¿Eres consciente desde qué momento tienes opciones en la búsqueda de empleo?

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Me gustaría compartir con vosotros una reflexión a la que llevo días dándole vueltas.

Cuando una persona está en búsqueda activa de empleo (porque así me gusta denominarla) y, no “parada”, ¿realmente llega a ser consciente de sus propios objetivos y de lo que está dispuesto a hacer para alcanzarlos?

A la hora de hacer una selección de personal, una se encuentra con casos sorprendentes, o quizá sea mejor decir actitudes que no dejan de resultarme curiosas.

La situación de búsqueda de empleo para mí siempre ha sido como sacarse un curso, ya que hasta para esto hay que estar preparados.

¿Hemos pensado en ello alguna vez? O por el contrario, ¿solo nos limitamos a postularnos a todas las ofertas de empleo que encontramos, esperando “algo”?

Desde el mismo momento que nos ponemos “manos a la obra” debemos tener claro ciertos puntos previos a obtener esa entrevista de trabajo con la que soñamos, ya que con ella debemos visualizar ¡posibilidad de empleo!

Y sí, digo bien, puntos previos. A menudo hablamos de cómo hacer frente a una entrevista de trabajo y conseguir el objetivo de ser el elegido para el puesto que nos hemos postulado, pero hoy quiero hablar de antes de otras cosas también importantes.

Hay actitudes que descuidamos, a las que no se les da la importancia que tienen. Si queremos marcar la diferencia entre los demás aspirantes, hagámoslo desde el minuto uno:

  • pongamos atención y mucho detalle a cómo hacemos llegar a la empresa para la que nos postulamos nuestro C.V. Si lo haces por correo electrónico no te olvides del “asunto” y por supuesto, el cuerpo del correo nos da la oportunidad para hacer mención de nuestra Carta de Presentación, la cual debe tener algo atractivo para que les dé pie a interesarse por tu C.V.

 

  • Prestemos atención a la redacción y las faltas de ortografía. Puede ser a primera vista lo que nos descarte con respecto a los demás aspirantes. Cuidemos nuestra fotografía del C.V., ¡nada de selfie! Hagámonos una foto en la que aparezcamos naturales. Eso significa que evitemos bares y fiestas. Algo neutro pero que transmita la que somos. ¡Algo natural!

  • En el momento en el que en nuestro teléfono aparezca un número desconocido, contestemos con ganas, con simpatía, entonación… Eso significa que, ¡da igual la hora del día! Estamos trabajando por nuestro proyecto, ¿o no?

  • Tenemos la fortuna de ser la persona seleccionada, y me pregunto, ¿y si nos preparamos para el momento? Olvidémonos de los pantalones cortos y las sandalias los hombres y las mujeres, utilicemos la elegancia combinada con la comodidad. Sin perder nuestro propio estilo. La seguridad en nosotros mismos nos da un plus… ¡Aprovechémoslo!

  • Seamos puntuales, no hagamos esperar a la persona que va a decidir si participamos en el desarrollo de la empresa o no. No lleguemos tampoco muy temprano, con cinco minutos antes de la hora en la que hemos quedado es suficiente.

  • Bajo ningún concepto faltemos a la cita, solo por este hecho nos estamos cerrando muchas puertas. Los reclutadores no solo buscan candidatos en las RR.SS., en las postulaciones que le llegan mediante correo electrónico…, sino que el boca a boca sigue funcionando. Como funciona en el mundo comercial.

Sinceramente, ¿buscamos trabajo? ¿En que mente cabe que faltemos a una entrevista laboral cuando ni siquiera conocemos la oferta ni las condiciones? La reacción dice mucho de nosotros…

Creo que gran parte del problema se debe a que cuando la gente busca trabajo, la mayoría de las personas simplemente buscan un empleo, y ya está. Y algunos hasta se permiten el lujo de hacerlo en sus ratos libres, o ponen sorprendentemente un sinfín de trabas para acudir a una entrevista. Falta mentalidad realmente ambiciosa y profesional. Falta ambición en aquellas personas que en vez de diseñar su propio plan profesional y enfocar su búsqueda en una dirección concreta, están a expensas “de lo que salga”, con lo cual se convierten en marionetas de coyunturas ajenas, en vez de dueños de su propio destino. Y falta mentalidad profesional en aquellas personas que no caen en la cuenta de que si lo que quieres de verdad es un trabajo a jornada completa, deberías dedicar al menos 8 horas al día a la búsqueda activa de empleo, porque has de plantearte que ese es tu trabajo actual. Y así, además de tener más opciones de encontrarlo, ya te verás obligado a una rutina y organización personal que te prepararán de manera inmejorable para comenzar a trabajar en cualquier momento.

