¿Te comportas como un tigre o como un colibrí?

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Esta es mi opción, ¿y la tuya?

 

Artículo publicado por Carmen Prada

 

Hoy no voy a comenzar con una cita célebre o una de esas que vienen de la mente de “servidora”, pues no, hoy quiero hacerlo con un personaje público que me gusta escuchar por su sabiduría de vida, que es inmensa, y por su interior con grandes valores humanos. Es el famoso actor  Antonio Banderas, cuando hace unas semanas en una emisora de radio recordó una anécdota que da pie al tema que hoy quiero tratar.

El malagueño explicaba que un día se le acercó un individuo para felicitarle en la fiesta de celebración de los premios Oscar, y le dijo: “¿sabes quién soy?” Banderas no le conocía, así que  el chico le dijo que era el fundador de Uber, una de las empresas más exitosas de los últimos años, y le confesó que se había caído una y otra vez antes de triunfar, y que antes de que todo le saliera bien, debía mucho dinero. Ese chico nunca perdió la esperanza y siguió adelante, a pesar de los fracasos.

Y es cierto, en la vida ninguna decisión es gratuita. Y antes de tomarla, debemos ser conscientes de si estamos preparados y dispuestos a pagar el precio, y además hacerlo gustosamente.

Podríamos en ocasiones hacer paralelismos entre diferentes tipos de personas y los propios animales. Puede sonar extraño, pero no lo es tanto…

Por un lado, podríamos hablar del tigre, que es todo fortaleza aun sin moverse, simplemente por la mirada de sus ojos. Y en el polo opuesto, podría encontrar al colibrí, un ave preciosa por sus múltiples colores, pequeñita de tamaño y con un vuelo limpio, capaz de dar giros en todos los sentidos a una velocidad vertiginosa, adaptándose y aprovechando en su favor los cambios de las corrientes de aire.

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¿A dónde quiero llegar? Muchas veces, tenemos ante nosotros a personas que por su apariencia, que en ocasiones es desdibujada, muestran su lado “tigre”, ya que de este modo se sienten más protegidas ante las dificultades y de cara a otras personas. Las vemos como personas que todo lo pueden, fuertes, con carisma, personalidad, autoridad…,  y en el fondo son personas con grandes problemas de autoestima y falta de confianza en sí mismas. Dependen cada mañana de “vestir ese traje” que por momentos no es de su talla.

Les observas, y ves que todo es simple apariencia, ya que cualquier dificultad que se les presenta se vuelve un mundo para ellos, ya que carecen de capacidad de reacción, y sobre todo de esa verdadera personalidad que hace a uno diferente. Llega la hora de apretar los dientes, y en vez de eso se rinden fácilmente, no se sienten capaces.

Está claro que no hay dos personas iguales en el mundo. Cada uno de nosotros es único y excepcional. ¿Qué es lo que nos diferencia? El equilibrio entre las fortalezas personales.

¿Quién nos dice a cualquiera de nosotros que esa fortaleza mental no se puede encontrar en las personas que menos lo aparentan? ¡Los colibrís!

¡Sí! Esas personas que, aunque aparentemente frágiles, son las que aparecen en los momentos precisos, esas que muchos buscan cuando necesitan ser escuchados, y aquellas en las que otras muchas personas se quieren reflejar… Y todo, ¿por qué?

* Porque son personas que se conocen mucho, su relación con los demás la viven de manera más eficiente.

* Mentalmente fuertes, son compasivas consigo mismas y se quieren pase lo que pase.

* Confían en sí mismas, y esto les permite superar la gran mayoría de retos que se proponen.

* Aprenden de sus fracasos, lo que les permite crecer. Solo visualizan el mirar para adelante.

* No buscan caer bien a todo el mundo, eso es imposible. Tienen su propio estilo.

* Aceptan las críticas constructivas y las aprovechan para aprender.

* Tienen muy claro quiénes son y hacia dónde quieren ir.

* Afrontan los miedos y retos, sin ser parásitos en su propia zona de confort.

* Su mentalidad siempre es positiva pase lo que pase, algo que llega a contagiar a las personas que tienen alrededor.

* Son personas capaces de hacer frente a las adversidades de la vida y salir fortalecidas de ellas.

 

Es importante que tengamos en cuenta que por más ogros que parezcamos, más alto hablemos y más miedo impongamos, de nada nos va a servir para reponernos de los fracasos e ir sin tregua a por los éxitos.

Otras personas y de modo acertado, optan por construir en silencio, adaptarse a las dificultades sin llegar ni siquiera a plantearse abandonar, porque creen en sus cualidades y capacidades.

 

No puede impedirse el viento. Pero pueden construirse molinos. Proverbio holandés.

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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¿Solo reaccionamos cuando hay muertos, o quizá ni así?

