Como tú te quieres, nadie lo hará

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

 

Si los demás se han dado cuenta, ¿por qué nosotros no lo hacemos?

Hay momentos en la vida en los que por diferentes circunstancias la miramos prácticamente de reojo. Caminamos con los hombros caídos, nos sentimos desganados, perdidos, sin una sonrisa ni por casualidad, la negatividad se aferra a nosotros y por supuesto no le decimos que no a tanta apatía.

Y no es que queramos conscientemente permanecer en esta fatídica zona de confort, lo cierto es que puede más el inconsciente que la razón, pues nos dejamos.

Parece que uno empieza a conformarse con ese “yo personal” con el que lleva un tiempo conviviendo, desapareciendo en gran medida la persona que no hace tanto caminaba erguida, sonriente por momentos y con metas e ilusiones en la vida.

Los problemas, las frustraciones, las decepciones que hemos ido acumulando en esa famosa mochila que nos hemos echado a la espalda, hacen de nuestro día a día una carga pesada. Por momentos insostenible.

Es entonces cuando llegan a nuestra mente y de forma repetitiva frases y diversas preguntas tales como, “nada merece la pena”, “ya no puedo más”, “¿por qué me pasa todo a mí?”, “preferiría morir a estar así”… Quizá alguna de ellas os suene…

La mente no es capaz de rebobinar como si de un DVD se tratase, y volver así a tiempos mejores. ¿Por qué puede suceder esto? Porque es inevitable que nuestra mente acumule, retenga y recuerde los momentos negativos por encima de todo lo bueno que nos ha podido suceder en la vida.

Y os voy a poner un ejemplo. Imagínate que estás terminando un máster y estás con el trabajo final a presentar para por fin lograr su obtención. Te reúnes con cuatro compañeros y tres de ellos te comentan que el trabajo que has hecho es brillante. En cambio hay uno que te hace saber que observa demasiados aspectos muy mejorables.

¿Con qué impresión te quedarías? ¡Está claro!, con el último. Los otros tres que han dado un 10 a tu trabajo ni los recuerdas, sino que te ha quedado clavada la opinión de ese cuarto.

Retenemos lo negativo de nuestra vida, y a la vez, se apodera de nosotros.

En estos momentos de tanta pasividad, negatividad y falta de ilusión, es precisamente cuando llega el momento de conocernos. Quizá el haberlo hecho antes nos hubiese salvado de algunos de estos trágicos momentos que estamos atravesando.

 

  • Mira en tu interior. Hazte preguntas tales como, ¿de dónde vengo?, ¿en qué situación me encuentro en este momento? Y cómo no, ¿hacia dónde deseo ir?

  • Sonríe aunque en muchos momentos te cueste. La sonrisa es una respuesta a la felicidad y a momentos de plenitud, un reflejo de un estado de salud inmejorable, pero también se puede convertir en el camino en este momento por el que estás pasando para lograr esa salud tan deseada.

  • Sonreír es gratis, fácil, y gratificante; alarga nuestra vida, previene enfermedades tales como la depresión, aumenta la energía, la creatividad y abre puertas sociales.

  • Perfecto, ¡abramos puertas sociales! Precisamente este momento es el menos propicio para permitirnos rodearnos de personas tóxicas. Huye de ellas, es una buena manera de comenzar el cambio en tu estado actual.

  • No te obsesiones con la felicidad. Ésta es momentánea, no es eterna en el tiempo. Debe haber en nuestras vidas momentos de todo tipo y debemos ser conscientes de ello. La verdadera felicidad tiene mucho que ver con saber mantener la calma en momentos de tempestad.

  • Poco a poco vete deshaciéndote de esas piedras pesadas con las que llevas cargando en la mochila de la que antes hablábamos. ¡Muchas no te corresponden! Y las situaciones que sí te corresponde afrontar, intenta que su peso llegue a ser nulo porque vayas resolviendo una a una, dando prioridad a lo que la merece.

