El silencio del buen amigo

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Por Carmen Prada

 

“Un amigo es alguien con quien se puede no hacer nada y disfrutar de ello”. Anónimo.

 

No, no me he vuelto loca.  Hace pocos días, estuve hablando con unos amigos acerca de este tema, y al yo referirme a la cita con la que empieza el post, y que comparto totalmente,  se extrañaron. “¿Cómo puede ser posible eso, Carmen?”

Tengo claro que habrá opiniones de todos los tipos, pero para mí la amistad es una de las cosas más valiosas y a la vez gratuitas que la vida te puede regalar.

La amistad no es incompatible ni con la pareja ni con la familia, y tampoco debería serlo entre sí, es decir, unos amigos pueden conocer a otros a través de ti, y eso puede enriquecer a todas las partes. En el amor soy 100% monógama, pero en la amistad no hay que pretender ser monopolizador ni absorbente, pues la genuina amistad respeta la libertad y no busca satisfacer el ego siendo el centro de atención de los demás.

A menudo comparo la amistad con el amor, pues hay amistades que lo son a primera vista, otras ves que nunca llegarán a terminar de cuajar, otras relaciones a las que les cuesta madurar, pero que a base de adversidades y buenos momentos se hacen eternas. De todos modos, cuando alguien me dice que la verdadera amistad es la que lleva años de recorrido, perdonadme que dude que a la amistad haya que ponerle unos límites de tiempo para denominarla o no como tal.

Algunos ingredientes que ha de tener: confianza, confidencialidad, alegrías, lágrimas, lealtad, música…, pero también silencio.

Cuando me refiero al silencio, lo hago porque hay momentos en los que las palabras o los gestos sobran, lo más importante es el saber estar ahí. Es más, puede que incluso en ese preciso momento no tengamos a esa persona a nuestro lado, pero solo con saber que está, que existe, nos sentimos más tranquilos.

Claro que hay momentos para disfrutar de la amistad de diferentes modos, y quizás se esté abusando de la palabra en cuestión, tal vez haya en muchas personas una gran necesidad por mostrar emociones. Curiosamente, aunque las distancias se acorten en nuestros días gracias a los avances tecnológicos, la sensación de soledad en muchas personas aumenta, y enseguida, habitualmente de forma precipitada, se pasa de decir “conocido” a amigo.

No voy a ser yo la que juzgue esta necesidad, pero sí creo que otorgar o no esa etiqueta depende de cada uno de nosotros.

Hay amistades que son largas en el tiempo, que existe una distancia geográfica, pero que cuando una vez cada mucho escuchas su voz por teléfono, es como si el tiempo se hubiese parado y todo siguiese en el mismo punto. ¡Es eterna, es incondicional!

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También existe esa en la que solo necesitas su compañía mientras te desahogas con el llanto. Aunque las lágrimas recorran tus mejillas, puedes decir que eres afortunada, pues alguien importante y a quien necesitas en ese momento está a tu lado.

Podría poner más ejemplos, pero creo que son suficientes para explicar mi idea de lo que realmente es disfrutar y sentirse bien sin hacer nada cuando un amigo está a tu lado.

¡No hace falta hacer nada extraordinario para seguir disfrutando de la verdadera amistad!

No permitas que nada ni nadie te aleje de ese amigo que de un modo u otro, cada uno a su manera, te acompaña.

Tampoco te dejes condicionar por tu situación personal de pareja, por el sexo de la persona con la que tengas esa amistad, ya que ésta no entiende ni de celos ni de prejuicios.

El mejor amigo que he tenido y tengo es el hombre que es mi esposo. Y siempre, antes y después de casarnos, ha respetado con total confianza y naturalidad que pueda tener amistad con otras personas de ambos sexos.

Siempre hay alguien dispuesto para salir por la noche, tomarse unas cañas o irse de cena… Te hago una pregunta, ¿esos son los que te acompañan cuando las fuerzas fallan y necesitas hablar? Porque si es así, ¡tienes un tesoro! Si simplemente están para lo primero, dale más valor a eso que se llama AMISTAD, y no se lo llames a cualquier cosa.

