Si estás triste, te regalo una sonrisa

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Llevo días reflexionando sobre el tema que voy a abordar hoy. Cada vez son las personas que observo, conozco y a llegan a mí con un denominador común, la tristeza.

¿Será uno de los grandes males de esta sociedad?

La tristeza es una de las seis emociones básicas (no natales) del ser humano, según Paul Ekman, junto con el miedo, la ira, el asco, la felicidad y la sorpresa. Es una clase de dolor emocional o estado afectivo provocado por un decaimiento espiritual, y expresado a menudo mediante el llanto, el rostro abatido, la falta de apetito, la laxitud, etc. A menudo nos sentimos tristes cuando nuestras expectativas no se ven cumplidas o cuando las circunstancias de la vida son más dolorosas que alegres. El sentimiento opuesto es la alegría.

 

Estar sumido en la tristeza trae consigo varios síntomas que nos pueden alertar de que la estamos la estamos sufriendo:

  • insomnio;
  • desánimo y decaimiento;
  • aislamiento y falta de vida social;
  • Frustración e ira;
  • falta de apetito;
  • fatiga y pérdida de energía;
  • sentimiento de culpabilidad;
  • llanto, sin motivo aparente para ello.

 

Pero no todo lo que la tristeza nos hace llegar es negativo. Ésta es una emoción útil que nos puede ayudar a crecer y desarrollarnos. Puede ser el motor, aunque parezca extraño, para percibir nuestros errores y llegar a corregirlos. Paradójicamente, la presencia de un poco de tristeza en la vida puede resultar sana, eso sí, sin llegar al estado de depresión. Porque hemos de aclarar que estar triste no significa estar depresivo.

Quizá muchas veces no nos damos cuenta de que hay personas muy cercanas a nosotros que están pasando por un momento desagradable, incluso grave, puede que incluso emocionalmente se sientan como una noria.
Sería bueno en nuestra vida parar de vez en cuando, y mirar a nuestro alrededor.

Profesionalmente, acostumbro a trabajar la motivación y ayudar a madurar una autoestima sana, cuando me encuentro con este tipo de personas.

Pero, ¿y cuándo hablamos de amigos o familiares? Sin duda, es cuando más nos necesitan, aunque a veces no se percaten de ello, y también es cuando más debemos estar a su lado.

Es necesario identificar por qué sentimos esta emoción, ponerle padre y madre. Cuando en ocasiones cerca de mí hay una persona que pasa por un momento así, le hago la siguiente pregunta, “¿qué es lo que te causa tristeza?”, “¿qué te impide sonreír?”. En algunos casos sabemos el por qué, en otros muchos la respuesta es “no lo sé”, y a veces esa es la respuesta a ambas preguntas.

Acompañarles en este momento no significa avasallar su intimidad, va más allá de todo esto.

Va de respetar los momentos de silencio, de espacio, de reflexión…, de esa amiga/o que tienes, aunque a veces a uno se le haga duro ver como ella/él pasa por esta situación y además sin tener muchas noticias al respecto.

Todos en algún momento hemos pasado por sentir tristeza, ¡sin ir más lejos yo misma! Por eso soy conocedora de la importancia que tiene disponer de tiempo para estar con uno mismo, ¡cómo no lo voy a entender!

Pero eso sí, cuando tengas cerca a alguien en ese momento delicado, y quizá piense que no es la mejor compañía en ese momento, que resulta un estorbo, que no quiere aburrirte, hazle ver que lo que necesita más que nunca es alguien con quien charlar, que le escuche y compartir.

Debemos levantar la vista, caminar por la vida con atención, no mirarnos tanto el ombligo, saber escuchar, estar más atentos…, porque puede que haya alguien a nuestro alrededor que nos pueda estar necesitando.

 

Es el momento de charlar, tomar un café y respetar sus lágrimas, es el mejor regalo que a alguien le podemos hacer en estos momentos de tristeza y apatía. Quizá siga sin saber por qué se encuentra así, pero lo que sí tendrá claro, es que no está solo.
¡Eso sí, preguntémosle si le apetece! Porque sus espacios y momentos, son necesarios. Y su libertad, innegociable.

 

¿Tomamos un café y te regalo una sonrisa?

