Y yo, ¿qué hago ahora con mi vida?

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Te comprendo, quieres y no puedes. ¿Y entonces?

Prácticamente, todos nosotros nos hemos encontrado en momentos en los que ni nuestro cuerpo avanza, literalmente, y a la vez nuestra mente se queda totalmente bloqueada.

Resulta una sensación extraña, un querer y no poder. Y no hablo de pereza, ni zanganería, sino más bien de un estado de bloqueo que no nos permite muchas cosas en nuestra vida y entre éstas, la toma de decisiones.

Cuando alcanzamos este estado, no es porque de repente un buen día amanece y de pronto, ¡no sé qué hacer con mi vida! Cuando esto nos sucede y de algún modo lo queremos compartir con los demás, la definición exacta de lo que nos está pasando, ¡no la encontramos! ¿Acaso existe? Y si por un casual podemos conversar con una persona que al menos intente comprender nuestro estado, muy probablemente las preguntas que nos haga sean del tipo de:

  • ¿por qué te pasa algo así?;

 

  • ¿has tenido algún problema en concreto?;

 

  • ¿hay algo que no me has dicho?;

 

  • ¿ha sucedido algo grave?

 

¡Pues seguramente ninguna de estas preguntas por separado dan respuesta a un estado de bloqueo! Muchas veces, la situación es compleja.

Cuando no avanzamos, no podemos, algo nos lo impide, comienza el pesimismo, la frustración, nos encerramos en nosotros mismos, comenzamos a perder la esperanza… Todo ello es prueba de que llevamos mucho acumulado, sin que tenga que ser el motivo únicamente uno, incluso sin llegar a saber el desencadenante que ha originado este estado.

Os voy a poner un ejemplo, que habitualmente es la mejor manera de que algo se entienda claramente.

  • Después de encontrarnos muchos años trabajando, puede que en la misma empresa y en el mismo sector, un buen día nos comunican que se ven obligados a prescindir de nuestros servicios, ya que el plan de acción de la empresa va por otros derroteros, y en éstos, nosotros no encajamos…

 

Evidentemente, el mundo se nos viene encima en ese mismo momento. Son muchas las preguntas que a la cabeza nos vienen, pero eso sí, ¡respuesta ninguna!

No toca otra que recomponer a estas alturas nuestra vida, una vida que llegado este caso va más allá de lo profesional.

La economía de la casa se ve afectada, empezamos a hacer números, a prescindir de cosas, nuestra vida social merma… ¡Y encima hazlo saber!

Después de este proceso, surge la pregunta: “¿y ahora qué voy hacer con mi vida?”

Claro, comienza el pesimismo. “Yo no sé hacer otra cosa”, “¿dónde me van a contratar a mí y encima con la edad que tengo?”

Comenzamos a postularnos en diferentes ofertas de empleo, pero en nuestra cabeza empieza a estar presente la martilleante idea: “otra entrevista más, no sé para qué ir si no me van a llamar”, “anda que no hay personas con más estudios que yo, aun a pesar de la experiencia que tengo”, “seguro que están buscando gente joven…”

 

La apatía se hace presente, comienza la falta de confianza en nosotros mismos, la situación se alarga, empezamos a no encontrar explicaciones, a sentirnos pequeños, por momentos, ridículos… Y de pronto, ¡llega el momento del bloqueo!

 

Pues te voy a decir varias cosas por si todavía no las habías leído en esos libros de “auto-ayuda”.

  • ¡La vida no termina aquí, de hecho comienza otra y puede ser mejor que la anterior!

 

  • Tú no eres el culpable de que algo así haya irrumpido en tu vida como un tormento. Dale la vuelta y piensa en que es cierto que hay puertas que se cierran, pero, ¿y si buscas una que se abra y además esté rotulada con tu nombre?

 

  • Pues llegado este punto, pongámonos manos a la obra. Valora todas las aptitudes de las que dispones y que ni tan siquiera de muchas eras consciente, y piensa en cuántas profesiones podrías llevar a cabo por las distintas funciones que desempeñabas en tu anterior trabajo. Eso sí, ¡escríbelas en un papel!

 

  • Recuerda que somos unos aprendices toda nuestra vida. Ten inquietudes, cultívate y no te sientas por ello acomplejado. ¡Recíclate, nunca es tarde!