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Camina con tus propios zapatos

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Por Carmen Prada

 

Llevaba muchos años, desde la adolescencia, caminando con los mismos zapatos, un calzado que sus padres en aquel entonces habían comprado para ella con todo el cariño.

Evidentemente, esto suponía que el número de pie no había variado, porque tampoco había crecido apenas. Sus pies sufrían dolores en las plantas, durezas insoportables, grietas interdigitales, y todo este suplicio porque durante muchos años de su vida, había caminado con los dedos encogidos, ya que apenas había espacio en esos zapatos.

Después de tantos años y kilómetros recorridos en su vida, de repente paró su recorrido sin saber muy bien el motivo.

No comprendía muy bien la razón de haberlo hecho. Algo dentro de ella se removió y sintió la necesidad de descansar y reflexionar.

 

El lugar elegido por ella para hacer el descanso en primera instancia no parecía un sitio apetecible, no invitaba a nada puesto que el calor era insoportable y el sol quemaba.

 

Pero de pronto se dio cuenta que algo así, parar y estar con ella misma en un descanso, jamás se lo había planteado. Lo pensó más detenidamente y se dio cuenta con lágrimas recorriendo su rostro que nunca lo había hecho.

 

Esta parada en su vida tenía un sentido, y era buscar una explicación a por qué durante tantos años había calzado esos zapatos que no soportaba, pero de los cuales nunca se había quejado, y que incluso ella no había elegido.

 

La dificultad al caminar con ellos le había hecho perder muchas oportunidades de haber disfrutado de bellos recorridos y caminos. Todavía no había podido deleitarse con la sensación de caminar descalza, sin nada que le obstaculizase la sensación de sentirse viva, de sentirse libre.

Habían pasado tres horas desde su decisión. Seguía tumbada sobre el césped. El sofocante calor se llevaba un poco mejor sobre el frescor de la hierba. Miró a su alrededor y se dio cuenta que estaba sola, nadie le estaba observando como acostumbraban, no se sentía enjuiciada ni tampoco sometida… Por primera vez se sentía ella, aunque la sensación de soledad siempre a lo largo de su vida le había acompañado, pero lo que estaba sintiendo en ese momento era bien diferente…

Sacó de su minúsculo bolso una libreta diminuta que siempre le acompañaba, y sin ser consciente de lo que estaba realmente haciendo escribió en ella: “¿quién soy?” Enseguida y con dolor se dio cuenta que era un pedacito de muchas personas menos de ella misma.

No podía permitirse seguir así, deseaba ser dueña de sus decisiones, actos, sentimientos, emociones… Y de pronto se dio cuenta que un pequeño paso había dado, y era que había tomado una primera decisión, la de hacer una parada en su vida.

La sonrisa apareció en su rostro, y de pronto llevó sus manos hacia esos zapatos que tanto detestaba y con gran decisión se deshizo de ellos.

 

¡Era libre! ¡Era ella! Una mujer que curiosamente no le resultaba del todo desconocida…

Levantó la vista del suelo y volvió a mirar a su alrededor, y lo que vio, fue sorprendente, ¡estaba rodeada de personas y no se sentía diferente!

 

¿Había recuperado su vida? No exactamente, ¡había comenzado a vivir su propia vida!

 

 

 

  • Y para acompañar…

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Pixabay

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#SiempreFuertes

 

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

“NUNCA, NUNCA, NUNCA te des el lujo de RENDIRTE; pasará lo que tenga que pasar, así que acéptalo como venga” – Pablo Ráez.

Ya han pasado algunos meses desde que ese sábado 25 de febrero de 2017 comenzamos el día con la noticia de que Pablo Ráez había fallecido.

En sus últimos días, y aun cuando peor lo estaba pasando, seguía dando lecciones de vida, regalando reflexiones, y todo ello con una inmensa carga de espiritualidad y positividad capaz de calar en cualquier ser humano.

