Pongamos una sola cara a la Navidad

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Por Carmen Prada

 

Mi corazón y mi pluma me impedían escribir estas líneas de  cualquier otro tema que no fuera de los días entrañables que ya estamos viviendo y los mejores que están por venir.

Es cierto que cada uno vive de modo diferente estas fiestas navideñas.

Pero la realidad, aunque algunas personas sean reacias a ello, es que el verdadero sentido de la Navidad es religioso, acompañado claro está de todo lo familiar y social, que no hay porqué renunciar a ello. Aunque a veces no se vea así, se suele vivir con gran alegría, ya que es mucho lo que hay que celebrar.

Por otro lado, están las personas que viven estas fechas navideñas como simple fiesta, comilonas, noches demasiado largas, excesos, espera de los regalos pertinentes como cada año, aguantar al cuñado o a la suegra, gastos y más gastos, pero por qué no, ¡con alegría!

Y por otro lado están aquellas que las viven con tristeza, melancolía, con ánimo de nada, con ganas de que las luces que adornan nuestras calles desaparezcan pronto, repeliendo los villancicos, la Nochebuena ni la quieren nombrar y a ver si pasa el trago de la Nochevieja y las dichosas uvas. Cada uno tiene su historia, un motivo para sentir esta tristeza tan grande cuando podría vivirse con alegría.

Son estas personas en las que me quiero centrar un momento. Estoy casi segura que en el primer y el segundo caso alguna vez han tenido algún motivo para sentirse así o quizás hayan estado cerca, ya que puede ser que en muchas ocasiones se puedan mezclar sentimientos, sensaciones, pero éstas últimas lo viven a partir de un acontecimiento, de un suceso, de recuerdos…

Son días en los que uno recuerda más a aquellas personas que ya nos están entre nosotros, pero no lo están el día de su cumpleaños, en el nuestro, en una reunión familiar que siempre se celebraba… Y creedme, ¡yo los siento más cerca de mí que nunca! No nos sintamos en exceso esclavos del dolor de su ausencia, porque en la mayoría de los casos, estas fechas eran motivo de alegría para ellos, porque todos nos reuníamos alrededor de una mesa. Pues recordemos que, de alguna manera, ¡siguen en ella!

Otras personas quizá, no las ven con buenos ojos porque su presente no le acompaña para celebrarlas como en su pasado sí lo podían hacer. Los estragos económicos han hecho daño a muchas familias españolas, pero la Navidad no depende de la mayor o menor abundancia cuando se vive desde el amor, la compañía, el reencuentro, la fiesta. ¡Podemos ser ricos en su vivencia!

También existen las que es su primera Navidad con significativos cambios. Cambios sobre todo emocionales, cambios que afectan a uno mismo y quizá a otras personas indirectamente. A largo de ese periodo de transición se han tenido que aceptar otras variantes de vida, costumbres, momentos… Aunque hayan tenido que doler, hasta lo más profundo. Uno se debe reconstruir, volver a levantar cimientos y  emprender una nueva vida. Pero estoy casi segura que durante todo este proceso mucha gente les ha rodeado, han tenido hombros en los que apoyarse, han reído, seguro que llorado, han conocido nuevas sensaciones, lugares, personas y al final, ¡uno no está solo!

Pues sentid en Navidad  todo ese derroche de cambios, de amistades, transformad las fiestas en vuestras aliadas, vividlas como no lo habías hecho antes, y es que solo hay un cambio de escenario, porque os aseguro que las que no han cambiado son ellas. ¡Sentid el nuevo cosquilleo de estas fiestas y quizá os conquisten! Siempre hay motivos para la celebración.