 

 

 

 

Carmen Prada – Consultora  de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Propia

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Si eres madre, tienes un plus

 

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Mientras muchos de vosotros estéis leyendo este post, yo habré vivido en primer lugar, un taller dirigido y organizado por mi compañera y amiga Noema Fernández (Psicóloga Perinatal y Familiar) y una servidora. El tema, “El emprendimiento y la maternidad”.

¿Por qué este tema? Porque estamos encantadas de aportar nuestro granito de arena a un tema tan complejo y a la vez socialmente asimilado y no del modo que nos gustaría…, como es el hecho de ser madre y estar en el mundo laboral.

Por supuesto que todas las mujeres, siendo o no madres, luchamos día a día por demostrar ese plus que se nos exige para ganar una de las batallas aún pendientes en este siglo XXI. La mujer en el mundo laboral y la situación que ocupa es un tema en el que hoy me voy a mojar al respecto.

Son muchos los prejuicios con los que una mujer camina por la vida, los roles que en determinados momentos se presupone debe desempeñar. Pero, ¿y si empezamos a asumir que parte de ellos los llevamos cargando hace años también nosotras y en ocasiones poco hacemos para cambiarlos? Sí, lo habéis leído bien, ¡poco hacemos entre todas!

Una mujer no tiene por qué ser madre porque venga casi impuesto por la historia que nos precede y seguimos consintiendo, pues hay circunstancias diversas como problemas de salud, situaciones familiares o económicas, o simplemente el hecho de haber decidido que ese no era su camino en la vida. “Pero, y los niños, ¿para cuándo?”; “ahora que os habéis casado, pronto vendrá el pequeñín, ¿verdad?” Qué manía de meter el hocico en la vida de los demás…

 

A mi alrededor, hay amigas y conocidas que cuando hablamos del tema de la maternidad, me han llegado a confesar más de una vez que “si no soy madre nunca me sentiré realizada”, y esta es una de las consecuencias de la manía social de marcarle el camino “políticamente correcto” a las personas.

Por otro lado, está esa mujer que sí quiere ser madre, pero los miedos le hacen dudar, y algunas dudas están derivadas de situaciones complejas con respecto al trabajo;

  • tienen miedo a perder el actual;

 

  • piensan que si se decantan por ello, les va a resultar muy difícil regresar a posteriori al mundo laboral…

 

 

¿Os dais cuenta, chicas, que hay mucho camino por recorrer?

Está claro que el mundo laboral ya está difícil de por sí, pero no construyamos  más obstáculos nosotras mismas en vez de desmontar esos mitos que llevamos años heredando de la mujer, maternidad y dificultades laborales.

¡Seamos inteligentes, chicas!, y es que la ciencia nos avala, cuando una toma una decisión con tanta responsabilidad como es la de traer un nuevo ser al mundo, es capaz de muchas cosas. ¡Solo nos queda colocar esas cualidades encima de la mesa, pero además con estilo!

Últimamente escucho a menudo que “según están los tiempos, o montas algo por tu cuenta o no haces nada”. Lucho cada día porque no se vea el emprendimiento como la única alternativa, sino como una alternativa más, aunque personalmente opine que es la más apasionante. Pero no el único camino.

Ya has demostrado al decidir ser madre que eres capaz de tomar decisiones importantes. Pues además, he de decirte que mediante el proceso de crianza de tu hijo, puedes adquirir o perfeccionar los siguientes puntos fuertes:

  • buena gestora del tiempo, sí o sí necesitas una organización minuciosa del día a día;

  • te toca desempeñar a lo largo del día varios roles, con lo que tienes una capacidad de adaptabilidad extraordinaria;

  • ser líder, tus hijos ven en ti a su principal referente, y sabes que no hay mejor método de enseñanza que el buen ejemplo;

  • capacidad para mediar y resolver conflictos, a menudo a través de la negociación. “Si haces esto…, a cambio…”;

 

  • gran administradora de los recursos, ya que cuando la familia crece, en la economía hay que priorizar;

 

  • de oratoria y comunicación verbal, ¡nada que dudar! El modo que utilizas para que tus hijos te comprendan y sigan el camino que les marcas, debe ser claramente entendible a la vez que conciso;

 

  • está claro que el miedo a asumir riesgos, es una asignatura que ya aprobaste y con sobresaliente. ¡Sácale partido!

