Pongamos una sola cara a la Navidad

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Por Carmen Prada

 

Mi corazón y mi pluma me impedían escribir estas líneas de  cualquier otro tema que no fuera de los días entrañables que ya estamos viviendo y los mejores que están por venir.

Es cierto que cada uno vive de modo diferente estas fiestas navideñas.

Pero la realidad, aunque algunas personas sean reacias a ello, es que el verdadero sentido de la Navidad es religioso, acompañado claro está de todo lo familiar y social, que no hay porqué renunciar a ello. Aunque a veces no se vea así, se suele vivir con gran alegría, ya que es mucho lo que hay que celebrar.

Por otro lado, están las personas que viven estas fechas navideñas como simple fiesta, comilonas, noches demasiado largas, excesos, espera de los regalos pertinentes como cada año, aguantar al cuñado o a la suegra, gastos y más gastos, pero por qué no, ¡con alegría!

Y por otro lado están aquellas que las viven con tristeza, melancolía, con ánimo de nada, con ganas de que las luces que adornan nuestras calles desaparezcan pronto, repeliendo los villancicos, la Nochebuena ni la quieren nombrar y a ver si pasa el trago de la Nochevieja y las dichosas uvas. Cada uno tiene su historia, un motivo para sentir esta tristeza tan grande cuando podría vivirse con alegría.

Son estas personas en las que me quiero centrar un momento. Estoy casi segura que en el primer y el segundo caso alguna vez han tenido algún motivo para sentirse así o quizás hayan estado cerca, ya que puede ser que en muchas ocasiones se puedan mezclar sentimientos, sensaciones, pero éstas últimas lo viven a partir de un acontecimiento, de un suceso, de recuerdos…

Son días en los que uno recuerda más a aquellas personas que ya nos están entre nosotros, pero no lo están el día de su cumpleaños, en el nuestro, en una reunión familiar que siempre se celebraba… Y creedme, ¡yo los siento más cerca de mí que nunca! No nos sintamos en exceso esclavos del dolor de su ausencia, porque en la mayoría de los casos, estas fechas eran motivo de alegría para ellos, porque todos nos reuníamos alrededor de una mesa. Pues recordemos que, de alguna manera, ¡siguen en ella!

Otras personas quizá, no las ven con buenos ojos porque su presente no le acompaña para celebrarlas como en su pasado sí lo podían hacer. Los estragos económicos han hecho daño a muchas familias españolas, pero la Navidad no depende de la mayor o menor abundancia cuando se vive desde el amor, la compañía, el reencuentro, la fiesta. ¡Podemos ser ricos en su vivencia!

También existen las que es su primera Navidad con significativos cambios. Cambios sobre todo emocionales, cambios que afectan a uno mismo y quizá a otras personas indirectamente. A largo de ese periodo de transición se han tenido que aceptar otras variantes de vida, costumbres, momentos… Aunque hayan tenido que doler, hasta lo más profundo. Uno se debe reconstruir, volver a levantar cimientos y  emprender una nueva vida. Pero estoy casi segura que durante todo este proceso mucha gente les ha rodeado, han tenido hombros en los que apoyarse, han reído, seguro que llorado, han conocido nuevas sensaciones, lugares, personas y al final, ¡uno no está solo!

Pues sentid en Navidad  todo ese derroche de cambios, de amistades, transformad las fiestas en vuestras aliadas, vividlas como no lo habías hecho antes, y es que solo hay un cambio de escenario, porque os aseguro que las que no han cambiado son ellas. ¡Sentid el nuevo cosquilleo de estas fiestas y quizá os conquisten! Siempre hay motivos para la celebración.

Reconozco que yo soy una mezcla de estas tres personas, pero con la alegría y la paz como melodía de fondo. ¡Confieso que vivo con entusiasmo la Navidad, porque no sé vivirla de otro modo! La base de estas fiestas, es la alegría por la venida del Señor, Él siempre está presente en todas mis celebraciones y banquetes. A partir de ahí disfruto con las comidas y cenas que reservamos para estas fechas, las uvas, que confieso nunca he sido capaz de terminar, con los brindis de cava acompañados de buenos deseos, con el gentío por la ciudad que en estos días está más bella por las luces y árboles de Navidad que nos rodean, las entrañables visitas a belenes, reencuentros con la familia y amigos, la ilusión de pensar en qué detalle de Reyes voy a tener con… y rompiéndome la cabeza con cada uno de ellos. Pero claro está, que echo de menos a personas muy importantes en mi vida, que ya no se sientan en la mesa, y es curioso, pero en estos momentos las siento más cerca que nunca, y además las necesito sentir, esto me  hace estar tranquila, ¡sé que me siguen acompañando!

