Sí, me quiero

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Cada día está dibujado multicolor, aunque en el cielo haya nubarrones. Carmen Prada

Me gustaría hoy dejar una reflexión en el aire, ¿en cuántas ocasiones te levantas por la mañana, te miras al espejo y no te reconoces? Algo así puede suceder por varios motivos.

Creemos estar viviendo nuestra propia vida, una vida de la que nosotros mismos somos arquitectos, pero cada mañana algo nos dice que no es lo que vemos.

Aspirar a la perfección y tener temor cada día de no dar la excelencia de nuestra persona a los demás, nos hace vivir en un tremendo estrés, a la par de ir de decepción en decepción. ¡No podemos pretender ser perfectos, porque sencillamente es imposible!

¿Por qué nos cuenta tanto pronunciar un NO? Puede que la inseguridad y el miedo a quedarnos solos, a no ser complacientes con los demás, a pensar que de este modo no nos encontraremos enemigos… ¿Pero alguien te ha dicho que no se puede agradar a todas las personas? Este hecho nos aleja de nosotros mismos, pasamos a ser carne de cañón para los “depredadores”.

¿Cuándo fue la última vez que alguien te dijo que creía en ti? ¿Cuándo la que te dijeron “vales mucho? Pero aun así, nos seguimos reconstruyendo en la perfección dejándonos llevar por la inseguridad. Si los demás confían en ti y son conscientes de tu valía, ¿quién eres tú para ser tu mayor enemigo?

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Después de esta reflexión, mírate a este espejo

La vida no es sencilla, tiene muchas curvas, nos encontramos con muchos obstáculos, hay momentos en que da giros inesperados, nos damos de frente con decepciones, situaciones que nos hacen derramar lágrimas, a veces nos gustaría mandarlo todo a la porra…, y después de todo este cúmulo de catástrofes, llegamos a pensar que los culpables de todo somos nosotros mismos y que no servimos para nada.

Y ahora te pregunto, ¿te quieres? Te invito a que te hagas esta pregunta literalmente y  además en voz alta. Y te estarás preguntando, ¿y cómo lo voy a saber?

  • ¿Tomas tus propias decisiones?
  • ¿Sonríes cada día?
  • ¿Decides quiénes son las personas que te rodean?
  • ¿Has decidido cuidar tu imagen personal por y para ti?
  • ¿Tienes confianza en ti mismo?
  • ¿Confías en ti?
  • ¿Contagias alegría y positivismo?
  • ¿Eres valiente y tenaz?
  • ¿Eres consciente de tus imperfecciones y vives con ellas?
  • ¿Sueñas y luchas por tus sueños?

 

Podría seguir, pero en definitiva, empieza por creer en ti mismo cuando tú eres la única persona que no lo hace.

¡Siéntete capaz de todo! Acepta los errores y conviértelos en posibilidades.

¡Vive, ama, siente!

¡No pases por la vida de puntillas, haz ruido!

¡Exprime al máximo cada instante del que disfrutes!

¡No dejes que nadie te diga “no puedes”!

¡Baila bajo la lluvia y descansa bajo el sol!

¡Llora sin temor cuando tengas que hacerlo, pero sonríe cuando algo lo merezca!

¡Pronuncia te quiero!

 

La vida pasa demasiado rápido como para que dejes escapar grandes momentos y segundos de felicidad.

Y ahora, ¿te vas a poner manos a la obra para dar de ti lo mejor a los demás? Recuerda que antes, te tienes que querer…

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imágenes, Google y Pixabay

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El tiempo es oro

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Por Carmen Prada

Reconozco que desde niña he sido una apasionada de los cuentos, y además, tanto me impregnaba de ellos que me los llegaba a creer de algún modo. Con el paso de los años, me he dado cuenta que muchos de ellos tienen un trasfondo de verdad, o más bien una reflexión a la que nos deberían llevar.

Hace unas semanas, recibí un regalo maravilloso de mi esposo. Un libro titulado Regálame la salud de un cuento, de José-Carlos Bermejo. Confieso que lo estamos aprovechando juntos, pues cada noche al acostarnos él me lee un cuento, y yo lo disfruto como una niña.

El libro está repleto de cuentos que te llevan a la reflexión, son historias breves de diferentes temáticas, pero hasta el momento ha habido uno por encima de todos que me ha llamado mucho la atención. Quizá alguno de vosotros ya lo conozca, pero aun así quiero compartirlo:

“La noche había caído ya; sin embargo, el pequeño niño hacía grandes esfuerzos por permanecer despierto. El motivo bien valía la pena; estaba esperando a su papá. Los traviesos ojos iban cayendo pesadamente cuando se abrió la puerta.

