Cuando un amigo se va

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Por Carmen Prada

El 24 de octubre de 2016 escribí mi post mensual en La Nueva Ruta del Empleo, no sé si como desahogo y ejercicio de esperanza ante una situación que para mí estaba siendo muy dura de asimilar. El texto era el siguiente:

“Hoy os quiero hablar de un gran amigo al que quiero muchísimo, el cual siempre me ha dicho, `Carmen, si uno trabaja únicamente por dinero en esta vida, nada le quedará cuando ya no pueda seguir haciéndolo. El dinero no sirve para mucho, ya que la pasión por lo que uno hace, el dinero no la paga´.

Prefiero no decir aquí su nombre, y lo entenderéis cuando sigáis leyendo, pues considero adecuado preservar su intimidad. Es una persona que desempeña con mucha profesionalidad y honradez sus trabajos, y digo en plural, porque además de tener su propia asesoría desde hace años, es profesor en un centro de Formación Profesional. Es la persona con mayor nobleza y entrega que conozco. Os sorprenderá, pero ¡ya podría estar jubilado! Pero ha entregado su vida a lo que hace, llegándome a confesar muchas veces que “qué haría yo sin poder hacer lo que me gusta, Carmen”.

He compartido largos cafés con él, conversaciones profundas, de fe, de política, de la vida, de la familia, de los dichosos impuestos… Yo me pasaría horas y horas con él charlando. Siempre he tenido presente una frase que a menudo pronuncia en nuestros encuentros, “el dinero solo me serviría por si un día enfermase, y aun así…”. Y es cierto, al dinero siempre lo ha tratado como al mayor traidor del hombre.

No olvidaré el momento en el que me regaló la mayor lección de vida y valentía.

Fue a principios del mes de abril, cuando sonó mi teléfono y vi su nombre en la pantalla. Pensé, ¡toca café y tertulia! Pues la realidad fue otra, y ésta se distanciaba infinitamente de mi deseo. Él llevaba una temporada con unos dolores muy fuertes en la espalda y estaba en medio de pruebas médicas. Desde el otro lado del teléfono me dice, “Carmen, ¿recuerdas que me tenían que dar los resultados de las pruebas pendientes? Pues ya me los han comunicado, tengo cáncer”.

 

Os tengo que confesar que de repente mi rostro se inundó de lágrimas (como en este mismo momento me está sucediendo al escribirlo y recordarlo), al escucharlo noté que la voz me fallaba. Dejé que siguiese hablando, y con total serenidad y calma me dijo, “no te preocupes, la vida es así, Carmen, yo estoy en paz y preparado para lo que tenga que ser. Si todo va bien esto solo será un contratiempo, y si no, no pasa nada, tú sabes que aquí solo estamos de paso”. A través del teléfono además de transmitir lo que me estaba confesando con toda serenidad, le pude intuir una sonrisa y continuó diciéndome, “¡ves, cuántas veces te dije que para qué valía el dinero!, ¿te acuerdas?”

No fue fácil para mí reaccionar con serenidad y calma, pero cuando escuché el modo con el que me transmitía lo que le estaba sucediendo, me dije que nunca podría pagarle (y no hablo de dinero), todos los valores que siempre me ha transmitido, como son humildad, sensatez, valentía, pasión por lo que hace y una inmensa entrega a los demás.

Después de acudir todas las semanas a una clínica fuera de nuestra provincia a recibir sesiones de quimioterapia, en ocasiones muy esporádicas ya que apenas tenía fuerza física, quedábamos a tomar un café. Y no olvidaré el último hasta hoy, ya que hace 3 meses que no puedo hablar con él ya que está ingresado en la clínica, bastante grave por la dichosa enfermedad.

Sentados en una terraza me dijo, “me he pasado toda mi vida entregado a los demás, estoy en un momento que en ocasiones me viene a la cabeza el pensar qué habría pasado si me hubiese querido y pensado más en mí. No sé si el dinero me salvará la vida, pero si no puede ser, estoy preparado para lo que tenga que suceder. La vida es muy corta, pasa demasiado deprisa, he tenido la gran suerte de disfrutar siempre de lo que he hecho. Y si me tengo que ir, Carmen, me gustaría irme pensando que a través de esa pasión he ayudado a personas.” Después de escucharle y con la voz temblorosa le dije, (su nombre), a mí me has ayudado mucho, y puedo decir algo de lo que últimamente no es fácil presumir, y es que tengo al mejor amigo que se puede tener y jamás me has fallado. Solo espero que te haya podido devolver una mínima parte de todo lo que tú me has regalado.

 

Ruter@s, hace tres meses para mí larguísimos que no lo veo. Hablo con su familia y me van informando, pero si hoy os estoy hablando de él es porque la sabiduría que tiene de la vida le ha terminado dando la razón.

