No perdamos el sabor de lo auténtico

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

En muchas ocasiones nos sentimos solos entre el bullicio.

Caminamos por las calles rodeados de personas, a algunas las conocemos, otras son desconocidas para nosotros.

¿Pero realmente por qué nos podemos llegar a sentir solos en las calles rodeados de tantas personas? Quizá porque caminamos por la vida enfrascados en nuestros propios pensamientos. Nos perdemos y nos encontramos en ellos, pero, ¿el mejor lugar para hacerlo es rodeados del bullicio? ¡Permitidme que lo dude!

En los tiempos que corren, siempre nos acompañan las nuevas tecnologías.

Hace unas semanas tuve el placer de acudir a Valladolid para poder disfrutar de una conferencia de Víctor Küppers. He de decir que no me sorprendió salir encantada de dicho evento, porque desde hace tiempo me parece uno de los mejores trasmisores de la psicología positiva y la motivación.

Durante mi estancia en esa bella ciudad, pude disfrutar de dos días sin prisas, sin agenda, sin tareas que no podían esperar… Ha sido como un doble regalo a mí misma. Fue entonces cuando puse en práctica una prueba en la que llevaba tiempo pensando. ¿Por qué no apagar mi móvil y sentarme a observar como actuamos las personas en un día normal y corriente?

Efectivamente, ¡tampoco me sorprendieron los resultados! Fue en la Plaza Mayor donde me senté, busqué un banco que me pudiese facilitar una visión amplia del lugar para observar los comportamientos de las personas que transitaban por ese lugar, un lugar por el que caminan muchas personas a lo largo de un día.

¿Qué observé?

  • En primer lugar, perdemos demasiado tiempo en nuestro día a día con la mirada perdida.

 

  • Hemos cambiado los saludos por ir conectados a unos cascos que lo único que nos aportan es ruido en nuestras vidas para no enfrentarnos a pensamientos y preocupaciones.

 

  • Tomar un café viene acompañado de consultarlo todo por tableta, pc o móvil. Hemos perdido hasta el contacto con el papel. ¡Queremos todo práctico y ya! El olor a papel es algo del pasado.

 

  • Vamos conectados a las RR.SS. hasta cuando caminamos. Tanto que en ocasiones nuestra salud y la de otros puede correr peligro. Ni cuando cruzamos en un paso de peatones desconectamos.

 

  • No caminamos para llegar a nuestros destinos, vamos prácticamente al trote. Vivimos casi sin aire en los pulmones, corriendo de un lugar a otro, olvidándonos en muchas ocasiones de lo que realmente es importante en la vida.

 

  • Las relaciones interpersonales han pasado a ser secundarias, y han sido sustituidas en gran medida por las distintas RR.SS.

 

¿Qué nos está sucediendo? Lo deseamos todo para ya, sin pensar que la vida tiene un camino que recorrer. Sin darnos cuenta que además no es necesario que lo hagamos solos, podemos optar por ir acompañados y por personas de carne y hueso.

Disfrutar del paisaje del camino hace que nuestra meta u objetivo diario sea más gratificante y además nos sintamos orgullosos de los charcos que hemos salvado para llegar a la meta.

Mantener todos nuestros sentidos al 100%, hace que mermen mucho las posibilidades de que pasemos de puntillas por la vida. La vida pasa más rápido de lo que creemos, pensamos que mañana tendremos otra nueva oportunidad y lo cierto es que nos podemos quedar sin ella.

Lo mismo sucede con las personas que nos rodean, esas que nos acompañan en el día a día. Todos necesitamos de todos, y hay muchas ocasiones en las que la cercanía se hace necesaria. Las familias necesitan su espacio y tiempo para que exista toda la armonía que debe existir para seguir creando familia.

Acompañando a esta reflexión, me hago la siguiente pregunta, ¿nos estamos deshumanizando conscientemente conformándonos en una vida menos complicada?

Estamos criando niños que para comunicarse entre ellos juntos en un banco de una ciudad, están con la mirada fijada en una pantalla, martirizando su dedo pulgar, convirtiendo un diálogo entre ellos en una conversación virtual.

Es cierto que puedes estar pensando que ahora mismo y por muchas circunstancias somos esclavos de las nuevas tecnologías, ¿pero en qué medida estamos permitiendo que éstas ocupen un lugar primordial en nuestras vidas?

Abracémonos, mirémonos a los ojos, escuchémonos y extendamos nuestro brazo. Afortunadamente, aún hay cosas que hoy por hoy no se pueden sustituir por experiencias virtuales. No dejemos de disfrutar del sabor auténtico de la vida.

 

¿Tú deseas ser el protagonista de la tuya?