Hijo: “Papá, ¿puedo hacerte una pregunta?”
Padre: “Sí, claro, ¿qué es?”
Hijo: “Papá, ¿cuánto dinero ganas en una hora?”
—dijo con ojos muy abiertos.

Su padre entre molesto y cansado, fue muy tajante en su respuesta.
“Eso no es asunto tuyo, ni tu madre lo sabe, ¿por qué me preguntas tal cosa?”
Hijo: “Sólo quiero saber, por favor dime, ¿cuánto ganas por una hora?”

El papá contrariado contestó con un simple: “100€ por hora”.
Hijo: “Oh” —
El niño con tristeza agacha la cabeza hacia abajo…
“Papá, ¿puedo pedir prestado 50€?”

El padre se puso furioso: “Si la única razón por la que quieres saber lo que gano es para pedir prestado dinero para comprarte algún juguete tonto, entonces quédate en tu habitación, no salgas y piensa por qué estás siendo tan egoísta. Yo trabajo duro todos los días, como para lidiar con este comportamiento tan infantil”.

El niño en silencio cerró la puerta de su habitación. El hombre se sentó y comenzó incluso a ponerse más enojado acerca de la pregunta del pequeño. ¿Cómo se atreve a hacer tales preguntas sólo para obtener algo de dinero? Después de una hora o algo así, el hombre se calmó y comenzó a pensar: Tal vez había algo que realmente necesitaba comprar con esos 50€, después de todo, el niño no pedía dinero muy a menudo. Así pues, se acercó a la puerta de la habitación del niño y abrió la puerta.

Padre: “¿Estás dormido, hijo?”
Hijo: “No papá, estoy despierto”.
Padre: “He estado pensando, tal vez yo fui demasiado duro contigo. Ha sido un día largo y descargué mi frustración en ti. Aquí tienes los 50€ que me pediste…”
El niño se irguió, sonriendo.
“Oh, gracias papá!” -susurró el niño mientras metía su manita debajo de la almohada y sacaba varias monedas.

Entonces, se levanta y agarra debajo de la almohada unas monedas y unos billetes arrugados. El hombre vio que el muchacho ya tenía dinero, empezó a enfadarse de nuevo. El niño contó despacio su dinero, y luego miró a su padre.

Papá: “¿Por qué quieres más dinero si ya tiene bastante?”
Hijo: “Porque yo no tenía suficiente, pero ahora sí.” –Contestó entusiasmado.
“Papá, ahora tengo 100€. ¿Puedo comprar una hora de tu tiempo? Por favor, mañana ven a casa temprano, me gustaría cenar contigo.”

El padre se sintió acongojado. Puso sus brazos alrededor de su pequeño hijo, y le suplicó por su perdón.

Recordemos siempre, que la mejor inversión de nuestro tiempo es en la familia que tenemos, las personas que tenemos a nuestro lado y en nuestros corazones. Si el día de mañana morimos, en apenas unos breves días habría alguien reemplazándonos en el trabajo; en cambio, para la familia y amigos que dejamos atrás, la pérdida sería eterna. Valora el tiempo que pasas con los tuyos, porque no hay nada más valioso”. Autor desconocido

Esta es una conversación de un hijo con su padre, pero, ¿en cuántas ocasiones “robamos tiempo” a las cosas que son realmente importantes? ¿No nos ofrecemos con la excusa de que “no tengo tiempo para nada”?

Vivimos en una sociedad envuelta en compromisos, en la que vivimos deprisa y corriendo, sin percatarnos de las cosas que realmente merecen la pena y de las personas que precisan de nuestros oídos porque necesitan ser escuchadas.

La falta de tiempo es la excusa perfecta para evadir responsabilidades, responsabilidades de las que en muchas ocasiones simplemente queremos huir. Siempre he escuchado que “el tiempo es oro”, y sin duda, así lo creo. Es uno de los bienes más preciados, y en muchas ocasiones no nos damos cuenta que la vida, las oportunidades, los sentimientos, momentos…, corren y transcurren a la misma velocidad que éste lo hace, dejándonos muchas veces sin cosas a las que en un momento dado no dimos valor. Y lo peor de todo es que puede que muchas de ellas nunca regresen.

¿Has pensado alguna vez cuántas personas estarían dispuestas a pagar por tener un minuto de tu tiempo para que simplemente las escuches?

