Pongamos una sola cara a la Navidad

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Por Carmen Prada

 

Mi corazón y mi pluma me impedían escribir estas líneas de  cualquier otro tema que no fuera de los días entrañables que ya estamos viviendo y los mejores que están por venir.

Es cierto que cada uno vive de modo diferente estas fiestas navideñas.

Pero la realidad, aunque algunas personas sean reacias a ello, es que el verdadero sentido de la Navidad es religioso, acompañado claro está de todo lo familiar y social, que no hay porqué renunciar a ello. Aunque a veces no se vea así, se suele vivir con gran alegría, ya que es mucho lo que hay que celebrar.

Por otro lado, están las personas que viven estas fechas navideñas como simple fiesta, comilonas, noches demasiado largas, excesos, espera de los regalos pertinentes como cada año, aguantar al cuñado o a la suegra, gastos y más gastos, pero por qué no, ¡con alegría!

Y por otro lado están aquellas que las viven con tristeza, melancolía, con ánimo de nada, con ganas de que las luces que adornan nuestras calles desaparezcan pronto, repeliendo los villancicos, la Nochebuena ni la quieren nombrar y a ver si pasa el trago de la Nochevieja y las dichosas uvas. Cada uno tiene su historia, un motivo para sentir esta tristeza tan grande cuando podría vivirse con alegría.

Son estas personas en las que me quiero centrar un momento. Estoy casi segura que en el primer y el segundo caso alguna vez han tenido algún motivo para sentirse así o quizás hayan estado cerca, ya que puede ser que en muchas ocasiones se puedan mezclar sentimientos, sensaciones, pero éstas últimas lo viven a partir de un acontecimiento, de un suceso, de recuerdos…

Son días en los que uno recuerda más a aquellas personas que ya nos están entre nosotros, pero no lo están el día de su cumpleaños, en el nuestro, en una reunión familiar que siempre se celebraba… Y creedme, ¡yo los siento más cerca de mí que nunca! No nos sintamos en exceso esclavos del dolor de su ausencia, porque en la mayoría de los casos, estas fechas eran motivo de alegría para ellos, porque todos nos reuníamos alrededor de una mesa. Pues recordemos que, de alguna manera, ¡siguen en ella!

Otras personas quizá, no las ven con buenos ojos porque su presente no le acompaña para celebrarlas como en su pasado sí lo podían hacer. Los estragos económicos han hecho daño a muchas familias españolas, pero la Navidad no depende de la mayor o menor abundancia cuando se vive desde el amor, la compañía, el reencuentro, la fiesta. ¡Podemos ser ricos en su vivencia!

También existen las que es su primera Navidad con significativos cambios. Cambios sobre todo emocionales, cambios que afectan a uno mismo y quizá a otras personas indirectamente. A largo de ese periodo de transición se han tenido que aceptar otras variantes de vida, costumbres, momentos… Aunque hayan tenido que doler, hasta lo más profundo. Uno se debe reconstruir, volver a levantar cimientos y  emprender una nueva vida. Pero estoy casi segura que durante todo este proceso mucha gente les ha rodeado, han tenido hombros en los que apoyarse, han reído, seguro que llorado, han conocido nuevas sensaciones, lugares, personas y al final, ¡uno no está solo!

Pues sentid en Navidad  todo ese derroche de cambios, de amistades, transformad las fiestas en vuestras aliadas, vividlas como no lo habías hecho antes, y es que solo hay un cambio de escenario, porque os aseguro que las que no han cambiado son ellas. ¡Sentid el nuevo cosquilleo de estas fiestas y quizá os conquisten! Siempre hay motivos para la celebración.

Reconozco que yo soy una mezcla de estas tres personas, pero con la alegría y la paz como melodía de fondo. ¡Confieso que vivo con entusiasmo la Navidad, porque no sé vivirla de otro modo! La base de estas fiestas, es la alegría por la venida del Señor, Él siempre está presente en todas mis celebraciones y banquetes. A partir de ahí disfruto con las comidas y cenas que reservamos para estas fechas, las uvas, que confieso nunca he sido capaz de terminar, con los brindis de cava acompañados de buenos deseos, con el gentío por la ciudad que en estos días está más bella por las luces y árboles de Navidad que nos rodean, las entrañables visitas a belenes, reencuentros con la familia y amigos, la ilusión de pensar en qué detalle de Reyes voy a tener con… y rompiéndome la cabeza con cada uno de ellos. Pero claro está, que echo de menos a personas muy importantes en mi vida, que ya no se sientan en la mesa, y es curioso, pero en estos momentos las siento más cerca que nunca, y además las necesito sentir, esto me  hace estar tranquila, ¡sé que me siguen acompañando!

