El tiempo es oro

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Por Carmen Prada

Reconozco que desde niña he sido una apasionada de los cuentos, y además, tanto me impregnaba de ellos que me los llegaba a creer de algún modo. Con el paso de los años, me he dado cuenta que muchos de ellos tienen un trasfondo de verdad, o más bien una reflexión a la que nos deberían llevar.

Hace unas semanas, recibí un regalo maravilloso de mi esposo. Un libro titulado Regálame la salud de un cuento, de José-Carlos Bermejo. Confieso que lo estamos aprovechando juntos, pues cada noche al acostarnos él me lee un cuento, y yo lo disfruto como una niña.

El libro está repleto de cuentos que te llevan a la reflexión, son historias breves de diferentes temáticas, pero hasta el momento ha habido uno por encima de todos que me ha llamado mucho la atención. Quizá alguno de vosotros ya lo conozca, pero aun así quiero compartirlo:

“La noche había caído ya; sin embargo, el pequeño niño hacía grandes esfuerzos por permanecer despierto. El motivo bien valía la pena; estaba esperando a su papá. Los traviesos ojos iban cayendo pesadamente cuando se abrió la puerta.

Hijo: “Papá, ¿puedo hacerte una pregunta?”
Padre: “Sí, claro, ¿qué es?”
Hijo: “Papá, ¿cuánto dinero ganas en una hora?”
—dijo con ojos muy abiertos.

Su padre entre molesto y cansado, fue muy tajante en su respuesta.
“Eso no es asunto tuyo, ni tu madre lo sabe, ¿por qué me preguntas tal cosa?”
Hijo: “Sólo quiero saber, por favor dime, ¿cuánto ganas por una hora?”

El papá contrariado contestó con un simple: “100€ por hora”.
Hijo: “Oh” —
El niño con tristeza agacha la cabeza hacia abajo…
“Papá, ¿puedo pedir prestado 50€?”

El padre se puso furioso: “Si la única razón por la que quieres saber lo que gano es para pedir prestado dinero para comprarte algún juguete tonto, entonces quédate en tu habitación, no salgas y piensa por qué estás siendo tan egoísta. Yo trabajo duro todos los días, como para lidiar con este comportamiento tan infantil”.

El niño en silencio cerró la puerta de su habitación. El hombre se sentó y comenzó incluso a ponerse más enojado acerca de la pregunta del pequeño. ¿Cómo se atreve a hacer tales preguntas sólo para obtener algo de dinero? Después de una hora o algo así, el hombre se calmó y comenzó a pensar: Tal vez había algo que realmente necesitaba comprar con esos 50€, después de todo, el niño no pedía dinero muy a menudo. Así pues, se acercó a la puerta de la habitación del niño y abrió la puerta.

Padre: “¿Estás dormido, hijo?”
Hijo: “No papá, estoy despierto”.
Padre: “He estado pensando, tal vez yo fui demasiado duro contigo. Ha sido un día largo y descargué mi frustración en ti. Aquí tienes los 50€ que me pediste…”
El niño se irguió, sonriendo.
“Oh, gracias papá!” -susurró el niño mientras metía su manita debajo de la almohada y sacaba varias monedas.

Entonces, se levanta y agarra debajo de la almohada unas monedas y unos billetes arrugados. El hombre vio que el muchacho ya tenía dinero, empezó a enfadarse de nuevo. El niño contó despacio su dinero, y luego miró a su padre.

Papá: “¿Por qué quieres más dinero si ya tiene bastante?”
Hijo: “Porque yo no tenía suficiente, pero ahora sí.” –Contestó entusiasmado.
“Papá, ahora tengo 100€. ¿Puedo comprar una hora de tu tiempo? Por favor, mañana ven a casa temprano, me gustaría cenar contigo.”

El padre se sintió acongojado. Puso sus brazos alrededor de su pequeño hijo, y le suplicó por su perdón.

Recordemos siempre, que la mejor inversión de nuestro tiempo es en la familia que tenemos, las personas que tenemos a nuestro lado y en nuestros corazones. Si el día de mañana morimos, en apenas unos breves días habría alguien reemplazándonos en el trabajo; en cambio, para la familia y amigos que dejamos atrás, la pérdida sería eterna. Valora el tiempo que pasas con los tuyos, porque no hay nada más valioso”. Autor desconocido

Esta es una conversación de un hijo con su padre, pero, ¿en cuántas ocasiones “robamos tiempo” a las cosas que son realmente importantes? ¿No nos ofrecemos con la excusa de que “no tengo tiempo para nada”?

Vivimos en una sociedad envuelta en compromisos, en la que vivimos deprisa y corriendo, sin percatarnos de las cosas que realmente merecen la pena y de las personas que precisan de nuestros oídos porque necesitan ser escuchadas.