 

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Pixabay

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Un pedacito de todos nosotros

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Por Carmen Prada

 

Me gustaría compartir en el día de hoy un sentimiento, una emoción que quizá en algún momento para muchos de vosotros haya sido al mismo tiempo un pesar.

Cada vez estoy más segura de que “uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde”. ¡Es cierto! Y en ocasiones, hay pérdidas que no volveremos a recuperar, al menos en mucho tiempo.

Y os estaréis preguntando, “¿pero todo esto a que viene, Carmen?”

En mi zona, la comarca del Bierzo, disfrutamos gracias a Dios de bienes tan preciados como la cultura gastronómica y enológica, histórica y monumental, y cómo no, de unos parajes y paisajes que son nuestro orgullo. Los amantes de la naturaleza, tanto turistas como cualquier persona que desee respirar aire puro, pueden disfrutar y perderse en nuestro paraíso poblado de numerosa y variada flora y fauna.

Hoy os quiero presentar uno del que durante años y años hemos gozado y disfrutado, El Valle del Silencio. ¿Cómo describirlo para que podáis sentir su frescura?

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Imagen de Javier Martínez Ponte – Antes

“Un río de cristalinas aguas serpentea a lo largo de un valle angosto, sinuoso y de fuertes pendientes, y deja paso a un paisaje perfecto para el viajero sin prisas, donde disfrutar de la tranquilidad y la naturaleza.

El paraje de Tebaida Berciana es un lugar de ermitaños. Fructuoso y Genadio son sus primeras señas de identidad y quienes fundaron monasterios en Compludo, San Pedro de Montes o Santiago de Peñalba, lugares repoblados espiritualmente durante los siguientes siglos. El Valle del Silencio guarda la magia del bosque, de sus pueblos y de una cultura que permanece en la memoria.

En esta ruta se pueden visitar: la Cueva de San Genadio, el Monasterio de San Pedro de Montes, la Ermita de Santa Cruz, el Monasterio Iglesia de Santiago de Peñalba y la Herrería de Compludo”.

¿Por qué todo esto? Porque a primera hora de este pasado miércoles, se inició un pavoroso y dramático incendio en nuestro Valle del Silencio, donde miles de hectáreas han sido arrasadas dejando una imagen de desolación donde poco antes había un secular vergel.

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Javier Martínez Ponte – Ahora

Desolados estamos todos los bercianos que por él llevamos días llorando. Son lágrimas de impotencia, de rabia, de incomprensión… ¿Incomprensión? ¡Sin duda!

Incomprensión por no entender cómo hay personas capaces de estar tan vacías en su interior para llegar a provocar catástrofes tan crueles como ésta. Se me ocurren muchos calificativos, pero no los voy a utilizar. Los que realmente amamos nuestra tierra, con sus riquezas, pero también con sus pobrezas, no debemos permitir que personas que además de tener el interior negro, sucio e insípido, nos quiten a la gente de bien las ganas y el orgullo de defender y cuidar lo que hemos heredado de generaciones pasadas, para podérselo entregar del mejor modo a las futuras.

También es cierto que la autocrítica en estos momentos no está de más… No se actúa hasta que algo así llega. No se toman las medidas necesarias para cuidar lo que presumimos tener, y yo me pregunto, ¿y ahora qué lugar ocupará nuestro Valle cuando se nos llenaba la boca hablando lejos del Bierzo de él?

Para todos los que amamos el Bierzo, no solo el Valle del Silencio está de luto, nosotros como bercianos también…

Seguro que muchos de los que estáis leyendo estas palabras que salen de lo más profundo de mi ser, habéis lamentado sucesos similares en vuestra tierra, pues se trata de una lacra muy extendida. Una mayor concienciación medioambiental desde la escuela, junto con una menor tolerancia a comportamientos irresponsables que frecuentemente se dan en determinados ámbitos, no solo en el rural, son carencias sociales que necesitan ser impulsadas y gestionadas convenientemente por el poder público, pero también por la conciencia personal de cada ciudadano.

La unión de las personas, la responsabilidad firmada por determinados cargos de la administración, y sin duda una dura condena a comportamientos incomprensibles y repugnantes, han de ser  la base del trabajo por el bien común y la riqueza – en cualquier sentido – de nuestro país.

Hoy siento tristeza e indignación, pero no nos rindamos nunca. La naturaleza volverá a florecer, estemos siempre de parte de la vida. También eso es vivir confiadamente el Tiempo Pascual.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Google

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¿Solo reaccionamos cuando hay muertos, o quizá ni así?