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional
*Fuente de la fotografía, Pinterest.es

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Hablemos de lo “prohibido”

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Por Carmen Prada

 

En los inicios de mi escritura, ya bien fuese en revistas, blogs diferentes al mío, publicaciones en las RR.SS., o incluso en el programa de radio que cada miércoles realizo, siempre me han insistido en lo siguiente: “Carmen, es importante que tengas en cuenta que en la medida de lo posible no se puede hablar de política ni religión…” Nunca he estado de acuerdo, aunque a regañadientes lo he ido aceptando porque hay muchos otros temas ciertamente importantes de qué tratar.

Con el paso del tiempo, y más en los últimos días, me he dado cuenta que la falta de pronunciamiento por parte de muchos de nosotros, ante intereses comunes, nos está perjudicando a todos como nación.

Cuando estéis leyendo esto, habrá llegado un día muy señalado por aquellos que anteponen sus codicias al respeto a la legalidad por la que se rige nuestra convivencia.

 

Desde bien pequeña entendí que todos los españoles formábamos una sociedad variopinta y diversa, pero con unos rasgos comunes que nos unen, y esto es algo fácilmente comprobable a poco que se viaje por nuestra geografía. A medida que mi vida ha ido avanzando, y he podido conocer diferentes gentes y lugares de España y otros países, estoy más convencida de que las fronteras son algo habitualmente ficticio, lo cual no está en absoluto reñido con reconocer que la variedad de tradiciones, lenguas e identidades es algo real y enriquecedor, de lo que podemos sentirnos orgullosos, y además disfrutar de ello. Y precisamente por ello yo entiendo y siento mi identidad española en clave de diversidad, pues me siento tan española con el botillo de mi tierra berciana, como con el cocido gallego, la ensaimada mallorquina o las migas aragonesas, por hablar de gastronomía. Pero de la misma manera, me fascina la diversidad patria si hablamos de paisajes, lenguas, climatología, etc. Y toda esa herencia secular de la que hoy puedo disfrutar sin fronteras ni aduanas, me gustaría que las próximas generaciones la puedan heredar también aumentada y mejorada. Así entiendo yo el patriotismo, sin fanatismos ni imposiciones, sino con un sentido de agradecimiento y responsabilidad, con un ojo hacia el pasado, pues un pueblo que desconoce su historia no es consciente de sus raíces, errores y logros, y otro hacia el futuro, que se construye día a día y entre todos.

Las cosas se pueden hacer bien, regular o fatal, pero no entiendo una España dividida, y menos una España quebrantada como sociedad. No deseo enfrentamientos entre las personas que forman parte de nuestra gran nación. Hay ideologías diferentes, claro que sí, con diversidad de opiniones, con puntos de vista dispares…, pero siempre y ante todo debe primar el respeto, a las personas y a la legalidad vigente, la cual se puede cambiar, si procede, pero por los cauces establecidos.

 

Hay demasiados miedos a la hora de pronunciarse con respecto a este tema, y mucha carga emocional, y aunque por deformación profesional nunca dejo de lado las emociones, también creo que éstas hay que gestionarlas adecuadamente de forma que no solapen a la razón ni a la verdad.

 

No me sirve el argumento de las supuestas mayorías, ni las mareas populares, ni la reiterada utilización torticera y falsaria de la historia y los datos. Afortunadamente, vivimos en uno de los países más civilizados de los aproximadamente 200 que hay en el mundo, más allá de las muchas cosas mejorables que naturalmente también existen, y aunque la principal labor de los políticos ha de ser la de sentarse a hablar para encontrar solución a los problemas, y esto se hace poco, no se debe dar ni una mínima esperanza a los que quieren saltarse la ley, y esto es lo que ocurriría si los representantes políticos que defienden el respeto a la Constitución se sentaran a “negociar” con los que empecinadamente desobedecen las leyes y a los jueces. O sea, con los delincuentes. Porque un político que se salta la ley e incita a los ciudadanos a que hagan lo propio, es simple y llanamente un delincuente. Y si España fuese, además de un país civilizado, un país serio, que no es lo mismo, más de uno que se pasea entre vítores y banderas rupturistas ya estaría entre rejas. Porque la talla de un político nunca puede ser medida por su afán desafiante y desobediente, sino por su capacidad para tender puentes, defender la verdad por encima de intereses electoralistas y partidistas, y convencer con argumentos hasta el punto de conseguir cualquier lícito objetivo político sin saltarse las reglas del juego.

 

Pero claro, si en España hubiera políticos de verdad, otro gallo nos cantaría. Quizá tengamos lo que nos merecemos, porque hay que ver qué fácil es ver a miles, millones, seguir como un rebaño a personajes de diversos colores e ideologías que entre todos no hacen uno, pues impera la mediocridad y la mezquindad, el partidismo y la mentira. Quizá porque precisamente la mediocridad sea una de las más fuertes señas de identidad de nuestra actual sociedad, tan desnortada y manipulable, apoltronada y anestesiada, convencida de que no merece la pena molestarse demasiado por causa alguna.

