Esos golpes me hacen más fuerte

 

p

 

Artículo publicado por Carmen Prada

 

La única forma de no despertar envidia es no destacando. Si quieres destacar, acostúmbrate a ella.

¿Qué provocan los celos y la envidia en el mundo laboral? Un estrés derivado de la competitividad insana, habitual en el ámbito profesional.

El celoso o envidioso es un perdedor nato, con falta de personalidad y valores, sabe de antemano que tiene la batalla perdida y, ¿esto qué provoca? Un desagradable sentimiento de frustración y carencia.

Hace escasos días me vi envuelta en algo así, ¿por qué lo quiero compartir con vosotros? Sencillamente para mostraros mi actitud, no digo que sea la más correcta, pero os hablo de mis emociones en ese mismo momento y en mi reacción posterior al hecho.

Alguien escondido cobardemente tras un perfil falso en la Red Social más conocida y popular, me difamó y calumnió gravemente con respecto a mi desempeño profesional, publicando las mismas infames acusaciones en varias de las publicaciones que tengo en mi perfil profesional. Inconvenientes que tienen las Redes Sociales y a los que una sabe que está expuesta…

Hace escasamente poco más de un mes he comenzado mi propio proyecto, volcada totalmente en mi pasión, las PERSONAS. Trabajando con las empresas y profesionales la formación, el liderazgo, la resolución de conflictos, técnicas de ventas, gestión de equipos, selección de personal… Pero también con las PERSONAS que están en búsqueda activa de empleo. Desde que comencé, he sido consciente de que el camino no sería fácil, pero en esta vida apuestas por todo o eres perdedor. Esta última opción jamás la he barajado.

Mi ciudad, Ponferrada, es pequeña, y con un poco de ruido que hagas, ¡saltan todas las alarmas! ¿Dónde? En aquellos que viven en una inseguridad y miedo permanentes.

Reconozco que cuando vi tales difamaciones, no daba crédito. Lo cierto es que mi incredulidad alcanzaba tal punto que no era capaz de concebir que alguien pudiese hacer algo así.

Mis sentimientos fueron de tristeza, decepción, rabia, impotencia…, pero a medida que las horas iban pasando y me di un tiempo para reflexionar, me dije, ¡no has de temer nada, Carmen, si confías en ti plenamente! ¡Crees en lo que haces! ¡Vives por y para las personas!

Llegaron a mi mente frases como “si eres envidiada no tienes la culpa, será que las cosas las estás haciendo bien y eso escuece”.

Podría haber eliminado esos dañinos comentarios y ya estaba, pero después de reflexionar y con la mente fría, me dije: “lo vas a hacer público, que sean las personas que realmente te conocen personal y profesionalmente las que hablen por ti”. ¡Y así lo hice!

Solo tengo palabras de agradecimiento a los cientos de personas que de un modo u otro me apoyaron, me hicieron sentirme arropada, me valoraron y algunos de ellos con gran contundencia denunciaron tales hechos. Esta emoción no la puedo describir con palabras, pero no faltaron las lágrimas y en abundancia…

¿Cómo reaccioné a tal indignante hecho? Creciéndome, convirtiendo este acontecimiento tan desagradable en una gran oportunidad, levantándome y con elegancia, no dando opción al desánimo ni al abandono. Sé que sin duda la clave está en que creo plenamente en mí y en mi honestidad.

Me queda mucho camino que recorrer, pero mientras lo estoy realizando, no dejo de potenciar la autoestima, además de confiar en mis capacidades.

De este hecho he sacado muchas conclusiones, que te deseen mal y te intenten dañar no es culpa de uno, no está de nuestra mano, sino es responsabilidad únicamente de la otra persona. Con lo que si vas por la vida de frente, con honestidad, honradez, fiel a unos determinados valores…, no debes sentirte culpable por las carencias demostradas por otras personas.

No sé si con esta experiencia personal voy a poder ayudar a alguien a cómo afrontar estos reveses de la vida. Aun así, me gustaría dirigirme a dos tipos de personas:

 

  • si sientes celos o envidia, me atrevo a decirte que esos sentimientos no harán nada bueno de ti, salvo hacerte sentir más mezquino, vivir aún más estresado y a disgusto con la vida.

 

  • Si tú eres la víctima, no te sientas mal. No tienes la culpa de hacer las cosas bien.

 

 

Aprovecha los golpes para convertirlos en oportunidades. De esa forma, los que quieren hundirte verán cómo sus canalladas no hacen más que servirte de impulso.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

SI TE GUSTAN MIS ESCRITOS NO DEJES DE COMPARTIRLOS, TODOS PONEMOS NUESTRO GRANITO DE ARENA.

