Esos golpes me hacen más fuerte

 

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

La única forma de no despertar envidia es no destacando. Si quieres destacar, acostúmbrate a ella.

¿Qué provocan los celos y la envidia en el mundo laboral? Un estrés derivado de la competitividad insana, habitual en el ámbito profesional.

El celoso o envidioso es un perdedor nato, con falta de personalidad y valores, sabe de antemano que tiene la batalla perdida y, ¿esto qué provoca? Un desagradable sentimiento de frustración y carencia.

Hace escasos días me vi envuelta en algo así, ¿por qué lo quiero compartir con vosotros? Sencillamente para mostraros mi actitud, no digo que sea la más correcta, pero os hablo de mis emociones en ese mismo momento y en mi reacción posterior al hecho.

Alguien escondido cobardemente tras un perfil falso en la Red Social más conocida y popular, me difamó y calumnió gravemente con respecto a mi desempeño profesional, publicando las mismas infames acusaciones en varias de las publicaciones que tengo en mi perfil profesional. Inconvenientes que tienen las Redes Sociales y a los que una sabe que está expuesta…

Hace escasamente poco más de un mes he comenzado mi propio proyecto, volcada totalmente en mi pasión, las PERSONAS. Trabajando con las empresas y profesionales la formación, el liderazgo, la resolución de conflictos, técnicas de ventas, gestión de equipos, selección de personal… Pero también con las PERSONAS que están en búsqueda activa de empleo. Desde que comencé, he sido consciente de que el camino no sería fácil, pero en esta vida apuestas por todo o eres perdedor. Esta última opción jamás la he barajado.

Mi ciudad, Ponferrada, es pequeña, y con un poco de ruido que hagas, ¡saltan todas las alarmas! ¿Dónde? En aquellos que viven en una inseguridad y miedo permanentes.

Reconozco que cuando vi tales difamaciones, no daba crédito. Lo cierto es que mi incredulidad alcanzaba tal punto que no era capaz de concebir que alguien pudiese hacer algo así.

Mis sentimientos fueron de tristeza, decepción, rabia, impotencia…, pero a medida que las horas iban pasando y me di un tiempo para reflexionar, me dije, ¡no has de temer nada, Carmen, si confías en ti plenamente! ¡Crees en lo que haces! ¡Vives por y para las personas!

Llegaron a mi mente frases como “si eres envidiada no tienes la culpa, será que las cosas las estás haciendo bien y eso escuece”.

Podría haber eliminado esos dañinos comentarios y ya estaba, pero después de reflexionar y con la mente fría, me dije: “lo vas a hacer público, que sean las personas que realmente te conocen personal y profesionalmente las que hablen por ti”. ¡Y así lo hice!

Solo tengo palabras de agradecimiento a los cientos de personas que de un modo u otro me apoyaron, me hicieron sentirme arropada, me valoraron y algunos de ellos con gran contundencia denunciaron tales hechos. Esta emoción no la puedo describir con palabras, pero no faltaron las lágrimas y en abundancia…

¿Cómo reaccioné a tal indignante hecho? Creciéndome, convirtiendo este acontecimiento tan desagradable en una gran oportunidad, levantándome y con elegancia, no dando opción al desánimo ni al abandono. Sé que sin duda la clave está en que creo plenamente en mí y en mi honestidad.

Me queda mucho camino que recorrer, pero mientras lo estoy realizando, no dejo de potenciar la autoestima, además de confiar en mis capacidades.

De este hecho he sacado muchas conclusiones, que te deseen mal y te intenten dañar no es culpa de uno, no está de nuestra mano, sino es responsabilidad únicamente de la otra persona. Con lo que si vas por la vida de frente, con honestidad, honradez, fiel a unos determinados valores…, no debes sentirte culpable por las carencias demostradas por otras personas.

No sé si con esta experiencia personal voy a poder ayudar a alguien a cómo afrontar estos reveses de la vida. Aun así, me gustaría dirigirme a dos tipos de personas:

 

  • si sientes celos o envidia, me atrevo a decirte que esos sentimientos no harán nada bueno de ti, salvo hacerte sentir más mezquino, vivir aún más estresado y a disgusto con la vida.