Reconozco que yo soy una mezcla de estas tres personas, pero con la alegría y la paz como melodía de fondo. ¡Confieso que vivo con entusiasmo la Navidad, porque no sé vivirla de otro modo! La base de estas fiestas, es la alegría por la venida del Señor, Él siempre está presente en todas mis celebraciones y banquetes. A partir de ahí disfruto con las comidas y cenas que reservamos para estas fechas, las uvas, que confieso nunca he sido capaz de terminar, con los brindis de cava acompañados de buenos deseos, con el gentío por la ciudad que en estos días está más bella por las luces y árboles de Navidad que nos rodean, las entrañables visitas a belenes, reencuentros con la familia y amigos, la ilusión de pensar en qué detalle de Reyes voy a tener con… y rompiéndome la cabeza con cada uno de ellos. Pero claro está, que echo de menos a personas muy importantes en mi vida, que ya no se sientan en la mesa, y es curioso, pero en estos momentos las siento más cerca que nunca, y además las necesito sentir, esto me  hace estar tranquila, ¡sé que me siguen acompañando!

Daría oro por repartir gotitas y gotitas de ilusión navideña, de alegría y paz. Quizá nos debamos plantear el no dividirnos en personas que viven de modos diferentes estas fiestas, sino en empeñarnos en ponerle una sola cara a la Navidad, se me ocurre, la de la celebración.

Por este motivo, celebro con toda mi familia, amor, amigos existentes y los nuevos que este año me ha regalado, una Navidad llena de ilusión, alegría y paz, porque me he empeñado en repartir esas gotitas y contagiar esa felicidad. Eso sí, si no lo logro con alguien, el año próximo lo intentaré hacer mejor.

¡FELIZ NAVIDAD!

 

 Nos vemos el próximo 7 de enero de 2018, para compartir todas las metas, sueños e ilusiones que para el nuevo año nos hayamos marcado.

 

¡GRACIAS DE CORAZÓN A TODOS LOS QUE EN ESTE AÑO 2017 ME HABÉIS ACOMPAÑADO Y DADO FUERZAS PARA SEGUIR LUCHANDO POR MI DESARROLLO Y EL VUESTRO!

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

*Fuente de la fotografía, Carmen Prada

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Sé tú, auténtico y sin imitaciones

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Por Carmen Prada

 

A menudo nos quejamos de lo que no tenemos y nos gustaría poseer.

Habitualmente, muchos de nuestros deseos insatisfechos están la línea de lo superficial y material. Cuántas veces hemos escuchado a alguien expresar su deseo de ser más alto, tener una mejor figura, más dinero, mejor coche, una mansión, un premio de lotería…

Imagina por un momento que se te aparece el genio de la lámpara y te concede 3 deseos. Sé sincero, no te engañes, ¿qué le pedirías? Sí, lo del genio es un cuento, claro, pero lo importante no es eso, sino que te sinceres contigo mismo, y concretes por orden tus prioridades. ¡Te invito a este pequeño ejercicio!

Pues os voy a ser sincera, nada de lo que no soy o no tengo, me haría más feliz.

Tenemos que ser conscientes de que en la vida hay cosas y personas que nos acompañan en ésta, porque nosotros mismos lo hemos decidido. Hay situaciones que vienen provocadas por nuestras elecciones en algún  momento dado. ¿Que a veces nos gustaría dar marcha atrás al descubrir las consecuencias? ¡Pues claro! Pero es que el que decide también se equivoca.

Realmente lo único a lo que quiero aspirar es a ser yo misma, natural, auténtica, cercana… Lo demás me sobra.

Podría estar bien, no lo sé, ser rubia, o más alta, o tener un sueldo seguro cada mes… Pero de estas tres opciones que he barajado, ser rubia y tener un sueldo seguro cada mes, ya he decidido con libertad sobre ello. Y es que no me voy a teñir de rubia, sigo siendo morena, y como he emprendido con toda la ilusión mi propio negocio, mi sueldo no está garantizado. Y no me quejo. Sobre lo de ser más alta, anda que no le he sacado yo partido a esto de ser bajita, ¡si es que soy capaz de meterme en cualquier sitio!

 

De verdad, ¿por qué pensar tanto en lo que no somos ni tenemos, en vez de valorar realmente lo que sí?

Mira a tu alrededor, ¿te has parado alguna vez a pensar en todo lo bueno que has construido? Y también, ¿en todos los errores que has cometido para ser mejor?

Hay padres que inducen a los niños desde bien pequeños, de algún modo, a querer ser de mayores como Cristiano Ronaldo, Miley Cyrus… Seguramente, sería más provechoso sentarse con los pequeños y decirles que realmente lo importante es que en un futuro sean nobles y auténticas personas.