 

Si usted ve el fraude, y no dice fraude, usted es un fraudeNassim Taleb.

 

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pinterest.com

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Por las lágrimas de tantas mujeres

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Artículo publicado por Carmen Prada

Sin duda, hoy se celebra un gran día, el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. ¿Que alguien no se había enterado? No me lo creo… Llevamos una semana viendo como en las RRSS se mueven imágenes, frases, reflexiones… acerca de este día.

Pero me da la sensación de que es una celebración sin continuidad, ni en las formas ni en el contenido. Hoy todos estamos con las mujeres trabajadoras, muy bien. ¿Y el resto del año?

Aunque también he de decir que escucho frases como, ¿y por qué no existe el día del hombre trabajador? Perdonadme, pero es un jardín en el que no me quiero poner a podar en esta ocasión.

El mayor ejemplo de mujer trabajadora lo tengo cerca, pues crecí al lado de una. Mi madre ha sido una mujer con una capacidad de sacrificio como pocas he conocido. Aún recuerdo cuando de madrugada se iba a trabajar y no regresaba de su larga y dura jornada entre escobas y fregonas hasta el mediodía. Y por la tarde, apenas después de comer, otra vez a la tarea. Soy la mayor de tres hermanas. Jamás nos dejó al cuidado de nadie, aún a día de hoy recordamos cómo se las arreglaba para que la educación de sus hijas no recayese en nadie más que en ella y mi padre, que por motivos laborales también se pasaba viajando toda la semana.

Mi madre, una mujer que cumple con todos los requisitos de Mujer Trabajadora. Y digo bien cumple, porque año tras año observo cómo para ser considerada Mujer Trabajadora debes cumplir tres requisitos:

  • ser mujer, evidentemente.
  • Trabajar fuera de casa.
  • Ser madre.

 

Con lo que quizá, algunas mujeres que no cumplen con los tres, entre ellas yo, se estén planteando, ¿hoy es mi día? Es una reflexión que dejo en el aire, y que cada uno la conteste según lo crea oportuno.

Por todos estos motivos, y durante muchos momentos del año, nos olvidamos de otro tipo de MUJERES, de las que hoy me quiero acordar.

Son esas mujeres que he podido conocer sobre todo en los últimos años, por mi profesión. Esas que su autoestima está lastimada, su esperanza tocada, su orgullo dañado. Os estaréis preguntando, ¿pero de qué mujeres estás hablando, Carmen? Quizá alguna de vosotras ya se haya percatado de qué perfil de mujer hablo.

Son esas que, con lágrimas en los ojos y una mirada desgarradora me confiesan:

  • buscaban una chica más joven;
  • no cumplía con los requisitos de buena presencia que pedían;
  • me han descartado cuando me han preguntado si tenía hijos, y ya sabes que los tengo;
  • mi físico no es el adecuado según el perfil que buscan;
  • cuando respondí que sí deseaba tener hijos, terminó la entrevista;
  • me han echado de mi puesto de trabajo porque no cedí a las insinuaciones del jefe;
  • me he quedado embarazada, y después de darlo todo por la empresa, me han echado a la calle;
  • estoy desesperada, me siento una inútil, nadie me da una oportunidad.

Claro que son mujeres y que algunas de ellas tendrán hijos, otras no, pero se sienten incompletas por no disponer de oportunidades para dar lo mejor de ellas fuera de su hogar.

Para muchos de nosotros estas mujeres son y en mayúscula MUJERES TRABAJADORAS, atienden su casa y  cuidan de sus hijos, las que los tienen, pero de algún modo la sociedad está vendiendo un tipo de mujer que causa la estigmatización de otras muchas.

Yo no tengo hijos, pero trabajo y tengo la responsabilidad de mi casa. Otras, en cambio, sí son madres y amas de casa, ese es su trabajo. Y otras, son madres, atienden sus responsabilidades domésticas y además trabajan o buscan trabajo fuera del hogar. Sea cual sea tu situación, no dejes que nadie te minusvalore, ¡siéntete orgullosa, Mujer!

Si eres una de esas mujeres que antes mencionaba, que no ves la luz para que tus lágrimas se sequen y la esperanza aparezca en tu vida, piensa en todo aquello que aportas en tu hogar, a tus hijos, amigos. Hazte valer como persona sin temer a levantar la mano y decir “estoy en búsqueda activa de empleo y orgullosa de no rendirme”.

Nunca te olvides de tus habilidades, de tus valores, de tu capacidad de sacrificio en los peores momentos, todo esto y más es el gran tesoro que en un momento determinado te dará más valor para ser esa profesional que muchas empresas ahora se están perdiendo, pero alguna te está buscando y vuestros caminos se encontrarán.

 

La mujer no solo merece un día para honrarla, sino toda una vida para amarla.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen de Pixabay

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¿Empatizas o solo intentas endosar?