  • Comienza a tomar decisiones, aunque no sean transcendentales. Esto hará que empieces a activarte nuevamente.

  • ¡Olvídate de grandes retos en estos momentos! Todo llegará, pero ahora es momento que dar pasos cortos hacia metas pequeñas. Debes llegar a sentir que puedes lograr lo que te propones. Pero no olvides jamás que lo más importante no es la consecución de ese objetivo, sino el crecimiento que vas a experimentar a lo largo del camino hasta llegar a alcanzarlo.

  • Mímate, abrázate, prémiate. ¡No esperes nada de nadie! Todo comienza en ti. Pero tampoco te cierres a lo bueno que llegue de otras personas…

En muchas ocasiones nos olvidamos de vivir porque algo o alguien nos ha colocado un obstáculo en el camino. La importancia que el mismo ocupe en nuestra vida dependerá en gran medida del grado de autoconocimiento que tengamos y de nuestra situación actual para hacerle frente.

 

En varias ocasiones he dicho que nadie nos querrá como nosotros mismos lo podemos hacer. No permitas que la gran persona que hay en ti sea eclipsada por una mala caricatura de ti mismo.

¡Quiérete y valórate! Si de verdad así lo quieres, hoy comienza lo mejor…

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

*Fuente de la fotografía, Pinterest.com

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Da gracias a la vida cada día

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Confieso y me desnudo al deciros que antes de comenzar a escribir este artículo me he quedado mirando durante algunos segundos la pantalla en blanco del ordenador, y de pronto me he dicho, “¿qué deseas transmitir hoy, Carmen?” En ese instante, un montón de momentos, confidencias y noticias de los últimos días han venido a mi cabeza.

¡Necesito hablar de realidades vivenciales! El cuerpo, de acuerdo con mis emociones, me pide hablar de hechos, de la VIDA misma.

Vivimos rodeados de auténticas tragedias. No hace falta ir fuera de España, ni tan siquiera leer un periódico o ver la televisión. Me refiero a esas tragedias que se presentan a nuestro alrededor o incluso vivimos en carne propia.

Cuando algo se tuerce o simplemente cambia de algún modo el sentido que tenía nuestro camino, con facilidad nos venimos abajo y parece que todo lo que sucede en nuestro entorno conspira contra nosotros.

Y es entonces cuando comenzamos a envolvernos en el bucle de “todo me pasa a mí”. De diferentes modos empieza a surgir en nosotros el desánimo, la frustración, la irritabilidad… Y empezamos a no ver salida a todos los problemas que muchas veces nosotros mismos vamos sembrando. Y sí, digo bien, no me he vuelto loca.

Se dice que todo lo que está en nuestra mente lo recreamos, podemos ser nuestro mejor aliado pero también nuestra gran perdición.

Llega un momento en el que proyectamos los problemas, si no existían los creamos, y al final nos convencemos de que los más adverso que nos está sucediendo en la vida solo nos puede pasar a nosotros.

Párate un momento, sé sincero contigo mismo y contéstate con qué grado de frustración te encontrarías si esta semana…

  • Te han dado un golpe en el coche.
  • Te han devuelto por error del banco el recibo de la hipoteca.
  • Te ha surgido en el trabajo un contratiempo con uno de tus compañeros.
  • Te han cambiado la cita del médico y coincide con la misma hora que debes ir a ver a tu hijo actuar en la función del colegio.

De acuerdo, para una semana no está mal… ¿Pero no crees que son problemas que tienen la importancia que tú le quieras dar?

¿No crees que la solución de cada uno de ellos no es tan complicada?

No intentemos resolver a la vez todos los problemas que nos surjan. Aprendamos a priorizar lo urgente por delante de lo importante, y en igualdad de importancia empecemos por lo más sencillo, pero sin demorar lo más complejo.

Soy consciente de que no es sencillo relativizar los problemas, pero sinceramente, ¿no crees que hay problemas mucho más graves que sin duda pueden condicionar una vida entera?

Hay personas jóvenes que nos dejan de manera imprevista. Un accidente, una enfermedad fulminante.

