La urgencia de un proyecto de construcción de una sociedad rota

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Artículo publicado por Carmen Prada

“Es más fácil construir niños fuertes que reparar hombres rotos”.Frederick Douglass

 

Disculpad que saque mi raíz y vena futboleras, en el más amplio sentido de la palabra en ambos casos.

Deseo compartir aquí y ahora con todos vosotros algo que muchas de las personas con las que me relaciono habitualmente ni saben, y es que durante gran parte de mi adolescencia y primera juventud desarrollé la actividad arbitral en el fútbol. Confieso que algo de “culpa” en todo esto tuvo mi padre, pues mi hermana y yo comenzamos en ese mundillo influenciadas sin duda por el hecho de haberlo acompañado muchas veces a los partidos que él durante años dirigió cada fin de semana, en categorías y campos modestos, en los que el árbitro se encontraba expuesto a todo tipo de incomprensiones y cosas peores, como podéis imaginar.

Recuerdo aquella etapa de mi vida con cariño, aunque en cada partido escuchaba barbaridades, y seguramente más por ser mujer. Frases como “estás mejor fregando los cacharros”, “a ti te hacia yo mujer”, “vete al puticlub y ganarás más”, y otras mucho peores que prefiero no reproducir, eran habituales. Pero quizá lo más curioso y triste es que no pocas veces eran mujeres las que proferían las expresiones más machistas.

También he de advertir que los espectadores participaban muy activamente en esa violencia verbal, que era tolerada con naturalidad, y también los conflictos y trifulcas entre los jugadores eran habituales.

Paradojas de la vida, hace casi diez años, retirada ya por completo del mundo arbitral, conocí a un chico con el trabé una gran amistad. Era y sigue siendo árbitro. Y además, desde hace casi un lustro es mi esposo.

Me ha contado muchas anécdotas vividas en primera persona, y aunque en comparación con lo que ocurría hace más de dos décadas, cuando yo arbitraba y él jugaba al fútbol, las cosas algo han mejorado, los episodios de violencia en el deporte se siguen produciendo con demasiada frecuencia. Quizá pase como con la violencia doméstica, salvando las distancias. No es que haya ahora más que en tiempos de nuestros padres y abuelos, pero sí hay más sensibilización y repercusión mediática al respecto. Y, al igual que con la doméstica, hay muchísimo camino por andar para erradicar esta lacra de nuestra sociedad.

Llevamos una temporada escuchando y viendo imágenes sobre hechos tan lamentables como que en partidos de categoría infantil los padres se enfrentan unos a otros llegando incluso a las manos. De todos estos hechos vergonzosos, han salido heridos y actuaciones judiciales. Los moratones y las contusiones son daños físicos con tratamientos conocidos y concretos, pero hago una pregunta; y los daños en la retina de muchos hijos, llantos y decepciones, ¿esos quién los va a reparar?

 

Hoy en día queremos ganar y ser los mejores, que se nos vea, llamar la atención, estar por encima de cualquiera… ¡En todo y a costa de cualquier cosa!

Toda esta violencia en la sociedad la respiramos cada día, no sé si somos del todo conscientes.

Entre los más jóvenes nos estamos encontrando con auténticas tragedias, incluso llegando a suicidios al sufrir el llamado bullying, un acoso físico y/o psicológico al que someten, de forma continuada, a un alumno sus compañeros.

Nos vamos al terreno profesional, y las injusticias y abusos aparecen como una plaga. La falta de respeto y de dignidad están a la orden del día.

  • Contratos de trabajo abusivos en los que todo vale, y si no te conviene hay muchos en la cola del paro.

 

  • Faltas de respeto por parte de cargos intermedios o incluso el propio empresario, viviendo a diario bajo la amenaza de perder el puesto de trabajo.

 

  • Las desigualdades salariales y de oportunidades por razón de sexo.

 

  • La relación con los compañeros… Es sano la competitividad, pero, ¿sabemos medir el grado? Cruzar la línea roja es muy fácil cuando lo que quieres conseguir es a costa de todo y todos.

 

  • El escaso valor que se le da a la experiencia, buscando perfiles que se pueden definir claramente: menores de 40 años. Se acostumbra a discriminar de este modo y dejar a un lado a personas que podrían tener un peso importante dentro de la empresa, cómo no, junto a esos “otros perfiles” con tanta demanda en estos momentos.

Y es que en nuestra vida personal nos sucede lo mismo, seguimos compitiendo salvajemente.

