El día que te das cuenta que eres HUMANO…

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Si eres de los que lees mis escritos habitualmente, a estas alturas ya te habrás dado cuenta que en cada uno de ellos la menor parte es teoría y la mayor experiencia.

Me resultaría tremendamente difícil e incómodo tratar un tema determinado si lo que me sé muy bien es la teoría pero de práctica nada de nada. Creo que hasta me sentiría un tanto hipócrita.

Dicho esto, hoy me gustaría comenzar con una pequeña pero profunda pregunta, para que reflexiones al respecto, ¿cuándo fue la última vez que te acordaste de ti? Sí, ese día o momento, o vivencia a partir de la cual como PERSONA pasaste a ser la prioridad número uno en tu propia vida.

Reconozco que en 40 años, me ha pasado en más de una ocasión olvidarme de mí, aunque en realidad creo que más o menos nos puede suceder a cualquiera en momentos puntuales, como cuando te vuelcas en algo o estás preocupado por una determinada situación ajena.

Pero lo cierto es que muy recientemente me he dado cuenta de que ¡SOY HUMANA!

Cuando un maravilloso día di el paso de dedicarme a una de mis principales pasiones, LAS PERSONAS, pensaba que todo aquello que se derivase de mi profesión sería una bendición.

Vivo el día a día volcada en poder ayudar a las personas a cumplir metas, sueños, objetivos. A intentar transmitir cosas positivas y mi sonrisa para que se convierta en algo contagioso. Es cierto que soy una persona sanamente ambiciosa, que no me pongo límites, no renuncio a ninguna posibilidad de crecimiento, y si encima éste lo experimento con otra persona o un grupo, ¡mucho mejor!

Realmente me siento muy afortuna por poder realizar algo que amo y por lo que cada mañana me levanto entusiasmada, y que me aporta gran felicidad, que compensa sacrificios y dificultades.

Evidentemente, trabajar con personas, empresas y profesionales, son emociones, situaciones, circunstancias que en algunas ocasiones caminan contigo cada día, y sin darte cuenta pueden llegar a provocar un desapego de uno mismo.

¿A dónde quiero llegar? ¡Que muy recientemente me olvidé de mí pensando que yo podía esperar! Y claro, el cuerpo, que es muy sabio, tras previos avisos me ha terminado por decir “¡Carmen, hasta aquí!” Y es cierto, durante estos días de conversación profunda conmigo misma, emocional pero también racional, sin poder levantarme de la cama ni apenas moverme, he llegado a muchas conclusiones:

  • todos necesitamos nuestros momentos, momentos de estar a solas con uno mismo;

 

  • debemos intentar abrirnos más en cuanto a emociones y pensamientos con las personas que nos rodean y nos quieren;

 

  • debemos atender a los pequeños avisos que el cuerpo nos da, sin forzar en exceso la máquina, pues se termina pagando;

 

  • haz ver que tú también eres importante, y procura que los demás lo entiendan;

 

  • exigirse a uno mismo es bueno en su justa medida, pero no nos pasemos de rosca, y menos aún sin que nadie provoque esa exigencia, pues solo conseguiremos llegar a límites extremos de estrés, agotamiento y frustración;

 

  • de igual modo que debemos priorizar en el ámbito profesional, debemos saber hacerlo también en el personal;

 

  • si nosotros estamos bien, en todos los sentidos, podremos dar mayor calidad de emociones y acompañamiento a los demás;

 

  • debemos pensar que la vida es para vivirla y no para castigarnos por no ser perfectos, ¡vive en paz con tus limitaciones e imperfecciones!

 

No nos olvidemos que somos HUMANOS, con grandes capacidades y potencialidades, pero no omnipotentes ni omniscientes, y desde luego dejemos de pensar que nos hemos de convertir en máquinas. Porque lo que proyectamos en nuestra mente, es lo que llevamos a cabo en nuestra vida.

Vivimos rodeados de compromisos, de obligaciones… Pero difícilmente todo esto lo llevamos a nosotros, a un compromiso firmado y sellado con nosotros mismos de cuidarnos.

Obviamente, cada persona es un mundo, pero quizá varios de los que hoy me estáis leyendo sois de esos a los que les faltan horas en el día para hacer un montón más de cosas. Cuidado, no vaya a ser que muchas de esas cosas ni os correspondan ni os merezcan de verdad la pena.