También otros luchan por salvar sus vidas, mientras ves sufrir a las personas que les rodean.

Hay personas que una y otra vez se encuentran sin posibilidades en el mercado laboral, y cada día llegan a su casa sin haber encontrado una nueva oportunidad.

No saber cómo explicar a unos niños el motivo por el que no se le pueden comprar unas zapatillas deportivas, aun a pesar del estado de las actuales, ni por qué ellos, al contrario de sus compañeros de colegio, no pueden celebrar su cumpleaños con una fiesta…

 

La VIDA es demasiado corta para convertirnos en víctimas, excesivamente dura cuando uno no es valiente. Pero sobre todo es muy generosa cuando somos capaces de agradecer lo que tenemos y ayudamos a esos que sí tienen motivos para estar abatidos y nos dan lecciones cada día.

 

Siempre existirán motivos para continuar, también para sonreír, para seguir haciendo realidad los sueños por los que luchemos, y también para acercarnos a aquellas personas que sin que nos demos cuenta, nos aportan tantas cosas con su ejemplo.

Después de todo esto, ¿aún sigues pensando que la vida es muy injusta contigo? Si tu respuesta es sí, háztelo mirar. Otra opción es que vuelvas a releer el artículo…

 

 

¡DA GRACIAS A LA VIDA CADA DÍA!

 

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

*Fuente de la fotografía, Pinterest.es

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Vanidad de vanidades

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Artículo publicado por Carmen Prada

La semana pasada estuve con una amiga que me hizo recordar una vez más el tema que voy a tratar hoy.

Hacía muy pocas fechas había fallecido su abuela, además de una manera repentina, lo cual todavía lo hizo más doloroso. Cabe destacar que mi amiga es una persona con un gran corazón, mucha humildad en combinación con su generosidad, y algo que impacta cuando la conoces es su belleza interior. Estaba muy apenada y llevaba días acompañada del llanto. Reconocía que tanto ella como su abuela -con la que su relación era muy cercana- eran conscientes de que en cualquier momento la llamada de la muerte tocaría a su puerta. Lo cierto era que su lamento iba más allá del deceso en sí, ya que era algo que por la muy avanzada edad de su abuela, tarde o temprano tenía que llegar, sino por el hecho de no haber tenido la oportunidad de acompañarla y cogerle de la mano en el momento final.

Entendí perfectamente ese dolor, ese lamento, esa espinita clavada… Porque a mí con mi abuela me ocurrió algo muy similar, y esa sensación me lleva acompañando desde entonces, diecisiete años… Pero con el paso de éstos, sorprendentemente te das cuenta que recuerdas momentos, palabras, sonrisas, situaciones… como antes no habías sido consciente, y parece que la persona que ya no está te acompaña más que nunca.

Estoy hablando de la muerte,  un tema tabú, casi prohibido en nuestra sociedad, tan libérrima y sin embargo tan inmadura a la hora de tratar cuestiones trascendentes y a la vez cotidianas.

Muchas veces no nos queremos dar cuenta que la muerte existe, sencillamente porque hemos vivido. Vivimos pensando que no nos tocará, que queda mucho, nos colocamos una venda en los ojos ante esa posibilidad, y eso nos aleja de la realidad, y en vez de prepararnos para afrontar esa realidad de una manera serena y madura, preferimos construir nuestra existencia sobre castillos de arena. No hay muerte, no hay sufrimiento, no hay dolor… Que los niños no vayan a los entierros, hay que sobreprotegerlos…

La vida es un caminar, y tiene principio y final. Entender esto, óntica y existencialmente, no solo de forma superficial o racional, debería ser asignatura obligatoria en la educación de los chavales.

A lo largo de este camino, que no sabemos cuándo va a llegar a su fin , vivimos muchas veces una vida desenfocada, egoísta, prepotente, soberbia, llena de materialismo, una vida egocéntrica…, sin pensar que tenemos compañeros de viaje a la derecha, a la izquierda, adelante y detrás… Y lo peor de todo, es que  a veces somos así con las personas que más nos acompañan con su amor.