 

El número de mujeres en puestos de responsabilidad en medianas y grandes empresas está empezando a crecer. Eso es buen síntoma, es una de las consecuencias de la lucha de esas mujeres que tienen las ideas claras, sin miedos, capaces de mostrar su valía, ambiciosas…, y todo porque todas estamos en la misma carrera.

 

Cuando te sientes frente a un entrevistador, recuerda que ya has optado por un proyecto de vida, y hazle ver todas las competencias que éste te ha otorgado, y además, ¡hazlo con orgullo!

Si antes o después de ser madre decides emprender, enumera de cabeza o escríbelas una por una esas destrezas que has adquirido, y decántate por un nuevo proyecto, en este caso laboral.

 

¡No lo dudes, hazte valer! ¡SER MADRE ES UN PLUS!

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

*Fuente de la fotografía, Pinterest.es

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Vanidad de vanidades

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Artículo publicado por Carmen Prada

La semana pasada estuve con una amiga que me hizo recordar una vez más el tema que voy a tratar hoy.

Hacía muy pocas fechas había fallecido su abuela, además de una manera repentina, lo cual todavía lo hizo más doloroso. Cabe destacar que mi amiga es una persona con un gran corazón, mucha humildad en combinación con su generosidad, y algo que impacta cuando la conoces es su belleza interior. Estaba muy apenada y llevaba días acompañada del llanto. Reconocía que tanto ella como su abuela -con la que su relación era muy cercana- eran conscientes de que en cualquier momento la llamada de la muerte tocaría a su puerta. Lo cierto era que su lamento iba más allá del deceso en sí, ya que era algo que por la muy avanzada edad de su abuela, tarde o temprano tenía que llegar, sino por el hecho de no haber tenido la oportunidad de acompañarla y cogerle de la mano en el momento final.

Entendí perfectamente ese dolor, ese lamento, esa espinita clavada… Porque a mí con mi abuela me ocurrió algo muy similar, y esa sensación me lleva acompañando desde entonces, diecisiete años… Pero con el paso de éstos, sorprendentemente te das cuenta que recuerdas momentos, palabras, sonrisas, situaciones… como antes no habías sido consciente, y parece que la persona que ya no está te acompaña más que nunca.

Estoy hablando de la muerte,  un tema tabú, casi prohibido en nuestra sociedad, tan libérrima y sin embargo tan inmadura a la hora de tratar cuestiones trascendentes y a la vez cotidianas.

Muchas veces no nos queremos dar cuenta que la muerte existe, sencillamente porque hemos vivido. Vivimos pensando que no nos tocará, que queda mucho, nos colocamos una venda en los ojos ante esa posibilidad, y eso nos aleja de la realidad, y en vez de prepararnos para afrontar esa realidad de una manera serena y madura, preferimos construir nuestra existencia sobre castillos de arena. No hay muerte, no hay sufrimiento, no hay dolor… Que los niños no vayan a los entierros, hay que sobreprotegerlos…

La vida es un caminar, y tiene principio y final. Entender esto, óntica y existencialmente, no solo de forma superficial o racional, debería ser asignatura obligatoria en la educación de los chavales.

A lo largo de este camino, que no sabemos cuándo va a llegar a su fin , vivimos muchas veces una vida desenfocada, egoísta, prepotente, soberbia, llena de materialismo, una vida egocéntrica…, sin pensar que tenemos compañeros de viaje a la derecha, a la izquierda, adelante y detrás… Y lo peor de todo, es que  a veces somos así con las personas que más nos acompañan con su amor.

 

Una palabra dura a destiempo, un gesto equivocado, un “despiste” que te pasa factura, el no tener tiempo nunca, el recurrir constantemente a la coletilla “no te preocupes, mañana…”, acompañar en las alegrías pero no acordarte en las penas, un consejo egoísta, la falta de un gesto de cariño que no se pide pero es necesario… Esta dejadez y egocentrismo nos lleva después a tirarnos de los pelos, a pensar; “ya es demasiado tarde y no estuve a la altura”. Este sentimiento será nuestro compañero durante nuestro propio caminar. Y es que, ¡la muerte existe! No pensar en ella, el creer que el mañana es un derecho en vez de un don, en que nada pasará factura… solo nos hace vivir en un engaño. Al final de ese camino está la muerte, que solo es el comienzo de un eterno caminar.

