El día que te das cuenta que eres HUMANO…

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Si eres de los que lees mis escritos habitualmente, a estas alturas ya te habrás dado cuenta que en cada uno de ellos la menor parte es teoría y la mayor experiencia.

Me resultaría tremendamente difícil e incómodo tratar un tema determinado si lo que me sé muy bien es la teoría pero de práctica nada de nada. Creo que hasta me sentiría un tanto hipócrita.

Dicho esto, hoy me gustaría comenzar con una pequeña pero profunda pregunta, para que reflexiones al respecto, ¿cuándo fue la última vez que te acordaste de ti? Sí, ese día o momento, o vivencia a partir de la cual como PERSONA pasaste a ser la prioridad número uno en tu propia vida.

Reconozco que en 40 años, me ha pasado en más de una ocasión olvidarme de mí, aunque en realidad creo que más o menos nos puede suceder a cualquiera en momentos puntuales, como cuando te vuelcas en algo o estás preocupado por una determinada situación ajena.

Pero lo cierto es que muy recientemente me he dado cuenta de que ¡SOY HUMANA!

Cuando un maravilloso día di el paso de dedicarme a una de mis principales pasiones, LAS PERSONAS, pensaba que todo aquello que se derivase de mi profesión sería una bendición.

Vivo el día a día volcada en poder ayudar a las personas a cumplir metas, sueños, objetivos. A intentar transmitir cosas positivas y mi sonrisa para que se convierta en algo contagioso. Es cierto que soy una persona sanamente ambiciosa, que no me pongo límites, no renuncio a ninguna posibilidad de crecimiento, y si encima éste lo experimento con otra persona o un grupo, ¡mucho mejor!

Realmente me siento muy afortuna por poder realizar algo que amo y por lo que cada mañana me levanto entusiasmada, y que me aporta gran felicidad, que compensa sacrificios y dificultades.

Evidentemente, trabajar con personas, empresas y profesionales, son emociones, situaciones, circunstancias que en algunas ocasiones caminan contigo cada día, y sin darte cuenta pueden llegar a provocar un desapego de uno mismo.

¿A dónde quiero llegar? ¡Que muy recientemente me olvidé de mí pensando que yo podía esperar! Y claro, el cuerpo, que es muy sabio, tras previos avisos me ha terminado por decir “¡Carmen, hasta aquí!” Y es cierto, durante estos días de conversación profunda conmigo misma, emocional pero también racional, sin poder levantarme de la cama ni apenas moverme, he llegado a muchas conclusiones:

  • todos necesitamos nuestros momentos, momentos de estar a solas con uno mismo;

 

  • debemos intentar abrirnos más en cuanto a emociones y pensamientos con las personas que nos rodean y nos quieren;

 

  • debemos atender a los pequeños avisos que el cuerpo nos da, sin forzar en exceso la máquina, pues se termina pagando;

 

  • haz ver que tú también eres importante, y procura que los demás lo entiendan;

 

  • exigirse a uno mismo es bueno en su justa medida, pero no nos pasemos de rosca, y menos aún sin que nadie provoque esa exigencia, pues solo conseguiremos llegar a límites extremos de estrés, agotamiento y frustración;

 

  • de igual modo que debemos priorizar en el ámbito profesional, debemos saber hacerlo también en el personal;

 

  • si nosotros estamos bien, en todos los sentidos, podremos dar mayor calidad de emociones y acompañamiento a los demás;

 

  • debemos pensar que la vida es para vivirla y no para castigarnos por no ser perfectos, ¡vive en paz con tus limitaciones e imperfecciones!

 

No nos olvidemos que somos HUMANOS, con grandes capacidades y potencialidades, pero no omnipotentes ni omniscientes, y desde luego dejemos de pensar que nos hemos de convertir en máquinas. Porque lo que proyectamos en nuestra mente, es lo que llevamos a cabo en nuestra vida.

Vivimos rodeados de compromisos, de obligaciones… Pero difícilmente todo esto lo llevamos a nosotros, a un compromiso firmado y sellado con nosotros mismos de cuidarnos.

Obviamente, cada persona es un mundo, pero quizá varios de los que hoy me estáis leyendo sois de esos a los que les faltan horas en el día para hacer un montón más de cosas. Cuidado, no vaya a ser que muchas de esas cosas ni os correspondan ni os merezcan de verdad la pena.