 

Una palabra dura a destiempo, un gesto equivocado, un “despiste” que te pasa factura, el no tener tiempo nunca, el recurrir constantemente a la coletilla “no te preocupes, mañana…”, acompañar en las alegrías pero no acordarte en las penas, un consejo egoísta, la falta de un gesto de cariño que no se pide pero es necesario… Esta dejadez y egocentrismo nos lleva después a tirarnos de los pelos, a pensar; “ya es demasiado tarde y no estuve a la altura”. Este sentimiento será nuestro compañero durante nuestro propio caminar. Y es que, ¡la muerte existe! No pensar en ella, el creer que el mañana es un derecho en vez de un don, en que nada pasará factura… solo nos hace vivir en un engaño. Al final de ese camino está la muerte, que solo es el comienzo de un eterno caminar.

Vivamos sin pensar que hay mañana, atendamos sin demora las penas de los que nos acompañan, estemos atentos al dolor de los que nos quieren, no nos olvidemos de decir “te quiero”, practica “el deporte” del abrazo-beso, ten un gesto preparado de compasión, préstate sin que se te pida nada, no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, porque si no terminas la jornada sin hacer la paz, el día después es frío y duro y es más difícil hacer la paz…

 

Porque si nada de esto llevamos a cabo, es ahí donde realmente comienza nuestro terror a la muerte, por que seas creyente o no, en el fondo nos da miedo pensar que no hemos hecho los deberes, que no hemos levantado la vista más allá del cuello de nuestra camisa, y de repente se nos enciende una luz de alarma. ¿Qué he hecho con mi vida? ¿Qué va a ser de mí? ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Si te llegas a plantear estas preguntas, las respuestas están claras… Echarla a perder, tener un gran vacío interior…

¡Y estas respuestas sí que son crudas realidades, no la muerte!

 

La nobleza humana, es una buena compañía durante el camino, y además es capaz de secar lágrimas si éstas aparecen cuando el fin de la vida se asoma, pero, ¿cuántas veces nos encontramos con ella en el día a día cotidiano? Tristemente, pocas.

 

Miguel Delibes, nos dejó muchas enseñanzas con sus palabras, y entre ellas esta frase. “Al palpar la cercanía de la muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales”.

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

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Serás lo que desees ser…

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Por Carmen Prada

 

Está claro que cuando uno quiere y desea conseguir sus metas, algo se tiene que hacer al respecto, lo que no tiene cabida es el inmovilismo.

En muchas ocasiones hay cosas que debemos cambiar, en otras en las que ya estamos llevando pautas a la práctica debemos modificar sobre la marcha, e incluso dejar de seguir anclados en rutinas ineficaces. En definitiva, esos pasos que debemos ir dando marcarán nuestro camino hasta la consecución del reto definido por nosotros mismos.

Aunque no nos paremos a pensar en ello, nuestro estado de ánimo tiene mucho que ver para comenzar a caminar o más bien quedarnos paralizados.

La perspectiva que tenemos cuando visualizamos algo, no es la misma cuando nuestro estado de ánimo es óptimo, que cuando más bien tenemos que bajar nuestra mirada y buscarlo por los suelos. En este último caso, parece que todos los caminos se estrechan, incluso llegamos a dejar de verlos, les perdemos de vista y únicamente pasamos a visualizar inconvenientes y barreras para dar pasos hacia adelante, sin apenas permitirnos posibilidades de hacer las cosas de otra forma.

Toda esta situación nos lleva a perder vitalidad e ilusión, las metas se disipan, todo se oscurece y lo que antes era posible ahora lo vemos inalcanzable.

No podemos negar que el encaminar la negatividad en nuestra vida hacia la positividad nos traerá consigo un mejor estado emocional, que sin duda repercutirá en nuestra salud, pero también en nuestra relación con los demás. O sea, ello redundará en una mejor calidad de vida.

