Tú que ya no eres un niño, ¿quieres ser feliz o perfecto?

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Artículo publicado por Carmen Prada

Nos pasamos la vida lamentando aquello que no conseguimos o que no nos gusta de los demás y sobre todo de nosotros mismos, pues una persona que muestra frustración respecto a su entorno es seguro que arrastra frustraciones personales importantes. Hablamos de la felicidad casi siempre en abstracto, y parece mentira que después de miles de generaciones, la humanidad siga deambulando buscándola tan a menudo por el camino equivocado. Porque no hay una fórmula mágica para encontrar la felicidad, pero sí sabemos todos que determinados caminos no llevan a ella, y aun así…

El día 25 de noviembre se celebra cada año el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, y aunque este es un tema que da para escribir un artículo y no es el caso, no quiero dejar pasar la ocasión de decir que algo no se ha hecho bien desde hace años y que el camino que llevamos no es el correcto. Un ejemplo más de que como especie caemos siempre en los mismos errores / atrocidades y que al avance tecnológico no siempre lo acompaña el avance en valores.

Vivimos el día a día con continuas noticias de discriminación injustificada y variadas formas de violencia. A veces, parece como si fuera inevitable que el hombre fuese un depredador para el hombre. El canibalismo nos espanta, a Dios gracias, pero ante otras formas de autodestrucción estamos casi inmunizados.

¡Tampoco me extraña! Y es que, yo que soy del año 1977 puedo decir que nadie me enseñó en el ámbito escolar cómo gestionar las emociones y los estados emocionales que les acompañan.

Hace escasos días lo comentaba con el gerente de una empresa con la que trabajo, Dinamia Teatro. Miguel y yo hablábamos de forma distendida del aprendizaje en gestión de emociones que hace falta en el ámbito educativo y también familiar. El reciclaje es necesario en las diferentes materias académicas, pero, ¿en qué lugar queda la educación emocional para que las futuras generaciones sean capaces de hacer frente a los reveses de una sociedad cada vez más fría, deshumanizada y competitiva?

Aprender a manejar la intensidad de la vida que se nos presenta y los impulsos que resultan de ella, es clave para controlar nuestro comportamiento. Y evidentemente, hay que tener claro que la violencia y la intolerancia no son el camino para con los demás.

Las emociones influyen directamente en nuestra forma de pensar y en nuestra manera de actuar. Una realidad que está muy presente en muchos niños y jóvenes hoy en día es la baja tolerancia a la frustración. Hay niños a los que no satisfacer sus deseos con inmediatez les provoca un grado inmenso de frustración. Aunque en ocasiones no nos demos cuenta de estas situaciones, estos comportamientos afectan a su aprendizaje, a la convivencia con sus compañeros y a su maduración integral. De ahí a la violencia hacia compañeros, padres o profesores muchas veces el paso es corto.

Hemos de tener en cuenta que la inteligencia de una persona no tiene por qué ser proporcional a la empatía, sociabilidad, entrega, y tolerancia con otras personas. Y es que en una educación integral de la persona no solo hay que potenciar destrezas intelectuales o técnicas, sino también emocionales.

Algunos de los beneficios que se obtienen al desarrollar la inteligencia emocional son los siguientes:

– ser una persona emocionalmente inteligente es bueno para nuestra salud, y reporta beneficios psicológicos y físicos. Tener la capacidad de gestionar adecuadamente las emociones es fundamental para mantenernos estables y seguros de nosotros mismos;

conocerse a sí mismo pasa necesariamente por tener conciencia de nuestras potencialidades y limitaciones. Podremos entonces honradamente saber a qué decir NO o SÍ;

escuchar y practicar la crítica constructiva. Son demasiadas las ocasiones en las que somos hirientes sin importarnos las emociones o sentimientos que provocamos en los demás. Criticar sin una base sólida de conocimiento, respeto hacia toda persona y espíritu constructivo solo puede ocasionar dolor, injusticia y pérdida de credibilidad;

– aprender a valorar y aprovechar los aspectos positivos de cualquier vivencia, por amarga que ésta pueda resultar a primera vista. La vida es un continuo aprendizaje, y cada día nos encontramos con situaciones y personas que nos ayudarán a crecer, si estamos atentos y somos lo suficientemente humildes;

no perder nunca la sana curiosidad intelectual. La persona verdaderamente sabia es aquella consciente de que más allá de su limitado conocimiento hay siempre un océano de saber que aún ignora. ¡Pues nada, a seguir con nuestro aprendizaje!