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Encontrada por las calles de Madrid

 

Artículo publicado por Carmen Prada

A menudo me encuentro profesionales que conocen bien y saben exponer las virtudes de su producto o servicio. Lo lógico sería llegar a alcanzar su objetivo, que no es otro que realizar la venta, pero me doy cuenta que muchas veces no es así.

Podríamos pensar que si tienen las herramientas más importantes para poder lograr su objetivo, ¿qué es lo que falla, pues no lo consiguen? Hagamos un ejercicio de reflexión al respecto.

Realmente no solo necesitamos conocer y dominar todo lo anterior, sino que debemos lograr lo que es más importante, según mi humilde opinión y experiencia, que es empatizar con el cliente.

Llegar a la venta es un proceso largo.

  • Debemos conocer en profundidad el producto o servicio, la propia empresa, las ventajas y también los posibles puntos débiles de lo que vendemos. Cómo no, conocer también a la competencia, algo en lo que muchas ocasiones no se repara.
  • Es importante conocer nuestros clientes potenciales, hacer un estudio de candidatos y de este modo no dar tumbos ni tener la sensación por momentos de no saber qué dirección tomar o de estar perdiendo el tiempo.
  • Debemos conocer nuestras limitaciones y áreas de mejora dentro de nuestras propias funciones, ser humildes en este aspecto y por otro lado focalizar nuestros esfuerzos en las debilidades. No seamos cabezones y orgullosos al pensar “¡yo llevo vendiendo así toda mi vida, no voy a cambiar ahora!”. ¡Pues sí, quizá lo debas hacer! Los tiempos cambian y con ellos nosotros también debemos hacerlo.
  • Cada uno debe tener su marca personal a la hora de vender. Debemos ser camaleónicos en este sentido, cada cliente es único y diferente, no es él el que se debe amoldar a nosotros, sino nosotros tener la capacidad de conocer el tipo de cliente que tenemos enfrente y de este modo poder tratarlo.
  • Dejemos de pensar como hace 15 años, hoy por hoy el cliente es más exigente, y no porque conozca más el producto concreto, pero sí tiene más conocimiento del mercado.
  • Debemos encontrar el medio de llegar a él. Lo cierto que concertar una entrevista personal con el cliente dará valor a nuestra profesionalidad.

¿Cómo llego al cliente si tengo que saltar un montón de obstáculos?

Utiliza la imaginación, la creatividad, pero también… ¡vuelve a empatizar! ¿Con quién? Con la secretaria, que cada vez que llamas te dice que en ese momento no está, o te suelta la repetitiva frase hecha de “está reunido”. Empieza por ganarte con ingenio a tu primer interlocutor –tema a tratar en otro post.- Superado esto, ya tienes medio camino recorrido. Pero entonces, “¿cuál es el que me queda ahora?” El plato fuerte, llegar en el más amplio sentido de la palabra al propio cliente.

Hasta aquí tenemos toda la teoría muy clara, o casi, te has aprendido el guión de memoria pero… ¡Llegó el momento de saltar al ruedo y torear en la plaza!

Si queremos vender, con la teoría no es suficiente. Debemos saber identificar el tipo de cliente  y tener además la capacidad de adaptarnos a él, según el perfil del mismo. Existen varios perfiles, pero si tienes la experiencia necesaria -y no hablo de la teoría- te darás cuenta en cuestión de momentos cómo debes afrontar esa entrevista.

El tener delante al cliente, en muchos casos hace que uno se sienta desnudo. ¿Cuáles pueden ser los motivos?

  • El producto lo tenemos claro, pero quizá la seguridad en nosotros mismos no la tenemos tan potenciada.
  • Quizá nos cuesta romper el hielo. No vayas directamente al grano, muéstrate cercano. Busca a tu alrededor mientras le esperas algo que se repita de un modo u otro en su decoración, que parezca que despierta interés en el propio cliente, sus aficiones… y utiliza ese argumento para no empezar con la venta precipitadamente y sacar ese tema y conectar con él antes de comenzar.
  • Te bloqueas una vez lo tienes enfrente. No pasa nada, salúdale con un apretón de manos firme, no rehúyas la mirada, pero tampoco seas agresivo con ella. Sonríe, si para ello necesitas un motivo, piensa que tienes en ese momento una oportunidad ante ti. No muestres una sonrisa forzada, quizá la debas practicar. ¡Es el momento sin duda de empezar a empatizar!
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Fotografía Pixabay.com

 

 

 

  • Debes mostrarte tranquilo aunque te cueste. Transmite seguridad, no recules en tus afirmaciones, no peques de hablar demasiado, da la información precisa, la que el propio cliente te pida. No le pises la palabra, deja que el cliente te dé pistas sobre lo que desea o incluso de lo que necesita y aún no sabe… Es muy importante que seas observador y practiques la escucha activa, quédate con todos los detalles.
  • Caemos en el error de incluir en el argumentario atacar a la competencia. Evita por todos los medios hablar mal de ella, le estarás haciendo publicidad gratuita y darás la impresión de que tu producto o servicio no es gran cosa, pues si lo fuera no haría falta traer a colación a otros. Sé listo si el cliente te pone a prueba en este sentido. Nunca menosprecies a la competencia, no hables mal de ella, y si puedes ni la nombres. ¡No caigamos en este grave error, que por desgracia es muy común! ¡Somos profesionales!