 

  • ¡Fuera el victimismo! Eso hará que te alejes de ti mismo y de las personas que te rodean. Precisamente estás en un momento en el que rodearte de personas sanas es un gran aporte para ti. Que se te empiece a ver por lugares diferentes, acude a reuniones de networking, a charlas, talleres… La vida social siempre es muy importante, pero en estos casos doblemente, aunque pensemos que en estos momentos no estamos para esto…

 

  • No te auto-descartes de ninguna oferta laboral antes de que lo hagan las personas a las que le corresponda tomar la decisión. ¡Apúntate a un bombardeo! Recuerda, el no ya lo tienes.

 

  • Lleva una vida sana, haz ejercicio y cuida tu alimentación. El descanso es muy importante en este estado.

 

  • Dedícate tiempo, préstate atención. No descuides tu cuidado, aunque pueda parecer increíble, con estados emocionales como este, nuestro cuidado personal y el sentirnos bien con nosotros mismos nos ayuda a valorarnos.

 

  • Las personas tóxicas en tu entorno no deben tener lugar. Necesitas optimismo, escucha activa, apoyo…

 

Recuerda algo e intenta hacerlo siempre, nunca olvides de dónde vienes. Esto te ayudará a entender en qué punto te encuentras y poder hacerle frente. Y lo mejor de todo, hacia dónde quieres ir, porque te habrás encontrado.

 

 

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional
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Camina con tus propios zapatos

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Por Carmen Prada

 

Llevaba muchos años, desde la adolescencia, caminando con los mismos zapatos, un calzado que sus padres en aquel entonces habían comprado para ella con todo el cariño.

Evidentemente, esto suponía que el número de pie no había variado, porque tampoco había crecido apenas. Sus pies sufrían dolores en las plantas, durezas insoportables, grietas interdigitales, y todo este suplicio porque durante muchos años de su vida, había caminado con los dedos encogidos, ya que apenas había espacio en esos zapatos.

Después de tantos años y kilómetros recorridos en su vida, de repente paró su recorrido sin saber muy bien el motivo.

No comprendía muy bien la razón de haberlo hecho. Algo dentro de ella se removió y sintió la necesidad de descansar y reflexionar.

 

El lugar elegido por ella para hacer el descanso en primera instancia no parecía un sitio apetecible, no invitaba a nada puesto que el calor era insoportable y el sol quemaba.

 

Pero de pronto se dio cuenta que algo así, parar y estar con ella misma en un descanso, jamás se lo había planteado. Lo pensó más detenidamente y se dio cuenta con lágrimas recorriendo su rostro que nunca lo había hecho.

 

Esta parada en su vida tenía un sentido, y era buscar una explicación a por qué durante tantos años había calzado esos zapatos que no soportaba, pero de los cuales nunca se había quejado, y que incluso ella no había elegido.

 

La dificultad al caminar con ellos le había hecho perder muchas oportunidades de haber disfrutado de bellos recorridos y caminos. Todavía no había podido deleitarse con la sensación de caminar descalza, sin nada que le obstaculizase la sensación de sentirse viva, de sentirse libre.

Habían pasado tres horas desde su decisión. Seguía tumbada sobre el césped. El sofocante calor se llevaba un poco mejor sobre el frescor de la hierba. Miró a su alrededor y se dio cuenta que estaba sola, nadie le estaba observando como acostumbraban, no se sentía enjuiciada ni tampoco sometida… Por primera vez se sentía ella, aunque la sensación de soledad siempre a lo largo de su vida le había acompañado, pero lo que estaba sintiendo en ese momento era bien diferente…

Sacó de su minúsculo bolso una libreta diminuta que siempre le acompañaba, y sin ser consciente de lo que estaba realmente haciendo escribió en ella: “¿quién soy?” Enseguida y con dolor se dio cuenta que era un pedacito de muchas personas menos de ella misma.

No podía permitirse seguir así, deseaba ser dueña de sus decisiones, actos, sentimientos, emociones… Y de pronto se dio cuenta que un pequeño paso había dado, y era que había tomado una primera decisión, la de hacer una parada en su vida.

La sonrisa apareció en su rostro, y de pronto llevó sus manos hacia esos zapatos que tanto detestaba y con gran decisión se deshizo de ellos.

