Esos golpes me hacen más fuerte

 

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

La única forma de no despertar envidia es no destacando. Si quieres destacar, acostúmbrate a ella.

¿Qué provocan los celos y la envidia en el mundo laboral? Un estrés derivado de la competitividad insana, habitual en el ámbito profesional.

El celoso o envidioso es un perdedor nato, con falta de personalidad y valores, sabe de antemano que tiene la batalla perdida y, ¿esto qué provoca? Un desagradable sentimiento de frustración y carencia.

Hace escasos días me vi envuelta en algo así, ¿por qué lo quiero compartir con vosotros? Sencillamente para mostraros mi actitud, no digo que sea la más correcta, pero os hablo de mis emociones en ese mismo momento y en mi reacción posterior al hecho.

Alguien escondido cobardemente tras un perfil falso en la Red Social más conocida y popular, me difamó y calumnió gravemente con respecto a mi desempeño profesional, publicando las mismas infames acusaciones en varias de las publicaciones que tengo en mi perfil profesional. Inconvenientes que tienen las Redes Sociales y a los que una sabe que está expuesta…

Hace escasamente poco más de un mes he comenzado mi propio proyecto, volcada totalmente en mi pasión, las PERSONAS. Trabajando con las empresas y profesionales la formación, el liderazgo, la resolución de conflictos, técnicas de ventas, gestión de equipos, selección de personal… Pero también con las PERSONAS que están en búsqueda activa de empleo. Desde que comencé, he sido consciente de que el camino no sería fácil, pero en esta vida apuestas por todo o eres perdedor. Esta última opción jamás la he barajado.

Mi ciudad, Ponferrada, es pequeña, y con un poco de ruido que hagas, ¡saltan todas las alarmas! ¿Dónde? En aquellos que viven en una inseguridad y miedo permanentes.

Reconozco que cuando vi tales difamaciones, no daba crédito. Lo cierto es que mi incredulidad alcanzaba tal punto que no era capaz de concebir que alguien pudiese hacer algo así.

Mis sentimientos fueron de tristeza, decepción, rabia, impotencia…, pero a medida que las horas iban pasando y me di un tiempo para reflexionar, me dije, ¡no has de temer nada, Carmen, si confías en ti plenamente! ¡Crees en lo que haces! ¡Vives por y para las personas!

Llegaron a mi mente frases como “si eres envidiada no tienes la culpa, será que las cosas las estás haciendo bien y eso escuece”.

Podría haber eliminado esos dañinos comentarios y ya estaba, pero después de reflexionar y con la mente fría, me dije: “lo vas a hacer público, que sean las personas que realmente te conocen personal y profesionalmente las que hablen por ti”. ¡Y así lo hice!

Solo tengo palabras de agradecimiento a los cientos de personas que de un modo u otro me apoyaron, me hicieron sentirme arropada, me valoraron y algunos de ellos con gran contundencia denunciaron tales hechos. Esta emoción no la puedo describir con palabras, pero no faltaron las lágrimas y en abundancia…

¿Cómo reaccioné a tal indignante hecho? Creciéndome, convirtiendo este acontecimiento tan desagradable en una gran oportunidad, levantándome y con elegancia, no dando opción al desánimo ni al abandono. Sé que sin duda la clave está en que creo plenamente en mí y en mi honestidad.

Me queda mucho camino que recorrer, pero mientras lo estoy realizando, no dejo de potenciar la autoestima, además de confiar en mis capacidades.

De este hecho he sacado muchas conclusiones, que te deseen mal y te intenten dañar no es culpa de uno, no está de nuestra mano, sino es responsabilidad únicamente de la otra persona. Con lo que si vas por la vida de frente, con honestidad, honradez, fiel a unos determinados valores…, no debes sentirte culpable por las carencias demostradas por otras personas.

No sé si con esta experiencia personal voy a poder ayudar a alguien a cómo afrontar estos reveses de la vida. Aun así, me gustaría dirigirme a dos tipos de personas:

 

  • si sientes celos o envidia, me atrevo a decirte que esos sentimientos no harán nada bueno de ti, salvo hacerte sentir más mezquino, vivir aún más estresado y a disgusto con la vida.

 

  • Si tú eres la víctima, no te sientas mal. No tienes la culpa de hacer las cosas bien.

 

 

Aprovecha los golpes para convertirlos en oportunidades. De esa forma, los que quieren hundirte verán cómo sus canalladas no hacen más que servirte de impulso.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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El silencio del buen amigo

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Por Carmen Prada

 

“Un amigo es alguien con quien se puede no hacer nada y disfrutar de ello”. Anónimo.

 

No, no me he vuelto loca.  Hace pocos días, estuve hablando con unos amigos acerca de este tema, y al yo referirme a la cita con la que empieza el post, y que comparto totalmente,  se extrañaron. “¿Cómo puede ser posible eso, Carmen?”

Tengo claro que habrá opiniones de todos los tipos, pero para mí la amistad es una de las cosas más valiosas y a la vez gratuitas que la vida te puede regalar.