 

No desatiendas tus quehaceres, pero no olvides que tú eres más importante que dichas labores, y que la felicidad se encuentra en tu interior cuando éste está armonizado con todo lo externo.

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pinterest.es

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Me encuentro perdido, ¡no sé por dónde tirar!

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Artículo publicado por Carmen Prada

“Tu vida no está tan determinada por lo que te trae la vida como por tu actitud ante ello; no tanto por lo que te ocurre como por la forma en que miras lo que te ocurre”. Khalil Gibran.

No sé vosotros, pero yo me estoy encontrando gente a mi alrededor que no halla su lugar. ¿Lugar? Sí, grandes profesionales que ha llegado un momento en sus vidas en que se sienten perdidos, desubicados, desorientados… No encuentran esa luz que en muchas ocasiones buscamos al final del túnel.

Humildemente pienso que existen varias razones para que esto pueda llegar a sucedernos:

  • hay algo evidente, y es que la crisis no está ayudando. La cantidad y calidad de la oferta laboral está a años luz de lo deseado.

 

  • Obcecarnos en esa profesión a la que hemos dedicado media vida y no salir de esa “habitación” nos limita mucho.

 

  • La situación económica dentro de los hogares nos condiciona en algunos casos para dar ese salto en que llevamos tiempo pensando, pero las circunstancias no acompañan.

 

  • La edad, la dichosa edad, pues depende en la franja en la que te encuentres que quizá no sabes muy bien en tierra de quién estás, o ni siquiera si tienes tierra firme. Si uno se encuentra entre los 35-55 años, da la sensación que todo lo que tiene que ver con las alternativas laborales e incluso cursos, está diseñado para antes o después de esas edades.
  • Las emociones en cada uno de nosotros están a flor de piel. Miramos a nuestro alrededor y vemos nuestro entorno, y acabamos viendo a través de unas lentillas de un color poco aconsejable, y nos cuesta quitárnoslas.

Podría seguir y seguir, pero estoy segura que mientras estáis leyendo, a vosotros mismos os están viniendo a la cabeza limitaciones, miedos, incluso personas que provocan esta desorientación.

Tenemos que tener siempre claras tres cosas en esta vida, y si por un momento nos distraemos, pongámonos enseguida en su búsqueda:

  • de dónde venimos. Cuál ha sido nuestro camino hasta el día de hoy.

 

  • En qué momento nos encontramos. Busquemos dentro de nosotros, y aunque en ocasiones hurgar duele, hagamos ese ejercicio. Busquemos el momento y el lugar, y si no lo conseguimos, debemos seguir haciéndolo hasta encontrarnos. ¡Es clave!

 

  • Y hacia qué o dónde nos queremos dirigir. ¡Cuál es el camino que debemos recorrer hasta lograr esa meta en la que estamos pensando desde hace tiempo!

Muchas de las personas que conozco se siguen reciclando, han comenzado a cursar másters, talleres, cursos… ¡Se siguen cultivando, eso es magnífico! Pero quiero dejar unas preguntas en el aire, ¿toda esta formación os hace el camino que queréis recorrer un poquito más sencillo? ¿Ese es el motivo?

¿Tendremos más oportunidades cuanto más preparados estemos en diferentes frentes, para todo lo que se tercie laboralmente?

Quizá esta diversidad de formación que vamos acumulando en diferentes materias dispares, sea una válvula de escape para utilizar esa famosa frase de “por si acaso…”, sin darnos cuenta que puede ser que estemos perdiendo de vista dos de los puntos clave que siempre debemos tener presentes y anteriormente nombraba:

  • en qué punto nos encontramos.
  • Y hacia dónde nos dirigimos.

Es cuando llegado este punto nos preguntamos, ¿pero qué estoy haciendo? ¿Todo esto tiene sentido? Y se escucha esa frase a la que tanto se recurre, “tanto me he preparado y nada de nada”.

 

¡Debes tener claro tu objetivo! No sigas dando palos de ciego, la formación es muy importante, pero cuando uno llega a este punto, en algún momento aparece un estado de frustración, fruto de lo que mucho que hemos sembrado –cabe la posibilidad que equivocadamente- y lo escaso que estamos recogiendo.