 

¡Era libre! ¡Era ella! Una mujer que curiosamente no le resultaba del todo desconocida…

Levantó la vista del suelo y volvió a mirar a su alrededor, y lo que vio, fue sorprendente, ¡estaba rodeada de personas y no se sentía diferente!

 

¿Había recuperado su vida? No exactamente, ¡había comenzado a vivir su propia vida!

 

 

 

  • Y para acompañar…

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Pixabay

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El coraje es una decisión

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Artículo publicado por Carmen Prada

A menudo me llegan ofertas de empleo y colaboraciones por diferentes medios cada semana. Pero he de reconocer de muchos de los proyectos que me presentan no creo en ellos, con lo cual aceptar algo en lo que no veo una  lógica, sería  incompatible con mi coherencia, por otro lado llegan ofertas con tintes lejos de lo profesional… Otras, que “la carta de presentación”, en sí de la empresa deja mucho que desear, y también es cierto que otros los voy dejando porque quizá no es el momento pero nunca los descarto…

Hace varias semanas, contacto conmigo una persona que así se considera antes que empresario, interesado en mí profesionalmente. Desde el inicio le hice saber que el proyecto me parecía atractivo, le veía cosas, maneras…

 Durante unos días hemos intercambiado aun si caben más dudas, reflexiones, opiniones, sugerencias… Y es en ésta, cuando hemos hablado del proyecto con mayor profundidad. Me comentó algo que me hizo saber el porqué, de que este proyecto sintiese que tenía algo diferente al resto y lo que me dijo fue; “soy humilde pero muy honrado”. Puede sonar a frase hecha pero tras saber cómo su idea nació, las dificultades que se ha podido encontrar, desencuentros, decepciones… Y que vaya por delante, -no tiene cualquier cosa-, sino nada más y nada menos que un proyecto inteligente, de futuro, y con un logro muy importante que es, la confianza y unión de las personas que como reitera; “son una parte muy importante de él”.

Como a muchos por desgracia, la crisis le azotó y fue una crisis en muchos sentidos – económica, social, familiar, enfermedad…- Y lo cierto es que en algunos casos, y -no hablo en concreto de éste- cuando uno está en lo alto, cuando piensa que el bien material lo tiene cubierto, cuando no hay necesidades por cumplir, y los euros tapan “otras miserias”… Nada nos parece tan grave.

Son muchos los empresarios y profesionales que han tocado la cima en momentos de bonanza, que el camino hacia ella les ha acompañado, sin ser conscientes  de que la soberbia, la altanería, el egocentrismo, egoísmo… Han sido sus compañeros de viaje y han podido hacer en ellos estragos ya han vivido una vida que no les ha presentado la otra realidad de ésta que también existe que es, la dureza.

Es muy fácil subir, mirar por encima del hombro, llegar a creerse Dioses y tratar a los que están a su alrededor con un despotismo desmesurado sin darse cuenta que el recorrido de la vida es largo y acabas encontrándote con muchos cruces y en ellos, personas que conocías…

Son pocos o casi nadie, y os aseguro que conozco unos cuantos… Que siguen sin aceptar que su pedestal ya no es el mismo, el nivel no lo pueden mantener, que quizás deban de llamar a puertas que antes ellos tenían que abrir y ahora tendrían que esperar lo contrario, son incapaces de someterse a una conversión de humildad, su corazón aunque sufra no lo muestran sino todo lo contrario, siguen viviendo una vida irreal, la soberbia la siguen llevando por bandera… Y no son conscientes, de mirar atrás, verse a tiempo real y hacer una autocrítica, levantar la mirada de la zona ombligo o mantenerla a la altura de los ojos de la persona que tienes en frente porque señores, en esta vida hay que saber ganar pero también aceptar una derrota y es que tanto el éxito como el fracaso hay que equiparse de mucha, mucha humildad.

Este acto, seguramente no sea fácil pero sin duda estoy segura que te tiene que hacer crecer, valorar situaciones, momentos, acciones, sensaciones… En los que antes ni se reparaba. De estos actos, nacen nuevas personas, valores, sentimientos… Y es que la persona que me ha inspirado a escribir esto, me ha hecho creer y es que lo necesitaba que la humildad desde el todo hasta el poco, sigue existiendo. Que de ella nacen ilusiones, pasiones, proyectos, metas, caídas y vueltas e empezar, amar todo aquello que te rodea… Y es que en este caso las fuerzas, se las han dado sus hijos, su familia, amigos, “algo que no se ve pero se siente”…, y es que cuando por momentos quieres tirar la toalla te das cuenta que existen un montón de motivos por los que seguir, y  por los que seguir luchando.