Si sigues huyendo de ti mismo, entonces te advertimos que el amor, la alegría y la paz también se irán lejos de ti. Maddy Malhotra.

 

Profundiza en su mensaje…

 

 

*Fuente de la fotografía, Pinterest.es

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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No lo compliquemos más, por favor

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Por Carmen Prada

Partamos de la base de que la palabra “feminismo” es definida por la R.A.E. como “ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres”. Pero, ¿realmente sabemos lo que es una ideología? Pues dice la R.A.E. que es el “conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político…”

Bien, teniendo en cuenta que el “feminismo” es una ideología, se podría decir que el feminismo es un conjunto de ideas fundamentales, y se supone que éstas tendrán una cierta homogeneidad, más allá de matices, y que quienes apoyan esta ideología – y cabe suponer que la inmensa mayoría de las mujeres defienden tener los mismos derechos que los hombres – tendrán en su vida diaria una serie de pautas de conducta que también tengan una cierta homogeneidad, más allá de matices…

Todo esto no pasa de ser un razonamiento sencillo, pero la realidad es mucho más compleja, sin duda, porque lo que yo me encuentro en el día a día son mujeres que sí, que al menos de palabra piensan que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres, con lo cual son feministas, se reconozcan o no como tales, pero a la vez protagonizan situaciones que más bien reflejan lo contrario. Y no son nuestras palabras las que de verdad hablan de nosotros, no. Los que de un modo elocuente, certero y nítido hablan de cada uno de nosotros, son nuestros hechos, comportamientos y decisiones.

Soy mujer, con mis virtudes y mis defectos, y conocedora de mis limitaciones, con objetivos y metas en mi vida, en la cual nunca me han faltado obstáculos que salvar, y algunos por razón de mi sexo, es cierto. Pues fijaros, me atrevo a decir y sin pelos en la lengua que de esto nos estamos encargando todos, hombres y mujeres. Sí, chicas.

Lo mismo cobramos menos que ellos, en algunos casos, por el mismo trabajo, que necesitamos demostrar dos veces más nuestra valía para estar en puestos de responsabilidad, como escuchamos eso de “para este trabajo una mujer no valdría…”, sin olvidarnos de “¿tienes hijos o tienes pensado tenerlos?”, esto entre otras muchas. Por poner solo algunos ejemplos en el campo profesional.

Pero es que en el personal, también hay mucha tela que cortar. Evidentemente, a mí ninguna de las situaciones anteriormente mencionadas me hacen ni pizca de gracia, pero hemos llegado a un punto de irrespetuosidad en el que, ¡quién lo iba a decir!, recuerdo con nostalgia, y no porque me gustaran, aquellos tiempos en los que algún hombre, y no necesariamente albañil, te echaba un piropo. Ahora lo que se estila es la obscenidad,  ya que una mujer va por la calle y puede escuchar auténticas barbaridades que no se pueden ni reproducir, tanto de día como de noche. Si tales groserías las pronunciase una mujer… Uff, no quiero ni pensarlo.

Voy más allá, si un hombre suelta algún taco no pasa nada, es un hombre. Ahora, si éste lo reproduce una mujer, ¡menuda mal hablada! Si se toma 2 copas de más, tampoco pasa nada, es un hombre. Ahora, si lo hace una mujer, ¡cómo se pone ésta! Un hombre sale a tomar algo, a cenar… con varias mujeres, y se escucha “no sé cómo lo hace, pero éste siempre tiene una suerte…”. Claro que en el caso contrario, menos guapa cualquier cosa… Tampoco nos pasemos con la ropa, porque igual es que vamos provocando y después pasa lo que pasa…