Tampoco debemos pecar en querer abarcar a la vez actividades de distinta índole. Al final lo que conseguiremos es dispersarnos y tener la sensación de no estar haciendo nada. Simplemente estamos lanzando varias flechas en sentidos diferentes. Ya sabéis, el que mucho abarca, poco aprieta, como dice el sabio refranero.

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Con todo lo anteriormente mencionado lo único que quiero transmitir es que debemos fomentar la confianza en nosotros mismos, creer en nuestras posibilidades, ser capaces de marcar la diferencia entre los demás, y eso nos lo aporta nuestra propia marca personal, tener claro el horizonte hacia el que nos queremos dirigir, ser conscientes de que no se ganó Zamora en una hora, hemos de mostrar nuestra valía y experiencia como si llevásemos esos galones colgados de la solapa de la chaqueta, sin pudor ni vergüenza a enseñarlos.

Tenemos mucho que aportar al mundo laboral, y por encima de todo, hemos de intentar disfrutar de este recorrido, dejando de sufrir por el que hasta ahora estábamos recorriendo.

¡Fuera frases negativas!:

  • ya no puedo más…
  • No veo ninguna solución…
  • Me dan ganas de tirar la toalla…
  • Me siento un inútil…
  • A esta edad todo se complica…

 

Estas sí son frases que cada mañana, cuando pongas el primer pie fuera de la cama y te dirijas al baño, debes ver en el espejo en el que te reflejas:

  • ¡hoy puede ser ese día que llevo tiempo esperando!
  • ¡Voy a demostrar lo que valgo, porque sé que es mucho!
  • ¡Ayer ya pasó, hoy se van a presentar más oportunidades!
  • ¡En ganas, ilusión y sacrificio no me va a ganar nadie!
  • ¡La palabra derrota no está en mi diccionario!
  • ¡Voy a salir a buscar esa oportunidad que sé existe para mí!

Cree en ti mismo, porque si lo haces los demás también lo harán. No les darás opción a dudar de ti si transmites fuerza, coraje y autoconfianza.

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Deja que te encuentre el amor

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Nos paseamos por la vida idealizando demasiadas cosas. De repente, un día te das de frente con la realidad, y es cuando conoces en persona a la decepción y a la frustración.

Hay personas que no saben estar solas, necesitan siempre de la compañía o cercanía de otras. No tengo en mente edades determinadas, ni clases sociales, la necesidad de sentirse acompañadas aun sintiendo en el fondo un vacío inmenso puede más que esos filtros. Hay momentos que llenan con rapidez, pero con la misma se desinflan. Cuando se encuentran a sí mismos, en ese preciso momento comienza el vacío, la soledad más absoluta, sin darse cuenta que ni a ellos mismos conocen.

¿A qué pueden temer? ¿A encontrarse?

¿Cuántos miedos y frustraciones superaríamos así? ¡Muchos de ellos! Pero no nos damos esa oportunidad.

Por otro lado, desde bien jovencitos tenemos en mente los cuentos de princesas y príncipes. Creemos que amar o que alguien lo haga con nosotros debe ser obligatorio en esta vida, y además de una forma que nosotros mismos hemos determinado.

Llevamos años imaginándonos a nuestro príncipe azul, hemos desechado lo que no nos gustaría que tuviese, lo hemos hasta vestido y le hemos colocado todo aquello con lo que siempre hemos soñado. ¡Ya tenemos al hombre de nuestra vida!

¡Para nada! La realidad dista de la imaginación. Regresa la frustración.

El amor, el cariño, el respeto, es algo que no podemos suplicar ni pedir, simplemente llega.

A veces como un huracán, nos coge desprevenidos y sin estar preparados para recibirle y simplemente nos dejamos llevar. Esa sensación de sorpresa a veces nos confunde. Nos llegamos a cuestionar el motivo de su aparición si no lo estábamos buscando. ¿Y quién nos dice que éste que aparece como un relámpago no es el propicio?

¿Es que queremos programar nuestro encuentro con el amor?

También nos encontramos el caso contrario. Ese en el que sí o sí necesitamos sentirnos queridos pese a todo. Tenemos la necesidad de ser importante para alguien, aun a pesar de que ese alguien no sea el más adecuado… En el mejor de los casos nos damos cuenta de esas taras, y ese momento en el que queremos cambiar a la persona que tenemos en frente.

No lo intentemos, solo lograremos colocar una tirita. No podemos permitirnos ni tenemos derecho a pedir a alguien que sea la persona que no es. No podemos hacer a nadie según el “molde” que hemos diseñado. ¡Es nuestro problema, lo hemos idealizado nosotros!