 

Un ejemplo muy concreto. Tienes 2 niños, y desde que fuiste madre no has trabajado, y deseas volverlo a hacer. ¿Buscas trabajo en tus escasos ratos libres o dedicas a esa búsqueda las mismas horas que quieres trabajar? Hace poco supe de una chica que estaba en esa situación. Comenzó a trabajar, y a los 3 días lo dejó al descubrir que no podía compatibilizar su jornada laboral con el cuidado de sus hijos.

Falta de mentalidad, pues esa situación ya la tenía y conocía, pero no había utilizado su situación de desempleo para hacer una verdadera evaluación de sus posibilidades. Hay que analizar con cuidado y objetividad, con realismo, adelantarse a las adversidades actuando con previsión, tener visión en vez de improvisar sobre la marcha, no perder tiempo ni hacérselo perder a nadie. A todo esto y más me refiero con que estar en situación de desempleo no es lo mismo que estar parado. Estar parado es, literalmente, no estar haciendo nada. Para eso existen las vacaciones. Si lo tuyo es situación de desempleo con  verdaderas ganas de cambiar de situación, no estés parado, trabaja la búsqueda activa de empleo con profesionalidad, no como si fuera una afición de ratos sueltos, aprovecha las oportunidades de formarte, y desde luego no te rindas ni dejes de llamar a todas las puertas posibles, trabaja tu desarrollo personal y profesional, déjate ayudar para descubrir aspectos desconocidos de ti mismo, sé analítico y crítico contigo mismo, y no dudes que estar desempleado no está reñido con seguir creciendo cada día.

 

 

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Haz silencio y escúchate

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

 

Hoy no voy a comenzar con ninguna cita, ni de alguien ilustre ni mía propia. Prefiero ir directamente al grano.

Si alguna vez te has propuesto entender los diversos comportamientos de las personas que te rodean, me atrevería a decirte que ¡no lo intentes! Y que conste que no es para desanimarte, pero las personas somos seres demasiados complejos…

Siempre me he considerado una defensora acérrima de pararnos y buscar esos momentos de soledad íntima, con el propósito de hallar en nuestro interior respuestas a preguntas que prácticamente todos nos deberíamos hacer, a la vez que defiendo esta circunstancia como un crecimiento y desarrollo para con nosotros. Soy consciente que llegar a interiorizar en nosotros mismos, y encontrar respuestas que quizá no sean de nuestro agrado, puede llegar a resultar doloroso y en ocasiones difícil de asimilar.

El día a día nos hace olvidarnos o dejar a un lado en ocasiones de manera inconsciente, la persona que verdaderamente somos. Llegado un momento, podemos llegar a desconocernos, dejándonos arrastrar por el ambiente que nos rodea o incluso por el ritmo de vida.

Y es que la práctica de interiorizar debemos tenerla por higiene mental, pues al final te ves influenciado por diferentes personas y dependiente de opiniones de los demás, de comportamientos ajenos que te acaban arrastrando, con el riesgo que eso comporta a la hora de la toma de decisiones…

 

Me considero practicante de estar conmigo misma y seguir conociéndome a lo largo de mi vida, pero eso sí, sin escapar de los problemas y sin esconderlos bajo el felpudo, tampoco huir de situaciones extremas o que te obligan a hacer frente a emociones o decisiones que en momentos determinados tenemos que afrontar.

Estar a solas es absolutamente necesario, y todos deberíamos tener una dosis diaria de soledad para pensar, analizar y crear. Un momento diario de retirada y de vuelta al mundo real, un entrar y salir pero no para evadirse, sino para cargar pilas y regresar con más fuerza, perspectiva y claridad.

Llegado este punto me planteo algo, ¿se puede llegar a utilizar la famosa frase de “necesito estar solo y desconectar de todo” como excusa para “no quiero saber nada del mundo”? No sé si conocéis casos de este tipo, que pasan de necesitar buscar respuestas a preguntas importantes, a literalmente escapar de ellos mismos.