El dinero lo necesitamos, todos queremos y necesitamos cubrir nuestras necesidades y aspiramos a una calidad de vida, no solo a sobrevivir a duras penas, que es la situación de mucha gente, por desgracia, pero os invito a reflexionar seriamente si no le damos a veces más importancia de la que realmente tiene.

¿Realmente crees que acumular riquezas garantiza la felicidad?

¿Las verdaderas amistades surgen o se compran con dinero?

¿Desaparecerían de tu vida todos los problemas?

¿Teniendo mucho dinero te daría igual cuidar o no tu desarrollo personal y profesional?

Quizá la pasión con la que desempeño todo aquello que llevo a cabo, el mirar a los ojos a las personas sin esquivarlas, el dar sin pensar en cuándo recibiré, el intentar por lo menos arrancar una sonrisa en un momento delicado, y sobre todo ir por la vida teniendo claro que a mí la felicidad me la aportan pequeños momentos, como esos cafés con mi amigo, son las cosas que me hacen sentir viva.

Ojalá pronto lo pueda volver a ver, y que me pueda decir que “el dinero me ayudó a hacer frente a una enfermedad y gracias a él la pude superar, pero lo que me mantuvo vivo, ¡fueron las ganas de vivir!”

 

Dicen que quien tiene un amigo tiene un tesoro, y podéis creerme que conocerlo ha sido uno de los mayores regalos que la vida me ha dado, espero y rezo de corazón por su pronta mejoría, pues mi amigo es una persona de la que se aprende cada día en el terreno profesional y personal, y aún tiene mucho bien que hacer en este mundo, si Dios quiere.”

 

 

Como arriba he señalado, esto fue publicado en octubre. Pues bien, el pasado 21 de diciembre de 2016 me despertaron con la dolorosísima noticia de que en la noche había finalizado su existencia terrena. Fueron días realmente duros e intensos, y en su multitudinario funeral quedó de relieve el mucho bien que hizo por tanta gente. En estas situaciones, las lágrimas brotan no solo de tristeza, sino también por la impotencia de no encontrar la forma de expresar el agradecimiento hacia la persona fallecida.

Nuestros cafés, tertulias y confesiones no volverán, pero siempre me sentiré una privilegiada por haber podido contar con su generosa amistad, su ejemplo y sabiduría de vida.

Él se fue en paz, y me consta que el legado que ha dejado en todos los que lo conocimos perdurará mientras vivamos cada uno de nosotros.

Solo puedo decirte, querido amigo, GRACIAS POR SER UN ÁNGEL EN MI VIDA, EN MÍ TU RECUERDO SIGUE VIVO, Y ESPERO VOLVER A ENCONTRARTE EN LA ETERNIDAD.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen de Pixabay

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Cambia para cambiar el mundo, ¡da el primer paso!

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Por Carmen Prada

 

Conozco un libro cuyo prólogo comienza así:

Conocí a Héctor en marzo de 2008 cuando el desarrollo de

personas era sólo un aspecto tangencial en nuestro quehacer

profesional.

Fui, por tanto, testigo presencial de su quiebre en el año 2009.

Utilizo ahora palabras elegidas por él para describir su estado de

aquel entonces. Perdido, toqué fondo, mi autoconfianza por los

suelos, fuertes inseguridades, no me veía capaz de hacer nada

bien, no tenía ni idea de cómo encarrilar mi vida, incapaz de dar

el primer paso…”

 

Ojo, no es el prólogo de cualquier libro, sino de Cambia para Cambiar el Mundo, y su autor es Héctor Trinidad. No soy de libros de autoayuda, (en las que ésta escasas veces llega), podríamos decir que tampoco de “vende humos”. Por eso, cuando un buen día llegó a mi bandeja de entrada un correo de Héctor con el asunto “Te necesito para el Blog-Tour de mi libro: Cambia…para Cambiar el Mundo”, al abrirlo observé el texto y me llamaron profundamente la atención las siguientes frases, pero aún más algunas palabras en concreto:

“¿Qué te cuento del mismo? Que ha sido un SUEÑO para mí, después de mucho tiempo, dar forma a algo que tenía dentro y que sabía que tenía que “regalarle” al mundo.

 

Se trata de una obra escrita desde lo más profundo de mi SER, en la que intento ayudar a todo aquel que se encuentre en un momento vital en el que no le gusta lo que hace, o que las circunstancias le han puesto en serias dificultades y no sabe cómo reorientar su vida”.

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Pasión pura, Héctor Trinidad

“Sueño”, “regalarle”, “profundo”, “ser”, “ayudar”, “vida”. Todas estas palabras envuelven su libro.

