¡Mete la directa sin distracciones!

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Artículo publicado por Carmen Prada

Desde bien pequeños estamos acostumbrados a escuchar continuamente “no se puede”, “ten cuidado”, “no lo hagas”, “no vas a ser capaz”, “te vas a caer…” Estos mantras con el paso de los años llegamos a interiorizarlos y aplicarlos a la mayoría de las cosas por defecto. Nacemos, crecemos, maduramos teniendo como pauta de conducta lo que hemos asimilado, no podemos. Ese mensaje tan negativo tiene consecuencias…

Cuando uno toma una decisión, tiene una iniciativa, emprende algo nuevo, transmite una idea original, pretende un proyecto ambicioso… las primeras respuestas que te encuentras son “eso es imposible”, “no te compliques”, “es una locura…” En definitiva, otra vez un ¡no puedes!

Exactamente, ¿esto qué significa?, ¿que no puedo hacer realidad mi sueño? ¡Me río!

En la mayoría de las ocasiones, ni se pide información precisa antes de opinar, simplemente se hacen comentarios para echar por tierra los sueños y proyectos, muchas personas que nos rodean son expertas en esto, y por motivos diferentes, algunos malintencionados como la envidia, otros no, como el miedo.

Estas palabras pueden llegar a hacer mucho daño y ser muy destructivas si las ideas no se tienen claras, si la personalidad tambalea, si las dudas invaden y hay demasiados interrogantes. Al final tu mente solo termina encontrando por respuesta el no, no, no… y lo peor de todo, es que estas personas inseguras acaban por desistir de sus sueños porque “otros” se apropian de sus decisiones.

Después de que nos resuene en la cabeza continuamente la palabra imposible, nosotros mismos lo interiorizamos y nos lo creemos. Hemos crecido con continuos temores condicionando nuestra vida, y en ocasiones casi agradecemos que nos animen a no proseguir, nos sirve como excusa perfecta porque no somos valientes.

Lo fácil es una retirada, olvidar tus sueños, echar a un lado tus proyectos, desechar tus metas, porque eso parece más sensato que arriesgarte y que te llamen loco. ¿Loco por qué? Porque crees en ti mismo, y no necesitas el visto bueno de nadie, porque te arriesgas sin dejarte condicionar por la gente que no cree en tus posibilidades, porque prefieres tropezar y caer en el camino antes que ni siquiera arrancar. Porque al final la vida nos hace aprendices de nuestros fracasos y también de los éxitos. ¡Loco porque sencillamente crees en ti!

Séneca nos enseñó que “no nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas”.

¿Por qué etiquetarlas como difíciles? ¿Por qué dejamos que otras personas decidan por nosotros?

Eso sí, ten en cuenta que cuando tus expectativas no se cumplan, te recordarán que te lo dijeron, que estaba claro, te tratarán de loco suicida y escucharás un montón de tonterías, pero si no lo intentas, quizá nadie te diga nada, pero sabrás en tu fuero interno que has sucumbido a la peor tentación, la de no atreverte, y quizá esa amargura sea peor que escuchar bobadas.

Todos tenemos en nuestro interior un duendecillo que de vez en cuando aparece y nos habla, y habitualmente no lo hace para bien, todo lo que puede ser positivo nos lo muestra negativo, nos recuerda que no valemos… ¿Pero sabéis algo? Todo lo que soñamos, todo aquello en lo que nos queremos proyectar, lo podemos hacer realidad tapando la boca a ese duendecillo y a todos aquellos que por defecto nos den su opinión sin habérsela pedido.

Vayamos a por nuestros objetivos, rompamos con las malas costumbres arraigadas y hagamos oídos sordos a las voces paralizantes con las que hemos crecido, mostrémonos a nosotros mismos todo el potencial que tenemos, y quizá nos sorprendamos haciendo cosas que nunca pensamos antes llegar a realizar.

La siguiente frase no es de ningún grande del pensamiento o de la literatura, es de mi humildísima cosecha, pero me la ha tatuado la vida, la experiencia y el seguir soñando, porque sin ello me faltarían motivos para seguir adelante.

“Sacrifícate unos pocos años haciendo lo que otros no están dispuestos a hacer, si quieres disfrutar el resto de tu vida como otros nunca podrán”

 

 

*** Ya dispongo de página web, te invito a que sigas mi blog en, www.consiguetusmetas.com

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Pinterest.es

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No me gustaría olvidar

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Por Carmen Prada

 

Las siguientes palabras las dedico especialmente a mi familia, así como a todas las que sufren el mal del que escribo a continuación.