 

Sí, es cierto, esos famosos ganan mucho dinero, son personas de éxito, pero todos sabemos que detrás de muchos de ellos se esconden grandes dramas personales e insatisfacciones vitales. Tampoco pueden disfrutar de algo tan hermoso como el anonimato, y en no pocas ocasiones han de seguir un guión preestablecido que les impide ser auténticos, para así no perder contratos o seguidores. Muchas veces, son esclavos de su propio éxito. Algunos no me creerán, pero no siento ninguna envidia por ellos, más allá de que la envidia nunca es sana.

 

Busquemos dentro de nosotros mismos, saquemos a flote todo lo bueno que poseemos y disfrutemos de ello. Seamos conscientes de nuestras limitaciones, aunque a veces resulte duro, pero no nos pasemos la vida persiguiendo la da otras personas, porque entonces lo que estaremos haciendo es perdernos la nuestra propia.

 

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  • Caminemos hacia nuestros propios sueños.
  • Disfrutemos de los pequeños momentos.
  • Tengamos poder de decisión.
  • No busquemos ser una sombra de otra persona.
  • Vivamos nuestra propia vida.
  • No tengamos miedo a errar, nos ayudará en este arduo y largo camino.
  • Contagiemos a los demás de nuestra autenticidad aceptando a cada cual como es.
  • Sepamos agradecer el legado de nuestros mayores, y procuremos dejarle a las generaciones futuras un mundo mejor.

 

 

No negocies tu autenticidad a cambio de una mirada de aprobación. Jorge Bucay.

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pinterest.com

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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¿Ya has construido tu propio YO?

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Quizá os pueda parecer extraña esta reflexión que os voy a formular hoy pero, después de analizar mucho a las personas, vivir con pasión mi profesión, de ser éstas mi fuente de inspiración y escuchar más que hablar, he llegado a la conclusión de que hay dos momentos muy importantes en nuestra vida.

Os estaréis preguntado, ¿cuáles? Pues no, no hablo de lo que normalmente se comenta, ya sabéis, estudiar una carrera, casarse, tener hijos… ¡No, los tiros no van por ahí! Me explico:

1º.- Infancia. Evidentemente, nos educan a cada uno de un modo diferente. Nuestra educación sin duda va a estar condicionada por nuestra familia, por las costumbres del entorno, los valores culturales que nos inculquen, pero incluso también por los miedos que las personas que tenemos alrededor nos transmitan.

Nacemos casi con un “no llores”, poco a poco vienen los “ten cuidado que te vas a caer”, más tarde “no comas tanto dulce…” Y así podríamos seguir. Bajo ningún concepto dudo de que nuestros padres quieren lo mejor para nosotros, pero… ¿Y nosotros, sabemos lo que realmente queremos?

2º.- El momento de descubrir para qué hemos nacido. ¡Sí, lo que estás leyendo! A medida que vamos creciendo tenemos que tomar decisiones y asumir responsabilidades, en muchas ocasiones, si nos parásemos por un instante no sabríamos ni por qué, ni para qué. Y no, no hablo de tener una bola mágica y predecir el futuro, sino de pararnos frente a un espejo y preguntarnos a nosotros mismos, ¿en qué soy bueno en la vida y por qué?

Pero voy más allá, para ello debemos alejarnos de los miedos que quizá nos han acompañado durante muchos años, tener claro cuál es el punto en el que nos encontramos y hacernos la siguiente pregunta, ¿deseo pasarme toda mi vida en el punto en el que estoy en este momento? Entonces, ¿qué deseo para mi futuro?

Está claro que llegado este 2º punto, tenemos dos opciones:

  • seguir en nuestra zona de confort y quizá quedarnos en esa etapa del “nacimiento”. Y continuar consolándonos con los “por si acaso”, “es que todo está muy difícil”, “más vale malo conocido que bueno por conocer…”

 

  • O por otro lado, construir nuestro propio yo desde dentro hacia fuera. ¿Esto qué significa? “Lo parezco, porque es lo que realmente soy”. Transmitir personalidad, carisma, pero sobre todo seguridad y transparencia a los que nos rodean.