Claro que hay que luchar, pegarse cada día con la vida, patalear, caerse, sudar… Pero, ¿quién nos dice que de todo sufrimiento y dolor no va a nacer algo bonito? ¿Qué la vida nos va a enseñar algo nuevo?

A mí me has dado una lección, me has hecho ver que hasta las derrotas más crueles se pueden vestir de colores y no sé, cual será mi camino… Pero algo si puedo decir y es que, todo proyecto que nace desde la humildad del corazón, tiene éxito garantizado y para mí, ya has llegado a ese podio.

Os dejo con esta breve reflexión; el miedo es una reacción y el coraje una decisión… ¡Podría estar hecha a medida de los hombres coraje, como tú!

 

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Pixabay

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La más negra realidad es el no verla

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

“Peor que ver la realidad negra, es el no verla”Antonio Machado.

 

Cualquier circunstancia o acontecimiento puede servir para distraernos y dejar a un lado la realidad de nuestra vida en un momento determinado. La intentamos evitar o ignorar, como si por darle un tiempo se fuera a olvidar de nosotros. Pero sin duda, ¡es nuestra sombra! Una sombra que se desplaza de lugar, dependiendo de nuestro “posicionamiento” en la vida.

En ocasiones, no nos posicionamos frente a ella, bien sea porque no somos conscientes o porque no nos conviene verla.

Podemos encontrarnos, a modo de ejemplo, ante situaciones como:

  • una enfermedad propia o de alguien a quien queremos.
  • Nuestro negocio cae en picado e intentamos salvar algo insalvable.
  • Una situación de desempleo que escondemos ante la sociedad.
  • El hecho de no aceptar nuestras limitaciones, poniendo en peligro nuestra situación profesional y personal.
  • Una situación de pareja a la que le está fallando alguna de las patas, y se tambalea cada vez más.

Estos ejemplos son más que suficientes, ya que lo único que pretendo es poneros un poco en situación para lo que viene.

Dicen que realidad solo hay una, aunque la podemos colorear de diferentes tonos, pero no deja de ser personal e intransferible.

A veces la realidad duele, ¡pues claro que lo hace! Pero, ¿qué hacemos, escondemos la cabeza bajo tierra? ¡Lo aconsejable y sin otra opción mejor es hacerle frente!

Al final, lo que logramos es que nuestra mochila se vaya cargando de piedras, hasta que llega ese momento en el que explotamos y normalmente con consecuencias colaterales.

Sal de tu zona de confort, porque aunque a veces no se nos pase por la cabeza, el mirar a otro lado puede llegar a convertirse en nuestra forma de vida, en nuestro hábitat natural. De algún modo, nos hace sentirnos protegidos, sin pensar que afrontar las dificultades, las adversidades, los miedos…, es algo que tarde o temprano vamos a tener que hacer.

Dejemos a un lado nuestro orgullo, y llamemos a las cosas por su nombre con alguien de confianza, esa persona que sabes te va a escuchar y se va a interesar por lo que te está sucediendo. Realidades duras vivimos todos, existen en todos y cada uno de nosotros. Verás cómo a esa mochila pesada le va disminuyendo el peso.

Nos pueden dar otra visión, alguna idea, el apoyo que necesitamos, pero también un abrazo, el cual podría complementar todo lo anterior.

Es importante que nos queramos, que nos conozcamos, que no caigamos en la tentación habitual de autoengañarnos. La reflexión en soledad es lo mejor para afrontar eso a lo que tanto tememos. Han sido demasiadas las personas a las que les he escuchado decir que “no hace falta salir de tu hábitat natural para reflexionar”. Me posiciono al respecto en contra, y puedo deciros que continuar con la rutina cotidiana acaba por ser un “no tengo tiempo de nada”. ¿Realmente creéis que es eficaz? ¡Es otra excusa más para no encontrarnos!

