Vive la vida, es un regalo

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

“No desperdicies ni un minuto de tu vida, sino vive cada uno de ellos como un regalo que no volverá”. Carmen Prada

Sí, hoy es ese día del año en el que te das cuenta que algo diferente tiene, ¿puede ser que comienza para mí uno nuevo? ¡Exacto! Hoy comienza para mí un nuevo año, hoy la vida me regala sin haberme pedido nada, todas las oportunidades del mundo, y no solo 365 para alcanzar momentos de felicidad, lograr objetivos, metas, sueños, acumular momentos, llorar, reír, conocer a nuevas personas, ser consciente de que otras se apearán…

No sé tú como recibes los regalos, pero en mi caso como una niña inocente que se apresura a romper el envoltorio porque quiere enseguida disfrutar de la esencia.

Cuando llega tal día como hoy, hago balance de en qué medida he aprovechado el último año, y siempre me doy cuenta de que podría haberlo hecho mejor.

Quizá algunos de los que me estáis leyendo podáis pensar que soy demasiado exigente conmigo misma. Os puedo decir que sí soy muy inconformista.

  • Caminamos por la vida a medio gas.
  • Acostumbramos a posponer demasiadas cosas.
  • Dejamos de decir palabras importantes, pensando que ya llegará el momento para ello.
  • Nos fustigamos demasiado y sin piedad en muchas ocasiones, porque solo retenemos en nuestra mente lo peor que hemos vivido.
  • No nos proponemos metas ambiciosas por miedo a fallar o por la pereza que nos da abandonar la zona de confort…

 

Podría seguir, pero no quiero gastar ni un minuto más pensando en lo que nos perdemos.

Nunca aprovecharemos la vida lo suficiente, pero no será porque ésta no nos presente infinidad de posibilidades.

Te propongo que soples las velas de tu tarta no solo pidiendo un deseo previo, sino que también lo hagas tomando todo el aire posible para de este modo celebrar y con mucho aire en tus pulmones, todo lo bello que está por venir. Con los años, lo que no es tan bello lo vamos afrontando y sorteando porque para eso acumulamos experiencias.

Te propongo algo, no sé si tu cumpleaños está cercano, acaba de pasar, o está aún un poco lejano. Sea como sea, toma nota:

  • Vive ese día y cada uno de los restantes con una intensidad que te lleve a pensar que no hay un mañana.
  • No dejes de hacer nada por tus miedos. Hazte dueño de ellos y ten “una conversación seria” con ellos, para explicarles que a partir de ese día tú tienes las riendas de tu vida, no ellos.
  • No permitas que ningún tren pase y que te quede la duda de que quizá era el tuyo y lo dejaste escapar. ¡Sigue acumulando experiencias!
  • Da la bienvenida a cada nuevo día con una sonrisa. Y no dejes de regalarlas, hay personas que necesitan de las tuyas.
  • Quiérete, es fundamental estar bien con uno mismo para entregarse sana y generosamente a los demás. Dar sin esperar es una de las cosas más gratificantes que podemos vivir.
  • Jamás pierdas la esperanza, y para ello has de estar armado de autoestima para luchar contra las tormentas de la vida sin dejar de creer en ti mismo. Soy consciente de que vivimos en una lucha constante, pero, ¿disfrutamos de los logros? ¡Empieza a hacerlo!

¡Sí, y ya van 41 años! ¿Y qué? Feliz de vivir con pasión muchos momentos, de disfrutar de las alegrías, de saber llorar las penas, de hacerme más fuerte con las frustraciones, de ser conocedora de mis valores, de tener cada vez más claros mis principios, y de atreverme a tomar decisiones, acertadas o no.

Intento día a día crecer personal y profesionalmente sin perder el horizonte, no olvidarme de lo que soy. Una mujer honesta consigo misma y con los demás, demasiado transparente tal vez, pero así lo prefiero. Soy consciente de dónde vengo, en qué punto me encuentro y hacia dónde deseo ir.

Me queda mucho camino que recorrer, mis sueños los tengo claros, pero el trayecto es largo. Por eso decía con anterioridad que he caminado por la vida con un inconformismo continuo. Me apasiona cada una de las cosas que hago, e intento transmitirlo a todas las personas que me rodean.

He tropezado en muchas ocasiones, pero sé que si no hubiese intentado muchos de mis propósitos, estos tropiezos, que me han ayudado a aprender y crecer, no se hubiesen producido. La suerte hay que buscarla, llamar a la puerta y que después de tanto persistir, que ésta te reciba. Por eso, siempre digo que me siento afortunada por dedicarme profesionalmente a lo que me dedico, ya que es mi gran pasión. Las PERSONAS y todo lo que procede de ellas, mi gran y amado reto.