 

Tenemos dos opciones para afrontar a la vida:

  • mirar a la vida de frente y actuar con valentía, con la compañía sana de nuestras pobrezas y riquezas interiores. Para ello es vital que nos conozcamos, que nos miremos al espejo y nos reconozcamos en él, ser consciente de nuestras limitaciones pero aplaudir nuestras virtudes, porque a ambas las debemos conocer.

 

  • Llenarnos de excusas a causa de distintos miedos para impedir que nos desarrollemos. Vivir en un continuo desequilibrio entre esa persona que deseamos alcanzar ser y lo que somos, y simplemente alejarnos de este objetivo por el temor a darnos cuenta y afrontar nuestras carencias.

Esta última opción es la más dañina, sin duda nuestro peor enemigo somos nosotros mismos, de ahí que necesitemos alejarnos por momentos de la realidad, viajando constantemente a nuestro propio mundo.

Ser conscientes de aquello que nos separa de nuestra propia superación, de marcarnos unos objetivos, de creer en nosotros mismos y en nuestras posibilidades nos puede ayudar sin duda a percatarnos de la zona de confort en la que vivimos. Una peligrosa zona pantanosa en la que nos acomodamos.

 

No sé si te has percatado de ello, pero en ocasiones da la sensación de que conocemos más a las personas con las que nos relacionamos que a nosotros mismos, y eso es porque por distintos motivos estamos más pendientes de sus movimientos que de los nuestros propios. Vivimos la vida de otras personas, llegamos a asentar con la cabeza decisiones que no son nuestras, compartimos momentos en los que no estamos ni presentes, y hasta deciden otros por nosotros cuándo es el momento ideal para llevar a cabo algo.

 

¿Te has llegado a plantear que pueden denotar en ti falta de personalidad? Quizá estés pensando, – pues no sé por qué dices eso, Carmen –.  Pues muy sencillo.

  • En primer lugar, puedes llegar a dar muestras de falta de auto-conocimiento, y caer en notorias incoherencias.

 

  • Y segundo, puedes llegar a dar la impresión de ser una persona fácilmente manejable.

 

 

“Construye tu propia vida, escúchate y quiérete, corrige todo aquello que emita señales de peligro, disfruta del recorrido, y por encima de todo, sé dueño de tus propios pasos”. Carmen Prada

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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¿Ya has construido tu propio YO?

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Quizá os pueda parecer extraña esta reflexión que os voy a formular hoy pero, después de analizar mucho a las personas, vivir con pasión mi profesión, de ser éstas mi fuente de inspiración y escuchar más que hablar, he llegado a la conclusión de que hay dos momentos muy importantes en nuestra vida.

Os estaréis preguntado, ¿cuáles? Pues no, no hablo de lo que normalmente se comenta, ya sabéis, estudiar una carrera, casarse, tener hijos… ¡No, los tiros no van por ahí! Me explico:

1º.- Infancia. Evidentemente, nos educan a cada uno de un modo diferente. Nuestra educación sin duda va a estar condicionada por nuestra familia, por las costumbres del entorno, los valores culturales que nos inculquen, pero incluso también por los miedos que las personas que tenemos alrededor nos transmitan.

Nacemos casi con un “no llores”, poco a poco vienen los “ten cuidado que te vas a caer”, más tarde “no comas tanto dulce…” Y así podríamos seguir. Bajo ningún concepto dudo de que nuestros padres quieren lo mejor para nosotros, pero… ¿Y nosotros, sabemos lo que realmente queremos?

2º.- El momento de descubrir para qué hemos nacido. ¡Sí, lo que estás leyendo! A medida que vamos creciendo tenemos que tomar decisiones y asumir responsabilidades, en muchas ocasiones, si nos parásemos por un instante no sabríamos ni por qué, ni para qué. Y no, no hablo de tener una bola mágica y predecir el futuro, sino de pararnos frente a un espejo y preguntarnos a nosotros mismos, ¿en qué soy bueno en la vida y por qué?

Pero voy más allá, para ello debemos alejarnos de los miedos que quizá nos han acompañado durante muchos años, tener claro cuál es el punto en el que nos encontramos y hacernos la siguiente pregunta, ¿deseo pasarme toda mi vida en el punto en el que estoy en este momento? Entonces, ¿qué deseo para mi futuro?