Claro está que el que nos queramos depende en gran medida de las personas que nos rodeen. Cuanto uno más débil se muestra o parece, más carne de cañón se vuelve para los “depredadores”. Evita, echa fuera de tu lado a toda persona tóxica que limite tu liberación. Recuerda que las amistades y conocidos los elegimos nosotros, ten criterio para ello.

Recuerda que podemos ser cobardes o tomar decisiones. Sabéis que no soy una vendehúmos, y si alguno de vosotros tuviese la oportunidad de hablar con alguna de mis amistades, y les preguntaseis a cualquiera de ellas, “a Carmen cuando le pides una opinión o un consejo, ¿cómo es su forma de actuar?”, la respuesta sería siempre la misma, -“me dice lo que entiende es lo mejor para mí, nunca me va a decir lo que quiero oír”-. ¡Y así es! ¿Qué ayuda les proporcionaría entonces?

Quizá algunas personas de mi sector profesional difieran con respecto a mi forma de actuar, pronunciándose como en ocasiones he escuchado decir, “para qué decir algo que puede doler y hacer sentirse mal a quien te escucha”. ¡Perdonadme, pero a veces sí lo veo necesario! Con estas pequeñas “ayudas de vendehúmo”, pasamos de decirle “qué mono te queda ese vestido” (cuando realmente le queda horroroso y va haciendo el ridículo), a frivolizar con cosas realmente serias.

Seamos sensatos y honestos, no vendamos humo y sí en cambio dosis de realidad. Con dulzura, con humanidad, con sensibilidad, con cariño, pero siempre con la verdad por delante.

“Puedes seguir poniendo excusas en tu vida, o puedes optar por ir a por el éxito. Pero ten en cuenta que todo comienza en uno mismo”Carmen Prada.

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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La propia vida con distintos finales

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Por Carmen Prada y varios colaboradores

A mediados del pasado agosto di comienzo a una historia en una Red Social, que más bien era un relato con el final abierto, pues mi intención fue hacer participar a aquellas personas que les apeteciese, escribiendo cada cual su propio final para esa historia.

Historia solo había una, pero los finales fueron diversos.

Las personas que me conocen saben que yo no hago nada porque sí, sino que siempre hay una intención, buena, se entiende. Y lo digo ya que toda esta trama tenía un por qué, que no mencioné a propósito…

En nuestras vidas se repiten muchas historias, historias que se comparten entre mucha gente, con más de la que pensamos. Situaciones de desempleo, rupturas afectivas, crisis en nuestra economía, decepciones con amistades, fallecimientos, también alegrías… Pero cada uno decide cómo afrontar esa misma historia.

Nuestras emociones tienen mucho que ver con cómo vivimos determinadas situaciones, también el momento personal o profesional por el que estemos atravesando, la gestión de la autocrítica, hay períodos en los que quizá vivamos con una sensibilidad extrema…

Quizá alguna de las personas que puso final a esa pequeña historia hace aproximadamente un mes y medio, que tampoco es mucho tiempo, en el momento actual lo viviría de otro modo.

No me enrollo más y os dejo el resultado de este “experimento”, y vosotros sacaréis vuestras propias conclusiones.

“No encontraba el lugar ni el momento idóneo para saber hasta dónde podía llegar… Lo cierto es que el día amaneció oscuro y casi lloviznando, pero algo le invitó a tomar la decisión de ir a una cala cercana a su casa para estar en soledad.

Llegó y para su sorpresa, solo estaba ella y el mar, no había nadie más.
Cada vez que acudía a ese lugar se sentía desnuda porque a la vez se veía libre.
El sol doraba su piel, pensaba que éste hoy no saldría, parecía que solo lo había hecho para ella y aún más relajada se sintió.

La calita tenía unas grandes piedras que le permitían disfrutar del sol sin apenas tocar la arena.
Esa tarde algo le llamó la atención, caminó hacia su piedra preferida y se quedó ensimismada mirando el sinfín del mar.

Sabía que apremiaba el tiempo y tenía que tomar una decisión ya. En ese mismo instante mientras miraba el mar y sin darse cuenta, se puso a ello…
Era mucho lo que Encina había sufrido por amor, la vida le había golpeado fuerte, había perdido casi totalmente la fe en ese sentimiento.

