Esos golpes me hacen más fuerte

 

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

La única forma de no despertar envidia es no destacando. Si quieres destacar, acostúmbrate a ella.

¿Qué provocan los celos y la envidia en el mundo laboral? Un estrés derivado de la competitividad insana, habitual en el ámbito profesional.

El celoso o envidioso es un perdedor nato, con falta de personalidad y valores, sabe de antemano que tiene la batalla perdida y, ¿esto qué provoca? Un desagradable sentimiento de frustración y carencia.

Hace escasos días me vi envuelta en algo así, ¿por qué lo quiero compartir con vosotros? Sencillamente para mostraros mi actitud, no digo que sea la más correcta, pero os hablo de mis emociones en ese mismo momento y en mi reacción posterior al hecho.

Alguien escondido cobardemente tras un perfil falso en la Red Social más conocida y popular, me difamó y calumnió gravemente con respecto a mi desempeño profesional, publicando las mismas infames acusaciones en varias de las publicaciones que tengo en mi perfil profesional. Inconvenientes que tienen las Redes Sociales y a los que una sabe que está expuesta…

Hace escasamente poco más de un mes he comenzado mi propio proyecto, volcada totalmente en mi pasión, las PERSONAS. Trabajando con las empresas y profesionales la formación, el liderazgo, la resolución de conflictos, técnicas de ventas, gestión de equipos, selección de personal… Pero también con las PERSONAS que están en búsqueda activa de empleo. Desde que comencé, he sido consciente de que el camino no sería fácil, pero en esta vida apuestas por todo o eres perdedor. Esta última opción jamás la he barajado.

Mi ciudad, Ponferrada, es pequeña, y con un poco de ruido que hagas, ¡saltan todas las alarmas! ¿Dónde? En aquellos que viven en una inseguridad y miedo permanentes.

Reconozco que cuando vi tales difamaciones, no daba crédito. Lo cierto es que mi incredulidad alcanzaba tal punto que no era capaz de concebir que alguien pudiese hacer algo así.

Mis sentimientos fueron de tristeza, decepción, rabia, impotencia…, pero a medida que las horas iban pasando y me di un tiempo para reflexionar, me dije, ¡no has de temer nada, Carmen, si confías en ti plenamente! ¡Crees en lo que haces! ¡Vives por y para las personas!

Llegaron a mi mente frases como “si eres envidiada no tienes la culpa, será que las cosas las estás haciendo bien y eso escuece”.

Podría haber eliminado esos dañinos comentarios y ya estaba, pero después de reflexionar y con la mente fría, me dije: “lo vas a hacer público, que sean las personas que realmente te conocen personal y profesionalmente las que hablen por ti”. ¡Y así lo hice!

Solo tengo palabras de agradecimiento a los cientos de personas que de un modo u otro me apoyaron, me hicieron sentirme arropada, me valoraron y algunos de ellos con gran contundencia denunciaron tales hechos. Esta emoción no la puedo describir con palabras, pero no faltaron las lágrimas y en abundancia…

¿Cómo reaccioné a tal indignante hecho? Creciéndome, convirtiendo este acontecimiento tan desagradable en una gran oportunidad, levantándome y con elegancia, no dando opción al desánimo ni al abandono. Sé que sin duda la clave está en que creo plenamente en mí y en mi honestidad.

Me queda mucho camino que recorrer, pero mientras lo estoy realizando, no dejo de potenciar la autoestima, además de confiar en mis capacidades.

De este hecho he sacado muchas conclusiones, que te deseen mal y te intenten dañar no es culpa de uno, no está de nuestra mano, sino es responsabilidad únicamente de la otra persona. Con lo que si vas por la vida de frente, con honestidad, honradez, fiel a unos determinados valores…, no debes sentirte culpable por las carencias demostradas por otras personas.

No sé si con esta experiencia personal voy a poder ayudar a alguien a cómo afrontar estos reveses de la vida. Aun así, me gustaría dirigirme a dos tipos de personas:

 

  • si sientes celos o envidia, me atrevo a decirte que esos sentimientos no harán nada bueno de ti, salvo hacerte sentir más mezquino, vivir aún más estresado y a disgusto con la vida.

 

  • Si tú eres la víctima, no te sientas mal. No tienes la culpa de hacer las cosas bien.

 

 

Aprovecha los golpes para convertirlos en oportunidades. De esa forma, los que quieren hundirte verán cómo sus canalladas no hacen más que servirte de impulso.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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¿Tienes más de 45 años? ¡Sin duda estás en el mercado laboral!