 

Quizá toda esta teoría la conocemos prácticamente todos pero, ¿cómo salimos de este círculo vicioso? ¿Conocemos prácticas o herramientas que nos pueden ayudar a ello?

 

  • Si no promovemos cambios en nuestra vida, no lograremos ver resultados.
  • Debemos intentar que en nuestro diccionario la palabra imposible no exista.
  • Un exceso de auto-exigencia y auto-crítica nos puede llevar a perder confianza en nosotros mismos. Es importante darnos una tregua, sería bueno recopilar momentos gratos, ilusionantes, esperanzadores y aferrarnos a ellos.
  • Nadie ha dicho que la vida fuese fácil, el caminar por ella con una sonrisa hace que ésta nos ayude a afrontar situaciones de un modo más positivo.
  • Debemos ser agradecidos por lo que tenemos, por lo que la vida nos regala, quizá de este modo nos demos cuenta de lo mucho que tenemos y lo poco que agradecemos este regalo.
  • ¡Claro que a veces lo vemos todo negro! Pero de nosotros depende dar el primer paso para cambiarlo de color.
  • Rodearnos de personas positivas y alegres hace que el ambiente que se genera sea emocionalmente positivo. Debemos renunciar tajantemente al aislamiento social.
  • El sentirnos útiles y ayudar a personas que pueden precisar de nosotros, nos ayuda a encontrarnos con nosotros mismos, pero también a encontrar razones para que los demás piensen en nosotros como una luz a la que dirigirse.
  • Que no nos condicionen lo que los demás piensen de nosotros. La envidia es mala compañera de viaje, no permitas que nadie con este perfil se cuele en tu equipaje.

 

Lo sé, pueden parecer frases hechas, mucha teoría en ella y estar preguntándoos, ¿un ejemplo real?

 

Hace poco, durante varias semanas, una persona muy cercana a mí ha pasado por unos problemas de salud importantes. Han sido días de espera, de oscuridad, de ansias porque esta situación terminase, momentos de angustia.

Quizá hubiese sido más práctico en mi día a día, dejarme llevar por esta situación y dejar de disfrutar de mi trabajo o negar el tipo de persona que soy, a las personas que me rodean.

Claro que ha habido momentos de todo tipo, y hablo de mí emocionalmente, pero, ¿por qué dejarme llevar por la apatía y la desilusión? Realmente no tenía motivos, amo lo que hago, mi familia ha estado unida ante esta situación, me ha hecho ver la calidad y cantidad de amistades y personas que me quieren y además me ha servido para medir mi capacidad de sufrimiento.

 

Y repito, ha habido picos emocionales de todo tipo, pero mi motor es la pasión que siento por las personas, y es la que ha marcado mi camino hacia la luz y la esperanza.

 

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pinterest.com

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Y sin embargo, nada va a cambiar…

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Por Carmen Prada

 

Me resistí después del atentado perpetrado en Barcelona el pasado  17 de agosto a ver algún vídeo al respecto, porque era consciente de que me golpearía fuerte, más si cabe… Y reconozco que aún no lo he hecho.

 

Tras conocer que más de una docena de personas perdieron la vida, junto con la multitud de heridos y algunos de bastante gravedad, las lágrimas aparecieron en mis ojos. Al principio me esforcé en reprimirlas, pero en el transcurrir de los acontecimientos, no puede resistirme. Mi llanto era de dolor, impotencia, tristeza, indignación…

 

Esta vez el terror islamista ha golpeado España, aunque no es la primera vez, y mucho me temo, ojalá me equivoque, no será la última. Sabemos que masacres como la de Barcelona, y aun mucho peores, ocurren prácticamente a diario en algún punto de Siria, Afganistán, Pakistán… Pero lo vemos como algo lejano, ajeno, no se guardan minutos de silencio ni hay concentraciones por esas víctimas. ¿Será que son víctimas de inferior categoría? Es algo tan cotidiano, que no le prestamos atención, y somos tan groseramente ingenuos, que no nos paramos a pensar un poco en ello hasta que el lugar atacado es Berlín, Londres, Niza o París. Caramba, parece que eso ya nos acongoja un poco. Bueno, pues si alguno no terminaba de creérselo, aun después de lo sucedido en Madrid el 11 de marzo de 2004, ahora ha sido Barcelona. ¿Pensáis que alguno de nosotros está completamente a salvo? Evidentemente, no.