Pero ojo, porque el machismo existe también porque hasta cierto punto lo hemos permitido, agachamos la cabeza ante situaciones injustas, hasta nos cuestionamos ser madres o no, según el mercado laboral. Pues algo falla, hay sin duda mujeres conformistas que están muy a gusto en su inmovilismo, no es que muestren mucho querer la igualdad. Sucede que después va otra mujer que sí da un golpe encima de la mesa y además con argumentos, y tiene un burofax en su casa cuando llega. Con lo que, como muchas veces he repetido, ¡las mujeres somos nuestras propias enemigas! Y siento si alguna se ofende y recurre a la frase, “¿y qué vamos a hacer?, aceptas o a la calle”. Perdonadme, solo que acepte una, se inicia esa diabólica dinámica…

Etiquetas ideológicas hay muchas, y reconozco que a mí me resulta harto difícil identificarme con cualquiera de ellas, pues en todas hay incongruencias y aspectos que chirrían, por no hablar de los intereses inconfesables que siempre hay detrás de cada movimiento ideológico, pero una cosa tengo clara, y es que posicionarse en contra de la injusticia de un modo sincero, pasa inexorablemente por denunciar aquellas situaciones de las que también podemos resultar injustamente beneficiadas a veces. Pongo 2 ejemplos, uno más desenfadado, que no frívolo, y otro mucho más grave. Me repugna ver cómo las mujeres entran en los garitos como ganado – esa es la idea – cuando su acceso es gratuito, mientras que los hombres han de abonar entrada. Y no nos quejamos, aunque nos utilicen como reclamo de clientela masculina. Me produce vómito que las mujeres entremos en ese juego. Pero aún me parece mucho más grave tener conocimiento de casos reales en los que la resolución judicial sobre la custodia de los hijos ha favorecido a la mujer, siendo ésta bastante más inadecuada que el padre para asumir esa responsabilidad. ¿Queremos igualdad y justicia? Bien, reivindiquemos, pero no callemos tampoco ante situaciones en las que un hombre tenga razón para protestar.

Como he dicho antes, no soy capaz de identificarme con ninguna ideología, y aunque sea de forma muy breve y simple, permitidme que enumere algunas:

-el machismo sostiene que el varón es por naturaleza superior a la mujer, y que por este motivo ésta ha de vivir sometida a aquel, sin poder desarrollarse como sujeto autónomo;

-el hembrismo es la contraposición del machismo, pues defiende el dominio, represión y prepotencia de la mujer respecto al hombre, así como la discriminación favorable a la mujer;

-el feminismo, como ya se ha explicado al principio, tiene como objetivo la reivindicación de derechos de la mujer, se opone a la dominación de los varones sobre las mujeres y a la asignación de roles sociales por razón de sexo;

-el masculinismo se considera la contraparte del feminismo, ya que busca la igualdad con la mujer, pero desde el punto de vista del hombre. Temas como la custodia de los hijos o la trivialización / silenciamiento / ridiculización  de la violencia de la mujer contra el varón son algunos de sus caballos de batalla habituales;

-el humanismo propone una ética en la que la dignidad y autonomía del individuo son centrales, aboga por la libertad responsable, la tolerancia y el altruismo, pero niega la dimensión trascendente de la persona, pues todo lo somete a pautas racionalistas, cientificistas y tecnologistas, haciendo del ser humano el centro de todo.

En fin, un artículo como éste, que no pretendo sea una tesis,  no da para más, pues el tema es complejísimo, y de cada una de estas ideologías se derivan a la vez un montón de variantes de toda índole, pero creo humildemente que si de corazón buscamos hacer de este mundo un lugar mejor, si procuramos practicar la empatía con nuestros semejantes, no tiene que ser tan difícil encontrar el equilibrio. Estamos en el mundo para caminar juntos, para construir juntos, para crecer juntos. Ni yo ni ninguna de estas ideologías está en posesión de la verdad, pero una cosa es segura, y es que cualquier iniciativa que fomente o se alimente de la ira, el deseo de revancha, la prepotencia y el afán de someter a los demás a sus esquemas, no hace más que complicar y aumentar el conflicto, lo que se ha venido a llamar tristemente como guerra de sexos.

No tengas miedo a echar a la basura tus prejuicios. No tengas miedo a liberarte de tus demonios. No tengas miedo a que te llamen iluso. No tengas miedo a construir un mundo mejor. No tengas miedo a ver en cada persona un regalo, una oportunidad. No tengas miedo al miedo.

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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¿Libertad sin o con ira?

