Sigue corriendo, te estás quedando atrás

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Si hasta ahora lo has hecho, continúa. No pares, no vayas a perder el tiempo en mirar a tu alrededor y distraerte de tu camino y meta.

Si hasta ahora has caminado a buen paso, si por momentos te ha faltado el aliento y no has dejado de mirar el reloj ya que el tiempo apremia, ¿por qué cambiar?

Puede ser que tampoco hayas buscado un momento para pensar si algo te está persiguiendo. Aunque es normal, el tiempo pasa. No deseas llegar tarde a nada, tus compromisos son más poderosos que tus necesidades. Siempre has aspirado a la perfección, porque por tu mente nunca ha pasado otra cosa, aunque sabes el peaje que por ello pagas, pero bueno, siempre has estado dispuesto… Pero, ¿hasta cuándo? Quizá tampoco te lo has planteado… Es otra de las cosas en la vida que ya has asumido.

Llevas muchos años corriendo tu propio maratón personal.

Partamos de un punto, y es que en un maratón propiamente dicho, existe una distancia considerable de recorrido. Por otro lado, las personas que participan en esta modalidad deportiva se preparan durante un largo periodo de tiempo, tanto física como mentalmente.

Las horas de sueño y descanso forman una parte importante de su entrenamiento. La alimentación y la vida saludable, también es preciso tenerlas en cuenta. Y todo ello con un objetivo y meta clara, y para ello hay que calzarse los deportivos más adecuados para hacer frente a este evento deportivo, junto con la ropa idónea para hacer frente a lo que durante tanto tiempo llevan preparando. El alcanzar la meta, así como el llegar antes o después depende de cada participante.

Eso sí, en tu particular carrera llevas todo lo necesario y además algo muy importante que es esa pesada mochila. Es la única con el poder suficiente como para poder pararte o por lo menos hacer que tu ritmo no sea tan frenético. No tiene fin, es como si ésta estuviese rasgada, rota, sin fin… En ella se van acumulando todas las caídas, contratiempos, miedos, cargas diarias, emociones, sentimientos… Sin percatarte que llegará un momento en el que tus prisas de nada servirán porque no estás atendiendo al peso que tienes sobre tus hombros.

Quizá ha llegado el momento de que te pares, frenes en seco, alces la mirada y te des cuenta de todo lo que te has perdido y te estás perdiendo. Aún estás a tiempo de mirar al futuro con otro brío, con ojos de esperanza, de ilusión, con una mirada fresca.

La sociedad, la rutina, las costumbres, las obligaciones…, nos llevan a tener que caminar por la vida sin permitir que nos deleitemos del recorrido. Evidentemente que durante el mismo nos encontraremos de todo, cosas que nuestra memoria recordará positivamente y por otro lado, experiencias que no serán tan gratas.

Nos pasamos la vida planeando, marcando fechas, estableciendo horarios, agendando, pero, ¿en algo de todo lo anterior estamos nosotros como protagonistas? Nosotros siempre podemos esperar…

¡No, no debemos hacerlo! Puede resultar duro, pero es la única realidad, venimos al mundo con una garantía final que nos espera, que es la muerte.

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Es una pena que en muchos casos nos demos cuenta del gran tesoro del que disfrutamos, la vida, cuando por algún motivo ésta corre riesgo. Es entonces cuando cuestionamos muchas de nuestras actitudes ante determinados acontecimientos o cuando nos damos cuenta del valor que han tenido otras.

Lo bueno es que siempre estamos a tiempo de enmendar nuestras carencias, estamos a tiempo si nos paramos, analizamos y actuamos en consecuencia.

  • Puede que no tengas el trabajo con el que habías soñado, o ni tan siquiera el que te mereces.
  • Las circunstancias te han llevado a atravesar una situación económica delicada.
  • Quizá alguien a quien querías mucho ha dejado este mundo y te sientes “huérfano”.
  • Puede que seas de esas personas que en el amor no hayas sido afortunada.
  • Tus habilidades sociales no son todo lo satisfactorias que te gustarían, y la frustración y el apocamiento estén presentes en tu día a día.
  • Las etiquetas y los prejuicios son protagonistas en tu vida. Tanto, que condicionan totalmente tu día a día…

¡No pienses que eres diferente! ¡Que vives en un mundo en el que eres un extraño! ¡Que no hay alternativa!