 

Como cada año desde 1994, el 21 de septiembre se celebra el Día Mundial del Alzhéimer, demencia que en España afecta a más de 600 mil personas, muchas aún sin diagnosticar. Se estima que dentro de 35 años, la llamada “enfermedad del olvido” la padecerán en España un millón y medio de personas. A la crueldad con la que se manifiesta y desarrolla, se une el hecho de suponer un gasto medio anual de unos 31000€, cantidad que ha de asumir el enfermo o su familia, ya que la tan esperada y necesaria Ley de Dependencia de momento es papel mojado para muchas personas que a duras penas sobrellevan su situación de precariedad, mientras iniciativas de lo más variopinto reciben subvenciones cuantiosas; pero no es la corrupción en sus múltiples formas -también a veces bajo el amparo de la legalidad– el tema que nos ocupa…

El que un familiar muy directo esté afectado por ella, me hace sentir esta enfermedad como mía propia, te hace valorar mucho más algunas cosas en las que antes no reparabas. Te hace vivir cada momento como único y último.

Por este motivo, deseo hacer una muy personal declaración de intenciones, y solo de intenciones, pues nadie está libre de sufrir esta dichosa enfermedad. Declaro solemnemente,  que no deseo olvidarme, entre otros muchos recuerdos, de:

  • mi primer disfraz de carnaval, de sevillana concretamente, que con tanto orgullo lucí;
  • la primera vez que comulgué, y algo dentro de mí se removió;
  • mi única canasta en dos años, jugando en el equipo de baloncesto del colegio. ¡Bueno, quizá por eso la recuerdo!
  • Escuchar a mi madre salir de casa a las cinco de la madrugada yendo a trabajar, haciéndonos ver lo importante que en la vida es el sacrificio;
  • las vacaciones estivales que en la infancia y adolescencia disfrutaba gracias al esfuerzo desmesurado de mis padres durante todo el año;
  • momentos en los que sufrí lo que ahora se llama “acoso escolar”, y no lo quiero olvidar porque me hizo afrontarlo con más fortaleza de la que yo podía imaginar;
  • mi juventud, que me hizo ver lo que era bueno en la vida de una persona y de lo que siempre me debería alejar;
  • el fatal primer amor que dejó secuelas en mi vida, y al que nunca he guardado rencor;
  • mi primer coche, que lo pagué con mi primer trabajo, ¡y lo que me costó!, con un contrato de aprendizaje y trabajando 9 horas y media seis días a la semana;
  • mi abuela paterna, mi fiel confidente, tan importante en mi juventud, cuya muerte nos cogió a todos por sorpresa, haciéndome vivir uno de los momentos más duros de mi existencia, agudizado por el fallecimiento en accidente de tráfico poco tiempo después de un tío materno solo un año mayor que yo;
  • mi primer logro profesional, bien jovencita. En un sobre y sin saber qué era, fui premiada con un viaje por las islas griegas, tras alcanzar un gran objetivo comercial;
  • la aparición inesperada de mi gran amor, con su peculiar modo pizpireto y desenfadado;
  • uno de los peores momentos de mi vida, cuando después de muchas pruebas y resultados, nos dieron el diagnóstico, diciéndonos “sufre Alzhéimer”;
  • mi boda, y muy especialmente el momento en el que entré en la basílica del brazo de mi padre, mientras mi prometido esperaba en mitad del templo, y yo le miraba entregada a lo que iba a hacer;
  • cada uno de mis logros profesionales, siempre vinculados a todos los valores que mis padres me han inculcado, y con sacrificio y tesón nos siguen mostrando;
  • cada “te quiero” de mi esposo, de los que les digo y me dicen mis padres, de los momentos que ya hemos vivido pero también de los que estamos viviendo;
  • dónde vengo y a dónde voy. Vengo de la humildad, la sencillez, la honradez, la generosidad y el sacrificio, y voy por el mismo camino sin desviarme, o por lo menos así lo estoy intentando.

¡Y es que no me quiero olvidar de nada ni de nadie! La vida está repleta de momentos buenos, pero también de los que no son tanto. Gracias a todos ellos nos desarrollamos como personas.

Y en especial en este día quiero tener presente que esta enfermedad no es solo de quien la sufre, también muy especialmente de la persona que le acompaña día y noche. De esa persona que llora en silencio por un mal gesto o palabra que le hace recordar que antes no era así. El enfermo adopta a veces actitudes muy cómodas, se hace difícil discernir hasta qué punto sería eso evitable, o si es solo debido al avance del mal, pero en todo caso esas situaciones del día a día hacen que el peso sea paulatinamente más difícil de sobrellevar. Los silencios prolongados al acompañante le causan dolor, porque le dan la sensación de vivir aún en mayor soledad. Tantas veces se dice “no puedo más”, y sin embargo sigue… Y se angustia y le falta el aire cuando la persona enferma tarda en llegar a casa un poco más de lo previsto, vive de cerca los episodios más fuertes de la dichosa enfermedad, está pendiente de su medicación en cada momento… Nada sería igual sin su presencia, sin la presencia de las familias y cuidadores que velan por el bienestar de estos enfermos.