La amistad no es incompatible ni con la pareja ni con la familia, y tampoco debería serlo entre sí, es decir, unos amigos pueden conocer a otros a través de ti, y eso puede enriquecer a todas las partes. En el amor soy 100% monógama, pero en la amistad no hay que pretender ser monopolizador ni absorbente, pues la genuina amistad respeta la libertad y no busca satisfacer el ego siendo el centro de atención de los demás.

A menudo comparo la amistad con el amor, pues hay amistades que lo son a primera vista, otras ves que nunca llegarán a terminar de cuajar, otras relaciones a las que les cuesta madurar, pero que a base de adversidades y buenos momentos se hacen eternas. De todos modos, cuando alguien me dice que la verdadera amistad es la que lleva años de recorrido, perdonadme que dude que a la amistad haya que ponerle unos límites de tiempo para denominarla o no como tal.

Algunos ingredientes que ha de tener: confianza, confidencialidad, alegrías, lágrimas, lealtad, música…, pero también silencio.

Cuando me refiero al silencio, lo hago porque hay momentos en los que las palabras o los gestos sobran, lo más importante es el saber estar ahí. Es más, puede que incluso en ese preciso momento no tengamos a esa persona a nuestro lado, pero solo con saber que está, que existe, nos sentimos más tranquilos.

Claro que hay momentos para disfrutar de la amistad de diferentes modos, y quizás se esté abusando de la palabra en cuestión, tal vez haya en muchas personas una gran necesidad por mostrar emociones. Curiosamente, aunque las distancias se acorten en nuestros días gracias a los avances tecnológicos, la sensación de soledad en muchas personas aumenta, y enseguida, habitualmente de forma precipitada, se pasa de decir “conocido” a amigo.

No voy a ser yo la que juzgue esta necesidad, pero sí creo que otorgar o no esa etiqueta depende de cada uno de nosotros.

Hay amistades que son largas en el tiempo, que existe una distancia geográfica, pero que cuando una vez cada mucho escuchas su voz por teléfono, es como si el tiempo se hubiese parado y todo siguiese en el mismo punto. ¡Es eterna, es incondicional!

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También existe esa en la que solo necesitas su compañía mientras te desahogas con el llanto. Aunque las lágrimas recorran tus mejillas, puedes decir que eres afortunada, pues alguien importante y a quien necesitas en ese momento está a tu lado.

Podría poner más ejemplos, pero creo que son suficientes para explicar mi idea de lo que realmente es disfrutar y sentirse bien sin hacer nada cuando un amigo está a tu lado.

¡No hace falta hacer nada extraordinario para seguir disfrutando de la verdadera amistad!

No permitas que nada ni nadie te aleje de ese amigo que de un modo u otro, cada uno a su manera, te acompaña.

Tampoco te dejes condicionar por tu situación personal de pareja, por el sexo de la persona con la que tengas esa amistad, ya que ésta no entiende ni de celos ni de prejuicios.

El mejor amigo que he tenido y tengo es el hombre que es mi esposo. Y siempre, antes y después de casarnos, ha respetado con total confianza y naturalidad que pueda tener amistad con otras personas de ambos sexos.

Siempre hay alguien dispuesto para salir por la noche, tomarse unas cañas o irse de cena… Te hago una pregunta, ¿esos son los que te acompañan cuando las fuerzas fallan y necesitas hablar? Porque si es así, ¡tienes un tesoro! Si simplemente están para lo primero, dale más valor a eso que se llama AMISTAD, y no se lo llames a cualquier cosa.

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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¿Te había dicho que la vida es bella?

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

“Cuando dañas a las personas, comienzan a quererte menos. Eso lo provocan las palabras descuidadas, los juicios atrevidos y severos, los gestos desmedidos. No solo pierdes el cariño y respeto de los demás, sin darte cuenta te estás perdiendo a ti mismo”. Carmen Prada

Puede que por los tiempos que corren de egoísmo, reacciones en ciertas personas de nuestro entorno, cambios emocionales, actitudes incomprensibles, silencios dañinos…, se llegue a la conclusión que cada cual mira a su ombligo sin alzar la vista al frente y mirar en todas las direcciones y ver la realidad de la vida, esa realidad humana que se nos está olvidando.

Es cierto que hay personas que sin querer, por circunstancias extraordinarias, hacen daño y causan dolor a terceros. Cuando esto sucede, uno sabe que este hecho es un indicativo de que algo en esa persona no va bien. ¿Queremos ayudarla? Escuchémosla.

Pero después están esas que por imprudencia, por aburrimiento o por pura maldad, llevan a flor de piel lo peor de la condición humana. Son personas que con una inteligencia dañina saben elegir muy bien a quién manipular, utilizan la mentira y la hipocresía como algo natural, su distorsión de la realidad llega a tal punto que son capaces de hacer de una víctima un verdugo.