 

No desatiendas tus quehaceres, pero no olvides que tú eres más importante que dichas labores, y que la felicidad se encuentra en tu interior cuando éste está armonizado con todo lo externo.

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pinterest.es

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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El éxito tiene dos manos, “dar” y “recibir”

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Hace escasos días tuve el placer de tomar un café con una mujer que comparte una de mis pasiones, las personas. Las ideas, los proyectos, las inquietudes, las experiencias vividas nos ayudaron a reforzar nuestra común pasión. Y es que es cierto que la experiencia de tu vida tanto profesional como también personal, te ayuda a acercarte o a sentir mayor sensibilidad por determinadas cosas o temas.

El recorrido que hacemos a tiempo real por nuestra vida nos regala muchos momentos. Nos hace crecer y madurar como personas, y también como profesionales, hace que te encuentres de morros y a veces de un modo inesperado con situaciones que te hacen replantearte muchas cosas, e incluso no te queda otra que comenzar a saber gestionar tus emociones, y sin darte cuenta, te haces un experto.

Cuando el recorrido por nuestra vida nos lleva a un punto en concreto y echas la mirada atrás, dependiendo de la situación en la que te encuentres en el momento actual o en la que se encuentren las personas que tienes a tu alrededor, y contando con una dosis de generosidad y empatía abundante, ¿por qué no compartir lo que tú ya conoces y poder ayudar a los demás?

Comprendo que mucha gente pueda pensar eso de “estoy a carreras todo el día”, “bastante tengo con lo mío”, “no tengo tiempo para nada”, “que se saquen las castañas como yo lo hice”… Y un largo repertorio, pero os aseguro que no hay mayor plenitud que compartir con otras personas lo que has aprendido en la vida. El egoísmo, el egocentrismo, la envidia, la falta de humanidad, la falsedad, hacen esclavos de sí mismas a las personas. Viven en un mundo en el que se creen el principio y fin de todas las cosas, ¡qué ilusos!

Mi reflexión es la siguiente, si no sabes dar, me imagino que tampoco sabrás pedir, y me explico; ¿y si un día la ayuda la necesitas tú, sabrás pedirla, y las personas a las que se la has negado te la querrán prestar? ¡Puede que no! Nadie estamos libres de tocar el fango, de sentir necesidad de cualquier tipo, de no saber hacer frente a situaciones, gestionar nuestras frustraciones y miedos… Y además nunca sabemos cuándo la necesidad puede llamar a nuestra puerta. Por ese motivo, ¿cómo no estar preparados?

En la vida no es todo recibir, ni ganar un sueldo que te permita lujos, ni siquiera ser una persona reconocida públicamente, ni permitirte cruceros paradisíacos cada año, ir a los mejores restaurantes y vivir una vida materialista. ¡Claro está que cada uno vive su vida como le place! Pero a veces me pregunto, ¿realmente sin dar uno se puede llegar a sentir realizado? ¡La plenitud de la vida no llega con los bienes materiales! Ésta viene acompañada y de la mano de lo que no se puede pagar con dinero.

Estaréis pensando, ¿pero qué puedo dar yo? ¡Mucho!

  • Tu tiempo al que necesita que le escuches.
  • Hacer mejor a los que te rodean con tus propias experiencias.
  • Sonreír y contagiar tu alegría.
  • Ser realista con aquella persona que te solicite, pues las mentiras piadosas hacen más daño del que pensamos, y la verdad dicha con tacto, sinceridad y cariño, ayuda a crecer a quien la escucha.
  • Prestar unos instantes de tu profesionalidad para mostrar el camino a otros.
  • No mirar para otro lado ante la injusticia y la precariedad, ¡mójate!
  • Regalar un abrazo o una caricia puede ser todo para una persona que valora eso como un gran tesoro.
  • ¿Seguro que no puedes ser más sensible, más humano?

Mi experiencia me dice que se triunfa o se fracasa en la medida en que funcione o no la unidad en la diversidad. Una persona válida funciona en cualquier situación siempre que sea capaz de hacer funcionar el entorno que a su alrededor se encuentre.

¿No crees que lo que puedes dar puede ser la medida de tu capacidad personal y profesional? ¿O quizá eso es lo que temes? Que el mundo que tú mismo te has creado se desmorone porque no seas capaz de transmitir nada.

El éxito tiene dos manos. Una se llama “dar” y la otra “recibir”. Pero para que la mano de recibir no esté vacía, se debe emplear la mano de “dar”. Las personas que te rodean son el soporte de tu éxito y tu punto de referencia.