Se fue a lo grande, como grande era su filosofía de vida. Un joven que con apenas 20 años se tuvo que enfrentar a una grave enfermedad, y ese inesperado giro en “sus planes”, además de suponer un cambio personal en él de cómo afrontar la vida, sirvió para mostrarnos su generosidad al compartir su experiencia hacia los demás. De hecho, una de las frases que destaco de él, aunque reconozco que me resulta difícil quedarme con una de tantas, es en la que nos decía:

“Tienes que ser capaz de encontrar la motivación en ti mismo, no en los demás; nadie tiene más fuerza y coraje que uno mismo”.

 

¡Eso hizo él, sin duda! Optó por luchar, por vivir, por darlo todo y además mostrárselo a los demás, y ser capaz de hacer llegar sus mensajes de ESPERANZA y PASIÓN POR LA VIDA a través de las distintas RRSS con el hashtag #SiempreFuertes .

Se convirtió en un gran motivador. Pero, ¿de qué?, ¿para qué? Para el cambio, para un cambio en la filosofía de vida de todos nosotros que nos intentaba transmitir prácticamente cada día. Con sus frases y mensajes nos mostró que pensar en nosotros y solo en nosotros no nos llevaba a nada más que a la espera. ¿De qué? Pablo no esperó que nadie le demostrase nada, sino que decidió ser él mismo el que diese el paso. Fue capaz de sacar lo mejor en una dura y difícil situación personal, enfrentándose a una cruel enfermedad como es la leucemia durante dos años de su corta vida, para de este modo lograr una meta que se había marcado, ¡y vaya si lo logró! Las donaciones de médula ósea se dispararon en un mil por ciento…

Me atrevo a decir que casi seguro detrás de esa sonrisa permanente y esa actitud que cada día nos mostraba tras la pantalla, había un chiquillo con temores, inquietudes y por momentos viviendo un auténtico calvario. Pero él decidió vivirlo de un modo admirablemente constructivo.

Los seres humanos somos cómodos por naturaleza, esperamos que otros den el primer paso ante cualquier cosa y después nosotros seguirles según nos convenga. Nos montamos en carros que han sido construidos a base de tesón y esperanza de otras personas. Creemos en el CAMBIO cuando alguien lo ha llevado a cabo. Intentamos caminar sobre seguro, después de que otro haya recorrido ese camino. Pero en realidad, ¿hacemos algo para CAMBIAR el MUNDO?

Solo se atreven los apasionados de la vida, aquellas personas que no se conforman con lo que ven, esos que creen en las PERSONAS como motor de cambios, aquellos que el miedo no les paraliza, los que piensan que necesitan darse a los demás para encontrarse plenos con ellos mismos. Y es cierto, ¿cuántos héroes anónimos hay esparcidos en el mundo y que no llegamos a valorar?

No llevan capas ni antifaces de superhéroes, pero sin darnos cuenta, en muchas ocasiones son esas personas las que con su ejemplo y determinación nos hacen dar pasos y tomar decisiones que desde hace tiempo teníamos en mente, pero que se han quedado solo en eso por falta de coraje.

Al día siguiente del fallecimiento de Pablo, en mi muro de Facebook le dediqué una carta, una reflexión escrita desde el corazón, una dedicatoria extensible a todos esos héroes de los que casi nunca se habla y tanto tienen que aportar y enseñar, aunque lamentablemente se le preste más atención a otras frivolidades informativas.

Siempre te recordaré con uno o incluso los dos brazos en alto y puños cerrados, mostrándonos con este gesto vida y fuerza.

No ha falleció ni un cantante, ni un deportista, ni tampoco un Nobel. ¡Ayer lo hizo un héroe!
Una persona con un estilo de vida auténtico.
Una PERSONA que nos ha dejado un gran legado, un regalo que ojalá seamos capaces de seguir entre todos. Sus lecciones de VIDA y ESPERANZA, de lucha y entrega, solo son dignas de una persona de bien.
Quizá ha llegado el momento de desmontar a héroes de papel y tratar a Pablo y a otros muchos como se merecen.
Su generosidad ha quedado patente en sus frases de motivación y esperanza, en sus fotografías con una enorme sonrisa, en su forma de entender la vida, en el movimiento que produjo entre personas mediáticas, y sobre todo, en el crecimiento de donaciones de médula.