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Por Carmen Prada

Quizá lo que escriba a continuación sea un intento de mostrar sensatez y sensibilidad, o más bien, ¿una necesidad imperiosa de dar un grito al aire y expresar mis emociones y sentimientos hacia una realidad social atroz?

Hace poco me encontré en una red social lo que una joven de 13 años había compartido en su muro. Os puedo decir que me partió el alma, pero esta es la realidad en muchos adolescentes y jóvenes, y no la que muchas familias quieren mostrar, o lo que es más grave, desconocen.

“Querida sociedad:
Has cambiado bastante. ¿Por qué? ¿Por qué ahora todos me juzgan? Ellos no saben nada de mí ni de mi vida, ellos no me conocen. Si me visto de una forma, soy una hípster y si me visto de otra voy de moderna. Si twitteo mi vida soy una gilipollas que piensa que a todo el mundo le importa lo que me pase y si no twitteo nada soy una aburrida. Si tengo trece años tengo que fumar, beber alcohol y ser una puta. Y si tengo dieciséis soy una inmadura que no sabe nada. Si soy rubia, soy tonta, si me tiño soy una teñida de mierda. Si me gusta el heavy soy emo, si me gusta el pop soy infantil. Si apruebo todas soy una empollona, si suspendo soy imbécil. Si me gusta un videojuego soy una friki. Si soy fan de un cantante o grupo soy una obsesionada. Si digo palabrotas soy una mal hablada y si no las digo soy una aburrida. Si estoy delgada, estoy anoréxica. Si estoy gorda, estoy obesa…..
Yo creo que ya basta con las etiquetas. Hay gente que le puede dar igual lo que le llame, pero a otra mucha le puede doler muchísimo y puede llegar a hacer cosas horribles y tan solo por culpa de unas estúpidas etiquetas. Cada persona es como es, y eso es lo que la hace única, perfecta y especial. Ser ella misma”.

¡Malditas etiquetas! ¡Dichosos juicios! Lo deja claro en la frase que he resaltado en negrita.

¿Hacer cosas horribles? ¡Claro que sí, y le creo! Y le creo porque cada vez más estamos viendo cómo hay niños que no viven esa etapa, jóvenes que viven una vida que aún no es la que le corresponde, y adultos que no se dan cuenta de nada porque “ya bastante tienen con su propia vida”, para qué molestarles.

Os puedo decir que las tentaciones han existido siempre, las maldades también, pero también es cierto que la forma de afrontar todo ello no es la misma.

Recuerdo que en mi adolescencia muchos de mis amigos empezaron a fumar, ¡siempre dije NO! En el colegio sufrí con una compañera su superioridad física y despotismo, lo intenté afrontar con la mayor entereza posible, aunque una nunca lo olvida. Respecto a los dichosos botellones que tan de moda están ahora, solo participé en dos, y fueron inocentes veladas en la orilla de la playa cuando iba a veranear con mis padres a un cámping, nada que ver con el desmadre actual. Mi hora de llegada aún con 17 años los fines de semana eran las 22 horas, y cuando salía en mi bolsillo solo había 500 pesetas, lo suficiente para pagarme la entrada a la discoteca y comprarme a la salida unas chuches, ¡no daba para más!

Reconozco que en esa etapa de mi vida era una jovencita frágil, pero, ¿sabéis quién me ayudó y me formó para decir NO a muchas cosas? Mis padres, unos padres que no tuvieron la suerte de poder estudiar demasiado, ya que desde muy jovencitos tuvieron que trabajar, pero eso no les ha impedido nunca tener una cultura de valores impresionante.

Vemos en el caso de los adultos noticias que son incomprensibles. Observamos cómo se utiliza la violencia de la manera más irracional, cómo se finge y miente en muchos casos para dañar a otros, estamos infectados de materialismo viviendo en un mundo irreal, cada uno mete la mano en el “saco” en la medida en la que puede, vivimos en una continua tensión por ser mejor que el que tengo al lado, y ya da igual si ese es uno al que llamamos amigo.

¿Y todo esto para qué? ¡Ni idea! ¿Qué intentamos lograr? ¡Ni idea! ¿Por qué tenemos que estar continuamente mostrando un yo monstruoso? ¡Ni idea!

¿Qué estamos haciendo entre todos con esta sociedad? ¡Sí, porque todos estamos colaborando en deshumanizar principios que deberían ser incuestionables! Cada vez parece más “normal” pasar por encima de cualquiera a base de codazos, pisotear los sentimientos y abrir heridas en muchas personas. Incluso hacemos cambiar a base de miedos a determinadas personas porque creemos estar por encima del bien y del mal.

¿Qué estamos consiguiendo? ¡Eso lo tengo claro! Destruir valores, principios y marcar dramáticamente la vida de otras personas.

Los hogares muchas veces son cunas de toda esta deshumanización, ¿qué pretendemos esperar de los más jóvenes?