Vivamos sin pensar que hay mañana, atendamos sin demora las penas de los que nos acompañan, estemos atentos al dolor de los que nos quieren, no nos olvidemos de decir “te quiero”, practica “el deporte” del abrazo-beso, ten un gesto preparado de compasión, préstate sin que se te pida nada, no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, porque si no terminas la jornada sin hacer la paz, el día después es frío y duro y es más difícil hacer la paz…

 

Porque si nada de esto llevamos a cabo, es ahí donde realmente comienza nuestro terror a la muerte, por que seas creyente o no, en el fondo nos da miedo pensar que no hemos hecho los deberes, que no hemos levantado la vista más allá del cuello de nuestra camisa, y de repente se nos enciende una luz de alarma. ¿Qué he hecho con mi vida? ¿Qué va a ser de mí? ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Si te llegas a plantear estas preguntas, las respuestas están claras… Echarla a perder, tener un gran vacío interior…

¡Y estas respuestas sí que son crudas realidades, no la muerte!

 

La nobleza humana, es una buena compañía durante el camino, y además es capaz de secar lágrimas si éstas aparecen cuando el fin de la vida se asoma, pero, ¿cuántas veces nos encontramos con ella en el día a día cotidiano? Tristemente, pocas.

 

Miguel Delibes, nos dejó muchas enseñanzas con sus palabras, y entre ellas esta frase. “Al palpar la cercanía de la muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales”.

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

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Tú que ya no eres un niño, ¿quieres ser feliz o perfecto?

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Artículo publicado por Carmen Prada

Nos pasamos la vida lamentando aquello que no conseguimos o que no nos gusta de los demás y sobre todo de nosotros mismos, pues una persona que muestra frustración respecto a su entorno es seguro que arrastra frustraciones personales importantes. Hablamos de la felicidad casi siempre en abstracto, y parece mentira que después de miles de generaciones, la humanidad siga deambulando buscándola tan a menudo por el camino equivocado. Porque no hay una fórmula mágica para encontrar la felicidad, pero sí sabemos todos que determinados caminos no llevan a ella, y aun así…

El día 25 de noviembre se celebra cada año el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, y aunque este es un tema que da para escribir un artículo y no es el caso, no quiero dejar pasar la ocasión de decir que algo no se ha hecho bien desde hace años y que el camino que llevamos no es el correcto. Un ejemplo más de que como especie caemos siempre en los mismos errores / atrocidades y que al avance tecnológico no siempre lo acompaña el avance en valores.

Vivimos el día a día con continuas noticias de discriminación injustificada y variadas formas de violencia. A veces, parece como si fuera inevitable que el hombre fuese un depredador para el hombre. El canibalismo nos espanta, a Dios gracias, pero ante otras formas de autodestrucción estamos casi inmunizados.

¡Tampoco me extraña! Y es que, yo que soy del año 1977 puedo decir que nadie me enseñó en el ámbito escolar cómo gestionar las emociones y los estados emocionales que les acompañan.

Hace escasos días lo comentaba con el gerente de una empresa con la que trabajo, Dinamia Teatro. Miguel y yo hablábamos de forma distendida del aprendizaje en gestión de emociones que hace falta en el ámbito educativo y también familiar. El reciclaje es necesario en las diferentes materias académicas, pero, ¿en qué lugar queda la educación emocional para que las futuras generaciones sean capaces de hacer frente a los reveses de una sociedad cada vez más fría, deshumanizada y competitiva?

Aprender a manejar la intensidad de la vida que se nos presenta y los impulsos que resultan de ella, es clave para controlar nuestro comportamiento. Y evidentemente, hay que tener claro que la violencia y la intolerancia no son el camino para con los demás.