Daría oro por repartir gotitas y gotitas de ilusión navideña, de alegría y paz. Quizá nos debamos plantear el no dividirnos en personas que viven de modos diferentes estas fiestas, sino en empeñarnos en ponerle una sola cara a la Navidad, se me ocurre, la de la celebración.

Por este motivo, celebro con toda mi familia, amor, amigos existentes y los nuevos que este año me ha regalado, una Navidad llena de ilusión, alegría y paz, porque me he empeñado en repartir esas gotitas y contagiar esa felicidad. Eso sí, si no lo logro con alguien, el año próximo lo intentaré hacer mejor.

¡FELIZ NAVIDAD!

 

 Nos vemos el próximo 7 de enero de 2018, para compartir todas las metas, sueños e ilusiones que para el nuevo año nos hayamos marcado.

 

¡GRACIAS DE CORAZÓN A TODOS LOS QUE EN ESTE AÑO 2017 ME HABÉIS ACOMPAÑADO Y DADO FUERZAS PARA SEGUIR LUCHANDO POR MI DESARROLLO Y EL VUESTRO!

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

*Fuente de la fotografía, Carmen Prada

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Vanidad de vanidades

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Artículo publicado por Carmen Prada

La semana pasada estuve con una amiga que me hizo recordar una vez más el tema que voy a tratar hoy.

Hacía muy pocas fechas había fallecido su abuela, además de una manera repentina, lo cual todavía lo hizo más doloroso. Cabe destacar que mi amiga es una persona con un gran corazón, mucha humildad en combinación con su generosidad, y algo que impacta cuando la conoces es su belleza interior. Estaba muy apenada y llevaba días acompañada del llanto. Reconocía que tanto ella como su abuela -con la que su relación era muy cercana- eran conscientes de que en cualquier momento la llamada de la muerte tocaría a su puerta. Lo cierto era que su lamento iba más allá del deceso en sí, ya que era algo que por la muy avanzada edad de su abuela, tarde o temprano tenía que llegar, sino por el hecho de no haber tenido la oportunidad de acompañarla y cogerle de la mano en el momento final.

Entendí perfectamente ese dolor, ese lamento, esa espinita clavada… Porque a mí con mi abuela me ocurrió algo muy similar, y esa sensación me lleva acompañando desde entonces, diecisiete años… Pero con el paso de éstos, sorprendentemente te das cuenta que recuerdas momentos, palabras, sonrisas, situaciones… como antes no habías sido consciente, y parece que la persona que ya no está te acompaña más que nunca.

Estoy hablando de la muerte,  un tema tabú, casi prohibido en nuestra sociedad, tan libérrima y sin embargo tan inmadura a la hora de tratar cuestiones trascendentes y a la vez cotidianas.

Muchas veces no nos queremos dar cuenta que la muerte existe, sencillamente porque hemos vivido. Vivimos pensando que no nos tocará, que queda mucho, nos colocamos una venda en los ojos ante esa posibilidad, y eso nos aleja de la realidad, y en vez de prepararnos para afrontar esa realidad de una manera serena y madura, preferimos construir nuestra existencia sobre castillos de arena. No hay muerte, no hay sufrimiento, no hay dolor… Que los niños no vayan a los entierros, hay que sobreprotegerlos…

La vida es un caminar, y tiene principio y final. Entender esto, óntica y existencialmente, no solo de forma superficial o racional, debería ser asignatura obligatoria en la educación de los chavales.

A lo largo de este camino, que no sabemos cuándo va a llegar a su fin , vivimos muchas veces una vida desenfocada, egoísta, prepotente, soberbia, llena de materialismo, una vida egocéntrica…, sin pensar que tenemos compañeros de viaje a la derecha, a la izquierda, adelante y detrás… Y lo peor de todo, es que  a veces somos así con las personas que más nos acompañan con su amor.