 Tengo que decir que a este gran hombre no lo conozco en persona, no tengo ese placer de momento… Pero ambos colaboramos en La Nueva Ruta del Empleo y nos seguimos a través de las distintas redes sociales. Os cuento todo esto para que os deis cuenta de lo que alguien puede lograr cuando lo que se propone lo hace con tanta pasión y confianza en uno mismo.

Ha confiado en unos 70 “Ángeles”, que así nos hemos denominado un poco entre todos para empaparnos de sus palabras y poder llevarlas a otros.

De esos 70 “Ángeles”, personalmente conozco a muy pocos, casi todos mediante las RRSS, pero ha sido tan increíble el vínculo que se ha creado que no lo podría explicar con palabras.

Yo he sentido generosidad, complicidad, gratitud, emociones, ayuda… Pero sobre todo, mucha unión con un fin común. Un sueño que alguien un día tuvo y no cesó hasta que lo consiguió. Y es que tanto bien se acaba contagiando.

Muchas veces la vida y determinadas circunstancias nos hacen pensar que vivimos en un mundo egoísta, cargado de intereses, y no seré yo la que os diga que esto no es así. Pero os puedo asegurar que cuando a alguien le hablas de emociones, de sentimientos, te acabas dando cuenta que éstos son capaces de mover el mundo.

Si me dedico a esta profesión, es sin duda porque creo en la personas, para mí éstas lo son todo, necesito crear a mi alrededor empatía, rodearme de sonrisas, llorar cuando toque, porque sin duda no debemos tener temor a hacerlo, y al final no puedo pensar en otra cosa que en la generosidad.

A mí me hablan de sueños y ¡¡me encandilan fácilmente!!, no concibo la vida sin ellos. De hecho, en ocasiones cuando hablo de la importancia de ellos, muchas de las personas me responden con, “solo son eso”, “son imposibles”. Y nuevamente tengo que decir que ¡no lo son! Al igual que tengo que decir que ¡tampoco son fáciles de alcanzar! No os voy a engañar, pero para lograrlos, lo mínimo que tenemos que ponernos es en camino.

Debes creer en ti, en tus posibilidades, encauzar ese camino a recorrer que marca la meta, es importante conocer que es posible encontrarse con la frustración, con miedo a la derrota, mostrarlo con pasión, pero sin duda, si no lo intentamos jamás sabremos si nuestro sueño era de los fácilmente alcanzables o de los más arduos y complicados.

Rodearte de personas que crean en ti, en tus capacidades, que sean capaces de sacar lo mejor de ti, que sean realistas y sensatas, e incluso, por qué no, capaces de llamarte loco atrevido. E importantísimo, que sientan la pasión y la seguridad con la que tú vives tu proyecto de vida.

Hay un texto que me encanta del libro, y es cuando Héctor comenta que un buen amigo suyo un día le dijo:

“La vida es como el Tour de Francia, está llena de

etapas, unas largas, llanas, aburridas, pero sin sobresaltos.

Otras de montaña, con grandes subidas, pero también

con grandes bajadas y tú eliges qué tipo de etapas

quieres vivir (si no lo haces, otros lo elegirán por ti)”

 

Estoy totalmente de acuerdo con su amigo, ¡nunca dejes que los demás elijan el camino por ti! Sé dueño de tus metas, de tus objetivos, de tus sueños y no dejes que nadie marque tu camino. Lo que sí puedes hacer es compartir y transmitir tu pasión.

El paso adelante para hacer cambios en nuestra vida únicamente depende de nosotros. Cambia para cambiar el mundo, es atreverse a dar ese primer paso al frente, y conseguir que tanto en tu vida como en la de la gente que te rodea, algo cambie.

Este Tour al que hemos sido invitados esos 70 “Ángeles”, ha sido y está siendo para mí un camino con continuos descubrimientos, y sobre todo descubrimientos emocionales.

No puedo dejar de citar una frase que me transmitió mucho, “algunos buscan un mundo más bonito, otros lo crean”. Ojalá tomes la decisión de ser de los que lo quieran crear, no te unas a trenes seguros…

Quiero darte las gracias, Héctor, por la confianza depositada en mí para tu Tour-Blog, que has conseguido con la pasión particular que te caracteriza, hacerlo de muchos y entre ellos una humilde servidora.

 

Por cierto,  me he enganchado a tu libro, Héctor, y como tú  un día hiciste conmigo, no me lo quiero quedar para mí sola. ¡¡¡Lo quiero compartir!!!