¡Actúa! En tus manos está cambiar la realidad de tu vida.

  • Comienza por soltar esa pesada mochila que no te deja avanzar.
  • ¡Conócete! Aprende a vivir contigo mismo, quiérete con tus defectos y virtudes.
  • Da, pero hazlo por generosidad. Cuando regalamos a otras personas, nuestra autoestima aumenta, nos sentimos a gusto con nosotros mismos.
  • Pregúntate de dónde vienes, en qué punto te encuentras y hacia dónde desear ir. Tener objetivos y metas realistas en la vida nos mantiene activos.
  • Si algo te disgusta, algo con lo que no estés conforme, haz algo para darle la vuelta. El inmovilismo es uno de nuestros mayores enemigos.
  • Practica el perdón, cuando perdonamos a los demás, nos volvemos generosos, sale a relucir nuestra parte más humana. ¡Perdona para que te puedan perdonar!
  • Enfréntate a la muerte con la vida. Vive con amor, ama con plenitud, regala amistad, exprime los segundos, no temas al mañana.

Si no puedes volar entonces corre, si no puedes correr entonces camina, si no puedes caminar entonces arrástrate, pero sea lo que hagas, sigue moviéndote hacia delante. (Martin Luther King Jr.)

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Pinterest.es

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Todos somos vendedores, ¿o acaso crees que no?

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Artículo publicado por Carmen Prada

“No quieras comenzar por el final, primero consigue venderte tú al cliente a través de la confianza y honestidad, y después comienza con la venta del producto”. Carmen Prada

 

En muchas de las ocasiones, únicamente vemos como vendedores a esos que identificamos cuando entran por la puerta y van vestidos como un pincel, ya que su aspecto personal es claramente refinado. Pero también a los que siempre llaman por teléfono en el momento menos oportuno, y que en cinco segundos hemos despachado, y en algunas ocasiones con muy poca educación…
Claro, en ambos casos hablamos de vendedores, esos que son famosamente conocidos como comerciales.
Y me atrevo a lanzar la pregunta. ¿Para ti realmente los únicos que tienen interés por vender son ellos? ¡Para mí lo somos todos!

Yo en mi profesión intento venderme como profesional, captar clientes y fidelizarlos. Pero quizá sea por mi perfil comercial que tantos años disfruté y sudé, que me doy cuenta de que no todas las personas, empresas y profesionales que están en el mundo laboral, tienen esa perspectiva.

Sí, tú puedes estar detrás de un mostrador. Y puedes estar “ofreciéndome” unas sábanas ya que he decidido renovar mi ropa de cama. También puede que quiera hacer un regalo y me dirija después a una joyería para adquirir un reloj, y luego he quedado para ir a tomar algo con mis amigos. Si tu mostrador es el la tienda de ajuar doméstico, el de la joyería o el de la cafetería, ¿realmente no crees que tú eres también un vendedor?

Yo me doy cuenta que no, que no existe ese concepto cuando me dirijo a un punto de venta o a un establecimiento, sea el que sea. No sé vosotros, pero han sido múltiples las ocasiones en las que yo me he encontrado con esta afirmación: “yo no salgo a vender, ni a buscar los clientes. ¡Son ellos los que vienen a comprar!”. Este realmente es el gran problema que tenemos en España, o al menos en mi zona, la falta de conciencia clara de lo que es un vendedor.

Cuando hablo de este tema siempre me acuerdo de nuestro país vecino, Portugal. Han sido muchas las ocasiones en las que he tenido la gran suerte de visitarlo, y es ahí donde he visto grandes comerciales, allí lo son hasta los que te hacen una copia de llaves, y es que así debe ser.

Cada vez son más las pymes que se quieren reinventar, los proyectos creativos que nacen, las diversas empresas del mismo sector… Cada vez existe mayor competencia, y además los clientes tienen mayor información sobre los productos o servicios que quieren adquirir, que hasta de esto nos estamos olvidando.
¿Por qué no comenzamos a pensar que vendedores somos todos y no solo los que se nos presentan en el negocio como un pincel y a los que tenemos otorgada la etiqueta de “otro pesado más”?

