Orgullosa y avergonzada. Y en perfecta coherencia.

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Por Carmen Prada

He escrito recientemente sobre el panorama político, lo que no es habitual en mí, pero la actualidad manda y nos afecta a todos, de un modo u otro.

En las últimas semanas, parece que los acontecimientos han despertado el sentimiento de orgullo de ser español. Abundan las banderas rojigualdas en los balcones de toda la geografía nacional, también en Cataluña. El pasado domingo 8 de octubre se produjo una multitudinaria manifestación en Barcelona por la unidad nacional, y soy consciente de que los sentimientos están muy a flor de piel, lo que siempre resulta peligroso, pues aunque éstos existen de todos los colores, ese no es el problema. El problema es que donde abundan los sentimientos deberían sobreabundar la reflexión y la razón. Y la realidad no suele ser esa.

Como ya he dejado claro en escritos recientes, mi patriotismo lo siento y entiendo mucho más allá de una bandera, sin menoscabo de que los símbolos tienen su sentido e importancia, y yo me emocione con la de España, y con el himno, y me ponga la camiseta para apoyar a la selección, claro que sí. Pero sin fanatismos. Sin vendas en los ojos. En clave de pluralismo y diversidad, agradecimiento y responsabilidad.

Puedo decir que tengo motivos sobrados para sentirme orgullosa de ser española. E igualmente, los tengo para sentirme avergonzada. Y me siento ambas cosas.

Cuando una persona se encuentra ante la tesitura de aceptar o no una herencia, ha de valorar muchas cosas. Pero si finalmente la acepta, asume lo mejor y lo peor. Puede ser que se trate de un valioso patrimonio. Pero también puede ser que la herencia venga cargada de deudas. Pues bien, lo que ni es coherente ni legal es quedarse solo con lo bueno y renegar de lo malo. Si aceptas, aceptas el paquete entero. Así está establecido por nuestro ordenamiento jurídico. Y es lo lógico.

 

Un adolescente puede ser en el instituto un alumno brillante y respetuoso con sus compañeros y profesores. Pero puede igualmente actuar de forma descontrolada el fin de semana, practicar el botellón en el parque, orinar en la acera, deambular en estado de embriaguez y propasarse con alguna chica. Y estos casos existen.

¿Sería coherente que los padres de la criatura sacaran pecho, henchidos de orgullo, por ser su hijo un alumno ejemplar, pero no asumieran su grado de responsabilidad en relación a sus gamberras andanzas?

 

Decir que me siento orgullosa y avergonzada de ser española no implica contradicción alguna. En realidad, es un verdadero ejercicio de coherencia, pues solo se es coherente cuando se asumen las luces y las sombras de nuestra realidad.

Acepto la herencia recibida, e intento poner cada día mi granito de arena para construir una mejor sociedad, pues nuestra vida y la de las futuras generaciones dependerán de nuestros pequeños actos, no solo de decisiones geopolíticas de gran alcance.

 

He nacido, me he criado, vivo y trabajo en España, me enorgullece ser receptora de su rica cultura, su milenaria historia, su  compleja y enriquecedora diversidad, sus playas y montañas, su magnífica gastronomía, el legado que a lo largo de los siglos ha enriquecido el hemisferio occidental, su tradición misionera por los cinco continentes, su lengua que une a cientos de millones de personas y decenas de países, su liderazgo mundial en donación de órganos, su apertura y hospitalidad, su juerga y cachondeo, sus bailes, melodías y canciones, su capacidad de emprendimiento, su presencia protagonista y exitosa en el deporte internacional… Y por mis amigos, y mi familia, y tanto y tanto y tanto… ¡Qué orgullo!

Desde que tengo uso de razón, presencio como ciudadana el lamentable y agotador espectáculo de un país cainita, enfrentado  por guerracivilismos tan trasnochados como innecesarios, que acostumbra a admirar lo ajeno y a minusvalorar lo propio, que comulga progresivamente con estúpidas tradiciones que no son las nuestras, como veremos pronto con el vomitivo Halloween, pero que se resiste a tener el nivel de inglés del resto de Europa, como si lo que necesitásemos fueran zombis y no dominar como propia la lengua franca de nuestra época. Un país salpicado por toda clase de corruptelas, pero en el que el ciudadano solo se rasga las vestiduras cuando el corrupto es el vecino o el rival político, pues no hay voluntad de autocrítica sincera, sociedad enferma de ombliguismo. Y más, y más, y más… ¡Qué vergüenza!