*Fuente de la fotografía, Héctor Trinidad y Carmen Prada

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Huye, no lo intentes…

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Por Carmen Prada

No lo intentes, huye, escapa de ello. No intentes cambiar a esa persona que ahora actúa de modo diferente a hace años, o incluso quizá meses.  Habrá momentos que no la desconoces, otros en los que está lejos de ser esa persona que un día conociste. Da igual si hablamos de un familiar, de tu pareja, de un amigo, probablemente para ti nada tiene una explicación razonable.

La vida es una noria en constante movimiento. Hay alturas en las que el estómago se nos encoge, otras que controlamos bien. Debemos tener en cuenta que las personas cambian, pero a veces para bien y muchas otras al contrario, y muestran aspectos de su persona que quizá ya estaban, pero ocultos. Aun así, seguramente sigas pensando que no es justo, que quieres recuperar a la que has perdido, que esa es la que tú conociste.

¿Alguna vez te has planteado si esa persona que tú conociste era la verdadera o más bien lo es la actual?

Las personas estamos marcadas por historias, por miedos, por complejos, tenemos cicatrices y en muchas ocasiones muchas partes de estas cosas no se superan. Puede ser justo o no, ¿pero es justo querer cambiar a alguien? ¿Te gustaría sinceramente que te lo pidieran a ti? La respuesta habitual con la que me encuentro es, ¡es que yo siempre he sido así! Puede que te sorprendiese escuchar a gente que no opina lo mismo que tú.

¡Quizá ahí este el problema! Los ojos que miran a esa persona en la mayoría de los casos son los mismos que la miraban hace un tiempo, quizá sería bueno preguntarle, ¿cómo te ves tú? Pero no busquemos una respuesta poco argumentada o nada concluyente, quizá haya perdido la perspectiva de su persona, la esencia que lo determinaba. Puede que ni ella se haya percatado.

Vivimos impregnados por cuentos de hadas, de príncipes y princesas… pero la realidad de la vida es otra. No podemos diseñar a alguien a nuestra imagen y semejanza, tampoco construirlo como un puzle. Debes respetar su evolución o involución, quién sabe… Pero desde luego, no dejes que esta situación te llegue a hacer daño a ti.

Puede que ceda a tus premisas, quizá te regale esas últimas palabras que le pediste, también que sientas que ese sorbo de café junto a esa persona sigue teniendo el mismo sabor porque así lo necesitas sentir, o que ese tema de conversación que antes existía puedas recuperarlo y con respeto.

 Mi pregunta es, ¿durante cuánto tiempo? ¿Eres consciente que tienen fecha de caducidad esas peticiones? ¡Vuelves a querer recuperar a esa persona que un día tus ojos vieron!

La vida nos pone muchas pruebas, nos somete a exámenes continuos, nos analiza diariamente, pero todo esto solo lo puede hacer la vida.

Seguro que no deseas que un día te digan frases tales como “lo hice por ti…”, “ya te lo dije…”

Esa pareja que ha dejado de ser quien tú te habías imaginado de un modo infinito, quizá un día se muestre como es, o quizá descubras que nunca la llegaste a conocer.

Ese familiar con el que siempre te has sentido tan identificado, puede que la vida le haya puesto demasiadas curvas en su vida, y ésta misma le haya hecho pasar de ser dulce y cercano a frío y distante.

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Y cómo no, ese amigo con el que lo has pasado todo, incluso hasta más horas que en tu casa, que le has acompañado y lo mismo ha hecho en los peores momentos, ya no esté cuando en otras ocasiones ya estaría de camino.

¿Dolor? ¡Mucho! Pero me reitero al transmitirte que no dejes de ser tú por intentar cambiar a nadie, no lo intentes, no te desgastes, no dejes de mirar hacia adelante.

La vida me ha enseñado que hay puertas que se cierran y otras que quedan a medias, cierra esas por las que entra una brisa fría y heladora y abre otras que justo las tienes enfrente y llevas tiempo sin darte cuenta, ya que éste lo has utilizado intentando cambiar una cerradura…

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Mientras soñaba me encontré con la realidad

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Por Carmen Prada

 

Recuerdo que ya desde bien jovencita veía pasar vidas ante mí e intentaba mejorarlas, aunque en aquel momento no era consciente de que no todas tenían por qué mejorar…  Mi inquietud por todo lo que se mueve me ha acompañado a lo largo de todos estos años hasta llegar al presente. Y me explico.

Ya con 10 años buscaba mi momento durante el día y además en el mismo lugar para poder estar a solas y hacerme preguntas, a la par que yo misma me las respondía.

Recuerdo que después de hacer los deberes, que por entonces ni se cuestionaban, y merendar mi bocadillo preferido de mantequilla con azúcar, mi madre me permitía salir a jugar como se acostumbraba, a la calle, y disfrutar de un poco de ocio. Había algún momento en ese rato en el que sola buscaba un banco que estaba situado de espaldas al río Boeza, afluente del Sil que cede a éste sus aguas al llegar a Ponferrada. Justo a la derecha de ese banco de hierro cruzaba una carretera, y a pocos metros estaba situado un semáforo.