– Empieza por mostrarte amable, honesto, transparente. Y estés trabajando donde estés, cuida tu imagen.

– Cuida de ese cliente que entra por la puerta como si fuese el más importante, dedícale tiempo y preocúpate por sus necesidades. Para eso tu empatía y escucha activa deben estar presentes.

– ¿No te has planteado que quizá tú juegues con desventaja? Me explico, si tu cliente acude a tu encuentro, de cómo sea tu trato, profesionalidad, honestidad, preocupación por él, depende que éste vuelva, o incluso personas de su entorno. La reputación conseguida desempeña un papel importante.

– Cierto, tú no estás en la calle de un lugar a otro, ¿pero tienes claro cuál es tu reclamo o en que estás marcando la diferencia, si realmente lo estás haciendo, para que los clientes decidan entrar en tu local y no en el de la competencia?

– Es vital que no denigres a la competencia, quizá la tengas muy cerca. Si lo haces para captar a un cliente, pueden suceder dos cosas: que pierdas a ese cliente porque le generes desconfianza, o que le recuerdes que hay competencia y que quizá deba plantearse otras opciones antes de decidirse, por lo que te estás perjudicando a ti mismo. ¡Es hora de ponerse las pilas!

– Quítate de la cabeza que la competencia te perjudica, ésta nos hace estar alerta continuamente y nos obliga a seguir mejorando día a día. Tener buena competencia te lleva a ser más competente, mira el lado bueno de las cosas.

– Cuando logres vender, no te olvides de lo más importante, fideliza a tu cliente. Uno no vive de una venta. Logra que ese cliente regrese, y si por él vienen a tu negocio más personas, ¡será entonces cuándo podrás empezar a decir que estás en el buen camino, en el de la excelencia!

 

Quizá no seas tú la persona que atiende directamente el negocio y tengas empleados para tal fin, pero eso no te exime de transmitirles todo lo que quieres, deseas y exiges para tu mayor tesoro, el cliente.
¿Te das cuenta que no eres tan diferente a esas personas con corbata y maletín o esas otras que llaman por teléfono? Solo necesitas saber a qué te dedicas, conocer bien tu producto o servicio y conectar con tus clientes.

Quizá ahora entendamos un poco mejor que nadie que busque el éxito profesional debe olvidar que para alcanzarlo es preciso tener una actitud comercial, para así generar y aprovechar oportunidades, y ser inconformista en la permanente aspiración a crecer y mejorar.

 

Si te conformas, otros llegarán y te borrarán del mapa, y lo que es aún peor, estarás renunciando a desarrollar todo tu potencial.

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional
*Fuente de la fotografía, Pinterest.es

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¿Te has encontrado?

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Artículo publicado por Carmen Prada

Busca ese lugar que te acerque a ti mismo, ese que solo sea tuyo porque un día así lo decidiste, aunque aún no conozcas el motivo.

No hay excusas, alguien te necesita y precisa estar contigo. Eres tú mismo. Haz una parada en el camino. Has de recuperar la calma y la serenidad.

¿En cuántas ocasiones nos olvidamos de nosotros mismos? Demasiadas…

En muchas ocasiones no nos damos tregua. Nuestra velocidad de crucero en el día a día es demasiado estresante. Pensamos que sin nosotros “esto o aquello”, porque siempre tenemos una excusa, no saldría del mismo modo. Pensamos que somos imprescindibles. Cargamos con mochilas pesadas que no nos corresponden. Nos empeñamos en hacer nuestros los sueños y metas de otros. ¿Solidaridad o afán de protagonismo? Aunque sea lo primero, habrá quien nos juzgue como si fuera lo segundo, es inevitable. Buscar la superación es bueno, pero obsesionarse con la perfección es tan inútil como agotador.

Por el mundo hay muchas personas buenas. Se dan tanto que se vacían, se entregan sin esperar nada a cambio…

Y si realmente eres de esa clase de personas altruistas y generosas, te felicito. Pero también permíteme que te advierta de no olvidarte de alguien muy importante. ¿Sabes de quién? ¡Pues de ti mismo!

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La felicidad, ese estado tan deseado, son momentos. Momentos que nos los genera otro motor, que es nuestro interior. ¿Cómo podemos percatarnos de que realmente nos estamos queriendo?