La falta de tiempo es la excusa perfecta para evadir responsabilidades, responsabilidades de las que en muchas ocasiones simplemente queremos huir. Siempre he escuchado que “el tiempo es oro”, y sin duda, así lo creo. Es uno de los bienes más preciados, y en muchas ocasiones no nos damos cuenta que la vida, las oportunidades, los sentimientos, momentos…, corren y transcurren a la misma velocidad que éste lo hace, dejándonos muchas veces sin cosas a las que en un momento dado no dimos valor. Y lo peor de todo es que puede que muchas de ellas nunca regresen.

¿Has pensado alguna vez cuántas personas estarían dispuestas a pagar por tener un minuto de tu tiempo para que simplemente las escuches?

 

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Pixabay

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¿Te consideras aprendiz o empresario?

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Peter Drucker, reconocido investigador, autor de diversos libros sobre administración, indica que el empresario no posee características especiales, y, en sí, estas no son necesarias; dice que él personalmente ha sido testigo de cientos de casos en los cuales personas comunes se han desenvuelto de muy buena forma como empresarios.

Según se encuentra el mercado laboral, la precariedad del mismo y las pocas alternativas que se presentan, los emprendedores salen hasta de debajo de las piedras.

También es cierto que hay un dato significativo, son más el número de empresas y negocios que cierran, que los que comienzan su andadura. ¿Alguna vez os habéis preguntado el porqué? ¿Cuál puede ser el motivo? ¡Yo sí lo he hecho!

Es cierta y acertada en mi humilde opinión la cita de Peter Ducker, “empresario puede ser cualquiera”, no se necesitan unas capacidades extraordinarias para ello, pero lo que sí me cuestiono es, ¿el poseer ciertas capacidades puede condicionar el camino al éxito o al fracaso de la empresa? ¡Sin duda creo que sí!

En muchas ocasiones, conversando con personas con las que quizá no tenga un contacto tan directo o recién acabo de conocer, surge la siguiente pregunta: “¿y tú a qué te dedicas?” La respuesta es instantánea, “empresario”.

¿Realmente existe esa vocación empresarial?

Creo humildemente que sí, y además es algo que se huele, se siente, se palpa, es como una vena que no le sale a todas las personas. He conocido a muchos de los que se denominan “empresarios”, pero con esa vena pocos.

Hace escasos días encontré por casualidad un post que muestro a continuación y que para mí tiene mucho significado.

El ser empresario no lo otorga un título, ni es algo que compres. Es una arriesgada y apasionante decisión, pero a la hora de la verdad no todos valen para esta faena. Tengo muy claro que esta figura debe tener unos rasgos que no muchos poseen.

Puede ser que muchos de vosotros os hayáis encontrado con esta respuesta, “de profesión, empresario”, o incluso os estéis planteando emprender. Si os encontráis en cualquiera de los dos casos anteriores, os invito a que planteéis u os planteéis las siguientes cuestiones:

  • ¿Posees una gran capacidad para dirigir?

La mayor parte de la responsabilidad de alcanzar los objetivos marcados sin duda es tuya como empresario. Eres la persona que tiene la última palabra en las decisiones, y para ello tienes que saber marcar el camino a seguir. Debes tener el potencial necesario para sacar a flote las habilidades del personal que tú mismo has elegido para que te acompañe en tu andadura.

Nada puedes dejar al azar, debes tener un plan, no ir a salto de mata.

  • Este es tu objetivo, ¿pero sabes cuál es tu meta?

¡La pregunta del millón! Dejemos a un lado los objetivos mensuales, trimestrales, por empleado… No, estamos hablando del camino a seguir para alcanzar tu meta. No te puedes permitir dar palos de ciego. Tan claro la tienes que tener que debes hacérsela llegar con la mayor transparencia posible a las personas que están a tu alrededor. Debes llegar a seducirlas con tu idea, ya que si tú no lo tienes claro, los objetivos estarán difusos, y será complicado que los balances sean satisfactorios, y el riesgo será mayor de que el proyecto no tenga éxito ni continuidad en el tiempo. Y no solo tú pagarás las consecuencias. ¡No hagas víctima a los demás de tus errores!

  • ¿Estás dispuesto a asumir riesgos?

Debes saber asumir riesgos para crecer, pero antes de ello debes ser consciente de los pros y contras de cada disyuntiva, y mantener los pies en el suelo y la cabeza sobre los hombros… Esto último es muy importante, no te busques problemas, no se los busques a otros.

  • ¿Posees capacidad de decisión?

Eres la persona que más decisiones vas a tomar en tu organización. Como cualquier otra persona, unas veces acertarás y otras errarás. No caigas en el error de “echar balones fuera” cuando cometas un error. Es lo más recurrente y lo más sencillo a corto plazo, pero a medio o largo, estarás a la deriva y solo.

  • ¿Tienes esa vena y carisma entonces?

Solo ese empresario del que hablo, sí, ese que tiene vena y carisma es capaz de sacar de los que tiene alrededor lo mejor de cada uno.