¡Viva la madre que me parió!

untitled.png

 

 

 

 

 

 

Con cariño por Carmen Prada

 

Siempre he escuchado que para ser madre, una mujer nunca está preparada.

Yo no lo soy, pero sí hija y hermana, y tengo varias amistades en mi entorno que son madres. También he escuchado que te cambia la vida… Y es algo que jamás he dudado.

Admiro a mi madre, lo he hecho toda mi vida. Soy consciente de que cuando hablamos de nuestras madres, se utilizan muchas frases hechas. Pero es que, aun hechas, son verdaderas.

Admiro a mi madre por muchos motivos, y entre ellos, el regalarme su ejemplo de vida humilde, honrada, de sacrificio, generosidad, y repleta de entrega. Entrega por su esposo y por sus hijas.

Ella siempre dice que su mayor orgullo son sus tres hijas, y hasta en eso es generosa. La vida no le ha regalado nada, siempre nos ha hecho ver que para lograr algo se debe derrochar mucho sacrificio. Que conseguir las cosas de un modo fácil y rápido no es el mejor camino. Y es que nuestra mejor carrera de estudios nos la ha regalado ella, la carrera de la vida.

Humildemente, pienso que ser madre es una carrera de fondo. Durante 9 meses hay momentos buenos y otros que no lo deben ser tanto. Poco a poco vamos creciendo y los hijos,  a veces sin percatarnos de ello, nos volvemos egoístas. Egoístas porque nuestra memoria es selectiva y se nos olvida  lo mucho a lo que nuestra madre tuvo que renunciar, y quizá lo siga haciendo, para darnos lo mejor.

Noches en vela, miedos, preocupaciones, decepciones, alegrías… ¡Tanto y nada que le damos! Pero aun así, ahí están, incondicionales.

Una madre ejerce con “título” siempre. En la más tierna infancia, en la complicada adolescencia, en la esperanzadora juventud, cuando nos casamos, pero también cuando nuestra edad y “experiencia de la vida” nos hacen pensar que en nuestra vida actual nuestra madre poco ha de ejercer. ¡Disculpadme, pero es un grave error! El punto de vista de una madre es único, por lo que creo muy conveniente estar siempre receptivo a lo que puedan decir, pues lo harán con amor y conocimiento, más allá de que después cada uno ha de tomar sus propias decisiones, pues en eso también consiste ser adulto.

Hay muchas frases típicas de una madre, pero sin duda la mía tiene un repertorio diferente para  cada una de sus tres hijas. Y es que cuando digo que una madre toda la vida sigue ejerciendo como tal y además debemos disfrutar con ello, pongo el ejemplo de frases típicas de la mía, que aún ahora, a mis 40 años, sigue diciéndome:

  • Me he podido comer medio cocido, pero para mi madre la frase “nena, no has comido nada”, es obligatoria.

 

  • Reconozco que me gusta mucho hablar con ella, y aunque estamos a poca distancia geográfica, al teléfono le damos bastante uso. Si pasa unos días sin llamar y al final acabo llamándola yo, solo descolgar el teléfono dice “justo ahora, hija, te iba a llamar yo…”

 

  • Puedo llevar cinco capas de ropa encima, pero sin duda dirá “abrígate, que después así se cogen los catarros”.

 

Podría seguir y seguir, pero independientemente de la edad que tengas, tú que me estás leyendo, seguramente hayas identificado a tu propia madre con alguna.

Y es que es cierto, ¡MADRE NO HAY MÁS QUE UNA!

¿Y por qué hoy hablo de las madres? Hoy se celebra su día. Será como recordatorio, porque a mi madre la tengo en la mente cada día e instante de mi vida.

No necesito un día como hoy para decirle “te quiero mamá”, o mandarle un beso por teléfono, achucharla cuando estoy con ella, decirle lo orgullosa que me siento de ella por recientes pasos que ha dado que solo los valientes se atreverían a darlos, a hacerle un regalo porque he visto algo que me ha hecho pensar en ella… ¡Celebro tener a mi madre, pero lo hago cada día!

Bello poema he encontrado para este día, a ti mamá que jamás me has soltado de la mano te lo dedico:

“Manos las de mi madre, tan acariciadoras,
tan de seda, tan de ella, blancas y bienhechoras.
¡Solo ellas son las santas, solo ellas son las que aman,
las que todo prodigan y nada me reclaman!
¡Las que por aliviarme de dudas y querellas,
me sacan las espinas y se las clavan en ellas!