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Por Carmen Prada

Quizá lo que escriba a continuación sea un intento de mostrar sensatez y sensibilidad, o más bien, ¿una necesidad imperiosa de dar un grito al aire y expresar mis emociones y sentimientos hacia una realidad social atroz?

Hace poco me encontré en una red social lo que una joven de 13 años había compartido en su muro. Os puedo decir que me partió el alma, pero esta es la realidad en muchos adolescentes y jóvenes, y no la que muchas familias quieren mostrar, o lo que es más grave, desconocen.

“Querida sociedad:
Has cambiado bastante. ¿Por qué? ¿Por qué ahora todos me juzgan? Ellos no saben nada de mí ni de mi vida, ellos no me conocen. Si me visto de una forma, soy una hípster y si me visto de otra voy de moderna. Si twitteo mi vida soy una gilipollas que piensa que a todo el mundo le importa lo que me pase y si no twitteo nada soy una aburrida. Si tengo trece años tengo que fumar, beber alcohol y ser una puta. Y si tengo dieciséis soy una inmadura que no sabe nada. Si soy rubia, soy tonta, si me tiño soy una teñida de mierda. Si me gusta el heavy soy emo, si me gusta el pop soy infantil. Si apruebo todas soy una empollona, si suspendo soy imbécil. Si me gusta un videojuego soy una friki. Si soy fan de un cantante o grupo soy una obsesionada. Si digo palabrotas soy una mal hablada y si no las digo soy una aburrida. Si estoy delgada, estoy anoréxica. Si estoy gorda, estoy obesa…..
Yo creo que ya basta con las etiquetas. Hay gente que le puede dar igual lo que le llame, pero a otra mucha le puede doler muchísimo y puede llegar a hacer cosas horribles y tan solo por culpa de unas estúpidas etiquetas. Cada persona es como es, y eso es lo que la hace única, perfecta y especial. Ser ella misma”.

¡Malditas etiquetas! ¡Dichosos juicios! Lo deja claro en la frase que he resaltado en negrita.

¿Hacer cosas horribles? ¡Claro que sí, y le creo! Y le creo porque cada vez más estamos viendo cómo hay niños que no viven esa etapa, jóvenes que viven una vida que aún no es la que le corresponde, y adultos que no se dan cuenta de nada porque “ya bastante tienen con su propia vida”, para qué molestarles.

Os puedo decir que las tentaciones han existido siempre, las maldades también, pero también es cierto que la forma de afrontar todo ello no es la misma.

Recuerdo que en mi adolescencia muchos de mis amigos empezaron a fumar, ¡siempre dije NO! En el colegio sufrí con una compañera su superioridad física y despotismo, lo intenté afrontar con la mayor entereza posible, aunque una nunca lo olvida. Respecto a los dichosos botellones que tan de moda están ahora, solo participé en dos, y fueron inocentes veladas en la orilla de la playa cuando iba a veranear con mis padres a un cámping, nada que ver con el desmadre actual. Mi hora de llegada aún con 17 años los fines de semana eran las 22 horas, y cuando salía en mi bolsillo solo había 500 pesetas, lo suficiente para pagarme la entrada a la discoteca y comprarme a la salida unas chuches, ¡no daba para más!

Reconozco que en esa etapa de mi vida era una jovencita frágil, pero, ¿sabéis quién me ayudó y me formó para decir NO a muchas cosas? Mis padres, unos padres que no tuvieron la suerte de poder estudiar demasiado, ya que desde muy jovencitos tuvieron que trabajar, pero eso no les ha impedido nunca tener una cultura de valores impresionante.

Vemos en el caso de los adultos noticias que son incomprensibles. Observamos cómo se utiliza la violencia de la manera más irracional, cómo se finge y miente en muchos casos para dañar a otros, estamos infectados de materialismo viviendo en un mundo irreal, cada uno mete la mano en el “saco” en la medida en la que puede, vivimos en una continua tensión por ser mejor que el que tengo al lado, y ya da igual si ese es uno al que llamamos amigo.

¿Y todo esto para qué? ¡Ni idea! ¿Qué intentamos lograr? ¡Ni idea! ¿Por qué tenemos que estar continuamente mostrando un yo monstruoso? ¡Ni idea!