Hay que intentar sacarle el jugo a cada instante, porque algún día llegará la oscuridad, pero hasta ese momento quiero contribuir a que esta persona muy querida por mí viva con la mayor plenitud posible, y que los recuerdos que aún le queden sean de ese modo felices.

Hace semanas escuché en la radio a la esposa de un enfermo de alzhéimer el siguiente pensamiento que comparto: “no hace falta tener buena memoria para tener buenos recuerdos.”

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Serás lo que desees ser…

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Por Carmen Prada

 

Está claro que cuando uno quiere y desea conseguir sus metas, algo se tiene que hacer al respecto, lo que no tiene cabida es el inmovilismo.

En muchas ocasiones hay cosas que debemos cambiar, en otras en las que ya estamos llevando pautas a la práctica debemos modificar sobre la marcha, e incluso dejar de seguir anclados en rutinas ineficaces. En definitiva, esos pasos que debemos ir dando marcarán nuestro camino hasta la consecución del reto definido por nosotros mismos.

Aunque no nos paremos a pensar en ello, nuestro estado de ánimo tiene mucho que ver para comenzar a caminar o más bien quedarnos paralizados.

La perspectiva que tenemos cuando visualizamos algo, no es la misma cuando nuestro estado de ánimo es óptimo, que cuando más bien tenemos que bajar nuestra mirada y buscarlo por los suelos. En este último caso, parece que todos los caminos se estrechan, incluso llegamos a dejar de verlos, les perdemos de vista y únicamente pasamos a visualizar inconvenientes y barreras para dar pasos hacia adelante, sin apenas permitirnos posibilidades de hacer las cosas de otra forma.

Toda esta situación nos lleva a perder vitalidad e ilusión, las metas se disipan, todo se oscurece y lo que antes era posible ahora lo vemos inalcanzable.

No podemos negar que el encaminar la negatividad en nuestra vida hacia la positividad nos traerá consigo un mejor estado emocional, que sin duda repercutirá en nuestra salud, pero también en nuestra relación con los demás. O sea, ello redundará en una mejor calidad de vida.

 

Quizá toda esta teoría la conocemos prácticamente todos pero, ¿cómo salimos de este círculo vicioso? ¿Conocemos prácticas o herramientas que nos pueden ayudar a ello?

 

  • Si no promovemos cambios en nuestra vida, no lograremos ver resultados.
  • Debemos intentar que en nuestro diccionario la palabra imposible no exista.
  • Un exceso de auto-exigencia y auto-crítica nos puede llevar a perder confianza en nosotros mismos. Es importante darnos una tregua, sería bueno recopilar momentos gratos, ilusionantes, esperanzadores y aferrarnos a ellos.
  • Nadie ha dicho que la vida fuese fácil, el caminar por ella con una sonrisa hace que ésta nos ayude a afrontar situaciones de un modo más positivo.
  • Debemos ser agradecidos por lo que tenemos, por lo que la vida nos regala, quizá de este modo nos demos cuenta de lo mucho que tenemos y lo poco que agradecemos este regalo.
  • ¡Claro que a veces lo vemos todo negro! Pero de nosotros depende dar el primer paso para cambiarlo de color.
  • Rodearnos de personas positivas y alegres hace que el ambiente que se genera sea emocionalmente positivo. Debemos renunciar tajantemente al aislamiento social.
  • El sentirnos útiles y ayudar a personas que pueden precisar de nosotros, nos ayuda a encontrarnos con nosotros mismos, pero también a encontrar razones para que los demás piensen en nosotros como una luz a la que dirigirse.
  • Que no nos condicionen lo que los demás piensen de nosotros. La envidia es mala compañera de viaje, no permitas que nadie con este perfil se cuele en tu equipaje.

 

Lo sé, pueden parecer frases hechas, mucha teoría en ella y estar preguntándoos, ¿un ejemplo real?

 

Hace poco, durante varias semanas, una persona muy cercana a mí ha pasado por unos problemas de salud importantes. Han sido días de espera, de oscuridad, de ansias porque esta situación terminase, momentos de angustia.

Quizá hubiese sido más práctico en mi día a día, dejarme llevar por esta situación y dejar de disfrutar de mi trabajo o negar el tipo de persona que soy, a las personas que me rodean.