 

Una palabra dura a destiempo, un gesto equivocado, un “despiste” que te pasa factura, el no tener tiempo nunca, el recurrir constantemente a la coletilla “no te preocupes, mañana…”, acompañar en las alegrías pero no acordarte en las penas, un consejo egoísta, la falta de un gesto de cariño que no se pide pero es necesario… Esta dejadez y egocentrismo nos lleva después a tirarnos de los pelos, a pensar; “ya es demasiado tarde y no estuve a la altura”. Este sentimiento será nuestro compañero durante nuestro propio caminar. Y es que, ¡la muerte existe! No pensar en ella, el creer que el mañana es un derecho en vez de un don, en que nada pasará factura… solo nos hace vivir en un engaño. Al final de ese camino está la muerte, que solo es el comienzo de un eterno caminar.

Vivamos sin pensar que hay mañana, atendamos sin demora las penas de los que nos acompañan, estemos atentos al dolor de los que nos quieren, no nos olvidemos de decir “te quiero”, practica “el deporte” del abrazo-beso, ten un gesto preparado de compasión, préstate sin que se te pida nada, no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, porque si no terminas la jornada sin hacer la paz, el día después es frío y duro y es más difícil hacer la paz…

 

Porque si nada de esto llevamos a cabo, es ahí donde realmente comienza nuestro terror a la muerte, por que seas creyente o no, en el fondo nos da miedo pensar que no hemos hecho los deberes, que no hemos levantado la vista más allá del cuello de nuestra camisa, y de repente se nos enciende una luz de alarma. ¿Qué he hecho con mi vida? ¿Qué va a ser de mí? ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Si te llegas a plantear estas preguntas, las respuestas están claras… Echarla a perder, tener un gran vacío interior…

¡Y estas respuestas sí que son crudas realidades, no la muerte!

 

La nobleza humana, es una buena compañía durante el camino, y además es capaz de secar lágrimas si éstas aparecen cuando el fin de la vida se asoma, pero, ¿cuántas veces nos encontramos con ella en el día a día cotidiano? Tristemente, pocas.

 

Miguel Delibes, nos dejó muchas enseñanzas con sus palabras, y entre ellas esta frase. “Al palpar la cercanía de la muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales”.

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

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El día que te das cuenta que eres HUMANO…

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Si eres de los que lees mis escritos habitualmente, a estas alturas ya te habrás dado cuenta que en cada uno de ellos la menor parte es teoría y la mayor experiencia.

Me resultaría tremendamente difícil e incómodo tratar un tema determinado si lo que me sé muy bien es la teoría pero de práctica nada de nada. Creo que hasta me sentiría un tanto hipócrita.

Dicho esto, hoy me gustaría comenzar con una pequeña pero profunda pregunta, para que reflexiones al respecto, ¿cuándo fue la última vez que te acordaste de ti? Sí, ese día o momento, o vivencia a partir de la cual como PERSONA pasaste a ser la prioridad número uno en tu propia vida.

Reconozco que en 40 años, me ha pasado en más de una ocasión olvidarme de mí, aunque en realidad creo que más o menos nos puede suceder a cualquiera en momentos puntuales, como cuando te vuelcas en algo o estás preocupado por una determinada situación ajena.

Pero lo cierto es que muy recientemente me he dado cuenta de que ¡SOY HUMANA!

Cuando un maravilloso día di el paso de dedicarme a una de mis principales pasiones, LAS PERSONAS, pensaba que todo aquello que se derivase de mi profesión sería una bendición.

Vivo el día a día volcada en poder ayudar a las personas a cumplir metas, sueños, objetivos. A intentar transmitir cosas positivas y mi sonrisa para que se convierta en algo contagioso. Es cierto que soy una persona sanamente ambiciosa, que no me pongo límites, no renuncio a ninguna posibilidad de crecimiento, y si encima éste lo experimento con otra persona o un grupo, ¡mucho mejor!

Realmente me siento muy afortuna por poder realizar algo que amo y por lo que cada mañana me levanto entusiasmada, y que me aporta gran felicidad, que compensa sacrificios y dificultades.