Y es que, sin buscarlo ni quererlo, había vuelto a resurgir en ella y se había vuelto a enamorar.
¡No comprendía cómo  podía haber sucedido!
Pero en esta ocasión, su gran amor estaba a más de 400 kilómetros de su hogar y de lo más importante, de sus padres con los que ella vivía.

Su madre, una mujer mayor pero con gran fuerza y valentía. Su padre, que con el paso de los años se había vuelto solitario y muy dependiente de ambas. Lo cierto es que en gran medida Encina llevaba el peso de la casa.

¡Era el momento de tomar una decisión!, vivir su vida y caminar hacia su futuro o seguir viviendo una vida que aunque querida no era la suya…

¿Qué decisión tomar?”

 

Voy a colocar por orden las personas que intervinieron con “su final”, y lo haré de un modo textual, sin variar ni corregir ninguna de sus aportaciones.

  • José Manuel López Gay; “Mirando al Mar soñe….”

 

  • Susana Álvarez Fernández; “Sonrió por última vez a su querida cala y emprendió rumbo a casa, tenía mucho que hablar con sus amados padres”.

 

  • Óscar Montejo Rodríguez; Durante el viaje, su mente estaba desatada. Miedos contra ilusiones, pasado contra futuro,…. una lucha constante entre pensamientos ocuparon cada kilómetro del viaje. ¿Estaré haciendo lo correcto? ¿Y si sale mal?¿Y si sale bien?. La locura de su mente contrarrestaba el volcán emocional de su corazón. Un cúmulo de emociones que confluian en una misma conclusión: quiero y necesito hacer esto.
    Al bajar los escalones del tren, sus piernas, temblorosas, apenas sabían donde dirigirse. Su amado no la esperaba. ¿Qué clase de sorpresa sería sino?. En su rostro, una sonrisa que llamaba la atención a cuantas miradas se cruzaban con Encina. Es uno de los efectos del amor, se nota. ¡Vaya si se notaba!”

 

  • Celia Benítez Pozo; Su cabeza le decía no lo hagas, no te vayas en busca de ese amor, pero su corazón gritaba…hazlo, vete, lucha por tus sueños, vive tu vida y sé feliz con tu amor. Entonces Encina decidió oir los latidos de su corazón, se levantó de su piedra mirando al mar y gritó: voy a ser feliz, voy a arriesgarme y vivir ese amor que me destroza por dentro.
    Cogió su coche y se fue en busca de la felicidad, pero cuando llegó él no estaba, en su puerta había una nota para ella. Abrió el sobre temblorosa y su corazón dio un vuelco al leer: Lo siento, no puedo hacer esto, Encina, perdóname pero soy un cobarde y no tengo derecho a cambiar tu vida, sé feliz sin mi porque yo no soy el hombre que tú deseas, sólo soy una ilusión”.

 

  • Marisa Riera; Y una canción que tarareaba continuamente le ayudó a tomar la decisión, quizás, más difícil pero más personal y consciente de su vida… Muchas veces, los pequeños detalles deciden toda una vida… “

 

Y tú, ¿te atreves a ponerle tu final?

 

Quiero agradeceros a todos los que habéis participado de un modo u otro en esta  historia que yo inicié y que con vuestra contribución ha tenido distintos finales. Todos ellos, son posibles. Cada uno, es especial…

 

 * Canción que Encina tatarareaba según el final de Marisa Riera

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Tú eres más importante que tus problemas

 

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Artículo publicado por Carmen Prada

Reconozco que tenía un tema ya preparado para hoy, pero he cambiado de idea. Una conversación con una persona en estos días, me ha hecho dar un giro hacia otro lado y tocar un tema sumamente importante, a mí así me lo parece.

Alguien que está pasando por una situación familiar y laboral complicada, me pidió poder charlar al respecto. Evidentemente, no soy nadie para dar consejos, y mucho menos decir lo que alguien debe o no debe hacer, pero claro que me importa lo que le sucede a las personas que me rodean, y así lo hice, sin dudarlo busqué el momento de poder reunirnos y el encuentro tuvo lugar.

Además, esta persona tenía verdaderos motivos para cuestionarse cosas; “Carmen, debo tomar decisiones, pero no me encuentro bien conmigo misma…” Cuando pronunció esta frase, se me encendieron las alarmas, de repente me vino a la mente, ¡entonces no tomes ninguna!