 El vello se me pone de punta viendo y escuchando la manifestación celebrada ayer reivindicando la paz y la convivencia entre todos, con una misma frase pronunciada por miles de personas, ¡NO TENGO MIEDO! Son muchos los ciudadanos catalanes y del resto de España los que se han unido alrededor de este grito, haciendo llegar lejos este reclamo de libertad.

No deberíamos necesitar que ocurran masacres en el corazón de Europa para tener presente que cada día en el mundo mueren salvajemente muchísimas personas a manos de estos abominables grupos llamados yihadistas. Mueren simple y llanamente porque no reniegan de su fe, musulmana, cristiana o ninguna en particular, por cómo van vestidos, por no interpretar el Corán del modo fanático y torticero que estos grupos promulgan.

 

No hay nada, absolutamente nada que justifique un acto terrorista, venga de donde venga. Pero ojo, ni siquiera hay que salir de España para encontrar pueblos en los que a los terroristas aun hoy se les ensalza, justifica y admira… Asesinos del pasado relativamente reciente, convertidos ahora en héroes que dan nombre a calles y plazas, sin mostrar en muchos casos el arrepentimiento hacia sus víctimas de ningún modo.

 

Yo, personalmente, no quiero tener relación con quien no desea ni está dispuesto a tener conmigo una relación de igual a igual, basada en los principios de reciprocidad y lealtad. Y a los países llamados occidentales parece no importarles demasiado tener relaciones con países que financian mezquitas en nuestras ciudades, pero no permiten que se construyan iglesias, sinagogas o pagodas en las suyas.

 

Necesitamos su petróleo, sí, pero no menos que ellos nos necesitan a nosotros como clientes. Y me parece bien que haya mezquitas en Madrid, pero solo si puede haber una catedral o una sinagoga en La Meca, por ejemplo.

No seamos ingenuos. Lo que aquí se puede defender como progreso, nuestros enemigos – a ver si nos enteramos que estamos en guerra, aunque distinta de la convencional – lo ven como una debilidad, y se aprovechan continuamente de nuestras bondades democráticas y de nuestro buenismo masoquista. Pues si no permitimos que se aprovechen de nuestras buenas intenciones en nuestra vida personal, tampoco lo aceptemos como sociedad.

Sin duda, es un tema complejo, el mundo actual lo es, y la inmensa mayoría de los musulmanes condenan estas atrocidades, pero no sé si me da más miedo la sed de sangre de esos fanáticos criminales, o la tibieza acostumbrada de la sociedad occidental, que no quiere abrir los ojos mientras renuncia cada vez más a sus raíces y fundamentos, de los que han nacido la democracia y los derechos humanos, conceptos ignorados por sociedades con las que conviene no obstante sellar acuerdos comerciales, patrocinios en camisetas de fútbol…

¡No tengo miedo! Es esa fuerza que nos debe unir a todos, una expresión que debemos y necesitamos transmitir. Pero me gustaría dejar una pregunta en el aire, ¿cómo se puede conjugar el decir que no tenemos miedo cuando a la par nos avergonzamos de los fundamentos de la cultura occidental?

 

Sin lugar a dudas, no debemos temer seguir con nuestras vidas, vivir con intensidad cada día, ser generosos para con los demás, deshacernos de los rencores, respetar a las personas que nos rodean, escuchar más de lo que lo hacemos, unirnos como nación ante la barbarie, que no tenga cabida en nuestras vidas la ira ni la maldad… Pero sobre todo, debemos ser fieles a las raíces de nuestra civilización, porque la historia nos enseña que hasta los más grandes imperios se han desmoronado cuando se han traicionado a sí mismos, y esa decadencia no ha sido percibida por el conjunto de la población hasta que era ya demasiado tarde. ¿Somos tan tontos de no querer aprender y  espabilar? ¿De verdad esperamos que sean los políticos los que muevan ficha? ¡País de papanatas!