 

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Solo conozcámosla…

  • ¿En el cierre sientes que te atascas? Esta es la parte más personal del comercial, la que distingue del normalito al realmente bueno. Al igual que hay diversos tipo de clientes, cada comercial por su carisma y preparación trabaja cierres diferentes. Por eso es muy importante que tengas claro qué tipo de cliente tienes enfrente. No te muestres impaciente, evita parecer que imperiosamente quieres vender, (aunque en el fondo ambos sepáis que es así), es un momento para volver a trabajar la empatía. Es el cliente más importante que en este momento existe para ti, házselo ver.

 

Si superas el ser un Asesor Comercial más, si has mostrado que sus preocupaciones como cliente son las tuyas, que no necesitas hablar de nadie para darle valor a tu producto o servicio, y que además has sido transparente y honesto con él, no creo que te cueste alcanzar la venta. Quizá le tengas que hacer una segunda visita, aprovecha para trabajar lo que has anotado en tu agenda sobre el cliente, tanto dudas que le han hecho pensárselo, como pequeños comentarios de su vida personal, que has de utilizar para conectar con él de nuevo.  Porque si has logrado que hable de esta última, sin duda lo has conseguido, ¡has empatizado!

Vete con el pedido preparado para la siguiente visita…

Puede que te hayas ganado un cliente, o más…

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Más vale poco de muchos que mucho de uno

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Artículo publicado por Carmen Prada

¿Si te planteasen tener en tu empresa o en tu equipo de trabajo al mejor vendedor que hayas conocido, le harías un hueco aun teniendo completa la plantilla? Estoy convencida que muchos alzarían las manos, pidiéndolo sin demora.

Lo cierto es que en un equipo comercial, a priori este gran vendedor puede salvar “muchas vidas”, pero, ¿durante qué periodo de tiempo?, ¿cuál sería el modo de actuar para alcanzar tales números?, ¿qué repercusión tendría en el resto del equipo?

Evidentemente, a un “comercial 10 en ventas” muchas empresas se lo rifarían independientemente de pensar más allá. Realmente es todo un filón para un negocio. Sobre todo para el mando intermedio, ya que le maquillaría los números cada mes, cerraría los trimestres con nota, haría de tirita en el caso de bajo rendimiento de otros compañeros, sería un referente a tener en cuenta para continuamente recordárselo al resto del equipo, las comisiones subirían como la bolsa en días de bonanza… Quizá más bien sería un remiendo momentáneo, según mi parecer.

Esta figura que se lleva todos los reconocimientos por parte de la empresa y ante sus compañeros, y al que todo se le concede porque lo tiene “más que merecido”, es ese profesional del que dependes, así de claro. Dirigir a un equipo comercial es una tarea de presente, pero sin duda de siembra para el futuro. Y la siembra en el mundo comercial es lo más complicado a lo que uno se tiene que enfrentar, si quiere tener una buena recogida.

Siempre he tenido claro mi punto de vista con respecto a este tema y mi modo de actuar. He dirigido equipos de trabajo, equipos comerciales, y lo cierto es que la única premisa que colocaba encima de la mesa era la de que mi equipo lo monto yo, y del mismo modo que es mi responsabilidad la contratación del mismo, asumo las consecuencias. Porque en esta vida, hay que ser coherente y congruente. Y siempre he preferido dar cuenta de mis decisiones, para lo bueno y lo malo, que tener que responder por decisiones que otros han tomado incluso sin ni siquiera consultarme. Si después había que echar balones fuera, estaba claro que en la portería me iba a encontrar yo, pero lo asumía.

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He de decir a favor de todos los jefes que he tenido, que nunca ninguno me impuso un equipo de personas y me dijo “esto es lo que hay, y es con lo que tienes que trabajar”.

Quizá a muchas personas, en cambio, esa postura impositiva por parte de la empresa les resulte más cómoda, porque la responsabilidad no va a recaer sobre ellos al 100%, y además no se tienen que romper la cabeza al montar un equipo de trabajo, que no es tarea fácil.