Claro que ha habido momentos de todo tipo, y hablo de mí emocionalmente, pero, ¿por qué dejarme llevar por la apatía y la desilusión? Realmente no tenía motivos, amo lo que hago, mi familia ha estado unida ante esta situación, me ha hecho ver la calidad y cantidad de amistades y personas que me quieren y además me ha servido para medir mi capacidad de sufrimiento.

 

Y repito, ha habido picos emocionales de todo tipo, pero mi motor es la pasión que siento por las personas, y es la que ha marcado mi camino hacia la luz y la esperanza.

 

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pinterest.com

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Cuando un amigo se va

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Por Carmen Prada

El 24 de octubre de 2016 escribí mi post mensual en La Nueva Ruta del Empleo, no sé si como desahogo y ejercicio de esperanza ante una situación que para mí estaba siendo muy dura de asimilar. El texto era el siguiente:

“Hoy os quiero hablar de un gran amigo al que quiero muchísimo, el cual siempre me ha dicho, `Carmen, si uno trabaja únicamente por dinero en esta vida, nada le quedará cuando ya no pueda seguir haciéndolo. El dinero no sirve para mucho, ya que la pasión por lo que uno hace, el dinero no la paga´.

Prefiero no decir aquí su nombre, y lo entenderéis cuando sigáis leyendo, pues considero adecuado preservar su intimidad. Es una persona que desempeña con mucha profesionalidad y honradez sus trabajos, y digo en plural, porque además de tener su propia asesoría desde hace años, es profesor en un centro de Formación Profesional. Es la persona con mayor nobleza y entrega que conozco. Os sorprenderá, pero ¡ya podría estar jubilado! Pero ha entregado su vida a lo que hace, llegándome a confesar muchas veces que “qué haría yo sin poder hacer lo que me gusta, Carmen”.

He compartido largos cafés con él, conversaciones profundas, de fe, de política, de la vida, de la familia, de los dichosos impuestos… Yo me pasaría horas y horas con él charlando. Siempre he tenido presente una frase que a menudo pronuncia en nuestros encuentros, “el dinero solo me serviría por si un día enfermase, y aun así…”. Y es cierto, al dinero siempre lo ha tratado como al mayor traidor del hombre.

No olvidaré el momento en el que me regaló la mayor lección de vida y valentía.

Fue a principios del mes de abril, cuando sonó mi teléfono y vi su nombre en la pantalla. Pensé, ¡toca café y tertulia! Pues la realidad fue otra, y ésta se distanciaba infinitamente de mi deseo. Él llevaba una temporada con unos dolores muy fuertes en la espalda y estaba en medio de pruebas médicas. Desde el otro lado del teléfono me dice, “Carmen, ¿recuerdas que me tenían que dar los resultados de las pruebas pendientes? Pues ya me los han comunicado, tengo cáncer”.

 

Os tengo que confesar que de repente mi rostro se inundó de lágrimas (como en este mismo momento me está sucediendo al escribirlo y recordarlo), al escucharlo noté que la voz me fallaba. Dejé que siguiese hablando, y con total serenidad y calma me dijo, “no te preocupes, la vida es así, Carmen, yo estoy en paz y preparado para lo que tenga que ser. Si todo va bien esto solo será un contratiempo, y si no, no pasa nada, tú sabes que aquí solo estamos de paso”. A través del teléfono además de transmitir lo que me estaba confesando con toda serenidad, le pude intuir una sonrisa y continuó diciéndome, “¡ves, cuántas veces te dije que para qué valía el dinero!, ¿te acuerdas?”

No fue fácil para mí reaccionar con serenidad y calma, pero cuando escuché el modo con el que me transmitía lo que le estaba sucediendo, me dije que nunca podría pagarle (y no hablo de dinero), todos los valores que siempre me ha transmitido, como son humildad, sensatez, valentía, pasión por lo que hace y una inmensa entrega a los demás.

Después de acudir todas las semanas a una clínica fuera de nuestra provincia a recibir sesiones de quimioterapia, en ocasiones muy esporádicas ya que apenas tenía fuerza física, quedábamos a tomar un café. Y no olvidaré el último hasta hoy, ya que hace 3 meses que no puedo hablar con él ya que está ingresado en la clínica, bastante grave por la dichosa enfermedad.