  • El brillo de nuestros ojos, nuestra mirada generosa.
  • La sonrisa, pero no cualquiera, esa que sin darnos cuenta lucimos a menudo y siempre hay personas que nos la recuerdan, porque les llega, es contagiosa, es auténtica.
  • El optimismo como forma de vida, capaz de transmitir a los demás, pero sin dejar de tocar el suelo.
  • La capacidad de levantarse ante “un accidente”. Gestionar las emociones, las frustraciones y los desengaños, son herramientas que te acompañan en este pedregoso caminar.
  • No esperar nada de nadie. Si das, ¡hazlo sin más!
  • Eres consciente de que en la vida se cometen errores, ¡porque no somos perfectos! Pero éstos son los mejores medidores para poder observar de algún modo tu desarrollo personal.

La vida es demasiado bella para vivirla con miedos permanentes. Cargando con etiquetas y “trajes” cortados por otros. Por circunstancias que te lleven al desaliento, a perder toda esperanza.

No nos podemos pasar toda la vida sintiéndonos culpables de acontecimientos, desencuentros, experiencias desafortunadas, errores cometidos… Porque hasta el perdón comienza en nosotros. Saber perdonarnos es el punto de partida hacia la mejor versión de nosotros mismos.

La etimología de la palabra regalo no está clara, pero existen tres teorías:

  • del latín regalis, que indica algo propio del rey o de la realeza;
  • del francés, compuesto por re-, que da un valor intensivo a la palabra, y –galo, indicando el pueblo francés, y se refiere a un agasajo por galantería;
  • del francés galer, que significa ‘divertir’.

Sinónimos de regalo son: obsequio, presente, ofrenda, oferta, dádiva, suerte, dicha.

 

Tenemos un regalo que es la vida, devolvámosle a ésta todo lo que ella nos entrega y hagámoslo porque la hayamos aprovechado.

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

*Fuente de la fotografía, Pinterest.com

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Queridos Reyes Magos…

 

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Artículo publicado por Carmen Prada

“Haz de tu vida un sueño y de tu sueño una realidad para este 2018” – Carmen Prada

Es cierto, parece que es el momento del año por excelencia para hacer recuento de lo positivo que nos ha regalado y lo que no ha sido tanto… Tampoco soy muy partidaria de esperar todo un año para hacerse preguntas, reproches o darse palmaditas en la espalda. ¿Por qué no hacerlo más a menudo? En el día a día son demasiadas las cosas que posponemos para otro momento “porque no nos corren prisa”.

Parad un momento a pensar. ¿De verdad no os habéis planteado que quizá en muchas ocasiones las cosas nos podrían ir mejor si hiciésemos reflexión de lo que acontece en nuestro día a día sin llegar a final de año? ¡Venga, lo reconozco! Soy de las que llevo a la práctica ese refrán que viene a decir que “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”, pero eso no significa que quien quiera no pueda hacer su “balance de cuentas” de forma anual.

Llega la Navidad, y con ella comienza una época curiosamente de buenos deseos, felicitaciones, reencuentros, celebraciones… De hecho, hasta llegamos a intercambiar palabras con personas que hace tiempo hemos alejado o nos han alejado de sus vidas y todo, ¡porque es Navidad! Todo son abrazos, besos, alegría, pero sin querer aguar la fiesta a nadie, detrás de tanta actividad social, ¿realmente llegamos a proponernos cambios para el próximo año que se avecina?

Escucho a muchas personas proclamar propósitos y promesas para el año que comienza, tales como:

  • dejar de fumar;
  • comenzar a hacer ejercicio;
  • estudiar inglés;
  • bajar esos kilos que sobran…

Creo que estos son los más típicos que todos hemos escuchado. ¿Sinceramente? En la mayoría de los casos se quedan en propósitos, y en gran parte porque no estamos convencidos de ellos. Únicamente los utilizamos como auto-motivación, pero una auto-motivación vacía. Los hechos son los que marcan nuestras vidas, las palabras solo son intenciones sin fondo.

Por eso confieso que soy de las que creen en las acciones y no en las promesas.

Aunque, ¿por qué no?, y aprovechando la circunstancia y que Sus Majestades los Reyes Magos nos van a visitar próximamente, sí me atrevo a cambiar de terreno y escribirles una carta, con deseos acompañados de instrucciones para su posible cumplimiento por las empresas y profesionales:

Queridos Reyes Magos.