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Artículo publicado por Carmen Prada

Tema de gran relevancia y actualidad, el de la libertad de expresión. Hoy por hoy y de un modo demasiado recurrente, se reivindica la libertad de expresión como si fuera un absoluto, sin detenerse a reflexionar que cualquier forma de libertad ha de ser ejercida con responsabilidad, sensibilidad y respeto por la libertad y dignidad de los demás. Nada nuevo, pues es habitual que se nos llene la boca exigiendo derechos, pero no nos gusta que nos recuerden nuestros deberes. Y cuando, en cualquier orden de la vida, las cosas no están equilibradas, se producen excesos y abusos. Equilibrio, sin duda uno de los conceptos más importantes e ignorados por la sociedad posmoderna, más dada al capricho y al ombligocentrismo.

Os invito a reflexionar un poco sobre unas cuestiones que me inquietan. En vuestro día a día, en cualquier ámbito de la vida, viváis en Soria, Zaragoza, Alicante, Badajoz, Barcelona, Luarca, Astorga, te dediques a lo que te dediques, sea cual sea tu condición social… ¿Te sientes libre en la práctica de tu derecho a la libertad de expresión? ¿Te sientes libre de ejercerlo muy a menudo? ¿El modo de ejercerlo otras personas de tu entorno, muchas veces te hiere? ¿Eres de los que piensan que a veces se abusa de la calumnia e injuria apoyándose en la libertad de expresión? Podría seguir…

Qué curioso me resulta, cuando observo cómo esa supuesta libertad de expresión en muchas ocasiones es secundada por una masa de personas, personas que ofenden a otras con esa manera de ejercer su libertad de expresión, y que se esconden cobardemente en el anonimato de la multitud.

Se me ocurre cuando se hace burla de la orientación sexual de una persona, también cuando se ridiculiza a alguien por razón de su credo, de igual modo cuando se señala a un enfermo de VIH por su condición, cuando resulta hasta gracioso el ver una malformación física en una persona y nos burlamos de su aspecto, las palabras o desprecios que se dirigen a un mendigo, la acusación permanente a las personas que defienden sin ambages la vida humana, cuando se prejuzga y se margina a alguien por su procedencia o el color de su piel…Demasiados ejemplos, pero muchísimos menos de los que se podrían citar en la misma línea.

Muchos se consideran con derecho a la libertad de opinión para la calumnia, injuria, falta de respeto, humillación… hacia las personas que tienen otra condición.

Desde luego y sin lugar a duda, en mi opinión el derecho al honor está por encima de la libertad de expresión, siempre que ésta dañe al prójimo con injurias, calumnias y ultrajes hacia las personas o hacia las cosas que tienen un valor simbólico, sentimental e identitario para un determinado grupo. ¿De verdad es necesario herir a otros para reivindicar yo lo que creo justo?

Hay muchas cosas que no son ilegales, pero que no hacemos porque sabemos que no proceden, como ir disfrazado cuando no es Carnaval, o ir vestido totalmente de blanco a una boda siendo la madrina. Quedarse en lo que es legal o ilegal es una muestra de gran superficialidad, no renunciemos a ser un poco más profundos, que seguro que si queremos, lo podemos ser. Hay espacios y momentos para la reivindicación, pero no procede llevar ésta a cualquier espectáculo o ambiente. En un mitin de Rajoy, Sánchez, Rivera o Iglesias, nadie va con la bandera del Betis, de la Real Sociedad o del Rayo Vallecano, sería absurdo. Igualmente, no es procedente ir al estadio de fútbol con la bandera del PP, PSOE, o de cualquier otro grupo o ideología política. Si la mezcla de deporte y política sirviera para que en la política hubiera más deportividad, aun podría aceptarse. Pero la experiencia demuestra que esa mezcla es venenosa por naturaleza.

Os aseguro que el homosexual, el mendigo, el enfermo, el católico, no se sienten en la mayoría de las ocasiones con la fuerza de poder ejercer la libertad de opinión. Y repito, me da igual la ciudad, el pueblo, la bandera, el politiqueo… Simplemente soy una persona que se atreve a ejercer la libertad de opinión sin necesitar el respaldo de otra o una masa de personas para reivindicarme.