Daría oro por repartir gotitas y gotitas de ilusión navideña, de alegría y paz. Quizá nos debamos plantear el no dividirnos en personas que viven de modos diferentes estas fiestas, sino en empeñarnos en ponerle una sola cara a la Navidad, se me ocurre, la de la celebración.

Por este motivo, celebro con toda mi familia, amor, amigos existentes y los nuevos que este año me ha regalado, una Navidad llena de ilusión, alegría y paz, porque me he empeñado en repartir esas gotitas y contagiar esa felicidad. Eso sí, si no lo logro con alguien, el año próximo lo intentaré hacer mejor.

¡FELIZ NAVIDAD!

 

 Nos vemos el próximo 7 de enero de 2018, para compartir todas las metas, sueños e ilusiones que para el nuevo año nos hayamos marcado.

 

¡GRACIAS DE CORAZÓN A TODOS LOS QUE EN ESTE AÑO 2017 ME HABÉIS ACOMPAÑADO Y DADO FUERZAS PARA SEGUIR LUCHANDO POR MI DESARROLLO Y EL VUESTRO!

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

*Fuente de la fotografía, Carmen Prada

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No dudaría en volver a reír

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Seguiré sonriendo a la vida…

Por Carmen Prada

Pocos días atrás, disfruté de una velada estupenda con una amiga. Son de esos momentos que te gustaría no terminasen por lo bien que te sientes, y eso que el encuentro se prolongó de madrugada, aunque no soy persona que suela trasnochar. Como siempre digo, la noche, al menos en mi caso, se hizo para descansar, y el día para exprimirlo al máximo.

En esta entrañable velada, nos fuimos a un lugar en el cual a esas horas ambas nos sentimos cómodas, un karaoke. Por un lado mi amiga, ¡qué tontería!, Nuria, que así se llama y merece ser mencionada por la fantástica voz que tiene, iba a gozar de uno de sus placeres, y por otro yo estaba en un lugar tranquilo, en el cual lo que haces es disfrutar en un ambiente sano y escuchando canciones de todos los tiempos.

Viendo a Nuria cómo disfrutaba, lo hacía yo. Estaba disfrutando de una de sus pasiones, cantar. ¡Se las sabe todas y su voz hace que el vello se llegue a erizar a quienes la escuchamos! Os confieso otra de mis taras, cantar. Sí, lo reconozco, lo hago fatal, pero si me tengo que decidir por alguna canción, siempre hay tres que están en mi repertorio. Con lo que me arriesgué a que se produjeran tormentas, huracanes y maremotos en mi zona y opté por una de ellas. Es una canción con poca letra, con un estribillo pegadizo, que a muchos quizá poco les inspire, pero sinceramente, la profundidad de sus escasas palabras cala.

Esta canción es la del ya fallecido Antonio Flores, (que de caídas, golpes y frustraciones supo un poco…); “No dudaría”. Era yo jovencita cuando comenzó a sonar, y es que a mí  me ha hablado en diferentes etapas de mi vida y mucho.

El famoso fragmento en el que dice “prometo ver la alegría y escarmentar de la experiencia…y nunca, nunca más usar la violencia…”, es grande todo lo que me trasmite…

Cuando pasan los años, te das cuenta que vas acumulando experiencias, penas, alegrías, éxitos, fracasos, nuevos acompañantes en tu caminar… Porque, ¿cuántas veces hemos hecho un pequeño alto y echado la mirada atrás? ¡Muchas!

 En el terreno profesional, la mayoría de las veces luchamos por ese puesto de trabajo con el que pagamos las facturas y la hipoteca, y solo por eso, que no es poco, intentamos ser optimistas. Pensamos que quizá no sea el trabajo de nuestra vida, pero nos consolamos con la recurrente frase de “hay gente que está peor….”, pues claro que sí. Es ahí cuando sin tener el trabajo de nuestra vida nos sentimos inspirados.