¿Nos hemos puesto en el caso contrario? ¿Y si nos lo piden a nosotros?

La reflexión que ahora comienza solo es la mía, pero sí me gustaría invitar a la reflexión a todos los que me leéis.

Llega el 14 de febrero, “San Valentín”, que como todas las celebraciones del calendario litúrgico, el mercado se ha encargado de desvirtuar hasta lo grotesco, con el consentimiento de una sociedad que se deja llevar, claro… Todas hemos tenido la necesidad de sentirnos princesas en muchos momentos. Me considero una persona de pequeños detalles, romanticona, sensible ante el amor, me encantan las películas que finalizan en boda, las sorpresas me derriten… Pero con el paso de los años y con la madurez, una se da cuenta que los verdaderos momentos de demostración de amor y de cariño son esos que cada día y en varios instantes te regalan. Y digo te regalan, porque no los puedes pedir.

Los príncipes azules son protagonistas en los cuentos infantiles, la realidad es otra. Es esa que vivimos en nuestras carnes cada día.

El amor es algo que se siente, que se percibe, que se regala… Amar es darlo todo, a veces viene acompañado de dolor, otras de momentos entrañables.

Amor también es el que siente un padre hacia su hijo, el de una abuela por su nieta, el de dos hermanas, entre amigos, y cómo no, el que surge entre un hombre y una mujer.

Estamos rodeados de amor, pero sin duda el más importante de todos es ese que debemos sentir por nosotros mismos. Querernos, conocernos, aceptarnos es el mejor y único camino para poder entregar a los demás nuestra mejor versión. No podemos exigir amor, solo podemos exigirnos dar lo mejor de nosotros mismos a los demás, y el amor llegará a nuestra vida de múltiples formas.

 

Porque de la misma forma que la violencia engendra violencia, el amor sembrado trae consigo cosecha de amor, aunque el factor sorpresa hace que esa cosecha pueda llegar en el modo y el momento más inesperados.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen de Pixabay

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¡Porque tú lo vales!

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Artículo publicado por Carmen Prada

El pasado domingo, mientras disfrutaba de una de mis pasiones, que a veces me hace sufrir un poquito más de la cuenta, como es acudir a los partidos de fútbol de mi equipo, una de mis amigas e incondicional de la S.D. Ponferradina en las alegrías y en las penas, Mary, me pidió que le hiciera una fotografía.

Una vez la pudo ver, no me extrañó su reacción por su vitalidad, modo de ver la vida, disfrutarla sanamente al máximo, involucrarse en aquello en lo que se le necesita… Su respuesta para mí era predecible, aunque no deja de ser sorprendente al escucharlo en una mujer. Ella dijo, “¡he quedado guapísima!” Yo le sonreí y le contesté, “¡olé, tú no necesitas madrina, así me gusta!”

Su siguiente respuesta fue un testimonio fehaciente de quererse a uno mismo y estar a gusto con su persona. Su respuesta a mi olé fue “Carmen, si yo no me lo digo y no me quiero, ¿quién lo va hacer por mí?” Ahora y en público, Mary, te vuelvo a decir ¡olé, olé y olé!

Cuánta carga de verdad y sabiduría en sus palabras. En esta vida hay de todo, está claro, pero tendemos más al castigo que al premio. Vemos pasar la vida ante nuestros ojos esperando y necesitando que alguien nos valore, nos aprecie, nos quiera, nos respete, y a partir de ahí parece que ya tenemos “licencia” para querernos, cuidarnos, mimarnos, decirnos palabras bonitas y como en muchas ocasiones digo, darnos besitos.

Parece que es necesario el visto bueno de alguien para sentirnos bien con nosotros mismos. ¡Grave error!

Porque del mismo modo que comenzamos así a querernos, con los gestos y buenas palabras de otros, nos martirizamos por las maldades que nos acechan, y éstas lo hacen cada día…

Me gustaría observar que hay personas que no necesitan tapar nuestro brillo para que ellas mismas luzcan, pero lamentablemente no todas las personas utilizan como principales armas en su vida la generosidad y honradez. También es cierto que ese brillo malicioso acaba por esfumarse poco a poco, dejando en evidencia a la verdadera persona.