Reconozco que en mi día a día hay muchos momentos en los que no digo lo que pienso, no ejerzo mi derecho a expresarme, porque este hecho podría causar un daño innecesario a un tercero, o porque si lo hiciese, el daño me lo causarían a mí. Con lo que, ¡la libertad de expresión algunos la utilizan para un bien personal, lleven por delante a quien se lleven! Se me ocurren muchos calificativos para este tipo de personas, podría ejercer como ellos mi libertad de expresión o de opinión, pero no lo hago porque resulta innecesario, y además me colocaría a su misma altura.

Utilicemos la libertad de expresión para el bien común y con sensatez, recordemos que la vida tiene memoria, y que en algún momento tirar de hemeroteca nos puede poner colorados.

La persona cabal, madura y bien educada sabe que no todo lo permitido es oportuno.

La persona sensible sabe que la libertad de expresión ejercida con tacto nos hace más humanos.

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Guapa y un poco puta…

artiArtículo publicado por Carmen Prada

 

Esta pasada semana ha tenido una gran repercusión la noticia que encabeza el artículo. ¡Y no me extraña! He sido de las personas que ha puesto el grito en el cielo, porque es ¡una auténtica vergüenza!

He compartido en una red social -en mi opinión la más profesional- dicha aberración, y me ha sorprendido que hasta el momento se han mostrado disconformes únicamente hombres.

Uno de mis contactos en dicha red, Rodrigo Herranz Serrano, al apreciar la noticia que había colgado, la compartió y agregó textualmente: “me parece increíble que, a estas alturas, sigan apareciendo anuncios de ofertas de este tipo, claro que, hay anuncios en los que no se solicitan tales “requisitos” y, cuando llegas a la entrevista, te dicen directamente que el puesto era para alguien con tu mismo curriculum (o algo inferior), pero con el pelo rubio, vestido ceñido y cuerpo joven…”

¿Cómo os queda el cuerpo? ¡Corroboro al 100% las palabras de Rodrigo! Pero voy más allá, me ha llamado la atención que ante esta “oferta de trabajo”, hasta la fecha no se haya pronunciado ninguna mujer, y los comentarios provengan de hombres a los que les parece impresentable.

¿Y por qué me llama la atención que ninguna mujer diga nada al respecto? Pues sencillamente porque esta barbaridad de oferta laboral es humillante, sexista y carente de escrúpulo. Rodrigo comenta que “sigan apareciendo anuncios de ofertas de este tipo”. Creo que en muchos sentidos de la vida la sociedad involuciona, y este es un ejemplo más. Claro que siguen apareciendo ofertas de esta calaña, pero quizá con un tacto más refinado, o sea, enmascarado… Pero si se supone que la mujer ya tiene otro papel en la vida profesional que antes no tenía, como escucho a menudo por ahí, ¿por qué siguen apareciendo estas ofertas? Mi opinión es rotunda y clara, ¡será porque hay candidatas para ellas!

Como mujer reivindico la igualdad en el trabajo en todos los sentidos, no a mi medida. Siento profunda tristeza cuando profesionalmente a una mujer se le valora por las curvas, por el estilo de caminar, por el color de su cabello, por ser resultona… O cuando escucho y doy fe de que así es, que en el mundo comercial, la mujer bonita y escotada tenga más probabilidades de vender que otra menos agraciada o discreta, o que un hombre.

Como tampoco veo justo que para aspirar a cargos de responsabilidad una mujer tenga que mostrar 3 veces más su valía que un hombre.

Simplemente mi deseo es que se me valore por mi formación, por mi experiencia, por la eficacia en resolución de conflictos, por la parte humana, por mi compromiso con lo que hago, por la dedicación y entrega, por la pasión en lo que me encomiendan…

Que me valoren simplemente por mi profesionalidad en igualdad de condiciones que a un hombre, no deseo ni más ni menos, únicamente deseo que mi capacidad y valía sean los motivos para optar a un puesto digno y respetable, y no por las piernas o la cara bonita.

Las mujeres podemos buscar infinidad de excusas para justificar cosas tan denigrantes como las que se están permitiendo, pero las que lo hacen perjudican a las que queremos y reivindicamos respeto y dignidad.

La belleza femenina, solo es un complemento…

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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