 

Esta reflexión que comparto contigo y aplico a mi vida, quizá te ayude, eso espero. Si otros quieren recorrer tu mismo camino, y tú puedes ayudarlos, no se lo niegues. Ese será un éxito más en tu vida.

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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En el amor, ¿”siempre” puede resultar demasiado tiempo?

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Artículo publicado por Carmen Prada

En el año 1994, y firmada por Edward Zwick, y basada en una novela de Jim Harrison, llegó a los cines una cinta maravillosa, mezcla de drama y amor, con tintes de los más grandes clásicos, una película con alma, que desborda pasión y derrocha majestuosidad. Como protagonistas, Brad Pitt y Julia Ormond.

Esta preciosa historia nunca la olvidaré,  Leyendas de pasión. Sí, una vez más, reconozco públicamente que soy una romanticona empedernida, pero esta película me dejó muchas frases interesantes, y hay una que sobresale por encima del resto y la he tenido presente en muchos momentos de mi vida, “siempre, resultó ser demasiado tiempo…” Una frase con contenido, de estas que dan para un café largo de tertulia.

Y es que me viene de perlas en este caso echar mano de esta “generosa” frase para hablar sobre el tema que quiero tratar hoy.

 En los días de descanso que pude disfrutar en el mes de julio, toda mi persona absorbía información y se quedaba con detalles y momentos que me darán para mucho… pero soy consciente que toda esta información la pude procesar en parte gracias al descanso y relajación.

En una de las playas en las que estuve, observé mientras estaba a la orilla del mar, como un hombre ya adulto y una anciana mujer –intuyo que eran hijo y madre-, disfrutaban como cualquier otra familia lo podía hacer en el mar, jugando con las olas. Evidentemente mi atención no se paró en ellos por ese motivo, sino por cómo el hijo transportaba a su madre sobre el agua con una especie de carrito que flotaba sobre el mar, ya que esta mujer, pude ver después, estaba impedida y ya sobre tierra utilizaba una silla de ruedas, pues no podía caminar.

La escena en sí no era lo que me mantenía entusiasmada, sino la ternura de ese momento. Al hijo se le veía incluso más feliz que a su madre, estaba disfrutando tanto o más que ella mientras ésta no paraba de sonreír, jugaba con sus manos sobre el agua y parecía feliz. Sus miradas lo decían todo, y todo era amor. Desprendían amor y felicidad… No sabría decir cuál de los dos se sentía más pleno en ese momento.

Fue en ese preciso instante cuando me pregunté, ¿por qué nos empeñamos en llamar amor siempre a “lo mismo”?

Sé que hablar de amor, puede llegar a ser un tema recurrente, ¿qué no se ha dicho ya sobre él? Estamos por un motivo u otro cada día hablando de este sentimiento, pero también es cierto que en los últimos tiempos me he encontrado demasiadas personas que han dejado de creer en él, por un motivo u otro.

Y es cierto, puede resultar un tema cansino pero, vuelvo a preguntar, ¿por qué nos empeñamos en llamar amor siempre a “lo mismo”? Y vuelvo al comienzo, con la famosa frase de Leyendas de pasión. ¿”Siempre”, puede entonces, resultar demasiado tiempo? Puede ser que aquí esté el problema. Nos desilusionamos con el amor porque lo vemos como “enamoramiento” por una persona, por nuestra pareja, esposo… y además estamos convencidos de que la palabra “siempre” debemos eliminarla porque no es posible en este contexto. Pensamos que el amor no es eterno.

El amor es más que ese sentimiento, vi amor en la mirada de ese hijo hacia su madre. Durante la estancia en el hotel durante esos días, vi amor en una pareja de ancianos que durante todo el día iban cogidos de la mano a todas partes y cuando llegaba la noche, bailaban agarraditos en la discoteca que había en el hotel, como si fuese la primera vez.

Y es que hay amores eternos, amores para siempre. Quizá el amor más fuerte es el de una madre hacia sus hijos, yo lo noto con la mía y creo en ese amor eterno. Creo en el amor y el cariño de unos abuelos hacia sus nietos. Creo en el amor por lo que uno hace o sueña, he crecido con el cariño que mi madre siempre ha mostrado hacia sus flores y plantas, y es que hay infinitos amores que no nos traicionarán, incluso el de pareja, fijaros en los ancianos. ¡No desesperemos, existe! Lo ha hecho siempre.