Se compite por tener mejor móvil que el amigo. Por irnos de vacaciones cada año y hacer eco con todo detalle para mostrar así el poder adquisitivo que tenemos. Si el mejor amigo de mi hijo tiene las últimas zapatillas deportivas que han salido en el mercado, el mío las tiene que tener también, que no se diga…

¿Dónde han quedado los verdaderos valores? Es algo a reflexionar por todos, yo me incluyo.

Estamos construyendo una sociedad basada en el materialismo, en el ansia de poder, el egoísmo, sin parar a pensar que vienen otras generaciones detrás a las que se lo estamos poniendo muy difícil. Y difícil por comportamientos que no se entienden, pero que ya empiezan a ver como normales, por la cotidianidad con que los viven.

Planes de estudio en los que las humanidades tienen cada vez una presencia más marginal, abundancia de familias desestructuradas, nuevas formas de violencia por el mal uso de las nuevas tecnologías, pérdida generalizada del sentido de la trascendencia, una sociedad más interconectada en la que las personas a su vez viven una mayor soledad por la superficialidad imperante que lleva al “consumismo de relaciones fugaces”…

Y sin embargo, no hay que perder la esperanza. También es más fácil encontrar personas dispuestas a no dejarse arrastrar. Puedes relacionarte con gente de los cinco continentes a golpe de clic, las posibilidades de llevar adelante proyectos aumentan, todo es más fácil si se tienen en cuenta las herramientas con las que contamos y se utilizan adecuadamente. Pero no pongamos nuestra fe en las tecnologías. Al final, son las personas lo realmente valioso e importante.

 

No renunciemos nunca a ver en cada una de ellas un motivo para seguir creyendo que merece la pena, pero eso sí, desde el realismo, y sin miedo a poner nombre a cada una de las violencias y miserias que tenemos que enfrentar cada día en este mundo gris en el que, gracias a Dios, mañana de nuevo saldrá el sol.

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Pixabay

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El coraje es una decisión

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Artículo publicado por Carmen Prada

A menudo me llegan ofertas de empleo y colaboraciones por diferentes medios cada semana. Pero he de reconocer de muchos de los proyectos que me presentan no creo en ellos, con lo cual aceptar algo en lo que no veo una  lógica, sería  incompatible con mi coherencia, por otro lado llegan ofertas con tintes lejos de lo profesional… Otras, que “la carta de presentación”, en sí de la empresa deja mucho que desear, y también es cierto que otros los voy dejando porque quizá no es el momento pero nunca los descarto…

Hace varias semanas, contacto conmigo una persona que así se considera antes que empresario, interesado en mí profesionalmente. Desde el inicio le hice saber que el proyecto me parecía atractivo, le veía cosas, maneras…

 Durante unos días hemos intercambiado aun si caben más dudas, reflexiones, opiniones, sugerencias… Y es en ésta, cuando hemos hablado del proyecto con mayor profundidad. Me comentó algo que me hizo saber el porqué, de que este proyecto sintiese que tenía algo diferente al resto y lo que me dijo fue; “soy humilde pero muy honrado”. Puede sonar a frase hecha pero tras saber cómo su idea nació, las dificultades que se ha podido encontrar, desencuentros, decepciones… Y que vaya por delante, -no tiene cualquier cosa-, sino nada más y nada menos que un proyecto inteligente, de futuro, y con un logro muy importante que es, la confianza y unión de las personas que como reitera; “son una parte muy importante de él”.

Como a muchos por desgracia, la crisis le azotó y fue una crisis en muchos sentidos – económica, social, familiar, enfermedad…- Y lo cierto es que en algunos casos, y -no hablo en concreto de éste- cuando uno está en lo alto, cuando piensa que el bien material lo tiene cubierto, cuando no hay necesidades por cumplir, y los euros tapan “otras miserias”… Nada nos parece tan grave.

Son muchos los empresarios y profesionales que han tocado la cima en momentos de bonanza, que el camino hacia ella les ha acompañado, sin ser conscientes  de que la soberbia, la altanería, el egocentrismo, egoísmo… Han sido sus compañeros de viaje y han podido hacer en ellos estragos ya han vivido una vida que no les ha presentado la otra realidad de ésta que también existe que es, la dureza.