Sentados en una terraza me dijo, “me he pasado toda mi vida entregado a los demás, estoy en un momento que en ocasiones me viene a la cabeza el pensar qué habría pasado si me hubiese querido y pensado más en mí. No sé si el dinero me salvará la vida, pero si no puede ser, estoy preparado para lo que tenga que suceder. La vida es muy corta, pasa demasiado deprisa, he tenido la gran suerte de disfrutar siempre de lo que he hecho. Y si me tengo que ir, Carmen, me gustaría irme pensando que a través de esa pasión he ayudado a personas.” Después de escucharle y con la voz temblorosa le dije, (su nombre), a mí me has ayudado mucho, y puedo decir algo de lo que últimamente no es fácil presumir, y es que tengo al mejor amigo que se puede tener y jamás me has fallado. Solo espero que te haya podido devolver una mínima parte de todo lo que tú me has regalado.

 

Ruter@s, hace tres meses para mí larguísimos que no lo veo. Hablo con su familia y me van informando, pero si hoy os estoy hablando de él es porque la sabiduría que tiene de la vida le ha terminado dando la razón.

El dinero lo necesitamos, todos queremos y necesitamos cubrir nuestras necesidades y aspiramos a una calidad de vida, no solo a sobrevivir a duras penas, que es la situación de mucha gente, por desgracia, pero os invito a reflexionar seriamente si no le damos a veces más importancia de la que realmente tiene.

¿Realmente crees que acumular riquezas garantiza la felicidad?

¿Las verdaderas amistades surgen o se compran con dinero?

¿Desaparecerían de tu vida todos los problemas?

¿Teniendo mucho dinero te daría igual cuidar o no tu desarrollo personal y profesional?

Quizá la pasión con la que desempeño todo aquello que llevo a cabo, el mirar a los ojos a las personas sin esquivarlas, el dar sin pensar en cuándo recibiré, el intentar por lo menos arrancar una sonrisa en un momento delicado, y sobre todo ir por la vida teniendo claro que a mí la felicidad me la aportan pequeños momentos, como esos cafés con mi amigo, son las cosas que me hacen sentir viva.

Ojalá pronto lo pueda volver a ver, y que me pueda decir que “el dinero me ayudó a hacer frente a una enfermedad y gracias a él la pude superar, pero lo que me mantuvo vivo, ¡fueron las ganas de vivir!”

 

Dicen que quien tiene un amigo tiene un tesoro, y podéis creerme que conocerlo ha sido uno de los mayores regalos que la vida me ha dado, espero y rezo de corazón por su pronta mejoría, pues mi amigo es una persona de la que se aprende cada día en el terreno profesional y personal, y aún tiene mucho bien que hacer en este mundo, si Dios quiere.”

 

 

Como arriba he señalado, esto fue publicado en octubre. Pues bien, el pasado 21 de diciembre de 2016 me despertaron con la dolorosísima noticia de que en la noche había finalizado su existencia terrena. Fueron días realmente duros e intensos, y en su multitudinario funeral quedó de relieve el mucho bien que hizo por tanta gente. En estas situaciones, las lágrimas brotan no solo de tristeza, sino también por la impotencia de no encontrar la forma de expresar el agradecimiento hacia la persona fallecida.

Nuestros cafés, tertulias y confesiones no volverán, pero siempre me sentiré una privilegiada por haber podido contar con su generosa amistad, su ejemplo y sabiduría de vida.

Él se fue en paz, y me consta que el legado que ha dejado en todos los que lo conocimos perdurará mientras vivamos cada uno de nosotros.

Solo puedo decirte, querido amigo, GRACIAS POR SER UN ÁNGEL EN MI VIDA, EN MÍ TU RECUERDO SIGUE VIVO, Y ESPERO VOLVER A ENCONTRARTE EN LA ETERNIDAD.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Cambia para cambiar el mundo, ¡da el primer paso!

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Por Carmen Prada

 

Conozco un libro cuyo prólogo comienza así:

Conocí a Héctor en marzo de 2008 cuando el desarrollo de

personas era sólo un aspecto tangencial en nuestro quehacer

profesional.

Fui, por tanto, testigo presencial de su quiebre en el año 2009.

Utilizo ahora palabras elegidas por él para describir su estado de

aquel entonces. Perdido, toqué fondo, mi autoconfianza por los

suelos, fuertes inseguridades, no me veía capaz de hacer nada

bien, no tenía ni idea de cómo encarrilar mi vida, incapaz de dar

el primer paso…”

 

Ojo, no es el prólogo de cualquier libro, sino de Cambia para Cambiar el Mundo, y su autor es Héctor Trinidad. No soy de libros de autoayuda, (en las que ésta escasas veces llega), podríamos decir que tampoco de “vende humos”. Por eso, cuando un buen día llegó a mi bandeja de entrada un correo de Héctor con el asunto “Te necesito para el Blog-Tour de mi libro: Cambia…para Cambiar el Mundo”, al abrirlo observé el texto y me llamaron profundamente la atención las siguientes frases, pero aún más algunas palabras en concreto:

“¿Qué te cuento del mismo? Que ha sido un SUEÑO para mí, después de mucho tiempo, dar forma a algo que tenía dentro y que sabía que tenía que “regalarle” al mundo.