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Artículo publicado por Carmen Prada

“No hay nada mejor que el ejemplo de alguien cercano, para darse cuenta de que los imposibles no existen.”   Carmen Prada.

 

Pues sí, otra de mis frases. No soy alguien importante, pero la deseo compartir con vosotros, a medida que vayáis leyendo entenderéis el fondo de ella.

Ya tenía ganas de tocar este tema, y hoy es el momento ideal para hacerlo, y la “culpable” de que así sea es nada más y nada menos que… ¡mi madre!

Os preguntaréis, ¿por qué? Porque hace escasas semanas tomó la valiente DECISIÓN de disfrutar profesionalmente de algo que le encanta, y es eso de “andar con las manos en las masa”, emprendiendo su propio negocio. En concreto, una churrería, en la que los clientes ya han empezado a acudir asiduamente a degustar un rico chocolate con churros, u otras cosas que allí se sirven con cariño y cercanía.

Ella para mí siempre ha sido un ejemplo en muchos sentidos. Y lo cierto es que en el tema profesional solo tenía dos opciones. O ir dando vueltas de trabajo en trabajo, empleando todo su saber hacer para otros, de algún modo optando por la “comodidad” de ser asalariada, o trabajar para ella misma. Esta última opción, la elegida, ha traído consigo, entre otras cosas:

  • Disfrutar con su trabajo.

  • Ser administradora de su tiempo.

  • Ser responsable de lo bueno y también de lo susceptible de mejora.

  • No rendir cuentas ante nadie más que ante sí misma.

  • No tener que pedir permiso para innovar o tomar decisiones.

  • Tener la satisfacción personal y profesional de estar haciendo lo que verdaderamente ha decidido hacer…

Rosario, que así se llama, no es una jovencita emprendedora, ni solo tiene 45 años. ¡Tiene 57! Anteriormente he resaltado la palabra DECISIÓN, y lo he hecho porque todos tenemos opciones, pero lo más complejo e importante es tomar decisiones. Apostar por un camino conlleva inevitablemente dejar de lado otros, y hay que hacerlo con ilusión, conocimiento, valentía, prudencia, determinación y pasión por lo que se hace.

Con 57 años, tiene muchos de experiencia laboral, y es muy válida para lo que hace ahora y para otros muchos trabajos posibles. Alguno de vosotros estará pensando, y lo entiendo, “Carmen, qué nos vas a decir si es tu madre”. ¡Cierto…, lo es! Pero este artículo no es sobre ella en realidad, sino sobre cualquier PERSONA con una edad madura que no sepa por dónde encauzar su vida laboral.

Mi postura es clara ante la idea de diversificación de perfiles profesionales por edad, caracteres, habilidades, creatividad… dentro de las empresas.  Lo veo algo vital. Todos aportan a todos, con lo que todos contribuyen o deberían hacerlo al desarrollo de la propia empresa.

Hace pocas semanas, siguiendo la recomendación de una amiga, alquilé en el videoclub y pude ver la película “El becario”. Un breve adelanto sobre la temática del film. “La joven dueña de un exitoso negocio online dedicado a la moda acepta a regañadientes que la compañía contrate, como parte de un programa laboral, a un hombre de setenta años como becario senior. Sin embargo, poco a poco irá dándose cuenta de lo indispensable que puede volverse para la empresa”.

Pequeñas conclusiones  y enseñanzas que pude extraer al verla, más allá de que sea muy recomendable por motivos puramente cinematográficos, con el inmenso Roberto De Niro como protagonista:

  • estas personas gozan de una “experiencia natural”, esa experiencia que solo te da la vida con el paso de los años.

  • Las ganas de no quedarse atrás, de hacer ver que son tan válidos como cualquiera de nosotros, independientemente de la edad.

  • El haber pasado personalmente o con terceros por muchos altibajos emocionales y llegar a saber gestionarlos mejor.

  • La tenacidad y capacidad de sacrificio que han tenido que desarrollar en varios momentos de su vida profesional y personal.

  • La madurez para afrontar determinadas situaciones y poder con ésta ayudar a otros.

  • La lealtad que tienen hacia la empresa es mucho mayor que en otros perfiles profesionales con otra edad.

  • La amplia red de contactos con que cuentan, ¡llevan practicando Networking gran parte de su vida y sin enterarse en muchos de los casos!