Pero por encima de todo, creo en el amor que debemos tenernos a nosotros mismos y a la vida, aunque ésta a veces se presente llena de dificultades. Me tengo que querer para amar a la vida, y espero amarla siempre, porque es un regalo de Dios, y he pasado por momentos difíciles, pero les he plantado cara y todo porque sé que la vida merece la pena. Cada día es una oportunidad, cada día nos regala amor, ¡me da igual de dónde proceda, pero me lo regala!

¿De verdad os atrevéis a decir que el amor nunca es para siempre? Hagamos un pequeño ejercicio, ¿cuántos amores te atreverías a decir que tienes ahora mismo en tu vida? ¡Yo muchos, y muchos para siempre!

El primer sábado de agosto de 2012 fue un día inolvidable, el más especial de mi vida, pues celebré mi matrimonio con mi gran amor, mi gran amigo y alma gemela. Tras 4 años, que habrá quien piense que es poco tiempo, pero que han dado para mucho, puedo afirmar que el amor es posible, no faltan las dificultades, pero es viable y provechoso cultivarlo día a día, reafirmarse en el proyecto de una vida en común, compartiendo penas y alegrías, proyectos e ilusiones, momentos y sensaciones. No es imposible mantener encendido el corazón, la mirada cómplice, la caricia tierna, pero aun cuando pudiera llegar un momento de aridez, merece la pena tener presente que lo más importante no son las mariposillas en el estómago, sino la voluntad de caminar juntos, la lealtad contra viento y marea, el compromiso de ser una sola carne, el amor hecho camino, paso a paso, hombro con hombro…

No hacen bien algunas fantasías sobre un amor idílico y perfecto, privado así de todo estímulo para crecer. Una idea celestial del amor terreno olvida que lo mejor es lo que todavía no ha sido alcanzado, el vino madurado con el tiempo. Como recordaron los Obispos de Chile, «no existen las familias perfectas que nos propone la propaganda falaz y consumista. En ellas no pasan los años, no existe la enfermedad, el dolor ni la muerte […] La propaganda consumista muestra una fantasía que nada tiene que ver con la realidad que deben afrontar, en el día a día, los jefes y jefas de hogar»[137]. Es más sano aceptar con realismo los límites, los desafíos o la imperfección, y escuchar el llamado a crecer juntos, a madurar el amor y a cultivar la solidez de la unión, pase lo que pase.

Amoris laetitia, 135

 

 

 

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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La gratitud como marca personal

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Hace escasos días, tuve que ir a la peluquería. Además, quería canjear mi regalo por ganar el premio de la mejor networker de abril. Puede resultar extraño, pero las visitas a la peluquería me incomodan, no soy de esas mujeres que van y disfrutan del hecho. Yo lo entiendo como algo necesario, y voy simplemente por eso, no por el cotilleo ni por las revistas del corazón.

La peluquera, Trini, una gran profesional y persona. Hace unos meses tomó una decisión importante en su vida, que fue dar el salto, salir de una zona de confort que la estaba paralizando, y crear su propio negocio. Es cierto que su gran carrera profesional la avala, pero todos sabemos que muchas veces se necesita más que esto, y ella lo tiene.

Y os preguntaréis, ¿qué es lo que tiene para que su sueño esté siendo fructífero? ¡Sobre todo y ante todo, actitud! Ella reconoce que es feliz con lo que hace y eso, como siempre reitero, se nota, el gran entusiasmo en lo que hace, cómo lo hace, la labor anterior que ha debido hacer para que sus clientes la sigan, que no es más que la fidelización de los mismos, su sonrisa permanente, el sentirse orgullosa de lo que ha hecho y no temer a pronunciarlo, reconocer que esa decisión que llevaba mucho tiempo rondando en su cabeza y que por miedo no había llevado a cabo, un día de repente sucedió algo que le empujó a decir ¡ahora es el momento!, la empatía con la que trata a los clientes, la creatividad y el inconformismo…

Reconozco que esa tarde, en la peluquería, disfruté. Una vez más, ratifiqué que el trabajo bien hecho viene de la mano del cariño y la felicidad con lo que lo lleves a cabo.

