El sexo débil, eso dicen por ahí…

ef2991b1405ee57daa009ca62a90b2f7

Artículo publicado por Carmen Prada

Desde el mismo momento en que mi madre se puso de parto y vi por primera vez la luz, quién me iba a decir a mí que las cosas no iban a ser del todo sencillas, cuando lo único a lo que recurría, de forma un tanto inconsciente, era a llorar para que se cumpliesen mis caprichos.

Desde luego que, por lo menos a mi madre, y menos en aquel entonces, nadie le regaló un manual de instrucciones para todo lo que se le venía encima, pero con los años yo también me di cuenta que carecía de ese mismo manual para afrontar las diversas adversidades que la vida me iba a presentar por el hecho de ser mujer, ¡y además ser trabajadora!

 

  • No voy a entrar en si hay desigualdades salariares entre hombres y mujeres, ¡que las hay!

 

  • Tampoco en la discriminación laboral por el hecho de ser madre o plantearse serlo.

 

  • Una mujer apta para desempeñar un trabajo determinado no siempre recibe el mismo trato que se le da a un hombre. En muchos casos somos sometidas a entrevistas de trabajo en las que se hacen preguntas de índole personal que es extraño hacer a los hombres: si tienen novio, si piensan casarse y quedarse embarazadas, qué método anticonceptivo utilizas…, o directamente no nos contratan si confesamos que estamos embarazadas.

 

  • Claro, ¿y qué me decís de que las mujeres tengan doble jornada laboral? Hacen sus horas pertinentes en su trabajo, y teniendo en cuenta la poco equitativa repartición de las tareas del hogar… ¿Quién se lleva la mayor parte? ¡Pues sí, la misma!

 

Como comenté anteriormente, no quiero tocar en profundidad el tema de la desigualdad salarial entre el hombre y la mujer, ya que es algo que últimamente me está agotando.

Lo que sí he de decir es que todos estos enfrentamientos en los que en muchos casos rema cada uno en sentido contrario, provocan violencia. Una violencia que en la mayoría de los casos es sufrida por las mujeres, aunque tampoco me quiero olvidar de los hombres que la sufren, pues también son víctimas, habitualmente ocultas y ocultadas.

Pero no nos desviemos, en la vida es conveniente acordarnos a menudo de algo muy importante, y es que en muchas ocasiones nos olvidamos de nosotras mismas.

La sociedad tiende a ser muy exigente con la mujer, hasta tal punto que llegamos a pensar que no podemos fallar en nada, que debemos dar todo lo que esperan de nosotras y más. Los hijos adquieren un lugar prioritario cuando los tenemos, como es lógico, absorbiendo uno los mayores tesoros que tenemos, que es el tiempo, que no regresa.

Pero, ¿tenemos tiempo para querernos? ¿Reservamos tiempo para cuidar nuestra vida interior? ¿Nos dedicamos tiempo a nosotras mismas? ¿En cuántas ocasiones dejamos de pronunciar un NO rotundo por miedo?

Y respecto a las emociones más íntimas, ¿nos permitimos llorar sin que nos digan “pero por qué lloras si no tienes motivos”? No, y no lo hacemos porque tememos mostrarnos frágiles y eso tampoco está bien visto.

¿Y por qué no disfrutamos más de la vida y nos dedicamos más a intentar ser felices y no perfectas?

La mujer es bella por su interior, algo que se refleja en su día a día. Hay una búsqueda continua de una hermosura efímera, esa que se nos escapa entre los dedos de las manos con el paso de los años, y al final nos damos cuenta que lo que realmente mantenemos son nuestras propias convicciones, nuestra personalidad, y por qué no, nuestra elegancia femenina.

Si deseas luchar contra la corriente, hazlo con valor.

Si culpabilizar a los demás de los obstáculos que te encuentras en la vida te hace sentir mejor, estás perdiendo el tiempo. ¡Con hechos se tumban muros!

Si no entiendes otro modo de vida que buscar la perfección, ¡te pasarás el resto de tus días frustrada!

Si crees que tu mayor enemigo son los hombres, ¡todos vamos en el mismo barco!

 

Solo uno mismo decide cómo quiere vivir la vida, ¿Tú ya sabes cómo crecer para poder hacerlo?

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional
*Fuente de la fotografía, Pinterest.es

SI TE GUSTAN MIS ESCRITOS NO DEJES DE COMPARTIRLOS, TODOS PONEMOS NUESTRO GRANITO DE ARENA.

 

 

 

 

 

Anuncios

La más negra realidad es el no verla

head-674124_1920

 

Artículo publicado por Carmen Prada

 

“Peor que ver la realidad negra, es el no verla”Antonio Machado.