¿Qué estamos haciendo entre todos con esta sociedad? ¡Sí, porque todos estamos colaborando en deshumanizar principios que deberían ser incuestionables! Cada vez parece más “normal” pasar por encima de cualquiera a base de codazos, pisotear los sentimientos y abrir heridas en muchas personas. Incluso hacemos cambiar a base de miedos a determinadas personas porque creemos estar por encima del bien y del mal.

¿Qué estamos consiguiendo? ¡Eso lo tengo claro! Destruir valores, principios y marcar dramáticamente la vida de otras personas.

Los hogares muchas veces son cunas de toda esta deshumanización, ¿qué pretendemos esperar de los más jóvenes?

No comprendo como un chaval de 13 años pueda llevar 50€ en el bolsillo, ¡que a veces ni yo los llevo! Ven con toda normalidad, incluso como un derecho, tener el último móvil que ha salido, bien por no ser menos que sus amigos que ya lo tienen, o bien por poder presumir ante ellos de tenerlo si ellos aún no. Yo no acostumbro a trasnochar, pero cuando lo hago me sorprende ver a las 2 de la madrugada a muchachitos de 13 ó 14 años por ahí. Menudo negocio las tiendas de 24 horas, se forman colas los viernes y los sábados ya a media tarde con jóvenes que la mayoría de ellos no tienen la edad permitida para comprar alcohol. Jovencitas maquilladas que quieren aparentar una edad y una vida que todavía no les corresponde vivir. Precisamente esta semana, ha salido a la luz el caso de una chica de 12 años, ¡12!, que ha fallecido tras un coma etílico en una fiesta de Halloween. ¿Y a alguien le importa? ¿Si no hubiera fallecido se habría comentado en los noticiarios? ¡Miserable hipocresía!

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Y podría seguir, pero, ¿para qué? No hay más ciego que el que no quiere ver.

Alguno estará pronunciando la dichosa frase de ¡es que los tiempos han cambiado! Benditos tiempos anteriores, entonces.

¡Basta de hacer daño impune y gratuitamente!

¡Basta de colgar etiquetas que en muchos casos llegan a destrozar vidas!

¡Basta de buscar víctimas vulnerables para satisfacer egos!

¡Basta de juzgar por la talla de vestir o por el color de tez!

 

Es lógico que se sientan perdidos y confundidos si a diario es lo que vemos en la televisión, por la calle, en casa… Pero entonces, ¿no creéis los adultos que debemos de ser nosotros los que los guiemos? ¡Claro que antes tenemos que volver a retomar valores que nosotros mismos hemos perdido y olvidado!

No me importa la edad que tengas, si llevas gafas o no, si eres rubio o moreno, si eres alto o bajito, si estás delgado o un poquito grueso, me es indiferente si tienes algún problema físico o mental, si te gusta el rock o eres más de hip hop… Lo único que te puedo decir y de todo corazón es que nunca dejes de ser tú para pasar a ser una persona que ni conoces. Vive cada momento como te corresponde, disfruta de la vida según tu edad, vive y deja vivir, respeta y no odies, pero sobre todo, ¡nunca dejes de ser tú!

Los que vengan detrás, te lo agradecerán eternamente…

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Solo vivimos dos veces

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Esta pulsera rodea mi muñeca cada día, al igual que los sueños mi existencia

Por Carmen Prada

Hace poco descubrí, gracias a mi esposo, a la elegantemente sensual Nancy Sinatra, y al escuchar algunas de sus maravillosas canciones me dejó prendada de forma muy especial la letra de uno de sus mayores éxitos,  que muchos reconoceréis pues es la banda sonora de una de las películas más recordadas de Sean Connery como 007, además de dar título a la misma. Tiene una letra sencilla, pero a la vez profunda y directa, transmite un mensaje que yo repito mucho, y eso hizo que me llegase muy dentro al corazón.

La canción de la que hablo es “You only live twice”, y no me resisto a hacer una pequeña reflexión pues daría para mucho.

“Solo vives dos veces,

o eso parece…

Una vida para ti y otra para tus sueños”

Y es cierto, uno crea una vida que muchas veces no es la suya propia, es creada por la necesidad, la sociedad, las frustraciones, las personas que nos rodean, la rutina, lo políticamente correcto o no… ¡Demasiadas piedras que no son nuestras pero nos pesan!

En ocasiones creemos que esa es la vida que nos toca vivir, que poco podemos hacer, que la resignación forma parte de nuestro hábitat natural para sobrellevar el día a día de la mejor manera posible. Pero, ¿y si pudieses vivir otra? ¿Has pensado en ello? ¿Crees que es posible? ¡Claro que sí, pero además necesario!