Para el ardor ingrato de recónditas penas,
no hay como la frescura de esas dos azucenas.
¡Ellas cuando la vida deja mis flores mustias
son dos milagros blancos apaciguando angustias!
Y cuando del destino me acosan las maldades,
son dos alas de paz sobre mis tempestades.

Ellas son las celestes; las milagrosas, ellas,
porque hacen que en mi sombra me florezcan estrellas.
Para el dolor, caricias; para el pesar, unción.
¡Son las únicas manos que tienen corazón!
(Rosal de rosas blancas de tersuras eternas:
aprended de blancuras en las manos maternas).

Yo que llevo en el alma las dudas escondidas,
cuando tengo las alas de la ilusión caídas,
¡las manos maternales aquí en mi pecho son
como dos alas quietas sobre mi corazón!
¡Las manos de mi madre saben borrar tristezas!
¡Las manos de mi madre perfuman con terneza!”

                                                                                                              Alfredo Espino

 

No dejemos de dar gracias cada día por el hecho de habernos dado el regalo de la vida.

Dedicado a mi madre en especial y a todas las madres que leáis estas humildes palabras que salen del corazón. Unas palabras inspiradas por el amor de una hija.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, propia

SI TE GUSTAN MIS ESCRITOS NO DEJES DE COMPARTIRLOS, TODOS PONEMOS NUESTRO GRANITO DE ARENA.

El tiempo es oro

fashion-1819600_1920.jpg

Por Carmen Prada

Reconozco que desde niña he sido una apasionada de los cuentos, y además, tanto me impregnaba de ellos que me los llegaba a creer de algún modo. Con el paso de los años, me he dado cuenta que muchos de ellos tienen un trasfondo de verdad, o más bien una reflexión a la que nos deberían llevar.

Hace unas semanas, recibí un regalo maravilloso de mi esposo. Un libro titulado Regálame la salud de un cuento, de José-Carlos Bermejo. Confieso que lo estamos aprovechando juntos, pues cada noche al acostarnos él me lee un cuento, y yo lo disfruto como una niña.

El libro está repleto de cuentos que te llevan a la reflexión, son historias breves de diferentes temáticas, pero hasta el momento ha habido uno por encima de todos que me ha llamado mucho la atención. Quizá alguno de vosotros ya lo conozca, pero aun así quiero compartirlo:

“La noche había caído ya; sin embargo, el pequeño niño hacía grandes esfuerzos por permanecer despierto. El motivo bien valía la pena; estaba esperando a su papá. Los traviesos ojos iban cayendo pesadamente cuando se abrió la puerta.

Hijo: “Papá, ¿puedo hacerte una pregunta?”
Padre: “Sí, claro, ¿qué es?”
Hijo: “Papá, ¿cuánto dinero ganas en una hora?”
—dijo con ojos muy abiertos.

Su padre entre molesto y cansado, fue muy tajante en su respuesta.
“Eso no es asunto tuyo, ni tu madre lo sabe, ¿por qué me preguntas tal cosa?”
Hijo: “Sólo quiero saber, por favor dime, ¿cuánto ganas por una hora?”

El papá contrariado contestó con un simple: “100€ por hora”.
Hijo: “Oh” —
El niño con tristeza agacha la cabeza hacia abajo…
“Papá, ¿puedo pedir prestado 50€?”

El padre se puso furioso: “Si la única razón por la que quieres saber lo que gano es para pedir prestado dinero para comprarte algún juguete tonto, entonces quédate en tu habitación, no salgas y piensa por qué estás siendo tan egoísta. Yo trabajo duro todos los días, como para lidiar con este comportamiento tan infantil”.

El niño en silencio cerró la puerta de su habitación. El hombre se sentó y comenzó incluso a ponerse más enojado acerca de la pregunta del pequeño. ¿Cómo se atreve a hacer tales preguntas sólo para obtener algo de dinero? Después de una hora o algo así, el hombre se calmó y comenzó a pensar: Tal vez había algo que realmente necesitaba comprar con esos 50€, después de todo, el niño no pedía dinero muy a menudo. Así pues, se acercó a la puerta de la habitación del niño y abrió la puerta.

Padre: “¿Estás dormido, hijo?”
Hijo: “No papá, estoy despierto”.
Padre: “He estado pensando, tal vez yo fui demasiado duro contigo. Ha sido un día largo y descargué mi frustración en ti. Aquí tienes los 50€ que me pediste…”
El niño se irguió, sonriendo.
“Oh, gracias papá!” -susurró el niño mientras metía su manita debajo de la almohada y sacaba varias monedas.