Potencia a los subordinados, dedica el conveniente tiempo y dinero a su continua formación y a la tuya propia, debes saber delegar en ellos, haciendo que se sientan importantes y respetados como personas, ayuda a obtener la mejor implicación del conjunto de la plantilla. Se echa en falta dentro de las empresas ciertas palabras como “gracias”, “disculpa”, “de nada”, “buenos días”, “enhorabuena”, “gran esfuerzo”, “magnífico”, “te lo agradezco”… ¡Empieza tú a marcar la diferencia!

Eso sí, se escuchan más a menudo “que no vuelva a suceder”, “un grave error”, “que sea la última vez”, “esto es un ultimátum”… No llegues a utilizar el autoritarismo, si no piensa que en algo estás fallando.

Una cosa importante, ¡los errores y fallos, se corrigen en privado!

Nunca olvidemos que trabajamos con PERSONAS, personas con vidas, con necesidades, inquietudes, historias… No eres nada sin ellas. Tu organización la compone un grupo humano, del cual te guste o no dependes. No arrastres, no humilles, no arañes, no dañes, no prives de libertad y mucho menos juegues con el pan de nadie.

También quiero recordar que abusar de la necesidad de otros, empequeñece… Tú como empresario no serías nada sin los trabajadores, solo tendrías una idea. Para alcanzar esa meta necesitas de los demás. Los trabajadores deben tener claro su papel, pero no caigas en la tentación de la vanidad, llegando a pronunciar “sin mí, no serías nada…”

 

Fomentemos los valores humanos, las sanas relaciones entre
personas dentro de las empresas, para que todos se sientan
implicados en un proyecto común y orgullosos del mismo. En
un equipo es importante que haya un buen capitán y líder, pero
todos han de sentirse útiles, respetados y reconocidos, pues los
éxitos dependen de la suma eficiente de todos. Quien está a la
cabeza, ha de mantener siempre la humildad, y servir a los
demás como ejemplo profesional y personal.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com y Google

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Convierte los noes en síes

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Artículo publicado por Carmen Prada

“No es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que responde mejor al cambio”. Charles Darwin.

Después de esta gran cita, comienzo con una pregunta: ¿te consideras una persona con dificultades para afrontar cambios y situaciones adversas?

Son bastantes las personas que ante la carga de dificultades y tropiezos en la vida, sufren un incremento de sus miedos. La precaución es conveniente, pero practicarla en exceso, estar demasiado atento al retrovisor y demasiado poco al frente, lo que hace es paralizarnos. Es cierto que estas situaciones de malestar o dolor lo que hacen es modificar nuestro comportamiento, ya que con el paso de los años la experiencia puede ser un grado o un lastre, según como se oriente.

Claro que no es sencillo estar saltando piedras a lo largo de nuestro camino, pero esta situación por trágica y cansina que nos parezca nos puede aportar con el paso del tiempo una revolución dentro de nuestra propia persona.

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A menudo me encuentro con personas que me comentan temerosas, “¿y si me dicen que no…?” Y mi contestación ante esta pregunta siempre es la misma: “pero, ¿qué respuesta tienes en este momento?, ¡un no!”

Entonces os pregunto, ¿por qué no cambiamos los noes por los síes? Os estaréis diciendo, “eso es muy fácil decirlo pero, ¿cómo lo hacemos?”

¿Eres tu mejor amigo?

¿Eres tenaz y consciente de que tus logros serán proporcionales a tus sacrificios?

¿Las dificultades las transformas en retos y sacas todo tipo de lecciones y aprendizajes de ellas?

¿Te consideras una persona con una adaptabilidad importante ante los cambios?

¿Eres de los que cree que enfrentarse a los problemas y los miedos, y no esconderlos bajo el felpudo, es la solución más rápida y eficaz para resolverlos?

 

Tengo que decirte que si a todas estas respuestas te has contestado con un SÍ, ¡enhorabuena! Estoy segura que has trabajado mucho en ti para llegar a este punto, y le podrás decir a la gente que se puede conseguir, partiendo de la base de la confianza en uno mismo.

Pero si eres de los que alguna de estas preguntas te han descolocado, o son muchas en las que has contestado con un no, o quizá al responderte has tenido muchas dudas… ¡Pongámonos manos a la obra y trabajemos sobre ello!

  • ¿Cómo se encuentra tu autoestima?

Es algo primordial, la autoestima marcará como las agujas de un reloj el que creamos en nuestras capacidades y posibilidades. Debemos querernos, confiar en nosotros mismos, reafirmarnos en que es posible lograr lo que nos propongamos.

Hace muy poco le transmití a una persona que para ser mejor persona con los demás tenemos que empezar por querernos a nosotros mismos.

¡Busquemos dentro de nosotros! Tenemos motivos para confiar en nuestras posibilidades, no pensemos que siempre hemos sido perdedores. Cometeríamos un grave error.

  • ¿Al sentido del humor lo conoces?

Conozco personas que son realmente impresionantes en este punto, tanto que son capaces de reírse de sus propios problemas. Utilizan esta herramienta para relativizar lo que les sucede y las dificultades con las que se encuentran.