No comprendo como un chaval de 13 años pueda llevar 50€ en el bolsillo, ¡que a veces ni yo los llevo! Ven con toda normalidad, incluso como un derecho, tener el último móvil que ha salido, bien por no ser menos que sus amigos que ya lo tienen, o bien por poder presumir ante ellos de tenerlo si ellos aún no. Yo no acostumbro a trasnochar, pero cuando lo hago me sorprende ver a las 2 de la madrugada a muchachitos de 13 ó 14 años por ahí. Menudo negocio las tiendas de 24 horas, se forman colas los viernes y los sábados ya a media tarde con jóvenes que la mayoría de ellos no tienen la edad permitida para comprar alcohol. Jovencitas maquilladas que quieren aparentar una edad y una vida que todavía no les corresponde vivir. Precisamente esta semana, ha salido a la luz el caso de una chica de 12 años, ¡12!, que ha fallecido tras un coma etílico en una fiesta de Halloween. ¿Y a alguien le importa? ¿Si no hubiera fallecido se habría comentado en los noticiarios? ¡Miserable hipocresía!

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Y podría seguir, pero, ¿para qué? No hay más ciego que el que no quiere ver.

Alguno estará pronunciando la dichosa frase de ¡es que los tiempos han cambiado! Benditos tiempos anteriores, entonces.

¡Basta de hacer daño impune y gratuitamente!

¡Basta de colgar etiquetas que en muchos casos llegan a destrozar vidas!

¡Basta de buscar víctimas vulnerables para satisfacer egos!

¡Basta de juzgar por la talla de vestir o por el color de tez!

 

Es lógico que se sientan perdidos y confundidos si a diario es lo que vemos en la televisión, por la calle, en casa… Pero entonces, ¿no creéis los adultos que debemos de ser nosotros los que los guiemos? ¡Claro que antes tenemos que volver a retomar valores que nosotros mismos hemos perdido y olvidado!

No me importa la edad que tengas, si llevas gafas o no, si eres rubio o moreno, si eres alto o bajito, si estás delgado o un poquito grueso, me es indiferente si tienes algún problema físico o mental, si te gusta el rock o eres más de hip hop… Lo único que te puedo decir y de todo corazón es que nunca dejes de ser tú para pasar a ser una persona que ni conoces. Vive cada momento como te corresponde, disfruta de la vida según tu edad, vive y deja vivir, respeta y no odies, pero sobre todo, ¡nunca dejes de ser tú!

Los que vengan detrás, te lo agradecerán eternamente…

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Solo vivimos dos veces

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Esta pulsera rodea mi muñeca cada día, al igual que los sueños mi existencia

Por Carmen Prada

Hace poco descubrí, gracias a mi esposo, a la elegantemente sensual Nancy Sinatra, y al escuchar algunas de sus maravillosas canciones me dejó prendada de forma muy especial la letra de uno de sus mayores éxitos,  que muchos reconoceréis pues es la banda sonora de una de las películas más recordadas de Sean Connery como 007, además de dar título a la misma. Tiene una letra sencilla, pero a la vez profunda y directa, transmite un mensaje que yo repito mucho, y eso hizo que me llegase muy dentro al corazón.

La canción de la que hablo es “You only live twice”, y no me resisto a hacer una pequeña reflexión pues daría para mucho.

“Solo vives dos veces,

o eso parece…

Una vida para ti y otra para tus sueños”

Y es cierto, uno crea una vida que muchas veces no es la suya propia, es creada por la necesidad, la sociedad, las frustraciones, las personas que nos rodean, la rutina, lo políticamente correcto o no… ¡Demasiadas piedras que no son nuestras pero nos pesan!

En ocasiones creemos que esa es la vida que nos toca vivir, que poco podemos hacer, que la resignación forma parte de nuestro hábitat natural para sobrellevar el día a día de la mejor manera posible. Pero, ¿y si pudieses vivir otra? ¿Has pensado en ello? ¿Crees que es posible? ¡Claro que sí, pero además necesario!

 Es esa vida en la que tiene cabida lo que soñamos, porque no nos equivoquemos, ¡todos lo hacemos! No creas que los sueños son sueños dependiendo de su alcance, de la grandeza de los mismos. No, soñar es buscar la felicidad dentro de uno, enfrentar y pagar el coste que tenga esa plenitud, no temer a lo que pueda venir ni a lo que tengas que enfrentar, porque al final eres dueño de tus sueños.

No me digas que no has soñado con rodearte de buenos amigos, de poder disfrutar de unos días de descanso, de ir a un concierto al que sabes posiblemente no podrás volver, a renovar tu coche porque el que tienes está a punto de dejarte tirado, a amar, a ser feliz con lo que haces, a aspirar a más laboralmente, a llegar a tener una familia… ¿Te das cuenta que todo sueño es válido independientemente de su grandeza?