Para crecer en la vida, personal y profesionalmente, tienes que dar mucho, e incluso a veces dejar de ganar dinero para poder llegar a alcanzar muchas metas, pero sobre todo para sentirte a gusto contigo mismo, satisfecho, recompensado… ¡Sí, recompensado! Habéis leído bien, ¿recompensado aunque dejes de ganar económicamente? ¡Exacto! Quizá muchos de vosotros esta teoría no la compartís. Yo lo he experimentado en ciertas ocasiones, y me he dado cuenta que no soy la única persona.

La recompensa va más allá de obtener un cliente, prestarle el servicio y ya estar pensando en la ganancia. Muchas veces la recompensa es emocional, para sentir ese gran empujón que ayuda a continuar y además disfrutar haciendo lo que te gusta, intentar mejorar cada día. La satisfacción de un “te lo agradezco mucho”, “nunca me habían tratado así, volveré”, “sin duda, hablaré de ti, gracias por todo”, “no estabas obligada a ello y aun así lo has hecho…”

Con el tiempo, la vida te lo devuelve todo. El orgullo por el trabajo bien hecho, es algo que no se paga con dinero, pero también destacar por un modo concreto de trabajar y tratar al cliente tiene, más pronto que tarde, su recompensa económica. Los buenos clientes no son solo los que nos hacen las más grandes o frecuentes compras, sino los que hablan bien de nosotros a otras personas, y nos generan otros clientes. Es con estos clientes con los que hay que tener una atención especial, porque se convierten sin pretenderlo ellos en nuestros mejores embajadores.

De la misma manera, y por los mismos motivos, una mala praxis profesional puede hacer mucho daño, pues un cliente ofendido o decepcionado muy probablemente no se va a guardar su disgusto para sí, sino que va a hablar mal de nosotros, y por cómo es la naturaleza humana, sabemos que la mala fama se extiende con mucha mayor velocidad que la buena, al igual que ganarse la confianza de un cliente lleva su tiempo, mientras que perderla puede ser cuestión de un momento.

No caigamos en el engaño de pensar que para triunfar en la vida hay que ser interesado, ruin y materialista. Poder mirar a todo el mundo a los ojos, sembrar confianza, bondad y honradez, puede ser a veces un mal negocio en términos monetarios, pero será una excelente inversión para caminar por la senda del auténtico éxito, el que se construye con relaciones humanas sanas, en las que abunde la gratitud, y un desempeño profesional transparente y ejemplar, que genere verdadera confianza en cuantos nos conocen u oigan hablar de nosotros.

 

El agradecimiento es la parte principal de un hombre de bien.

Francisco de Quevedo

 

 

 

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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¿A qué tienes miedo?

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

¿Qué te impide dar el salto? Solo pensar en poner un pie fuera de la pecera te causa estrés, es tu mente la que te traiciona, porque sinceramente, ¡aun no has hecho nada!, como para que aparezca en tu vida el verdadero estrés y la sensación de fatiga.

¿A qué temes entonces?

  • A disfrutar como nunca antes lo has hecho con lo que puedes llegar a conseguir.
  • A ser dueño de tus decisiones.
  • A aprender a gestionar tus propias emociones para lograr tus éxitos.
  • A que tu trayectoria no se vea obstaculizada por terceros que te hagan perder el tiempo.
  • A sentirte orgulloso de tus logros.
  • A ser conocedor de tus errores y aprender de ellos para mejorar, y que este hecho repercuta positivamente en tu futuro.
  • A luchar como nunca por lo que haces.
  • A vivir el día a día con la pasión que hacía tiempo no sentías.

Ahh, que esto no es… Entonces, ¿qué es lo que tanto vértigo te da abandonar?

  • Seguir rindiendo cuentas a alguien.
  • Luchar por un proyecto que no es el tuyo.
  • Estar limitado por normas, reglamentos, imposiciones…
  • No ser dueño de tus objetivos.
  • Cierta estabilidad económica, pero sin la calidad de vida que deseas para ti y los tuyos.
  • Sentir frustración por situaciones sobrevenidas externamente.
  • Y sobre todo, renunciar a luchar por tus propios sueños.

¿Y si pruebas a sacar el otro pie? Quítate de encima la presión, respira hondo, libérate, coge aire pero éste que sea puro, desperézate, despréndete de la mochila con la que llevas cargando desde hace demasiado tiempo en la espalda, empieza a tener voz y voto, habla con seguridad y  confianza, sé dueño de tus metas, decide quiénes son las personas que te van a rodear para comenzar la andadura, construye tus sueños, decide los pasos a dar, pero que el comienzo sea ya, no demores el empezar a ser responsable de tus actos pero también de tus momentos de gloria y éxito.