Son motivos más que suficientes como para confiar en personas que con más de 45 años están en el mercado laboral y no se les dan oportunidades, y nos pueden dar a los que somos más jóvenes lecciones de vida. Pero también tenemos que tener la humildad de reconocer que podemos y debemos aprender de todo el mundo, y especialmente de quienes han ido y siguen yendo por delante de nosotros en la mejor universidad, que es la de la vida y la necesidad.

Mi suegra tiene 64 años y es la más veterana con diferencia en su lugar de trabajo. Ha escuchado más de una vez comentarios relativos a que está impidiendo a otra persona más joven acceder al mercado laboral. Pero lo cierto es que habitualmente compañeros de su entorno profesional se nutren de su experiencia y consejos, y son mayoría absoluta los que la valoran como un activo muy destacado para el colectivo, por su juventud de espíritu, su capacidad para adaptarse y renovarse continuamente, y su pasión vocacional que le lleva a ir cada mañana al trabajo con la ilusión de una veinteañera.

No pongamos excusas baratas, ni dos dejemos engañar por prejuicios o etiquetas.
Cada persona tiene grandes cosas que aportar, si sabemos mirar más allá de los fríos datos de un currículum.
Lo más importante de los llamados Recursos Humanos es precisamente eso, que somos seres humanos.
Y muchas veces no lo son.

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Pixabay

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¡Viva la madre que me parió!

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Con cariño por Carmen Prada

 

Siempre he escuchado que para ser madre, una mujer nunca está preparada.

Yo no lo soy, pero sí hija y hermana, y tengo varias amistades en mi entorno que son madres. También he escuchado que te cambia la vida… Y es algo que jamás he dudado.

Admiro a mi madre, lo he hecho toda mi vida. Soy consciente de que cuando hablamos de nuestras madres, se utilizan muchas frases hechas. Pero es que, aun hechas, son verdaderas.

Admiro a mi madre por muchos motivos, y entre ellos, el regalarme su ejemplo de vida humilde, honrada, de sacrificio, generosidad, y repleta de entrega. Entrega por su esposo y por sus hijas.

Ella siempre dice que su mayor orgullo son sus tres hijas, y hasta en eso es generosa. La vida no le ha regalado nada, siempre nos ha hecho ver que para lograr algo se debe derrochar mucho sacrificio. Que conseguir las cosas de un modo fácil y rápido no es el mejor camino. Y es que nuestra mejor carrera de estudios nos la ha regalado ella, la carrera de la vida.

Humildemente, pienso que ser madre es una carrera de fondo. Durante 9 meses hay momentos buenos y otros que no lo deben ser tanto. Poco a poco vamos creciendo y los hijos,  a veces sin percatarnos de ello, nos volvemos egoístas. Egoístas porque nuestra memoria es selectiva y se nos olvida  lo mucho a lo que nuestra madre tuvo que renunciar, y quizá lo siga haciendo, para darnos lo mejor.

Noches en vela, miedos, preocupaciones, decepciones, alegrías… ¡Tanto y nada que le damos! Pero aun así, ahí están, incondicionales.

Una madre ejerce con “título” siempre. En la más tierna infancia, en la complicada adolescencia, en la esperanzadora juventud, cuando nos casamos, pero también cuando nuestra edad y “experiencia de la vida” nos hacen pensar que en nuestra vida actual nuestra madre poco ha de ejercer. ¡Disculpadme, pero es un grave error! El punto de vista de una madre es único, por lo que creo muy conveniente estar siempre receptivo a lo que puedan decir, pues lo harán con amor y conocimiento, más allá de que después cada uno ha de tomar sus propias decisiones, pues en eso también consiste ser adulto.

Hay muchas frases típicas de una madre, pero sin duda la mía tiene un repertorio diferente para  cada una de sus tres hijas. Y es que cuando digo que una madre toda la vida sigue ejerciendo como tal y además debemos disfrutar con ello, pongo el ejemplo de frases típicas de la mía, que aún ahora, a mis 40 años, sigue diciéndome:

  • Me he podido comer medio cocido, pero para mi madre la frase “nena, no has comido nada”, es obligatoria.

 

  • Reconozco que me gusta mucho hablar con ella, y aunque estamos a poca distancia geográfica, al teléfono le damos bastante uso. Si pasa unos días sin llamar y al final acabo llamándola yo, solo descolgar el teléfono dice “justo ahora, hija, te iba a llamar yo…”

 

  • Puedo llevar cinco capas de ropa encima, pero sin duda dirá “abrígate, que después así se cogen los catarros”.