¿Por qué no reírnos de nosotros mismos, antes que lo hagan otros? Todo parecerá menos grande. No pensemos que llorar es de cobardes, porque además en algunos momentos es necesario, es una emoción más pero no abusemos de ello, no nos hagamos mal.

  • ¿Cómo andamos de relaciones sociales?

Cierto es que cuando la autoestima está tocada somos demasiado susceptibles, por eso debemos cuidar y mucho el tipo de personas de las que nos rodeamos.

Pensemos y seamos realistas, son muchas las que disfrutan con el mal ajeno, y si entre tu círculo de amistades o conocidos abundan o tienen presencia las personas tóxicas, puede que en vez de ver tonos grises, y por momentos algún destello de color, pase todo a tener un aspecto negro. ¡Fuera personas tóxicas!

Rodéate de aquellas positivas, optimistas, alegres…

¡Rodéate de gente que te quiera!

  • ¿Conoces la famosa zona de confort?

                                                                            

Hace muy poco lo hablaba con alguien, que en esta vida está claro que atarse la manta a la cabeza cuando uno tiene dificultades para apenas cubrir esas necesidades básicas que todos tenemos, dificulta la posibilidad de dar giros bruscos en la vida de uno. Para hacer malabares, ya habrá tiempo.

Pero no nos confundamos, pequeños objetivos, metas fácilmente alcanzables, actos que nos hagan salir fuera de nuestro hábitat natural, será como un camino de aprendizaje para esa huida de esa zona tan cómoda por la que todos, absolutamente todos, de un modo u otro hemos rondado.

Superar las adversidades y las dificultades, convertir los noes en síes, hace que seamos capaces de lograr grandes cosas. Sin darnos cuenta, dejamos atrás miedos que nos llevan tiempo paralizando y nos sentimos fuertes ante cualquier reto que se nos ponga por delante.

Seguro que en este momento alguna persona, no sé, quizá de tu entorno o cualquier otra conocida por muchos de nosotros te viene a la cabeza a modo de ejemplo e inspiración.

Yo os dejo la mía…

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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A mí también me sucede… No eres un extraterrestre

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Artículo publicado por Carmen Prada

“Que no te vendan humo, todos tenemos días basura. Lo que nos diferencia es cómo cada cual los afronta, nada más”, Carmen Prada

Sí, hoy la cita no es de un personaje célebre, es de servidora. ¡Qué le vamos hacer!

Quizá el cambio de estación, los altibajos en las temperatura, virus diversos… nos estén afectando a todos de un modo u otro. Confieso que he pasado unos días de interiorización, reflexión, hablar mucho conmigo misma… Y siempre que cambias de armario, hay alguna prenda de la que prescindir, porque ya no la utilizas o  quizá ya no te sirva.
Según cómo nos encontremos emocionalmente, aceptamos como respuesta un “no hay problema, el tiempo pasa y listo” o “menuda mierda de vida (disculpad por la expresión, pero seguro que todos la hemos escuchado o incluso dicho en algún mal momento)”.

Acostumbro bien temprano cada mañana a salir a caminar por la orilla del río Sil, que surca y dibuja más bella mi ciudad, Ponferrada. Hace unos días, mientras llevaba “mi pinganillo” al oído y en la radio sonaba la canción “Siendo uno mismo”, de Manuel Carrasco, me dejé llevar por su melodía y letra, y sin darme cuenta me arranqué a cantar, pero a todo trapo. Me paré, me reí de mí misma y pensé, menudo día de mierda tuve ayer y hoy a primera hora de la mañana estoy riéndome de mí misma”.

¡Cuánto bien nos hace reírnos de nosotros mismos!

“Día de mierda”, con el permiso de mi gran amiga Susana Álvarez, porque abiertamente un día así los bautizó. ¿Por qué no llamar a las cosas por su nombre?

Hablando desde la más absoluta sinceridad, el humo sale de las chimeneas, con lo que éste no se debe comprar, sencillamente porque no se debería vender…

Las palmeras son árboles formados en su parte superior por la corona o copa, ésta la componen el conjunto de sus hojas. Son muy apetecibles para resguardarnos de la sombra, pero vivir rodeados de “palmeros” que nos eviten el sol en la cabeza, nos impide sentir que el dolor de cabeza también existe y es natural.

Y traduzco, la vida no está dibujada de color rosa, ni siempre debemos buscar a aquellos que nos digan lo que necesitamos oír o hacer.

Toda persona tiene su historia, su vida, sus cicatrices, sus retos. ¡Yo también tengo vida, y es como la tuya, ni más ni menos!

Todos en algún momento queremos mandar todo a la porra, nos sale por la boca lo que se puede decir y hasta lo que no se debe, llegamos a negociar con valores, pensamos que nada merece la pena, que no se ve la luz al final del túnel… ¿Pero crees que eso solo te sucede a ti? Puede que me digas, “no me sirve de consuelo”, y quizá tengas tu parte de razón pero, si la vida no es toda de color rosa, ¿crees que el negro entonces es su color? ¡Tampoco!