Nada es fácil ni sencillo en la vida, no te voy a decir que todos los problemas son simples de resolver, que siempre se logra lo que uno se propone, que solo hay que echar a andar y el camino lo tienes indicado, que existen señales que te salvarán de los tropiezos, que no vas a caer nunca ni vas a meter la pata… ¡No, no es mi estilo, te estaría engañando!

Déjate llevar por tu instinto, cierra los ojos y visualiza lo que te gustaría hacer de tu vida, recréate en la madurez profesional y personal que has alcanzado después de tanto luchar en batallas, sé valiente y atrevido, no temas a errar 1 ,2,3 veces… ¡No permitas que nada ni nadie te paralice! Porque ese es el camino, y se hace camino al andar, ese es el camino que te hará fuerte, tenaz, capaz, libre, exitoso…

 

  • Si te caes, no te lamentes ni te tortures, levántate.

 

  • Si flaqueas por momentos, siéntate, respira hondo, tómate un breve descanso, y después reanuda con nuevos bríos.

 

  • Si tienes miedo, mira hacia atrás solo por un instante, observa el camino recorrido y no te rindas, ahora es el momento de crecer.

 

  • Si necesitas sonreír, piensa en lo que te hace feliz, piensa en tus seres queridos, por ellos lo haces todo.

 

  • Si te sientes perdido, busca ayuda, pero no abandones, tienes derecho a estar así, no eres un fracasado por necesitar una orientación, nadie dijo que fuera a ser fácil.

 

 

 

 

Si no diseñas tu propio plan de vida, probablemente caigas en el plan de otra persona. Y adivina lo que han planeado para ti. No mucho.

 

 

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Resérvate el derecho de admisión

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Artículo publicado por Carmen Prada

La pasada semana, alguien muy cercano a mí y vinculado al mundo comercial, me comentaba con bastante enfado lo injustos y desconsiderados que son los clientes cuando no valoran el esfuerzo y la dedicación en un trabajo a veces tan duro e ingrato como es el de Asesor Comercial.

Pedía mi opinión, incluso que la plasmara por escrito, y eso es lo que voy a tratar de hacer brevemente.

Supongo que todos coincidimos en reconocer que clientes somos todos, ¡evidentemente! El error está en pensar que vendedores son solo los que se dedican al trabajo específico de vendedores. ¡Qué ingenuidad! Todos vendemos algo, empezando por nuestra imagen, y también nuestro tiempo, esfuerzo, capacidades… Cuando ponemos todas nuestras potencialidades al servicio de una actividad profesional, seamos asalariados o autónomos, estamos vendiendo nuestro trabajo, pues lo hacemos esperando obtener una retribución económica en forma de salario, comisiones, beneficios… A mí, que como sabéis soy futbolera, me provoca hilaridad que cuando las cosas no van bien se llame “mercenarios” a los jugadores profesionales. Pues claro que lo son, ¿y no lo somos todos en nuestro trabajo? Por si alguien no lo tiene claro, me permito recordar el significado de esa palabra según el Diccionario de la RAE: “que percibe un salario por su trabajo o una paga por sus servicios.” Pues si todos, de un modo u otro, trabajamos por dinero, más allá de que nos guste mucho o poco lo que hacemos, todos somos mercenarios, y todos somos vendedores, salvo que alguien tenga por costumbre o apetencia trabajar gratis. Y hay mucha gente que esto no acaba de entenderlo, y este tipo de personas siempre se van a ver únicamente como clientes, con lo que poca o ninguna empatía cabe esperar de ellos cuando se les ofrece un producto o servicio. Paciencia.

¡Estamos muy equivocados! Y hasta que en este país este concepto y esta cultura no cambie, poco vamos a evolucionar. El cliente no valora el esfuerzo ni el trabajo desarrollado por el que es un profesional de las ventas, porque el propio cliente no se ve a sí mismo como vendedor. Si a esto le sumamos que hoy por hoy los propios clientes son infieles por naturaleza, se venden al mejor postor y a veces solo por ahorrarse unos pocos euros, aunque esto suponga una merma importante en calidad y servicio. Así que en estos tiempos tan importante como hacer clientes, es saber fidelizarlos, pues el cliente es cada vez más exigente, incluso caprichoso en algunos casos.