 

Podría seguir y seguir, pero independientemente de la edad que tengas, tú que me estás leyendo, seguramente hayas identificado a tu propia madre con alguna.

Y es que es cierto, ¡MADRE NO HAY MÁS QUE UNA!

¿Y por qué hoy hablo de las madres? Hoy se celebra su día. Será como recordatorio, porque a mi madre la tengo en la mente cada día e instante de mi vida.

No necesito un día como hoy para decirle “te quiero mamá”, o mandarle un beso por teléfono, achucharla cuando estoy con ella, decirle lo orgullosa que me siento de ella por recientes pasos que ha dado que solo los valientes se atreverían a darlos, a hacerle un regalo porque he visto algo que me ha hecho pensar en ella… ¡Celebro tener a mi madre, pero lo hago cada día!

Bello poema he encontrado para este día, a ti mamá que jamás me has soltado de la mano te lo dedico:

“Manos las de mi madre, tan acariciadoras,
tan de seda, tan de ella, blancas y bienhechoras.
¡Solo ellas son las santas, solo ellas son las que aman,
las que todo prodigan y nada me reclaman!
¡Las que por aliviarme de dudas y querellas,
me sacan las espinas y se las clavan en ellas!

Para el ardor ingrato de recónditas penas,
no hay como la frescura de esas dos azucenas.
¡Ellas cuando la vida deja mis flores mustias
son dos milagros blancos apaciguando angustias!
Y cuando del destino me acosan las maldades,
son dos alas de paz sobre mis tempestades.

Ellas son las celestes; las milagrosas, ellas,
porque hacen que en mi sombra me florezcan estrellas.
Para el dolor, caricias; para el pesar, unción.
¡Son las únicas manos que tienen corazón!
(Rosal de rosas blancas de tersuras eternas:
aprended de blancuras en las manos maternas).

Yo que llevo en el alma las dudas escondidas,
cuando tengo las alas de la ilusión caídas,
¡las manos maternales aquí en mi pecho son
como dos alas quietas sobre mi corazón!
¡Las manos de mi madre saben borrar tristezas!
¡Las manos de mi madre perfuman con terneza!”

                                                                                                              Alfredo Espino

 

No dejemos de dar gracias cada día por el hecho de habernos dado el regalo de la vida.

Dedicado a mi madre en especial y a todas las madres que leáis estas humildes palabras que salen del corazón. Unas palabras inspiradas por el amor de una hija.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, propia

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Líderes de nada, esclavos de si mismos

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Artículo publicado por Carmen Prada

Miras a un lado, miras al otro y da igual el color o la ideología, todos quieren pasar por encima de sus adversarios. Lamentablemente, España sufre un mal cada vez mayor, los sectarismos ideológicos quieren tener el poder a costa de lo que sea y de quien sea.

Me hace gracia – porque no gano nada con indignarme – la docilidad de la ciudadanía ante un sistema electoral y político que está diseñado para que los políticos jueguen groseramente con las voluntades de los votantes, planteando o rechazando según convenga pactos de lo más variopinto, regalando senadores que no han sido elegidos por los electores, tomando posesión de cargos sin respetar la ley en el mismo momento de la toma…

Hay muchas maneras de insultar al pueblo, pero lo peor es que al pueblo parece darle lo mismo, por lo que a veces pienso que no merecemos algo distinto a lo que hay. Lo de la búsqueda del bien común suena muy bonito, como la deportividad en el fútbol, pero a la hora de la verdad cada cual mira única y exclusivamente por sus intereses, y los debates políticos son sustituidos por broncas taberneras, la altura de miras y el sentido de estado por el afán de poder y la ambición personal, y la ciudadanía agacha la cerviz, quizá porque los ciudadanos, individualmente, en su vida privada, no son menos mezquinos ni más honrados que aquellos que nos pretenden gobernar.