Antes mencioné inteligencia dañina, ¡evidentemente!, puesto que hacen de los demás sus propias marionetas. ¿Por qué hablo de inteligencia? Porque hay que tener una cierta habilidad para lograr que esas otras personas ni se den cuenta de que están siendo utilizadas en beneficio únicamente del manipulador.

Por desgracia, esta “figura” nos la podemos encontrar en cualquier ámbito de nuestra vida. En el personal, profesional, familiar…

Su daño no alcanza únicamente a esa persona a la que maneja a su antojo, sino también a aquellas que lo perciben y observan.

  • No creo en las verdades a medias.
  • No creo en las apariencias.
  • Huyo de todo aquello que me impide o me limita ser yo misma.
  • El fin no justifica los medios, en absoluto.
  • Tengo muy presente que gano más estando sola que mal acompañada.
  • No soporto la soberbia ni la fanfarronería, y menos aún cuando están acompañadas de materialismo y superficialidad, que es casi siempre.
  • Pese a todo, no dejo de creer en la bondad natural del ser humano y su grandeza.

¿Por qué todo esto y más?

Me cuesta entender que haya personas que disfruten  jugando con las vidas de otras. La sociedad está siendo un auténtico criadero de personas carentes de valores fundamentales. La única crisis que importa es la económica, cuando ésta hunde sus raíces en otra mucho más profunda y de la que ningún gobierno se ocupa, por lo que será inevitable que las desigualdades e injusticias vayan a más, como así sucede de forma imparable. Y en esta selva, sálvese quien pueda. Sociedad desestructurada para personas y familias desestructuradas.

Evitemos rodearnos de personas tóxicas, esas que nos pueden dañar a nosotros, pero también a todos aquellos que queremos y vemos peligrar. El renegar “por momentos” de ciertos valores es peligroso, así se empieza, por relativizarlo todo, tanto que podemos olvidarnos de ellos. Es importante tener “buena memoria”, una memoria que te recuerde con hechos vividos dónde está la línea roja del bien y del mal. Es necesario buscar momentos para estar con nosotros mismos y valorar qué personas queremos que formen parte de nuestra vida.

La vida es demasiado bella para perder el tiempo. Tiempo perdido es tiempo que ya nunca podremos recuperar. Está en nuestra mano construir puentes y renovar valores. Todo aquello que sea teñir la vida de uno mismo y la de otras personas de un color oscuro, es perdernos a nosotros mismos. Ahí fuera hay gente maravillosa, cuyo trato y amistad nos enriquecerá y nos ayudará a ser felices, pero no olvidemos que se ha de empezar por uno mismo, a quererse, a cuidarse, a darse valor.

Os dejo varias preguntas para que reflexionéis en relación a todo lo anteriormente mencionado:

  • ¿existe un distanciamiento con un familiar?
  • ¿Has perdido una amistad?
  • ¿Estás viendo cómo a alguien que conoces le están manipulando?
  • ¿Te has llevado una decepción últimamente con una persona que creías conocer?

Se me ocurren muchas más, pero creo sinceramente que son más que suficientes.

Si estás pasando por algo así, no permitas que el tiempo corra, utiliza como herramienta la comunicación y dile bajito y al oído que le quieres y siempre estarás ahí.

¡No permitamos que la oscuridad se adueñe de nuestra vida!

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen de Pixabay

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¿Solo reaccionamos cuando hay muertos, o quizá ni así?

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Por Carmen Prada

Quizá lo que escriba a continuación sea un intento de mostrar sensatez y sensibilidad, o más bien, ¿una necesidad imperiosa de dar un grito al aire y expresar mis emociones y sentimientos hacia una realidad social atroz?

Hace poco me encontré en una red social lo que una joven de 13 años había compartido en su muro. Os puedo decir que me partió el alma, pero esta es la realidad en muchos adolescentes y jóvenes, y no la que muchas familias quieren mostrar, o lo que es más grave, desconocen.

“Querida sociedad:
Has cambiado bastante. ¿Por qué? ¿Por qué ahora todos me juzgan? Ellos no saben nada de mí ni de mi vida, ellos no me conocen. Si me visto de una forma, soy una hípster y si me visto de otra voy de moderna. Si twitteo mi vida soy una gilipollas que piensa que a todo el mundo le importa lo que me pase y si no twitteo nada soy una aburrida. Si tengo trece años tengo que fumar, beber alcohol y ser una puta. Y si tengo dieciséis soy una inmadura que no sabe nada. Si soy rubia, soy tonta, si me tiño soy una teñida de mierda. Si me gusta el heavy soy emo, si me gusta el pop soy infantil. Si apruebo todas soy una empollona, si suspendo soy imbécil. Si me gusta un videojuego soy una friki. Si soy fan de un cantante o grupo soy una obsesionada. Si digo palabrotas soy una mal hablada y si no las digo soy una aburrida. Si estoy delgada, estoy anoréxica. Si estoy gorda, estoy obesa…..
Yo creo que ya basta con las etiquetas. Hay gente que le puede dar igual lo que le llame, pero a otra mucha le puede doler muchísimo y puede llegar a hacer cosas horribles y tan solo por culpa de unas estúpidas etiquetas. Cada persona es como es, y eso es lo que la hace única, perfecta y especial. Ser ella misma”.