Entonces, se levanta y agarra debajo de la almohada unas monedas y unos billetes arrugados. El hombre vio que el muchacho ya tenía dinero, empezó a enfadarse de nuevo. El niño contó despacio su dinero, y luego miró a su padre.

Papá: “¿Por qué quieres más dinero si ya tiene bastante?”
Hijo: “Porque yo no tenía suficiente, pero ahora sí.” –Contestó entusiasmado.
“Papá, ahora tengo 100€. ¿Puedo comprar una hora de tu tiempo? Por favor, mañana ven a casa temprano, me gustaría cenar contigo.”

El padre se sintió acongojado. Puso sus brazos alrededor de su pequeño hijo, y le suplicó por su perdón.

Recordemos siempre, que la mejor inversión de nuestro tiempo es en la familia que tenemos, las personas que tenemos a nuestro lado y en nuestros corazones. Si el día de mañana morimos, en apenas unos breves días habría alguien reemplazándonos en el trabajo; en cambio, para la familia y amigos que dejamos atrás, la pérdida sería eterna. Valora el tiempo que pasas con los tuyos, porque no hay nada más valioso”. Autor desconocido

Esta es una conversación de un hijo con su padre, pero, ¿en cuántas ocasiones “robamos tiempo” a las cosas que son realmente importantes? ¿No nos ofrecemos con la excusa de que “no tengo tiempo para nada”?

Vivimos en una sociedad envuelta en compromisos, en la que vivimos deprisa y corriendo, sin percatarnos de las cosas que realmente merecen la pena y de las personas que precisan de nuestros oídos porque necesitan ser escuchadas.

La falta de tiempo es la excusa perfecta para evadir responsabilidades, responsabilidades de las que en muchas ocasiones simplemente queremos huir. Siempre he escuchado que “el tiempo es oro”, y sin duda, así lo creo. Es uno de los bienes más preciados, y en muchas ocasiones no nos damos cuenta que la vida, las oportunidades, los sentimientos, momentos…, corren y transcurren a la misma velocidad que éste lo hace, dejándonos muchas veces sin cosas a las que en un momento dado no dimos valor. Y lo peor de todo es que puede que muchas de ellas nunca regresen.

¿Has pensado alguna vez cuántas personas estarían dispuestas a pagar por tener un minuto de tu tiempo para que simplemente las escuches?

 

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Pixabay

SI TE GUSTAN MIS ESCRITOS NO DEJES DE COMPARTIRLOS, TODOS PONEMOS NUESTRO GRANITO DE ARENA.

Un pedacito de todos nosotros

17952938_1338783602870269_8368560588971704131_n

 

Por Carmen Prada

 

Me gustaría compartir en el día de hoy un sentimiento, una emoción que quizá en algún momento para muchos de vosotros haya sido al mismo tiempo un pesar.

Cada vez estoy más segura de que “uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde”. ¡Es cierto! Y en ocasiones, hay pérdidas que no volveremos a recuperar, al menos en mucho tiempo.

Y os estaréis preguntando, “¿pero todo esto a que viene, Carmen?”

En mi zona, la comarca del Bierzo, disfrutamos gracias a Dios de bienes tan preciados como la cultura gastronómica y enológica, histórica y monumental, y cómo no, de unos parajes y paisajes que son nuestro orgullo. Los amantes de la naturaleza, tanto turistas como cualquier persona que desee respirar aire puro, pueden disfrutar y perderse en nuestro paraíso poblado de numerosa y variada flora y fauna.

Hoy os quiero presentar uno del que durante años y años hemos gozado y disfrutado, El Valle del Silencio. ¿Cómo describirlo para que podáis sentir su frescura?

20050730DSC_0172.JPG

Imagen de Javier Martínez Ponte – Antes

“Un río de cristalinas aguas serpentea a lo largo de un valle angosto, sinuoso y de fuertes pendientes, y deja paso a un paisaje perfecto para el viajero sin prisas, donde disfrutar de la tranquilidad y la naturaleza.

El paraje de Tebaida Berciana es un lugar de ermitaños. Fructuoso y Genadio son sus primeras señas de identidad y quienes fundaron monasterios en Compludo, San Pedro de Montes o Santiago de Peñalba, lugares repoblados espiritualmente durante los siguientes siglos. El Valle del Silencio guarda la magia del bosque, de sus pueblos y de una cultura que permanece en la memoria.