Es curioso el ser humano, porque normalmente tendemos a tomarlas cuando estamos en el peor momento para hacerlo. Pero del mismo modo, muchas veces se nos presentan las dos circunstancias simultáneamente, hay que tomar decisiones en un momento en el que nos sentimos mal con nosotros mismos. ¿Puede tener algún significado? Ambas situaciones tienen mucho que ver.

El tener la autoestima por los suelos, hace que a la última persona que queramos, respetemos y demos cuidados sea a uno mismo. Nuestros pensamientos no cesan de ser negativos, pintándolo todo de color negro. En muchas de las ocasiones, sin saber por qué, nos damos cuenta que se repite en el tiempo esta sensación de malestar, inseguridad, angustia, es entonces cuando tenemos que parar y pensar que algo está sucediendo.

  • El pasado es uno de los mayores lastres con los que cargamos, parece que algo te persigue pero no sabes muy bien el qué, por este motivo es importante que seamos capaces de perdonarnos a nosotros mismos. Debemos utilizar ese egoísmo bueno para nuestro propio bien.
  • Intentar evitar los extremos en nuestras vidas para encontrar el equilibrio de los puntos intermedios en la toma de decisiones. Hará que nos sintamos más seguros. De este modo, podremos llevar a cabo la práctica de la libertad responsable de asumir no solo nuestros actos, sino también las consecuencias. Esta es la verdadera madurez de vivir. La de sentirnos responsablemente libres.
  • La honestidad será nuestra mejor aliada, ya no solo para con los demás, sino para con nosotros mismos. Intentar no taparnos los ojos y ver la realidad de lo que acontece, es la única forma de hacer un análisis certero de lo que sucede.
  • Fijar un objetivo profesional, y también personal, será un buen punto de partida para comenzar a fomentar nuestro bienestar, y saber cuál es nuestra meta a alcanzar una vez aprendamos a querernos. Porque amigos, ¡el amor a uno mismo también se puede trabajar! Con lo cual, no dejemos para mañana lo que podemos hacer hoy…
  • Hay que dedicar tiempo en nuestra vida a relacionarnos con los demás, puesto que somos seres sociables por naturaleza. El estar rodeados de gente, pero buena gente, además de enriquecernos, nos hará sentirnos vivos.
  • Arreglarme, maquillarme, ponerme la barra de labios acorde a mi ropa, perfumarme, los tacones altos y mirarme al espejo y gustarme, ¡me da seguridad! Para los demás puedo ser un adefesio, pero para mí soy auténtica, simplemente soy yo. Yo lo practico, y me ayuda mucho a empezar el día con una sonrisa. Debemos mostrarnos naturales, como somos, y sobre todo ser lo que somos por nosotros mismos, no por nadie más. No pretendamos agradar a todo el mundo, eso es imposible, además de muy contraproducente.

El quererse, el perdonarse, avanzar… no es sencillo, ¡claro que no! Y si alguien te dice lo contrario, puede ser que te esté diciendo lo que deseas escuchar, yo no me siento capaz de ello. Lo que sí te puedo decir es que debemos intentarlo, luchar, darnos premios, alcanzar metas, ir dejando por el camino parte de esas piedras que llevamos cargando en la mochila, quizá debas apearte de amistades tóxicas o relaciones que no te dejan avanzar, puede que erres y te caigas varias veces, pero lo importante es que empieces la casa por los cimientos, no por el tejado, lo más importante es que te quieras.

Tomar decisiones es de valientes, de mentes inquietas, de personas activas, con ilusiones, con necesidad de cambio aun a sabiendas de que el camino no será sencillo pero, ¿por qué no intentar ser feliz? ¿Por qué no imponernos ser felices?

¿Has hecho esto y más? ¡Es el momento, tómalas! Pero que nadie te diga cuáles van a ser tus decisiones, de eso ya te encargas tú…

 

Las personas que están a nuestro lado y nos quieren, ya nos han perdonado y quizá en muchas ocasiones, ¿por qué no hacerlo con nosotros mismos? ¡Quiérete como nunca nadie te ha querido!

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Aquí nos conocemos todos…

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Artículo publicado por Carmen Prada

Hace escasos días, me encontré en medio de una conversación en el que el tema era la primera impresión, y reconozco que es un tema que me engancha.