Evidentemente, trabajar con personas, empresas y profesionales, son emociones, situaciones, circunstancias que en algunas ocasiones caminan contigo cada día, y sin darte cuenta pueden llegar a provocar un desapego de uno mismo.

¿A dónde quiero llegar? ¡Que muy recientemente me olvidé de mí pensando que yo podía esperar! Y claro, el cuerpo, que es muy sabio, tras previos avisos me ha terminado por decir “¡Carmen, hasta aquí!” Y es cierto, durante estos días de conversación profunda conmigo misma, emocional pero también racional, sin poder levantarme de la cama ni apenas moverme, he llegado a muchas conclusiones:

  • todos necesitamos nuestros momentos, momentos de estar a solas con uno mismo;

 

  • debemos intentar abrirnos más en cuanto a emociones y pensamientos con las personas que nos rodean y nos quieren;

 

  • debemos atender a los pequeños avisos que el cuerpo nos da, sin forzar en exceso la máquina, pues se termina pagando;

 

  • haz ver que tú también eres importante, y procura que los demás lo entiendan;

 

  • exigirse a uno mismo es bueno en su justa medida, pero no nos pasemos de rosca, y menos aún sin que nadie provoque esa exigencia, pues solo conseguiremos llegar a límites extremos de estrés, agotamiento y frustración;

 

  • de igual modo que debemos priorizar en el ámbito profesional, debemos saber hacerlo también en el personal;

 

  • si nosotros estamos bien, en todos los sentidos, podremos dar mayor calidad de emociones y acompañamiento a los demás;

 

  • debemos pensar que la vida es para vivirla y no para castigarnos por no ser perfectos, ¡vive en paz con tus limitaciones e imperfecciones!

 

No nos olvidemos que somos HUMANOS, con grandes capacidades y potencialidades, pero no omnipotentes ni omniscientes, y desde luego dejemos de pensar que nos hemos de convertir en máquinas. Porque lo que proyectamos en nuestra mente, es lo que llevamos a cabo en nuestra vida.

Vivimos rodeados de compromisos, de obligaciones… Pero difícilmente todo esto lo llevamos a nosotros, a un compromiso firmado y sellado con nosotros mismos de cuidarnos.

Obviamente, cada persona es un mundo, pero quizá varios de los que hoy me estáis leyendo sois de esos a los que les faltan horas en el día para hacer un montón más de cosas. Cuidado, no vaya a ser que muchas de esas cosas ni os correspondan ni os merezcan de verdad la pena.

 

No desatiendas tus quehaceres, pero no olvides que tú eres más importante que dichas labores, y que la felicidad se encuentra en tu interior cuando éste está armonizado con todo lo externo.

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pinterest.es

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Me encuentro perdido, ¡no sé por dónde tirar!

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Artículo publicado por Carmen Prada

“Tu vida no está tan determinada por lo que te trae la vida como por tu actitud ante ello; no tanto por lo que te ocurre como por la forma en que miras lo que te ocurre”. Khalil Gibran.

No sé vosotros, pero yo me estoy encontrando gente a mi alrededor que no halla su lugar. ¿Lugar? Sí, grandes profesionales que ha llegado un momento en sus vidas en que se sienten perdidos, desubicados, desorientados… No encuentran esa luz que en muchas ocasiones buscamos al final del túnel.

Humildemente pienso que existen varias razones para que esto pueda llegar a sucedernos:

  • hay algo evidente, y es que la crisis no está ayudando. La cantidad y calidad de la oferta laboral está a años luz de lo deseado.

 

  • Obcecarnos en esa profesión a la que hemos dedicado media vida y no salir de esa “habitación” nos limita mucho.

 

  • La situación económica dentro de los hogares nos condiciona en algunos casos para dar ese salto en que llevamos tiempo pensando, pero las circunstancias no acompañan.

 

  • La edad, la dichosa edad, pues depende en la franja en la que te encuentres que quizá no sabes muy bien en tierra de quién estás, o ni siquiera si tienes tierra firme. Si uno se encuentra entre los 35-55 años, da la sensación que todo lo que tiene que ver con las alternativas laborales e incluso cursos, está diseñado para antes o después de esas edades.
  • Las emociones en cada uno de nosotros están a flor de piel. Miramos a nuestro alrededor y vemos nuestro entorno, y acabamos viendo a través de unas lentillas de un color poco aconsejable, y nos cuesta quitárnoslas.