Para este año 2018 me gustaría que el color de las pupilas de los empresarios y profesionales tomaran tonos diferentes en función de determinadas decisiones. Ustedes mejor que nadie son conocedores de la situación tan precaria que estamos pasando aquí en España a nivel laboral, y que ésta a su vez condiciona el personal.

Hay familias pasando dificultades económicas y sociales muy graves, personas en búsqueda de empleo desde hace años, otras han perdido sus hogares, es difícil encontrar la estabilidad emocional en muchas de ellas, y además todo esto está afectando a valores importantes en nuestra sociedad. Valores innegociables con los que se está comenzando a especular.

Con lo que me gustaría que las empresas que pueden proporcionar mayor bienestar tengan en cuenta los siguientes propósitos, llevándolos a cabo por su propio bien y el de los trabajadores:

  • comenzar a seleccionar y contratar a personas con ideas innovadoras, sin tener en cuenta su edad o condición.
  • Buscar ideas con ayuda de profesionales para solucionar conflictos dentro del trabajo, y además de un modo más rápido y eficaz. Hay grandes profesionales para ello.
  • Incorporar a su plantilla personas con riesgo de exclusión social, que por muchos motivos pueden proporcionar vitalidad y regeneración en su empresa.
  • Trabajar la motivación en los trabajadores, para que éstos a su vez se sientan más a gusto dentro de la empresa y en consecuencia se puedan obtener mejores resultados.
  • Incentivar a los trabajadores de un modo digno, y tener en cuenta que su esfuerzo, dedicación, sacrificio y profesionalidad tienen un precio. ¡Necesitan sentirse valorados!
  • Dejar a un lado las diferencias salariales entre hombres y mujeres en igualdad de condiciones.
  • La familia es importante, que se tenga en cuenta la conciliación entre el trabajo y el hogar. El trabajador necesita horas y momentos para disfrutar de su familia. Esta armonía se la llevará cada mañana al trabajo.
  • Poner en valor la experiencia de trabajadores que después de muchos años en el mercado laboral tienen mucho que aportar a la empresa. ¡La profesionalidad es un valioso bien común!

Seguramente que muchos empresarios puedan llegar a pensar que estas peticiones, o la mayoría de ellas, no pueden llevarse a cabo o tendrían muchas dificultades para ello. Pero Sus Majestades, se lo voy a poner muy fácil y ayudarles para que vean que cuando uno quiere todo puede ser posible.

Claro que toda acción puede acarrear riesgos económicos, pero para avanzar es necesario apostar por un proyecto ilusionante, lleno de energía y tesón. Quizá la clave es comenzar a pensar que la empresa debe de llevar de la mano además del objeto económico también el social. Todo es posible si entre todas las partes se llega a un punto de equilibrio.

¿Año Nuevo? ¿Y por qué no un proyecto nuevo?

Tengo fe y esperanza, Sus Majestades, en que mi carta llegue a su destino y sea acogida con empatía, ilusión, reflexión y conciliación, y de este modo llegar a implementar mis humildes deseos.

Por cierto, ¡no olviden degustar los dulces y bebidas que con todo mi cariño les he dejado junto al árbol de Navidad!

Muchas gracias y Feliz Navidad.

Fdo. “La soñadora, Carmen Prada”

Si sigues haciendo lo mismo, probablemente obtendrás los mismos resultados. Si quieres resultados diferentes, tienes que cambiar algo en tu vida.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Deja caer tus hojas secas

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Una de esas hojas…

 

Por Carmen Prada

Con la entrada del otoño, llegan frases como “tengo una desgana…”, “me siento cansado y no he hecho nada”, “estoy medio depre”. No sé vosotros, pero yo las escucho a diario, y de algún modo esta estación no pasa desapercibida para muchos de nosotros.

Se dice que 6 de cada 100 personas padecen depresión otoñal, lo cual demuestra que sin llegar a ser algo generalizado, sí es algo que fácilmente puede afectar a alguien conocido o de nuestro entorno, pues la media es 1 persona de cada 16, cifras muy considerables. La aparición de este trastorno depende de diversos factores, como pueden ser el clima de la región en la que vivamos, cuestiones hereditarias y ambientales, e incluso la propia biología del cerebro, así como enfermedades crónicas, entre otros.