En esta ruta se pueden visitar: la Cueva de San Genadio, el Monasterio de San Pedro de Montes, la Ermita de Santa Cruz, el Monasterio Iglesia de Santiago de Peñalba y la Herrería de Compludo”.

¿Por qué todo esto? Porque a primera hora de este pasado miércoles, se inició un pavoroso y dramático incendio en nuestro Valle del Silencio, donde miles de hectáreas han sido arrasadas dejando una imagen de desolación donde poco antes había un secular vergel.

javier martinez ponte.jpg

Javier Martínez Ponte – Ahora

Desolados estamos todos los bercianos que por él llevamos días llorando. Son lágrimas de impotencia, de rabia, de incomprensión… ¿Incomprensión? ¡Sin duda!

Incomprensión por no entender cómo hay personas capaces de estar tan vacías en su interior para llegar a provocar catástrofes tan crueles como ésta. Se me ocurren muchos calificativos, pero no los voy a utilizar. Los que realmente amamos nuestra tierra, con sus riquezas, pero también con sus pobrezas, no debemos permitir que personas que además de tener el interior negro, sucio e insípido, nos quiten a la gente de bien las ganas y el orgullo de defender y cuidar lo que hemos heredado de generaciones pasadas, para podérselo entregar del mejor modo a las futuras.

También es cierto que la autocrítica en estos momentos no está de más… No se actúa hasta que algo así llega. No se toman las medidas necesarias para cuidar lo que presumimos tener, y yo me pregunto, ¿y ahora qué lugar ocupará nuestro Valle cuando se nos llenaba la boca hablando lejos del Bierzo de él?

Para todos los que amamos el Bierzo, no solo el Valle del Silencio está de luto, nosotros como bercianos también…

Seguro que muchos de los que estáis leyendo estas palabras que salen de lo más profundo de mi ser, habéis lamentado sucesos similares en vuestra tierra, pues se trata de una lacra muy extendida. Una mayor concienciación medioambiental desde la escuela, junto con una menor tolerancia a comportamientos irresponsables que frecuentemente se dan en determinados ámbitos, no solo en el rural, son carencias sociales que necesitan ser impulsadas y gestionadas convenientemente por el poder público, pero también por la conciencia personal de cada ciudadano.

La unión de las personas, la responsabilidad firmada por determinados cargos de la administración, y sin duda una dura condena a comportamientos incomprensibles y repugnantes, han de ser  la base del trabajo por el bien común y la riqueza – en cualquier sentido – de nuestro país.

Hoy siento tristeza e indignación, pero no nos rindamos nunca. La naturaleza volverá a florecer, estemos siempre de parte de la vida. También eso es vivir confiadamente el Tiempo Pascual.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Google

SI TE GUSTAN MIS ESCRITOS NO DEJES DE COMPARTIRLOS, TODOS PONEMOS NUESTRO GRANITO DE ARENA.

No te enamores de un hombre que no llora

pareja-mirandose-con-amor-fondo-sol

 

Por Carmen Prada

 

Soy consciente de que hoy, 19 de marzo, el calendario nos recuerda la celebración del Día del Padre, aunque este año la festividad litúrgica de San José se traslada al lunes 20 por coincidir con el tercer domingo de Cuaresma, que tiene preeminencia. Llevamos semanas observando cómo las tiendas se visten para ello, anuncios en los medios de comunicación, conversaciones con amigos sobre el regalo adecuado… Y a raíz de este día, quiero tocar un tema importante, pues creo que es un momento idóneo para hacerlo.

Nada me impresiona más que los hombres que lloran. Nuestra cobardía nos ha hecho considerar el llanto como cosa de mujercitas. Cuando solo lloran los valientes; por ejemplo, los héroes de Homero.  Julio-Ramón Ribeyro.

 

Esta frase representa todo lo que significa para mí el llanto en un hombre. ¿Quién dijo que los hombres no pueden llorar, que no se lo pueden permitir, que es de cobardes?

Por defecto, pensamos que llorar no es un buen síntoma, que lo debemos evitar… ¿En cuántas ocasiones has dicho o escuchado eso de “no llores, así no se soluciona nada”? ¡Pues claro que podemos y además debemos llorar!

En general, cuando alguien nos dice una frase como la anteriormente citada, en vez de ayudarnos en ese momento por el que estamos atravesando, nos produce todavía más dolor e incomprensión. En la sociedad hemos llegado a considerar el llanto una debilidad, en vez de verlo como una emoción más, como puede ser reír.