Las emociones influyen directamente en nuestra forma de pensar y en nuestra manera de actuar. Una realidad que está muy presente en muchos niños y jóvenes hoy en día es la baja tolerancia a la frustración. Hay niños a los que no satisfacer sus deseos con inmediatez les provoca un grado inmenso de frustración. Aunque en ocasiones no nos demos cuenta de estas situaciones, estos comportamientos afectan a su aprendizaje, a la convivencia con sus compañeros y a su maduración integral. De ahí a la violencia hacia compañeros, padres o profesores muchas veces el paso es corto.

Hemos de tener en cuenta que la inteligencia de una persona no tiene por qué ser proporcional a la empatía, sociabilidad, entrega, y tolerancia con otras personas. Y es que en una educación integral de la persona no solo hay que potenciar destrezas intelectuales o técnicas, sino también emocionales.

Algunos de los beneficios que se obtienen al desarrollar la inteligencia emocional son los siguientes:

– ser una persona emocionalmente inteligente es bueno para nuestra salud, y reporta beneficios psicológicos y físicos. Tener la capacidad de gestionar adecuadamente las emociones es fundamental para mantenernos estables y seguros de nosotros mismos;

conocerse a sí mismo pasa necesariamente por tener conciencia de nuestras potencialidades y limitaciones. Podremos entonces honradamente saber a qué decir NO o SÍ;

escuchar y practicar la crítica constructiva. Son demasiadas las ocasiones en las que somos hirientes sin importarnos las emociones o sentimientos que provocamos en los demás. Criticar sin una base sólida de conocimiento, respeto hacia toda persona y espíritu constructivo solo puede ocasionar dolor, injusticia y pérdida de credibilidad;

– aprender a valorar y aprovechar los aspectos positivos de cualquier vivencia, por amarga que ésta pueda resultar a primera vista. La vida es un continuo aprendizaje, y cada día nos encontramos con situaciones y personas que nos ayudarán a crecer, si estamos atentos y somos lo suficientemente humildes;

no perder nunca la sana curiosidad intelectual. La persona verdaderamente sabia es aquella consciente de que más allá de su limitado conocimiento hay siempre un océano de saber que aún ignora. ¡Pues nada, a seguir con nuestro aprendizaje!

Si sigues huyendo de ti mismo, entonces te advertimos que el amor, la alegría y la paz también se irán lejos de ti. Maddy Malhotra.

 

Profundiza en su mensaje…

 

 

*Fuente de la fotografía, Pinterest.es

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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El día que te das cuenta que eres HUMANO…

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Si eres de los que lees mis escritos habitualmente, a estas alturas ya te habrás dado cuenta que en cada uno de ellos la menor parte es teoría y la mayor experiencia.

Me resultaría tremendamente difícil e incómodo tratar un tema determinado si lo que me sé muy bien es la teoría pero de práctica nada de nada. Creo que hasta me sentiría un tanto hipócrita.

Dicho esto, hoy me gustaría comenzar con una pequeña pero profunda pregunta, para que reflexiones al respecto, ¿cuándo fue la última vez que te acordaste de ti? Sí, ese día o momento, o vivencia a partir de la cual como PERSONA pasaste a ser la prioridad número uno en tu propia vida.

Reconozco que en 40 años, me ha pasado en más de una ocasión olvidarme de mí, aunque en realidad creo que más o menos nos puede suceder a cualquiera en momentos puntuales, como cuando te vuelcas en algo o estás preocupado por una determinada situación ajena.

Pero lo cierto es que muy recientemente me he dado cuenta de que ¡SOY HUMANA!

Cuando un maravilloso día di el paso de dedicarme a una de mis principales pasiones, LAS PERSONAS, pensaba que todo aquello que se derivase de mi profesión sería una bendición.

Vivo el día a día volcada en poder ayudar a las personas a cumplir metas, sueños, objetivos. A intentar transmitir cosas positivas y mi sonrisa para que se convierta en algo contagioso. Es cierto que soy una persona sanamente ambiciosa, que no me pongo límites, no renuncio a ninguna posibilidad de crecimiento, y si encima éste lo experimento con otra persona o un grupo, ¡mucho mejor!

Realmente me siento muy afortuna por poder realizar algo que amo y por lo que cada mañana me levanto entusiasmada, y que me aporta gran felicidad, que compensa sacrificios y dificultades.