Confieso que entre mis sueños no está ser millonaria, aunque no por ello renuncio a ser sanamente ambiciosa, pero no necesito la opulencia para ser feliz. Sin duda, algo que me mantiene viva y la gente que me conoce lo sabe, son los sueños.

Recientemente he cumplido uno, el estar presente y participar en un maravilloso evento, Oviedo Hacia La Nueva Ruta del Empleo. Organizado por el Ayuntamiento de Oviedo y Empleoviedo, y cómo no de la mano de La Nueva Ruta del Empleo, mediante la ponencia “Liderazgo y Gestión de Equipos”.

He tenido que soñar y luchar por ello, ¿creéis que se hubiese hecho realidad si no hago ambas cosas? Con este logro, han venido solos muchos regalos, cosas que ni me imaginaba, apoyos y cariño por muchos lados, desde distintas partes de España e incluso de fuera de nuestras fronteras. Con lo que, ¡cómo no voy a soñar! Es mi fuente de alimentación.

Y hoy cuando estéis leyendo este post, estaré ya enfrascada en otro sueño, que es que mi querido equipo, la S.D. Ponferradina, gane el partido de hoy, que falta nos hace…

¿Os dais cuenta que no necesitamos grandes sueños para ser felices? Hoy es uno, y dentro de unos minutos otro que siendo insignificante, es mío y me ayuda a ser feliz.

Me gustaría transmitiros el mensaje que envío a la gente que me rodea, ¡nunca dejes de soñar!

 

 

Os dejo con la bella canción mencionada, no dejéis de escucharla…

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Carmen Prada

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Marcha solidaria, juntos podemos hacer mucho

 

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Dorsales de solidaridad

 

 

 

Por Carmen Prada

El pasado domingo 18 de septiembre tuve la gran suerte de participar en un evento en el que no dudé en tomar parte cuando me dijeron, días atrás, lo que se estaba fraguando.

Se llevó a cabo la  1ª Marcha Solidaria Fútbol Base S.D. Ponferradina y ALFAEM SALUD MENTAL. El fin, recaudar fondos para la adquisición de una furgoneta que ayudará a mejorar el servicio del Centro Ocupacional El Valle, de la delegación que ALFAEM SALUD MENTAL-LEÓN tiene en mi ciudad, Ponferrada.

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Qué mejor plan para un domingo por la mañana, caminar casi 6 kilómetros disfrutando de un día estupendo y por una buena causa, ¡solidaridad!

Así que preparé un desayuno adecuado para el ejercicio que iba hacer, el atuendo y calzado deportivo pertinente para la ocasión y una mochila de buenas intenciones.

Mi esposo, cómo no, se apuntó a participar en el evento, y eso hizo más entrañable ese día, ambos unidos una vez más por una causa noble. Cuando llegamos al lugar señalado para la salida de la marcha, puedo decir que mi sorpresa fue muy grata. Había allí muchas personas con diferentes perfiles. Grupos de amigos, parejas, familias con sus niños, gente de todas las edades, y los chavales de la cantera del club de mis amores, todos dispuestos a aportar su granito de arena.

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Fotografía propiedad Alfaem

¡Todos unidos sin esperar nada a cambio en un acto solidario! ¡Disfruté del recorrido inmensamente!

A lo largo de los 6 kilómetros me dio tiempo a disfrutar de parajes que ni conocía de mi ciudad, ya que una se enreda en su rutina y trabajo, y siempre tienes alguna excusa para no salir de tu hábitat natural y descubrir todo lo que tienes alrededor. Gocé durante la hora y media del trayecto de una charla continuada, sin prisas, sin interrupciones, en la que mi esposo intercalaba chistes y ocurrencias que amenizaron la caminata, muy típico de él. Pude sacar un montón de fotografías de parajes sorprendentes, incluso descubrí que en Ponferrada hay caballos pastando libremente, algo de lo que no tenía ni idea, escuché el fluir del río que acompañaba nuestros pasos en algún tramo del camino… Pero también me fijé y aprecié rostros, sensaciones, emociones, sensibilidad… Porque todo el recorrido fue eso, momentos emotivos.

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No se competía, no había premio para el primero en llegar a la meta, nadie tenía que mostrarse más en forma que otro… Realmente todos éramos partícipes de un equipo ganador, el de la solidaridad. Entre los participantes y la gran organización y colaboración de todos los integrantes de ALFAEM SALUD MENTAL y también de la S.D. Ponferradina, esta iniciativa se hizo aún más grande.

A posteriori, pude saber que el número de participantes superó los 400, y que las ayudas recibidas por parte de empresas también fueron generosas.

¿Cómo no voy a creer en la solidaridad? ¿Cómo no apoyar estas iniciativas? ¿Qué nos cuesta poner nuestro granito de arena?