En aquel rato de preguntas y respuestas eran muchos los coches que por aquel entonces circulaban por allí, y cuando en el semáforo se dibujaba el color rojo, mi cabeza empezaba a imaginar la vida que podían tener las personas que ante él paradas se encontraban.

Y os preguntaréis, ¿pero no has comentado que te hacías preguntas a las que tú misma dabas respuesta? ¡Pues sí, y además con una rapidez de vértigo!

Utilizaba gran parte de mi tiempo preguntándome cómo sería mi vida en el año 2000, por aquel entonces corría 1987. Y yo misma me respondía.

Tendría una gran casa, toda llena de cristales, ya estaría casada, habría sacado la carrera de periodismo y completamente feliz. ¡La vida soñada por cualquiera y no estaba nada mal! ¡Para qué darle más vueltas, ya estaba todo planeado! Planeaba mi vida sin quitar de mi vista ese año como referencia, porque me parecía una fecha importante, quizá por su simbolismo, no sé…

Esta situación se repitió día tras día durante un periodo de tiempo considerable.

A medida que iban sucediendo los años comenzó toda la lluvia de noticias y hechos que iban a llevarse a cabo en esa fecha clave. Veía más complicado que todo lo que llevaba años soñando se hiciese realidad, sin pararme a pensar evidentemente y menos a esa edad que para alcanzar los sueños, una tiene que hacer algo…

Lo cierto es que llegó ese año tan señalado y nada fue como yo lo había soñado. Incluso puede que haya sido uno de los peores de mi vida, justo ese, pues mi abuela paterna, que era mi confidente y alguien muy muy importante en mi vida, falleció y de un modo inesperado.

A esas alturas ya me había dado cuenta que la vida no sucede como una se la imagina, ni tan siquiera pensando en el día de mañana mismo. Quizá ese fue el primer aviso que tuve advirtiéndome que la vida no es tal y como la programamos, y mucho menos como la imaginamos.

La vida la construímos cada día, pasito a pasito, deshaciéndonos de cosas y cargándonos de otras.

Imaginaros lo difícil que es llevar a buen puerto la nuestra, tropezando lo menos posible, levantándonos lo más rápido que podemos de la última caída, saltando obstáculos que en ocasiones ni somos conscientes…, como para pretender organizar la vida de los demás.

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El deseo para nosotros mismos es la construcción, mientras que en ocasiones tengo la sensación que para otros es la destrucción del bienestar ajeno. No podemos caminar cada día juzgando lo que hacen o no hacen los demás, poniendo en tela de juicio acciones, menospreciando a la gente porque uno no obtiene lo que desea, intentando saltar por encima de quien haga falta… Porque si llegamos a esto, qué triste y vacía debe ser nuestra existencia.

Cuando yo me sentaba hace 29 años en aquel banco de hierro color verde con agujeros, y miraba cómo pasaban los coches y con ellos muchas historias, solo se me pasaba por la cabeza construir dentro del vehículo cualquier historia de vida que fuera mejor que la que ya existía.

Hoy en día miro atrás, obtengo muchas lecturas y reflexiones y me doy cuenta que la mujer de hoy es esa misma que hace tantos años aun siendo niña ya soñaba con un mundo mejor.

Doy fe que he cometido muchos errores en mi vida y seguramente los que me queden, pero de algo sí estoy segura, y es que soy persona de construcción y no de demolición…

No cambiaría lo que soy en este momento por lo que podía haber sido en ese año 2000, la vida me ha regalado muchas cosas, y entre otras el valor que tiene la mía propia y la de las personas que me rodean.

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Carmen Prada

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Deja caer tus hojas secas

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Una de esas hojas…

 

Por Carmen Prada

Con la entrada del otoño, llegan frases como “tengo una desgana…”, “me siento cansado y no he hecho nada”, “estoy medio depre”. No sé vosotros, pero yo las escucho a diario, y de algún modo esta estación no pasa desapercibida para muchos de nosotros.

Se dice que 6 de cada 100 personas padecen depresión otoñal, lo cual demuestra que sin llegar a ser algo generalizado, sí es algo que fácilmente puede afectar a alguien conocido o de nuestro entorno, pues la media es 1 persona de cada 16, cifras muy considerables. La aparición de este trastorno depende de diversos factores, como pueden ser el clima de la región en la que vivamos, cuestiones hereditarias y ambientales, e incluso la propia biología del cerebro, así como enfermedades crónicas, entre otros.