 

Doy gracias a la VIDA que me ha dado tanto.  Un 5 de marzo de 1977 mi madre me dio el mayor de los regalos que alguien puede recibir,  VIVIR.

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, de mi autoría

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Solo hay una opción sensata en la vida, vivirla

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Por Carmen Prada

A menudo he escuchado decir que cuando una persona sufre una enfermedad o un accidente y su vida corre peligro, parece que aquellos que le quieren están más preparados para asumir su pérdida… Reconozco que lo dudo, aunque también es cierto que las personas más queridas que me han dejado, ha sido en todos los casos de manera inesperada. Y puedo decir que las emociones se manifiestan como un huracán que llega a absorber todo tu ser y sentimientos.

Es duro levantarse un día, y que de una manera inesperada alguien te diga que una persona muy cercana y querida ha fallecido. Este hecho lo he vivido hace muy pocos meses, cuando me comunicaron el fallecimiento de uno de mis mejores amigos, alguien muy próximo en lo personal y profesional, un gran apoyo, en quien yo confiaba.

Cuando pronuncias la palabra muerte, las caras que percibes alrededor son de que se trata de un tema tabú, y mi opinión es que tratar algo tan evidente e inevitable, como también lo es la vida, con tanto terror e inmadurez, nos hace alejarnos de la realidad.

Es como si algo dentro de nosotros se partiese en varios pedacitos, el dolor se centra en el pecho y las lágrimas se hacen presentes como nuestras compañeras de camino. Algo cotidiano en lo que esa persona habitualmente estaba presente, nos hace recordar una y otra vez que ya no está, que no nos acompaña…

Aunque puedo decir que son innumerables las ocasiones en las que con el paso de los días me doy cuenta que esas personas están más presentes en mi vida quizá que en otros momentos lo hayan estado.

 

Uno mira al cielo en las noches estrelladas y busca cuál es la que más brillo tiene, porque sin duda, esa es la de cada uno.

 

Entonces dudas de todo, sobre todo de uno mismo. ¿Le dije todo lo que quería decirle? ¿Por qué no hice todo lo posible por verle el último día en el que quedamos para vernos? ¿De verdad sabía lo mucho que le quería y siempre le querré? ¿Le di ese tipo de abrazos que hacen crujir todo el cuerpo? ¿Estuve siempre que me necesitó? Qué sé yo, infinidad de preguntas nos inundan…

Y si éstas nos surgen con dolor, ¿será que algo nos estamos “perdiendo”? Podemos seguir toda la vida de luto, con lágrimas constantes, con recuerdos que nos alejan de toda realidad, fustigándonos por lo que dejamos sin hacer o eso pensamos… O, ¿por qué no aprovechamos estos azotes que nos da la vida para valorar todo lo bueno vivido y aprender de los posibles errores, para no volver a cometerlos con los que aún están en este mundo?

Hay personas a tu alrededor que te necesitan, que te extrañan en los momentos en los que estás ausente, viven tu dolor como suyo, cada lágrima que derramas salpica sus corazones, son testigos de tus desvelos, quisieran poder pulsar un interruptor y transformar tu llanto en tu mejor sonrisa. Pero no es tan sencillo, lo sé.

Él ya no está físicamente a tu lado. Pero sabes que le gustaría verte feliz, afrontando la vida con entusiasmo, contagiando tu alegría por doquier, algo que en ti es muy natural, pues es tu marca personal.

No te sientas mal por sentirte mal, tienes derecho a esos momentos, pero no olvides que a tu alrededor estamos personas que te queremos, que te comprendemos, pero que no renunciaremos a volver a reír contigo, pues eso también le gustará a él, allá donde esté. Muchos besos.

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, propia

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No dudaría en volver a reír

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Seguiré sonriendo a la vida…

Por Carmen Prada

Pocos días atrás, disfruté de una velada estupenda con una amiga. Son de esos momentos que te gustaría no terminasen por lo bien que te sientes, y eso que el encuentro se prolongó de madrugada, aunque no soy persona que suela trasnochar. Como siempre digo, la noche, al menos en mi caso, se hizo para descansar, y el día para exprimirlo al máximo.

En esta entrañable velada, nos fuimos a un lugar en el cual a esas horas ambas nos sentimos cómodas, un karaoke. Por un lado mi amiga, ¡qué tontería!, Nuria, que así se llama y merece ser mencionada por la fantástica voz que tiene, iba a gozar de uno de sus placeres, y por otro yo estaba en un lugar tranquilo, en el cual lo que haces es disfrutar en un ambiente sano y escuchando canciones de todos los tiempos.