Está claro que llegado este 2º punto, tenemos dos opciones:

  • seguir en nuestra zona de confort y quizá quedarnos en esa etapa del “nacimiento”. Y continuar consolándonos con los “por si acaso”, “es que todo está muy difícil”, “más vale malo conocido que bueno por conocer…”

 

  • O por otro lado, construir nuestro propio yo desde dentro hacia fuera. ¿Esto qué significa? “Lo parezco, porque es lo que realmente soy”. Transmitir personalidad, carisma, pero sobre todo seguridad y transparencia a los que nos rodean.

 

Sin duda, todo lo mencionado en el punto anterior es un proyecto, y quizá el proyecto y el reto más grande con el que nos encontremos en nuestra vida, la construcción de nosotros mismos.

 

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Me gustaría hacer mención de una frase de Viktor Frankl que dice mucho, “si tienes un por qué, aguantas casi cualquier cómo”. Y es que realmente este psiquiatra lo pudo experimentar en sus propias carnes y así lo dejó plasmado en su libro, A la vida. Éste narra sus experiencias como recluso de un campo de concentración nazi, lo que le llevó a descubrir la importancia de encontrar sentido en todas las formas de existencia, incluso las más brutales, y por lo tanto, una razón para seguir viviendo.

 

Proponte visualizar tu futuro, no será muy complicado si ya hemos construido nuestro propio Yo. La más ardua tarea vendrá después, cuando realmente tengamos que plasmarlos en palabras escritas como un compromiso vital con nosotros mismos. No valen las excusas ni peros, ya que tenemos claro cuál queremos que sea nuestro propio futuro y que para alcanzarlo debemos dejarnos la piel. ¡Es un todo o nada! ¡Es una apuesta al 100% por nosotros mismos! ¿Crees que existe alguien que pueda hacer una apuesta tan fuerte como tú por tu futuro?

 

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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La urgencia de un proyecto de construcción de una sociedad rota

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Artículo publicado por Carmen Prada

“Es más fácil construir niños fuertes que reparar hombres rotos”.Frederick Douglass

 

Disculpad que saque mi raíz y vena futboleras, en el más amplio sentido de la palabra en ambos casos.

Deseo compartir aquí y ahora con todos vosotros algo que muchas de las personas con las que me relaciono habitualmente ni saben, y es que durante gran parte de mi adolescencia y primera juventud desarrollé la actividad arbitral en el fútbol. Confieso que algo de “culpa” en todo esto tuvo mi padre, pues mi hermana y yo comenzamos en ese mundillo influenciadas sin duda por el hecho de haberlo acompañado muchas veces a los partidos que él durante años dirigió cada fin de semana, en categorías y campos modestos, en los que el árbitro se encontraba expuesto a todo tipo de incomprensiones y cosas peores, como podéis imaginar.

Recuerdo aquella etapa de mi vida con cariño, aunque en cada partido escuchaba barbaridades, y seguramente más por ser mujer. Frases como “estás mejor fregando los cacharros”, “a ti te hacia yo mujer”, “vete al puticlub y ganarás más”, y otras mucho peores que prefiero no reproducir, eran habituales. Pero quizá lo más curioso y triste es que no pocas veces eran mujeres las que proferían las expresiones más machistas.

También he de advertir que los espectadores participaban muy activamente en esa violencia verbal, que era tolerada con naturalidad, y también los conflictos y trifulcas entre los jugadores eran habituales.

Paradojas de la vida, hace casi diez años, retirada ya por completo del mundo arbitral, conocí a un chico con el trabé una gran amistad. Era y sigue siendo árbitro. Y además, desde hace casi un lustro es mi esposo.

Me ha contado muchas anécdotas vividas en primera persona, y aunque en comparación con lo que ocurría hace más de dos décadas, cuando yo arbitraba y él jugaba al fútbol, las cosas algo han mejorado, los episodios de violencia en el deporte se siguen produciendo con demasiada frecuencia. Quizá pase como con la violencia doméstica, salvando las distancias. No es que haya ahora más que en tiempos de nuestros padres y abuelos, pero sí hay más sensibilización y repercusión mediática al respecto. Y, al igual que con la doméstica, hay muchísimo camino por andar para erradicar esta lacra de nuestra sociedad.