 

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pinterest.com

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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El silencio del buen amigo

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Por Carmen Prada

 

“Un amigo es alguien con quien se puede no hacer nada y disfrutar de ello”. Anónimo.

 

No, no me he vuelto loca.  Hace pocos días, estuve hablando con unos amigos acerca de este tema, y al yo referirme a la cita con la que empieza el post, y que comparto totalmente,  se extrañaron. “¿Cómo puede ser posible eso, Carmen?”

Tengo claro que habrá opiniones de todos los tipos, pero para mí la amistad es una de las cosas más valiosas y a la vez gratuitas que la vida te puede regalar.

La amistad no es incompatible ni con la pareja ni con la familia, y tampoco debería serlo entre sí, es decir, unos amigos pueden conocer a otros a través de ti, y eso puede enriquecer a todas las partes. En el amor soy 100% monógama, pero en la amistad no hay que pretender ser monopolizador ni absorbente, pues la genuina amistad respeta la libertad y no busca satisfacer el ego siendo el centro de atención de los demás.

A menudo comparo la amistad con el amor, pues hay amistades que lo son a primera vista, otras ves que nunca llegarán a terminar de cuajar, otras relaciones a las que les cuesta madurar, pero que a base de adversidades y buenos momentos se hacen eternas. De todos modos, cuando alguien me dice que la verdadera amistad es la que lleva años de recorrido, perdonadme que dude que a la amistad haya que ponerle unos límites de tiempo para denominarla o no como tal.

Algunos ingredientes que ha de tener: confianza, confidencialidad, alegrías, lágrimas, lealtad, música…, pero también silencio.

Cuando me refiero al silencio, lo hago porque hay momentos en los que las palabras o los gestos sobran, lo más importante es el saber estar ahí. Es más, puede que incluso en ese preciso momento no tengamos a esa persona a nuestro lado, pero solo con saber que está, que existe, nos sentimos más tranquilos.

Claro que hay momentos para disfrutar de la amistad de diferentes modos, y quizás se esté abusando de la palabra en cuestión, tal vez haya en muchas personas una gran necesidad por mostrar emociones. Curiosamente, aunque las distancias se acorten en nuestros días gracias a los avances tecnológicos, la sensación de soledad en muchas personas aumenta, y enseguida, habitualmente de forma precipitada, se pasa de decir “conocido” a amigo.

No voy a ser yo la que juzgue esta necesidad, pero sí creo que otorgar o no esa etiqueta depende de cada uno de nosotros.

Hay amistades que son largas en el tiempo, que existe una distancia geográfica, pero que cuando una vez cada mucho escuchas su voz por teléfono, es como si el tiempo se hubiese parado y todo siguiese en el mismo punto. ¡Es eterna, es incondicional!

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También existe esa en la que solo necesitas su compañía mientras te desahogas con el llanto. Aunque las lágrimas recorran tus mejillas, puedes decir que eres afortunada, pues alguien importante y a quien necesitas en ese momento está a tu lado.

Podría poner más ejemplos, pero creo que son suficientes para explicar mi idea de lo que realmente es disfrutar y sentirse bien sin hacer nada cuando un amigo está a tu lado.

¡No hace falta hacer nada extraordinario para seguir disfrutando de la verdadera amistad!

No permitas que nada ni nadie te aleje de ese amigo que de un modo u otro, cada uno a su manera, te acompaña.

Tampoco te dejes condicionar por tu situación personal de pareja, por el sexo de la persona con la que tengas esa amistad, ya que ésta no entiende ni de celos ni de prejuicios.