Que cada sociedad tiene los gobernantes que se merece, es un dicho del que cada día estoy más convencida. Percibo en mi vida cotidiana un creciente individualismo en la gente, un progresivo deterioro en valores, por lo que no me sorprende que el nivel intelectual y ético de los líderes políticos sea a la par cada vez más pobre. No veo capacitado a ninguno para acelerar cualquier solución presente o futura, sino más bien, están buscando sus intereses presentes y futuros… Es triste que el poder se vea como un triunfo, que tras unas elecciones todos reivindiquen la victoria como si eso fuera lo que realmente importa. No hace falta ocupar ningún sillón ministerial en especial si lo que se quiere de verdad es servir a la sociedad, a tus semejantes, a los más necesitados…

El poder puede ser tentador, suculento y confuso. Sin duda, siempre peligroso. Ocurre lo mismo con el dinero. No conozco a nadie a quien el poder o el dinero haya transformado positivamente, haciendo de esa persona alguien más cercano, humano, humilde, fraterno, honesto, brillante… En cambio, creo que todos conocemos a alguien a quien el poder o el dinero lo ha llevado a ser más altivo, materialista, egoísta, corrupto, hipócrita y embustero… y en algunos casos un perfecto imbécil. Afortunadamente, no siempre ocurre, pero el riesgo está ahí.

En el mundo profesional, y muy concretamente en el sector comercial el conozco muy bien por mi larga trayectoria en él, también ocurre a menudo que toca convivir con gente “trepa” capaz de cualquier cosa por conseguir un puesto determinado, o con quien ya lo ha conseguido y se vanagloria de ello humillando a sus subordinados. Confiar un puesto de responsabilidad a alguien, exige no solo una capacitación profesional, o unos méritos constatables, sino también calidad humana que genere corriente positiva en el trabajo, como compañerismo, honestidad, afán de superación, reconocimiento, respeto, sentido de equipo… Aunque sin duda puede ayudar, en absoluto es imprescindible que las personas se lleven bien o tengan formas de ver la vida similares para trabajar juntas de forma exitosa. Es perfectamente posible hacer equipo y que la labor sea fecunda cuando las prioridades y los objetivos se tienen claros y no pasan por mirarse el ombligo, aunque los puntos de vista difieran en ciertos aspectos.

Saber valorar las diferencias como una posibilidad de enriquecimiento compartido puede ser muy provechoso, pero eso exige renunciar a los prejuicios y sectarismos que tienden a etiquetar a las personas, haciendo que nos cerremos a toda la riqueza humana y profesional que el otro puede ofrecer. Caer en este error, no solo es poco inteligente, sino que puede llegar a ser muy costoso, por lo que procuremos rodearnos de personas predispuestas a escuchar y aprender de otras, y  no malgastemos tiempo y energías con quienes levantan alambradas ficticias entre “los que son de los míos” y el resto.

En un equipo, siempre existen distintos carismas profesionales, que si se aprovechan y engarzan harán crecer más y mejor a la empresa, pero la figura de “poder”, si no se ejerce con autoridad moral y sobre todo enfocada a facilitar el desarrollo de las diversas potencialidades, terminará por diluirse en su propia inoperancia o ahogarse por la voracidad de su ego.

 

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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El tiempo es oro

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Por Carmen Prada

Reconozco que desde niña he sido una apasionada de los cuentos, y además, tanto me impregnaba de ellos que me los llegaba a creer de algún modo. Con el paso de los años, me he dado cuenta que muchos de ellos tienen un trasfondo de verdad, o más bien una reflexión a la que nos deberían llevar.

Hace unas semanas, recibí un regalo maravilloso de mi esposo. Un libro titulado Regálame la salud de un cuento, de José-Carlos Bermejo. Confieso que lo estamos aprovechando juntos, pues cada noche al acostarnos él me lee un cuento, y yo lo disfruto como una niña.

El libro está repleto de cuentos que te llevan a la reflexión, son historias breves de diferentes temáticas, pero hasta el momento ha habido uno por encima de todos que me ha llamado mucho la atención. Quizá alguno de vosotros ya lo conozca, pero aun así quiero compartirlo:

“La noche había caído ya; sin embargo, el pequeño niño hacía grandes esfuerzos por permanecer despierto. El motivo bien valía la pena; estaba esperando a su papá. Los traviesos ojos iban cayendo pesadamente cuando se abrió la puerta.

Hijo: “Papá, ¿puedo hacerte una pregunta?”
Padre: “Sí, claro, ¿qué es?”
Hijo: “Papá, ¿cuánto dinero ganas en una hora?”
—dijo con ojos muy abiertos.

Su padre entre molesto y cansado, fue muy tajante en su respuesta.
“Eso no es asunto tuyo, ni tu madre lo sabe, ¿por qué me preguntas tal cosa?”
Hijo: “Sólo quiero saber, por favor dime, ¿cuánto ganas por una hora?”