¡Malditas etiquetas! ¡Dichosos juicios! Lo deja claro en la frase que he resaltado en negrita.

¿Hacer cosas horribles? ¡Claro que sí, y le creo! Y le creo porque cada vez más estamos viendo cómo hay niños que no viven esa etapa, jóvenes que viven una vida que aún no es la que le corresponde, y adultos que no se dan cuenta de nada porque “ya bastante tienen con su propia vida”, para qué molestarles.

Os puedo decir que las tentaciones han existido siempre, las maldades también, pero también es cierto que la forma de afrontar todo ello no es la misma.

Recuerdo que en mi adolescencia muchos de mis amigos empezaron a fumar, ¡siempre dije NO! En el colegio sufrí con una compañera su superioridad física y despotismo, lo intenté afrontar con la mayor entereza posible, aunque una nunca lo olvida. Respecto a los dichosos botellones que tan de moda están ahora, solo participé en dos, y fueron inocentes veladas en la orilla de la playa cuando iba a veranear con mis padres a un cámping, nada que ver con el desmadre actual. Mi hora de llegada aún con 17 años los fines de semana eran las 22 horas, y cuando salía en mi bolsillo solo había 500 pesetas, lo suficiente para pagarme la entrada a la discoteca y comprarme a la salida unas chuches, ¡no daba para más!

Reconozco que en esa etapa de mi vida era una jovencita frágil, pero, ¿sabéis quién me ayudó y me formó para decir NO a muchas cosas? Mis padres, unos padres que no tuvieron la suerte de poder estudiar demasiado, ya que desde muy jovencitos tuvieron que trabajar, pero eso no les ha impedido nunca tener una cultura de valores impresionante.

Vemos en el caso de los adultos noticias que son incomprensibles. Observamos cómo se utiliza la violencia de la manera más irracional, cómo se finge y miente en muchos casos para dañar a otros, estamos infectados de materialismo viviendo en un mundo irreal, cada uno mete la mano en el “saco” en la medida en la que puede, vivimos en una continua tensión por ser mejor que el que tengo al lado, y ya da igual si ese es uno al que llamamos amigo.

¿Y todo esto para qué? ¡Ni idea! ¿Qué intentamos lograr? ¡Ni idea! ¿Por qué tenemos que estar continuamente mostrando un yo monstruoso? ¡Ni idea!

¿Qué estamos haciendo entre todos con esta sociedad? ¡Sí, porque todos estamos colaborando en deshumanizar principios que deberían ser incuestionables! Cada vez parece más “normal” pasar por encima de cualquiera a base de codazos, pisotear los sentimientos y abrir heridas en muchas personas. Incluso hacemos cambiar a base de miedos a determinadas personas porque creemos estar por encima del bien y del mal.

¿Qué estamos consiguiendo? ¡Eso lo tengo claro! Destruir valores, principios y marcar dramáticamente la vida de otras personas.

Los hogares muchas veces son cunas de toda esta deshumanización, ¿qué pretendemos esperar de los más jóvenes?

No comprendo como un chaval de 13 años pueda llevar 50€ en el bolsillo, ¡que a veces ni yo los llevo! Ven con toda normalidad, incluso como un derecho, tener el último móvil que ha salido, bien por no ser menos que sus amigos que ya lo tienen, o bien por poder presumir ante ellos de tenerlo si ellos aún no. Yo no acostumbro a trasnochar, pero cuando lo hago me sorprende ver a las 2 de la madrugada a muchachitos de 13 ó 14 años por ahí. Menudo negocio las tiendas de 24 horas, se forman colas los viernes y los sábados ya a media tarde con jóvenes que la mayoría de ellos no tienen la edad permitida para comprar alcohol. Jovencitas maquilladas que quieren aparentar una edad y una vida que todavía no les corresponde vivir. Precisamente esta semana, ha salido a la luz el caso de una chica de 12 años, ¡12!, que ha fallecido tras un coma etílico en una fiesta de Halloween. ¿Y a alguien le importa? ¿Si no hubiera fallecido se habría comentado en los noticiarios? ¡Miserable hipocresía!

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Y podría seguir, pero, ¿para qué? No hay más ciego que el que no quiere ver.

Alguno estará pronunciando la dichosa frase de ¡es que los tiempos han cambiado! Benditos tiempos anteriores, entonces.

¡Basta de hacer daño impune y gratuitamente!

¡Basta de colgar etiquetas que en muchos casos llegan a destrozar vidas!

¡Basta de buscar víctimas vulnerables para satisfacer egos!

¡Basta de juzgar por la talla de vestir o por el color de tez!

 

Es lógico que se sientan perdidos y confundidos si a diario es lo que vemos en la televisión, por la calle, en casa… Pero entonces, ¿no creéis los adultos que debemos de ser nosotros los que los guiemos? ¡Claro que antes tenemos que volver a retomar valores que nosotros mismos hemos perdido y olvidado!