 

Sin duda, todo lo mencionado en el punto anterior es un proyecto, y quizá el proyecto y el reto más grande con el que nos encontremos en nuestra vida, la construcción de nosotros mismos.

 

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Me gustaría hacer mención de una frase de Viktor Frankl que dice mucho, “si tienes un por qué, aguantas casi cualquier cómo”. Y es que realmente este psiquiatra lo pudo experimentar en sus propias carnes y así lo dejó plasmado en su libro, A la vida. Éste narra sus experiencias como recluso de un campo de concentración nazi, lo que le llevó a descubrir la importancia de encontrar sentido en todas las formas de existencia, incluso las más brutales, y por lo tanto, una razón para seguir viviendo.

 

Proponte visualizar tu futuro, no será muy complicado si ya hemos construido nuestro propio Yo. La más ardua tarea vendrá después, cuando realmente tengamos que plasmarlos en palabras escritas como un compromiso vital con nosotros mismos. No valen las excusas ni peros, ya que tenemos claro cuál queremos que sea nuestro propio futuro y que para alcanzarlo debemos dejarnos la piel. ¡Es un todo o nada! ¡Es una apuesta al 100% por nosotros mismos! ¿Crees que existe alguien que pueda hacer una apuesta tan fuerte como tú por tu futuro?

 

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Pixabay

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A mi manera… La tuya, ¿cuál es?

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A mi manera…

 

Por Carmen Prada

 

Hace escasos días, una tarde en la que la temperatura acompañaba para sentarse en uno de los bancos que hay a la orilla del Rio Sil y buscando un poco de paz entre tanto estrés, hubo un momento en los que cerré los ojos para sentir la leve brisa que acariciaba placenteramente mi rostro, escuchar la melodía del cauce del Sil y el canto de los pájaros… Intentando experimentar profundamente estos momentos, me vino a la cabeza una reflexión que a menudo me planteo, ¿sabemos vivir los momentos felices y placenteros con la misma intensidad con la que nos afectan el dolor y los reveses de la vida? Difícil pregunta, pero yo creo que son complicados vivir tanto unos como otros.

En las situaciones difíciles, estresantes, agobiantes, ante malas noticias…, todo se nos cae encima, parece que el mundo se acaba, que nada tiene sentido y a veces nos desplomamos. No siempre tenemos la entereza, la fuerza, el empuje necesario para afrontarlo, plantarle cara y automedicarnos con la fórmula de… ¡tiro para adelante porque yo lo valgo, vamos que si lo hago!

Pero es que cuando nos evadimos de la rutina, huimos del estrés del día a día, de los ruidos, los conflictos, las preocupaciones por nuestro trabajo, desconectamos de los proyectos pendientes, una necesidad que no llegas a cubrir, un desencuentro, o simplemente de la vida de “la masa”, y nos sumergimos – bien porque se haya programado o simplemente porque surge de manera espontánea – en una experiencia de paz, de tranquilidad, de oxigenar los pulmones, de una grata compañía, de un solemne y embriagador silencio, cuando piensas que nada malo puede sucederte en ese instante, cuando deseas que ese momento no termine nunca…

Hasta en esos momentos que creemos estar viviendo en toda su plenitud, ¡es que ni en esos, lo hemos hecho! Y estarás pensando, ¿cómo qué no? A las pocas horas, en pocos días y a medida que más tiempo pasa desde esa vivencia que nos hizo ver el cielo, nos damos cuenta que habríamos sido capaces de disfrutar más, de exprimirlo de una forma que no lo hicimos, de haber hecho o dicho algo que no llegamos a realizar…

Después de todo esto, ¿seguís creyendo que sabemos vivir en su plenitud los momentos de felicidad? ¡No! Ni sabemos vivir con el dolor, ni sabemos vivir con la felicidad.

 

Nuestra memoria es selectiva, muchas veces es dañina para con nosotros, siempre recordamos todo aquello que nos hizo daño, que nos causó dolor, aquello que no podemos borrar de nuestra cabeza por el mal que nos hizo, y rápidamente tenemos lagunas para recordar lo que sí nos hizo olvidar todo eso por momentos.