Por este motivo, quererse a uno mismo y mostrarlo nos hace más fuerte ante los demás. Evitemos a esas personas tóxicas que solo alcanzan momentos placenteros cuando observan que nuestro brazos están caídos. No seamos la carne de cañón que ellas necesitan para alimentarse…

Como comenté anteriormente, la vida pasa demasiado deprisa. No nos da tiempos extras. Desconoce nuestra pérdida de ocasiones. No tiene en cuenta si la estamos aprovechando o no. Simplemente pasa, y con el tiempo nos lo recuerdan las cicatrices.

¿Cómo podemos empezar a valorarnos y querernos?

  • Al comenzar el día y mientras te aseas busca un espejo. Habla en voz alta contigo mismo y empieza la mañana gustándote. No pienses en agradar a nadie, es indiferente tu estado civil, no busques complacer a otras personas, vístete, maquíllate, ponte o no tacones… pero que el resultado final sea “¡cómo me gusto!” Verás que este simple hecho hará que te sientas poco a poco más seguro de ti mismo.
  • ¡Prémiate! Date algún capricho, hazte algún regalo. ¿No lo haces con las personas a las que quieres?
  • Ser vanidosas de nada nos sirve, todo lo contrario, pero, ¿por qué no echarnos algún piropo para reforzar la autoestima?
  • No caigas en el error de dejar en manos de otros tu fortaleza emocional, mima y entrena esa fortaleza. Alcanzamos esa fortaleza cuando somos capaces de afrontar miedos, frustraciones, tristezas… ¡Tiremos de personalidad y seguridad en nosotros mismos!
  • Utiliza frases, en privado pero también en público, tales como: ¡me gusto!, ¡me lo merezco!, ¡me lo he ganado!, ¡me siento estupenda con este nuevo corte de pelo…! No temamos hacerlo, espantemos a esas personas que quieren tapar nuestra luz.
  • Reflexiona, profundiza en ti mismo, respeta tus tiempos pero también haz caso a todo aquello que sale de ti y te habla…

Podría seguir y seguir, pero este puede ser un buen comienzo. Nunca pronuncies que no vales, que te queda grande, que el problema eres tú, que eres la más fea de tus amistades, que te gustaría parecerte físicamente a…, que es normal que no te quieran… JAMÁS pronuncies nada de esto porque, ¿quieres que te diga algo y no te conozco? Bueno, en esta ocasión te lo va a decir alguien que ha dejado un gran legado. “Si has nacido sin alas, no hagas nada por impedir que te crezcan.” – Coco Chanel-

En honor a Bimba Bosé, con carisma y luchadora…

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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No me identifico con ese supuesto liderazgo complaciente

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Artículo publicado por Carmen Prada

La pasada semana pude disfrutar de un taller que trataba sobre “Liderazgo enfocado para obtener mejores resultados dentro de la empresa”. Tengo que decir que haga lo que haga, participe en lo que participe, todo me aporta, aunque como es lógico en unas ocasiones más que en otras.

Durante este taller, impartido por una coach, escuché de su boca una frase que para mí no pasó desapercibida, y fue “me callo lo que pienso y digo lo que quieren oír”. Y la nombro porque me lleva a muchas situaciones que se dan tanto en nuestra vida profesional como en la personal.

Enseguida me vino a la cabeza el ejemplo de una entrevista de trabajo. Siempre he pensado y la he descrito como “una conversación entre dos o más personas, en las que se callan lo que piensan en muchas ocasiones y dicen lo que el otro necesita escuchar, en otras tantas”.

Otra situación que me vino a la cabeza, una conversación entre un jefe y un trabajador, en la cual el trabajador asume una sinrazón por parte del jefe. Muchas veces, el trabajador piensa para sí, “no le voy a llevar la contraria, mejor le doy la razón, no vaya a ser que me ponga de patitas en la calle…”

Otro ejemplo más. En nuestro equipo de trabajo hay una persona que por alguna razón en concreto, y puede ser por su falta de conocimientos o de actitud, no es fácil hablar con ella de modo constructivo, y convendría hacerle ver que si todos remamos en el mismo sentido, todo será más sencillo. Pero por el contrario, nos callamos, no vaya a ser que después encima nos coja manía.

Y si nos vamos a la vida personal, ¿en cuántas ocasiones seguimos al rebaño y sin levantar las orejas por si acaso? ¿Cuántas veces por no llevar la contraria y no tener enfrentamientos o perder amistades que no son tales, no decimos lo que pensamos?