Es muy fácil subir, mirar por encima del hombro, llegar a creerse Dioses y tratar a los que están a su alrededor con un despotismo desmesurado sin darse cuenta que el recorrido de la vida es largo y acabas encontrándote con muchos cruces y en ellos, personas que conocías…

Son pocos o casi nadie, y os aseguro que conozco unos cuantos… Que siguen sin aceptar que su pedestal ya no es el mismo, el nivel no lo pueden mantener, que quizás deban de llamar a puertas que antes ellos tenían que abrir y ahora tendrían que esperar lo contrario, son incapaces de someterse a una conversión de humildad, su corazón aunque sufra no lo muestran sino todo lo contrario, siguen viviendo una vida irreal, la soberbia la siguen llevando por bandera… Y no son conscientes, de mirar atrás, verse a tiempo real y hacer una autocrítica, levantar la mirada de la zona ombligo o mantenerla a la altura de los ojos de la persona que tienes en frente porque señores, en esta vida hay que saber ganar pero también aceptar una derrota y es que tanto el éxito como el fracaso hay que equiparse de mucha, mucha humildad.

Este acto, seguramente no sea fácil pero sin duda estoy segura que te tiene que hacer crecer, valorar situaciones, momentos, acciones, sensaciones… En los que antes ni se reparaba. De estos actos, nacen nuevas personas, valores, sentimientos… Y es que la persona que me ha inspirado a escribir esto, me ha hecho creer y es que lo necesitaba que la humildad desde el todo hasta el poco, sigue existiendo. Que de ella nacen ilusiones, pasiones, proyectos, metas, caídas y vueltas e empezar, amar todo aquello que te rodea… Y es que en este caso las fuerzas, se las han dado sus hijos, su familia, amigos, “algo que no se ve pero se siente”…, y es que cuando por momentos quieres tirar la toalla te das cuenta que existen un montón de motivos por los que seguir, y  por los que seguir luchando.

Claro que hay que luchar, pegarse cada día con la vida, patalear, caerse, sudar… Pero, ¿quién nos dice que de todo sufrimiento y dolor no va a nacer algo bonito? ¿Qué la vida nos va a enseñar algo nuevo?

A mí me has dado una lección, me has hecho ver que hasta las derrotas más crueles se pueden vestir de colores y no sé, cual será mi camino… Pero algo si puedo decir y es que, todo proyecto que nace desde la humildad del corazón, tiene éxito garantizado y para mí, ya has llegado a ese podio.

Os dejo con esta breve reflexión; el miedo es una reacción y el coraje una decisión… ¡Podría estar hecha a medida de los hombres coraje, como tú!

 

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Pixabay

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Heridas que dejan huella

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Artículo publicado por Carmen Prada

Vivimos con tanto frenesí, que no reparamos en muchas ocasiones en el daño que podemos causar a otras personas, pero tampoco nos percatamos del que nos causamos a nosotros mismos. Dependiendo del grado de las heridas, con el paso del tiempo pueden suceder dos cosas:

  • que cicatricen;
  • O que sigan como en un comienzo, provocando dolor.

Me gustaría presentar esta reflexión mediante un cuento, espero que lo disfrutéis y lo reflexionéis.

“Había un niño que tenía muy mal carácter. Un día, su padre le dio una bolsa con clavos y le dijo que cada vez que perdiera la calma debía clavar un clavo en la cerca de detrás de la casa.

El primer día, el niño clavo 37 clavos en la cerca. Pero poco a poco fue calmándose, porque descubrió que era mucho más fácil controlar su carácter que clavar los clavos en la cerca. Finalmente, llegó el día en el que el muchacho no perdió la calma para nada y se lo dijo a su padre, y entonces éste le sugirió que cada día que controlara su carácter debía sacar un clavo de la cerca. Entonces el padre llevó de la mano a su hijo a la cerca de atrás.

  • Mira, hijo, has hecho bien, pero fíjate en todos los agujeros que quedaron en la cerca.

La cerca nunca será la misma de antes. Cuando dices o haces cosas con mal genio, dejas una cicatriz, como este agujero en la cerca. Es como meterle un cuchillo a alguien: aunque lo vuelvas a sacar, la herida ya quedó hecha. No importa cuántas veces pidas perdón: la herida está allí. Y una herida física es igual de grave que una herida verbal. Los amigos son verdaderas joyas a quienes hay que valorar. Ellos te sonríen y te animan a mejorar. Te escuchan, comparten una palabra de aliento y siempre tienen su corazón abierto para recibirte”.