Cierto es que nuestro cuerpo y nuestra mente hacen puuff. Pasamos de la euforia del verano, con las vacaciones tan deseadas, la playa, la buena temperatura, las terrazas… Y de pronto, nos encontramos con una situación completamente diferente, anochece más temprano, las temperaturas empiezan a descender, el cambio de armario…

Hace unos días hablaba con una amiga y me comentaba que no sabía por qué, pero que parece que todo le afecta más en esta época. ¡Y es cierto!

Emocionalmente nos sentimos más vulnerables, situaciones o circunstancias que en otros determinados momentos no nos afectarían, en esta época todo parece un mundo. Las emociones están a flor de piel, nuestra sensibilidad es mayor, ya que también se acercan épocas de encuentros, de recuerdos, de reflexión. Y en muchas ocasiones volvemos a revivir momentos o palabras que se habían quedado lejos.

Hay una frase que me gusta mucho y que es muy significativa, del otoño aprendí que solo se caen las hojas, el árbol sigue en pie.

Debemos hacer una lectura positiva de estas emociones que recorren nuestro cuerpo y mente en esta época. Puede ser un buen momento para hacer una limpieza interior, sacudirnos de esas hojas secas que nos acompañan durante el año. La reflexión nos puede ayudar a sacar de nuestro yo más profundo todo aquello que llevamos acumulando, y en esos momentos en los que disponemos de tranquilidad, manta, sofá, nos puedan servir para hacer una cura de todo lo que nos rodea o incluso de nuestra propia persona.

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Amor de otoño…

Hay momentos en la vida en los cuales nos debemos enfrentar a una carga emocional importante, nuestra vulnerabilidad es mayor y esto también afecta a nuestra salud física. Nuestras defensas bajan, nuestro cuerpo se encuentra más debilitado, y se llega a producir un cúmulo de circunstancias que quizá ya existían, pero es en este momento precisamente en el que nos damos cuenta de todas ellas.

Siempre van a existir hojas secas, esas que por su propia naturaleza se acaban desprendiendo del árbol, pero también existen aquellas que por muy amarillentas que estén no se quieren desprender de las ramas. Y digo bien, no se desprenden, ¿y por qué?

Nos cuesta deshacernos de nuestros miedos, de personas tóxicas, de amistades que ya no son tal, de situaciones que se repiten a diario en nuestra vida y nos están haciendo daño, dejar de aferrarnos a lo poco que tenemos cuando podemos aspirar a más, conocer nuevas personas que nos aporten brotes nuevos para el próximo cambio de estación…

Algo sí es cierto, y es que hay cuatro estaciones y que cada año se repiten, pero, ¿y si para alguna venidera tanto el árbol como todas sus hojas se han secado?

No os voy a mentir, no me gustan los cuentos de hadas y menos a ciertas edades, las películas de ciencia ficción reconozco que no son lo mío, todas las historias de amor no terminan con final feliz y por desgracia, todo sueño lo debemos luchar pero quizá solo se quede en eso.

Pero lo realmente importante es que la vida debemos exprimirla al máximo, porque ésta no nos espera,  la fortaleza de la que nos debemos aprovisionar debe llevar una carga extra de optimismo, es importante pensar que las emociones son vitales en nuestra vida y no podemos pretender que todas ellas sean buenas. Son muchas y diversas las emociones con las que hemos de convivir, y no todas son alegres ni satisfactorias, pero es la vida, y nos acompañarán lo largo de la  misma independientemente de la estación en la que nos encontremos.

Veamos nuestro día a día poniendo la atención en los bellos colores que nos deja el otoño, que como cualquier otra estación está repleto de atractivos y encantos, todo depende de los ojos con los que  observemos el mundo que nos rodea.

Y sin duda, deja caer las penas caducas y reafirma tus proyectos con un corazón lleno de perenne esperanza…

 

 

 

Os dejo con uno de mis cantantes preferidos, ¿puede ser por mi romanticismo empalagoso? Manuel Carrasco – Otoño, Octubre

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, José Manuel López Gay (Amante de la fotografía)

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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