La cúspide de frustración llega cuando ese puesto de trabajo deja de existir y entonces nos lamentamos del tiempo perdido, malgastado… Yo soy de las que opino que de todo, absolutamente de todo, se aprende, de lo bueno y también de lo que no ha sido tanto…

Escarmentemos de las experiencias, saquémosle jugo, nutrámonos de lo que hemos aprendido y nunca olvidemos por lo que no volveríamos a pasar. Con la desilusión, la frustración, el desencanto…no ponemos solución a lo que ahora consideramos como tiempo perdido. Por ello, seamos capaces de ver con espíritu constructivo todo aquello que esa experiencia nos ha aportado por momentos. Y por supuesto, levantémonos, sigamos caminando, y no nos desprendamos nunca de nuestra paz, que nos faculta para superar cualquier “golpe mal dado”.

Cuando nos damos de frente en el terreno personal, quizá aquí, no escarmentamos tanto de la experiencia… Muchas veces no nos conviene, la venda la tenemos permanente y el pañuelo en la mano de una manera constante. ¿Tenemos capacidad para ver la alegría, cuando “llueve”? Pues tampoco. Caemos una y otra vez en la misma piedra, pensamos que no hay mañana y tampoco futuro, echamos la vista atrás, y solo recordamos los momentos de dolor.

¿Realmente creéis que escarmentamos de la experiencia? ¡Pues no! Y aquí sí que muchas veces somos demasiado crueles con nosotros mismos, nos causamos dolor, daño, pasamos a ser nuestros peores enemigos. Las heridas son muchas, las marcas más… Nos colocamos una coraza  y es entonces cuando utilizamos “la violencia” (fustigándonos continuamente…) Y es que somos cobardes, miedosos, tememos por lo poco que tenemos sin arriesgar, y llegamos a conformarnos con las migajas.

 La canción entona esa preciosa frase que dice “no dudaría en volver a reír”. ¡Pues claro! Mis raíces me han acompañado siempre, son el mayor legado, he tenido siempre muy presente mis cicatrices, pero solo para no olvidarme dónde no volver a meter el dedo, he intentado sacar el máximo provecho hasta de las situaciones dolorosas para recordar lo que las ha provocado y no llamar a esa puerta, me niego a rendirme y dejar de seguir luchando, deseo y necesito seguir Bailando bajo la lluvia para hasta poder disfrutar de ella y siempre, siempre he tenido muy claro lo que quiero y lo que no (cosa que no suele encajar la gente demasiado bien). Y es que, “no voy a dudar en volver reír, nunca”.

Mucha gente me dice que siempre tengo una sonrisa y casi nunca se sabe si tengo dolor. Amigos, sonrío porque continuamente la vida me da motivos y os aseguro que “prometo ver la alegría y escarmentar de la experiencia, pero nunca, nunca más usar la violencia… parachuruchuru, parachururuchururú…”

 

No dejéis de escuchar la canción, de poca letra pero de tanta sabiduría…

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen Carmen Prada

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Déjame vivir, ¡porque quiero ser feliz!

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Por Carmen Prada

 

Ya queda muy poquito para que finalice el Tiempo de Navidad, una época muy especial para mi familia y que también yo vivo con un gozo renovado cada año. Con la llegada de 2017, es momento de tener las pilas bien cargadas de ilusión y entusiasmo para comenzar con fuerza el camino hacia la consecución de las metas propuestas.

En estas semanas señaladas del calendario se escuchan comentarios de todo tipo y bien dispares, como “en las navidades todo parece maravilloso”, “me parecen fechas demasiado hipócritas, porque en estos días todo el mundo se desea lo mejor y después el resto del año…”, “los regalos se pueden hacer en cualquier momento, no tiene por qué ser ahora”.

Desde mi humilde punto de vista, creo que hay algo de verdad en cada uno de los comentarios mencionados.

¿Todo parece maravilloso? Bueno, es que algo dentro de nosotros necesita de momentos que den un aliento a nuestra vida. Nos sobran los momentos en el día a día para ver el tono más gris de ella. Momentos de ilusiones, de emociones, de sentimientos, nos hacen una especie de lavado o limpieza interior y nos renuevan para afrontar de mejor modo un nuevo inicio. ¿Por qué no vivir de sueños por momentos?, ¿por qué no mostrar lo mejor de nosotros en instantes en los que se respira paz y darnos ese gusto?

Todo se ve dependiendo de los ojos con los que se mire. Y ya no solo en estas fechas, la cuestión es que el filtro de esos ojos nos acompaña el resto del año, y si nos resistimos a cambiarlo aunque sea solo de vez en cuando, lo veremos todo siempre del mismo tono… ¡Eso es lo triste!