En mi caso, he evitado a toda costa tener entre mi gente a un “ crack de comercial” que me diera los números que necesitaba y que además lo hiciese “a costa de lo que fuese…”, he evitado mirar hacia otro lado sin importarme el modo de cómo consiguiese esos números, y desde luego he evitado dejar que ese supervendedor “fuera por libre” mientras el resto del equipo “ni fu, ni fa”, con cambio de cromos continuamente y sin la motivación suficiente como para darle un giro a sus números. Soy consciente de que hay equipos que funcionan así, y como los números, en sentido colectivo, van saliendo, pues así se tapa la realidad.

Mi postura siempre ha sido la misma. Obviamente, no rechazo tener un excelente profesional en mi equipo, sería como decir que no quiero al mejor delantero del mundo en mi querida S.D.Ponferradina, pero la experiencia me lleva a ser muy cuidadosa, pues hay “cracks” que basan sus números en prácticas comerciales poco éticas, otros pecan de egocentrismo y cualquier planteamiento de trabajo en equipo les resbala, y otros piensan que presentar buenos números es patente de corso para hacer lo que les dé la gana. Ahora bien, doy la bienvenida al que a una habilidad comercial excelente, una la honestidad, la disciplina, el respeto, la humildad y la calidad humana suficientes para poder trabajar en equipo y aportar a los demás todo aquello que les pueda ayudar.

En la diversidad todos podemos enriquecernos, por lo que he preferido tener siempre grupos con cierta heterogeneidad, que unos profesionales se pudiesen nutrir de los otros, evidentemente alguno siempre despunta y eso es bueno, porque para el resto es un ejemplo a seguir, pero lo que puede ser fatídico es que de uno solo dependa todo el equipo, y mucho menos yo como responsable del mismo.

Si eres capaz de completar un grupo de personas con valores y profesionalidad, el resto lo tienes muy sencillo. Pero llegar a ese punto reconozco que no es fácil.

A mí me importa el modo de trabajar de la gente que tengo a mi cargo, que lo hagan con honradez y seriedad, y no quiero que lo hagan de cualquier manera para llegar a ser un “10”. Me gusta la competitividad sana dentro del propio grupo, y eso se consigue con personas  que trabajen con pasión, a gusto pero con la presión necesaria, con capacidad de sacrificio, en un buen ambiente de trabajo, y con posibilidades reales de crecimiento individual y colectivo.

Y os estaréis preguntando, ¿por qué motivo no quieres a alguien que despunte claramente en tu equipo de trabajo y te pueda ayudar a alcanzar los objetivos más fácilmente? Lo quiero si va acompañado de valores, porque ayudará al resto. No lo quiero si solo va a lo suyo, ¡es pan para hoy y hambre para mañana! Esa situación no creará buen ambiente, y si el equipo depende demasiado de sus ventas, ¿qué pasará si un buen día decide dejar de formar parte de la empresa? ¡Sería un desastre! No tengo ninguna duda de que es mejor, a medio o largo plazo, haber apostado por varios que sumen, aunque menos individualmente, que confiarlo todo a una carta.

En cambio, si el grupo está unido y comprometido, no tardará en descubrir los beneficios de trabajar en equipo, sacando de cada uno lo mejor, premiando los logros en público, hablando en privado de posibles errores a mejorar y logrando el respeto de todos, además de que los números serán constantes y en aumento, (en eso deberíamos trabajar), nunca jugaremos con fuego.

¡Claro que es un desafío personal!

¡Por supuesto que es difícil!

 ¡Evidentemente que toda la responsabilidad la tendrás que asumir para lo bueno y para lo malo!

Pero si eres un líder y no te dan miedo los retos, tu mayor satisfacción será cuando llegue la época de recogida, porque has trabajado en el tiempo de siembra.

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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¿Dónde está la transparencia en el mundo laboral?

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Artículo publicado por Carmen Prada

Siempre que buscamos o vemos una oferta laboral, los ojos se nos van a los múltiples requisitos que solicitan para optar a ella. No solo hay que ser diplomado o tener un máster, hablar varios idiomas, tener años de experiencia en la profesión para la que te quieres postular, que además piden un largo historial de conocimientos de la actividad sobre la que ésta se basa, y si puedes tener cartera de clientes mejor que mejor. Y no quiero entrar en lo que se refiere al tema de la edad, porque eso daría para otro post exclusivamente.

Después de haber leído el historial de requisitos uno llega a creer, “¿pero cómo he podido hacerlo tan mal a lo largo de mi vida profesional?”, “¡llevo trabajando media vida y me da la sensación que no valgo para nada!” ¡Fuera alarmas, tu experiencia y valía hay que pagarlas!

Después de leer mucho acerca de la situación laboral, de las necesidades de las empresas, de personas que están desesperadas en la búsqueda de una oportunidad laboral, he llegado a la conclusión, y seguro que no soy la única, que existe una regla proporcional en cuanto a que al aumentar el número de personas paradas, ya que las empresas han disminuido o han recortado plantilla afectadas por la crisis, muchas otras empresas han optado por estos filtros que a mí personalmente me dicen poco de un profesional o apenas nada.