En ocasiones nos dejamos llevar por momentos personales que nos hacen sentirnos mal, nos encontramos con la frustración, con la falta de fuerzas, nos acompañan y vamos cargando con piedras en esa bolsa que llevamos y nos acompaña cada día y nos dificulta el caminar, ¿y que produce todo este agotamiento ante la vida? Intentar tirar esas pequeñas piedras fuera de la bolsa en la dirección en la que están las personas que más nos quieren y nos acompañan en nuestro día a día.

Nos dejamos dominar por pensamientos negativos, pronunciamos frases del tipo “¡todo me pasa a mí!”, “¿qué habré hecho yo para merecer esto?”, “¡todos parecen estar en mi contra…!” Y es que al final hacemos culpables a los demás de todo lo que nos sucede.

En momentos de tensión, esos que nos hacen llegar al límite, muchas veces sin ser conscientes, en ocasiones hacemos daño a los demás, y podemos producir heridas que quizá cicatricen, pero el dolor de las mismas ha sido sufrido. También puede suceder que haya otras que no lleguen a ser curadas, que nos lleven al arrepentimiento más absoluto pero no alcanzamos a repararlas.

Las personas que nos rodean y nos quieren, no son precisamente a las que tenemos que corresponder con culpas o heridas, sino más bien con demostraciones, sin que se queden en simples palabras o promesas, de lo importante que son para nosotros.

Porque si no pensamos antes de actuar, no tenemos en cuenta el dolor de terceros, si no valoramos lo que tenemos…, terminaremos quedándonos solos.

Está claro que el daño se puede producir en cualquier instante y de un modo rápido, mientras que su reparación nos va a costar más y eso en el mejor de los casos.

Llegados a este punto dejo dos preguntas en el aire: ¿realmente somos conscientes de que para hacer el bien a los demás, debemos estar a gusto con nosotros mismos?; ¿y que es vital conocernos en profundidad y ser humildes para de este modo poder gestionar mejor nuestras emociones?

“Voy a pasar por esta vida solo una vez. Cualquier cosa buena que yo pueda hacer o alguna amabilidad que pueda hacer a algún humano, debo hacerla ahora, porque no pasaré de nuevo por aquí.”  Santa Teresa de Calcuta

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Pixabay

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¡Las destructivas etiquetas!

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Quizá lo que escriba a continuación sea un intento de mostrar sensatez y sensibilidad, o más bien, ¿una necesidad imperiosa de dar un grito al aire y expresar mis emociones y sentimientos hacia una realidad social atroz?

Hace poco me encontré en una red social lo que una joven de 14 años había compartido en su muro. Os puedo decir que me partió el alma, pero esta es la realidad en muchos adolescentes y jóvenes, y no la que muchas familias quieren mostrar, o lo que es más grave, desconocen.

“Querida sociedad:
Has cambiado bastante. ¿Por qué? ¿Por qué ahora todos me juzgan? Ellos no saben nada de mí ni de mi vida, ellos no me conocen. Si me visto de una forma, soy una hípster y si me visto de otra voy de moderna. Si twitteo mi vida soy una gilipollas que piensa que a todo el mundo le importa lo que me pase y si no twitteo nada soy una aburrida. Si tengo trece años tengo que fumar, beber alcohol y ser una puta. Y si tengo dieciséis soy una inmadura que no sabe nada. Si soy rubia, soy tonta, si me tiño soy una teñida de mierda. Si me gusta el heavy soy emo, si me gusta el pop soy infantil. Si apruebo todas soy una empollona, si suspendo soy imbécil. Si me gusta un videojuego soy una friki. Si soy fan de un cantante o grupo soy una obsesionada. Si digo palabrotas soy una mal hablada y si no las digo soy una aburrida. Si estoy delgada, estoy anoréxica. Si estoy gorda, estoy obesa…..
Yo creo que ya basta con las etiquetas. Hay gente que le puede dar igual lo que le llame, pero a otra mucha le puede doler muchísimo y puede llegar a hacer cosas horribles y tan solo por culpa de unas estúpidas etiquetas. Cada persona es como es, y eso es lo que la hace única, perfecta y especial. Ser ella misma”.

¡Malditas etiquetas! ¡Dichosos juicios! Lo deja claro en la frase que he resaltado en negrita.

¿Hacer cosas horribles? ¡Claro que sí, y le creo! Y le creo porque cada vez más estamos viendo cómo hay niños que no viven esa etapa, jóvenes que viven una vida que aún no es la que le corresponde, y adultos que no se dan cuenta de nada porque “ya bastante tienen con su propia vida”, para qué molestarles.