 

  • Si tú eres la víctima, no te sientas mal. No tienes la culpa de hacer las cosas bien.

 

 

Aprovecha los golpes para convertirlos en oportunidades. De esa forma, los que quieren hundirte verán cómo sus canalladas no hacen más que servirte de impulso.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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La más negra realidad es el no verla

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

“Peor que ver la realidad negra, es el no verla”Antonio Machado.

 

Cualquier circunstancia o acontecimiento puede servir para distraernos y dejar a un lado la realidad de nuestra vida en un momento determinado. La intentamos evitar o ignorar, como si por darle un tiempo se fuera a olvidar de nosotros. Pero sin duda, ¡es nuestra sombra! Una sombra que se desplaza de lugar, dependiendo de nuestro “posicionamiento” en la vida.

En ocasiones, no nos posicionamos frente a ella, bien sea porque no somos conscientes o porque no nos conviene verla.

Podemos encontrarnos, a modo de ejemplo, ante situaciones como:

  • una enfermedad propia o de alguien a quien queremos.
  • Nuestro negocio cae en picado e intentamos salvar algo insalvable.
  • Una situación de desempleo que escondemos ante la sociedad.
  • El hecho de no aceptar nuestras limitaciones, poniendo en peligro nuestra situación profesional y personal.
  • Una situación de pareja a la que le está fallando alguna de las patas, y se tambalea cada vez más.

Estos ejemplos son más que suficientes, ya que lo único que pretendo es poneros un poco en situación para lo que viene.

Dicen que realidad solo hay una, aunque la podemos colorear de diferentes tonos, pero no deja de ser personal e intransferible.

A veces la realidad duele, ¡pues claro que lo hace! Pero, ¿qué hacemos, escondemos la cabeza bajo tierra? ¡Lo aconsejable y sin otra opción mejor es hacerle frente!

Al final, lo que logramos es que nuestra mochila se vaya cargando de piedras, hasta que llega ese momento en el que explotamos y normalmente con consecuencias colaterales.

Sal de tu zona de confort, porque aunque a veces no se nos pase por la cabeza, el mirar a otro lado puede llegar a convertirse en nuestra forma de vida, en nuestro hábitat natural. De algún modo, nos hace sentirnos protegidos, sin pensar que afrontar las dificultades, las adversidades, los miedos…, es algo que tarde o temprano vamos a tener que hacer.

Dejemos a un lado nuestro orgullo, y llamemos a las cosas por su nombre con alguien de confianza, esa persona que sabes te va a escuchar y se va a interesar por lo que te está sucediendo. Realidades duras vivimos todos, existen en todos y cada uno de nosotros. Verás cómo a esa mochila pesada le va disminuyendo el peso.

Nos pueden dar otra visión, alguna idea, el apoyo que necesitamos, pero también un abrazo, el cual podría complementar todo lo anterior.

Es importante que nos queramos, que nos conozcamos, que no caigamos en la tentación habitual de autoengañarnos. La reflexión en soledad es lo mejor para afrontar eso a lo que tanto tememos. Han sido demasiadas las personas a las que les he escuchado decir que “no hace falta salir de tu hábitat natural para reflexionar”. Me posiciono al respecto en contra, y puedo deciros que continuar con la rutina cotidiana acaba por ser un “no tengo tiempo de nada”. ¿Realmente creéis que es eficaz? ¡Es otra excusa más para no encontrarnos!

Claro está que el que nos queramos depende en gran medida de las personas que nos rodeen. Cuanto uno más débil se muestra o parece, más carne de cañón se vuelve para los “depredadores”. Evita, echa fuera de tu lado a toda persona tóxica que limite tu liberación. Recuerda que las amistades y conocidos los elegimos nosotros, ten criterio para ello.