Viendo a Nuria cómo disfrutaba, lo hacía yo. Estaba disfrutando de una de sus pasiones, cantar. ¡Se las sabe todas y su voz hace que el vello se llegue a erizar a quienes la escuchamos! Os confieso otra de mis taras, cantar. Sí, lo reconozco, lo hago fatal, pero si me tengo que decidir por alguna canción, siempre hay tres que están en mi repertorio. Con lo que me arriesgué a que se produjeran tormentas, huracanes y maremotos en mi zona y opté por una de ellas. Es una canción con poca letra, con un estribillo pegadizo, que a muchos quizá poco les inspire, pero sinceramente, la profundidad de sus escasas palabras cala.

Esta canción es la del ya fallecido Antonio Flores, (que de caídas, golpes y frustraciones supo un poco…); “No dudaría”. Era yo jovencita cuando comenzó a sonar, y es que a mí  me ha hablado en diferentes etapas de mi vida y mucho.

El famoso fragmento en el que dice “prometo ver la alegría y escarmentar de la experiencia…y nunca, nunca más usar la violencia…”, es grande todo lo que me trasmite…

Cuando pasan los años, te das cuenta que vas acumulando experiencias, penas, alegrías, éxitos, fracasos, nuevos acompañantes en tu caminar… Porque, ¿cuántas veces hemos hecho un pequeño alto y echado la mirada atrás? ¡Muchas!

 En el terreno profesional, la mayoría de las veces luchamos por ese puesto de trabajo con el que pagamos las facturas y la hipoteca, y solo por eso, que no es poco, intentamos ser optimistas. Pensamos que quizá no sea el trabajo de nuestra vida, pero nos consolamos con la recurrente frase de “hay gente que está peor….”, pues claro que sí. Es ahí cuando sin tener el trabajo de nuestra vida nos sentimos inspirados.

La cúspide de frustración llega cuando ese puesto de trabajo deja de existir y entonces nos lamentamos del tiempo perdido, malgastado… Yo soy de las que opino que de todo, absolutamente de todo, se aprende, de lo bueno y también de lo que no ha sido tanto…

Escarmentemos de las experiencias, saquémosle jugo, nutrámonos de lo que hemos aprendido y nunca olvidemos por lo que no volveríamos a pasar. Con la desilusión, la frustración, el desencanto…no ponemos solución a lo que ahora consideramos como tiempo perdido. Por ello, seamos capaces de ver con espíritu constructivo todo aquello que esa experiencia nos ha aportado por momentos. Y por supuesto, levantémonos, sigamos caminando, y no nos desprendamos nunca de nuestra paz, que nos faculta para superar cualquier “golpe mal dado”.

Cuando nos damos de frente en el terreno personal, quizá aquí, no escarmentamos tanto de la experiencia… Muchas veces no nos conviene, la venda la tenemos permanente y el pañuelo en la mano de una manera constante. ¿Tenemos capacidad para ver la alegría, cuando “llueve”? Pues tampoco. Caemos una y otra vez en la misma piedra, pensamos que no hay mañana y tampoco futuro, echamos la vista atrás, y solo recordamos los momentos de dolor.

¿Realmente creéis que escarmentamos de la experiencia? ¡Pues no! Y aquí sí que muchas veces somos demasiado crueles con nosotros mismos, nos causamos dolor, daño, pasamos a ser nuestros peores enemigos. Las heridas son muchas, las marcas más… Nos colocamos una coraza  y es entonces cuando utilizamos “la violencia” (fustigándonos continuamente…) Y es que somos cobardes, miedosos, tememos por lo poco que tenemos sin arriesgar, y llegamos a conformarnos con las migajas.

 La canción entona esa preciosa frase que dice “no dudaría en volver a reír”. ¡Pues claro! Mis raíces me han acompañado siempre, son el mayor legado, he tenido siempre muy presente mis cicatrices, pero solo para no olvidarme dónde no volver a meter el dedo, he intentado sacar el máximo provecho hasta de las situaciones dolorosas para recordar lo que las ha provocado y no llamar a esa puerta, me niego a rendirme y dejar de seguir luchando, deseo y necesito seguir Bailando bajo la lluvia para hasta poder disfrutar de ella y siempre, siempre he tenido muy claro lo que quiero y lo que no (cosa que no suele encajar la gente demasiado bien). Y es que, “no voy a dudar en volver reír, nunca”.