El papá contrariado contestó con un simple: “100€ por hora”.
Hijo: “Oh” —
El niño con tristeza agacha la cabeza hacia abajo…
“Papá, ¿puedo pedir prestado 50€?”

El padre se puso furioso: “Si la única razón por la que quieres saber lo que gano es para pedir prestado dinero para comprarte algún juguete tonto, entonces quédate en tu habitación, no salgas y piensa por qué estás siendo tan egoísta. Yo trabajo duro todos los días, como para lidiar con este comportamiento tan infantil”.

El niño en silencio cerró la puerta de su habitación. El hombre se sentó y comenzó incluso a ponerse más enojado acerca de la pregunta del pequeño. ¿Cómo se atreve a hacer tales preguntas sólo para obtener algo de dinero? Después de una hora o algo así, el hombre se calmó y comenzó a pensar: Tal vez había algo que realmente necesitaba comprar con esos 50€, después de todo, el niño no pedía dinero muy a menudo. Así pues, se acercó a la puerta de la habitación del niño y abrió la puerta.

Padre: “¿Estás dormido, hijo?”
Hijo: “No papá, estoy despierto”.
Padre: “He estado pensando, tal vez yo fui demasiado duro contigo. Ha sido un día largo y descargué mi frustración en ti. Aquí tienes los 50€ que me pediste…”
El niño se irguió, sonriendo.
“Oh, gracias papá!” -susurró el niño mientras metía su manita debajo de la almohada y sacaba varias monedas.

Entonces, se levanta y agarra debajo de la almohada unas monedas y unos billetes arrugados. El hombre vio que el muchacho ya tenía dinero, empezó a enfadarse de nuevo. El niño contó despacio su dinero, y luego miró a su padre.

Papá: “¿Por qué quieres más dinero si ya tiene bastante?”
Hijo: “Porque yo no tenía suficiente, pero ahora sí.” –Contestó entusiasmado.
“Papá, ahora tengo 100€. ¿Puedo comprar una hora de tu tiempo? Por favor, mañana ven a casa temprano, me gustaría cenar contigo.”

El padre se sintió acongojado. Puso sus brazos alrededor de su pequeño hijo, y le suplicó por su perdón.

Recordemos siempre, que la mejor inversión de nuestro tiempo es en la familia que tenemos, las personas que tenemos a nuestro lado y en nuestros corazones. Si el día de mañana morimos, en apenas unos breves días habría alguien reemplazándonos en el trabajo; en cambio, para la familia y amigos que dejamos atrás, la pérdida sería eterna. Valora el tiempo que pasas con los tuyos, porque no hay nada más valioso”. Autor desconocido

Esta es una conversación de un hijo con su padre, pero, ¿en cuántas ocasiones “robamos tiempo” a las cosas que son realmente importantes? ¿No nos ofrecemos con la excusa de que “no tengo tiempo para nada”?

Vivimos en una sociedad envuelta en compromisos, en la que vivimos deprisa y corriendo, sin percatarnos de las cosas que realmente merecen la pena y de las personas que precisan de nuestros oídos porque necesitan ser escuchadas.

La falta de tiempo es la excusa perfecta para evadir responsabilidades, responsabilidades de las que en muchas ocasiones simplemente queremos huir. Siempre he escuchado que “el tiempo es oro”, y sin duda, así lo creo. Es uno de los bienes más preciados, y en muchas ocasiones no nos damos cuenta que la vida, las oportunidades, los sentimientos, momentos…, corren y transcurren a la misma velocidad que éste lo hace, dejándonos muchas veces sin cosas a las que en un momento dado no dimos valor. Y lo peor de todo es que puede que muchas de ellas nunca regresen.

¿Has pensado alguna vez cuántas personas estarían dispuestas a pagar por tener un minuto de tu tiempo para que simplemente las escuches?

 

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Pixabay

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Un pedacito de todos nosotros

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Por Carmen Prada

 

Me gustaría compartir en el día de hoy un sentimiento, una emoción que quizá en algún momento para muchos de vosotros haya sido al mismo tiempo un pesar.

Cada vez estoy más segura de que “uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde”. ¡Es cierto! Y en ocasiones, hay pérdidas que no volveremos a recuperar, al menos en mucho tiempo.

Y os estaréis preguntando, “¿pero todo esto a que viene, Carmen?”