Llevamos una temporada escuchando y viendo imágenes sobre hechos tan lamentables como que en partidos de categoría infantil los padres se enfrentan unos a otros llegando incluso a las manos. De todos estos hechos vergonzosos, han salido heridos y actuaciones judiciales. Los moratones y las contusiones son daños físicos con tratamientos conocidos y concretos, pero hago una pregunta; y los daños en la retina de muchos hijos, llantos y decepciones, ¿esos quién los va a reparar?

 

Hoy en día queremos ganar y ser los mejores, que se nos vea, llamar la atención, estar por encima de cualquiera… ¡En todo y a costa de cualquier cosa!

Toda esta violencia en la sociedad la respiramos cada día, no sé si somos del todo conscientes.

Entre los más jóvenes nos estamos encontrando con auténticas tragedias, incluso llegando a suicidios al sufrir el llamado bullying, un acoso físico y/o psicológico al que someten, de forma continuada, a un alumno sus compañeros.

Nos vamos al terreno profesional, y las injusticias y abusos aparecen como una plaga. La falta de respeto y de dignidad están a la orden del día.

  • Contratos de trabajo abusivos en los que todo vale, y si no te conviene hay muchos en la cola del paro.

 

  • Faltas de respeto por parte de cargos intermedios o incluso el propio empresario, viviendo a diario bajo la amenaza de perder el puesto de trabajo.

 

  • Las desigualdades salariales y de oportunidades por razón de sexo.

 

  • La relación con los compañeros… Es sano la competitividad, pero, ¿sabemos medir el grado? Cruzar la línea roja es muy fácil cuando lo que quieres conseguir es a costa de todo y todos.

 

  • El escaso valor que se le da a la experiencia, buscando perfiles que se pueden definir claramente: menores de 40 años. Se acostumbra a discriminar de este modo y dejar a un lado a personas que podrían tener un peso importante dentro de la empresa, cómo no, junto a esos “otros perfiles” con tanta demanda en estos momentos.

Y es que en nuestra vida personal nos sucede lo mismo, seguimos compitiendo salvajemente.

Se compite por tener mejor móvil que el amigo. Por irnos de vacaciones cada año y hacer eco con todo detalle para mostrar así el poder adquisitivo que tenemos. Si el mejor amigo de mi hijo tiene las últimas zapatillas deportivas que han salido en el mercado, el mío las tiene que tener también, que no se diga…

¿Dónde han quedado los verdaderos valores? Es algo a reflexionar por todos, yo me incluyo.

Estamos construyendo una sociedad basada en el materialismo, en el ansia de poder, el egoísmo, sin parar a pensar que vienen otras generaciones detrás a las que se lo estamos poniendo muy difícil. Y difícil por comportamientos que no se entienden, pero que ya empiezan a ver como normales, por la cotidianidad con que los viven.

Planes de estudio en los que las humanidades tienen cada vez una presencia más marginal, abundancia de familias desestructuradas, nuevas formas de violencia por el mal uso de las nuevas tecnologías, pérdida generalizada del sentido de la trascendencia, una sociedad más interconectada en la que las personas a su vez viven una mayor soledad por la superficialidad imperante que lleva al “consumismo de relaciones fugaces”…

Y sin embargo, no hay que perder la esperanza. También es más fácil encontrar personas dispuestas a no dejarse arrastrar. Puedes relacionarte con gente de los cinco continentes a golpe de clic, las posibilidades de llevar adelante proyectos aumentan, todo es más fácil si se tienen en cuenta las herramientas con las que contamos y se utilizan adecuadamente. Pero no pongamos nuestra fe en las tecnologías. Al final, son las personas lo realmente valioso e importante.

 

No renunciemos nunca a ver en cada una de ellas un motivo para seguir creyendo que merece la pena, pero eso sí, desde el realismo, y sin miedo a poner nombre a cada una de las violencias y miserias que tenemos que enfrentar cada día en este mundo gris en el que, gracias a Dios, mañana de nuevo saldrá el sol.

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Camina con tus propios zapatos

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Por Carmen Prada

 

Llevaba muchos años, desde la adolescencia, caminando con los mismos zapatos, un calzado que sus padres en aquel entonces habían comprado para ella con todo el cariño.

Evidentemente, esto suponía que el número de pie no había variado, porque tampoco había crecido apenas. Sus pies sufrían dolores en las plantas, durezas insoportables, grietas interdigitales, y todo este suplicio porque durante muchos años de su vida, había caminado con los dedos encogidos, ya que apenas había espacio en esos zapatos.