En este sentido, los profesionales ante tanta exigencia se siguen formando, porque así creen tener mayores opciones, pero también es cierto que está llegando un punto en el que el aspirante a un cambio profesional o aquel que vuelca todo su esfuerzo en la inserción laboral lo hace en muchas ocasiones dando tumbos y sin un punto de partida ni de llegada claro ante su objetivo, que es conseguir un empleo digno.

Muchas personas en esa búsqueda no se postulan ante multitud de este tipo de ofertas de trabajo, simplemente porque ven imposible alcanzar ni la mitad de lo que se requiere para optar a ellas, y en lo que no están pensado las empresas es que con tantas exigencias están perdiendo personas, no solo profesionales, con:

  • talento sin explotar;
  • liderazgo potencial sin darse a conocer;
  • gran capacidad de trabajo;
  • actitud y proactividad;
  • carisma y personalidad;
  • grandes dotes de creatividad;
  • muchas ganas de trabajar…

Por ese motivo a veces pienso que en los requisitos que se solicitan para un aspirante se podría incluir de igual modo la meta que la empresa quiere alcanzar con el puesto que está ofreciendo,  y a partir de ahí, además de valorar su experiencia y formación – cosa razonable, claro está-, que se llegara a valorar muy mucho su persona y las aportaciones que puede hacer a la empresa para alcanzar los logros. Resumiendo, valores.

Pero metas claras, objetivos concisos por parte de las empresas, y a partir de ahí poder valorar a la persona/profesional (porque debe ir unido) para saber si encaja en el perfil que están buscando.

¿Por qué entonces no incluir en las ofertas de trabajo además de “requisitos” y “se ofrece”, “objetivos de la empresa”?

Las empresas saben lo que quieren de un profesional antes de comunicar “estás dentro del proceso de selección”, tienen claro o deberían tenerlo cuál es el objetivo de esa contratación. Hoy en día toda empresa, a través de las distintas Redes Sociales, tiene a mano nuestros perfiles profesionales, cada uno de nuestros movimientos, postulaciones ante un tema determinado, comportamientos… Me pregunto, ¿por qué no utilizar la transparencia por ambas partes? Creo que sería la mejor opción.

¿Por qué no optar por una buena práctica como puede ser que los gerentes de empresas y responsables de RRHH valoren del empleado su capacidad profesional, pero a la par, valoren considerablemente la honestidad y transparencia de los actos y palabras de sus trabajadores? Y por otro lado, el trabajador ha de ser transparente del mismo modo, pues facilitar información errónea o falsa es la peor estrategia que un profesional puede utilizar, la mentira no se puede mantener indefinidamente, y solo habla mal de quien la practica. Es mucho más sensato, y obviamente más noble, cubrir las posibles “carencias” curriculares haciendo énfasis en aquello que todos hemos de tener si de verdad queremos crecer y triunfar, aun cuando las circunstancias de nuestra vida no nos hayan permitido estudiar todo lo que hubiéramos querido, y me refiero a los valores humanos que, trasladados al ámbito profesional, son sin duda un bagaje que cualquier empresa debería tener en cuenta, pues lo más valioso de una empresa, de una plantilla laboral, son las personas, y éstas, si son buenas, sinceras, honestas, no tienen precio, y serán la mejor carta de presentación de esa empresa. Pero para que esto pueda entenderse y llevarse a cabo, primero hay que considerar el concepto de empresa como un proyecto común, en el que los trabajadores no sean mera “mano de obra” que trabaja para el Sr. Fulanito, sino piedras vivas del edificio, que tienen mucho que decir y aportar para construir y desarrollar ese proyecto común.

Pero esto, mis queridos amigos y lectores, es un tema sin duda apasionante para otro artículo que espero compartir en un futuro cercano.

Ser honesto, como este mundo va, es ser un hombre escogido entre diez mil.

William Shakespeare

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Asesora comercial durante años, y orgullosa de ello

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Artículo publicado por Carmen Prada

Cuando me encuentro o escucho a menudo a personas que no se sienten a gusto con su trabajo, me gustaría llegar a cada una de ellas y ofrecerles una pequeña dosis de ilusión por lo que yo siento con el mío.

Son tiempos recios, en los que a menudo las circunstancias llevan a contentarse con poco, o a valorar como mucho lo que no pasa de ser un trabajo precario que apenas da para sobrevivir. Sin embargo, todos los días llegan a mi correo ofertas de empleo de diferentes sectores del área comercial, que es donde yo me he movido laboralmente. Cierto es que muchas de esas propuestas no son muy ilusionantes, pero sí hay oportunidades interesantes, si se buscan. Me sorprende que todavía mucha gente ni siquiera se plantee esa posibilidad de futuro, sin duda los prejuicios y los miedos son aún grandes, o quizá la crisis no le ha servido a mucha gente para salir de su zona de confort y autolamentación… Siempre decía que soy asesora comercial, y orgullosa de ello,  porque amaba lo que hacía, me apasiona esta profesión aunque muchas veces sea difícil, agotadora e incluso decepcionante… pero también es de las que más aporta económica y personalmente por los logros que se pueden obtener.