Evidentemente, trabajar con personas, empresas y profesionales, son emociones, situaciones, circunstancias que en algunas ocasiones caminan contigo cada día, y sin darte cuenta pueden llegar a provocar un desapego de uno mismo.

¿A dónde quiero llegar? ¡Que muy recientemente me olvidé de mí pensando que yo podía esperar! Y claro, el cuerpo, que es muy sabio, tras previos avisos me ha terminado por decir “¡Carmen, hasta aquí!” Y es cierto, durante estos días de conversación profunda conmigo misma, emocional pero también racional, sin poder levantarme de la cama ni apenas moverme, he llegado a muchas conclusiones:

  • todos necesitamos nuestros momentos, momentos de estar a solas con uno mismo;

 

  • debemos intentar abrirnos más en cuanto a emociones y pensamientos con las personas que nos rodean y nos quieren;

 

  • debemos atender a los pequeños avisos que el cuerpo nos da, sin forzar en exceso la máquina, pues se termina pagando;

 

  • haz ver que tú también eres importante, y procura que los demás lo entiendan;

 

  • exigirse a uno mismo es bueno en su justa medida, pero no nos pasemos de rosca, y menos aún sin que nadie provoque esa exigencia, pues solo conseguiremos llegar a límites extremos de estrés, agotamiento y frustración;

 

  • de igual modo que debemos priorizar en el ámbito profesional, debemos saber hacerlo también en el personal;

 

  • si nosotros estamos bien, en todos los sentidos, podremos dar mayor calidad de emociones y acompañamiento a los demás;

 

  • debemos pensar que la vida es para vivirla y no para castigarnos por no ser perfectos, ¡vive en paz con tus limitaciones e imperfecciones!

 

No nos olvidemos que somos HUMANOS, con grandes capacidades y potencialidades, pero no omnipotentes ni omniscientes, y desde luego dejemos de pensar que nos hemos de convertir en máquinas. Porque lo que proyectamos en nuestra mente, es lo que llevamos a cabo en nuestra vida.

Vivimos rodeados de compromisos, de obligaciones… Pero difícilmente todo esto lo llevamos a nosotros, a un compromiso firmado y sellado con nosotros mismos de cuidarnos.

Obviamente, cada persona es un mundo, pero quizá varios de los que hoy me estáis leyendo sois de esos a los que les faltan horas en el día para hacer un montón más de cosas. Cuidado, no vaya a ser que muchas de esas cosas ni os correspondan ni os merezcan de verdad la pena.

 

No desatiendas tus quehaceres, pero no olvides que tú eres más importante que dichas labores, y que la felicidad se encuentra en tu interior cuando éste está armonizado con todo lo externo.

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pinterest.es

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Y sin embargo, nada va a cambiar…

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Por Carmen Prada

 

Me resistí después del atentado perpetrado en Barcelona el pasado  17 de agosto a ver algún vídeo al respecto, porque era consciente de que me golpearía fuerte, más si cabe… Y reconozco que aún no lo he hecho.

 

Tras conocer que más de una docena de personas perdieron la vida, junto con la multitud de heridos y algunos de bastante gravedad, las lágrimas aparecieron en mis ojos. Al principio me esforcé en reprimirlas, pero en el transcurrir de los acontecimientos, no puede resistirme. Mi llanto era de dolor, impotencia, tristeza, indignación…

 

Esta vez el terror islamista ha golpeado España, aunque no es la primera vez, y mucho me temo, ojalá me equivoque, no será la última. Sabemos que masacres como la de Barcelona, y aun mucho peores, ocurren prácticamente a diario en algún punto de Siria, Afganistán, Pakistán… Pero lo vemos como algo lejano, ajeno, no se guardan minutos de silencio ni hay concentraciones por esas víctimas. ¿Será que son víctimas de inferior categoría? Es algo tan cotidiano, que no le prestamos atención, y somos tan groseramente ingenuos, que no nos paramos a pensar un poco en ello hasta que el lugar atacado es Berlín, Londres, Niza o París. Caramba, parece que eso ya nos acongoja un poco. Bueno, pues si alguno no terminaba de creérselo, aun después de lo sucedido en Madrid el 11 de marzo de 2004, ahora ha sido Barcelona. ¿Pensáis que alguno de nosotros está completamente a salvo? Evidentemente, no.