He podido disfrutar en talleres con personas de esta asociación y otras, que con la mirada o un abrazo muestran su agradecimiento, que aprecian lo poco o mucho que les puedas enseñar porque son como esponjas, se muestran generosos y sensibles, y no quiero dejar de destacar la gran labor interna y la lucha incesante externa de trabajadores y colaboradores que hacen aún más grande estas asociaciones.

Veamos a estas personas como tal, sin más, no midamos la discapacidad que tienen para aprovecharnos de bonificaciones, si en realidad eso es lo que buscamos en su contratación. No son bichos raros, no los hagamos sentir así. Las enfermedades mentales abarcan muchos ámbitos de la salud mental, y en muchos casos se llegan a desarrollar pasados años, con lo que ¡no miremos a otro lado!

Como Alfaem hay muchas asociaciones en España sin ánimo de lucro, que luchan en muchas ocasiones en soledad porque nadie les acompaña, ni el propio Estado. Necesitan de todos, y cado uno podemos aportar según nuestra condición, porque no todo es material…

Personalmente, participar con alguna de estas asociaciones me ha aportado muchísimo, me ha hecho ver realidades a veces crueles, me ha puesto por momentos los pies en el suelo e incluso me ha hecho pensar después de salir de algunas de las clases, si yo era la profe o lo eran ellos…

Animo sin duda a todas las personas a que de un modo u otro colaboren en estas organizaciones que tanto necesitan de los ciudadanos de a pie, y se movilicen para que “alguien” se dé cuenta que existen personas que por diversas circunstancias necesitan de todos. Y eso incluye evidentemente a las Administraciones Públicas.

¡Enhorabuena a todos los héroes que cada día se levantan con el propósito de ayudar!

*Fotografías, Carmen Prada

Carmen Prada

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Homo emotionalis en el trabajo, y no máquinas

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Artículo publicado por Carmen Prada

El pasado sábado publiqué un post con el título de No me gustaría olvidar acerca del día que hoy se conmemora, referido a esa cruel enfermedad que es el Alzhéimer, que a tantas familias ha visitado, por desgracia.

Desde niña me enseñaron a ser agradecida y desde el corazón cuando una tanto recibe. Y lo digo por los mensajes y comentarios que me han llegado desde las distintas Redes Sociales, así como por el alcance de la publicación, al igual que la sensibilidad que he podido ver y sentir en muchas personas que ni conozco acerca del dolor que produce “la enfermedad del olvido”, lo cual me ha sobrecogido. Muchas gracias a todos.

También es cierto que me ha sorprendido que la mayor difusión se haya producido en la Red Social LinkedIn, lo cual me ha hecho reflexionar y mucho. Ésta es la red de contactos de profesionales por excelencia, el lugar virtual de mayor relevancia para la práctica del networking, la Red en la que pueden surgir colaboraciones u ofertas laborales si la aprovechas bien y la sabes trabajar correctamente, pero también es cierto que en determinados momentos llega a parecer fría y mecánica.

Me explico. En muchas ocasiones creemos que en nuestro ámbito laboral, profesional, incluso en el personal, no nos debemos mostrar tal y como somos, y mucho menos cómo nos sentimos. Evidentemente, no hablo de extremos, ya que ir contando las penas a todo aquel que pasa o estar sollozando con el pañuelo en la mano permanentemente, ni es sensato ni es profesional, desde luego.

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Algunas personas llevan tiempo interpretando un papel de duros y temibles en su trabajo, en algunos casos para eso les pagan, “según dicen…”. Otros denotan fuerte personalidad y además necesitan mostrarla imperiosamente.  Otros van a trabajar y solo respiran eso, rutina, hacen  sus horas y para casa. Hay personas que tienen que medir mucho en su puesto lo que dicen o hacen, ya que su contrato pende de un hilo cada día. También nos encontramos con otras que aspiran a encontrar un nuevo puesto de trabajo y llevan tiempo preparándose mediante formaciones, talleres… el qué hacer o no hacer en una entrevista de trabajo para lograr el objetivo. Profesionales que según el sector del que hablemos, deben mostrar su mejor cara para de este modo llegar y empatizar con los demás, independientemente del momento por el que estén pasando.

En estos días me he hecho varias preguntas a las que no he podido evitar hacer otra cosa que dar respuesta:

  • ¿en qué lugar quedan nuestras emociones? ¡En el lugar más oscuro! En ese en el que evitamos que se detecten, por si acaso… Tenemos demasiados miedos, quizá entre todos nos hayamos encargado de ello.
  • ¿Pero no somos personas por encima de cualquier cosa? ¡Por supuesto, y no debemos rehuir de esa realidad! Las personas tenemos sentimientos, miedos, flaquezas, vivimos por emociones… ¡Somos seres humanos! En nuestra vida personal, pero también en la profesional, no somos máquinas.
  • ¿Expresar nuestras emociones puede dar muestra de debilidad? Todas las personas que han mostrado sus emociones, miedos, incluso rabia, me merecen todo el respeto y, ¿sabéis por qué? Porque son personas que gozan de una sensibilidad capaz de transmitirla y gran fortaleza para hacer frente a las dificultades que puedan surgir. ¡Yo las querría en mi equipo! Grandes dotes de solidaridad es lo que trae consigo la capacidad de trabajar en equipo.