Cierto es que nuestro cuerpo y nuestra mente hacen puuff. Pasamos de la euforia del verano, con las vacaciones tan deseadas, la playa, la buena temperatura, las terrazas… Y de pronto, nos encontramos con una situación completamente diferente, anochece más temprano, las temperaturas empiezan a descender, el cambio de armario…

Hace unos días hablaba con una amiga y me comentaba que no sabía por qué, pero que parece que todo le afecta más en esta época. ¡Y es cierto!

Emocionalmente nos sentimos más vulnerables, situaciones o circunstancias que en otros determinados momentos no nos afectarían, en esta época todo parece un mundo. Las emociones están a flor de piel, nuestra sensibilidad es mayor, ya que también se acercan épocas de encuentros, de recuerdos, de reflexión. Y en muchas ocasiones volvemos a revivir momentos o palabras que se habían quedado lejos.

Hay una frase que me gusta mucho y que es muy significativa, del otoño aprendí que solo se caen las hojas, el árbol sigue en pie.

Debemos hacer una lectura positiva de estas emociones que recorren nuestro cuerpo y mente en esta época. Puede ser un buen momento para hacer una limpieza interior, sacudirnos de esas hojas secas que nos acompañan durante el año. La reflexión nos puede ayudar a sacar de nuestro yo más profundo todo aquello que llevamos acumulando, y en esos momentos en los que disponemos de tranquilidad, manta, sofá, nos puedan servir para hacer una cura de todo lo que nos rodea o incluso de nuestra propia persona.

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Amor de otoño…

Hay momentos en la vida en los cuales nos debemos enfrentar a una carga emocional importante, nuestra vulnerabilidad es mayor y esto también afecta a nuestra salud física. Nuestras defensas bajan, nuestro cuerpo se encuentra más debilitado, y se llega a producir un cúmulo de circunstancias que quizá ya existían, pero es en este momento precisamente en el que nos damos cuenta de todas ellas.

Siempre van a existir hojas secas, esas que por su propia naturaleza se acaban desprendiendo del árbol, pero también existen aquellas que por muy amarillentas que estén no se quieren desprender de las ramas. Y digo bien, no se desprenden, ¿y por qué?

Nos cuesta deshacernos de nuestros miedos, de personas tóxicas, de amistades que ya no son tal, de situaciones que se repiten a diario en nuestra vida y nos están haciendo daño, dejar de aferrarnos a lo poco que tenemos cuando podemos aspirar a más, conocer nuevas personas que nos aporten brotes nuevos para el próximo cambio de estación…

Algo sí es cierto, y es que hay cuatro estaciones y que cada año se repiten, pero, ¿y si para alguna venidera tanto el árbol como todas sus hojas se han secado?

No os voy a mentir, no me gustan los cuentos de hadas y menos a ciertas edades, las películas de ciencia ficción reconozco que no son lo mío, todas las historias de amor no terminan con final feliz y por desgracia, todo sueño lo debemos luchar pero quizá solo se quede en eso.

Pero lo realmente importante es que la vida debemos exprimirla al máximo, porque ésta no nos espera,  la fortaleza de la que nos debemos aprovisionar debe llevar una carga extra de optimismo, es importante pensar que las emociones son vitales en nuestra vida y no podemos pretender que todas ellas sean buenas. Son muchas y diversas las emociones con las que hemos de convivir, y no todas son alegres ni satisfactorias, pero es la vida, y nos acompañarán lo largo de la  misma independientemente de la estación en la que nos encontremos.

Veamos nuestro día a día poniendo la atención en los bellos colores que nos deja el otoño, que como cualquier otra estación está repleto de atractivos y encantos, todo depende de los ojos con los que  observemos el mundo que nos rodea.

Y sin duda, deja caer las penas caducas y reafirma tus proyectos con un corazón lleno de perenne esperanza…

 

 

 

Os dejo con uno de mis cantantes preferidos, ¿puede ser por mi romanticismo empalagoso? Manuel Carrasco – Otoño, Octubre

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, José Manuel López Gay (Amante de la fotografía)

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Momentos de felicidad sin precio

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Artículo publicado por Carmen Prada

Aquí en El Bierzo el frío y la niebla ya empiezan a notarse, sobre todo a primeras horas de la mañana. También amanece más tarde, y eso está posponiendo el comienzo de una de mis rutinas matutinas, salir a caminar. El recorrido que más me gusta hacer discurre por la orilla del río Sil a su paso por mi ciudad, Ponferrada. Merece la pena escuchar el sonido del agua, del pisar sobre las hojas que ya han caído, y las especies de pájaros que por el lugar abundan.