Después de tantos años y kilómetros recorridos en su vida, de repente paró su recorrido sin saber muy bien el motivo.

No comprendía muy bien la razón de haberlo hecho. Algo dentro de ella se removió y sintió la necesidad de descansar y reflexionar.

 

El lugar elegido por ella para hacer el descanso en primera instancia no parecía un sitio apetecible, no invitaba a nada puesto que el calor era insoportable y el sol quemaba.

 

Pero de pronto se dio cuenta que algo así, parar y estar con ella misma en un descanso, jamás se lo había planteado. Lo pensó más detenidamente y se dio cuenta con lágrimas recorriendo su rostro que nunca lo había hecho.

 

Esta parada en su vida tenía un sentido, y era buscar una explicación a por qué durante tantos años había calzado esos zapatos que no soportaba, pero de los cuales nunca se había quejado, y que incluso ella no había elegido.

 

La dificultad al caminar con ellos le había hecho perder muchas oportunidades de haber disfrutado de bellos recorridos y caminos. Todavía no había podido deleitarse con la sensación de caminar descalza, sin nada que le obstaculizase la sensación de sentirse viva, de sentirse libre.

Habían pasado tres horas desde su decisión. Seguía tumbada sobre el césped. El sofocante calor se llevaba un poco mejor sobre el frescor de la hierba. Miró a su alrededor y se dio cuenta que estaba sola, nadie le estaba observando como acostumbraban, no se sentía enjuiciada ni tampoco sometida… Por primera vez se sentía ella, aunque la sensación de soledad siempre a lo largo de su vida le había acompañado, pero lo que estaba sintiendo en ese momento era bien diferente…

Sacó de su minúsculo bolso una libreta diminuta que siempre le acompañaba, y sin ser consciente de lo que estaba realmente haciendo escribió en ella: “¿quién soy?” Enseguida y con dolor se dio cuenta que era un pedacito de muchas personas menos de ella misma.

No podía permitirse seguir así, deseaba ser dueña de sus decisiones, actos, sentimientos, emociones… Y de pronto se dio cuenta que un pequeño paso había dado, y era que había tomado una primera decisión, la de hacer una parada en su vida.

La sonrisa apareció en su rostro, y de pronto llevó sus manos hacia esos zapatos que tanto detestaba y con gran decisión se deshizo de ellos.

 

¡Era libre! ¡Era ella! Una mujer que curiosamente no le resultaba del todo desconocida…

Levantó la vista del suelo y volvió a mirar a su alrededor, y lo que vio, fue sorprendente, ¡estaba rodeada de personas y no se sentía diferente!

 

¿Había recuperado su vida? No exactamente, ¡había comenzado a vivir su propia vida!

 

 

 

  • Y para acompañar…

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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El coraje es una decisión

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Artículo publicado por Carmen Prada

A menudo me llegan ofertas de empleo y colaboraciones por diferentes medios cada semana. Pero he de reconocer de muchos de los proyectos que me presentan no creo en ellos, con lo cual aceptar algo en lo que no veo una  lógica, sería  incompatible con mi coherencia, por otro lado llegan ofertas con tintes lejos de lo profesional… Otras, que “la carta de presentación”, en sí de la empresa deja mucho que desear, y también es cierto que otros los voy dejando porque quizá no es el momento pero nunca los descarto…

Hace varias semanas, contacto conmigo una persona que así se considera antes que empresario, interesado en mí profesionalmente. Desde el inicio le hice saber que el proyecto me parecía atractivo, le veía cosas, maneras…

 Durante unos días hemos intercambiado aun si caben más dudas, reflexiones, opiniones, sugerencias… Y es en ésta, cuando hemos hablado del proyecto con mayor profundidad. Me comentó algo que me hizo saber el porqué, de que este proyecto sintiese que tenía algo diferente al resto y lo que me dijo fue; “soy humilde pero muy honrado”. Puede sonar a frase hecha pero tras saber cómo su idea nació, las dificultades que se ha podido encontrar, desencuentros, decepciones… Y que vaya por delante, -no tiene cualquier cosa-, sino nada más y nada menos que un proyecto inteligente, de futuro, y con un logro muy importante que es, la confianza y unión de las personas que como reitera; “son una parte muy importante de él”.