No me importa la edad que tengas, si llevas gafas o no, si eres rubio o moreno, si eres alto o bajito, si estás delgado o un poquito grueso, me es indiferente si tienes algún problema físico o mental, si te gusta el rock o eres más de hip hop… Lo único que te puedo decir y de todo corazón es que nunca dejes de ser tú para pasar a ser una persona que ni conoces. Vive cada momento como te corresponde, disfruta de la vida según tu edad, vive y deja vivir, respeta y no odies, pero sobre todo, ¡nunca dejes de ser tú!

Los que vengan detrás, te lo agradecerán eternamente…

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Marcha solidaria, juntos podemos hacer mucho

 

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Dorsales de solidaridad

 

 

 

Por Carmen Prada

El pasado domingo 18 de septiembre tuve la gran suerte de participar en un evento en el que no dudé en tomar parte cuando me dijeron, días atrás, lo que se estaba fraguando.

Se llevó a cabo la  1ª Marcha Solidaria Fútbol Base S.D. Ponferradina y ALFAEM SALUD MENTAL. El fin, recaudar fondos para la adquisición de una furgoneta que ayudará a mejorar el servicio del Centro Ocupacional El Valle, de la delegación que ALFAEM SALUD MENTAL-LEÓN tiene en mi ciudad, Ponferrada.

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Qué mejor plan para un domingo por la mañana, caminar casi 6 kilómetros disfrutando de un día estupendo y por una buena causa, ¡solidaridad!

Así que preparé un desayuno adecuado para el ejercicio que iba hacer, el atuendo y calzado deportivo pertinente para la ocasión y una mochila de buenas intenciones.

Mi esposo, cómo no, se apuntó a participar en el evento, y eso hizo más entrañable ese día, ambos unidos una vez más por una causa noble. Cuando llegamos al lugar señalado para la salida de la marcha, puedo decir que mi sorpresa fue muy grata. Había allí muchas personas con diferentes perfiles. Grupos de amigos, parejas, familias con sus niños, gente de todas las edades, y los chavales de la cantera del club de mis amores, todos dispuestos a aportar su granito de arena.

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Fotografía propiedad Alfaem

¡Todos unidos sin esperar nada a cambio en un acto solidario! ¡Disfruté del recorrido inmensamente!

A lo largo de los 6 kilómetros me dio tiempo a disfrutar de parajes que ni conocía de mi ciudad, ya que una se enreda en su rutina y trabajo, y siempre tienes alguna excusa para no salir de tu hábitat natural y descubrir todo lo que tienes alrededor. Gocé durante la hora y media del trayecto de una charla continuada, sin prisas, sin interrupciones, en la que mi esposo intercalaba chistes y ocurrencias que amenizaron la caminata, muy típico de él. Pude sacar un montón de fotografías de parajes sorprendentes, incluso descubrí que en Ponferrada hay caballos pastando libremente, algo de lo que no tenía ni idea, escuché el fluir del río que acompañaba nuestros pasos en algún tramo del camino… Pero también me fijé y aprecié rostros, sensaciones, emociones, sensibilidad… Porque todo el recorrido fue eso, momentos emotivos.

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No se competía, no había premio para el primero en llegar a la meta, nadie tenía que mostrarse más en forma que otro… Realmente todos éramos partícipes de un equipo ganador, el de la solidaridad. Entre los participantes y la gran organización y colaboración de todos los integrantes de ALFAEM SALUD MENTAL y también de la S.D. Ponferradina, esta iniciativa se hizo aún más grande.

A posteriori, pude saber que el número de participantes superó los 400, y que las ayudas recibidas por parte de empresas también fueron generosas.

¿Cómo no voy a creer en la solidaridad? ¿Cómo no apoyar estas iniciativas? ¿Qué nos cuesta poner nuestro granito de arena?

He podido disfrutar en talleres con personas de esta asociación y otras, que con la mirada o un abrazo muestran su agradecimiento, que aprecian lo poco o mucho que les puedas enseñar porque son como esponjas, se muestran generosos y sensibles, y no quiero dejar de destacar la gran labor interna y la lucha incesante externa de trabajadores y colaboradores que hacen aún más grande estas asociaciones.

Veamos a estas personas como tal, sin más, no midamos la discapacidad que tienen para aprovecharnos de bonificaciones, si en realidad eso es lo que buscamos en su contratación. No son bichos raros, no los hagamos sentir así. Las enfermedades mentales abarcan muchos ámbitos de la salud mental, y en muchos casos se llegan a desarrollar pasados años, con lo que ¡no miremos a otro lado!