Mucha gente me dice que siempre tengo una sonrisa y casi nunca se sabe si tengo dolor. Amigos, sonrío porque continuamente la vida me da motivos y os aseguro que “prometo ver la alegría y escarmentar de la experiencia, pero nunca, nunca más usar la violencia… parachuruchuru, parachururuchururú…”

 

No dejéis de escuchar la canción, de poca letra pero de tanta sabiduría…

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen Carmen Prada

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Un tren llamado amor

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Con cariño por Carmen Prada

Un día lo conociste, pensaste que iba a estar siempre, pero se esfumó, y cuando regresó creíste que ahora sí se iba a quedar… Pero no, falsa alarma, volvió a tomar el mismo camino y se fue.

El amor es generoso cuando es puro, no avisa, llega, lo sientes, todo dentro se mueve, suena una constante melodía en tus oídos, brilla con luz propia… Seguramente todos sabemos lo que se siente, pero cuando vuelves a vivir la ruptura y ya con cierta edad, te vienen a la cabeza infinitos miedos, dudas. Llegas a pensar que ya no hay tiempo, mi belleza no es la misma, mi poder de atracción se ha ido, no quiero volver a sentir las mariposas porque ya me han herido, deseas huir del dolor, no quieres ni besos acompañados de promesas porque regresaron, se fueron, volvieron y en nada se quedaron… ¿Y ahora qué haces? Te vuelve a acompañar nuevamente la soledad, ¿no te asusta más ésta que el amor?

Al final te das cuenta que sin amor no puedes vivir, no encuentras un motivo, una razón… Necesitas esa caricia que nadie más es capaz de prestarte cuando realmente existe el amor.

Era de las que pensaban que mi tren ya había pasado, que no encontraría esa media naranja, y es que con el paso de los años uno se vuelve más exigente y ¡no, la vida volvió a ser generosa conmigo!

Él se presentó como una ráfaga de aire fresco en mi vida, el arco iris volvió a aparecer, la ilusión de una quinceañera resucitó… y cuando sientes estas emociones y otras muchas, te das cuenta de que esa es la otra parte de ti que te faltaba para poder ser más tú misma, pues somos seres relacionales, sentimentales, necesitados de una alteridad que nos complemente. Enseguida supimos ambos que habíamos encontrado ese amor que tanto añorábamos, la amistad, la confianza y la lealtad han forjado nuestro pasado, presente y seguro futuro. Cuando algo se construye con unos pilares tan fuertes como esos no hay huracán capaz de echarlo abajo.

El amor duele y duele porque sientes. No creo en las parejas perfectas, porque todo amor es imperfecto, pero lo importante es que los fundamentos del mismo sean sanos y auténticos, más allá de los defectos de cada cual. No nos durmamos cuando lo tengamos, no nos acomodemos porque ya lo hemos conseguido, se debe celebrar cada día, no tan solo el 14 de febrero, muéstrale que tus besos, palabras y caricias son algo más que simplemente eso, hazle ver que cada día es una oportunidad nueva de crecer y madurar juntos.

Mi ráfaga de aire hoy está de enhorabuena, celebra un nuevo año. Yo disfruto de una doble celebración, ese nuevo regalo que Dios le ha dado y el que este día lo volvamos a disfrutar juntos.

Por este motivo, te aseguro que ¡el amor existe! No lo temas. Porque si le das la oportunidad de que entre en tu vida, tienes la posibilidad de que se quede. ¿Y si es ese el tren del para siempre?

Desea ardientemente el volver a sentir el cosquilleo, los minutos previos a los encuentros, los mensajes que se hacen esperar, esa voz que te hace temblar, esas las palabras que se pronuncian cerca del cuello, una mirada penetrante… No lo niegues, no te resistas, lo necesitamos como al aire, pero esta vez…Pídele, diciéndoselo al oído, que no se vaya, por favor… Porque sin su presencia no puedes vivir.

Totalmente cierto, sin tu presencia me cuesta respirar. Una vez pronunciamos, “siempre es siempre”, y un año más disfrutamos de esa frase…

Y para terminar, os invito a disfrutar de una maravillosa canción, la cual escuché por vez primera cuando mi esposo me la cantó el día de nuestra boda, aunque el pobre estaba casi afónico…

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Mirada sensible o cruel etiqueta, tú eliges

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Artículo publicado por Carmen Prada

En varias ocasiones he comentado que me encanta la radio, me acompaña a lo largo de la jornada, y todos los días de la semana sin excepción. Este pasado domingo, en el programa de una de las mejores periodistas y con más grandes valores que conozco, como es Cristina López Schlichting, se trató un tema importante y actual del cual todos opinan y pocos saben… Una joven muy valiente, de nombre Belén Olías, nos habló de una de las más atroces y devastadoras enfermedades, el trastorno del comportamiento alimenticio. Relató el comienzo de esta esclavizante enfermedad, todo el dolor y sufrimiento vivido por ella en primera persona y también por su familia. Hoy por hoy sigue ingresada en un centro, pero su proceso va por buen camino, como ella misma relataba.