Como a muchos por desgracia, la crisis le azotó y fue una crisis en muchos sentidos – económica, social, familiar, enfermedad…- Y lo cierto es que en algunos casos, y -no hablo en concreto de éste- cuando uno está en lo alto, cuando piensa que el bien material lo tiene cubierto, cuando no hay necesidades por cumplir, y los euros tapan “otras miserias”… Nada nos parece tan grave.

Son muchos los empresarios y profesionales que han tocado la cima en momentos de bonanza, que el camino hacia ella les ha acompañado, sin ser conscientes  de que la soberbia, la altanería, el egocentrismo, egoísmo… Han sido sus compañeros de viaje y han podido hacer en ellos estragos ya han vivido una vida que no les ha presentado la otra realidad de ésta que también existe que es, la dureza.

Es muy fácil subir, mirar por encima del hombro, llegar a creerse Dioses y tratar a los que están a su alrededor con un despotismo desmesurado sin darse cuenta que el recorrido de la vida es largo y acabas encontrándote con muchos cruces y en ellos, personas que conocías…

Son pocos o casi nadie, y os aseguro que conozco unos cuantos… Que siguen sin aceptar que su pedestal ya no es el mismo, el nivel no lo pueden mantener, que quizás deban de llamar a puertas que antes ellos tenían que abrir y ahora tendrían que esperar lo contrario, son incapaces de someterse a una conversión de humildad, su corazón aunque sufra no lo muestran sino todo lo contrario, siguen viviendo una vida irreal, la soberbia la siguen llevando por bandera… Y no son conscientes, de mirar atrás, verse a tiempo real y hacer una autocrítica, levantar la mirada de la zona ombligo o mantenerla a la altura de los ojos de la persona que tienes en frente porque señores, en esta vida hay que saber ganar pero también aceptar una derrota y es que tanto el éxito como el fracaso hay que equiparse de mucha, mucha humildad.

Este acto, seguramente no sea fácil pero sin duda estoy segura que te tiene que hacer crecer, valorar situaciones, momentos, acciones, sensaciones… En los que antes ni se reparaba. De estos actos, nacen nuevas personas, valores, sentimientos… Y es que la persona que me ha inspirado a escribir esto, me ha hecho creer y es que lo necesitaba que la humildad desde el todo hasta el poco, sigue existiendo. Que de ella nacen ilusiones, pasiones, proyectos, metas, caídas y vueltas e empezar, amar todo aquello que te rodea… Y es que en este caso las fuerzas, se las han dado sus hijos, su familia, amigos, “algo que no se ve pero se siente”…, y es que cuando por momentos quieres tirar la toalla te das cuenta que existen un montón de motivos por los que seguir, y  por los que seguir luchando.

Claro que hay que luchar, pegarse cada día con la vida, patalear, caerse, sudar… Pero, ¿quién nos dice que de todo sufrimiento y dolor no va a nacer algo bonito? ¿Qué la vida nos va a enseñar algo nuevo?

A mí me has dado una lección, me has hecho ver que hasta las derrotas más crueles se pueden vestir de colores y no sé, cual será mi camino… Pero algo si puedo decir y es que, todo proyecto que nace desde la humildad del corazón, tiene éxito garantizado y para mí, ya has llegado a ese podio.

Os dejo con esta breve reflexión; el miedo es una reacción y el coraje una decisión… ¡Podría estar hecha a medida de los hombres coraje, como tú!

 

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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#SiempreFuertes

 

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

“NUNCA, NUNCA, NUNCA te des el lujo de RENDIRTE; pasará lo que tenga que pasar, así que acéptalo como venga” – Pablo Ráez.

Ya han pasado algunos meses desde que ese sábado 25 de febrero de 2017 comenzamos el día con la noticia de que Pablo Ráez había fallecido.

En sus últimos días, y aun cuando peor lo estaba pasando, seguía dando lecciones de vida, regalando reflexiones, y todo ello con una inmensa carga de espiritualidad y positividad capaz de calar en cualquier ser humano.

Se fue a lo grande, como grande era su filosofía de vida. Un joven que con apenas 20 años se tuvo que enfrentar a una grave enfermedad, y ese inesperado giro en “sus planes”, además de suponer un cambio personal en él de cómo afrontar la vida, sirvió para mostrarnos su generosidad al compartir su experiencia hacia los demás. De hecho, una de las frases que destaco de él, aunque reconozco que me resulta difícil quedarme con una de tantas, es en la que nos decía:

“Tienes que ser capaz de encontrar la motivación en ti mismo, no en los demás; nadie tiene más fuerza y coraje que uno mismo”.