En mi zona, la comarca del Bierzo, disfrutamos gracias a Dios de bienes tan preciados como la cultura gastronómica y enológica, histórica y monumental, y cómo no, de unos parajes y paisajes que son nuestro orgullo. Los amantes de la naturaleza, tanto turistas como cualquier persona que desee respirar aire puro, pueden disfrutar y perderse en nuestro paraíso poblado de numerosa y variada flora y fauna.

Hoy os quiero presentar uno del que durante años y años hemos gozado y disfrutado, El Valle del Silencio. ¿Cómo describirlo para que podáis sentir su frescura?

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Imagen de Javier Martínez Ponte – Antes

“Un río de cristalinas aguas serpentea a lo largo de un valle angosto, sinuoso y de fuertes pendientes, y deja paso a un paisaje perfecto para el viajero sin prisas, donde disfrutar de la tranquilidad y la naturaleza.

El paraje de Tebaida Berciana es un lugar de ermitaños. Fructuoso y Genadio son sus primeras señas de identidad y quienes fundaron monasterios en Compludo, San Pedro de Montes o Santiago de Peñalba, lugares repoblados espiritualmente durante los siguientes siglos. El Valle del Silencio guarda la magia del bosque, de sus pueblos y de una cultura que permanece en la memoria.

En esta ruta se pueden visitar: la Cueva de San Genadio, el Monasterio de San Pedro de Montes, la Ermita de Santa Cruz, el Monasterio Iglesia de Santiago de Peñalba y la Herrería de Compludo”.

¿Por qué todo esto? Porque a primera hora de este pasado miércoles, se inició un pavoroso y dramático incendio en nuestro Valle del Silencio, donde miles de hectáreas han sido arrasadas dejando una imagen de desolación donde poco antes había un secular vergel.

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Javier Martínez Ponte – Ahora

Desolados estamos todos los bercianos que por él llevamos días llorando. Son lágrimas de impotencia, de rabia, de incomprensión… ¿Incomprensión? ¡Sin duda!

Incomprensión por no entender cómo hay personas capaces de estar tan vacías en su interior para llegar a provocar catástrofes tan crueles como ésta. Se me ocurren muchos calificativos, pero no los voy a utilizar. Los que realmente amamos nuestra tierra, con sus riquezas, pero también con sus pobrezas, no debemos permitir que personas que además de tener el interior negro, sucio e insípido, nos quiten a la gente de bien las ganas y el orgullo de defender y cuidar lo que hemos heredado de generaciones pasadas, para podérselo entregar del mejor modo a las futuras.

También es cierto que la autocrítica en estos momentos no está de más… No se actúa hasta que algo así llega. No se toman las medidas necesarias para cuidar lo que presumimos tener, y yo me pregunto, ¿y ahora qué lugar ocupará nuestro Valle cuando se nos llenaba la boca hablando lejos del Bierzo de él?

Para todos los que amamos el Bierzo, no solo el Valle del Silencio está de luto, nosotros como bercianos también…

Seguro que muchos de los que estáis leyendo estas palabras que salen de lo más profundo de mi ser, habéis lamentado sucesos similares en vuestra tierra, pues se trata de una lacra muy extendida. Una mayor concienciación medioambiental desde la escuela, junto con una menor tolerancia a comportamientos irresponsables que frecuentemente se dan en determinados ámbitos, no solo en el rural, son carencias sociales que necesitan ser impulsadas y gestionadas convenientemente por el poder público, pero también por la conciencia personal de cada ciudadano.

La unión de las personas, la responsabilidad firmada por determinados cargos de la administración, y sin duda una dura condena a comportamientos incomprensibles y repugnantes, han de ser  la base del trabajo por el bien común y la riqueza – en cualquier sentido – de nuestro país.

Hoy siento tristeza e indignación, pero no nos rindamos nunca. La naturaleza volverá a florecer, estemos siempre de parte de la vida. También eso es vivir confiadamente el Tiempo Pascual.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Google

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Trabajar en familia y no morir en el intento

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Artículo publicado por Carmen Prada

En algún momento lo leí, y es que dicen las estadísticas que la primera generación levanta una empresa, la segunda la administra y la tercera la dilapida.

Hace escasos días escuché un programa de radio en el cual se planteaba la siguiente pregunta: “¿trabajaría usted con su pareja o con algún familiar?” Lo cierto es que la respuesta abrumadoramente mayoritaria era ¡no! Así de sencillo.

Son muchas las cosas a tener en cuenta, y depende en gran medida de la personalidad y carisma de las personas que lideran el proyecto.