 

Podría alargar mucho más los dos párrafos anteriores, pero no pretendo con este humilde artículo hacer una radiografía sociológica de algo tan complejo, y en cierto sentido misterioso, como es mi querida España. Querida, y mucho, con sus luces y sombras. Ni siquiera, aunque no lo parezca, es la política la cuestión de fondo de este artículo.

En realidad, sobre lo que os invito amistosamente a reflexionar, es sobre lo fácil que es autoengañarse cuando ponemos la vista solo en lo que nos gusta y resulta agradable.

No sé si alguna vez lo habéis cantado, aquello de “¡Yo soy español, español, español!” Yo sí, celebrando triunfos deportivos, por ejemplo. Pero también soy española cuando en mi país, mi ciudad o mi barrio se producen acontecimientos vergonzosos. Y como he decidido, libre y democráticamente, no vivir en una burbuja, sino que acojo la herencia recibida, me siento orgullosa y avergonzada, a la vez y según el caso. Y siempre, con mis limitaciones e imperfecciones, intento ser una buena ciudadana del mundo, una buena española, una buena persona. Sin fanatismos. Pero sin temor a que me tilden de esto o aquello. Sin complejos.

Y para quien piense que lo que uno haga de poco sirve, acabo con una sabia reflexión de un referente para mí de primer nivel. Alguien que siempre con amor miró a los ojos a sus semejantes, sin preocuparse de nacionalidades, razas o credos.

A veces sentimos que lo que hacemos no es más que una gota en el océano, pero el océano sería más pequeño si le faltara esa gota. Santa Teresa de Calcuta.

 

 

 

 

 

Imagen, Pinterest.com

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¡Reto a la vista!

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Por Carmen Prada

 

Pues sí, cuando se sueña, en muchas ocasiones cuando uno pone de su parte, sacrificio, entrega, pasión, reciclaje continuo, tenacidad… ¡Se cumplen esos sueños!

Cuando un bendito día decidí dedicarme a lo que ahora me dedico, que no es a otra cosa que a las PERSONAS, es porque sabía que este realmente podía ser el camino para lograr algo que muchos creen imposible, ¡disfrutar de lo que hago!

Evidentemente tenemos que ser pacientes, ir pasito a pasito, teniendo las ideas y prioridades claras, y sobre todo, con mucha humildad.

Al final del camino que con arduo derroche has sembrado, seguramente te vaya a estar esperando el fruto.

Me gustaría dar las gracias a Alcalá Desarrollo y a la ciudad de Alcalá de Henares por contar conmigo para participar como ponente en un evento como es el que se va a desarrollar el 19 de octubre en el Espacio de Iniciativas Empresariales (C/ Blas Cabrera Infante, 23), que acogerá la I edición de #El Foro de empleo y emprendimiento, a través del cual se pretenden crear herramientas útiles para que tanto las personas que se encuentren en búsqueda activa de empleo, como aquellas que quieren crecer profesionalmente, logren sus objetivos. Se contará para ello con profesionales que formamos parte de La Nueva Ruta del Empleo, que por cierto te invito a que visites su web, porque estoy segura te va a sorprender.

 

La ponencia que impartiré llevará como título “Qué tener en cuenta antes de emprender”. Para me entendáis, antes de tirarme a la piscina…, me voy a asegurar que haya agua. Mi ponencia dará comienzo a las 10.45 horas, pero es que habrá varias salas para poder encontrar respuesta a eso que te está dando vueltas en la cabeza y que no encuentras.

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Desde luego que no os diré cómo enfocaré mi ponencia, ¡pero lo tengo claro! Y por este motivo me gustaría que acudieses si tienes la posibilidad, eso sí, sacando tu entrada gratuita a través de Ticketea en http://ow.ly/SfSj30fEHhO .

¿Qué profesionales te vas a encontrar?

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Disfruta del empleo y el emprendimiento de un modo diferente, quizá allí encuentres cosas que te sorprendan. ¡Yo estoy segura que lo haré!

 

 

 

 

 

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Sé tú, auténtico y sin imitaciones

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Por Carmen Prada

 

A menudo nos quejamos de lo que no tenemos y nos gustaría poseer.

