Hablemos de lo “prohibido”

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Por Carmen Prada

 

En los inicios de mi escritura, ya bien fuese en revistas, blogs diferentes al mío, publicaciones en las RR.SS., o incluso en el programa de radio que cada miércoles realizo, siempre me han insistido en lo siguiente: “Carmen, es importante que tengas en cuenta que en la medida de lo posible no se puede hablar de política ni religión…” Nunca he estado de acuerdo, aunque a regañadientes lo he ido aceptando porque hay muchos otros temas ciertamente importantes de qué tratar.

Con el paso del tiempo, y más en los últimos días, me he dado cuenta que la falta de pronunciamiento por parte de muchos de nosotros, ante intereses comunes, nos está perjudicando a todos como nación.

Cuando estéis leyendo esto, habrá llegado un día muy señalado por aquellos que anteponen sus codicias al respeto a la legalidad por la que se rige nuestra convivencia.

 

Desde bien pequeña entendí que todos los españoles formábamos una sociedad variopinta y diversa, pero con unos rasgos comunes que nos unen, y esto es algo fácilmente comprobable a poco que se viaje por nuestra geografía. A medida que mi vida ha ido avanzando, y he podido conocer diferentes gentes y lugares de España y otros países, estoy más convencida de que las fronteras son algo habitualmente ficticio, lo cual no está en absoluto reñido con reconocer que la variedad de tradiciones, lenguas e identidades es algo real y enriquecedor, de lo que podemos sentirnos orgullosos, y además disfrutar de ello. Y precisamente por ello yo entiendo y siento mi identidad española en clave de diversidad, pues me siento tan española con el botillo de mi tierra berciana, como con el cocido gallego, la ensaimada mallorquina o las migas aragonesas, por hablar de gastronomía. Pero de la misma manera, me fascina la diversidad patria si hablamos de paisajes, lenguas, climatología, etc. Y toda esa herencia secular de la que hoy puedo disfrutar sin fronteras ni aduanas, me gustaría que las próximas generaciones la puedan heredar también aumentada y mejorada. Así entiendo yo el patriotismo, sin fanatismos ni imposiciones, sino con un sentido de agradecimiento y responsabilidad, con un ojo hacia el pasado, pues un pueblo que desconoce su historia no es consciente de sus raíces, errores y logros, y otro hacia el futuro, que se construye día a día y entre todos.

Las cosas se pueden hacer bien, regular o fatal, pero no entiendo una España dividida, y menos una España quebrantada como sociedad. No deseo enfrentamientos entre las personas que forman parte de nuestra gran nación. Hay ideologías diferentes, claro que sí, con diversidad de opiniones, con puntos de vista dispares…, pero siempre y ante todo debe primar el respeto, a las personas y a la legalidad vigente, la cual se puede cambiar, si procede, pero por los cauces establecidos.

 

Hay demasiados miedos a la hora de pronunciarse con respecto a este tema, y mucha carga emocional, y aunque por deformación profesional nunca dejo de lado las emociones, también creo que éstas hay que gestionarlas adecuadamente de forma que no solapen a la razón ni a la verdad.

 

No me sirve el argumento de las supuestas mayorías, ni las mareas populares, ni la reiterada utilización torticera y falsaria de la historia y los datos. Afortunadamente, vivimos en uno de los países más civilizados de los aproximadamente 200 que hay en el mundo, más allá de las muchas cosas mejorables que naturalmente también existen, y aunque la principal labor de los políticos ha de ser la de sentarse a hablar para encontrar solución a los problemas, y esto se hace poco, no se debe dar ni una mínima esperanza a los que quieren saltarse la ley, y esto es lo que ocurriría si los representantes políticos que defienden el respeto a la Constitución se sentaran a “negociar” con los que empecinadamente desobedecen las leyes y a los jueces. O sea, con los delincuentes. Porque un político que se salta la ley e incita a los ciudadanos a que hagan lo propio, es simple y llanamente un delincuente. Y si España fuese, además de un país civilizado, un país serio, que no es lo mismo, más de uno que se pasea entre vítores y banderas rupturistas ya estaría entre rejas. Porque la talla de un político nunca puede ser medida por su afán desafiante y desobediente, sino por su capacidad para tender puentes, defender la verdad por encima de intereses electoralistas y partidistas, y convencer con argumentos hasta el punto de conseguir cualquier lícito objetivo político sin saltarse las reglas del juego.

 

Pero claro, si en España hubiera políticos de verdad, otro gallo nos cantaría. Quizá tengamos lo que nos merecemos, porque hay que ver qué fácil es ver a miles, millones, seguir como un rebaño a personajes de diversos colores e ideologías que entre todos no hacen uno, pues impera la mediocridad y la mezquindad, el partidismo y la mentira. Quizá porque precisamente la mediocridad sea una de las más fuertes señas de identidad de nuestra actual sociedad, tan desnortada y manipulable, apoltronada y anestesiada, convencida de que no merece la pena molestarse demasiado por causa alguna.