Cuando hablamos de los hombres, ¡el tema mete miedo! La debilidad que observamos en el llanto se multiplica a pasos agigantados y empezamos con las dichosas etiquetas.

Os voy a hacer una pregunta a la que cada cual responderá según su condición.

¿Has visto a tu padre llorar?

Yo os confieso que sí, la primera vez que esto sucedió me di cuenta de la sensibilidad que transmitió. De no tener miedo ni prejuicios a mostrar su llanto. Esas pequeñas lágrimas que han recorrido sus mejillas casi sin que nadie se percate de ello, han sido de liberación. Desde luego que yo no considero a mi padre un cobarde, y mucho menos débil por el mero hecho de llorar.

El llanto nos ayuda a desahogarnos, a tranquilizarnos. Nos hace sentirnos más libres, sin represiones, sin miedos.

A veces, las personas lloramos no porque seamos débiles precisamente, sino porque llevamos demasiado tiempo siendo fuertes en exceso.

Si hablamos de la figura de un padre, a mucha gente la han educado en la idea de que es el cabeza visible de la familia, la parte más fuerte, el ejemplo en muchos sentidos, y no puede permitirse el lujo de expresar sus sentimientos y como todo ser humano mostrar sus imperfecciones y miedos.

La responsabilidad es tal, que a lo largo de su recorrido en la vida la mochila que llevan permanentemente en la espalda es tan pesada, que en ocasiones se sienten solos e incomprendidos.

Pero, ¿os habéis planteado qué sucede cuando el ser humano llora de emoción? En ese momento, se produce una auténtica catarsis liberadora. En muchos casos, ese llanto viene provocado por una canción que nos envuelve en recuerdos, un reencuentro con un amigo, un ascenso profesional por el que habíamos luchado sin tregua…

Llorar de emoción se convierte en un ejercicio muy liberador a nivel emocional que se produce inmediatamente, y como consecuencia y de forma inconsciente cuando un ser humano se siente desbordado por sus sentimientos.

¿Por qué cuestionamos el llanto por sufrimiento, y no lo hacemos cuando aparece por emoción?

Lloremos cuando tengamos que llorar, no temamos a las etiquetas, compartamos esa tristeza que nos ayudará a llevarlo mejor, pero eso sí, tengamos en cuanta con quién lo hacemos… No se trata de ir llorando de esquina en esquina, se trata simplemente de liberar una emoción más que nos pesa y a veces demasiado.

Para todos los padres que son el fuerte tronco en la familia, ese espejo en el que muchos nos reflejamos… Mostraros humanos y sin miedos, ayudad a  crecer a vuestros hijos sin prejuicios y mucho menos les digáis que “los chicos no lloran, tienen que pelear”, porque los estaréis encaminando directamente a que sean “machitos” en vez de verdaderos hombres.

Y para todos nosotros, que los tenemos enfrente, dejemos que lloren. Acompañémosles en las alegrías, pero también en esos momentos en los que se muestran más frágiles. Eso sí, no os olvidéis de llevar con vosotros siempre un pañuelo, quizá alguien lo pueda necesitar. Incluso uno mismo…

Por y para los padres y en especial para el mío, que tanto nos han dado y tan poco nos han pedido. Si en estos momentos tu padre ya no te acompaña en el recorrido de la vida, no te sientas mal si al recordarlo tus ojos se humedecen.

 

Un padre jamás deja de ser padre. Un hijo, tampoco…

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

SI TE GUSTAN MIS ESCRITOS NO DEJES DE COMPARTIRLOS, TODOS PONEMOS NUESTRO GRANITO DE ARENA.

 

 

¿Te había dicho que la vida es bella?

photo-booth-1608658_960_720

Artículo publicado por Carmen Prada

 

“Cuando dañas a las personas, comienzan a quererte menos. Eso lo provocan las palabras descuidadas, los juicios atrevidos y severos, los gestos desmedidos. No solo pierdes el cariño y respeto de los demás, sin darte cuenta te estás perdiendo a ti mismo”. Carmen Prada

Puede que por los tiempos que corren de egoísmo, reacciones en ciertas personas de nuestro entorno, cambios emocionales, actitudes incomprensibles, silencios dañinos…, se llegue a la conclusión que cada cual mira a su ombligo sin alzar la vista al frente y mirar en todas las direcciones y ver la realidad de la vida, esa realidad humana que se nos está olvidando.

Es cierto que hay personas que sin querer, por circunstancias extraordinarias, hacen daño y causan dolor a terceros. Cuando esto sucede, uno sabe que este hecho es un indicativo de que algo en esa persona no va bien. ¿Queremos ayudarla? Escuchémosla.