 

¡Eso hizo él, sin duda! Optó por luchar, por vivir, por darlo todo y además mostrárselo a los demás, y ser capaz de hacer llegar sus mensajes de ESPERANZA y PASIÓN POR LA VIDA a través de las distintas RRSS con el hashtag #SiempreFuertes .

Se convirtió en un gran motivador. Pero, ¿de qué?, ¿para qué? Para el cambio, para un cambio en la filosofía de vida de todos nosotros que nos intentaba transmitir prácticamente cada día. Con sus frases y mensajes nos mostró que pensar en nosotros y solo en nosotros no nos llevaba a nada más que a la espera. ¿De qué? Pablo no esperó que nadie le demostrase nada, sino que decidió ser él mismo el que diese el paso. Fue capaz de sacar lo mejor en una dura y difícil situación personal, enfrentándose a una cruel enfermedad como es la leucemia durante dos años de su corta vida, para de este modo lograr una meta que se había marcado, ¡y vaya si lo logró! Las donaciones de médula ósea se dispararon en un mil por ciento…

Me atrevo a decir que casi seguro detrás de esa sonrisa permanente y esa actitud que cada día nos mostraba tras la pantalla, había un chiquillo con temores, inquietudes y por momentos viviendo un auténtico calvario. Pero él decidió vivirlo de un modo admirablemente constructivo.

Los seres humanos somos cómodos por naturaleza, esperamos que otros den el primer paso ante cualquier cosa y después nosotros seguirles según nos convenga. Nos montamos en carros que han sido construidos a base de tesón y esperanza de otras personas. Creemos en el CAMBIO cuando alguien lo ha llevado a cabo. Intentamos caminar sobre seguro, después de que otro haya recorrido ese camino. Pero en realidad, ¿hacemos algo para CAMBIAR el MUNDO?

Solo se atreven los apasionados de la vida, aquellas personas que no se conforman con lo que ven, esos que creen en las PERSONAS como motor de cambios, aquellos que el miedo no les paraliza, los que piensan que necesitan darse a los demás para encontrarse plenos con ellos mismos. Y es cierto, ¿cuántos héroes anónimos hay esparcidos en el mundo y que no llegamos a valorar?

No llevan capas ni antifaces de superhéroes, pero sin darnos cuenta, en muchas ocasiones son esas personas las que con su ejemplo y determinación nos hacen dar pasos y tomar decisiones que desde hace tiempo teníamos en mente, pero que se han quedado solo en eso por falta de coraje.

Al día siguiente del fallecimiento de Pablo, en mi muro de Facebook le dediqué una carta, una reflexión escrita desde el corazón, una dedicatoria extensible a todos esos héroes de los que casi nunca se habla y tanto tienen que aportar y enseñar, aunque lamentablemente se le preste más atención a otras frivolidades informativas.

Siempre te recordaré con uno o incluso los dos brazos en alto y puños cerrados, mostrándonos con este gesto vida y fuerza.

No ha falleció ni un cantante, ni un deportista, ni tampoco un Nobel. ¡Ayer lo hizo un héroe!
Una persona con un estilo de vida auténtico.
Una PERSONA que nos ha dejado un gran legado, un regalo que ojalá seamos capaces de seguir entre todos. Sus lecciones de VIDA y ESPERANZA, de lucha y entrega, solo son dignas de una persona de bien.
Quizá ha llegado el momento de desmontar a héroes de papel y tratar a Pablo y a otros muchos como se merecen.
Su generosidad ha quedado patente en sus frases de motivación y esperanza, en sus fotografías con una enorme sonrisa, en su forma de entender la vida, en el movimiento que produjo entre personas mediáticas, y sobre todo, en el crecimiento de donaciones de médula.

Siempre estaremos en deuda contigo, Pablo, algo que sí tengo claro es que nunca terminarás de irte.

Si algún día alguien me pregunta, ¿quién es tu héroe? Le diré con orgullo, Pablo Ráez, el cual me enseñó una gran lección…

Pablo, gracias por todo lo que nos has regalado. Descansa en paz.”

 

Me gustaría finalizar con una de sus grandes citas.

“La muerte no es triste, lo que es triste es que la gente no sepa vivir”.

 

 

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Google.es

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