¡Los duros a cuatro pesetas no existen! Esta frase la he utilizado en muchas ocasiones cuando un cliente me hablaba de regalos, descuentos impensables, compensaciones irreales… En mi vida personal siempre he desconfiado de lo regalado. Lo tengo más claro que el agua, yo siempre seré cliente, y de la misma manera, me dedique a lo que me dedique, tendré muy presente que también soy vendedora.

En este mundo, el maravilloso mundo comercial, hay mucho “profesional” oportunista, son esos que venden y le dicen al cliente cualquier cosa que éste necesita escuchar. Esto es como la vida misma, hay gente con pocos escrúpulos, comerciales que no hacen ningún favor a esta profesión, ni a los que  la ejercen con honestidad, dedicación, pasión y entrega, y que afrontan sin atajos tramposos las dificultades propias de la actividad para alcanzar los objetivos marcados.

¡Amigo, el cliente que no valora el trabajo que realizas, puede que no merezca ser tu cliente! Estaréis pensando, ¿pero te has vuelto loca? ¡En absoluto, solo pretendo rentabilizar mejor mi trabajo! Se ven carteles en cafeterías, gimnasios, lugares de copas, centros comerciales, piscinas… que dicen “se reserva el derecho de admisión.” Y digo yo, ¿por qué el que es un profesional de las ventas no puede hacer lo mismo? El derecho de admisión en un local, sea de la índole que sea, está dirigido a los clientes. ¿Por qué no decidir qué cliente es tóxico para ti y resta tiempo y esfuerzo para ese otro que lo merece? Sinceramente, a mí como cliente no me gustaría que me restasen tiempo a mi fidelidad por otro que va y viene…

En cualquier ámbito de la vida, tratar a todas las personas por igual es un grave error.

Claro que los comerciales están para ganar dinero, y que al cliente hay que tratarlo bien y atenderlo, pero, ¿alguna vez te has parado a pensar lo que pierdes con los clientes problemáticos, desconsiderados, miserables, que solo crean situaciones desagradables o que pretenden que estés 24 horas al día pendiente de sus naderías?

  • Autoestima.
  • Gestión del tiempo.
  • Sacrificio y esfuerzo.
  • Restar tiempo a otros clientes.
  • Desmotivación.
  • Y en muchos casos dinero…

Probablemente alguien estará pensando, “si un comercial no sabe gestionar todo esto, quizá tenga que plantearse el dedicarse a otra cosa”. Pues mi opinión es que se tiene que dedicar a:

  • disfrutar con lo que hace;
  • evidentemente ganar dinero y no perderlo;
  • dedicar, porque así lo merecen, más tiempo y esfuerzo a los clientes agradecidos y que aprecian la profesionalidad;
  • obtener recompensa por todo el sacrificio empleado;
  • no caer en la tentación de ser deshonesto con los clientes;
  • ganarse la confianza del cliente, fidelizarlo y conseguir que quede tan contento que pueda generar otros clientes.

A lo largo de mi vida profesional dedicada al mundo de las ventas, tengo que decir que pocos fueron los clientes que no apreciaban el trabajo que desarrollaba cada día, me encontraba con frases como “lo que debes de aguantar, Carmen”, las típicas palabras, “yo no valdría para esto”, y mucho más, pero los clientes no dejaban de mostrar la admiración ante una profesión para la cual no cualquiera está capacitado.

Todos somos clientes, algunos piensan que no son vendedores, pero, ¿todos sabemos comportarnos como clientes y todos como vendedores? Quizá tengamos que aprender mucho en ambos sentidos, y si lo hacemos, nuestra vida profesional será más agradable y provechosa.

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Sé leal a ti mismo y a lo que amas

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Imagen realizada por Juan Manuel López Gay (Lolo, apasionado también de estos colores)

 

Por Carmen Prada

Así finalizaba el post del pasado sábado: “un día para tener fe y quedarse afónico animando, cantando y, ojalá, celebrando. El próximo sábado en mi post sabréis lo acontecido, y cómo lo he vivido. Os emplazo a ello…” (Recomiendo le deis un repaso, ¡¡Triunfal Deportiva, adelante y arriba!!)

Pues lo prometido es deuda, y aunque lo que tengo que recordar no es muy grato, lo haré brevemente.