Habitualmente, muchos de nuestros deseos insatisfechos están la línea de lo superficial y material. Cuántas veces hemos escuchado a alguien expresar su deseo de ser más alto, tener una mejor figura, más dinero, mejor coche, una mansión, un premio de lotería…

Imagina por un momento que se te aparece el genio de la lámpara y te concede 3 deseos. Sé sincero, no te engañes, ¿qué le pedirías? Sí, lo del genio es un cuento, claro, pero lo importante no es eso, sino que te sinceres contigo mismo, y concretes por orden tus prioridades. ¡Te invito a este pequeño ejercicio!

Pues os voy a ser sincera, nada de lo que no soy o no tengo, me haría más feliz.

Tenemos que ser conscientes de que en la vida hay cosas y personas que nos acompañan en ésta, porque nosotros mismos lo hemos decidido. Hay situaciones que vienen provocadas por nuestras elecciones en algún  momento dado. ¿Que a veces nos gustaría dar marcha atrás al descubrir las consecuencias? ¡Pues claro! Pero es que el que decide también se equivoca.

Realmente lo único a lo que quiero aspirar es a ser yo misma, natural, auténtica, cercana… Lo demás me sobra.

Podría estar bien, no lo sé, ser rubia, o más alta, o tener un sueldo seguro cada mes… Pero de estas tres opciones que he barajado, ser rubia y tener un sueldo seguro cada mes, ya he decidido con libertad sobre ello. Y es que no me voy a teñir de rubia, sigo siendo morena, y como he emprendido con toda la ilusión mi propio negocio, mi sueldo no está garantizado. Y no me quejo. Sobre lo de ser más alta, anda que no le he sacado yo partido a esto de ser bajita, ¡si es que soy capaz de meterme en cualquier sitio!

 

De verdad, ¿por qué pensar tanto en lo que no somos ni tenemos, en vez de valorar realmente lo que sí?

Mira a tu alrededor, ¿te has parado alguna vez a pensar en todo lo bueno que has construido? Y también, ¿en todos los errores que has cometido para ser mejor?

Hay padres que inducen a los niños desde bien pequeños, de algún modo, a querer ser de mayores como Cristiano Ronaldo, Miley Cyrus… Seguramente, sería más provechoso sentarse con los pequeños y decirles que realmente lo importante es que en un futuro sean nobles y auténticas personas.

 

Sí, es cierto, esos famosos ganan mucho dinero, son personas de éxito, pero todos sabemos que detrás de muchos de ellos se esconden grandes dramas personales e insatisfacciones vitales. Tampoco pueden disfrutar de algo tan hermoso como el anonimato, y en no pocas ocasiones han de seguir un guión preestablecido que les impide ser auténticos, para así no perder contratos o seguidores. Muchas veces, son esclavos de su propio éxito. Algunos no me creerán, pero no siento ninguna envidia por ellos, más allá de que la envidia nunca es sana.

 

Busquemos dentro de nosotros mismos, saquemos a flote todo lo bueno que poseemos y disfrutemos de ello. Seamos conscientes de nuestras limitaciones, aunque a veces resulte duro, pero no nos pasemos la vida persiguiendo la da otras personas, porque entonces lo que estaremos haciendo es perdernos la nuestra propia.

 

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  • Caminemos hacia nuestros propios sueños.
  • Disfrutemos de los pequeños momentos.
  • Tengamos poder de decisión.
  • No busquemos ser una sombra de otra persona.
  • Vivamos nuestra propia vida.
  • No tengamos miedo a errar, nos ayudará en este arduo y largo camino.
  • Contagiemos a los demás de nuestra autenticidad aceptando a cada cual como es.
  • Sepamos agradecer el legado de nuestros mayores, y procuremos dejarle a las generaciones futuras un mundo mejor.

 

 

No negocies tu autenticidad a cambio de una mirada de aprobación. Jorge Bucay.

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pinterest.com

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Hablemos de lo “prohibido”

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Por Carmen Prada

 

En los inicios de mi escritura, ya bien fuese en revistas, blogs diferentes al mío, publicaciones en las RR.SS., o incluso en el programa de radio que cada miércoles realizo, siempre me han insistido en lo siguiente: “Carmen, es importante que tengas en cuenta que en la medida de lo posible no se puede hablar de política ni religión…” Nunca he estado de acuerdo, aunque a regañadientes lo he ido aceptando porque hay muchos otros temas ciertamente importantes de qué tratar.