 El vello se me pone de punta viendo y escuchando la manifestación celebrada ayer reivindicando la paz y la convivencia entre todos, con una misma frase pronunciada por miles de personas, ¡NO TENGO MIEDO! Son muchos los ciudadanos catalanes y del resto de España los que se han unido alrededor de este grito, haciendo llegar lejos este reclamo de libertad.

No deberíamos necesitar que ocurran masacres en el corazón de Europa para tener presente que cada día en el mundo mueren salvajemente muchísimas personas a manos de estos abominables grupos llamados yihadistas. Mueren simple y llanamente porque no reniegan de su fe, musulmana, cristiana o ninguna en particular, por cómo van vestidos, por no interpretar el Corán del modo fanático y torticero que estos grupos promulgan.

 

No hay nada, absolutamente nada que justifique un acto terrorista, venga de donde venga. Pero ojo, ni siquiera hay que salir de España para encontrar pueblos en los que a los terroristas aun hoy se les ensalza, justifica y admira… Asesinos del pasado relativamente reciente, convertidos ahora en héroes que dan nombre a calles y plazas, sin mostrar en muchos casos el arrepentimiento hacia sus víctimas de ningún modo.

 

Yo, personalmente, no quiero tener relación con quien no desea ni está dispuesto a tener conmigo una relación de igual a igual, basada en los principios de reciprocidad y lealtad. Y a los países llamados occidentales parece no importarles demasiado tener relaciones con países que financian mezquitas en nuestras ciudades, pero no permiten que se construyan iglesias, sinagogas o pagodas en las suyas.

 

Necesitamos su petróleo, sí, pero no menos que ellos nos necesitan a nosotros como clientes. Y me parece bien que haya mezquitas en Madrid, pero solo si puede haber una catedral o una sinagoga en La Meca, por ejemplo.

No seamos ingenuos. Lo que aquí se puede defender como progreso, nuestros enemigos – a ver si nos enteramos que estamos en guerra, aunque distinta de la convencional – lo ven como una debilidad, y se aprovechan continuamente de nuestras bondades democráticas y de nuestro buenismo masoquista. Pues si no permitimos que se aprovechen de nuestras buenas intenciones en nuestra vida personal, tampoco lo aceptemos como sociedad.

Sin duda, es un tema complejo, el mundo actual lo es, y la inmensa mayoría de los musulmanes condenan estas atrocidades, pero no sé si me da más miedo la sed de sangre de esos fanáticos criminales, o la tibieza acostumbrada de la sociedad occidental, que no quiere abrir los ojos mientras renuncia cada vez más a sus raíces y fundamentos, de los que han nacido la democracia y los derechos humanos, conceptos ignorados por sociedades con las que conviene no obstante sellar acuerdos comerciales, patrocinios en camisetas de fútbol…

¡No tengo miedo! Es esa fuerza que nos debe unir a todos, una expresión que debemos y necesitamos transmitir. Pero me gustaría dejar una pregunta en el aire, ¿cómo se puede conjugar el decir que no tenemos miedo cuando a la par nos avergonzamos de los fundamentos de la cultura occidental?

 

Sin lugar a dudas, no debemos temer seguir con nuestras vidas, vivir con intensidad cada día, ser generosos para con los demás, deshacernos de los rencores, respetar a las personas que nos rodean, escuchar más de lo que lo hacemos, unirnos como nación ante la barbarie, que no tenga cabida en nuestras vidas la ira ni la maldad… Pero sobre todo, debemos ser fieles a las raíces de nuestra civilización, porque la historia nos enseña que hasta los más grandes imperios se han desmoronado cuando se han traicionado a sí mismos, y esa decadencia no ha sido percibida por el conjunto de la población hasta que era ya demasiado tarde. ¿Somos tan tontos de no querer aprender y  espabilar? ¿De verdad esperamos que sean los políticos los que muevan ficha? ¡País de papanatas!

 

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pinterest.com

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Esos golpes me hacen más fuerte

 

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

La única forma de no despertar envidia es no destacando. Si quieres destacar, acostúmbrate a ella.

¿Qué provocan los celos y la envidia en el mundo laboral? Un estrés derivado de la competitividad insana, habitual en el ámbito profesional.