Recuerda que podemos ser cobardes o tomar decisiones. Sabéis que no soy una vendehúmos, y si alguno de vosotros tuviese la oportunidad de hablar con alguna de mis amistades, y les preguntaseis a cualquiera de ellas, “a Carmen cuando le pides una opinión o un consejo, ¿cómo es su forma de actuar?”, la respuesta sería siempre la misma, -“me dice lo que entiende es lo mejor para mí, nunca me va a decir lo que quiero oír”-. ¡Y así es! ¿Qué ayuda les proporcionaría entonces?

Quizá algunas personas de mi sector profesional difieran con respecto a mi forma de actuar, pronunciándose como en ocasiones he escuchado decir, “para qué decir algo que puede doler y hacer sentirse mal a quien te escucha”. ¡Perdonadme, pero a veces sí lo veo necesario! Con estas pequeñas “ayudas de vendehúmo”, pasamos de decirle “qué mono te queda ese vestido” (cuando realmente le queda horroroso y va haciendo el ridículo), a frivolizar con cosas realmente serias.

Seamos sensatos y honestos, no vendamos humo y sí en cambio dosis de realidad. Con dulzura, con humanidad, con sensibilidad, con cariño, pero siempre con la verdad por delante.

“Puedes seguir poniendo excusas en tu vida, o puedes optar por ir a por el éxito. Pero ten en cuenta que todo comienza en uno mismo”Carmen Prada.

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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¡Porque tú lo vales!

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Artículo publicado por Carmen Prada

El pasado domingo, mientras disfrutaba de una de mis pasiones, que a veces me hace sufrir un poquito más de la cuenta, como es acudir a los partidos de fútbol de mi equipo, una de mis amigas e incondicional de la S.D. Ponferradina en las alegrías y en las penas, Mary, me pidió que le hiciera una fotografía.

Una vez la pudo ver, no me extrañó su reacción por su vitalidad, modo de ver la vida, disfrutarla sanamente al máximo, involucrarse en aquello en lo que se le necesita… Su respuesta para mí era predecible, aunque no deja de ser sorprendente al escucharlo en una mujer. Ella dijo, “¡he quedado guapísima!” Yo le sonreí y le contesté, “¡olé, tú no necesitas madrina, así me gusta!”

Su siguiente respuesta fue un testimonio fehaciente de quererse a uno mismo y estar a gusto con su persona. Su respuesta a mi olé fue “Carmen, si yo no me lo digo y no me quiero, ¿quién lo va hacer por mí?” Ahora y en público, Mary, te vuelvo a decir ¡olé, olé y olé!

Cuánta carga de verdad y sabiduría en sus palabras. En esta vida hay de todo, está claro, pero tendemos más al castigo que al premio. Vemos pasar la vida ante nuestros ojos esperando y necesitando que alguien nos valore, nos aprecie, nos quiera, nos respete, y a partir de ahí parece que ya tenemos “licencia” para querernos, cuidarnos, mimarnos, decirnos palabras bonitas y como en muchas ocasiones digo, darnos besitos.

Parece que es necesario el visto bueno de alguien para sentirnos bien con nosotros mismos. ¡Grave error!

Porque del mismo modo que comenzamos así a querernos, con los gestos y buenas palabras de otros, nos martirizamos por las maldades que nos acechan, y éstas lo hacen cada día…

Me gustaría observar que hay personas que no necesitan tapar nuestro brillo para que ellas mismas luzcan, pero lamentablemente no todas las personas utilizan como principales armas en su vida la generosidad y honradez. También es cierto que ese brillo malicioso acaba por esfumarse poco a poco, dejando en evidencia a la verdadera persona.

Por este motivo, quererse a uno mismo y mostrarlo nos hace más fuerte ante los demás. Evitemos a esas personas tóxicas que solo alcanzan momentos placenteros cuando observan que nuestro brazos están caídos. No seamos la carne de cañón que ellas necesitan para alimentarse…

Como comenté anteriormente, la vida pasa demasiado deprisa. No nos da tiempos extras. Desconoce nuestra pérdida de ocasiones. No tiene en cuenta si la estamos aprovechando o no. Simplemente pasa, y con el tiempo nos lo recuerdan las cicatrices.

¿Cómo podemos empezar a valorarnos y querernos?