Todo va marcado por el color del filtro a través del que miramos ese recorrido vital en el que simplemente somos un caminante más.

Cómo no, también influye cómo se encuentre nuestro corazón, si su latido es normal y no está demasiado afectado por el estrés, la tristeza, la ansiedad…
Tal como hace la naturaleza, es preciso distinguir entre aquellas hojas caducas, que caen porque su ciclo ha terminado, y las que son perennes, y resisten el paso del tiempo y de las estaciones. Así es, en nuestro devenir existencial hay proyectos y personas que quizá sean pasajeros, y no han de ser otra cosa, mientras que otros son los que verdaderamente configuran nuestra historia personal. No confundirnos al respecto es muy importante, y eso pasa por alejarnos de personas tóxicas e ideas estériles que provocan en nosotros culpabilidad y baja autoestima. Claro que tanto unas hojas como las otras dejan huella, y además aprendizaje. Pero es fundamental distinguir cuál es cuál.

Mientras escuchaba la canción que antes os comenté, corrían mis piernas más de lo habitual, y no dudé en compartir con todos esa sencilla experiencia. ¿Y sabéis por qué?

  • No somos ejemplares, todos tenemos nuestras miserias.

  • Debemos querernos como somos para querer a los demás como se merecen. ¡Empecemos la casa por los cimientos!

  • Nunca olvidemos que un día fuimos fuertes. ¡Y no hay que dejar de intentarlo, pues conocemos esa sensación!

  • La vida pasa ante nuestros ojos, no dejemos que en ella abunden los “días de mierda” sobre los gratos. Recordad, ¡esos “días de mierda” los tenemos todos, no hay que avergonzarse por ello!

 

Pero sobre todo y ante todo, y aunque muchas veces nos duela lo que encontramos, busquemos ser nosotros mismos, estemos donde estemos y nos acompañe quien hayamos decidido.
Para terminar, os dejo la canción que me ha inspirado, no dejéis de escucharla, e incluso cantarla a pleno pulmón, que un poco de locura no está de más.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen de Pixabay

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No aspires a menos que al infinito

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Artículo publicado por Carmen Prada

Se ha retomado el curso académico, el político, vuelve el fútbol si es que alguna vez se fue, mucha gente se reincorpora a sus puestos de trabajo tras las merecidas vacaciones, otros que han podido trabajar en Navidad han de volver a buscar un empleo… Cada cual tiene su historia, y los estados de ánimo son también diversos, pues hay quien sufre el síndrome postvacacional, otros en cambio afrontan este inicio de año con las pilas cargadas dispuestos a alcanzar todos sus objetivos, hay quien decide comenzar o continuar estudios, hay quien no termina de ver la luz al final del túnel…

En muchos momentos de mi vida he podido observar la sobreprotección de algunos padres con sus vástagos, y no puedo evitar recordar mi propia infancia, aquellos tiempos en los que se veía como algo normal que los niños se ensuciaran jugando en la calle, o que se cayeran en la playa al correr detrás de un balón. Y no pasaba nada. Nunca ha sido tarea fácil educar a los más pequeños, pero no dejo de sorprenderme al ver a algunos padres alterarse ante situaciones intrascendentes, mientras diversos estudios reflejan que nuestros jóvenes paulatinamente comienzan antes a beber alcohol, fumar, tomar drogas, hacer un mal uso de las nuevas tecnologías… No pretendo criticar a nadie, entiendo que es muy complicado, pero no cabe duda que hay cosas que resultan cuando menos curiosas.

Son los padres, en su labor educativa primordial, quienes primero nos marcan y delimitan ciertas líneas rojas que no podemos traspasar. Eso es bueno y necesario, en su justa medida, para nuestro desarrollo personal y social, conocer los límites. Después la sociedad se encarga de imponer un suma y sigue de prohibiciones. El problema no está en esto, más allá de que pueda haber leyes más justas o más injustas, la verdadera losa psicológica es la que tiene que ver con los prejuicios y las etiquetas que, sin darnos cuenta, podemos cargar en la mochila, y que nos llevan a vernos a nosotros mismos y a los demás como seres mucho menos capaces de lo que realmente somos.

Muchas veces parece que estamos “programados” para ser conformistas, para aceptar los roles marcados por los prejuicios y la comodidad, para resistirnos a salir de nuestra zona de confort. La sobreprotección que hemos arrastrado se nos hace en muchos momentos cuesta arriba cuando ya somos adultos, a la hora de tomar muchas decisiones. Nos crea miedo a lo desconocido. Ya no están mamá o papá para sacarnos las castañas del fuego, y si no hemos aprendido desde pequeños a afrontar los problemas, a ejercitar la tolerancia ante la frustración sin rendirnos, si nuestra autoestima y seguridad en nosotros mismos son bajas porque nos hemos acostumbrado demasiado a depender de lo que otros hacen o dicen, seguramente tengamos un problemón cuando nos vengan mal dadas, y no será el contratiempo de turno en sí el problema, sino la falta de valentía y espíritu de superación para poder afrontar sin miedo cualquier adversidad, viéndola como una oportunidad de crecimiento y desarrollo que nos llevará a descubrir lo mejor de nosotros mismos.