El celoso o envidioso es un perdedor nato, con falta de personalidad y valores, sabe de antemano que tiene la batalla perdida y, ¿esto qué provoca? Un desagradable sentimiento de frustración y carencia.

Hace escasos días me vi envuelta en algo así, ¿por qué lo quiero compartir con vosotros? Sencillamente para mostraros mi actitud, no digo que sea la más correcta, pero os hablo de mis emociones en ese mismo momento y en mi reacción posterior al hecho.

Alguien escondido cobardemente tras un perfil falso en la Red Social más conocida y popular, me difamó y calumnió gravemente con respecto a mi desempeño profesional, publicando las mismas infames acusaciones en varias de las publicaciones que tengo en mi perfil profesional. Inconvenientes que tienen las Redes Sociales y a los que una sabe que está expuesta…

Hace escasamente poco más de un mes he comenzado mi propio proyecto, volcada totalmente en mi pasión, las PERSONAS. Trabajando con las empresas y profesionales la formación, el liderazgo, la resolución de conflictos, técnicas de ventas, gestión de equipos, selección de personal… Pero también con las PERSONAS que están en búsqueda activa de empleo. Desde que comencé, he sido consciente de que el camino no sería fácil, pero en esta vida apuestas por todo o eres perdedor. Esta última opción jamás la he barajado.

Mi ciudad, Ponferrada, es pequeña, y con un poco de ruido que hagas, ¡saltan todas las alarmas! ¿Dónde? En aquellos que viven en una inseguridad y miedo permanentes.

Reconozco que cuando vi tales difamaciones, no daba crédito. Lo cierto es que mi incredulidad alcanzaba tal punto que no era capaz de concebir que alguien pudiese hacer algo así.

Mis sentimientos fueron de tristeza, decepción, rabia, impotencia…, pero a medida que las horas iban pasando y me di un tiempo para reflexionar, me dije, ¡no has de temer nada, Carmen, si confías en ti plenamente! ¡Crees en lo que haces! ¡Vives por y para las personas!

Llegaron a mi mente frases como “si eres envidiada no tienes la culpa, será que las cosas las estás haciendo bien y eso escuece”.

Podría haber eliminado esos dañinos comentarios y ya estaba, pero después de reflexionar y con la mente fría, me dije: “lo vas a hacer público, que sean las personas que realmente te conocen personal y profesionalmente las que hablen por ti”. ¡Y así lo hice!

Solo tengo palabras de agradecimiento a los cientos de personas que de un modo u otro me apoyaron, me hicieron sentirme arropada, me valoraron y algunos de ellos con gran contundencia denunciaron tales hechos. Esta emoción no la puedo describir con palabras, pero no faltaron las lágrimas y en abundancia…

¿Cómo reaccioné a tal indignante hecho? Creciéndome, convirtiendo este acontecimiento tan desagradable en una gran oportunidad, levantándome y con elegancia, no dando opción al desánimo ni al abandono. Sé que sin duda la clave está en que creo plenamente en mí y en mi honestidad.

Me queda mucho camino que recorrer, pero mientras lo estoy realizando, no dejo de potenciar la autoestima, además de confiar en mis capacidades.

De este hecho he sacado muchas conclusiones, que te deseen mal y te intenten dañar no es culpa de uno, no está de nuestra mano, sino es responsabilidad únicamente de la otra persona. Con lo que si vas por la vida de frente, con honestidad, honradez, fiel a unos determinados valores…, no debes sentirte culpable por las carencias demostradas por otras personas.

No sé si con esta experiencia personal voy a poder ayudar a alguien a cómo afrontar estos reveses de la vida. Aun así, me gustaría dirigirme a dos tipos de personas:

 

  • si sientes celos o envidia, me atrevo a decirte que esos sentimientos no harán nada bueno de ti, salvo hacerte sentir más mezquino, vivir aún más estresado y a disgusto con la vida.

 

  • Si tú eres la víctima, no te sientas mal. No tienes la culpa de hacer las cosas bien.

 

 

Aprovecha los golpes para convertirlos en oportunidades. De esa forma, los que quieren hundirte verán cómo sus canalladas no hacen más que servirte de impulso.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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