  • Al comenzar el día y mientras te aseas busca un espejo. Habla en voz alta contigo mismo y empieza la mañana gustándote. No pienses en agradar a nadie, es indiferente tu estado civil, no busques complacer a otras personas, vístete, maquíllate, ponte o no tacones… pero que el resultado final sea “¡cómo me gusto!” Verás que este simple hecho hará que te sientas poco a poco más seguro de ti mismo.
  • ¡Prémiate! Date algún capricho, hazte algún regalo. ¿No lo haces con las personas a las que quieres?
  • Ser vanidosas de nada nos sirve, todo lo contrario, pero, ¿por qué no echarnos algún piropo para reforzar la autoestima?
  • No caigas en el error de dejar en manos de otros tu fortaleza emocional, mima y entrena esa fortaleza. Alcanzamos esa fortaleza cuando somos capaces de afrontar miedos, frustraciones, tristezas… ¡Tiremos de personalidad y seguridad en nosotros mismos!
  • Utiliza frases, en privado pero también en público, tales como: ¡me gusto!, ¡me lo merezco!, ¡me lo he ganado!, ¡me siento estupenda con este nuevo corte de pelo…! No temamos hacerlo, espantemos a esas personas que quieren tapar nuestra luz.
  • Reflexiona, profundiza en ti mismo, respeta tus tiempos pero también haz caso a todo aquello que sale de ti y te habla…

Podría seguir y seguir, pero este puede ser un buen comienzo. Nunca pronuncies que no vales, que te queda grande, que el problema eres tú, que eres la más fea de tus amistades, que te gustaría parecerte físicamente a…, que es normal que no te quieran… JAMÁS pronuncies nada de esto porque, ¿quieres que te diga algo y no te conozco? Bueno, en esta ocasión te lo va a decir alguien que ha dejado un gran legado. “Si has nacido sin alas, no hagas nada por impedir que te crezcan.” – Coco Chanel-

En honor a Bimba Bosé, con carisma y luchadora…

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen de Pixabay

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Deja caer tus hojas secas

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Una de esas hojas…

 

Por Carmen Prada

Con la entrada del otoño, llegan frases como “tengo una desgana…”, “me siento cansado y no he hecho nada”, “estoy medio depre”. No sé vosotros, pero yo las escucho a diario, y de algún modo esta estación no pasa desapercibida para muchos de nosotros.

Se dice que 6 de cada 100 personas padecen depresión otoñal, lo cual demuestra que sin llegar a ser algo generalizado, sí es algo que fácilmente puede afectar a alguien conocido o de nuestro entorno, pues la media es 1 persona de cada 16, cifras muy considerables. La aparición de este trastorno depende de diversos factores, como pueden ser el clima de la región en la que vivamos, cuestiones hereditarias y ambientales, e incluso la propia biología del cerebro, así como enfermedades crónicas, entre otros.

Cierto es que nuestro cuerpo y nuestra mente hacen puuff. Pasamos de la euforia del verano, con las vacaciones tan deseadas, la playa, la buena temperatura, las terrazas… Y de pronto, nos encontramos con una situación completamente diferente, anochece más temprano, las temperaturas empiezan a descender, el cambio de armario…

Hace unos días hablaba con una amiga y me comentaba que no sabía por qué, pero que parece que todo le afecta más en esta época. ¡Y es cierto!

Emocionalmente nos sentimos más vulnerables, situaciones o circunstancias que en otros determinados momentos no nos afectarían, en esta época todo parece un mundo. Las emociones están a flor de piel, nuestra sensibilidad es mayor, ya que también se acercan épocas de encuentros, de recuerdos, de reflexión. Y en muchas ocasiones volvemos a revivir momentos o palabras que se habían quedado lejos.

Hay una frase que me gusta mucho y que es muy significativa, del otoño aprendí que solo se caen las hojas, el árbol sigue en pie.

Debemos hacer una lectura positiva de estas emociones que recorren nuestro cuerpo y mente en esta época. Puede ser un buen momento para hacer una limpieza interior, sacudirnos de esas hojas secas que nos acompañan durante el año. La reflexión nos puede ayudar a sacar de nuestro yo más profundo todo aquello que llevamos acumulando, y en esos momentos en los que disponemos de tranquilidad, manta, sofá, nos puedan servir para hacer una cura de todo lo que nos rodea o incluso de nuestra propia persona.