Para que esto no me suceda, y tras una vivencia como la que os he comentado o cualquier otra que me saque de la rutina y me acerque a la plenitud, intento escuchar una canción que me recuerde o inspire VIDA y de este modo ser consciente que los gratos momentos también existe y además, debemos provocarlos.

Cada uno estamos hechos de diferente pasta, cada uno afrontamos la vida a nuestra manera y algo sí puedo decir; “intento viajar por todos los caminos, enfrentándolo todo, asumo los golpes e intento arrepentirme lo menos posible”… Y todo ello, “a mi manera”. A mi manera vivo, río, lloro, sueño, disfruto, tomo decisiones, afronto, gozo, me apasiono, amo, interpreto unas palabras, asumo una postura, cultivo una amistad… Y es cierto, a mi manera.

 

Siempre he dicho que ante estas circunstancias lo peor que puede suceder es el arrepentimiento, un arrepentimiento que nos acompañe y sume otro y otro y otro de diferentes índoles por lo que hemos dejado pendiente… Y los vayamos coleccionando como cromos… Juega un papel importante el no dar lugar a ellos, y si llegan, que estemos preparados para afrontarlos, prepararnos como guerreros para plantarles cara. Cada uno lo hará a su manera… No hay una fórmula universal, impuesta, simplemente cada uno debemos tener la nuestra, la nuestra como marca personal…

¿Tú sabes cuál es tu manera? Piénsalo, y mientras lo vives todo a tu manera, afronta las penas y aprende a exprimir la felicidad, pero no dejes que nadie te diga cómo, solo hazlo “a tu manera”.

 

 

Os dejo con La Voz, envuelto entre las estrellas con más brillo,  el gran Frank Sinatra cantando My way. No tiene desperdicio.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Déjame vivir, ¡porque quiero ser feliz!

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Por Carmen Prada

 

Ya queda muy poquito para que finalice el Tiempo de Navidad, una época muy especial para mi familia y que también yo vivo con un gozo renovado cada año. Con la llegada de 2017, es momento de tener las pilas bien cargadas de ilusión y entusiasmo para comenzar con fuerza el camino hacia la consecución de las metas propuestas.

En estas semanas señaladas del calendario se escuchan comentarios de todo tipo y bien dispares, como “en las navidades todo parece maravilloso”, “me parecen fechas demasiado hipócritas, porque en estos días todo el mundo se desea lo mejor y después el resto del año…”, “los regalos se pueden hacer en cualquier momento, no tiene por qué ser ahora”.

Desde mi humilde punto de vista, creo que hay algo de verdad en cada uno de los comentarios mencionados.

¿Todo parece maravilloso? Bueno, es que algo dentro de nosotros necesita de momentos que den un aliento a nuestra vida. Nos sobran los momentos en el día a día para ver el tono más gris de ella. Momentos de ilusiones, de emociones, de sentimientos, nos hacen una especie de lavado o limpieza interior y nos renuevan para afrontar de mejor modo un nuevo inicio. ¿Por qué no vivir de sueños por momentos?, ¿por qué no mostrar lo mejor de nosotros en instantes en los que se respira paz y darnos ese gusto?

Todo se ve dependiendo de los ojos con los que se mire. Y ya no solo en estas fechas, la cuestión es que el filtro de esos ojos nos acompaña el resto del año, y si nos resistimos a cambiarlo aunque sea solo de vez en cuando, lo veremos todo siempre del mismo tono… ¡Eso es lo triste!

Sinceramente, vivimos una vida cargada de hipocresía, y esa nuestra realidad social y personal no es cosa solo de unos días al año, ojalá. Quien se crea de verdad libre de ese pecado, tan consustancial a nuestra especie, que se atreva a tirar la primera piedra. Pero curiosamente en esta época es cuando más oigo voces que denuncian la falsedad. Siendo así, la propia denuncia es un acto de hipocresía de la misma forma, porque también habría que decirlo el resto del año, ¿no es cierto? Quizá podamos utilizar estas fechas para reflexionar al respecto sobre este tema y preguntarnos, ¿qué me impide hacer frente a la falsedad? ¿Por qué no cambiar para cambiar el mundo?