 

Si usted ve el fraude, y no dice fraude, usted es un fraudeNassim Taleb.

 

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pinterest.com

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Y sin embargo, nada va a cambiar…

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Por Carmen Prada

 

Me resistí después del atentado perpetrado en Barcelona el pasado  17 de agosto a ver algún vídeo al respecto, porque era consciente de que me golpearía fuerte, más si cabe… Y reconozco que aún no lo he hecho.

 

Tras conocer que más de una docena de personas perdieron la vida, junto con la multitud de heridos y algunos de bastante gravedad, las lágrimas aparecieron en mis ojos. Al principio me esforcé en reprimirlas, pero en el transcurrir de los acontecimientos, no puede resistirme. Mi llanto era de dolor, impotencia, tristeza, indignación…

 

Esta vez el terror islamista ha golpeado España, aunque no es la primera vez, y mucho me temo, ojalá me equivoque, no será la última. Sabemos que masacres como la de Barcelona, y aun mucho peores, ocurren prácticamente a diario en algún punto de Siria, Afganistán, Pakistán… Pero lo vemos como algo lejano, ajeno, no se guardan minutos de silencio ni hay concentraciones por esas víctimas. ¿Será que son víctimas de inferior categoría? Es algo tan cotidiano, que no le prestamos atención, y somos tan groseramente ingenuos, que no nos paramos a pensar un poco en ello hasta que el lugar atacado es Berlín, Londres, Niza o París. Caramba, parece que eso ya nos acongoja un poco. Bueno, pues si alguno no terminaba de creérselo, aun después de lo sucedido en Madrid el 11 de marzo de 2004, ahora ha sido Barcelona. ¿Pensáis que alguno de nosotros está completamente a salvo? Evidentemente, no.

 El vello se me pone de punta viendo y escuchando la manifestación celebrada ayer reivindicando la paz y la convivencia entre todos, con una misma frase pronunciada por miles de personas, ¡NO TENGO MIEDO! Son muchos los ciudadanos catalanes y del resto de España los que se han unido alrededor de este grito, haciendo llegar lejos este reclamo de libertad.

No deberíamos necesitar que ocurran masacres en el corazón de Europa para tener presente que cada día en el mundo mueren salvajemente muchísimas personas a manos de estos abominables grupos llamados yihadistas. Mueren simple y llanamente porque no reniegan de su fe, musulmana, cristiana o ninguna en particular, por cómo van vestidos, por no interpretar el Corán del modo fanático y torticero que estos grupos promulgan.

 

No hay nada, absolutamente nada que justifique un acto terrorista, venga de donde venga. Pero ojo, ni siquiera hay que salir de España para encontrar pueblos en los que a los terroristas aun hoy se les ensalza, justifica y admira… Asesinos del pasado relativamente reciente, convertidos ahora en héroes que dan nombre a calles y plazas, sin mostrar en muchos casos el arrepentimiento hacia sus víctimas de ningún modo.

 

Yo, personalmente, no quiero tener relación con quien no desea ni está dispuesto a tener conmigo una relación de igual a igual, basada en los principios de reciprocidad y lealtad. Y a los países llamados occidentales parece no importarles demasiado tener relaciones con países que financian mezquitas en nuestras ciudades, pero no permiten que se construyan iglesias, sinagogas o pagodas en las suyas.

 

Necesitamos su petróleo, sí, pero no menos que ellos nos necesitan a nosotros como clientes. Y me parece bien que haya mezquitas en Madrid, pero solo si puede haber una catedral o una sinagoga en La Meca, por ejemplo.

No seamos ingenuos. Lo que aquí se puede defender como progreso, nuestros enemigos – a ver si nos enteramos que estamos en guerra, aunque distinta de la convencional – lo ven como una debilidad, y se aprovechan continuamente de nuestras bondades democráticas y de nuestro buenismo masoquista. Pues si no permitimos que se aprovechen de nuestras buenas intenciones en nuestra vida personal, tampoco lo aceptemos como sociedad.

Sin duda, es un tema complejo, el mundo actual lo es, y la inmensa mayoría de los musulmanes condenan estas atrocidades, pero no sé si me da más miedo la sed de sangre de esos fanáticos criminales, o la tibieza acostumbrada de la sociedad occidental, que no quiere abrir los ojos mientras renuncia cada vez más a sus raíces y fundamentos, de los que han nacido la democracia y los derechos humanos, conceptos ignorados por sociedades con las que conviene no obstante sellar acuerdos comerciales, patrocinios en camisetas de fútbol…

¡No tengo miedo! Es esa fuerza que nos debe unir a todos, una expresión que debemos y necesitamos transmitir. Pero me gustaría dejar una pregunta en el aire, ¿cómo se puede conjugar el decir que no tenemos miedo cuando a la par nos avergonzamos de los fundamentos de la cultura occidental?