Como Alfaem hay muchas asociaciones en España sin ánimo de lucro, que luchan en muchas ocasiones en soledad porque nadie les acompaña, ni el propio Estado. Necesitan de todos, y cado uno podemos aportar según nuestra condición, porque no todo es material…

Personalmente, participar con alguna de estas asociaciones me ha aportado muchísimo, me ha hecho ver realidades a veces crueles, me ha puesto por momentos los pies en el suelo e incluso me ha hecho pensar después de salir de algunas de las clases, si yo era la profe o lo eran ellos…

Animo sin duda a todas las personas a que de un modo u otro colaboren en estas organizaciones que tanto necesitan de los ciudadanos de a pie, y se movilicen para que “alguien” se dé cuenta que existen personas que por diversas circunstancias necesitan de todos. Y eso incluye evidentemente a las Administraciones Públicas.

¡Enhorabuena a todos los héroes que cada día se levantan con el propósito de ayudar!

*Fotografías, Carmen Prada

Carmen Prada

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No lo compliquemos más, por favor

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Por Carmen Prada

Partamos de la base de que la palabra “feminismo” es definida por la R.A.E. como “ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres”. Pero, ¿realmente sabemos lo que es una ideología? Pues dice la R.A.E. que es el “conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político…”

Bien, teniendo en cuenta que el “feminismo” es una ideología, se podría decir que el feminismo es un conjunto de ideas fundamentales, y se supone que éstas tendrán una cierta homogeneidad, más allá de matices, y que quienes apoyan esta ideología – y cabe suponer que la inmensa mayoría de las mujeres defienden tener los mismos derechos que los hombres – tendrán en su vida diaria una serie de pautas de conducta que también tengan una cierta homogeneidad, más allá de matices…

Todo esto no pasa de ser un razonamiento sencillo, pero la realidad es mucho más compleja, sin duda, porque lo que yo me encuentro en el día a día son mujeres que sí, que al menos de palabra piensan que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres, con lo cual son feministas, se reconozcan o no como tales, pero a la vez protagonizan situaciones que más bien reflejan lo contrario. Y no son nuestras palabras las que de verdad hablan de nosotros, no. Los que de un modo elocuente, certero y nítido hablan de cada uno de nosotros, son nuestros hechos, comportamientos y decisiones.

Soy mujer, con mis virtudes y mis defectos, y conocedora de mis limitaciones, con objetivos y metas en mi vida, en la cual nunca me han faltado obstáculos que salvar, y algunos por razón de mi sexo, es cierto. Pues fijaros, me atrevo a decir y sin pelos en la lengua que de esto nos estamos encargando todos, hombres y mujeres. Sí, chicas.

Lo mismo cobramos menos que ellos, en algunos casos, por el mismo trabajo, que necesitamos demostrar dos veces más nuestra valía para estar en puestos de responsabilidad, como escuchamos eso de “para este trabajo una mujer no valdría…”, sin olvidarnos de “¿tienes hijos o tienes pensado tenerlos?”, esto entre otras muchas. Por poner solo algunos ejemplos en el campo profesional.

Pero es que en el personal, también hay mucha tela que cortar. Evidentemente, a mí ninguna de las situaciones anteriormente mencionadas me hacen ni pizca de gracia, pero hemos llegado a un punto de irrespetuosidad en el que, ¡quién lo iba a decir!, recuerdo con nostalgia, y no porque me gustaran, aquellos tiempos en los que algún hombre, y no necesariamente albañil, te echaba un piropo. Ahora lo que se estila es la obscenidad,  ya que una mujer va por la calle y puede escuchar auténticas barbaridades que no se pueden ni reproducir, tanto de día como de noche. Si tales groserías las pronunciase una mujer… Uff, no quiero ni pensarlo.

Voy más allá, si un hombre suelta algún taco no pasa nada, es un hombre. Ahora, si éste lo reproduce una mujer, ¡menuda mal hablada! Si se toma 2 copas de más, tampoco pasa nada, es un hombre. Ahora, si lo hace una mujer, ¡cómo se pone ésta! Un hombre sale a tomar algo, a cenar… con varias mujeres, y se escucha “no sé cómo lo hace, pero éste siempre tiene una suerte…”. Claro que en el caso contrario, menos guapa cualquier cosa… Tampoco nos pasemos con la ropa, porque igual es que vamos provocando y después pasa lo que pasa…

Pero ojo, porque el machismo existe también porque hasta cierto punto lo hemos permitido, agachamos la cabeza ante situaciones injustas, hasta nos cuestionamos ser madres o no, según el mercado laboral. Pues algo falla, hay sin duda mujeres conformistas que están muy a gusto en su inmovilismo, no es que muestren mucho querer la igualdad. Sucede que después va otra mujer que sí da un golpe encima de la mesa y además con argumentos, y tiene un burofax en su casa cuando llega. Con lo que, como muchas veces he repetido, ¡las mujeres somos nuestras propias enemigas! Y siento si alguna se ofende y recurre a la frase, “¿y qué vamos a hacer?, aceptas o a la calle”. Perdonadme, solo que acepte una, se inicia esa diabólica dinámica…