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Amor de otoño…

Hay momentos en la vida en los cuales nos debemos enfrentar a una carga emocional importante, nuestra vulnerabilidad es mayor y esto también afecta a nuestra salud física. Nuestras defensas bajan, nuestro cuerpo se encuentra más debilitado, y se llega a producir un cúmulo de circunstancias que quizá ya existían, pero es en este momento precisamente en el que nos damos cuenta de todas ellas.

Siempre van a existir hojas secas, esas que por su propia naturaleza se acaban desprendiendo del árbol, pero también existen aquellas que por muy amarillentas que estén no se quieren desprender de las ramas. Y digo bien, no se desprenden, ¿y por qué?

Nos cuesta deshacernos de nuestros miedos, de personas tóxicas, de amistades que ya no son tal, de situaciones que se repiten a diario en nuestra vida y nos están haciendo daño, dejar de aferrarnos a lo poco que tenemos cuando podemos aspirar a más, conocer nuevas personas que nos aporten brotes nuevos para el próximo cambio de estación…

Algo sí es cierto, y es que hay cuatro estaciones y que cada año se repiten, pero, ¿y si para alguna venidera tanto el árbol como todas sus hojas se han secado?

No os voy a mentir, no me gustan los cuentos de hadas y menos a ciertas edades, las películas de ciencia ficción reconozco que no son lo mío, todas las historias de amor no terminan con final feliz y por desgracia, todo sueño lo debemos luchar pero quizá solo se quede en eso.

Pero lo realmente importante es que la vida debemos exprimirla al máximo, porque ésta no nos espera,  la fortaleza de la que nos debemos aprovisionar debe llevar una carga extra de optimismo, es importante pensar que las emociones son vitales en nuestra vida y no podemos pretender que todas ellas sean buenas. Son muchas y diversas las emociones con las que hemos de convivir, y no todas son alegres ni satisfactorias, pero es la vida, y nos acompañarán lo largo de la  misma independientemente de la estación en la que nos encontremos.

Veamos nuestro día a día poniendo la atención en los bellos colores que nos deja el otoño, que como cualquier otra estación está repleto de atractivos y encantos, todo depende de los ojos con los que  observemos el mundo que nos rodea.

Y sin duda, deja caer las penas caducas y reafirma tus proyectos con un corazón lleno de perenne esperanza…

 

 

 

Os dejo con uno de mis cantantes preferidos, ¿puede ser por mi romanticismo empalagoso? Manuel Carrasco – Otoño, Octubre

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, José Manuel López Gay (Amante de la fotografía)

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Permítete el lujo de ser feliz

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Optar por la fortaleza y la felicidad

Por  Carmen Prada

Ha comenzado el otoño y éste va dejando huella. Antes de dar comienzo a la escritura de este post, reconozco que algo me llamó la atención, y es que al mirar por la ventana y teniendo en cuenta la hora que era, 18.37 horas, la luz del día ya nos estaba abandonando.

¿Dónde quedaron esos largos días con la permanente luz del verano, el disfrutar en una terraza de una cafetería después de la cena, los rayos del sol que daban alegría al día, las sandalias y faldas sin medias, esas tardes en la piscina o río y los más privilegiados en la playa, las deseadas vacaciones, los sabrosos helados…? ¡Muchos momentos que quedan grabados en nuestra memoria!

¡Pero no, no quiero vivir de momentos ya pasados! Porque el hoy, también es tanto o más bello y enriquecedor.

Ya han cambiado los colores en nuestros bosques, vemos las hojas secas en el suelo por la ciudad, ese rayo de sol que se escapa entre las nubes y lo buscamos hasta situarnos bajo su cobijo, los días más cortos que nos hacen ver que las horas pasan y así poder aprovecharlas mejor, ese café que se aprecia a cualquier hora del día, esos fines de semana entre mantas y películas que simplemente busco que me hagan sonreír y salir de la rutina.