“Me callo lo que pienso y digo lo que quieren oír”, la resumiría en tres palabras, “falta de personalidad”.

¿Por qué dejamos de ser nosotros? Muy sencillo, ¡por miedo! Claro que el miedo es una emoción necesaria y primaria, no es vergonzoso sentirlo. El problema es cuando se nos escapa de las manos y nos bloquea.

Que aparezca el miedo incontrolado en nuestras vidas nos puede llevar a:

  • estados de frustración duraderos en el tiempo;
  • falta de control sobre nosotros mismos;
  • bajo nivel de confianza en uno mismo;
  • emociones negativas, tales como la ansiedad o la angustia;
  • episodios de agresividad e ira.

Y todo ello, porque nos falta carisma y decisión. Eso es, ¡debemos ser coherentes con nosotros mismos guste o no guste a los demás! Eso sí, siempre desde el respeto y con prudencia, hay momentos para hablar y para callar, pero no dejemos que nuestros silencios sean cómplices de nuestra pérdida de dignidad.

Debemos partir de una base, y es que nunca debes decir o hacer algo para complacer a todo el mundo. ¡Quítatelo de la cabeza! Nunca llueve a gusto de todos, y al final uno debe mostrarse como es, lo que es y lo que puede llegar a ser.

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Voy a poner un ejemplo muy claro. Hace más de dos años empecé a escribir. Al principio comencé a hacerlo en el blog “Hablamos de Personas” de Sebas Morelli, en aquel momento un desconocido para mí al que siempre agradeceré su ofrecimiento, y que ahora tengo que reconocer es un gran amigo.

Pocos meses después comencé con ésta, mi casa, “Las estrellas brillan por ti. Siempre he tenido claro que escribo desde mi experiencia, mis emociones, mi recorrido profesional, mi propia persona… Todo esto lo comparto con vosotros, que al final sois quienes alimentáis mi escritura, pero tengo muy claro que no siempre lo hago al gusto de todos, quizá en muchas ocasiones no compartáis puntos de vista, o el enfoque de los temas, o puede ser que alguien haya visitado el blog y por lo que ha podido ver en un momento determinado, no haya vuelto a querer ni verlo en pintura. ¡Pero es que no pretendo convencer a nadie!, ¡ni tan siquiera que todos compartan los mismos puntos de vista!, o pretender tener otra forma de escribir que me aleje de mi personalidad.

Lo único que pretendo es compartir. Sé que estoy expuesta y lo he asumido desde el principio a las críticas, buenas y malas, pero eso no va a conseguir que deje de ser yo.

No busquemos ser complacientes, no queramos honrar a todo el mundo, no callemos nuestras voces, no caigamos en el temor… Porque al final, lo que estamos haciendo es dejar de ser nosotros mismos.

Finalizo con una frase de las que me gustan, cortas pero al grano, “el respeto se debe ganar, y la educación se debe pedir”.

 

 

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com y Carmen Prada

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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¿Optas por ser el mejor en todo o te conformas?

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Artículo publicado por Carmen Prada

Puede parecer una historia, y sin duda lo es, pero real…

Después de unos días fuera de mi localidad se produjo la vuelta. La realicé en autocar, con su pertinente trasbordo, un viaje que podría haber sido la mitad de duradero de haberlo realizado en mi propio coche. Como tantas otras veces, mi compañera de viaje era la maleta en la que voy poniendo pegatinas de diferentes lugares que visito.

Una maleta que, además de venir cargada de un montón de cosas que, siendo sincera, después no utilizo ni la mitad, como siempre venía repleta de ideas, proyectos en mente, momentos, reflexiones…

Cuando llegué a Ponferrada, no sentía ni un músculo de mi cuerpo. Al día siguiente, ese malestar muscular se había multiplicado, como era de esperar, y he tenido que ir a visitar a mi querida fisioterapeuta. ¿Qué os puedo decir que no sepáis de lo que supone ir a darse un masaje descontracturante? Claro está que lo sabréis los que ya lo hayáis sufrido en vuestras propias carnes, y a los que no, no pasa nada, ¡que no tengáis que pasar por ello!