Lo cierto, y no permitas que nadie te convenza de lo contrario o te haga dudar, es que somos una especie con una capacidad de adaptación y superación asombrosa.

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Recuerdo todavía el estado de continuo asombro que me causó la celebración de los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro 2016, pues me permitió conocer historias de superación personal que dejan a uno con la boca abierta. Detrás de cada uno de estos héroes hay una vida marcada no por la limitación física o intelectual, sino por las enormes ganas de vivir e ir más allá paso a paso.

Cuando veo que muchos de ellos son capaces de hacer cosas, faltándoles una o varias extremidades, que yo no sería capaz de hacer a día de hoy con mis dos brazos y mis dos piernas, no puedo dejar de admirarlos, y pensar que lo que nos limita son los estereotipos, los prejuicios, las etiquetas y falta de espíritu. No es lástima lo que me provocan, sino gratitud sincera por la lección que cada uno de ellos da a la sociedad y a mí misma. No tenemos derecho a quejarnos por tonterías. O sí lo tenemos, pero no perdamos el tiempo ejerciéndolo. Mejor es ejercer el derecho a no rendirse nunca, a sacar de todo algo positivo, a querernos a lo grande y a querer a los demás atreviéndonos a descubrir el tesoro que es cada persona.

Humildemente tengo que pedir perdón por mi resistencia a creer como cierta una noticia que, al comprobar su veracidad, me dejó patidifusa. En la prueba de atletismo masculino de 1500 metros lisos de estos Juegos Paralímpicos, los cuatro primeros atletas clasificados llegaron a meta con mejor tiempo que el conseguido por el campeón olímpico el pasado agosto. O sea, que el campeón olímpico hubiese terminado quinto en la prueba paralímpica con su tiempo.

 ¿Os dais cuenta? No solo lo han hecho muy bien, es que ¡¡¡incluso lo han hecho mejor que aquellos que son los mejores del mundo en el deporte sin discapacidad!!! No me lo creía, lo admito.  Y por otro lado, me llamó poderosamente la atención que esta noticia no hubiese sido portada de informativos, pues es algo que trasciende al deporte, nos habla de lo maravilloso que puede llegar a ser el ser humano.

¿Alguien puede dudar de que cada uno de nosotros, que también somos de carne y hueso, no tiene un potencial inmenso por descubrir y ofrecer?

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen Carmen Prada

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Nuevo año, ¿avanzas tú o “te avanzan” como una marioneta que se cree libre?

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Artículo publicado por Carmen Prada

Uno de mis deseos para este año que está dando sus primeros pasos, es que los que me seguís habitualmente continuéis haciéndolo y aportando, y a las nuevas incorporaciones, ¡bienvenidos a vuestra casa!

Quizá Sus Majestades los Reyes Magos hayan sido generosos con muchos de vosotros. Entre los regalos más cotizados y solicitados siempre están la ropa, joyas, una pequeña escapada, unas gafas de sol nuevas… Pero por encima de todos, las nuevas tecnologías. Las tabletas, los ordenadores, y cómo no, los teléfonos móviles.

Como habéis podido observar, todos esos regalos son bienes materiales, tangibles, de esos de los que pronto nos cansamos o echamos a un lado. Hay algunos que no tardan en pasar de moda, y estos últimos que he nombrado, además de ser frágiles, hay una alta probabilidad de que pronto los cambiemos o se nos estropeen, pues están diseñados para ello.

Y yo me pregunto, ¿nosotros nos renovamos también, o solo lo hacemos con las cosas materiales?

Con el comienzo de un nuevo año:

  • ¿hemos buscado el momento más idóneo para hacerlo?
  • ¿Nos hemos atrevido a mirarnos por dentro con franqueza?
  • ¿Hemos analizado lo que hemos visto en nuestro mundo interior?
  • ¿Te vas a atrever ahora a dar el paso que debas dar para crecer en los aspectos de tu vida que más necesitas, aunque no sea cómodo?
  • ¿Aunque el año no ha hecho más que comenzar, ya has dado pasitos quizá cortos pero firmes, o te sigues engañando a ti mismo?

Vuelvo por un momento a las nuevas tecnologías, que es una reflexión que creo es el momento idóneo para ponerla sobre el papel. Por ejemplo, los teléfonos móviles, avanzan a pasos agigantados. Para nosotros, y más como profesionales, éstos deben estar siempre a la última ante cualquier necesidad que nos surja, ya que nos facilita mucho nuestro día a día. En ocasiones, aun sin tener ciertas necesidades ya tenemos en nuestras manos lo último de lo último. Tanto, que se ha hecho un protagonista imprescindible en nuestras vidas.