Estoy de acuerdo que hay momentos y personas en nuestra memoria que aunque ya no están presentes, jamás nos van a abandonar. Siempre habrá recuerdos que nos harán llorar pero también reír. Lo que no debemos hacer es pensar en lo que fue y ya no es o no puede ser.

La situación actual no acompaña, y casi diariamente me encuentro con personas “perdidas”, buscando no saben muy bien qué. Una y otra vez les vienen a su cabeza aquellos tiempos mejores, su vida es una continua vorágine de malos pensamientos, de tortuosos “podría haber sido si no…” ¡Ya basta, vivamos el ahora! Es doloroso ver cómo se vive en una continua auto-tortura.

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Hace escasos días estuve charlando con una persona que necesitaba de mí, y así me lo hizo saber. Su situación es la de muchos españoles, con miedos, viviendo al día, sin ver luz al final del túnel, dando tumbos, y como mencioné antes, “perdida”. Complicada pregunta me hizo, “¿qué puedo hacer que no estoy haciendo para salir de esta situación que me está machacando?” Difícil de responder… Y ya no os digo nada cuando a una persona así la tienes a escasos centímetros de ti y le estás mirando a los ojos.

Y es que además cuando uno entra en una situación de crisis emocional, todo tiempo fue mejor, la desesperación nos coloca vendas en los ojos, tendemos equivocadamente a tomar decisiones, hace que nos agarremos a clavos ardiendo que después nos dejan huella, y hasta uno se llega a convencer que cualquier capricho o cosa buena que le suceda en la vida, no la merece y además no se puede permitir el lujo de disfrutar.

¡Demasiada dureza con uno mismo!

No sé si la respuesta al consejo que me pidió fue la más apropiada, ni tampoco si le va salvar del abismo actual, tampoco si la llevará a cabo… ¡No sé nada!, pero lo que sí tengo claro es que esos ojos humedecidos necesitaban de claridad.

Pasé un largo rato con ella y, entre otras muchas cosas, le dije con mucho cariño;

  • “debes encontrarte, debes buscar dentro de ti. Todos tenemos un pasado, algo que nos puede torturar, pero ocurra o no solo depende de nosotros. Esa camarera nos ha servido el café con un ¡buenos días! explosivo, el hombre que acaba de pedir el café tiene buena cara, yo misma tengo una sonrisa dibujada, ¿pero realmente crees que ninguno de nosotros tenemos problemas? ¡Claro que sí! Lo único que nos puede diferenciar es nuestra fortaleza emocional, o quizá el disfrutar de lo que hacemos día a día”. Entonces le pregunté, “¿qué te haría feliz en este momento?” Su respuesta fue clara, “disfrutar con algo que me llene en el trabajo, pero tengo muchos miedos, ha habido demasiados cambios en mi vida y tengo que volver a empezar de nuevo”.

Ella misma se había dado respuesta, tenía que olvidarse del pasado y comenzar una vida de la cual ella debe ser su propia dueña. Llegado este momento su gesto cambió, y ante esta respuesta yo le comenté, “¿qué te puede parecer más emocionante que crear tu propia vida desde 0? Date caprichos, y hay caprichos que no cuestan dinero, cambia tu vida social, empieza por hablar contigo misma, quítate esas etiquetas que tanto te están pesando, empieza a pensar que la vida es un reto para todos, que nadie lo tenemos fácil si caminamos por ella con honradez, busca momentos para ti, no tomes decisiones en estos instantes… Pero ante todo, ¡permítete el lujo de pensar que sí mereces ser feliz y trabaja para ello!”.

Todas estas palabras entre otras muchas fue las que intenté transmitirle, pero el mensaje final daba respuesta a su pregunta inicial, ¡permítete el lujo de pensar que sí mereces ser feliz y trabaja para ello!

Hagámoslo todos, y a la vez os invito, como así se lo dije a ella, a que nos hagamos las siguientes preguntas;

  • “¿de dónde vengo?”
  • “¿En qué momento estoy?”
  • “¿Dónde quiero llegar?”

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Carmen Prada y Pixabay.com

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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