Sinceramente, vivimos una vida cargada de hipocresía, y esa nuestra realidad social y personal no es cosa solo de unos días al año, ojalá. Quien se crea de verdad libre de ese pecado, tan consustancial a nuestra especie, que se atreva a tirar la primera piedra. Pero curiosamente en esta época es cuando más oigo voces que denuncian la falsedad. Siendo así, la propia denuncia es un acto de hipocresía de la misma forma, porque también habría que decirlo el resto del año, ¿no es cierto? Quizá podamos utilizar estas fechas para reflexionar al respecto sobre este tema y preguntarnos, ¿qué me impide hacer frente a la falsedad? ¿Por qué no cambiar para cambiar el mundo?

Puede que en estas fechas parezca que se olvidan los malos recuerdos, las relaciones enfriadas se templan, recibimos saludos que en otras épocas del año no recibimos, o también hay un trato más cordial con familiares con los que en otros momentos quizá ni exista trato…

¿Y por qué no verlo como una oportunidad para poner a prueba todas estas relaciones? Todos merecemos segundas oportunidades, ¿no puede ser un buen momento para ello? ¿Por qué no hablar de eso que un día marcó un antes y un después en esa relación? ¿Por qué no dejar hablar y expresarnos nosotros? ¡Fuera orgullo! Pienso que cualquier momento es bueno para reencontrarnos con los demás y con nosotros mismos. Quizá en algún momento fuimos nosotros los que nos perdimos… Después de todo esto, ya habremos obtenido la respuesta que necesitábamos para saber quién tiene hueco en nuestra vida, pero no lo hagamos antes.

La vida está llena de oportunidades, para nosotros y para todos.

Existe una noche mágica en estas fechas. Una noche que para mí ¡sí es la noche de Reyes! Cada uno le da el valor que le quiera dar a esta noche y al día que le sigue. Me considero una persona detallista, cualquier momento del año es bueno para dar una sorpresa o hacer un regalo. Pero es una noche preciosa para los niños, y como tal me siento yo. ¡Me niego a perder esa parte que existe en mi interior de niña! Parece una frase hecha, pero es cierto, todos llevamos un niño dentro de nosotros. Puede ser que la diferencia esté en que algunos le damos rienda suelta y otros lo mantienen muy atado.

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Esa mirada de niña que nunca se pierda

Los regalos, los detalles… No debe ser una competición de quién da el más valioso. Para mí recibir un pequeño detalle, independientemente del valor material, significa que esa persona me ha tenido en mente y se ha preocupado por pensar en aquello que me podría hacer ilusión.

Todo, como dije anteriormente, se puede ver del color que uno desee e incluso convenga. Pero,

  • ¿por qué condicionar con nuestros actos o comentarios la vida de otras personas?

 

  • ¿Por qué no respetar los momentos de felicidad que muchas personas viven en fechas determinadas?

Nos pasamos toda la vida lamentándonos, echando de menos muchas cosas, viéndola siempre con un tono oscuro, pensando que todo lo malo nos toca a nosotros… En definitiva, ¡siendo víctimas de nosotros mismos!

¿Por qué pretendemos contagiar nuestros prejuicios a otras personas?

Conmigo no contéis, amigos, para pintar la vida de color gris, ni para fustigarme, ni siquiera para competir en superficialidad, tampoco para dejar a un lado esa niña que llevo dentro…

Tenéis las puertas abiertas de mi humilde morada en este 2017 para vivir y soñar, siempre con grandes dosis de esa proactividad que todo lo puede hacer posible.

 

¡Nunca dejemos de ser niños!

 

Son mis ilusiones infantiles las que todavía me hacen decir si percibo una fisura en la coraza de un hombre: no todo está perdido, hace falta poco para hacer palpitar a ese corazón detenido.

Elias Canetti

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imágenes de, Google y Pixabay

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Haz de tu vida un sueño y de tu sueño una realidad, en este próximo 2017

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Recuerdos y sueños de este 2016, ¡gracias a todos ellos y a las personas que me han acompañado!

 

Por Carmen Prada

 

En estos días ya tan cercanos a la Navidad, empiezan a recorrer por nuestra mente un montón de recuerdos, situaciones vividas, personas… que han pasado de un modo u otro por nuestra existencia a lo largo de este año 2016 que está presto a finalizar.

