nuestra existencia.

Cuando yo me sentaba hace 29 años en aquel banco de hierro color verde con agujeros, y miraba cómo pasaban los coches y con ellos muchas historias, solo se me pasaba por la cabeza construir dentro del vehículo cualquier historia de vida que fuera mejor que la que ya existía.

Hoy en día miro atrás, obtengo muchas lecturas y reflexiones y me doy cuenta que la mujer de hoy es esa misma que hace tantos años aun siendo niña ya soñaba con un mundo mejor.

Doy fe que he cometido muchos errores en mi vida y seguramente los que me queden, pero de algo sí estoy segura, y es que soy persona de construcción y no de demolición…

No cambiaría lo que soy en este momento por lo que podía haber sido en ese año 2000, la vida me ha regalado muchas cosas, y entre otras el valor que tiene la mía propia y la de las personas que me rodean.

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Carmen Prada

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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¿Tu siembra ha sido la correcta?

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Artículo publicado por Carmen Prada

En el post que publiqué el pasado miércoles hacía mención a la importancia del Reconocimiento dentro del mundo laboral, y cómo no, a nivel personal de igual modo.

El reconocimiento se puede recibir de muchos modos, pero no siempre tiene que coincidir con ese que nosotros esperamos, y por diversos motivos. En muchas ocasiones no somos objetivos, creemos que nuestro esfuerzo merece recompensas que observamos reciben otros compañeros. Y habitualmente no lo entendemos.

Puede ser que nuestro reconocimiento por el esfuerzo, el sacrificio, la honradez…, venga implícito de otro modo en nuestra persona como trabajador.

Para que me podáis entender, se me ha ocurrido contar una historia que podría incluso tener más versiones, estoy segura que cada uno sacará sus propias conclusiones. ¡Pero me encanta que así sea!

Abramos la mente y toca ¡reflexionar!

“Antonio Álvarez desde hace cuatro años trabaja para una empresa que es líder en maquinaria industrial.

Antonio es un trabajador muy bien preparado, recibe un buen sueldo, del cual nunca se ha quejado, y está a gusto en la empresa.

Pero un buen día decide dirigirse al gerente general.

  • Sr. García, – le dice-, llevo trabajando en la empresa cuatro largos años. Creo haber dado lo mejor de mí mismo; pero pienso que soy ignorado a la hora de los ascensos, porque el Sr. Suárez, que llegó a la empresa hace menos de un año, ya ha sido promovido al cargo de supervisor.
  • Sí, es cierto, –le contesta el gerente general-, pero antes de responderle quiero que me ayude en un pequeño problema. La empresa ha decidido dar de postre naranjas en la comida de hoy.

Vaya un momento al supermercado de la esquina e infórmese si tienen naranjas.

Diez minutos más tarde estaba Antonio de vuelta del supermercado.

  • ¿Qué información tiene para mí, Sr. Álvarez?
  • Sí tienen naranjas.
  • ¿Y cuánto cuestan?
  • ¡Ah, no pregunté!
  • ¿Preguntó si tenían la cantidad suficiente para todos?
  • No se me ocurrió.
  • Aparte de las naranjas, ¿tienen otras frutas?
  • No lo sé, señor…

El gerente mandó llamar al Sr. Suárez, a quien solicitó el mismo mandado. Al cabo de varios minutos estaba de vuelta.

  • Bien, Sr. Suárez ¿qué información me trae?
  • Señor, tienen muy buen surtido de naranjas, suficientes para todo el personal. También tienen manzanas y plátanos. Los plátanos están a muy buen precio. El precio de la naranja es 1,50€ el Kilo; la manzana está a 1,15 y los plátanos a 1,10€ Kilo. Y si pide por cantidades hay un descuento. Dejé encargadas las naranjas, pero si deseamos cambiar, debemos avisar lo antes posible.
  • Muchas gracias, Sr. Suárez.

Y dirigiéndose al Sr. Álvarez, le dice:

  • Sr. Álvarez, ¿qué me decía?
  • Nada, señor… Con su permiso me retiro”.

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En ocasiones, nos acomodamos a determinadas situaciones, pensamos que quizá por la trayectoria que tenemos en el tiempo dentro de la propia empresa o por los títulos académicos que hemos ido acumulando nos deben un reconocimiento determinado, y es el que creemos merecer.

Hay capacidades que forman parte importante del éxito de cada uno, pero no se puede dudar que la constancia, el método y la organización son la clave para llegar a la cima de lo que queremos alcanzar.

Ser capaces de anticiparnos a las necesidades, trabajar con proactividad, buscando el bien de todos dentro de la empresa y dando lo mejor de uno mismo sin pensar que hay un mañana, nos llevarán directamente a una meta la cual quizá ni se nos había pasado por la cabeza.

Seamos guerreros, seamos luchadores, no nos conformemos nunca con la que ya tenemos. Busquemos objetivos cada día, trabajamos en ellos. Una vez los alcancemos, marquémonos otros, pero sin pensar en nada ni en nadie, solo en nuestra propia satisfacción por ir alcanzando y dando pequeños pasos. Poco a poco nos daremos cuenta que este es el modo de poder alcanzar metas, y con la bandera colgada del inconformismo, un inconformismo sano pero vivo.

¿Qué pudiera ser envidiable y objeto de reflexión del Sr. Suárez?

  • Su espíritu de equipo.
  • Su colaboración.
  • Ser respetuoso.
  • Su lealtad.
  • Asumir responsabilidades.
  • Su inconformismo.
  • Su amplitud de miras.

Y sobre todo, su DISCIPLINA.

La disciplina uno de los caminos más rápidos hacia el éxito, ¿solo tuyo? ¡No, de la empresa!

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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