Con el paso del tiempo, y más en los últimos días, me he dado cuenta que la falta de pronunciamiento por parte de muchos de nosotros, ante intereses comunes, nos está perjudicando a todos como nación.

Cuando estéis leyendo esto, habrá llegado un día muy señalado por aquellos que anteponen sus codicias al respeto a la legalidad por la que se rige nuestra convivencia.

 

Desde bien pequeña entendí que todos los españoles formábamos una sociedad variopinta y diversa, pero con unos rasgos comunes que nos unen, y esto es algo fácilmente comprobable a poco que se viaje por nuestra geografía. A medida que mi vida ha ido avanzando, y he podido conocer diferentes gentes y lugares de España y otros países, estoy más convencida de que las fronteras son algo habitualmente ficticio, lo cual no está en absoluto reñido con reconocer que la variedad de tradiciones, lenguas e identidades es algo real y enriquecedor, de lo que podemos sentirnos orgullosos, y además disfrutar de ello. Y precisamente por ello yo entiendo y siento mi identidad española en clave de diversidad, pues me siento tan española con el botillo de mi tierra berciana, como con el cocido gallego, la ensaimada mallorquina o las migas aragonesas, por hablar de gastronomía. Pero de la misma manera, me fascina la diversidad patria si hablamos de paisajes, lenguas, climatología, etc. Y toda esa herencia secular de la que hoy puedo disfrutar sin fronteras ni aduanas, me gustaría que las próximas generaciones la puedan heredar también aumentada y mejorada. Así entiendo yo el patriotismo, sin fanatismos ni imposiciones, sino con un sentido de agradecimiento y responsabilidad, con un ojo hacia el pasado, pues un pueblo que desconoce su historia no es consciente de sus raíces, errores y logros, y otro hacia el futuro, que se construye día a día y entre todos.

Las cosas se pueden hacer bien, regular o fatal, pero no entiendo una España dividida, y menos una España quebrantada como sociedad. No deseo enfrentamientos entre las personas que forman parte de nuestra gran nación. Hay ideologías diferentes, claro que sí, con diversidad de opiniones, con puntos de vista dispares…, pero siempre y ante todo debe primar el respeto, a las personas y a la legalidad vigente, la cual se puede cambiar, si procede, pero por los cauces establecidos.

 

Hay demasiados miedos a la hora de pronunciarse con respecto a este tema, y mucha carga emocional, y aunque por deformación profesional nunca dejo de lado las emociones, también creo que éstas hay que gestionarlas adecuadamente de forma que no solapen a la razón ni a la verdad.

 

No me sirve el argumento de las supuestas mayorías, ni las mareas populares, ni la reiterada utilización torticera y falsaria de la historia y los datos. Afortunadamente, vivimos en uno de los países más civilizados de los aproximadamente 200 que hay en el mundo, más allá de las muchas cosas mejorables que naturalmente también existen, y aunque la principal labor de los políticos ha de ser la de sentarse a hablar para encontrar solución a los problemas, y esto se hace poco, no se debe dar ni una mínima esperanza a los que quieren saltarse la ley, y esto es lo que ocurriría si los representantes políticos que defienden el respeto a la Constitución se sentaran a “negociar” con los que empecinadamente desobedecen las leyes y a los jueces. O sea, con los delincuentes. Porque un político que se salta la ley e incita a los ciudadanos a que hagan lo propio, es simple y llanamente un delincuente. Y si España fuese, además de un país civilizado, un país serio, que no es lo mismo, más de uno que se pasea entre vítores y banderas rupturistas ya estaría entre rejas. Porque la talla de un político nunca puede ser medida por su afán desafiante y desobediente, sino por su capacidad para tender puentes, defender la verdad por encima de intereses electoralistas y partidistas, y convencer con argumentos hasta el punto de conseguir cualquier lícito objetivo político sin saltarse las reglas del juego.

 

Pero claro, si en España hubiera políticos de verdad, otro gallo nos cantaría. Quizá tengamos lo que nos merecemos, porque hay que ver qué fácil es ver a miles, millones, seguir como un rebaño a personajes de diversos colores e ideologías que entre todos no hacen uno, pues impera la mediocridad y la mezquindad, el partidismo y la mentira. Quizá porque precisamente la mediocridad sea una de las más fuertes señas de identidad de nuestra actual sociedad, tan desnortada y manipulable, apoltronada y anestesiada, convencida de que no merece la pena molestarse demasiado por causa alguna.