Es curioso, pero parece que estas últimas semanas del año las vemos como las más propicias para hacer un recuento de todo lo acontecido. Y digo curioso, porque quizá lo más acertado sería hacer un balance por “momentos”, y dejar a un lado el que hacemos, que suele ser “anual”.

¿Qué conseguiríamos de este modo?

  • Subsanar fallos cometidos con mayor rapidez, al ser antes conscientes de ellos.
  • Mejorar situaciones personales, con amigos, familiares y profesionales, con una mejor perspectiva de reconciliación.
  • Tomar decisiones en los momentos propicios para ello.
  • Tener un mayor desarrollo como personas en el día a día.
  • Dar ese abrazo o decir “te quiero” en el momento que se precisa y necesita.
  • Recordar a personas que ya no están entre nosotros, viviendo con esperanza y mayor gratitud ese sentimiento de ausencia cada vez que su recuerdo nos invada.
  • Pasar más y mejores momentos en familia.

Podría extenderme más, pero, ¿para qué?, si estoy segura que en este mismo momento ya estáis pensando vosotros en más ventajas.

Llevar a cabo nuestro propio balance es vital, pero si lo hacemos regularmente nos quitaríamos muchos pesos de encima que llevamos soportando durante todo un año, y también llevarnos alegrías y momentos de felicidad sin necesidad de esperar a estas fechas.

Cómo no, finaliza el año y viene la lista de propósitos para este año próximo 2017. Si somos sinceros con nosotros mismos, la mayoría de estos “retos” no llegan a consumarse. Como escucho en muchas ocasiones, “la intención es lo que cuenta”… ¡Pues realmente lo que cuentan son los hechos, sin lugar a duda!

Ha pasado todo un año y sois muchas las personas que durante este 2016 me habéis acompañado a través de la pantalla, da igual si es un ordenador, una tablet o el propio teléfono, pero he sentido que habéis estado ahí.

Reconozco que soy la que hago los balances por “momentos”, quizá ya os hayáis dado cuenta de ello, pues aunque diga en ocasiones algunas de las cosas que a continuación os voy a mencionar, no quiero dejar de hacerlo por si alguna “estrella” se ha unido recientemente y no le ha dado tiempo a hacer un repaso por el que siempre denomino “el blog de todos”, Las estrellas brillan por ti.

 

“Soy la mujer que soy, y escribo lo que os llega de mi puño y letra gracias a todos vosotros. La fuente de inspiración es inagotable porque las personas son mi debilidad, son mi alimento. Todos y cada uno de vosotros hacéis posible que mis escritos lleguen más lejos.

Hace poco hice mención a algo que me parece importante y para reflexionar. Yo solo escribo, pero lo más bello y lo que más me gustaría es poder veros a cada uno de vosotros por un pequeño agujero y observar vuestros gestos. ¿Por qué haría eso? ¡Porque yo solo escribo, lo importante es como lo recibís cada uno de vosotros!

El blog ha ido creciendo durante este año, y no hablo de estadísticas, ni número de publicaciones, ni alcances, ni siquiera de personas que lo siguen, no. Para mí lo verdaderamente importe es todo lo que me hacéis llegar, vuestras palabras, comentarios, mensajes… Todo esto es mi medidor personal que me dice que este es el camino, que mire hacia adelante y que siga con dedicación y en ese continuo aprendizaje que la vida me regala y yo tomo encantada.

Solo os quiero dar las gracias una vez más por permitirme seguir soñando, algo de lo que no puedo prescindir y lo hago gracias al empuje de todos vosotros.

¡Sois fantásticos!”

 

¡Ya! No me pongo más melancólica. Solo os pido algunas pequeñas cositas para este 2017, seguid soñando. Id dando pasitos hacia adelante. No dejéis nada para dentro de un rato. Hablad mucho con vosotros mismos. Buscad esa paz interior y exterior que necesitamos para desarrollarnos. Sed predispuestos para con los demás, que nadie os quite “una locura” de la cabeza, ¿por qué no intentarlo? Buscaros y encontraros. Amad. Sembrad valores, que nos hacen mucha falta… Y nuevamente, seguid soñando.

Ah, y por supuesto, el propósito a cumplir para este nuevo año de estar aquí, acompañándome y siendo mi alimento. En el año 2017, ¡sigo contando con vosotros!

¡¡GRACIAS, GRACIAS Y MIL MILLONES DE GRACIAS!!