Quizá os estéis preguntado y no me extraña, ¿y todo esto…? Todo esto para hacer la siguiente pregunta, ¿creéis que tenemos la misma capacidad de sacrificio que antaño? ¿No pensáis que hoy por hoy tendemos a quejarnos por demasiadas cosas? ¿Soportamos del mismo modo la frustración que hace unos años? Podría seguir, pero tampoco es el caso…

Y pongo fecha en el tiempo, y la coloco en antes de la crisis que azota este país. Muchas veces tendemos a echar balones fuera por hechos que son consecuencia de acciones nuestras, la frustración se ha vuelto nuestro acompañante en ese “viaje programado” en el cual nos quedamos en el camino, culpabilizamos de muchos de nuestros errores a compañeros, jefes, amigos, políticos… Y quizá la cuestión es que ante situaciones adversas no hayamos el modo de automotivarnos. Ojo, como reitero en muchas ocasiones, ¡no esperemos que otros lo hagan por nosotros!

El hecho de automotivarnos nos hace reponernos antes de lo que nos afecta, hace que pasemos por encima de lo que nos ha vencido anteriormente, supone una dosis de adrenalina, hace que nos sintamos capaces de superarnos, de ver las cosas desde otra perspectiva, nos dota de positivismo y sin duda saca lo mejor de nosotros.

Sinceramente, a mí no me quedo otra mientras estaba en la “camilla del sufrimiento” -que así la he bautizado hace tiempo- que automotivarme. Y no me costó mucho, porque de repente me vinieron a la cabeza los JJ.OO. de Río de Janeiro 2016. ¡Sí, ni más ni menos! Entonces empecé a pensar en ellos…

Oro:

  • MIREIA BELMONTE Natación, 200 m mariposa
  • MAIALEN CHOURRAUT Piragüismo, slálom K1
  • RAFAEL NADAL y MARC LÓPEZ Tenis, Dobles
  • MARCUS COOPER WALZ Piragüismo, sprint K1 1.000 m
  • SAÚL CRAVIOTTO y CRISTIAN TORO Piragüismo, sprint K2 200 m.
  • CAROLINA MARÍN Bádminton
  • RUTH BEITIA Atletismo, Salto de altura

Plata:

  • ORLANDO ORTEGA Atletismo, 110 metros vallas
  • EVA CALVO Taekwondo, -57 kg.
  • SELECCIÓN FEMENINA Baloncesto
  • CONJUNTO ESPAÑOL Gimnasia rítmica, Concurso Completo

Bronce:

  • MIREIA BELMONTE Natación, 400 m estilos
  • LIDIA VALENTÍN Halterofilia, -75 kg.
  • JOEL GONZÁLEZ Taekwondo, -68 kg.
  • SAÚL CRAVIOTTO Piragüismo, sprint K1 200 m
  • SELECCIÓN MASCULINA Baloncesto
  • CARLOS COLOMA Bicicleta de montaña

 

Y me dije, ¡increíble, qué no habrán soportado estos fenómenos durante cuatro años y en los propios JJ.OO.! Estoy segura que mucho esfuerzo, sacrificio, muchas caídas que trajeron consigo el volver a levantarse, dedicación, horas y horas de entrenamiento, dolores, en muchos casos lesiones que les tuvieron en vilo a expensas de saber si podrían llegar a poder disfrutar de su sueño, de la meta y objetivo de cada uno de estos medallistas, pero de igual modo de todos y cada uno de los integrantes españoles que han participado en este evento.

Para mí todos son ganadores, y lo son porque han llegado salvando muchos obstáculos, pero sobre todo, porque no han dejado de confiar en ellos y en su sueño. Evidentemente que seguro ha habido instantes de pensar en tirar la toalla, de miedos, de cansancio, de pensar en el virus zika, frustraciones y seguro que se habrán lamentado, pero sus ganas han podido más que todos los inconvenientes y ahí han estado, ¡luchando por su sueño!

Ellos son profesionales del deporte, nosotros cada uno de nuestra profesión. Nadie dijo que el camino fuese fácil y mucho menos que no nos íbamos a encontrar piedras, pero dejemos de lamentarnos tanto y tengamos la vista fijada en nuestro objetivo. Si aún no lo os hecho, sería buen momento para ello.

Quiero finalizar con un breve párrafo que he leído y lo dice todo de una luchadora como es Carolina Marín. Hace dos meses, antes de la lesión, Pablo (psicólogo de Carolina) le preguntó si quería ser campeona del mundo y pasar a la historia o seguir trabajando y mejorando. La respuesta de Carolina fue: “yo quiero ser la mejor en todo”. Y esa frase se la imprimió para recordársela.