Tuve fe, casi me quedo afónica, canté y mucho, y lo único que no pude hacer y era lo más importante es disfrutar de la celebración, y digo no pudo ser  porque todo finalizó de la peor manera posible. Mi equipo ha descendido a la 2ª división B. Al finalizar y aun a pesar del dolor y la tristeza, me levanté y aplaudí a ese equipo que tantas pasiones lleva despertándome durante años.

Reconozco que fue un fin de semana duro, en el que por momentos los ojos fueron los que hablaban y mi rostro era un poema. No solo se ha descendido de categoría balompédica, el hecho de que Ponferrada no esté en el fútbol profesional la próxima temporada tendrá consecuencias sociales y económicas negativas para el club y la ciudad. Toca recomponerse, encarar con nuevas ilusiones y renovados bríos el futuro más inmediato, y luchar como siempre lo hemos hecho para lograr el objetivo la próxima temporada, nuevamente el ascenso. Y por supuesto, seguiré animando al equipo desde mi asiento como lo hago desde hace años.

El deporte es muy grande, si estás atento te aporta mucho, pues es un espacio en el que se refleja lo mejor y peor de cada uno, lo mejor o peor de la sociedad. Va mucho más allá de lo que es simplemente un partido de fútbol.

En el deporte experimentas el compañerismo, el valor del sacrificio, del trabajo en equipo, la importancia de la constancia, conoces mucha gente, haces amistades, viajas, ríes, lloras, aprendes a ganar y a perder, a superarte. Y aunque  no es lo mismo vivirlo como deportista que como hincha, lo cierto es que tanto desde una perspectiva como desde la otra se viven alegrías y decepciones, lealtades e incongruencias. Es una escuela para la vida, pues está a la orden del día que los mismos que hoy elevan a alguien a los altares, mañana lo defenestren. A veces los periodistas, otras muchas los aficionados. Yo que he estado vinculada laboralmente muchos años al sector comercial, continuamente veo paralelismos entre el fútbol y ese mundillo profesional. Habitualmente la gente no tiene mucha memoria, lo que hayas hecho en el último partido es lo que cuenta, y eso muchas veces es muy injusto. A mí me ha dolido que tras decretar el árbitro el final del partido, se hayan escuchado numerosos insultos a los jugadores desde la grada, cuando unos pocos minutos antes solo se oían vítores y ánimos. La frustración, la tristeza y la decepción no justifican nunca la falta de respeto, nadie está obligado a ir al estadio. A mí no se me ocurre hacer tal cosa, porque mi educación no me lo permite, y porque si no estoy de acuerdo con lo que veo tengo toda la libertad para marcharme, el insulto no ayuda ni beneficia a nadie.

Ahora es el momento de estar unidos, de apoyar a la entidad, pues ser hincha de un equipo es un sentimiento, y a quien se quiere se le apoya cuando peor lo está pasando, lo fácil es subirse al carro cuando las cosas van viento en popa. A veces te ves envuelto en conversaciones en las que una intervención por tu parte haría retumbar nuestro precioso castillo templario, por lo tanto tampoco te sientes libre, la memoria recuerda frases que se dijeron un día que ahora solo son eso, palabras, la humildad brilla por su ausencia y no se oye decir “disculpa, he cometido un error…” ¡Esto es fútbol, pero también es la vida!

Vivimos en una continua vorágine de intereses, opciones, ventajismos, el egoísmo hoy por hoy es el deporte que más en auge está. Por eso, no resultaría extraño que algunos le dieran la espalda al equipo…hasta que vuelva a ganar.

No dejes de ser tú mismo por las decepciones, las modas, lo rutinario, la falta de valores, el oportunismo, el materialismo, la carencia de sensibilidad… Y mucho menos te sientas solo cuando llegue ese momento en el que mires a tu alrededor y no veas a los que siempre te han acompañado, pues tendrás el grato e impagado placer de encontrarte de frente contigo mismo. Con el orgullo de dar o intentar dar lo mejor de ti y no guardarte nada.

No te sientas estúpido por ser como eres. No tengas ningún reparo en ir en contra de la masa, vive según lo que crees, según lo que sientes, según lo que amas. Lo más fácil es ser uno más en la masa, y dejarse llevar por la corriente.

 

En la vida no se trata de ser un ganador o un perdedor, sino de ser uno mismo y dar lo mejor de sí.

 

 

Carmen Prada / Apasionada por la vida y por dos colores, el blanco y el azul

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