Os deseo de corazón una feliz y santa Navidad.

 

Y para finalizar, hoy no hay vídeo de un famoso, o de un cantante espléndido, ni tampoco de un genio. Finalizo con uno de cosecha propia, Carmen Prada.

*Fuente de la fotografía, Carmen Prada

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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No me gustaría olvidar

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Por Carmen Prada

Las siguientes palabras las dedico especialmente a mi familia, así como a todas las que sufren el mal del que escribo a continuación.

Como cada año desde 1994, el 21 de septiembre se celebra el Día Mundial del Alzhéimer, demencia que en España afecta a más de 600 mil personas, muchas aún sin diagnosticar. Se estima que dentro de 35 años, la llamada “enfermedad del olvido” la padecerán en España un millón y medio de personas. A la crueldad con la que se manifiesta y desarrolla, se une el hecho de suponer un gasto medio anual de unos 31000€, cantidad que ha de asumir el enfermo o su familia, ya que la tan esperada y necesaria Ley de Dependencia de momento es papel mojado para muchas personas que a duras penas sobrellevan su situación de precariedad, mientras iniciativas de lo más variopinto reciben subvenciones cuantiosas; pero no es la corrupción en sus múltiples formas -también a veces bajo el amparo de la legalidad– el tema que nos ocupa…

El que un familiar muy directo esté afectado por ella, me hace sentir esta enfermedad como mía propia, te hace valorar mucho más algunas cosas en las que antes no reparabas. Te hace vivir cada momento como único y último.

Por este motivo, deseo hacer una muy personal declaración de intenciones, y solo de intenciones, pues nadie está libre de sufrir esta dichosa enfermedad. Declaro solemnemente,  que no deseo olvidarme, entre otros muchos recuerdos, de:

  • mi primer disfraz de carnaval, de sevillana concretamente, que con tanto orgullo lucí;
  • la primera vez que comulgué, y algo dentro de mí se removió;
  • mi única canasta en dos años, jugando en el equipo de baloncesto del colegio. ¡Bueno, quizá por eso la recuerdo!
  • Escuchar a mi madre salir de casa a las cinco de la madrugada yendo a trabajar, haciéndonos ver lo importante que en la vida es el sacrificio;
  • las vacaciones estivales que en la infancia y adolescencia disfrutaba gracias al esfuerzo desmesurado de mis padres durante todo el año;
  • momentos en los que sufrí lo que ahora se llama “acoso escolar”, y no lo quiero olvidar porque me hizo afrontarlo con más fortaleza de la que yo podía imaginar;
  • mi juventud, que me hizo ver lo que era bueno en la vida de una persona y de lo que siempre me debería alejar;
  • el fatal primer amor que dejó secuelas en mi vida, y al que nunca he guardado rencor;
  • mi primer coche, que lo pagué con mi primer trabajo, ¡y lo que me costó!, con un contrato de aprendizaje y trabajando 9 horas y media seis días a la semana;
  • mi abuela paterna, mi fiel confidente, tan importante en mi juventud, cuya muerte nos cogió a todos por sorpresa, haciéndome vivir uno de los momentos más duros de mi existencia, agudizado por el fallecimiento en accidente de tráfico poco tiempo después de un tío materno solo un año mayor que yo;
  • mi primer logro profesional, bien jovencita. En un sobre y sin saber qué era, fui premiada con un viaje por las islas griegas, tras alcanzar un gran objetivo comercial;
  • la aparición inesperada de mi gran amor, con su peculiar modo pizpireto y desenfadado;
  • uno de los peores momentos de mi vida, cuando después de muchas pruebas y resultados, nos dieron el diagnóstico, diciéndonos “sufre Alzhéimer”;
  • mi boda, y muy especialmente el momento en el que entré en la basílica del brazo de mi padre, mientras mi prometido esperaba en mitad del templo, y yo le miraba entregada a lo que iba a hacer;
  • cada uno de mis logros profesionales, siempre vinculados a todos los valores que mis padres me han inculcado, y con sacrificio y tesón nos siguen mostrando;
  • cada “te quiero” de mi esposo, de los que les digo y me dicen mis padres, de los momentos que ya hemos vivido pero también de los que estamos viviendo;
  • dónde vengo y a dónde voy. Vengo de la humildad, la sencillez, la honradez, la generosidad y el sacrificio, y voy por el mismo camino sin desviarme, o por lo menos así lo estoy intentando.