Independientemente del sector al que te dediques, la categoría o cargo dentro de la empresa en la que desempeñes tu carrera profesional, es un mundo en el que permanentemente hay que ser valiente y hacerse valer. A veces hay que dar un golpe encima de la mesa para mostrar  carisma, personalidad e implicación…  Pocas veces me ha temblado el pulso, pero eso sí, siempre desde el respeto y la educación, y con una argumentación coherente para defender mi criterio con firmeza y humildad, mucha humildad, pues la soberbia es el virus maligno de la profesión.

Cuando comentaba a lo que me dedicaba, siempre obtenía las mismas respuestas y eran: “yo no valdría”, “es muy complicado”, “con lo que debes aguantar”… Cada una de estas afirmaciones tienen una parte de verdad. No cualquiera tiene perfil comercial, es cierto que es difícil por lo que el día a día te exige,  inconvenientes que uno puede encontrar y también las ocasiones en las que uno no puede expresar todo lo que en un momento dado se le pasa por la cabeza. Pero las ventajas siempre han sido superiores a los inconvenientes y todas estas complicaciones quedan compensadas por la satisfacción de un cliente, de un trabajo bien hecho, por un regalo inesperado o una llamada de teléfono para tomar un café simplemente para agradecer el trato profesional ofrecido, el beneficio económico por lo hecho, el saber que los resultados dependen sobre todo de una misma, el dinamismo del día a día, que evita caer en la monotonía, el tener un sueño al que aspirar y con opción a alcanzar…

Mi experiencia se ha forjado a base de tesón, perseverancia, amor por lo que hago, mostrar personalidad, levantarme después de cada caída, quedarme con lo bueno de las vivencias y de la gente, automotivación continuada y haberme rodeado de personas que me han acompañado en este proceso y me han aportado mucho. Cuando se disfruta de lo que se hace, todo es más sencillo, el salir a la calle  a visitar clientes, el contacto telefónico con ellos,  trabajar bajo mucha presión, pasar frío o calor, recibir contestaciones a veces poco elegantes… Pero cuando se pone todo el empeño y lo mejor de una en la tarea, lo normal es que llegue la recompensa, el reconocimiento, los cargos de responsabilidad, el crecimiento profesional en el que cada cual marca sus propias metas.

Cuando tras empezar desde abajo asumes el rol de dirigir equipos comerciales, te ves obligada a tomar decisiones que van a repercutir en la vida de otros, por ejemplo cuando hay que seleccionar a las personas que pueden estar en tu equipo. Además de motivarte a ti misma,  debes transmitir a ese grupo que de ti depende,  pasas a ser responsable de los resultados de otros compañeros, has de marcar los objetivos colectivos sabiendo que afectarán a los tuyos, dar la cara por esas personas, siempre hay que tener palabras de apoyo y escuchar cuando alguien lo necesita para continuar, también ser crítica y firme en las decisiones y muchas tomarlas dolorosas porque va con el puesto…. Nada de esto me ha pesado, pero sí es cierto que el esfuerzo y la capacidad que una mujer debe mostrar para llegar es mayor. Y es así porque en muchos sectores esta profesión se sigue viendo como “de hombres”.

Me siento muy agradecida a este mundillo, en el que empecé tras trabajar muchos años “en lo mío”, me ha ayudado a conocerme mejor, a sacar a flote lo mejor de mí, a relacionarme con mucha gente buena e interesante, y a no tener que lamentarme nunca por no tener trabajo.

No obstante, todos los días se presenta la tentación de rendirse, pero cuando miro atrás, el presente y lo que puede venir en un futuro – siempre con el afán de superación a flor de piel – me doy cuenta que ha merecido la pena, que soy afortunada por disfrutar con lo que hago,  y siempre me quedaré con que gracias a esta profesión y a las personas que se cruzan cada día en mi camino me desarrollo como mujer y profesional, ahora centrada en ayudar a otros en el desarrollo de su empresa, así como formadora de profesionales y equipos comerciales.

Atrévete a ser tú mismo, hagas lo que hagas, y no permitas que nadie te diga hasta dónde puedes llegar, y menos aún por ser mujer, inmigrante, minusválido, demasiado joven o demasiado mayor, o cualquier otra etiqueta que solo sirve para limitar tus potencialidades.

Di con orgullo a lo que te dedicas, no dejes que nadie te etiquete, vive con pasión lo que haces y no tengas miedo a comerte el mundo.

No mires atrás y preguntes “¿por qué?”, mira adelante y pregúntate “¿por qué no?”.

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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