Pero después están esas que por imprudencia, por aburrimiento o por pura maldad, llevan a flor de piel lo peor de la condición humana. Son personas que con una inteligencia dañina saben elegir muy bien a quién manipular, utilizan la mentira y la hipocresía como algo natural, su distorsión de la realidad llega a tal punto que son capaces de hacer de una víctima un verdugo.

Antes mencioné inteligencia dañina, ¡evidentemente!, puesto que hacen de los demás sus propias marionetas. ¿Por qué hablo de inteligencia? Porque hay que tener una cierta habilidad para lograr que esas otras personas ni se den cuenta de que están siendo utilizadas en beneficio únicamente del manipulador.

Por desgracia, esta “figura” nos la podemos encontrar en cualquier ámbito de nuestra vida. En el personal, profesional, familiar…

Su daño no alcanza únicamente a esa persona a la que maneja a su antojo, sino también a aquellas que lo perciben y observan.

  • No creo en las verdades a medias.
  • No creo en las apariencias.
  • Huyo de todo aquello que me impide o me limita ser yo misma.
  • El fin no justifica los medios, en absoluto.
  • Tengo muy presente que gano más estando sola que mal acompañada.
  • No soporto la soberbia ni la fanfarronería, y menos aún cuando están acompañadas de materialismo y superficialidad, que es casi siempre.
  • Pese a todo, no dejo de creer en la bondad natural del ser humano y su grandeza.

¿Por qué todo esto y más?

Me cuesta entender que haya personas que disfruten  jugando con las vidas de otras. La sociedad está siendo un auténtico criadero de personas carentes de valores fundamentales. La única crisis que importa es la económica, cuando ésta hunde sus raíces en otra mucho más profunda y de la que ningún gobierno se ocupa, por lo que será inevitable que las desigualdades e injusticias vayan a más, como así sucede de forma imparable. Y en esta selva, sálvese quien pueda. Sociedad desestructurada para personas y familias desestructuradas.

Evitemos rodearnos de personas tóxicas, esas que nos pueden dañar a nosotros, pero también a todos aquellos que queremos y vemos peligrar. El renegar “por momentos” de ciertos valores es peligroso, así se empieza, por relativizarlo todo, tanto que podemos olvidarnos de ellos. Es importante tener “buena memoria”, una memoria que te recuerde con hechos vividos dónde está la línea roja del bien y del mal. Es necesario buscar momentos para estar con nosotros mismos y valorar qué personas queremos que formen parte de nuestra vida.

La vida es demasiado bella para perder el tiempo. Tiempo perdido es tiempo que ya nunca podremos recuperar. Está en nuestra mano construir puentes y renovar valores. Todo aquello que sea teñir la vida de uno mismo y la de otras personas de un color oscuro, es perdernos a nosotros mismos. Ahí fuera hay gente maravillosa, cuyo trato y amistad nos enriquecerá y nos ayudará a ser felices, pero no olvidemos que se ha de empezar por uno mismo, a quererse, a cuidarse, a darse valor.

Os dejo varias preguntas para que reflexionéis en relación a todo lo anteriormente mencionado:

  • ¿existe un distanciamiento con un familiar?
  • ¿Has perdido una amistad?
  • ¿Estás viendo cómo a alguien que conoces le están manipulando?
  • ¿Te has llevado una decepción últimamente con una persona que creías conocer?

Se me ocurren muchas más, pero creo sinceramente que son más que suficientes.

Si estás pasando por algo así, no permitas que el tiempo corra, utiliza como herramienta la comunicación y dile bajito y al oído que le quieres y siempre estarás ahí.

¡No permitamos que la oscuridad se adueñe de nuestra vida!

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen de Pixabay

SI TE GUSTAN MIS ESCRITOS NO DEJES DE COMPARTIRLOS, TODOS PONEMOS NUESTRO GRANITO DE ARENA.

¡Porque tú lo vales!

vintage-1113163_960_720.jpg

Artículo publicado por Carmen Prada

El pasado domingo, mientras disfrutaba de una de mis pasiones, que a veces me hace sufrir un poquito más de la cuenta, como es acudir a los partidos de fútbol de mi equipo, una de mis amigas e incondicional de la S.D. Ponferradina en las alegrías y en las penas, Mary, me pidió que le hiciera una fotografía.