 

¡Y es que no me quiero olvidar de nada ni de nadie! La vida está repleta de momentos buenos, pero también de los que no son tanto. Gracias a todos ellos nos desarrollamos como personas.

Y en especial en este día quiero tener presente que esta enfermedad no es solo de quien la sufre, también muy especialmente de la persona que le acompaña día y noche. De esa persona que llora en silencio por un mal gesto o palabra que le hace recordar que antes no era así. El enfermo adopta a veces actitudes muy cómodas, se hace difícil discernir hasta qué punto sería eso evitable, o si es solo debido al avance del mal, pero en todo caso esas situaciones del día a día hacen que el peso sea paulatinamente más difícil de sobrellevar. Los silencios prolongados al acompañante le causan dolor, porque le dan la sensación de vivir aún en mayor soledad. Tantas veces se dice “no puedo más”, y sin embargo sigue… Y se angustia y le falta el aire cuando la persona enferma tarda en llegar a casa un poco más de lo previsto, vive de cerca los episodios más fuertes de la dichosa enfermedad, está pendiente de su medicación en cada momento… Nada sería igual sin su presencia, sin la presencia de las familias y cuidadores que velan por el bienestar de estos enfermos.

Hay que intentar sacarle el jugo a cada instante, porque algún día llegará la oscuridad, pero hasta ese momento quiero contribuir a que esta persona muy querida por mí viva con la mayor plenitud posible, y que los recuerdos que aún le queden sean de ese modo felices.

 

 

Hace semanas escuché en la radio a la esposa de un enfermo de alzhéimer el siguiente pensamiento que comparto: “no hace falta tener buena memoria para tener buenos recuerdos.”

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Bailando bajo la lluvia

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Por Carmen Prada

Hoy, que es el Día del Libro, quiero traer a mi blog el artículo con el que “debuté” en esta práctica que ya es costumbre, y desde entonces mi decisión de plasmar por escrito vivencias e inquietudes, se ha convertido en una placentera necesidad, además de una manera emocionante de conocer a otras personas.

 

Una ola de calor como la que está viviendo el país no acontecía desde el año 2003. Son muchas las provincias de España que están alcanzado temperaturas récord, como por ejemplo Zaragoza hasta 44° o Lérida con 43°. Quizás la zona noroeste es la que menos sufre estas altísimas temperaturas.

Sin embargo, en Ponferrada, donde resido, se ha registrado la temperatura inédita de 38°.

Estoy segura que en cualquier punto del país, es mucha la gente que ha pensado en ese dicho, – eso sí, cambiando los meses – , de  “esperando unas gotas como agua de julio…”. Cierto es, que nunca estamos contentos con lo que tenemos, y ya nos quedan lejos las lamentaciones de los últimos veranos con abundantes tormentas y lluvias, incluso frío y granizadas.

A finales de la pasada semana y después de ser ésta larga y dura, una de las tardes me fui a descansar y huir de la rutina a una zona de baño.  Se presumía una tarde más de asfixiante bochorno, cuando el cielo en breves momentos se cubrió, y de repente, para mi sorpresa… ¡¡¡ el milagro se hizo!!!

Eran gotas grandes y refrescantes,  que empecé a sentir por todo mi cuerpo, que segundos antes estaba expuesto al sol, y en esos momentos toda la rutina, el estrés y el agotamiento desaparecieron, llegando a disfrutar del acontecimiento hasta tal punto, que no me retiré a resguardarme. Me apetecía, deseaba que el agua recorriese mi piel y me sentía bailando bajo la lluvia.

Más tarde, pasado ese momento que duró unos minutos, pensé en lo poco que necesitamos  para gozar de pequeños instantes de felicidad, plenitud, relajación… y que éstos no tienen precio material.

Fui feliz por unos minutos, con unas gotas de agua que llevaba anhelando semanas pero, ¿realmente cuántos momentos al día tenemos en los que sin ser conscientes gozamos de un instante de felicidad? Y son por cosas tan simples como un beso, una palabra, una caricia, una melodía, un abrazo, un olor, un sabor… Y quizá no nos damos cuenta porque hemos llegado a un punto de materialismo en el que LO QUE NO SE PAGA CON DINERO NO TIENE VALOR.

Son infinitas las experiencias y sensaciones que podemos descubrir y disfrutar GRATUITAMENTE.

La felicidad no consiste en obtener lo que deseas, sino en saber apreciar lo que ya tienes.

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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