Podría seguir y seguir, pero estoy segura que mientras estáis leyendo, a vosotros mismos os están viniendo a la cabeza limitaciones, miedos, incluso personas que provocan esta desorientación.

Tenemos que tener siempre claras tres cosas en esta vida, y si por un momento nos distraemos, pongámonos enseguida en su búsqueda:

  • de dónde venimos. Cuál ha sido nuestro camino hasta el día de hoy.

 

  • En qué momento nos encontramos. Busquemos dentro de nosotros, y aunque en ocasiones hurgar duele, hagamos ese ejercicio. Busquemos el momento y el lugar, y si no lo conseguimos, debemos seguir haciéndolo hasta encontrarnos. ¡Es clave!

 

  • Y hacia qué o dónde nos queremos dirigir. ¡Cuál es el camino que debemos recorrer hasta lograr esa meta en la que estamos pensando desde hace tiempo!

Muchas de las personas que conozco se siguen reciclando, han comenzado a cursar másters, talleres, cursos… ¡Se siguen cultivando, eso es magnífico! Pero quiero dejar unas preguntas en el aire, ¿toda esta formación os hace el camino que queréis recorrer un poquito más sencillo? ¿Ese es el motivo?

¿Tendremos más oportunidades cuanto más preparados estemos en diferentes frentes, para todo lo que se tercie laboralmente?

Quizá esta diversidad de formación que vamos acumulando en diferentes materias dispares, sea una válvula de escape para utilizar esa famosa frase de “por si acaso…”, sin darnos cuenta que puede ser que estemos perdiendo de vista dos de los puntos clave que siempre debemos tener presentes y anteriormente nombraba:

  • en qué punto nos encontramos.
  • Y hacia dónde nos dirigimos.

Es cuando llegado este punto nos preguntamos, ¿pero qué estoy haciendo? ¿Todo esto tiene sentido? Y se escucha esa frase a la que tanto se recurre, “tanto me he preparado y nada de nada”.

 

¡Debes tener claro tu objetivo! No sigas dando palos de ciego, la formación es muy importante, pero cuando uno llega a este punto, en algún momento aparece un estado de frustración, fruto de lo que mucho que hemos sembrado –cabe la posibilidad que equivocadamente- y lo escaso que estamos recogiendo.

Tampoco debemos pecar en querer abarcar a la vez actividades de distinta índole. Al final lo que conseguiremos es dispersarnos y tener la sensación de no estar haciendo nada. Simplemente estamos lanzando varias flechas en sentidos diferentes. Ya sabéis, el que mucho abarca, poco aprieta, como dice el sabio refranero.

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Con todo lo anteriormente mencionado lo único que quiero transmitir es que debemos fomentar la confianza en nosotros mismos, creer en nuestras posibilidades, ser capaces de marcar la diferencia entre los demás, y eso nos lo aporta nuestra propia marca personal, tener claro el horizonte hacia el que nos queremos dirigir, ser conscientes de que no se ganó Zamora en una hora, hemos de mostrar nuestra valía y experiencia como si llevásemos esos galones colgados de la solapa de la chaqueta, sin pudor ni vergüenza a enseñarlos.

Tenemos mucho que aportar al mundo laboral, y por encima de todo, hemos de intentar disfrutar de este recorrido, dejando de sufrir por el que hasta ahora estábamos recorriendo.

¡Fuera frases negativas!:

  • ya no puedo más…
  • No veo ninguna solución…
  • Me dan ganas de tirar la toalla…
  • Me siento un inútil…
  • A esta edad todo se complica…

 

Estas sí son frases que cada mañana, cuando pongas el primer pie fuera de la cama y te dirijas al baño, debes ver en el espejo en el que te reflejas:

  • ¡hoy puede ser ese día que llevo tiempo esperando!
  • ¡Voy a demostrar lo que valgo, porque sé que es mucho!
  • ¡Ayer ya pasó, hoy se van a presentar más oportunidades!
  • ¡En ganas, ilusión y sacrificio no me va a ganar nadie!
  • ¡La palabra derrota no está en mi diccionario!
  • ¡Voy a salir a buscar esa oportunidad que sé existe para mí!