 

Se trata de una obra escrita desde lo más profundo de mi SER, en la que intento ayudar a todo aquel que se encuentre en un momento vital en el que no le gusta lo que hace, o que las circunstancias le han puesto en serias dificultades y no sabe cómo reorientar su vida”.

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Pasión pura, Héctor Trinidad

“Sueño”, “regalarle”, “profundo”, “ser”, “ayudar”, “vida”. Todas estas palabras envuelven su libro.

 Tengo que decir que a este gran hombre no lo conozco en persona, no tengo ese placer de momento… Pero ambos colaboramos en La Nueva Ruta del Empleo y nos seguimos a través de las distintas redes sociales. Os cuento todo esto para que os deis cuenta de lo que alguien puede lograr cuando lo que se propone lo hace con tanta pasión y confianza en uno mismo.

Ha confiado en unos 70 “Ángeles”, que así nos hemos denominado un poco entre todos para empaparnos de sus palabras y poder llevarlas a otros.

De esos 70 “Ángeles”, personalmente conozco a muy pocos, casi todos mediante las RRSS, pero ha sido tan increíble el vínculo que se ha creado que no lo podría explicar con palabras.

Yo he sentido generosidad, complicidad, gratitud, emociones, ayuda… Pero sobre todo, mucha unión con un fin común. Un sueño que alguien un día tuvo y no cesó hasta que lo consiguió. Y es que tanto bien se acaba contagiando.

Muchas veces la vida y determinadas circunstancias nos hacen pensar que vivimos en un mundo egoísta, cargado de intereses, y no seré yo la que os diga que esto no es así. Pero os puedo asegurar que cuando a alguien le hablas de emociones, de sentimientos, te acabas dando cuenta que éstos son capaces de mover el mundo.

Si me dedico a esta profesión, es sin duda porque creo en la personas, para mí éstas lo son todo, necesito crear a mi alrededor empatía, rodearme de sonrisas, llorar cuando toque, porque sin duda no debemos tener temor a hacerlo, y al final no puedo pensar en otra cosa que en la generosidad.

A mí me hablan de sueños y ¡¡me encandilan fácilmente!!, no concibo la vida sin ellos. De hecho, en ocasiones cuando hablo de la importancia de ellos, muchas de las personas me responden con, “solo son eso”, “son imposibles”. Y nuevamente tengo que decir que ¡no lo son! Al igual que tengo que decir que ¡tampoco son fáciles de alcanzar! No os voy a engañar, pero para lograrlos, lo mínimo que tenemos que ponernos es en camino.

Debes creer en ti, en tus posibilidades, encauzar ese camino a recorrer que marca la meta, es importante conocer que es posible encontrarse con la frustración, con miedo a la derrota, mostrarlo con pasión, pero sin duda, si no lo intentamos jamás sabremos si nuestro sueño era de los fácilmente alcanzables o de los más arduos y complicados.

Rodearte de personas que crean en ti, en tus capacidades, que sean capaces de sacar lo mejor de ti, que sean realistas y sensatas, e incluso, por qué no, capaces de llamarte loco atrevido. E importantísimo, que sientan la pasión y la seguridad con la que tú vives tu proyecto de vida.

Hay un texto que me encanta del libro, y es cuando Héctor comenta que un buen amigo suyo un día le dijo:

“La vida es como el Tour de Francia, está llena de

etapas, unas largas, llanas, aburridas, pero sin sobresaltos.

Otras de montaña, con grandes subidas, pero también

con grandes bajadas y tú eliges qué tipo de etapas

quieres vivir (si no lo haces, otros lo elegirán por ti)”

 

Estoy totalmente de acuerdo con su amigo, ¡nunca dejes que los demás elijan el camino por ti! Sé dueño de tus metas, de tus objetivos, de tus sueños y no dejes que nadie marque tu camino. Lo que sí puedes hacer es compartir y transmitir tu pasión.

El paso adelante para hacer cambios en nuestra vida únicamente depende de nosotros. Cambia para cambiar el mundo, es atreverse a dar ese primer paso al frente, y conseguir que tanto en tu vida como en la de la gente que te rodea, algo cambie.

Este Tour al que hemos sido invitados esos 70 “Ángeles”, ha sido y está siendo para mí un camino con continuos descubrimientos, y sobre todo descubrimientos emocionales.