Hay negocios generacionales, la primera generación quizá no poseía los mismos recursos o preparación académica que la segunda y tercera generación, pero es cierto algo, y es que la formación es muy importante, pero el empuje y la fe y la pasión por lo que uno crea y ve florecer pesa más.

Reconozco haber trabajado con el que ahora es mi esposo, pero en aquel entonces novio, y yo ejercía un cargo de responsabilidad dentro de un equipo comercial del que él formaba parte. Lo teníamos claro, a partir de tal hora somos profesionales, y después de la jornada laboral otra vez pareja. Reconozco que pocas personas entendían cómo podíamos hacerlo, pero la verdad es que nunca tuvimos problema alguno al respecto.

Delimitar y alejar de tu vida personal la profesional nunca es fácil, y es más, puede llevar a rupturas sentimentales, familiares o a distanciamientos con amistades.

Lo más complejo de todo cuando tu trabajo lo compartes con un familiar es saber dónde y cuándo finalizan las relaciones personales y las profesionales. Al final, es como una relación de amor/odio, ya que gestionar las emociones cuando existe un vínculo de confianza tan fuerte hace por momentos que ambos midan sus fuerzas llegando al máximo.

La situación actual en el país hace que muchas personas se planteen cuestiones como puede ser el poner en marcha una empresa familiar. De esa idea, evidentemente empiezan a surgir diversas preguntas, tales como:  ¿qué hacemos entonces?, ¿trabajamos en familia o mejor buscamos nuestro propio camino?

Sin duda, cada persona es un mundo y un caso particular, pero el tema de las empresas familiares puede parecer algo más sencillo de gestionar, ya que “al final todo queda en familia”, pero tiene más inconvenientes que ventajas, y es que sin duda no es oro todo lo que reluce.

Existe cuestiones básicas que toda empresa de este tipo, que no deja de estar formada por personas, debe plantearse:

  • ¿lo voy a hacer por necesidad? Con lo cual, el grado de responsabilidad, implicación y desempeño de tus funciones, va a ser proporcional a esa necesidad, que sin duda no tiene por qué estar reñida con que además disfrutes con tu trabajo.
  • ¿Lo voy a hacer por compromiso? La respuesta que doy a esta última pregunta es simple. Llegará un momento en que se tome otro camino diferente, ya que ni uno mismo se identifica con lo que hace. ¡No existe una necesidad que haga que luches por el negocio!

Para mí, las empresas familiares son empresas, sin añadir “familiares”. Porque si nos ponemos a pensar, ¿cuál es el fin de cualquier empresa? Obtener una rentabilidad económica. Debemos tener claro que una empresa no es una ONG, y a partir de aquí, ¡nadie trabaja por pasar el rato! De ahí la importancia, como siempre digo, de la sana ambición. El conformismo tiene que estar muy lejos de cualquier profesional, y más si cabe en estos casos.

Yo tampoco me conformo con los inconvenientes de hacerlo, y voy a intentar buscar soluciones para que la situación sea más gratificante, en muchos sentidos:

  • en cualquier empresa familiar es aconsejable definir horarios estrictos y reales de trabajo, días de descanso, tareas repartidas y a las que cada cual se compromete, objetivos claramente definidos, sin olvidarnos de algo tan básico como es la innovación dentro de un negocio.
  • Déjese claro desde el inicio el porcentaje a repartir de las ganancias, como ha tenido que quedar claro el de las responsabilidades.
  • Algo básico es saber separar el terreno personal del profesional, respetando siempre dichos ámbitos. Tanta confianza en la mayoría de las ocasiones perjudica más que beneficia, de ahí que muchas veces se abuse de ella…

 

  • Mantener el autocontrol juega un papel muy importante. Como mencioné anteriormente, la confianza nos puede llevar al abuso o incluso a situaciones límite que además de finalizar con ese compromiso profesional, pueda limar y dañar la relación familiar o de amistad.

 

  • Si ya cuando tenemos trabajadores a nuestro cargo es importante una buena comunicación, sobra decir que en este caso debe ser abundante. Una de las herramientas más valiosas para el buen funcionamiento de la empresa, sin duda.

Os quiero dejar una breve reflexión.

“Que lo que no ha separado la sangre que corre por las venas de una familia o por el vínculo tan estrecho que existe en una pareja, no lo separe algo tan material como una lucha de poder y egos…” Carmen Prada.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Pixabay

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