¡Impleméntala en tu vida!

*Autora de la fotografía, Carmen Prada

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Del fracaso al éxito, solo hay un paso

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Artículo publicado por Carmen Prada

Hace más de cuatro siglos, William Shakespeare dejó una frase para la posteridad, “de lo que tengo miedo es de tu miedo.” Y así es, tan peligroso puede ser sentirlo uno mismo como tener cerca a personas dominadas por este sentimiento.

El miedo al fracaso nos aterroriza dejando secuelas, genera corazas y puede llegar a paralizarnos. Por todo ello y otras muchas razones, es importante estar rodeado de gente positiva, que ha alcanzado el éxito o que no deja de tener aspiraciones y metas ambiciosas.

Realmente funciona, porque uno llega a pensar, si esta persona lo consigue, ¿por qué no lo voy a poder lograr yo? Cuando en un equipo de ventas cuentas con profesionales con capacidades especiales que sobresalen sobre el resto, transmiten positividad, son exitosos en su labor, puede ser recomendable colocar a su lado a otros que no obtienen los mismos resultados, que están bloqueados o que por alguna causa no alcanzan los objetivos… Si estos últimos se dejan ayudar, la ilusión y el éxito también se contagian. La humildad, la determinación, el coraje, la ambición y la tenacidad te llevan por el buen camino.

Cada persona afronta y le afecta el fracaso de un modo diferente, y es que realmente cada persona es un mundo. En un ambiente de trabajo no puedes tratar a todos por igual, se cometería un gran error, el conocer a la persona un poco más allá de lo estrictamente laboral te da pistas para saber cómo puede reaccionar ante situaciones de estrés, de exceso de trabajo, recibir demasiados noes, o encontrarse con conflictos a resolver. Anticiparse a su reacción puede evitar que caiga en las garras de la frustración o el miedo derivado de la pérdida de confianza en sí misma.

Cuando a un profesional en horas bajas le das la posibilidad de trabajar con quien está triunfando, puede servirle para aprender, quedarse con pequeños detalles y matices, y sobre todo para darse cuenta que una de las claves para alcanzar el éxito es saber digerir los pequeños fracasos del día a día sin rendirse, e intentando extraer cosas positivas aun de las experiencias más amargas, porque hasta el mejor profesional es de carne y hueso, no es infalible. Y descubrir eso de cerca, hará que el que está siendo ayudado se pregunte, si esta persona lo consigue, ¿por qué no lo voy a poder lograr yo?

Está claro que el fracaso existe, pero existe para todos, todos hemos fracasado en nuestra vida de un modo u otro. Tenemos que asumir que éste forma parte de nuestro aprendizaje en la vida y de hecho por momentos saber vivir con él. Hacer memoria de nuestra última derrota y pensar en qué hemos fallado. Incluso sería bueno que apuntásemos brevemente en un papel los puntos clave que nos han hecho llegar a “tocar el fango” y no precisamente para recrearnos en nuestros errores, lo cual es un masoquismo a evitar, sino para saber elegir mejor los pasos a dar en la próxima ocasión.

Creer en ti y en tus posibilidades es vital. Tenemos que estar preparados para volver a tocar suelo, y tener una mayor capacidad para sacudirnos las rodillas y ponernos en pie. Son muchos los famosos que han fracasado en su vida, aquí os dejo algún ejemplo.

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Y dirás, ¿pero qué dices, si todos ellos son o han sido unos fenómenos? ¡Pues sin duda que sí! Han sido capaces de darle “la vuelta a la tortilla”, qué decir de cada uno de ellos… Pero fíjate todo lo que nos dice la frase a pie de la fotografía; “Si nunca has fallado, es porque nunca has tratado algo nuevo”. Te reitero, no te recrees en tu fracaso e intenta reinventarte a partir de él. Piensa que tienes por delante una nueva oportunidad, mayores y mejores posibilidades, solo tienes que querer, creer, ser valiente, confiar en ti mismo y tirar para adelante.

Si en este aprendizaje de la vida tienes dificultades para asumir el reto, pide ayuda, porque este hecho no significa que no seas. fuerte ni capaz de alcanzar tus metas, sino que tu humildad está a la par de tus posibilidades.

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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