Comenzamos hablando de una persona en concreto, conocida por todos los que en la conversación participábamos. Uno de los contertulios reconocía que su primera impresión cuando conoció al hombre del que tratábamos, no había sido precisamente buena, sino todo lo contrario. Y del mismo modo, acabó reconociendo que a medida que ha tenido una relación diaria con él por motivos laborales, su opinión ha cambiado muy positivamente.

Pero sin duda, ¡recuerda su primera impresión!, por lo que planteo la siguiente cuestión. ¿Es o no es importante la primera impresión? ¡Sin duda que lo es! De hecho, ella no la ha olvidado, aunque la opinión haya cambiado…

Su opinión cambió porque ha tenido la oportunidad de conocerle, pero yo me pregunto, ¿y si no la hubiese tenido, como pasa en la mayoría de las ocasiones?

Soy de las que opino que la primera impresión es nuestra carta de presentación. Debemos pensar que quizá a esa persona no volvamos a verla, que no tengamos más contacto que el de ese instante y voy más allá, se puede convertir en un momento dado por esa impresión que le hayamos causado, en nuestra posible embajadora ante otras personas.

Siempre se ha dicho que esta vida es un pañuelo, al igual que cuando vives en un lugar pequeño se suele escuchar eso de “aquí nos conocemos todos…” Hoy por hoy, me quedo con esta última frase, y es que es así, vivas donde vivas.

Nunca sabes la persona que en un momento concreto se encontrará sentada junto a ti o en la misma conversación, esa visita a un cliente qué puede traer después, o simplemente tener una forma de ser o estilo con el que muchas personas te identifiquen aunque desconozcan tu nombre. Pero voy más allá, digo que vivas donde vivas porque ahora mismo a través de las Redes Sociales vamos dejando nuestra huella en todo aquello en lo que interactuamos, en la fotografía de perfil que colguemos, en una opinión que demos ante una pregunta que en muchas ocasiones está colocada a propósito, en nuestra propia escritura que en muchas ocasiones descuidamos y dice mucho de uno mismo, en la forma de despedirnos o agradecer… Estamos examinados continuamente, debemos estar alerta las 24 horas y no despistarnos, y es que en cualquier ocasión son muchos los ojos que nos observan y algunas las oportunidades que se nos pueden presentar, y dependiendo de la impresión que se cause y del mismo modo, muchas las que se nos pueden escapar…

Desde este punto de vista, el de las redes sociales, ¿sabéis por qué es importante la primera impresión? Porque a través de ellas, no tendremos muchas o casi ninguna oportunidad de poder cambiar esa primera visión que han tenido de nosotros, ya que probablemente nunca nos vayan a conocer en persona o lleguemos a tener un trato directo y continuado.

Pero cuando sí se da ese trato directo, desempeñan de igual forma un papel importante tanto la comunicación verbal como la no verbal, por ese motivo, tanto la imagen como los gestos son importantes, y en la mayoría de las ocasiones no reparamos en ello.

Por la vida hay que caminar sin pausa, erguida, consciente, de un modo inteligente, precavida, al 100%, sin pensar que puede haber otra oportunidad, con soltura, delicadeza, con carácter y firmeza, pero sobre todo con mucha, mucha personalidad, esa que sea capaz de definirnos y que por ella cualquiera nos pueda identificar.

Seamos conscientes que nunca sabemos dónde está nuestra oportunidad, ni quién nos la puede ofrecer, o a qué puerta en un momento dado vamos a llamar y quién se encuentra del otro lado para abrirla… Por estos y otros muchos motivos, si hacemos de nuestra primera impresión nuestro hábitat natural, no nos costará que ésta sea nuestra forma de vida, no sufriremos porque nos mostraremos tal y como somos, puesto que la naturalidad formará parte importante de cómo nos mostramos.

Nunca descuidemos que, detrás de lo que decimos, ha de haber una coherencia en lo que hacemos. Así, sin divisiones interiores ni bipolarizaciones, caminaremos ligeros de equipaje por la vida, nuestra mirada será más transparente, estaremos más a gusto con nosotros mismos, y será más fácil que la gente confíe en nosotros, porque transmitiremos confianza, felicidad y paz interior.

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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