Etiquetas ideológicas hay muchas, y reconozco que a mí me resulta harto difícil identificarme con cualquiera de ellas, pues en todas hay incongruencias y aspectos que chirrían, por no hablar de los intereses inconfesables que siempre hay detrás de cada movimiento ideológico, pero una cosa tengo clara, y es que posicionarse en contra de la injusticia de un modo sincero, pasa inexorablemente por denunciar aquellas situaciones de las que también podemos resultar injustamente beneficiadas a veces. Pongo 2 ejemplos, uno más desenfadado, que no frívolo, y otro mucho más grave. Me repugna ver cómo las mujeres entran en los garitos como ganado – esa es la idea – cuando su acceso es gratuito, mientras que los hombres han de abonar entrada. Y no nos quejamos, aunque nos utilicen como reclamo de clientela masculina. Me produce vómito que las mujeres entremos en ese juego. Pero aún me parece mucho más grave tener conocimiento de casos reales en los que la resolución judicial sobre la custodia de los hijos ha favorecido a la mujer, siendo ésta bastante más inadecuada que el padre para asumir esa responsabilidad. ¿Queremos igualdad y justicia? Bien, reivindiquemos, pero no callemos tampoco ante situaciones en las que un hombre tenga razón para protestar.

Como he dicho antes, no soy capaz de identificarme con ninguna ideología, y aunque sea de forma muy breve y simple, permitidme que enumere algunas:

-el machismo sostiene que el varón es por naturaleza superior a la mujer, y que por este motivo ésta ha de vivir sometida a aquel, sin poder desarrollarse como sujeto autónomo;

-el hembrismo es la contraposición del machismo, pues defiende el dominio, represión y prepotencia de la mujer respecto al hombre, así como la discriminación favorable a la mujer;

-el feminismo, como ya se ha explicado al principio, tiene como objetivo la reivindicación de derechos de la mujer, se opone a la dominación de los varones sobre las mujeres y a la asignación de roles sociales por razón de sexo;

-el masculinismo se considera la contraparte del feminismo, ya que busca la igualdad con la mujer, pero desde el punto de vista del hombre. Temas como la custodia de los hijos o la trivialización / silenciamiento / ridiculización  de la violencia de la mujer contra el varón son algunos de sus caballos de batalla habituales;

-el humanismo propone una ética en la que la dignidad y autonomía del individuo son centrales, aboga por la libertad responsable, la tolerancia y el altruismo, pero niega la dimensión trascendente de la persona, pues todo lo somete a pautas racionalistas, cientificistas y tecnologistas, haciendo del ser humano el centro de todo.

En fin, un artículo como éste, que no pretendo sea una tesis,  no da para más, pues el tema es complejísimo, y de cada una de estas ideologías se derivan a la vez un montón de variantes de toda índole, pero creo humildemente que si de corazón buscamos hacer de este mundo un lugar mejor, si procuramos practicar la empatía con nuestros semejantes, no tiene que ser tan difícil encontrar el equilibrio. Estamos en el mundo para caminar juntos, para construir juntos, para crecer juntos. Ni yo ni ninguna de estas ideologías está en posesión de la verdad, pero una cosa es segura, y es que cualquier iniciativa que fomente o se alimente de la ira, el deseo de revancha, la prepotencia y el afán de someter a los demás a sus esquemas, no hace más que complicar y aumentar el conflicto, lo que se ha venido a llamar tristemente como guerra de sexos.

No tengas miedo a echar a la basura tus prejuicios. No tengas miedo a liberarte de tus demonios. No tengas miedo a que te llamen iluso. No tengas miedo a construir un mundo mejor. No tengas miedo a ver en cada persona un regalo, una oportunidad. No tengas miedo al miedo.

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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En el amor, ¿”siempre” puede resultar demasiado tiempo?

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Artículo publicado por Carmen Prada

En el año 1994, y firmada por Edward Zwick, y basada en una novela de Jim Harrison, llegó a los cines una cinta maravillosa, mezcla de drama y amor, con tintes de los más grandes clásicos, una película con alma, que desborda pasión y derrocha majestuosidad. Como protagonistas, Brad Pitt y Julia Ormond.

Esta preciosa historia nunca la olvidaré,  Leyendas de pasión. Sí, una vez más, reconozco públicamente que soy una romanticona empedernida, pero esta película me dejó muchas frases interesantes, y hay una que sobresale por encima del resto y la he tenido presente en muchos momentos de mi vida, “siempre, resultó ser demasiado tiempo…” Una frase con contenido, de estas que dan para un café largo de tertulia.

Y es que me viene de perlas en este caso echar mano de esta “generosa” frase para hablar sobre el tema que quiero tratar hoy.

 En los días de descanso que pude disfrutar en el mes de julio, toda mi persona absorbía información y se quedaba con detalles y momentos que me darán para mucho… pero soy consciente que toda esta información la pude procesar en parte gracias al descanso y relajación.

En una de las playas en las que estuve, observé mientras estaba a la orilla del mar, como un hombre ya adulto y una anciana mujer –intuyo que eran hijo y madre-, disfrutaban como cualquier otra familia lo podía hacer en el mar, jugando con las olas. Evidentemente mi atención no se paró en ellos por ese motivo, sino por cómo el hijo transportaba a su madre sobre el agua con una especie de carrito que flotaba sobre el mar, ya que esta mujer, pude ver después, estaba impedida y ya sobre tierra utilizaba una silla de ruedas, pues no podía caminar.