Cree en ti mismo, porque si lo haces los demás también lo harán. No les darás opción a dudar de ti si transmites fuerza, coraje y autoconfianza.

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Orgullosa y avergonzada. Y en perfecta coherencia.

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Por Carmen Prada

He escrito recientemente sobre el panorama político, lo que no es habitual en mí, pero la actualidad manda y nos afecta a todos, de un modo u otro.

En las últimas semanas, parece que los acontecimientos han despertado el sentimiento de orgullo de ser español. Abundan las banderas rojigualdas en los balcones de toda la geografía nacional, también en Cataluña. El pasado domingo 8 de octubre se produjo una multitudinaria manifestación en Barcelona por la unidad nacional, y soy consciente de que los sentimientos están muy a flor de piel, lo que siempre resulta peligroso, pues aunque éstos existen de todos los colores, ese no es el problema. El problema es que donde abundan los sentimientos deberían sobreabundar la reflexión y la razón. Y la realidad no suele ser esa.

Como ya he dejado claro en escritos recientes, mi patriotismo lo siento y entiendo mucho más allá de una bandera, sin menoscabo de que los símbolos tienen su sentido e importancia, y yo me emocione con la de España, y con el himno, y me ponga la camiseta para apoyar a la selección, claro que sí. Pero sin fanatismos. Sin vendas en los ojos. En clave de pluralismo y diversidad, agradecimiento y responsabilidad.

Puedo decir que tengo motivos sobrados para sentirme orgullosa de ser española. E igualmente, los tengo para sentirme avergonzada. Y me siento ambas cosas.

Cuando una persona se encuentra ante la tesitura de aceptar o no una herencia, ha de valorar muchas cosas. Pero si finalmente la acepta, asume lo mejor y lo peor. Puede ser que se trate de un valioso patrimonio. Pero también puede ser que la herencia venga cargada de deudas. Pues bien, lo que ni es coherente ni legal es quedarse solo con lo bueno y renegar de lo malo. Si aceptas, aceptas el paquete entero. Así está establecido por nuestro ordenamiento jurídico. Y es lo lógico.

 

Un adolescente puede ser en el instituto un alumno brillante y respetuoso con sus compañeros y profesores. Pero puede igualmente actuar de forma descontrolada el fin de semana, practicar el botellón en el parque, orinar en la acera, deambular en estado de embriaguez y propasarse con alguna chica. Y estos casos existen.

¿Sería coherente que los padres de la criatura sacaran pecho, henchidos de orgullo, por ser su hijo un alumno ejemplar, pero no asumieran su grado de responsabilidad en relación a sus gamberras andanzas?

 

Decir que me siento orgullosa y avergonzada de ser española no implica contradicción alguna. En realidad, es un verdadero ejercicio de coherencia, pues solo se es coherente cuando se asumen las luces y las sombras de nuestra realidad.

Acepto la herencia recibida, e intento poner cada día mi granito de arena para construir una mejor sociedad, pues nuestra vida y la de las futuras generaciones dependerán de nuestros pequeños actos, no solo de decisiones geopolíticas de gran alcance.

 

He nacido, me he criado, vivo y trabajo en España, me enorgullece ser receptora de su rica cultura, su milenaria historia, su  compleja y enriquecedora diversidad, sus playas y montañas, su magnífica gastronomía, el legado que a lo largo de los siglos ha enriquecido el hemisferio occidental, su tradición misionera por los cinco continentes, su lengua que une a cientos de millones de personas y decenas de países, su liderazgo mundial en donación de órganos, su apertura y hospitalidad, su juerga y cachondeo, sus bailes, melodías y canciones, su capacidad de emprendimiento, su presencia protagonista y exitosa en el deporte internacional… Y por mis amigos, y mi familia, y tanto y tanto y tanto… ¡Qué orgullo!