La Editorial Almuzara ha plasmado esta historia real en un libro, Clara frente al espejo. Os invito a su lectura, seguro que no dejará indiferente a nadie.

Mira que se escuchan estupideces sobre esta grave enfermedad, la anorexia nerviosa, pero para colmo de males, esta semana leí en uno de los muchos blogs que sigo, un artículo en el que se trataba este tema. El título del artículo es Anorexia a fondo, y al finalizar la lectura vi un comentario de un lector, y la opinión vertida la he oído muchas veces, se estila mucho. Textualmente, errores incluidos, escribe: “ufffff que mal x ellas una vida x delante lindas jovenes y fallacer x culpa de esta enfermedad estan locas esas que quieres parecer un hueso recapaciten!!”

Los pelos de punta se me pusieron después de leer tal despropósito, que ya no me sorprende. He escuchado de todo con respecto a este tema, y el problema es que vivimos en una sociedad en la que la ignorancia es demasiado atrevida.

Estas jóvenes, al contrario de lo que escucho habitualmente, no sufren esta enfermedad porque sean unas consentidas, ni lo hacen para llamar la atención, ni porque sean niñas tontas, incluso he llegado a escuchar que, “si están así es porque les da la gana…” Estos atrevidos ignorantes, que indaguen en internet y busquen Anorexia Nerviosa, a ver si nos enteramos que es una enfermedad mental que afecta al comportamiento alimenticio.

¿La culpa la tienen ellas? ¡NO! Hoy en día, es una mujer perfecta aquella que cumple con unos cánones de belleza. Te rechazan y critican durante la juventud porque estás demasiado “rellenita”, vas creciendo y una palabra innecesaria duele, no te dan un puesto de trabajo normal y corriente porque no tienes la presencia de una modelo, escuchas la opinión machacante de una amiga con el mismo tema siempre de “si bajaras unos kilitos”, guías didácticas que hoy están al alcance de muchas mujeres en internet sobre lo que tienes que hacer para llegar a tener una masa muscular casi inexistente… Con todo esto y mucho más, no me digáis que la culpa es de los enfermos. Pero fijaros, a todos les sale gratis colocar etiquetas, menos a esas muchachas y a su familia… Y digo gratis en todos los sentidos. El Estado ha prohibido fumar en los bares, la venta de alcohol a menores de 18 años, no hablar por el móvil mientras vas conduciendo… Me parece muy bien, porque como dicen, estas conductas pueden provocar enfermedades y muertes.

Y digo yo, ¿cuándo vamos a tener una ley que regule todo aquello que lleva a la tumba a muchas jóvenes por un trastorno alimenticio? ¿Cuándo se va a dar a estos enfermos un tratamiento más especializado en los hospitales públicos?

Ya vale de decir “esa chica es anoréxica” cuando se ve a una muchacha muy delgada. ¿Pero qué manera es esa de hablar? ¿A una persona que haya perdido el pelo en poco tiempo y tenga apariencia enfermiza se le denomina cancerosa? ¡Naturalmente que no!

Son muchas las personas que viven un auténtico calvario, que lloran cada día, que odian todo aquello que le rodea empezando por ellas mismas, muchas no ven la salida, otras viven toda su vida con esa sombra, son muchas las que ven sufrir a sus familias sintiéndose culpables pero sin fuerzas para salir adelante,  pero estoy segura que todas son valientes. También son valientes sus familias porque sufren tanto o más que ellas, son las primeras en no comprender qué le está pasando a su hija, lloran y lloran en silencio porque necesitan ante ellas mostrarse fuertes, jamás les sueltan la mano, es la prueba más dura que han vivido, solo les sostiene el amor.

Algunas se han ido, no han podido luchar, se vieron sin salida… ¡Pero la hay! Para mí son muy valientes, aun a pesar de la incomprensión social, son un ejemplo en muchos sentidos, con una gran fortaleza interior que les llama a vivir, no quieren perder el futuro que les espera, desean volver a encontrarse, disfrutar con sus amigos, familia, volver a endulzar el paladar y no preocuparse de esas etiquetas crueles y absurdas que algunos ponen.

La belleza importante es la interior, esa que huele a esencia, aquella que percibes y no sabes de dónde viene, la que descubres en una conversación, la que te transmite paz… La belleza no tiene dueño, está al alcance de cualquiera, sea cual sea su talla, porque es de talla única.

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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