A menudo escucho a personas o conocidos que comentan, “no sé qué le sucede al móvil, llevo 5 años con él y nunca me ha dado ningún problema, y ahora de repente me aparece continuamente el aviso de memoria llena”.

Durante muchos años he sido Asesora comercial durante años, y orgullosa de ello, como muchos de vosotros ya sabéis, y además durante bastante tiempo mi actividad ha estado vinculada a las telecomunicaciones. Por lo que cuando alguna de estas personas me lo comenta, y además sorprendidas de lo que les está sucediendo, siempre les digo lo mismo. “Los móviles tienen una memoria determinada, de hecho la misma ahora que el día que lo estrenaste. Las aplicaciones que tienes instaladas, dices que son las mismas, ¡y no lo dudo! Pero lo que no es lo mismo es lo que pesan –para que todos me entendáis- las aplicaciones, puesto que las actualizaciones de las mismas, que además nos encantan… son las que hacen más pesadas éstas que siempre hemos tenido.”

 

¿A qué viene todo este rollo que os he soltado? ¡A que las nuevas tecnologías están en un continuo desarrollo vertiginoso!

¿Y nosotros, evolucionamos del mismo modo? ¿Nos desarrollamos y reseteamos con la necesidad que lo hacen los ordenadores, los teléfonos móviles…?

Me da la sensación en muchas ocasiones, prácticamente todos los días, que su desarrollo se convierte en nuestra involución como personas. Nuestros juguetitos son año a año más sofisticados, pero yo no percibo que las personas sean igualmente año a año más rebosantes de valores humanos como la honestidad, la generosidad o empatía. Ni siquiera mejor educadas, y ya se sabe, la buena educación supone media virtud. Pues yo no veo esos avances.

Anteriormente hice una pregunta, ¿nosotros nos renovamos por dentro?

 

  • Debemos ser conscientes de que nuestro desarrollo personal también necesita de “actualizaciones” de vez en cuando. Nosotros mismos debemos encontrar el mejor lugar y momento para llevar a cabo este proceso. Estos momentos de encuentro con nuestro yo más íntimo son necesarios para descubrir el camino a seguir, o incluso advertir que pueden existir varias sendas que nos llevan a la misma meta pero sin el mismo desgaste.

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  • Cierto, puede ser que cuando observemos nuestro interior nos demos cuenta que hay demasiadas piezas sueltas. Piezas imprescindibles para que nuestra vida se desarrolle del modo más óptimo posible. ¡Ya hemos encontrado algo, es un buen comienzo!

 

  • De poco sirve darnos cuenta que debemos evolucionar, renovarnos, desarrollarnos, crecer personal y profesionalmente, si no hacemos nada para ello. Seguiremos estancados en una “versión antigua”, con lo que después no lamentemos que otras personas nos adelanten por la derecha…

 

  • Llegado este punto, nos entra el miedo en el cuerpo. Apuramos al máximo nuestras oportunidades y en ocasiones ya es tarde. ¡Si cumples contigo mismo, lo harás con tus metas! Empieza con la descarga de todas las “actualizaciones” y ponte al día. Fija tu meta, tu objetivo, tu sueño y da el primer paso. ¡Esto solo depende de ti!

          Disfruta y goza con la sana competencia con otros profesionales, como lo hacen las grandes              y conocidas marcas derivadas de la tecnología.

 

  • Ahora sí, renovado y actualizado seguro que ves las cosas de manera diferente. Muchos de los miedos van a desaparecer, puesto que todo tu potencial se ha activado y vas a por todas.

Muchas veces nos dejamos llevar por la corriente sin pararnos a reflexionar sobre nuestra creciente dependencia de las máquinas, y llegamos a estar a su servicio, cuando nunca debería dejar de ser a la inversa, pues son meras herramientas. La máquina por excelencia somos nosotros mismos, nuestro cuerpo y especialmente nuestro cerebro. Y esa maquinaria, la única realmente valiosa e insustituible que tenemos, la debemos mimar y potenciar. No nos podemos permitir el lujo de que nuestro entorno profesional, el desempeño de nuestras tareas diarias, la falta de adaptabilidad, la inadecuada comunicación, los miedos a los cambios repentinos… nos superen.

No digo que sea fácil, pues exige capacidad de introspección, disciplina, sinceridad con uno mismo y la suficiente inquietud como para no acomodarse y fiarlo todo a los avances tecnológicos, esos que nos hacen la vida más fácil, pero que también pueden llegar a idiotizarnos si no estamos alerta.

¿Avanzas tú o “te avanzan” mientras te dejas llevar?

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Déjame vivir, ¡porque quiero ser feliz!

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Por Carmen Prada

 

Ya queda muy poquito para que finalice el Tiempo de Navidad, una época muy especial para mi familia y que también yo vivo con un gozo renovado cada año. Con la llegada de 2017, es momento de tener las pilas bien cargadas de ilusión y entusiasmo para comenzar con fuerza el camino hacia la consecución de las metas propuestas.