Puede que en estas fechas parezca que se olvidan los malos recuerdos, las relaciones enfriadas se templan, recibimos saludos que en otras épocas del año no recibimos, o también hay un trato más cordial con familiares con los que en otros momentos quizá ni exista trato…

¿Y por qué no verlo como una oportunidad para poner a prueba todas estas relaciones? Todos merecemos segundas oportunidades, ¿no puede ser un buen momento para ello? ¿Por qué no hablar de eso que un día marcó un antes y un después en esa relación? ¿Por qué no dejar hablar y expresarnos nosotros? ¡Fuera orgullo! Pienso que cualquier momento es bueno para reencontrarnos con los demás y con nosotros mismos. Quizá en algún momento fuimos nosotros los que nos perdimos… Después de todo esto, ya habremos obtenido la respuesta que necesitábamos para saber quién tiene hueco en nuestra vida, pero no lo hagamos antes.

La vida está llena de oportunidades, para nosotros y para todos.

Existe una noche mágica en estas fechas. Una noche que para mí ¡sí es la noche de Reyes! Cada uno le da el valor que le quiera dar a esta noche y al día que le sigue. Me considero una persona detallista, cualquier momento del año es bueno para dar una sorpresa o hacer un regalo. Pero es una noche preciosa para los niños, y como tal me siento yo. ¡Me niego a perder esa parte que existe en mi interior de niña! Parece una frase hecha, pero es cierto, todos llevamos un niño dentro de nosotros. Puede ser que la diferencia esté en que algunos le damos rienda suelta y otros lo mantienen muy atado.

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Esa mirada de niña que nunca se pierda

Los regalos, los detalles… No debe ser una competición de quién da el más valioso. Para mí recibir un pequeño detalle, independientemente del valor material, significa que esa persona me ha tenido en mente y se ha preocupado por pensar en aquello que me podría hacer ilusión.

Todo, como dije anteriormente, se puede ver del color que uno desee e incluso convenga. Pero,

  • ¿por qué condicionar con nuestros actos o comentarios la vida de otras personas?

 

  • ¿Por qué no respetar los momentos de felicidad que muchas personas viven en fechas determinadas?

Nos pasamos toda la vida lamentándonos, echando de menos muchas cosas, viéndola siempre con un tono oscuro, pensando que todo lo malo nos toca a nosotros… En definitiva, ¡siendo víctimas de nosotros mismos!

¿Por qué pretendemos contagiar nuestros prejuicios a otras personas?

Conmigo no contéis, amigos, para pintar la vida de color gris, ni para fustigarme, ni siquiera para competir en superficialidad, tampoco para dejar a un lado esa niña que llevo dentro…

Tenéis las puertas abiertas de mi humilde morada en este 2017 para vivir y soñar, siempre con grandes dosis de esa proactividad que todo lo puede hacer posible.

 

¡Nunca dejemos de ser niños!

 

Son mis ilusiones infantiles las que todavía me hacen decir si percibo una fisura en la coraza de un hombre: no todo está perdido, hace falta poco para hacer palpitar a ese corazón detenido.

Elias Canetti

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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No vuelve a la realidad quien no huye de ella

 

 

Artículo publicado por Carmen Prada

 

Aún estaréis de puente muchos cuando estéis leyendo estas frases. Puedo decir que yo también tuve la gran fortuna de poder perderme y disfrutar descubriendo la segoviana comarca Tierra de Pinares. Un lugar entrañable con una riqueza monumental y gastronómica que no hay que dejar de conocer. Y cómo no, por las fechas en las que estamos, la sensación por todas partes de que la Navidad ya está cerca.

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Un lugar para perderse

Estos recesos en nuestra rutina, alejados del día a día y sus cargas, hacen que uno valore más todavía estos momentos. Pero no nos quedemos aquí simplemente, vayamos más allá, intentando hacer lo mismo con la propia rutina. Sé que puede parecer extraño lo que acabo de apuntar, pero por lo menos así lo siento yo.

Seguramente, en tu próxima salida no recuerdes esta pequeña reflexión, pero te invito a que en medio de esos días o momentos de placer y desconexión, te pares un instante a recordar tu día a día, ¡no te pares tampoco mucho en ello!, solo lo suficiente para darte cuenta que tus emociones son distintas a las habituales.