 

  • ¿Por qué hay personas que en el ámbito profesional no las muestran explícitamente? En muchas ocasiones, algunas personas, por motivos diversos, en su vida en general, desempeñan un doble papel. Por un lado el Sr. Fulanito en su ámbito laboral es de una determinada manera, mientras que en su vida privada se comporta de forma completamente distinta. Esto a veces llega a confundir a cualquiera…

 

  • ¿En cuántas ocasiones hemos escuchado o dicho, “no tiene escrúpulos de ningún tipo”? Tengo la esperanza de que todos los tengamos, aunque a algunos les cuesta más que a otros buscar dentro de sí mismos y sacar lo mejor…

 

¿Por qué todo esto? Porque las emociones son indispensables en nuestras vidas, no somos robots, no podemos fingir no tener momentos de debilidad o necesidad de que alguien nos escuche, es imposible alejarnos de la vida real y personal, debemos romper con ese tópico de que llorar es de débiles, parece que la vida es de diversos colores pero que el negro no está, muchas veces la sociedad nos quiere empujar a deshumanizarnos…

Tengo claro algo, y puede que haya personas que discrepen al respecto, pero no entiendo a un buen profesional desdoblándose de su persona real, no esa que le han hecho interpretar o él mismo ha tomada prestada y en la que a veces se siente acomodado, y otras tantas incómodo…

La sensibilidad caracteriza a los que saben afrontar la vida salvando muchas barreras de las que nunca han renegado, y han aprovechado éstas para crecer exponencialmente en su vida personal y profesional.

A todos los que no teméis mostrar vuestras emociones, os doy las gracias de corazón.  Y confío que muchos más se liberarán de cargas para poder hacerlo.

*Fotografía, Pixabay.com

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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No me gustaría olvidar

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Por Carmen Prada

Las siguientes palabras las dedico especialmente a mi familia, así como a todas las que sufren el mal del que escribo a continuación.

Como cada año desde 1994, el próximo 21 de septiembre se celebra el Día Mundial del Alzhéimer, demencia que en España afecta a más de 600 mil personas, muchas aún sin diagnosticar. Se estima que dentro de 35 años, la llamada “enfermedad del olvido” la padecerán en España un millón y medio de personas. A la crueldad con la que se manifiesta y desarrolla, se une el hecho de suponer un gasto medio anual de unos 31000€, cantidad que ha de asumir el enfermo o su familia, ya que la tan esperada y necesaria Ley de Dependencia de momento es papel mojado para muchas personas que a duras penas sobrellevan su situación de precariedad, mientras iniciativas de lo más variopinto reciben subvenciones cuantiosas; pero no es la corrupción en sus múltiples formas -también a veces bajo el amparo de la legalidad– el tema que nos ocupa…

El que un familiar muy directo esté afectado por ella, me hace sentir esta enfermedad como mía propia, te hace valorar mucho más algunas cosas en las que antes no reparabas. Te hace vivir cada momento como único y último.

Por este motivo, deseo hacer una muy personal declaración de intenciones, y solo de intenciones, pues nadie está libre de sufrir esta dichosa enfermedad. Declaro solemnemente,  que no deseo olvidarme, entre otros muchos recuerdos, de:

  • mi primer disfraz de carnaval, de sevillana concretamente, que con tanto orgullo lucí;
  • la primera vez que comulgué, y algo dentro de mí se removió;
  • mi única canasta en dos años, jugando en el equipo de baloncesto del colegio. ¡Bueno, quizá por eso la recuerdo!
  • Escuchar a mi madre salir de casa a las cinco de la madrugada yendo a trabajar, haciéndonos ver lo importante que en la vida es el sacrificio;
  • las vacaciones estivales que en la infancia y adolescencia disfrutaba gracias al esfuerzo desmesurado de mis padres durante todo el año;
  • momentos en los que sufrí lo que ahora se llama “acoso escolar”, y no lo quiero olvidar porque me hizo afrontarlo con más fortaleza de la que yo podía imaginar;
  • mi juventud, que me hizo ver lo que era bueno en la vida de una persona y de lo que siempre me debería alejar;
  • el fatal primer amor que dejó secuelas en mi vida, y al que nunca he guardado rencor;
  • mi primer coche, que lo pagué con mi primer trabajo, ¡y lo que me costó!, con un contrato de aprendizaje y trabajando 9 horas y media seis días a la semana;
  • mi abuela paterna, mi fiel confidente, tan importante en mi juventud, cuya muerte nos cogió a todos por sorpresa, haciéndome vivir uno de los momentos más duros de mi existencia, agudizado por el fallecimiento en accidente de tráfico poco tiempo después de un tío materno solo un año mayor que yo;
  • mi primer logro profesional, bien jovencita. En un sobre y sin saber qué era, fui premiada con un viaje por las islas griegas, tras alcanzar un gran objetivo comercial;
  • la aparición inesperada de mi gran amor, con su peculiar modo pizpireto y desenfadado;
  • uno de los peores momentos de mi vida, cuando después de muchas pruebas y resultados, nos dieron el diagnóstico, diciéndonos “sufre Alzhéimer”;
  • mi boda, y muy especialmente el momento en el que entré en la basílica del brazo de mi padre, mientras mi prometido esperaba en mitad del templo, y yo le miraba entregada a lo que iba a hacer;
  • cada uno de mis logros profesionales, siempre vinculados a todos los valores que mis padres me han inculcado, y con sacrificio y tesón nos siguen mostrando;
  • cada “te quiero” de mi esposo, de los que les digo y me dicen mis padres, de los momentos que ya hemos vivido pero también de los que estamos viviendo;
  • dónde vengo y a dónde voy. Vengo de la humildad, la sencillez, la honradez, la generosidad y el sacrificio, y voy por el mismo camino sin desviarme, o por lo menos así lo estoy intentando.

 

¡Y es que no me quiero olvidar de nada ni de nadie! La vida está repleta de momentos buenos, pero también de los que no son tanto. Gracias a todos ellos nos desarrollamos como personas.

Y en especial en este día quiero tener presente que esta enfermedad no es solo de quien la sufre, también muy especialmente de la persona que le acompaña día y noche. De esa persona que llora en silencio por un mal gesto o palabra que le hace recordar que antes no era así. El enfermo adopta a veces actitudes muy cómodas, se hace difícil discernir hasta qué punto sería eso evitable, o si es solo debido al avance del mal, pero en todo caso esas situaciones del día a día hacen que el peso sea paulatinamente más difícil de sobrellevar. Los silencios prolongados al acompañante le causan dolor, porque le dan la sensación de vivir aún en mayor soledad. Tantas veces se dice “no puedo más”, y sin embargo sigue… Y se angustia y le falta el aire cuando la persona enferma tarda en llegar a casa un poco más de lo previsto, vive de cerca los episodios más fuertes de la dichosa enfermedad, está pendiente de su medicación en cada momento… Nada sería igual sin su presencia, sin la presencia de las familias y cuidadores que velan por el bienestar de estos enfermos.

Hay que intentar sacarle el jugo a cada instante, porque algún día llegará la oscuridad, pero hasta ese momento quiero contribuir a que esta persona muy querida por mí viva con la mayor plenitud posible, y que los recuerdos que aún le queden sean de ese modo felices.

Hace días escuché a la esposa de un enfermo de alzhéimer el siguiente pensamiento que comparto: “no hace falta tener buena memoria para tener buenos recuerdos.”

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Más vale poco de muchos que mucho de uno

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Artículo publicado por Carmen Prada

¿Si te planteasen tener en tu empresa o en tu equipo de trabajo al mejor vendedor que hayas conocido, le harías un hueco aun teniendo completa la plantilla? Estoy convencida que muchos alzarían las manos, pidiéndolo sin demora.

Lo cierto es que en un equipo comercial, a priori este gran vendedor puede salvar “muchas vidas”, pero, ¿durante qué periodo de tiempo?, ¿cuál sería el modo de actuar para alcanzar tales números?, ¿qué repercusión tendría en el resto del equipo?

Evidentemente, a un “comercial 10 en ventas” muchas empresas se lo rifarían independientemente de pensar más allá. Realmente es todo un filón para un negocio. Sobre todo para el mando intermedio, ya que le maquillaría los números cada mes, cerraría los trimestres con nota, haría de tirita en el caso de bajo rendimiento de otros compañeros, sería un referente a tener en cuenta para continuamente recordárselo al resto del equipo, las comisiones subirían como la bolsa en días de bonanza… Quizá más bien sería un remiendo momentáneo, según mi parecer.

Esta figura que se lleva todos los reconocimientos por parte de la empresa y ante sus compañeros, y al que todo se le concede porque lo tiene “más que merecido”, es ese profesional del que dependes, así de claro. Dirigir a un equipo comercial es una tarea de presente, pero sin duda de siembra para el futuro. Y la siembra en el mundo comercial es lo más complicado a lo que uno se tiene que enfrentar, si quiere tener una buena recogida.