Os puedo decir que las tentaciones han existido siempre, las maldades también, pero también es cierto que la forma de afrontar todo ello no es la misma.

Recuerdo que en mi adolescencia muchos de mis amigos empezaron a fumar, ¡siempre dije NO! En el colegio sufrí con una compañera su superioridad física y despotismo, lo intenté afrontar con la mayor entereza posible, aunque una nunca lo olvida. Respecto a los dichosos botellones que tan de moda están ahora, solo participé en dos, y fueron inocentes veladas en la orilla de la playa cuando iba a veranear con mis padres a un cámping, nada que ver con el desmadre actual. Mi hora de llegada aún con 17 años los fines de semana eran las 22 horas, y cuando salía en mi bolsillo solo había 500 pesetas, lo suficiente para pagarme la entrada a la discoteca y comprarme a la salida unas chuches, ¡no daba para más!

Reconozco que en esa etapa de mi vida era una jovencita frágil, pero, ¿sabéis quién me ayudó y me formó para decir NO a muchas cosas? Mis padres, unos padres que no tuvieron la suerte de poder estudiar demasiado, ya que desde muy jovencitos tuvieron que trabajar, pero eso no les ha impedido nunca tener una cultura de valores impresionante.

Vemos en el caso de los adultos noticias que son incomprensibles. Observamos cómo se utiliza la violencia de la manera más irracional, cómo se finge y miente en muchos casos para dañar a otros, estamos infectados de materialismo viviendo en un mundo irreal, cada uno mete la mano en el “saco” en la medida en la que puede, vivimos en una continua tensión por ser mejor que el que tengo al lado, y ya da igual si ese es uno al que llamamos amigo.

¿Y todo esto para qué? ¡Ni idea! ¿Qué intentamos lograr? ¡Ni idea! ¿Por qué tenemos que estar continuamente mostrando un yo monstruoso? ¡Ni idea!

¿Qué estamos haciendo entre todos con esta sociedad? ¡Sí, porque todos estamos colaborando en deshumanizar principios que deberían ser incuestionables! Cada vez parece más “normal” pasar por encima de cualquiera a base de codazos, pisotear los sentimientos y abrir heridas en muchas personas. Incluso hacemos cambiar a base de miedos a determinadas personas porque creemos estar por encima del bien y del mal.

¿Qué estamos consiguiendo? ¡Eso lo tengo claro! Destruir valores, principios y marcar dramáticamente la vida de otras personas.

Los hogares muchas veces son cunas de toda esta deshumanización, ¿qué pretendemos esperar de los más jóvenes?

No comprendo como un chaval de 13 años pueda llevar 50€ en el bolsillo, ¡que a veces ni yo los llevo! Ven con toda normalidad, incluso como un derecho, tener el último móvil que ha salido, bien por no ser menos que sus amigos que ya lo tienen, o bien por poder presumir ante ellos de tenerlo si ellos aún no. Yo no acostumbro a trasnochar, pero cuando lo hago me sorprende ver a las 2 de la madrugada a muchachitos de 13 o 14 años por ahí. Menudo negocio las tiendas de 24 horas, se forman colas los viernes y los sábados ya a media tarde con jóvenes que la mayoría de ellos no tienen la edad permitida para comprar alcohol. Jovencitas maquilladas que quieren aparentar una edad y una vida que todavía no les corresponde vivir. Y podría seguir, pero, ¿para qué? No hay más ciego que el que no quiere ver.

Alguno estará pronunciando la dichosa frase de ¡es que los tiempos han cambiado! Benditos tiempos anteriores, entonces.

¡Basta de hacer daño impune y gratuitamente!

¡Basta de colgar etiquetas que en muchos casos llegan a destrozar vidas!

¡Basta de buscar víctimas vulnerables para satisfacer egos!

¡Basta de juzgar por la talla de vestir o por el color de tez!

 

Es lógico que se sientan perdidos y confundidos si a diario es lo que vemos en la televisión, por la calle, en casa… Pero entonces, ¿no creéis los adultos que debemos de ser nosotros los que los guiemos? ¡Claro que antes tenemos que volver a retomar valores que nosotros mismos hemos perdido y olvidado!

No me importa la edad que tengas, si llevas gafas o no, si eres rubio o moreno, si eres alto o bajito, si estás delgado o un poquito grueso, me es indiferente si tienes algún problema físico o mental, si te gusta el rock o eres más de hip hop… Lo único que te puedo decir y de todo corazón es que nunca dejes de ser tú para pasar a ser una persona que ni conoces. Vive cada momento como te corresponde, disfruta de la vida según tu edad, vive y deja vivir, respeta y no odies, pero sobre todo, ¡nunca dejes de ser tú!