No puedo dejar de citar una frase que me transmitió mucho, “algunos buscan un mundo más bonito, otros lo crean”. Ojalá tomes la decisión de ser de los que lo quieran crear, no te unas a trenes seguros…

Quiero darte las gracias, Héctor, por la confianza depositada en mí para tu Tour-Blog, que has conseguido con la pasión particular que te caracteriza, hacerlo de muchos y entre ellos una humilde servidora.

 

Por cierto,  me he enganchado a tu libro, Héctor, y como tú  un día hiciste conmigo, no me lo quiero quedar para mí sola. ¡¡¡Lo quiero compartir!!!

*Fuente de la fotografía, Héctor Trinidad y Carmen Prada

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Huye, no lo intentes…

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Por Carmen Prada

No lo intentes, huye, escapa de ello. No intentes cambiar a esa persona que ahora actúa de modo diferente a hace años, o incluso quizá meses.  Habrá momentos que no la desconoces, otros en los que está lejos de ser esa persona que un día conociste. Da igual si hablamos de un familiar, de tu pareja, de un amigo, probablemente para ti nada tiene una explicación razonable.

La vida es una noria en constante movimiento. Hay alturas en las que el estómago se nos encoge, otras que controlamos bien. Debemos tener en cuenta que las personas cambian, pero a veces para bien y muchas otras al contrario, y muestran aspectos de su persona que quizá ya estaban, pero ocultos. Aun así, seguramente sigas pensando que no es justo, que quieres recuperar a la que has perdido, que esa es la que tú conociste.

¿Alguna vez te has planteado si esa persona que tú conociste era la verdadera o más bien lo es la actual?

Las personas estamos marcadas por historias, por miedos, por complejos, tenemos cicatrices y en muchas ocasiones muchas partes de estas cosas no se superan. Puede ser justo o no, ¿pero es justo querer cambiar a alguien? ¿Te gustaría sinceramente que te lo pidieran a ti? La respuesta habitual con la que me encuentro es, ¡es que yo siempre he sido así! Puede que te sorprendiese escuchar a gente que no opina lo mismo que tú.

¡Quizá ahí este el problema! Los ojos que miran a esa persona en la mayoría de los casos son los mismos que la miraban hace un tiempo, quizá sería bueno preguntarle, ¿cómo te ves tú? Pero no busquemos una respuesta poco argumentada o nada concluyente, quizá haya perdido la perspectiva de su persona, la esencia que lo determinaba. Puede que ni ella se haya percatado.

Vivimos impregnados por cuentos de hadas, de príncipes y princesas… pero la realidad de la vida es otra. No podemos diseñar a alguien a nuestra imagen y semejanza, tampoco construirlo como un puzle. Debes respetar su evolución o involución, quién sabe… Pero desde luego, no dejes que esta situación te llegue a hacer daño a ti.

Puede que ceda a tus premisas, quizá te regale esas últimas palabras que le pediste, también que sientas que ese sorbo de café junto a esa persona sigue teniendo el mismo sabor porque así lo necesitas sentir, o que ese tema de conversación que antes existía puedas recuperarlo y con respeto.

 Mi pregunta es, ¿durante cuánto tiempo? ¿Eres consciente que tienen fecha de caducidad esas peticiones? ¡Vuelves a querer recuperar a esa persona que un día tus ojos vieron!

La vida nos pone muchas pruebas, nos somete a exámenes continuos, nos analiza diariamente, pero todo esto solo lo puede hacer la vida.

Seguro que no deseas que un día te digan frases tales como “lo hice por ti…”, “ya te lo dije…”

Esa pareja que ha dejado de ser quien tú te habías imaginado de un modo infinito, quizá un día se muestre como es, o quizá descubras que nunca la llegaste a conocer.

Ese familiar con el que siempre te has sentido tan identificado, puede que la vida le haya puesto demasiadas curvas en su vida, y ésta misma le haya hecho pasar de ser dulce y cercano a frío y distante.

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Y cómo no, ese amigo con el que lo has pasado todo, incluso hasta más horas que en tu casa, que le has acompañado y lo mismo ha hecho en los peores momentos, ya no esté cuando en otras ocasiones ya estaría de camino.

¿Dolor? ¡Mucho! Pero me reitero al transmitirte que no dejes de ser tú por intentar cambiar a nadie, no lo intentes, no te desgastes, no dejes de mirar hacia adelante.