Siempre he tenido claro mi punto de vista con respecto a este tema y mi modo de actuar. He dirigido equipos de trabajo, equipos comerciales, y lo cierto es que la única premisa que colocaba encima de la mesa era la de que mi equipo lo monto yo, y del mismo modo que es mi responsabilidad la contratación del mismo, asumo las consecuencias. Porque en esta vida, hay que ser coherente y congruente. Y siempre he preferido dar cuenta de mis decisiones, para lo bueno y lo malo, que tener que responder por decisiones que otros han tomado incluso sin ni siquiera consultarme. Si después había que echar balones fuera, estaba claro que en la portería me iba a encontrar yo, pero lo asumía.

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He de decir a favor de todos los jefes que he tenido, que nunca ninguno me impuso un equipo de personas y me dijo “esto es lo que hay, y es con lo que tienes que trabajar”.

Quizá a muchas personas, en cambio, esa postura impositiva por parte de la empresa les resulte más cómoda, porque la responsabilidad no va a recaer sobre ellos al 100%, y además no se tienen que romper la cabeza al montar un equipo de trabajo, que no es tarea fácil.

En mi caso, he evitado a toda costa tener entre mi gente a un “ crack de comercial” que me diera los números que necesitaba y que además lo hiciese “a costa de lo que fuese…”, he evitado mirar hacia otro lado sin importarme el modo de cómo consiguiese esos números, y desde luego he evitado dejar que ese supervendedor “fuera por libre” mientras el resto del equipo “ni fu, ni fa”, con cambio de cromos continuamente y sin la motivación suficiente como para darle un giro a sus números. Soy consciente de que hay equipos que funcionan así, y como los números, en sentido colectivo, van saliendo, pues así se tapa la realidad.

Mi postura siempre ha sido la misma. Obviamente, no rechazo tener un excelente profesional en mi equipo, sería como decir que no quiero al mejor delantero del mundo en mi querida S.D.Ponferradina, pero la experiencia me lleva a ser muy cuidadosa, pues hay “cracks” que basan sus números en prácticas comerciales poco éticas, otros pecan de egocentrismo y cualquier planteamiento de trabajo en equipo les resbala, y otros piensan que presentar buenos números es patente de corso para hacer lo que les dé la gana. Ahora bien, doy la bienvenida al que a una habilidad comercial excelente, una la honestidad, la disciplina, el respeto, la humildad y la calidad humana suficientes para poder trabajar en equipo y aportar a los demás todo aquello que les pueda ayudar.

En la diversidad todos podemos enriquecernos, por lo que he preferido tener siempre grupos con cierta heterogeneidad, que unos profesionales se pudiesen nutrir de los otros, evidentemente alguno siempre despunta y eso es bueno, porque para el resto es un ejemplo a seguir, pero lo que puede ser fatídico es que de uno solo dependa todo el equipo, y mucho menos yo como responsable del mismo.

Si eres capaz de completar un grupo de personas con valores y profesionalidad, el resto lo tienes muy sencillo. Pero llegar a ese punto reconozco que no es fácil.

A mí me importa el modo de trabajar de la gente que tengo a mi cargo, que lo hagan con honradez y seriedad, y no quiero que lo hagan de cualquier manera para llegar a ser un “10”. Me gusta la competitividad sana dentro del propio grupo, y eso se consigue con personas  que trabajen con pasión, a gusto pero con la presión necesaria, con capacidad de sacrificio, en un buen ambiente de trabajo, y con posibilidades reales de crecimiento individual y colectivo.

Y os estaréis preguntando, ¿por qué motivo no quieres a alguien que despunte claramente en tu equipo de trabajo y te pueda ayudar a alcanzar los objetivos más fácilmente? Lo quiero si va acompañado de valores, porque ayudará al resto. No lo quiero si solo va a lo suyo, ¡es pan para hoy y hambre para mañana! Esa situación no creará buen ambiente, y si el equipo depende demasiado de sus ventas, ¿qué pasará si un buen día decide dejar de formar parte de la empresa? ¡Sería un desastre! No tengo ninguna duda de que es mejor, a medio o largo plazo, haber apostado por varios que sumen, aunque menos individualmente, que confiarlo todo a una carta.

En cambio, si el grupo está unido y comprometido, no tardará en descubrir los beneficios de trabajar en equipo, sacando de cada uno lo mejor, premiando los logros en público, hablando en privado de posibles errores a mejorar y logrando el respeto de todos, además de que los números serán constantes y en aumento, (en eso deberíamos trabajar), nunca jugaremos con fuego.

¡Claro que es un desafío personal!

¡Por supuesto que es difícil!

 ¡Evidentemente que toda la responsabilidad la tendrás que asumir para lo bueno y para lo malo!

Pero si eres un líder y no te dan miedo los retos, tu mayor satisfacción será cuando llegue la época de recogida, porque has trabajado en el tiempo de siembra.

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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