Desde que tengo uso de razón, presencio como ciudadana el lamentable y agotador espectáculo de un país cainita, enfrentado  por guerracivilismos tan trasnochados como innecesarios, que acostumbra a admirar lo ajeno y a minusvalorar lo propio, que comulga progresivamente con estúpidas tradiciones que no son las nuestras, como veremos pronto con el vomitivo Halloween, pero que se resiste a tener el nivel de inglés del resto de Europa, como si lo que necesitásemos fueran zombis y no dominar como propia la lengua franca de nuestra época. Un país salpicado por toda clase de corruptelas, pero en el que el ciudadano solo se rasga las vestiduras cuando el corrupto es el vecino o el rival político, pues no hay voluntad de autocrítica sincera, sociedad enferma de ombliguismo. Y más, y más, y más… ¡Qué vergüenza!

 

Podría alargar mucho más los dos párrafos anteriores, pero no pretendo con este humilde artículo hacer una radiografía sociológica de algo tan complejo, y en cierto sentido misterioso, como es mi querida España. Querida, y mucho, con sus luces y sombras. Ni siquiera, aunque no lo parezca, es la política la cuestión de fondo de este artículo.

En realidad, sobre lo que os invito amistosamente a reflexionar, es sobre lo fácil que es autoengañarse cuando ponemos la vista solo en lo que nos gusta y resulta agradable.

No sé si alguna vez lo habéis cantado, aquello de “¡Yo soy español, español, español!” Yo sí, celebrando triunfos deportivos, por ejemplo. Pero también soy española cuando en mi país, mi ciudad o mi barrio se producen acontecimientos vergonzosos. Y como he decidido, libre y democráticamente, no vivir en una burbuja, sino que acojo la herencia recibida, me siento orgullosa y avergonzada, a la vez y según el caso. Y siempre, con mis limitaciones e imperfecciones, intento ser una buena ciudadana del mundo, una buena española, una buena persona. Sin fanatismos. Pero sin temor a que me tilden de esto o aquello. Sin complejos.

Y para quien piense que lo que uno haga de poco sirve, acabo con una sabia reflexión de un referente para mí de primer nivel. Alguien que siempre con amor miró a los ojos a sus semejantes, sin preocuparse de nacionalidades, razas o credos.

A veces sentimos que lo que hacemos no es más que una gota en el océano, pero el océano sería más pequeño si le faltara esa gota. Santa Teresa de Calcuta.

 

 

 

 

 

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Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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¡Reto a la vista!

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Por Carmen Prada

 

Pues sí, cuando se sueña, en muchas ocasiones cuando uno pone de su parte, sacrificio, entrega, pasión, reciclaje continuo, tenacidad… ¡Se cumplen esos sueños!

Cuando un bendito día decidí dedicarme a lo que ahora me dedico, que no es a otra cosa que a las PERSONAS, es porque sabía que este realmente podía ser el camino para lograr algo que muchos creen imposible, ¡disfrutar de lo que hago!

Evidentemente tenemos que ser pacientes, ir pasito a pasito, teniendo las ideas y prioridades claras, y sobre todo, con mucha humildad.

Al final del camino que con arduo derroche has sembrado, seguramente te vaya a estar esperando el fruto.

Me gustaría dar las gracias a Alcalá Desarrollo y a la ciudad de Alcalá de Henares por contar conmigo para participar como ponente en un evento como es el que se va a desarrollar el 19 de octubre en el Espacio de Iniciativas Empresariales (C/ Blas Cabrera Infante, 23), que acogerá la I edición de #El Foro de empleo y emprendimiento, a través del cual se pretenden crear herramientas útiles para que tanto las personas que se encuentren en búsqueda activa de empleo, como aquellas que quieren crecer profesionalmente, logren sus objetivos. Se contará para ello con profesionales que formamos parte de La Nueva Ruta del Empleo, que por cierto te invito a que visites su web, porque estoy segura te va a sorprender.

 

La ponencia que impartiré llevará como título “Qué tener en cuenta antes de emprender”. Para me entendáis, antes de tirarme a la piscina…, me voy a asegurar que haya agua. Mi ponencia dará comienzo a las 10.45 horas, pero es que habrá varias salas para poder encontrar respuesta a eso que te está dando vueltas en la cabeza y que no encuentras.

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Desde luego que no os diré cómo enfocaré mi ponencia, ¡pero lo tengo claro! Y por este motivo me gustaría que acudieses si tienes la posibilidad, eso sí, sacando tu entrada gratuita a través de Ticketea en http://ow.ly/SfSj30fEHhO .

¿Qué profesionales te vas a encontrar?