 Es esa vida en la que tiene cabida lo que soñamos, porque no nos equivoquemos, ¡todos lo hacemos! No creas que los sueños son sueños dependiendo de su alcance, de la grandeza de los mismos. No, soñar es buscar la felicidad dentro de uno, enfrentar y pagar el coste que tenga esa plenitud, no temer a lo que pueda venir ni a lo que tengas que enfrentar, porque al final eres dueño de tus sueños.

No me digas que no has soñado con rodearte de buenos amigos, de poder disfrutar de unos días de descanso, de ir a un concierto al que sabes posiblemente no podrás volver, a renovar tu coche porque el que tienes está a punto de dejarte tirado, a amar, a ser feliz con lo que haces, a aspirar a más laboralmente, a llegar a tener una familia… ¿Te das cuenta que todo sueño es válido independientemente de su grandeza?

Confieso que entre mis sueños no está ser millonaria, aunque no por ello renuncio a ser sanamente ambiciosa, pero no necesito la opulencia para ser feliz. Sin duda, algo que me mantiene viva y la gente que me conoce lo sabe, son los sueños.

Recientemente he cumplido uno, el estar presente y participar en un maravilloso evento, Oviedo Hacia La Nueva Ruta del Empleo. Organizado por el Ayuntamiento de Oviedo y Empleoviedo, y cómo no de la mano de La Nueva Ruta del Empleo, mediante la ponencia “Liderazgo y Gestión de Equipos”.

He tenido que soñar y luchar por ello, ¿creéis que se hubiese hecho realidad si no hago ambas cosas? Con este logro, han venido solos muchos regalos, cosas que ni me imaginaba, apoyos y cariño por muchos lados, desde distintas partes de España e incluso de fuera de nuestras fronteras. Con lo que, ¡cómo no voy a soñar! Es mi fuente de alimentación.

Y hoy cuando estéis leyendo este post, estaré ya enfrascada en otro sueño, que es que mi querido equipo, la S.D. Ponferradina, gane el partido de hoy, que falta nos hace…

¿Os dais cuenta que no necesitamos grandes sueños para ser felices? Hoy es uno, y dentro de unos minutos otro que siendo insignificante, es mío y me ayuda a ser feliz.

Me gustaría transmitiros el mensaje que envío a la gente que me rodea, ¡nunca dejes de soñar!

 

 

Os dejo con la bella canción mencionada, no dejéis de escucharla…

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Carmen Prada

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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La propia vida con distintos finales

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Por Carmen Prada y varios colaboradores

A mediados del pasado agosto di comienzo a una historia en una Red Social, que más bien era un relato con el final abierto, pues mi intención fue hacer participar a aquellas personas que les apeteciese, escribiendo cada cual su propio final para esa historia.

Historia solo había una, pero los finales fueron diversos.

Las personas que me conocen saben que yo no hago nada porque sí, sino que siempre hay una intención, buena, se entiende. Y lo digo ya que toda esta trama tenía un por qué, que no mencioné a propósito…

En nuestras vidas se repiten muchas historias, historias que se comparten entre mucha gente, con más de la que pensamos. Situaciones de desempleo, rupturas afectivas, crisis en nuestra economía, decepciones con amistades, fallecimientos, también alegrías… Pero cada uno decide cómo afrontar esa misma historia.

Nuestras emociones tienen mucho que ver con cómo vivimos determinadas situaciones, también el momento personal o profesional por el que estemos atravesando, la gestión de la autocrítica, hay períodos en los que quizá vivamos con una sensibilidad extrema…

Quizá alguna de las personas que puso final a esa pequeña historia hace aproximadamente un mes y medio, que tampoco es mucho tiempo, en el momento actual lo viviría de otro modo.

No me enrollo más y os dejo el resultado de este “experimento”, y vosotros sacaréis vuestras propias conclusiones.

“No encontraba el lugar ni el momento idóneo para saber hasta dónde podía llegar… Lo cierto es que el día amaneció oscuro y casi lloviznando, pero algo le invitó a tomar la decisión de ir a una cala cercana a su casa para estar en soledad.

Llegó y para su sorpresa, solo estaba ella y el mar, no había nadie más.
Cada vez que acudía a ese lugar se sentía desnuda porque a la vez se veía libre.
El sol doraba su piel, pensaba que éste hoy no saldría, parecía que solo lo había hecho para ella y aún más relajada se sintió.