 

Cualquier circunstancia o acontecimiento puede servir para distraernos y dejar a un lado la realidad de nuestra vida en un momento determinado. La intentamos evitar o ignorar, como si por darle un tiempo se fuera a olvidar de nosotros. Pero sin duda, ¡es nuestra sombra! Una sombra que se desplaza de lugar, dependiendo de nuestro “posicionamiento” en la vida.

En ocasiones, no nos posicionamos frente a ella, bien sea porque no somos conscientes o porque no nos conviene verla.

Podemos encontrarnos, a modo de ejemplo, ante situaciones como:

  • una enfermedad propia o de alguien a quien queremos.
  • Nuestro negocio cae en picado e intentamos salvar algo insalvable.
  • Una situación de desempleo que escondemos ante la sociedad.
  • El hecho de no aceptar nuestras limitaciones, poniendo en peligro nuestra situación profesional y personal.
  • Una situación de pareja a la que le está fallando alguna de las patas, y se tambalea cada vez más.

Estos ejemplos son más que suficientes, ya que lo único que pretendo es poneros un poco en situación para lo que viene.

Dicen que realidad solo hay una, aunque la podemos colorear de diferentes tonos, pero no deja de ser personal e intransferible.

A veces la realidad duele, ¡pues claro que lo hace! Pero, ¿qué hacemos, escondemos la cabeza bajo tierra? ¡Lo aconsejable y sin otra opción mejor es hacerle frente!

Al final, lo que logramos es que nuestra mochila se vaya cargando de piedras, hasta que llega ese momento en el que explotamos y normalmente con consecuencias colaterales.

Sal de tu zona de confort, porque aunque a veces no se nos pase por la cabeza, el mirar a otro lado puede llegar a convertirse en nuestra forma de vida, en nuestro hábitat natural. De algún modo, nos hace sentirnos protegidos, sin pensar que afrontar las dificultades, las adversidades, los miedos…, es algo que tarde o temprano vamos a tener que hacer.

Dejemos a un lado nuestro orgullo, y llamemos a las cosas por su nombre con alguien de confianza, esa persona que sabes te va a escuchar y se va a interesar por lo que te está sucediendo. Realidades duras vivimos todos, existen en todos y cada uno de nosotros. Verás cómo a esa mochila pesada le va disminuyendo el peso.

Nos pueden dar otra visión, alguna idea, el apoyo que necesitamos, pero también un abrazo, el cual podría complementar todo lo anterior.

Es importante que nos queramos, que nos conozcamos, que no caigamos en la tentación habitual de autoengañarnos. La reflexión en soledad es lo mejor para afrontar eso a lo que tanto tememos. Han sido demasiadas las personas a las que les he escuchado decir que “no hace falta salir de tu hábitat natural para reflexionar”. Me posiciono al respecto en contra, y puedo deciros que continuar con la rutina cotidiana acaba por ser un “no tengo tiempo de nada”. ¿Realmente creéis que es eficaz? ¡Es otra excusa más para no encontrarnos!

Claro está que el que nos queramos depende en gran medida de las personas que nos rodeen. Cuanto uno más débil se muestra o parece, más carne de cañón se vuelve para los “depredadores”. Evita, echa fuera de tu lado a toda persona tóxica que limite tu liberación. Recuerda que las amistades y conocidos los elegimos nosotros, ten criterio para ello.

Recuerda que podemos ser cobardes o tomar decisiones. Sabéis que no soy una vendehúmos, y si alguno de vosotros tuviese la oportunidad de hablar con alguna de mis amistades, y les preguntaseis a cualquiera de ellas, “a Carmen cuando le pides una opinión o un consejo, ¿cómo es su forma de actuar?”, la respuesta sería siempre la misma, -“me dice lo que entiende es lo mejor para mí, nunca me va a decir lo que quiero oír”-. ¡Y así es! ¿Qué ayuda les proporcionaría entonces?

Quizá algunas personas de mi sector profesional difieran con respecto a mi forma de actuar, pronunciándose como en ocasiones he escuchado decir, “para qué decir algo que puede doler y hacer sentirse mal a quien te escucha”. ¡Perdonadme, pero a veces sí lo veo necesario! Con estas pequeñas “ayudas de vendehúmo”, pasamos de decirle “qué mono te queda ese vestido” (cuando realmente le queda horroroso y va haciendo el ridículo), a frivolizar con cosas realmente serias.

Seamos sensatos y honestos, no vendamos humo y sí en cambio dosis de realidad. Con dulzura, con humanidad, con sensibilidad, con cariño, pero siempre con la verdad por delante.

“Puedes seguir poniendo excusas en tu vida, o puedes optar por ir a por el éxito. Pero ten en cuenta que todo comienza en uno mismo”Carmen Prada.

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

SI TE GUSTAN MIS ESCRITOS NO DEJES DE COMPARTIRLOS, TODOS PONEMOS NUESTRO GRANITO DE ARENA.