Ese momento con el que doy comienzo al día es la coyuntura perfecta para dar la bienvenida a nuevas oportunidades y hacerlo con relajación. Es momento de hacerse preguntas, obtener respuestas, percatarse de situaciones que con la rutina pasas por alto, encontrarme, y cómo no, recapitular experiencias. El mejor día para este último punto es el viernes, ya que sin querer el balance de lo acontecido durante la semana llega solo.

Confieso que ha sido una semana complicada emocionalmente, aunque que el trabajar la automotivación ayuda, pero hay situaciones y circunstancias ya repetitivas en el día a día y debido a esta dichosa crisis, que son capaces de ponerle las cosas muy complicadas a la automotivación. ¡Ya sabéis que no soy de las que vendo humo! Por ese motivo, las emociones de frustración, tristeza, desaliento, desesperanza… no dejan de ser eso, emociones, pero que últimamente están acompañando demasiado a bastantes personas que seguro muchos de nosotros tenemos alrededor. Y hay que ser fuerte para no dejar que eso te afecte.

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Coincidió esta semana también que en uno de mis artículos, Permítete el lujo de ser feliz, colgados en uno de los grupos a los que pertenezco en LinkedIn, una persona me comentaba, buscando una respuesta: “Muchas veces me pregunto ¿qué es lo que estoy haciendo mal? Seguir adelante, trabajando e intentando abrir camino en una profesión y hacer que me encanta. Recompensas personales y emocionales muchas, económicas ninguna. Carmen Prada Fernández muchas gracias por tu reflexión, has motivado la mía”.

Siempre tengo la misma respuesta para esto y automáticamente se la hice saber. “No sabes cuánto me alegro por haberte aportado una dosis de motivación, Mª Carmen P. Me doy por satisfecha.
Te dejo una pregunta para que reflexiones sobre ella, ¿serías feliz y estarías encantada si tus estados emocionales fueran a la inversa, recompensas personales y emocionales ningunas y económicas muchas? ¡Haces lo que te apasiona, todo llegará!
Un abrazo enorme”.

La suya tardó en llegarme escasos minutos: “¡Has dado en la diana!”

Ella misma se dio respuesta, ¡no cambiaría su estado actual, aunque con ello tuviese mayores recompensas económicas!

Soy una persona ambiciosa con mis proyectos, con mis objetivos, en mi profesión, como persona, pero el objetivo principal no es vivir a todo tren pensando que el dinero me hará más feliz. ¡Jamás he pensado tal cosa!

Os hago estas preguntas y cada uno de vosotros que las reflexione y se dé respuesta:


¿qué lugar ocupa el dinero cuando uno se encuentra solo completamente?


¿Qué lugar ocupa el dinero cuando te juzgan por tu situación?


¿Qué importancia tendría si te pisotearan la dignidad?


¿Y qué sucedería su tu familia te faltase?

Claro que es importante nuestra economía, pero, ¿no será una excusa para no desarrollarse como persona eso de la falta de felicidad por no tener dinero? ¡Sería demasiado barata!

Os puedo decir, que aún con mi sana ambición de por medio, que es algo que a la vez me hace vivir el día a día al 300%, el dinero de poco me sirve para disfrutar de:

  • mi paseo mañanero y de todo lo que le rodea, que es paz interior, algo muy importante para afrontar los días más duros. Y os aseguro que esta semana los ha habido.
  • Todos mis amigos, las personas en las que confío, pero sobre todo en todas aquellas que de un modo u otro han depositado su confianza en mí.
  • Mi pasión por la escritura, de esa libreta que me acompaña a todos los lados y en la que hay muchas reflexiones y proyectos.
  • ¡Las personas en general! Vivo y respiro esa pasión. Una charla, una confesión, ese momento que no hace falta que te pidan aunque lo estén deseando, esa entrega incondicional…
  • El momento que le dedico con cariño cada día a mis flores y plantas.
  • Mis familiares, que sin ellos nada sería igual. Esas velas que se soplan en los cumpleaños, las comidas dominicales…
  • Los chistes inesperados y con una gracia desmesurada de mi esposo, que sabe en qué momento hacerme sonreír y qué temática es la oportuna para ello.

 

Podría seguir, ¿pero no os parecen suficientes? Os invito a que hagáis vosotros vuestra propia lista, esa lista llamada “momentos de felicidad que no tienen precio”.

Sí os puedo decir algo, y es que hasta el momento no conozco a nadie a quien el dinero le haya hecho ser mejor persona. ¿Tú sí? ¡Pues cuéntamelo, estoy dispuesta a rectificar si estoy en un error!