La calita tenía unas grandes piedras que le permitían disfrutar del sol sin apenas tocar la arena.
Esa tarde algo le llamó la atención, caminó hacia su piedra preferida y se quedó ensimismada mirando el sinfín del mar.

Sabía que apremiaba el tiempo y tenía que tomar una decisión ya. En ese mismo instante mientras miraba el mar y sin darse cuenta, se puso a ello…
Era mucho lo que Encina había sufrido por amor, la vida le había golpeado fuerte, había perdido casi totalmente la fe en ese sentimiento.

Y es que, sin buscarlo ni quererlo, había vuelto a resurgir en ella y se había vuelto a enamorar.
¡No comprendía cómo  podía haber sucedido!
Pero en esta ocasión, su gran amor estaba a más de 400 kilómetros de su hogar y de lo más importante, de sus padres con los que ella vivía.

Su madre, una mujer mayor pero con gran fuerza y valentía. Su padre, que con el paso de los años se había vuelto solitario y muy dependiente de ambas. Lo cierto es que en gran medida Encina llevaba el peso de la casa.

¡Era el momento de tomar una decisión!, vivir su vida y caminar hacia su futuro o seguir viviendo una vida que aunque querida no era la suya…

¿Qué decisión tomar?”

 

Voy a colocar por orden las personas que intervinieron con “su final”, y lo haré de un modo textual, sin variar ni corregir ninguna de sus aportaciones.

  • José Manuel López Gay; “Mirando al Mar soñe….”

 

  • Susana Álvarez Fernández; “Sonrió por última vez a su querida cala y emprendió rumbo a casa, tenía mucho que hablar con sus amados padres”.

 

  • Óscar Montejo Rodríguez; Durante el viaje, su mente estaba desatada. Miedos contra ilusiones, pasado contra futuro,…. una lucha constante entre pensamientos ocuparon cada kilómetro del viaje. ¿Estaré haciendo lo correcto? ¿Y si sale mal?¿Y si sale bien?. La locura de su mente contrarrestaba el volcán emocional de su corazón. Un cúmulo de emociones que confluian en una misma conclusión: quiero y necesito hacer esto.
    Al bajar los escalones del tren, sus piernas, temblorosas, apenas sabían donde dirigirse. Su amado no la esperaba. ¿Qué clase de sorpresa sería sino?. En su rostro, una sonrisa que llamaba la atención a cuantas miradas se cruzaban con Encina. Es uno de los efectos del amor, se nota. ¡Vaya si se notaba!”

 

  • Celia Benítez Pozo; Su cabeza le decía no lo hagas, no te vayas en busca de ese amor, pero su corazón gritaba…hazlo, vete, lucha por tus sueños, vive tu vida y sé feliz con tu amor. Entonces Encina decidió oir los latidos de su corazón, se levantó de su piedra mirando al mar y gritó: voy a ser feliz, voy a arriesgarme y vivir ese amor que me destroza por dentro.
    Cogió su coche y se fue en busca de la felicidad, pero cuando llegó él no estaba, en su puerta había una nota para ella. Abrió el sobre temblorosa y su corazón dio un vuelco al leer: Lo siento, no puedo hacer esto, Encina, perdóname pero soy un cobarde y no tengo derecho a cambiar tu vida, sé feliz sin mi porque yo no soy el hombre que tú deseas, sólo soy una ilusión”.

 

  • Marisa Riera; Y una canción que tarareaba continuamente le ayudó a tomar la decisión, quizás, más difícil pero más personal y consciente de su vida… Muchas veces, los pequeños detalles deciden toda una vida… “

 

Y tú, ¿te atreves a ponerle tu final?

 

Quiero agradeceros a todos los que habéis participado de un modo u otro en esta  historia que yo inicié y que con vuestra contribución ha tenido distintos finales. Todos ellos, son posibles. Cada uno, es especial…

 

 * Canción que Encina tatarareaba según el final de Marisa Riera

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Recuperar la ilusión de aquellos maravillosos años

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Artículo publicado por Carmen Prada

Estos días he tenido la oportunidad de compatibilizar la atención debida a mi trabajo con la posibilidad de estar cerca del mar, el cual me apasiona y relaja, y puedo dar fe de que cuando uno ama lo que hace, no le supone ningún sacrificio meter en la maleta junto al bikini el ordenador, la libreta y la agenda.

He podido profundizar en inquietudes, pensamientos, preocupaciones… de algunas personas, las cuales han sido una fuente de información e inspiración que agradezco muy sinceramente.