 

Si usted ve el fraude, y no dice fraude, usted es un fraudeNassim Taleb.

 

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pinterest.com

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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¡Se puede conseguir!

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Por Carmen Prada

 

¿Queréis que os diga algo? ¡Se puede conseguir!

¿El qué?, os estaréis preguntando. Me refiero a los objetivos que nos marcamos en la vida.

¿Qué aún no lo has hecho? ¡No dejes de plasmarlos en papel!

 

Hace aproximadamente dos años me marqué algunos de ellos, pero con el paso de los días y las semanas, iban surgiendo nuevos. Necesitaba otros que complementasen a los ya establecidos.

Con algunos me di cuenta, a la vez que iba creciendo personal y profesionalmente en estos dos años, que algunos de los objetivos marcados no estaban hechos para mí, o no sé, quizá yo tampoco para ellos. Pero sin duda, con los errores y los aciertos durante este recorrido y a la hora de dar forma a mi Marca Personal, me he dado cuenta de que me he acercado más a lo que quiero que sea la vida de Carmen.

Es evidente que la vida nos pone muchas pruebas, pruebas en las que a veces caes y te levantas, porque se trata de ser valientes y mirar siempre hacia adelante.

Me considero afortunada, y estoy casi segura  que si reflexionas un poco, ¡tú también lo eres!, y es que las personas que me rodean me han ayudado a madurar profesionalmente, por lo que les doy las gracias, ya que por momentos y sin saberlo han sido mis colaboradores y maestros. Y es que cuando acuden a mí para pedirme un consejo o que les ayude como guía, solicitando mi opinión…, no llegan a ser conscientes de todo lo que me han regalado y lo siguen haciendo.

Mi crecimiento ha ido a la par con mi ambición, esa que no cesa y siempre da un paso hacia adelante por mí. La ambición sana, exenta de avaricias y egoísmos, procuro que sea el motor en mi día a día.

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Siempre he tenido en cuenta que los pasos han de ser cortos pero firmes. Muchas veces, esos pasos, aunque cortos, se nos hacen enormes. Pero con el tiempo y la experiencia me he dado cuenta que en ocasiones son nuestros propios miedos transformados en excusas los que nos alejan de esas metas y objetivos que nos hemos marcados.

Cuando me preguntan las personas que conozco, más cercanas a mí, o aquellas con las que interactúo en las RRSS, ”qué hago para ser capaz de estar presente en tantos lugares a la vez”, porque esa sensación parece que es la que doy, mi respuesta siempre es la misma y es “la pasión que un buen día conocí y ahora es capaz de mover mi vida, ¡las personas!”

 

Con todo este “discurso” no pretendo dirigir la vida de nadie, ¡Dios me libre! Ni tan siquiera señalarte el camino a seguir, porque ese lo debes descubrir solo tú.

Pero la cuestión es, ¿sabes cómo?

  • Escúchate.

 

  • Pregúntate qué te haría feliz.

 

  • Déjate llevar por tu intuición y no por la de otras personas…

 

  • Busca tu propia realización.

 

  • Sé feliz cada día con aquello que hayas elegido para tu vida.

 

 

Por ese motivo, dedícate tiempo, y si después de todo esto, eres capaz de pronunciar cuando te vas a trabajar “voy a disfrutar de lo que hago”, no solo habrás logrado tu objetivo, sino que además serás capaz de seguir superándote mientras disfrutas de lo que haces.

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pinterest.com

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“ERE” o no eres, esa es la cuestión

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Comienzo desde la más absoluta sinceridad. Había comenzado a escribir un tema para hoy de gran carga emocional, pero de repente, los planes han cambiado. Sí, como en la propia vida, de manera imprevista uno se encuentra con situaciones que le llevan a variar sobre la marcha, y al final voy a tocar un tema totalmente diferente.

Hace muy pocos días, mientras disfrutaba del café mañanero, una persona conocida se acercó a mí. En la mano llevaba un buen paquete de papeles, y con los ojos vidriosos me confesó; “Carmen, llevo trabajando toda mi vida para la misma empresa, me quedan únicamente 5 años para la jubilación y me acaban de entregar los papeles en los que me comunican que la empresa prescinde de mí porque se encuentra en una situación de ERE. Ahora me toca ir a ver con los años que tengo cotizados cómo quedaría mi situación de prejubilación, menos mal que me lo han pagado todo…”

Mi respuesta trató de ser consecuente con el momento que intuía esta persona podía estar pasando. “Lo siento mucho. Antes de nada, me gustaría decirte que no sientas vergüenza por esta situación y no la vivas en silencio. Sé por lo que puedes estar pasando, yo me vi inmersa en una situación algo similar, porque a mí me debía tanto dinero la empresa, que ni el Fondo de Garantía Salarial (FOGASA)  llegó a cubrir el montante. Perdí mucho dinero”.