Los que vengan detrás, te lo agradecerán eternamente…

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Pixabay

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Tu marca personal, ¿sabes cuál es?

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Son numerosas las ocasiones en las que nos hacemos la siguiente pregunta, ¿qué está haciendo “el vecino” para que le vaya mejor que a mí? Quizá la pregunta que nos deberíamos hacer no es esa, sino; ¿qué no estoy haciendo yo? La autocrítica siempre es dura, pero muy necesaria.

En mi ciudad, Ponferrada, segundo municipio por población de la provincia de León, la crisis nos ha azotado con gran fuerza. Son importantes las empresas de renombre, con historia y un volumen importante de trabajadores, que se han visto obligadas a cerrar sus puertas, o al menos a reducir su plantilla. A día de hoy, nos estamos reinventando a fuerza de tesón, y empiezan a aflorar las figuras de los profesionales independientes o microempresas, siendo éste casi el único modo de buscar una salida ante tanta destrucción de empleo.

Soy una persona con muchas inquietudes y siempre en búsqueda de respuestas, y éstas solo las encuentras cuando te relaciones social y profesionalmente, ya que en el intercambio todos sumamos, se da una aportación recíproca aunque en ocasiones no seamos conscientes de ello.

Tengo la gran suerte de formar parte de un grupo de networking que os quiero presentar, y es Cornatel/Club de empresas. Más o menos todos a día de hoy, sabemos qué significa esta filosofía de negocio y es tan simple como; el establecimiento de una red de contactos que nos permite darnos a conocer a nosotros mismos y a nuestro negocio, escuchar y aprender de los demás, encontrar posibles colaboradores, socios o inversores.

Desde mi humilde punto de vista, esto ha existido siempre, lo que sucede es que no le habíamos puesto nombre…

Quizá hay profesionales que creen que practicar networking es simplemente presentar tu empresa (como si lo estuvieses haciendo con un amigo…), entregar y recibir unas tarjetas y ya está, ¡el negocio hecho! Sinceramente, así no se va a conseguir nada.

En mi opinión el pilar para que uno practique esta filosofía profesional y obtenga resultados, sin lugar a duda es el ser proactivo. Aquí obtenemos la respuesta a la pregunta con la que inicié el artículo. ¡Hazlo diferente!:

  • Presenta tu empresa o a ti mismo con empatía, credibilidad, profesionalidad… Contagia a tus contactos.

 

  • Lleva tus tarjetas, entrégalas y recoge las del resto de igual modo, pero sería ideal que detrás de las que recibes hicieses “pequeñas anotaciones…”, estoy segura que en algún momento te van ayudar.

 

  • No intentes hacer tu negocio solo dentro de tu red de contactos del grupo. Si es tu principal propósito, sinceramente, poco vas hacer. Tu negocio está fundamentalmente fuera, eso sí, a través del grupo. ¡Gánate su confianza!

 

  • Hagámonos por un momento esta pregunta, ¿tú recomendarías un libro que no has leído? Seguramente no. Pues esto es lo mismo, es importante darse a conocer, interactuar con el resto de los componentes del grupo, establecer relaciones fuera del mismo, mostrarnos tal y como somos y ante todo con una actitud profesional. Que alguien te recomiende, va mucho más allá de eso, esa persona de una manera indirecta puede salir perjudicada o beneficiada, no la dejes en mal lugar.

 

  • No te acomodes en los desayunos o eventos que se celebran. Uno debe aportar, y aportar no es solo actuar con la crítica, que esa es fácil, sino dar soluciones, proponer cambios, ideas, alternativas. Fichar para criticar no ayuda a nadie, y menos a uno mismo. La crítica constructiva siempre es buena, pero acompañada de soluciones…

 

  • Un punto importante es la humildad, honestidad, honradez con la que se practique. Empápate de todo lo que pueda ayudarte a crecer en tu negocio. Déjate guiar, escucha alternativas para poder mejorar su marcha. Colabora e incluso pide formación para hacer un camino distinto al que ya has recorrido. Hoy por hoy son inmensas las alternativas para ello, vuelvo a incidir; solo hay que ser proactivo.