En concreto me quiero centrar en una en especial, una mujer que conozco desde hace un año, y que cuando se trata con ella es fácil intuir lo mucho que puede dar y ofrecer a los demás. He tenido la gran suerte de poder charlar con ella largos ratos de temas variados, siempre interesantes y muy humanos.

Os pongo en situación, regenta junto a su familia un hostal, que en Galicia están denominados pensiones –algo que también ella me aclaró- , se le ve la cabeza pensante, pendiente de todo, y lo que sí confiesa es que es muy perfeccionista, maneja la cocina como pocas personas, sabiendo sacar partido a los ingredientes de manera que siempre se disfruta de sus exquisitos platos sin necesidad de sofisticaciones, pues su esencia es la comida casera aderezada de cariño y sapiencia. La cocina es un espacio en el que se mueve como pez en el agua.

En una de esas conversaciones surgieron preguntas realizadas por mí, y en este caso sin buscar respuestas concretas, pero realmente me volvió a sorprender. Mi lectura entre líneas da para mucho, e intento trabajarla y explotarla al máximo, es algo que me ha caído del cielo y lo siento como un regalo.

Hablando sobre todo del trabajo, le pregunté si le gusta la cocina, ya que dado el resultado de todo lo que sale de sus manos… A lo que ella con mucha humildad y sinceridad me confesó: “Carmen, cuando algo que te gustaba con los años se vuelve una obligación, llega un momento en el que ya dejas de disfrutar del mismo modo”.

En ese mismo momento para mis adentros pensé, uuufff, tema muy importante, ya que tendemos a tratar de lo bien que se siente uno cuando ama, disfruta, se apasiona con lo que hace, pero no del caso contrario. Del mismo modo que yo he reflexionado acerca de la respuesta que me dio, os dejo la pelota en el tejado y os pregunto, ¿qué os dice su respuesta?

Seguramente son muchas las personas que se sienten identificadas con esa situación. A todos los que lleváis años en el mismo puesto de trabajo, a los que vuestro oficio os resulta rutinario, a los que ya lo hacéis de manera mecánica, casi como autómatas, a todos los que su ocupación laboral no le reporta ninguna inspiración o aspiración, me voy a atrever a hacer las siguientes preguntas, preguntas que todos nos deberíamos hacer, sea cual sea nuestra situación:

  • ¿por qué se llega a ese punto?
  • ¿Puede haber remedio a esa situación?
  • ¿Cómo encontrar la motivación cuando se ha perdido?
  • ¿El trabajo se sigue haciendo con tanta profesionalidad como al principio?

Me encontré con todas estas preguntas de golpe y me dije que esta vez quiero, si es posible, que a todas ellas le dé respuesta alguien que lo esté sufriendo.

No pude evitar en la siguiente conversación comentarle que esa frase me había hecho reflexionar mucho acerca del tema, y si era posible me gustaría mucho que ella misma diera respuesta a unas preguntas, y sin saber aun cuáles eran,  en seguida me dijo “será un placer, Carmen”, cosa que le agradeceré siempre. Voy a enumerar sus respuestas, según el orden de las preguntas anteriores y de manera textual:

  • “todo se vuelve muy mecánico y monótono, es una situación que llega a provocar mucho sacrificio, dejas a un lado tu vida personal y renuncias a muchas cosas de las que antes disfrutabas”.
  • “Sí, dedicándose más tiempo y cuidados a una misma. Saliendo así de la rutina”.
  • “No sigues del mismo modo motivado, no encuentro motivos”.
  • “Yo sí lo intento y creo que sí”.

Tengo que apuntar a esta última respuesta, que no es que lo haga bien, es que lo hace estupendamente.

Al finalizar este cuestionario, me confesó: “Carmen, jamás me había cuestionado ninguna de estas preguntas”. Acto seguido me comentó que después del verano iba a hacer algún cambio, por pequeño que fuese, con respecto al modo de gestionar este tema.

Llego a la misma conclusión a la que he llegado tantas y tantas veces, ¿por qué no nos cuestionamos lo que vivimos?, ¿cómo lo vivimos?, ¿por qué estamos o llegamos a determinadas situaciones?, ¿qué cambiaríamos en nuestras vidas? Y una vital y quizá la más importante, ¿nos queremos lo suficiente como para dar lo mejor de nosotros a los demás?

Confieso que os dejo demasiados deberes en esta ocasión, pero del mismo modo que he dejado estas reflexiones en el aire, me las he cuestionado yo personalmente.

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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