En mi caso, reconozco que descanso mejor por las noches, no me pesa tanto el final del día, el reloj no existe – y lo cierto es que este hecho es el que más agradezco-, las prisas desaparecen, el despertador no suena a horas en las que aún el día está comenzando a nacer…

Como podéis observar por lo que acabo de mencionar, soy de las que aprovecho al máximo estos descansos, pero, ¿para desconectar? Puede… ¿Y de qué? Quizá de las responsabilidades diarias que nos llegan a ahogar. Si nos paramos un instante a pensar, nuestra vida no está construida con piezas de diferentes colores y tamaños, que no encajan entre ellas. ¡Nuestra vida tiene una única realidad! Y os preguntaréis, ¿qué realidad es esa? ¡Nosotros mismos en nuestro conjunto!

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¿Por qué he llegado a esta conclusión personal y que no tiene por qué ser compartida? Porque probablemente vosotros mismos o alguien de vuestro entorno,  hayáis pronunciado la frase “otra vez de vuelta a la realidad”. El estado emocional en el que nos encontramos al pronunciarla es de frustración, nostalgia, tristeza… Sin darnos cuenta que nuestra vida la construyen todos los momentos por los que pasamos.

En muchas ocasiones podemos llegar a pensar “ya me gustaría no tener problemas y vivir a lo grande”. ¿Qué es no tener problemas? ¿Crees que no los tendrías si pudieses vivir a lo grande? ¿Qué quiero decir con esto? Que todo lo que conforma nuestra vida, son los grandes momentos y también los que no son tan gratos. Y quizá nuestra existencia sería más agradable si lográramos amar lo cotidiano, degustar las pequeñas cosas de cada día, exprimir y llevar a cabo con ilusión cada uno de nuestros quehaceres más humildes. Si nos paramos un momento a reflexionar, tal vez tengamos que reconocer que perdemos mucho tiempo y energía en resignarnos, lamentarnos, y anhelar bienes materiales superfluos, en vez de vivir con pasión cada segundo y poner los medios para desarrollar todo nuestro potencial, lo cual nos llevaría a conseguir metas nunca antes alcanzadas, que a su vez se traducirían seguramente en mayor calidad de vida y satisfacción personal.

Ciertamente, hay algo que nadie puede hacer por nosotros, y es precisamente vivir nuestra propia vida, sin quejas estériles, sino con una sonrisa hacia los demás y la alegría interior de quien intenta sacar lo mejor de cada momento, ya sea en el trabajo, en el hogar, o disfrutando de las bien merecidas vacaciones.

En el partido de tu vida, tú decides si juegas todos los minutos de titular o, por el contrario, otros juegan tu vida y tú te limitas a verla desde el banquillo o la grada, o incluso te vas.

No desaproveches ni un segundo, este partido tiene duración imprevisible y no existe la posibilidad de jugar la vuelta, así que juega para ganar aquí y ahora.

La mayor rémora de la vida es la espera del mañana y la pérdida del día de hoy.

SÉNECA.

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com y Carmen Prada

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Momentos de felicidad sin precio

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Artículo publicado por Carmen Prada

Aquí en El Bierzo el frío y la niebla ya empiezan a notarse, sobre todo a primeras horas de la mañana. También amanece más tarde, y eso está posponiendo el comienzo de una de mis rutinas matutinas, salir a caminar. El recorrido que más me gusta hacer discurre por la orilla del río Sil a su paso por mi ciudad, Ponferrada. Merece la pena escuchar el sonido del agua, del pisar sobre las hojas que ya han caído, y las especies de pájaros que por el lugar abundan.

Ese momento con el que doy comienzo al día es la coyuntura perfecta para dar la bienvenida a nuevas oportunidades y hacerlo con relajación. Es momento de hacerse preguntas, obtener respuestas, percatarse de situaciones que con la rutina pasas por alto, encontrarme, y cómo no, recapitular experiencias. El mejor día para este último punto es el viernes, ya que sin querer el balance de lo acontecido durante la semana llega solo.