 

Sin lugar a dudas, no debemos temer seguir con nuestras vidas, vivir con intensidad cada día, ser generosos para con los demás, deshacernos de los rencores, respetar a las personas que nos rodean, escuchar más de lo que lo hacemos, unirnos como nación ante la barbarie, que no tenga cabida en nuestras vidas la ira ni la maldad… Pero sobre todo, debemos ser fieles a las raíces de nuestra civilización, porque la historia nos enseña que hasta los más grandes imperios se han desmoronado cuando se han traicionado a sí mismos, y esa decadencia no ha sido percibida por el conjunto de la población hasta que era ya demasiado tarde. ¿Somos tan tontos de no querer aprender y  espabilar? ¿De verdad esperamos que sean los políticos los que muevan ficha? ¡País de papanatas!

 

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pinterest.com

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Hoy es ella, ¿y mañana…?

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Artículo publicado por Carmen Prada

Cuando vi colgado en una red social el llamamiento para buscar a una mujer de 82 años enferma de Alzhéimer, perdida desde hacía 8 días, no lo pensé. Esta mujer vive en mi ciudad, un día como otro cualquiera salió a caminar pero no ha regresado.

Reconozco que me emocionó que un día laborable a las 12 horas, allí en la plaza, lugar de encuentro de la convocatoria, hubiese tanta gente. Ese momento en concreto es difícil de describir, pero os confieso que me sentí inmensamente orgullosa de mis conciudadanos, la gente de Ponferrada y El Bierzo. Muchos de ellos dejaron a un lado sus ocupaciones y se centraron en la búsqueda de Jesusa, pues ese es el bello nombre de la persona desaparecida.

He querido involucrarme en tan bella acción, promovida por los propios ciudadanos, y rastrear los lugares más recónditos que uno pueda imaginar, para encontrar a una persona.

Ha sido y está siendo, porque a día de hoy no ha aparecido, una experiencia en la que se experimentan emociones tras emociones. Dos días de búsqueda entre matorrales, zarzales, escombros, casetas, incluso un cementerio,  además de pozos, contenedores… Durante todas estas horas de búsqueda he vivido con gran intensidad pensamientos, emociones, vuelcos del corazón, recuerdos, momentos y personas que te vienen a la mente… Han sido en mi vida algunas de las horas más aprovechadas en todos los sentidos.

Todos tenemos en mente a Jesusa, su ausencia está haciendo que nuestra comarca se una en beneficio de una gran causa, la mejor causa, una vida humana. Pensar lo que pueda estar pasando esa familia es tremendo. Los minutos, las horas, estos días probablemente estén siendo los peores de sus vidas, pero al menos no los están viviendo en soledad.

Hoy es ella, pero mañana puede ser que la ayuda la necesitemos cualquiera de nosotros, y cualquiera de nosotros no solo somos los que vivimos en la zona, sino cualquiera que esté leyendo estas humildes palabras…

¿A quién no le gustaría que se volcase la población en una desgracia personal o familiar? Podemos necesitar ayuda para nuestro padre, hermano, amigo, abuela… qué sé yo, ¡cualquiera! Y eso nos incluye a nosotros mismos…

Ver reunidas a más de 70 personas, con ilusión y esperanza de devolverla a su casa, me ha hecho pensar que son muchas las personas, jóvenes y no tan jóvenes, que cultivan y cuidan esos valores humanos que siempre me empeño en reivindicar. Esos principios que se adquieren y no se dejan manipular. Personas que piensan y actúan con el corazón, que son capaces de olvidarse de ellas mismas por la vida de otra persona.

No nos cansemos nunca de ser sensibles, porque eso no significa que seamos débiles, todo lo contrario, significa que nuestra fortaleza tiene buenos cimientos y mejores materiales para dar lo mejor de nosotros.

¡Evidentemente no todo el monte es orégano! No soy ilusa, por desgracia la indiferencia y el egocentrismo son más fáciles de contagiar, y el grado de aceptación es sumamente elevado. Quizá os preguntaréis, ¿por qué? Porque la comodidad egoísta está más de moda. No vaya a ser que nos llamen raritos porque estamos dispuestos a dedicar nuestro tiempo a una causa en la que la motivación no es pasarlo bien ni tampoco ganar dinero.

¿Qué me estoy llevando yo con esta experiencia? ¡Muchísimo, inimaginable! Sigo conservando la fe  y la esperanza en los valores humanos, apreciar con emoción la unión de la gente, la satisfacción de poner mi granito de arena en tan noble iniciativa, aunque por desgracia todavía no se haya localizado a Jesusa, haber conocido y pasado unas horas inolvidables con personas de gran corazón…

No pierdo la esperanza de que cuanto antes, entre todos, la podamos encontrar.

Qué bello es vivir fuera de nuestra esclavizante pecera, para poder observar con asombro la hermosura de otros horizontes. Un día descubrirás que la pecera es ridículamente pequeña, y quizá sea tarde para que fuera encuentres a alguien esperándote. Salta, sal, huye de los sucedáneos de libertad que en realidad aprisionan, hallarás la felicidad rodeado de personas con valores, podrás respirar ese aire que te faltaba, aunque quizá ni lo sabías.

Hoy es Jesusa, ¿y mañana…?

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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