Su cara fue un poema ante mi confesión, y sobre todo por algo que le dije y le llamó mucho la atención, ¡no sientas vergüenza al decirlo!

Y es que reconozco haber sido hace unos años una de esas muchas personas a las que le tocó vivir esta situación. Todo comenzó con un ERE que afectó a parte de la plantilla de la empresa, y casi sin darme cuenta, llega al colectivo. En medio del proceso, hasta ser una de las últimas personas afectadas, uno tiene varias opciones, o por lo menos así lo pensé yo en aquellos momentos:

  • vivir de ilusiones construidas en castillos de papel, pensando que todo lo que has dado por la empresa, seguramente lo tendrán en cuenta y serás la única persona a la que no le afectará…

  • Aceptar esta circunstancia con resignación, sumido en una mayúscula tristeza, pensando que jamás te habías imaginado engordar las ya abundantes listas del INEM.

  • O por otro lado, está esa persona que se anticipa a sumarse a la cola antes mencionada, y no deja de trabajar en la búsqueda de nuevas posibilidades, para seguir desarrollando así su vida laboral.

Ni viví inmersa en castillos de papel, ni bajo ningún concepto asumí lo que sucedía con resignación, sino que lo que hice fue anteponerme a lo que se veía estaba por venir.

Está claro que la postura que tomes al respecto depende de muchas cosas, pero si de algo pende y mucho, es de la confianza que uno tenga en sí mismo. En esos momentos en los que te sientes perdido, sin rumbo, a la espera de no sabes muy bien qué… ¡Toca ser más inquieto que nunca, y en todos los sentidos!

 

Si eres de los que el certificado de extinción de contrato te llega por correo, y estando al tanto del cierre próximo de la empresa, ¿te has antepuesto con un plan B?

¿Qué puedes hacer ante esta situación o una similar que es la de estar en búsqueda activa de empleo? No queda otra que ser más proactivo que nunca, llamar a todas las “puertas y ventanas”, preparar a las personas que te rodean de la situación que está por venir, hacérselo saber a tus contactos… Ahora te hago otra pregunta con respecto a esta última acción, ¿te has preocupado de generarlos? ¿Estás haciendo algo para salir de tu hábitat natural-laboral, ante un posible cambio de actividad? ¿Has sido proactivo?

 

Y es que sin darte cuenta ha llegado la situación de desempleo. Puedes estar pensando, si me lo permites, ¡qué fácil es decirlo Carmen!, pero si has leído todo el post, te habrás dado cuenta de que en todo momento sé de lo que te hablo. Y podría añadir la coletilla de “y por desgracia…”, pero no lo voy a hacer, y ¿sabes por qué?, porque esa situación dura, crítica, emocionalmente agotadora…, me hizo sacar la mejor versión de mí, que confieso, a veces he dudado de si la conocía, y la viví con optimismo, sin dudar que nuevas oportunidades se iban a presentar.

El realismo ha de acompañarte en todo momento, hay que tomar decisiones y ponerlas en marcha, activar a toda velocidad la capacidad de reacción, moverse por ámbitos que te generen nuevos contactos, participar en talleres, en grupos de netwórking, reuniones de emprendedores, moverse con destreza por las redes sociales y darse a conocer… ¡Infinidad de acciones que vengan promovidas por tu inconformismo!

 

En el mundo laboral no siempre comienza a trabajar la persona más preparada o con más experiencia, sino la que ha sido capaz de llamar a puertas y prestarse aun cuando no había un puesto disponible. A veces se consigue meter la cabeza porque se ha mostrado ser una persona inquieta y con ganas. Hay que ser como los buenos delanteros en el fútbol, tener buen olfato goleador y estar en el momento justo en el lugar preciso para simplemente meter el balón en la red.

 

Si me lo permites, busca tu oportunidad, no te quedes parado, sé inquieto, no te conformes, no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, ve por lo que te propongas y sin duda… ¡busca esa oportunidad provocada por una desgracia!