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com y Carmen Prada

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Pasión por el buen liderazgo

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Ser líder de líderes

Artículo publicado por Carmen Prada

 

El día que me invitaron a participar en el evento OVIEDO HACIA LA NUEVA RUTA DEL EMPLEO, celebrado en la capital asturiana el pasado 5 de octubre, con la organización del Ayuntamiento de Oviedo y Empleoviedo, y de la mano de La Nueva Ruta del Empleo, las ideas ya estaban más que claras, y así me lo hicieron saber, “Carmen, lo tuyo es Liderazgo y Gestión de Equipos”. Y ese fue el tema que desarrollé en mi ponencia. Seguramente no lo decidieron al azar, pues tengo que reconocer que es un tema que me apasiona.

A mí me hablan de Liderazgo y Gestión de Equipos y ya estoy visualizando un campo de fútbol.

Hoy no voy a hablar extensamente de este tema en concreto, pero sí dejaré algunas pinceladas sobre algunas ideas que expuse en la ponencia.

Me viene de perlas, ya que en días anteriores a este evento, observé en Linkedln cómo se abría un pequeño debate en el cual no se diferenciaba con claridad la figura del líder y la del jefe, ya que en una misma aportación al debate se utilizaban las dos figuras a la vez como si éstas fuesen la misma. El fondo de todo ello, era la circunstancia en muchas ocasiones de que el empleado se fuese de la empresa no por la empresa, sino por estas figuras.

Veamos, a estas alturas seguro que todos tenemos claro qué es un líder, pero aún así lo voy a aclarar en pocas palabras;

 “Un líder es una persona capaz de influir en otra/s.

¡OJO, PARA BIEN O PARA MAL!

Es alguien que dirige a un grupo con maestría. Mira por el bien común y el crecimiento de cada persona del grupo”

Me podría extender pero este no es el tema…

El primer punto que quiero aclarar es que no todos los líderes son positivos, ya que a menudo, cuando escucho hablar del líder se deja entrever esto, y se comete un grave error.

Realmente existe el Líder Negativo y el Líder Positivo. Y os estaréis preguntando, ¿cómo se come eso? ¡Pues con dos claros ejemplos!

– Líder Negativo, en vez de potenciar somete y anula;

  • Adolf Hitler. Fue un gran orador. Transmitía sus mensajes con tanta pasión y claridad que llegaba al pueblo sin que éste dudara de sus planteamientos. Movía a las masas, pero haciendo mucho daño. Sin duda fue un líder, pero muy negativo, por todas las barbaridades que se llevaron a cabo por su influencia y seguimiento ciego.

 

Líder Positivo, aprecia y potencia las capacidades de sus colaboradores;

 

  • Nelson Mandela. Fue capaz de defender y transmitir sus valores para llevar a su pueblo por el camino del perdón y de la reconciliación, y no por el de la venganza. Su gran liderazgo unió a una gran nación, tan diversa como convulsa, hacia un futuro de paz.

Llegados a este punto, cuando hablamos de un líder es preciso tener claro a qué tipo de líder nos estamos refiriendo.

También mencioné una frase que es de cosecha propia y que sin duda resume un poco lo que un líder positivo no necesita hacer para mostrar su liderazgo a su equipo, y es;

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Un líder no es una persona cualquiera dentro de un grupo, es aquella que ha desarrollado sus capacidades para ser esta figura. Sin duda, un líder positivo no negocia con sus valores. Valores como la honradez, la humildad, el sacrificio, la sensatez, la ambición… Ya que lo que va a querer lograr es el éxito de su equipo, que es el suyo propio a la vez, ya que sin el equipo él no es absolutamente nada.

Por todos estos motivos, para mí la figura de un líder (siempre positivo), es una figura muy valorada. Seríamos injustos al tratar a todos los líderes por igual, cuando él mismo tampoco debe hacer tal cosa con los miembros de su equipo. Cada persona es única, es especial.

Al comenzar la ponencia dejé una pregunta en el aire, que fue; “¿cuántas personas en esta sala se consideran líderes?”

Creedme que pude ver muy pocas manos alzadas…

Cómo no, también os la lanzo a vosotros para que reflexionéis al respecto.

Después de todo lo mencionado, dejo una pregunta para vosotros para que penséis en ella. Ésta se la debéis al debate que mencioné al principio del post;

“mira a tu alrededor, a la persona que te dirige, la que está considerada por todos dentro de la empresa como el líder, ¿es un líder positivo o está más bien tirando a negativo?”

 

Podemos cerrar diciendo que el mayor logro para un líder es alcanzar las metas y objetivos con su equipo. Yo voy más allá, es algo que intento transmitir porque así lo veo y lo vivo, quizá por mi buena ambición, y es que para mí el mayor logro de esta figura es ser LÍDER DE LÍDERES, ayudar a otros a ser también líderes.

¡Sin duda, un gran reto!

 

 

*Fuente de la fotografía, Carmen Prada

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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