Confieso que ha sido una semana complicada emocionalmente, aunque que el trabajar la automotivación ayuda, pero hay situaciones y circunstancias ya repetitivas en el día a día y debido a esta dichosa crisis, que son capaces de ponerle las cosas muy complicadas a la automotivación. ¡Ya sabéis que no soy de las que vendo humo! Por ese motivo, las emociones de frustración, tristeza, desaliento, desesperanza… no dejan de ser eso, emociones, pero que últimamente están acompañando demasiado a bastantes personas que seguro muchos de nosotros tenemos alrededor. Y hay que ser fuerte para no dejar que eso te afecte.

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Coincidió esta semana también que en uno de mis artículos, Permítete el lujo de ser feliz, colgados en uno de los grupos a los que pertenezco en LinkedIn, una persona me comentaba, buscando una respuesta: “Muchas veces me pregunto ¿qué es lo que estoy haciendo mal? Seguir adelante, trabajando e intentando abrir camino en una profesión y hacer que me encanta. Recompensas personales y emocionales muchas, económicas ninguna. Carmen Prada Fernández muchas gracias por tu reflexión, has motivado la mía”.

Siempre tengo la misma respuesta para esto y automáticamente se la hice saber. “No sabes cuánto me alegro por haberte aportado una dosis de motivación, Mª Carmen P. Me doy por satisfecha.
Te dejo una pregunta para que reflexiones sobre ella, ¿serías feliz y estarías encantada si tus estados emocionales fueran a la inversa, recompensas personales y emocionales ningunas y económicas muchas? ¡Haces lo que te apasiona, todo llegará!
Un abrazo enorme”.

La suya tardó en llegarme escasos minutos: “¡Has dado en la diana!”

Ella misma se dio respuesta, ¡no cambiaría su estado actual, aunque con ello tuviese mayores recompensas económicas!

Soy una persona ambiciosa con mis proyectos, con mis objetivos, en mi profesión, como persona, pero el objetivo principal no es vivir a todo tren pensando que el dinero me hará más feliz. ¡Jamás he pensado tal cosa!

Os hago estas preguntas y cada uno de vosotros que las reflexione y se dé respuesta:


¿qué lugar ocupa el dinero cuando uno se encuentra solo completamente?


¿Qué lugar ocupa el dinero cuando te juzgan por tu situación?


¿Qué importancia tendría si te pisotearan la dignidad?


¿Y qué sucedería su tu familia te faltase?

Claro que es importante nuestra economía, pero, ¿no será una excusa para no desarrollarse como persona eso de la falta de felicidad por no tener dinero? ¡Sería demasiado barata!

Os puedo decir, que aún con mi sana ambición de por medio, que es algo que a la vez me hace vivir el día a día al 300%, el dinero de poco me sirve para disfrutar de:

  • mi paseo mañanero y de todo lo que le rodea, que es paz interior, algo muy importante para afrontar los días más duros. Y os aseguro que esta semana los ha habido.
  • Todos mis amigos, las personas en las que confío, pero sobre todo en todas aquellas que de un modo u otro han depositado su confianza en mí.
  • Mi pasión por la escritura, de esa libreta que me acompaña a todos los lados y en la que hay muchas reflexiones y proyectos.
  • ¡Las personas en general! Vivo y respiro esa pasión. Una charla, una confesión, ese momento que no hace falta que te pidan aunque lo estén deseando, esa entrega incondicional…
  • El momento que le dedico con cariño cada día a mis flores y plantas.
  • Mis familiares, que sin ellos nada sería igual. Esas velas que se soplan en los cumpleaños, las comidas dominicales…
  • Los chistes inesperados y con una gracia desmesurada de mi esposo, que sabe en qué momento hacerme sonreír y qué temática es la oportuna para ello.

 

Podría seguir, ¿pero no os parecen suficientes? Os invito a que hagáis vosotros vuestra propia lista, esa lista llamada “momentos de felicidad que no tienen precio”.

Sí os puedo decir algo, y es que hasta el momento no conozco a nadie a quien el dinero le haya hecho ser mejor persona. ¿Tú sí? ¡Pues cuéntamelo, estoy dispuesta a rectificar si estoy en un error!

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com y Carmen Prada

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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