 

 

 

 

 

 

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Serás lo que desees ser…

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Por Carmen Prada

 

Está claro que cuando uno quiere y desea conseguir sus metas, algo se tiene que hacer al respecto, lo que no tiene cabida es el inmovilismo.

En muchas ocasiones hay cosas que debemos cambiar, en otras en las que ya estamos llevando pautas a la práctica debemos modificar sobre la marcha, e incluso dejar de seguir anclados en rutinas ineficaces. En definitiva, esos pasos que debemos ir dando marcarán nuestro camino hasta la consecución del reto definido por nosotros mismos.

Aunque no nos paremos a pensar en ello, nuestro estado de ánimo tiene mucho que ver para comenzar a caminar o más bien quedarnos paralizados.

La perspectiva que tenemos cuando visualizamos algo, no es la misma cuando nuestro estado de ánimo es óptimo, que cuando más bien tenemos que bajar nuestra mirada y buscarlo por los suelos. En este último caso, parece que todos los caminos se estrechan, incluso llegamos a dejar de verlos, les perdemos de vista y únicamente pasamos a visualizar inconvenientes y barreras para dar pasos hacia adelante, sin apenas permitirnos posibilidades de hacer las cosas de otra forma.

Toda esta situación nos lleva a perder vitalidad e ilusión, las metas se disipan, todo se oscurece y lo que antes era posible ahora lo vemos inalcanzable.

No podemos negar que el encaminar la negatividad en nuestra vida hacia la positividad nos traerá consigo un mejor estado emocional, que sin duda repercutirá en nuestra salud, pero también en nuestra relación con los demás. O sea, ello redundará en una mejor calidad de vida.

 

Quizá toda esta teoría la conocemos prácticamente todos pero, ¿cómo salimos de este círculo vicioso? ¿Conocemos prácticas o herramientas que nos pueden ayudar a ello?

 

  • Si no promovemos cambios en nuestra vida, no lograremos ver resultados.
  • Debemos intentar que en nuestro diccionario la palabra imposible no exista.
  • Un exceso de auto-exigencia y auto-crítica nos puede llevar a perder confianza en nosotros mismos. Es importante darnos una tregua, sería bueno recopilar momentos gratos, ilusionantes, esperanzadores y aferrarnos a ellos.
  • Nadie ha dicho que la vida fuese fácil, el caminar por ella con una sonrisa hace que ésta nos ayude a afrontar situaciones de un modo más positivo.
  • Debemos ser agradecidos por lo que tenemos, por lo que la vida nos regala, quizá de este modo nos demos cuenta de lo mucho que tenemos y lo poco que agradecemos este regalo.
  • ¡Claro que a veces lo vemos todo negro! Pero de nosotros depende dar el primer paso para cambiarlo de color.
  • Rodearnos de personas positivas y alegres hace que el ambiente que se genera sea emocionalmente positivo. Debemos renunciar tajantemente al aislamiento social.
  • El sentirnos útiles y ayudar a personas que pueden precisar de nosotros, nos ayuda a encontrarnos con nosotros mismos, pero también a encontrar razones para que los demás piensen en nosotros como una luz a la que dirigirse.
  • Que no nos condicionen lo que los demás piensen de nosotros. La envidia es mala compañera de viaje, no permitas que nadie con este perfil se cuele en tu equipaje.

 

Lo sé, pueden parecer frases hechas, mucha teoría en ella y estar preguntándoos, ¿un ejemplo real?

 

Hace poco, durante varias semanas, una persona muy cercana a mí ha pasado por unos problemas de salud importantes. Han sido días de espera, de oscuridad, de ansias porque esta situación terminase, momentos de angustia.

Quizá hubiese sido más práctico en mi día a día, dejarme llevar por esta situación y dejar de disfrutar de mi trabajo o negar el tipo de persona que soy, a las personas que me rodean.

Claro que ha habido momentos de todo tipo, y hablo de mí emocionalmente, pero, ¿por qué dejarme llevar por la apatía y la desilusión? Realmente no tenía motivos, amo lo que hago, mi familia ha estado unida ante esta situación, me ha hecho ver la calidad y cantidad de amistades y personas que me quieren y además me ha servido para medir mi capacidad de sufrimiento.

 

Y repito, ha habido picos emocionales de todo tipo, pero mi motor es la pasión que siento por las personas, y es la que ha marcado mi camino hacia la luz y la esperanza.

 

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pinterest.com

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