Una vez la pudo ver, no me extrañó su reacción por su vitalidad, modo de ver la vida, disfrutarla sanamente al máximo, involucrarse en aquello en lo que se le necesita… Su respuesta para mí era predecible, aunque no deja de ser sorprendente al escucharlo en una mujer. Ella dijo, “¡he quedado guapísima!” Yo le sonreí y le contesté, “¡olé, tú no necesitas madrina, así me gusta!”

Su siguiente respuesta fue un testimonio fehaciente de quererse a uno mismo y estar a gusto con su persona. Su respuesta a mi olé fue “Carmen, si yo no me lo digo y no me quiero, ¿quién lo va hacer por mí?” Ahora y en público, Mary, te vuelvo a decir ¡olé, olé y olé!

Cuánta carga de verdad y sabiduría en sus palabras. En esta vida hay de todo, está claro, pero tendemos más al castigo que al premio. Vemos pasar la vida ante nuestros ojos esperando y necesitando que alguien nos valore, nos aprecie, nos quiera, nos respete, y a partir de ahí parece que ya tenemos “licencia” para querernos, cuidarnos, mimarnos, decirnos palabras bonitas y como en muchas ocasiones digo, darnos besitos.

Parece que es necesario el visto bueno de alguien para sentirnos bien con nosotros mismos. ¡Grave error!

Porque del mismo modo que comenzamos así a querernos, con los gestos y buenas palabras de otros, nos martirizamos por las maldades que nos acechan, y éstas lo hacen cada día…

Me gustaría observar que hay personas que no necesitan tapar nuestro brillo para que ellas mismas luzcan, pero lamentablemente no todas las personas utilizan como principales armas en su vida la generosidad y honradez. También es cierto que ese brillo malicioso acaba por esfumarse poco a poco, dejando en evidencia a la verdadera persona.

Por este motivo, quererse a uno mismo y mostrarlo nos hace más fuerte ante los demás. Evitemos a esas personas tóxicas que solo alcanzan momentos placenteros cuando observan que nuestro brazos están caídos. No seamos la carne de cañón que ellas necesitan para alimentarse…

Como comenté anteriormente, la vida pasa demasiado deprisa. No nos da tiempos extras. Desconoce nuestra pérdida de ocasiones. No tiene en cuenta si la estamos aprovechando o no. Simplemente pasa, y con el tiempo nos lo recuerdan las cicatrices.

¿Cómo podemos empezar a valorarnos y querernos?

  • Al comenzar el día y mientras te aseas busca un espejo. Habla en voz alta contigo mismo y empieza la mañana gustándote. No pienses en agradar a nadie, es indiferente tu estado civil, no busques complacer a otras personas, vístete, maquíllate, ponte o no tacones… pero que el resultado final sea “¡cómo me gusto!” Verás que este simple hecho hará que te sientas poco a poco más seguro de ti mismo.
  • ¡Prémiate! Date algún capricho, hazte algún regalo. ¿No lo haces con las personas a las que quieres?
  • Ser vanidosas de nada nos sirve, todo lo contrario, pero, ¿por qué no echarnos algún piropo para reforzar la autoestima?
  • No caigas en el error de dejar en manos de otros tu fortaleza emocional, mima y entrena esa fortaleza. Alcanzamos esa fortaleza cuando somos capaces de afrontar miedos, frustraciones, tristezas… ¡Tiremos de personalidad y seguridad en nosotros mismos!
  • Utiliza frases, en privado pero también en público, tales como: ¡me gusto!, ¡me lo merezco!, ¡me lo he ganado!, ¡me siento estupenda con este nuevo corte de pelo…! No temamos hacerlo, espantemos a esas personas que quieren tapar nuestra luz.
  • Reflexiona, profundiza en ti mismo, respeta tus tiempos pero también haz caso a todo aquello que sale de ti y te habla…

Podría seguir y seguir, pero este puede ser un buen comienzo. Nunca pronuncies que no vales, que te queda grande, que el problema eres tú, que eres la más fea de tus amistades, que te gustaría parecerte físicamente a…, que es normal que no te quieran… JAMÁS pronuncies nada de esto porque, ¿quieres que te diga algo y no te conozco? Bueno, en esta ocasión te lo va a decir alguien que ha dejado un gran legado. “Si has nacido sin alas, no hagas nada por impedir que te crezcan.” – Coco Chanel-

En honor a Bimba Bosé, con carisma y luchadora…

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen de Pixabay

SI TE GUSTAN MIS ESCRITOS NO DEJES DE COMPARTIRLOS, TODOS PONEMOS NUESTRO GRANITO DE ARENA.

Guardar

Guardar