La escena en sí no era lo que me mantenía entusiasmada, sino la ternura de ese momento. Al hijo se le veía incluso más feliz que a su madre, estaba disfrutando tanto o más que ella mientras ésta no paraba de sonreír, jugaba con sus manos sobre el agua y parecía feliz. Sus miradas lo decían todo, y todo era amor. Desprendían amor y felicidad… No sabría decir cuál de los dos se sentía más pleno en ese momento.

Fue en ese preciso instante cuando me pregunté, ¿por qué nos empeñamos en llamar amor siempre a “lo mismo”?

Sé que hablar de amor, puede llegar a ser un tema recurrente, ¿qué no se ha dicho ya sobre él? Estamos por un motivo u otro cada día hablando de este sentimiento, pero también es cierto que en los últimos tiempos me he encontrado demasiadas personas que han dejado de creer en él, por un motivo u otro.

Y es cierto, puede resultar un tema cansino pero, vuelvo a preguntar, ¿por qué nos empeñamos en llamar amor siempre a “lo mismo”? Y vuelvo al comienzo, con la famosa frase de Leyendas de pasión. ¿”Siempre”, puede entonces, resultar demasiado tiempo? Puede ser que aquí esté el problema. Nos desilusionamos con el amor porque lo vemos como “enamoramiento” por una persona, por nuestra pareja, esposo… y además estamos convencidos de que la palabra “siempre” debemos eliminarla porque no es posible en este contexto. Pensamos que el amor no es eterno.

El amor es más que ese sentimiento, vi amor en la mirada de ese hijo hacia su madre. Durante la estancia en el hotel durante esos días, vi amor en una pareja de ancianos que durante todo el día iban cogidos de la mano a todas partes y cuando llegaba la noche, bailaban agarraditos en la discoteca que había en el hotel, como si fuese la primera vez.

Y es que hay amores eternos, amores para siempre. Quizá el amor más fuerte es el de una madre hacia sus hijos, yo lo noto con la mía y creo en ese amor eterno. Creo en el amor y el cariño de unos abuelos hacia sus nietos. Creo en el amor por lo que uno hace o sueña, he crecido con el cariño que mi madre siempre ha mostrado hacia sus flores y plantas, y es que hay infinitos amores que no nos traicionarán, incluso el de pareja, fijaros en los ancianos. ¡No desesperemos, existe! Lo ha hecho siempre.

Pero por encima de todo, creo en el amor que debemos tenernos a nosotros mismos y a la vida, aunque ésta a veces se presente llena de dificultades. Me tengo que querer para amar a la vida, y espero amarla siempre, porque es un regalo de Dios, y he pasado por momentos difíciles, pero les he plantado cara y todo porque sé que la vida merece la pena. Cada día es una oportunidad, cada día nos regala amor, ¡me da igual de dónde proceda, pero me lo regala!

¿De verdad os atrevéis a decir que el amor nunca es para siempre? Hagamos un pequeño ejercicio, ¿cuántos amores te atreverías a decir que tienes ahora mismo en tu vida? ¡Yo muchos, y muchos para siempre!

El primer sábado de agosto de 2012 fue un día inolvidable, el más especial de mi vida, pues celebré mi matrimonio con mi gran amor, mi gran amigo y alma gemela. Tras 4 años, que habrá quien piense que es poco tiempo, pero que han dado para mucho, puedo afirmar que el amor es posible, no faltan las dificultades, pero es viable y provechoso cultivarlo día a día, reafirmarse en el proyecto de una vida en común, compartiendo penas y alegrías, proyectos e ilusiones, momentos y sensaciones. No es imposible mantener encendido el corazón, la mirada cómplice, la caricia tierna, pero aun cuando pudiera llegar un momento de aridez, merece la pena tener presente que lo más importante no son las mariposillas en el estómago, sino la voluntad de caminar juntos, la lealtad contra viento y marea, el compromiso de ser una sola carne, el amor hecho camino, paso a paso, hombro con hombro…

No hacen bien algunas fantasías sobre un amor idílico y perfecto, privado así de todo estímulo para crecer. Una idea celestial del amor terreno olvida que lo mejor es lo que todavía no ha sido alcanzado, el vino madurado con el tiempo. Como recordaron los Obispos de Chile, «no existen las familias perfectas que nos propone la propaganda falaz y consumista. En ellas no pasan los años, no existe la enfermedad, el dolor ni la muerte […] La propaganda consumista muestra una fantasía que nada tiene que ver con la realidad que deben afrontar, en el día a día, los jefes y jefas de hogar»[137]. Es más sano aceptar con realismo los límites, los desafíos o la imperfección, y escuchar el llamado a crecer juntos, a madurar el amor y a cultivar la solidez de la unión, pase lo que pase.

Amoris laetitia, 135

 

 

 

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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