En estas semanas señaladas del calendario se escuchan comentarios de todo tipo y bien dispares, como “en las navidades todo parece maravilloso”, “me parecen fechas demasiado hipócritas, porque en estos días todo el mundo se desea lo mejor y después el resto del año…”, “los regalos se pueden hacer en cualquier momento, no tiene por qué ser ahora”.

Desde mi humilde punto de vista, creo que hay algo de verdad en cada uno de los comentarios mencionados.

¿Todo parece maravilloso? Bueno, es que algo dentro de nosotros necesita de momentos que den un aliento a nuestra vida. Nos sobran los momentos en el día a día para ver el tono más gris de ella. Momentos de ilusiones, de emociones, de sentimientos, nos hacen una especie de lavado o limpieza interior y nos renuevan para afrontar de mejor modo un nuevo inicio. ¿Por qué no vivir de sueños por momentos?, ¿por qué no mostrar lo mejor de nosotros en instantes en los que se respira paz y darnos ese gusto?

Todo se ve dependiendo de los ojos con los que se mire. Y ya no solo en estas fechas, la cuestión es que el filtro de esos ojos nos acompaña el resto del año, y si nos resistimos a cambiarlo aunque sea solo de vez en cuando, lo veremos todo siempre del mismo tono… ¡Eso es lo triste!

Sinceramente, vivimos una vida cargada de hipocresía, y esa nuestra realidad social y personal no es cosa solo de unos días al año, ojalá. Quien se crea de verdad libre de ese pecado, tan consustancial a nuestra especie, que se atreva a tirar la primera piedra. Pero curiosamente en esta época es cuando más oigo voces que denuncian la falsedad. Siendo así, la propia denuncia es un acto de hipocresía de la misma forma, porque también habría que decirlo el resto del año, ¿no es cierto? Quizá podamos utilizar estas fechas para reflexionar al respecto sobre este tema y preguntarnos, ¿qué me impide hacer frente a la falsedad? ¿Por qué no cambiar para cambiar el mundo?

Puede que en estas fechas parezca que se olvidan los malos recuerdos, las relaciones enfriadas se templan, recibimos saludos que en otras épocas del año no recibimos, o también hay un trato más cordial con familiares con los que en otros momentos quizá ni exista trato…

¿Y por qué no verlo como una oportunidad para poner a prueba todas estas relaciones? Todos merecemos segundas oportunidades, ¿no puede ser un buen momento para ello? ¿Por qué no hablar de eso que un día marcó un antes y un después en esa relación? ¿Por qué no dejar hablar y expresarnos nosotros? ¡Fuera orgullo! Pienso que cualquier momento es bueno para reencontrarnos con los demás y con nosotros mismos. Quizá en algún momento fuimos nosotros los que nos perdimos… Después de todo esto, ya habremos obtenido la respuesta que necesitábamos para saber quién tiene hueco en nuestra vida, pero no lo hagamos antes.

La vida está llena de oportunidades, para nosotros y para todos.

Existe una noche mágica en estas fechas. Una noche que para mí ¡sí es la noche de Reyes! Cada uno le da el valor que le quiera dar a esta noche y al día que le sigue. Me considero una persona detallista, cualquier momento del año es bueno para dar una sorpresa o hacer un regalo. Pero es una noche preciosa para los niños, y como tal me siento yo. ¡Me niego a perder esa parte que existe en mi interior de niña! Parece una frase hecha, pero es cierto, todos llevamos un niño dentro de nosotros. Puede ser que la diferencia esté en que algunos le damos rienda suelta y otros lo mantienen muy atado.

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Esa mirada de niña que nunca se pierda

Los regalos, los detalles… No debe ser una competición de quién da el más valioso. Para mí recibir un pequeño detalle, independientemente del valor material, significa que esa persona me ha tenido en mente y se ha preocupado por pensar en aquello que me podría hacer ilusión.

Todo, como dije anteriormente, se puede ver del color que uno desee e incluso convenga. Pero,

  • ¿por qué condicionar con nuestros actos o comentarios la vida de otras personas?

 

  • ¿Por qué no respetar los momentos de felicidad que muchas personas viven en fechas determinadas?

Nos pasamos toda la vida lamentándonos, echando de menos muchas cosas, viéndola siempre con un tono oscuro, pensando que todo lo malo nos toca a nosotros… En definitiva, ¡siendo víctimas de nosotros mismos!

¿Por qué pretendemos contagiar nuestros prejuicios a otras personas?

Conmigo no contéis, amigos, para pintar la vida de color gris, ni para fustigarme, ni siquiera para competir en superficialidad, tampoco para dejar a un lado esa niña que llevo dentro…

Tenéis las puertas abiertas de mi humilde morada en este 2017 para vivir y soñar, siempre con grandes dosis de esa proactividad que todo lo puede hacer posible.

 

¡Nunca dejemos de ser niños!

 

Son mis ilusiones infantiles las que todavía me hacen decir si percibo una fisura en la coraza de un hombre: no todo está perdido, hace falta poco para hacer palpitar a ese corazón detenido.

Elias Canetti

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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