La vida me ha enseñado que hay puertas que se cierran y otras que quedan a medias, cierra esas por las que entra una brisa fría y heladora y abre otras que justo las tienes enfrente y llevas tiempo sin darte cuenta, ya que éste lo has utilizado intentando cambiar una cerradura…

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Mientras soñaba me encontré con la realidad

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Por Carmen Prada

 

Recuerdo que ya desde bien jovencita veía pasar vidas ante mí e intentaba mejorarlas, aunque en aquel momento no era consciente de que no todas tenían por qué mejorar…  Mi inquietud por todo lo que se mueve me ha acompañado a lo largo de todos estos años hasta llegar al presente. Y me explico.

Ya con 10 años buscaba mi momento durante el día y además en el mismo lugar para poder estar a solas y hacerme preguntas, a la par que yo misma me las respondía.

Recuerdo que después de hacer los deberes, que por entonces ni se cuestionaban, y merendar mi bocadillo preferido de mantequilla con azúcar, mi madre me permitía salir a jugar como se acostumbraba, a la calle, y disfrutar de un poco de ocio. Había algún momento en ese rato en el que sola buscaba un banco que estaba situado de espaldas al río Boeza, afluente del Sil que cede a éste sus aguas al llegar a Ponferrada. Justo a la derecha de ese banco de hierro cruzaba una carretera, y a pocos metros estaba situado un semáforo.

En aquel rato de preguntas y respuestas eran muchos los coches que por aquel entonces circulaban por allí, y cuando en el semáforo se dibujaba el color rojo, mi cabeza empezaba a imaginar la vida que podían tener las personas que ante él paradas se encontraban.

Y os preguntaréis, ¿pero no has comentado que te hacías preguntas a las que tú misma dabas respuesta? ¡Pues sí, y además con una rapidez de vértigo!

Utilizaba gran parte de mi tiempo preguntándome cómo sería mi vida en el año 2000, por aquel entonces corría 1987. Y yo misma me respondía.

Tendría una gran casa, toda llena de cristales, ya estaría casada, habría sacado la carrera de periodismo y completamente feliz. ¡La vida soñada por cualquiera y no estaba nada mal! ¡Para qué darle más vueltas, ya estaba todo planeado! Planeaba mi vida sin quitar de mi vista ese año como referencia, porque me parecía una fecha importante, quizá por su simbolismo, no sé…

Esta situación se repitió día tras día durante un periodo de tiempo considerable.

A medida que iban sucediendo los años comenzó toda la lluvia de noticias y hechos que iban a llevarse a cabo en esa fecha clave. Veía más complicado que todo lo que llevaba años soñando se hiciese realidad, sin pararme a pensar evidentemente y menos a esa edad que para alcanzar los sueños, una tiene que hacer algo…

Lo cierto es que llegó ese año tan señalado y nada fue como yo lo había soñado. Incluso puede que haya sido uno de los peores de mi vida, justo ese, pues mi abuela paterna, que era mi confidente y alguien muy muy importante en mi vida, falleció y de un modo inesperado.

A esas alturas ya me había dado cuenta que la vida no sucede como una se la imagina, ni tan siquiera pensando en el día de mañana mismo. Quizá ese fue el primer aviso que tuve advirtiéndome que la vida no es tal y como la programamos, y mucho menos como la imaginamos.

La vida la construímos cada día, pasito a pasito, deshaciéndonos de cosas y cargándonos de otras.

Imaginaros lo difícil que es llevar a buen puerto la nuestra, tropezando lo menos posible, levantándonos lo más rápido que podemos de la última caída, saltando obstáculos que en ocasiones ni somos conscientes…, como para pretender organizar la vida de los demás.

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El deseo para nosotros mismos es la construcción, mientras que en ocasiones tengo la sensación que para otros es la destrucción del bienestar ajeno. No podemos caminar cada día juzgando lo que hacen o no hacen los demás, poniendo en tela de juicio acciones, menospreciando a la gente porque uno no obtiene lo que desea, intentando saltar por encima de quien haga falta… Porque si llegamos a esto, qué triste y vacía debe ser nuestra existencia.

Cuando yo me sentaba hace 29 años en aquel banco de hierro color verde con agujeros, y miraba cómo pasaban los coches y con ellos muchas historias, solo se me pasaba por la cabeza construir dentro del vehículo cualquier historia de vida que fuera mejor que la que ya existía.

Hoy en día miro atrás, obtengo muchas lecturas y reflexiones y me doy cuenta que la mujer de hoy es esa misma que hace tantos años aun siendo niña ya soñaba con un mundo mejor.

Doy fe que he cometido muchos errores en mi vida y seguramente los que me queden, pero de algo sí estoy segura, y es que soy persona de construcción y no de demolición…

No cambiaría lo que soy en este momento por lo que podía haber sido en ese año 2000, la vida me ha regalado muchas cosas, y entre otras el valor que tiene la mía propia y la de las personas que me rodean.

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Carmen Prada

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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