 

Hay algo que siempre he tenido muy claro, y es que el negocio no llama a la puerta, como el trabajo para alguien que está parado. Uno debe salir de su zona de confort y dejar de utilizar esa recurrente frase de; “es que estoy todo el día trabajando y no tengo tiempo”. Disculpad, me he perdido algo; ¿que no tienes tiempo para hacer crecer tu negocio? Entonces tampoco recurras a la frase del momento, que es esa que dice; “es que, todo está fatal, ya no sabe uno qué hacer…” ¡Pues quizá toque ser proactivo! No creas que hacer crecer tu negocio, es solo cuando “estás con las manos en la masa”.

A mí personalmente, formar parte del grupo de networking que os he mencionado, me ha hecho corroborar algo que ya tenía claro y es que; “si puedes dar negocio, hazlo sin esperar nada a cambio, en algún momento llegará tu turno. Soy de las que digo que el fruto no se recoge en el momento de la siembra, hay que tener paciencia y si no eres capaz, reflexiona con humildad y además con mucha…

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Pixabay

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Sí, me quiero

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Cada día está dibujado multicolor, aunque en el cielo haya nubarrones. Carmen Prada

Me gustaría hoy dejar una reflexión en el aire, ¿en cuántas ocasiones te levantas por la mañana, te miras al espejo y no te reconoces? Algo así puede suceder por varios motivos.

Creemos estar viviendo nuestra propia vida, una vida de la que nosotros mismos somos arquitectos, pero cada mañana algo nos dice que no es lo que vemos.

Aspirar a la perfección y tener temor cada día de no dar la excelencia de nuestra persona a los demás, nos hace vivir en un tremendo estrés, a la par de ir de decepción en decepción. ¡No podemos pretender ser perfectos, porque sencillamente es imposible!

¿Por qué nos cuenta tanto pronunciar un NO? Puede que la inseguridad y el miedo a quedarnos solos, a no ser complacientes con los demás, a pensar que de este modo no nos encontraremos enemigos… ¿Pero alguien te ha dicho que no se puede agradar a todas las personas? Este hecho nos aleja de nosotros mismos, pasamos a ser carne de cañón para los “depredadores”.

¿Cuándo fue la última vez que alguien te dijo que creía en ti? ¿Cuándo la que te dijeron “vales mucho? Pero aun así, nos seguimos reconstruyendo en la perfección dejándonos llevar por la inseguridad. Si los demás confían en ti y son conscientes de tu valía, ¿quién eres tú para ser tu mayor enemigo?

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Después de esta reflexión, mírate a este espejo

La vida no es sencilla, tiene muchas curvas, nos encontramos con muchos obstáculos, hay momentos en que da giros inesperados, nos damos de frente con decepciones, situaciones que nos hacen derramar lágrimas, a veces nos gustaría mandarlo todo a la porra…, y después de todo este cúmulo de catástrofes, llegamos a pensar que los culpables de todo somos nosotros mismos y que no servimos para nada.

Y ahora te pregunto, ¿te quieres? Te invito a que te hagas esta pregunta literalmente y  además en voz alta. Y te estarás preguntando, ¿y cómo lo voy a saber?

  • ¿Tomas tus propias decisiones?
  • ¿Sonríes cada día?
  • ¿Decides quiénes son las personas que te rodean?
  • ¿Has decidido cuidar tu imagen personal por y para ti?
  • ¿Tienes confianza en ti mismo?
  • ¿Confías en ti?
  • ¿Contagias alegría y positivismo?
  • ¿Eres valiente y tenaz?
  • ¿Eres consciente de tus imperfecciones y vives con ellas?
  • ¿Sueñas y luchas por tus sueños?

 

Podría seguir, pero en definitiva, empieza por creer en ti mismo cuando tú eres la única persona que no lo hace.

¡Siéntete capaz de todo! Acepta los errores y conviértelos en posibilidades.

¡Vive, ama, siente!

¡No pases por la vida de puntillas, haz ruido!

¡Exprime al máximo cada instante del que disfrutes!

¡No dejes que nadie te diga “no puedes”!

¡Baila bajo la lluvia y descansa bajo el sol!

¡Llora sin temor cuando tengas que hacerlo, pero sonríe cuando algo lo merezca!

¡Pronuncia te quiero!

 

La vida pasa demasiado rápido como para que dejes escapar grandes momentos y segundos de felicidad.

Y ahora, ¿te vas a poner manos a la obra para dar de ti lo mejor a los demás? Recuerda que antes, te tienes que querer…

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imágenes, Google y Pixabay

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Esos golpes me hacen más fuerte

 

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

La única forma de no despertar envidia es no destacando. Si quieres destacar, acostúmbrate a ella.