El mejor amigo que he tenido y tengo es el hombre que es mi esposo. Y siempre, antes y después de casarnos, ha respetado con total confianza y naturalidad que pueda tener amistad con otras personas de ambos sexos.

Siempre hay alguien dispuesto para salir por la noche, tomarse unas cañas o irse de cena… Te hago una pregunta, ¿esos son los que te acompañan cuando las fuerzas fallan y necesitas hablar? Porque si es así, ¡tienes un tesoro! Si simplemente están para lo primero, dale más valor a eso que se llama AMISTAD, y no se lo llames a cualquier cosa.

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Solo hay una opción sensata en la vida, vivirla

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Por Carmen Prada

A menudo he escuchado decir que cuando una persona sufre una enfermedad o un accidente y su vida corre peligro, parece que aquellos que le quieren están más preparados para asumir su pérdida… Reconozco que lo dudo, aunque también es cierto que las personas más queridas que me han dejado, ha sido en todos los casos de manera inesperada. Y puedo decir que las emociones se manifiestan como un huracán que llega a absorber todo tu ser y sentimientos.

Es duro levantarse un día, y que de una manera inesperada alguien te diga que una persona muy cercana y querida ha fallecido. Este hecho lo he vivido hace muy pocos meses, cuando me comunicaron el fallecimiento de uno de mis mejores amigos, alguien muy próximo en lo personal y profesional, un gran apoyo, en quien yo confiaba.

Cuando pronuncias la palabra muerte, las caras que percibes alrededor son de que se trata de un tema tabú, y mi opinión es que tratar algo tan evidente e inevitable, como también lo es la vida, con tanto terror e inmadurez, nos hace alejarnos de la realidad.

Es como si algo dentro de nosotros se partiese en varios pedacitos, el dolor se centra en el pecho y las lágrimas se hacen presentes como nuestras compañeras de camino. Algo cotidiano en lo que esa persona habitualmente estaba presente, nos hace recordar una y otra vez que ya no está, que no nos acompaña…

Aunque puedo decir que son innumerables las ocasiones en las que con el paso de los días me doy cuenta que esas personas están más presentes en mi vida quizá que en otros momentos lo hayan estado.

 

Uno mira al cielo en las noches estrelladas y busca cuál es la que más brillo tiene, porque sin duda, esa es la de cada uno.

 

Entonces dudas de todo, sobre todo de uno mismo. ¿Le dije todo lo que quería decirle? ¿Por qué no hice todo lo posible por verle el último día en el que quedamos para vernos? ¿De verdad sabía lo mucho que le quería y siempre le querré? ¿Le di ese tipo de abrazos que hacen crujir todo el cuerpo? ¿Estuve siempre que me necesitó? Qué sé yo, infinidad de preguntas nos inundan…

Y si éstas nos surgen con dolor, ¿será que algo nos estamos “perdiendo”? Podemos seguir toda la vida de luto, con lágrimas constantes, con recuerdos que nos alejan de toda realidad, fustigándonos por lo que dejamos sin hacer o eso pensamos… O, ¿por qué no aprovechamos estos azotes que nos da la vida para valorar todo lo bueno vivido y aprender de los posibles errores, para no volver a cometerlos con los que aún están en este mundo?

Hay personas a tu alrededor que te necesitan, que te extrañan en los momentos en los que estás ausente, viven tu dolor como suyo, cada lágrima que derramas salpica sus corazones, son testigos de tus desvelos, quisieran poder pulsar un interruptor y transformar tu llanto en tu mejor sonrisa. Pero no es tan sencillo, lo sé.

Él ya no está físicamente a tu lado. Pero sabes que le gustaría verte feliz, afrontando la vida con entusiasmo, contagiando tu alegría por doquier, algo que en ti es muy natural, pues es tu marca personal.

No te sientas mal por sentirte mal, tienes derecho a esos momentos, pero no olvides que a tu alrededor estamos personas que te queremos, que te comprendemos, pero que no renunciaremos a volver a reír contigo, pues eso también le gustará a él, allá donde esté. Muchos besos.

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, propia

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