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Disfruta del empleo y el emprendimiento de un modo diferente, quizá allí encuentres cosas que te sorprendan. ¡Yo estoy segura que lo haré!

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Sé tú, auténtico y sin imitaciones

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Por Carmen Prada

 

A menudo nos quejamos de lo que no tenemos y nos gustaría poseer.

Habitualmente, muchos de nuestros deseos insatisfechos están la línea de lo superficial y material. Cuántas veces hemos escuchado a alguien expresar su deseo de ser más alto, tener una mejor figura, más dinero, mejor coche, una mansión, un premio de lotería…

Imagina por un momento que se te aparece el genio de la lámpara y te concede 3 deseos. Sé sincero, no te engañes, ¿qué le pedirías? Sí, lo del genio es un cuento, claro, pero lo importante no es eso, sino que te sinceres contigo mismo, y concretes por orden tus prioridades. ¡Te invito a este pequeño ejercicio!

Pues os voy a ser sincera, nada de lo que no soy o no tengo, me haría más feliz.

Tenemos que ser conscientes de que en la vida hay cosas y personas que nos acompañan en ésta, porque nosotros mismos lo hemos decidido. Hay situaciones que vienen provocadas por nuestras elecciones en algún  momento dado. ¿Que a veces nos gustaría dar marcha atrás al descubrir las consecuencias? ¡Pues claro! Pero es que el que decide también se equivoca.

Realmente lo único a lo que quiero aspirar es a ser yo misma, natural, auténtica, cercana… Lo demás me sobra.

Podría estar bien, no lo sé, ser rubia, o más alta, o tener un sueldo seguro cada mes… Pero de estas tres opciones que he barajado, ser rubia y tener un sueldo seguro cada mes, ya he decidido con libertad sobre ello. Y es que no me voy a teñir de rubia, sigo siendo morena, y como he emprendido con toda la ilusión mi propio negocio, mi sueldo no está garantizado. Y no me quejo. Sobre lo de ser más alta, anda que no le he sacado yo partido a esto de ser bajita, ¡si es que soy capaz de meterme en cualquier sitio!

 

De verdad, ¿por qué pensar tanto en lo que no somos ni tenemos, en vez de valorar realmente lo que sí?

Mira a tu alrededor, ¿te has parado alguna vez a pensar en todo lo bueno que has construido? Y también, ¿en todos los errores que has cometido para ser mejor?

Hay padres que inducen a los niños desde bien pequeños, de algún modo, a querer ser de mayores como Cristiano Ronaldo, Miley Cyrus… Seguramente, sería más provechoso sentarse con los pequeños y decirles que realmente lo importante es que en un futuro sean nobles y auténticas personas.

 

Sí, es cierto, esos famosos ganan mucho dinero, son personas de éxito, pero todos sabemos que detrás de muchos de ellos se esconden grandes dramas personales e insatisfacciones vitales. Tampoco pueden disfrutar de algo tan hermoso como el anonimato, y en no pocas ocasiones han de seguir un guión preestablecido que les impide ser auténticos, para así no perder contratos o seguidores. Muchas veces, son esclavos de su propio éxito. Algunos no me creerán, pero no siento ninguna envidia por ellos, más allá de que la envidia nunca es sana.

 

Busquemos dentro de nosotros mismos, saquemos a flote todo lo bueno que poseemos y disfrutemos de ello. Seamos conscientes de nuestras limitaciones, aunque a veces resulte duro, pero no nos pasemos la vida persiguiendo la da otras personas, porque entonces lo que estaremos haciendo es perdernos la nuestra propia.

 

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  • Caminemos hacia nuestros propios sueños.
  • Disfrutemos de los pequeños momentos.
  • Tengamos poder de decisión.
  • No busquemos ser una sombra de otra persona.
  • Vivamos nuestra propia vida.
  • No tengamos miedo a errar, nos ayudará en este arduo y largo camino.
  • Contagiemos a los demás de nuestra autenticidad aceptando a cada cual como es.
  • Sepamos agradecer el legado de nuestros mayores, y procuremos dejarle a las generaciones futuras un mundo mejor.

 

 

No negocies tu autenticidad a cambio de una mirada de aprobación. Jorge Bucay.

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pinterest.com

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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