¿Qué provocan los celos y la envidia en el mundo laboral? Un estrés derivado de la competitividad insana, habitual en el ámbito profesional.

El celoso o envidioso es un perdedor nato, con falta de personalidad y valores, sabe de antemano que tiene la batalla perdida y, ¿esto qué provoca? Un desagradable sentimiento de frustración y carencia.

Hace escasos días me vi envuelta en algo así, ¿por qué lo quiero compartir con vosotros? Sencillamente para mostraros mi actitud, no digo que sea la más correcta, pero os hablo de mis emociones en ese mismo momento y en mi reacción posterior al hecho.

Alguien escondido cobardemente tras un perfil falso en la Red Social más conocida y popular, me difamó y calumnió gravemente con respecto a mi desempeño profesional, publicando las mismas infames acusaciones en varias de las publicaciones que tengo en mi perfil profesional. Inconvenientes que tienen las Redes Sociales y a los que una sabe que está expuesta…

Hace escasamente poco más de un mes he comenzado mi propio proyecto, volcada totalmente en mi pasión, las PERSONAS. Trabajando con las empresas y profesionales la formación, el liderazgo, la resolución de conflictos, técnicas de ventas, gestión de equipos, selección de personal… Pero también con las PERSONAS que están en búsqueda activa de empleo. Desde que comencé, he sido consciente de que el camino no sería fácil, pero en esta vida apuestas por todo o eres perdedor. Esta última opción jamás la he barajado.

Mi ciudad, Ponferrada, es pequeña, y con un poco de ruido que hagas, ¡saltan todas las alarmas! ¿Dónde? En aquellos que viven en una inseguridad y miedo permanentes.

Reconozco que cuando vi tales difamaciones, no daba crédito. Lo cierto es que mi incredulidad alcanzaba tal punto que no era capaz de concebir que alguien pudiese hacer algo así.

Mis sentimientos fueron de tristeza, decepción, rabia, impotencia…, pero a medida que las horas iban pasando y me di un tiempo para reflexionar, me dije, ¡no has de temer nada, Carmen, si confías en ti plenamente! ¡Crees en lo que haces! ¡Vives por y para las personas!

Llegaron a mi mente frases como “si eres envidiada no tienes la culpa, será que las cosas las estás haciendo bien y eso escuece”.

Podría haber eliminado esos dañinos comentarios y ya estaba, pero después de reflexionar y con la mente fría, me dije: “lo vas a hacer público, que sean las personas que realmente te conocen personal y profesionalmente las que hablen por ti”. ¡Y así lo hice!

Solo tengo palabras de agradecimiento a los cientos de personas que de un modo u otro me apoyaron, me hicieron sentirme arropada, me valoraron y algunos de ellos con gran contundencia denunciaron tales hechos. Esta emoción no la puedo describir con palabras, pero no faltaron las lágrimas y en abundancia…

¿Cómo reaccioné a tal indignante hecho? Creciéndome, convirtiendo este acontecimiento tan desagradable en una gran oportunidad, levantándome y con elegancia, no dando opción al desánimo ni al abandono. Sé que sin duda la clave está en que creo plenamente en mí y en mi honestidad.

Me queda mucho camino que recorrer, pero mientras lo estoy realizando, no dejo de potenciar la autoestima, además de confiar en mis capacidades.

De este hecho he sacado muchas conclusiones, que te deseen mal y te intenten dañar no es culpa de uno, no está de nuestra mano, sino es responsabilidad únicamente de la otra persona. Con lo que si vas por la vida de frente, con honestidad, honradez, fiel a unos determinados valores…, no debes sentirte culpable por las carencias demostradas por otras personas.

No sé si con esta experiencia personal voy a poder ayudar a alguien a cómo afrontar estos reveses de la vida. Aun así, me gustaría dirigirme a dos tipos de personas:

 

  • si sientes celos o envidia, me atrevo a decirte que esos sentimientos no harán nada bueno de ti, salvo hacerte sentir más mezquino, vivir aún más estresado y a disgusto con la vida.

 

  • Si tú eres la víctima, no te sientas mal. No tienes la culpa de hacer las cosas bien.

 

 

Aprovecha los golpes para convertirlos en oportunidades. De esa forma, los que quieren hundirte verán cómo sus canalladas no hacen más que servirte de impulso.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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