Siempre estaremos en deuda contigo, Pablo, algo que sí tengo claro es que nunca terminarás de irte.

Si algún día alguien me pregunta, ¿quién es tu héroe? Le diré con orgullo, Pablo Ráez, el cual me enseñó una gran lección…

Pablo, gracias por todo lo que nos has regalado. Descansa en paz.”

 

Me gustaría finalizar con una de sus grandes citas.

“La muerte no es triste, lo que es triste es que la gente no sepa vivir”.

 

 

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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¿Tienes más de 45 años? ¡Sin duda estás en el mercado laboral!

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Artículo publicado por Carmen Prada

“No hay nada mejor que el ejemplo de alguien cercano, para darse cuenta de que los imposibles no existen.”   Carmen Prada.

 

Pues sí, otra de mis frases. No soy alguien importante, pero la deseo compartir con vosotros, a medida que vayáis leyendo entenderéis el fondo de ella.

Ya tenía ganas de tocar este tema, y hoy es el momento ideal para hacerlo, y la “culpable” de que así sea es nada más y nada menos que… ¡mi madre!

Os preguntaréis, ¿por qué? Porque hace escasas semanas tomó la valiente DECISIÓN de disfrutar profesionalmente de algo que le encanta, y es eso de “andar con las manos en las masa”, emprendiendo su propio negocio. En concreto, una churrería, en la que los clientes ya han empezado a acudir asiduamente a degustar un rico chocolate con churros, u otras cosas que allí se sirven con cariño y cercanía.

Ella para mí siempre ha sido un ejemplo en muchos sentidos. Y lo cierto es que en el tema profesional solo tenía dos opciones. O ir dando vueltas de trabajo en trabajo, empleando todo su saber hacer para otros, de algún modo optando por la “comodidad” de ser asalariada, o trabajar para ella misma. Esta última opción, la elegida, ha traído consigo, entre otras cosas:

  • Disfrutar con su trabajo.

  • Ser administradora de su tiempo.

  • Ser responsable de lo bueno y también de lo susceptible de mejora.

  • No rendir cuentas ante nadie más que ante sí misma.

  • No tener que pedir permiso para innovar o tomar decisiones.

  • Tener la satisfacción personal y profesional de estar haciendo lo que verdaderamente ha decidido hacer…

Rosario, que así se llama, no es una jovencita emprendedora, ni solo tiene 45 años. ¡Tiene 57! Anteriormente he resaltado la palabra DECISIÓN, y lo he hecho porque todos tenemos opciones, pero lo más complejo e importante es tomar decisiones. Apostar por un camino conlleva inevitablemente dejar de lado otros, y hay que hacerlo con ilusión, conocimiento, valentía, prudencia, determinación y pasión por lo que se hace.

Con 57 años, tiene muchos de experiencia laboral, y es muy válida para lo que hace ahora y para otros muchos trabajos posibles. Alguno de vosotros estará pensando, y lo entiendo, “Carmen, qué nos vas a decir si es tu madre”. ¡Cierto…, lo es! Pero este artículo no es sobre ella en realidad, sino sobre cualquier PERSONA con una edad madura que no sepa por dónde encauzar su vida laboral.

Mi postura es clara ante la idea de diversificación de perfiles profesionales por edad, caracteres, habilidades, creatividad… dentro de las empresas.  Lo veo algo vital. Todos aportan a todos, con lo que todos contribuyen o deberían hacerlo al desarrollo de la propia empresa.

Hace pocas semanas, siguiendo la recomendación de una amiga, alquilé en el videoclub y pude ver la película “El becario”. Un breve adelanto sobre la temática del film. “La joven dueña de un exitoso negocio online dedicado a la moda acepta a regañadientes que la compañía contrate, como parte de un programa laboral, a un hombre de setenta años como becario senior. Sin embargo, poco a poco irá dándose cuenta de lo indispensable que puede volverse para la empresa”.

Pequeñas conclusiones  y enseñanzas que pude extraer al verla, más allá de que sea muy recomendable por motivos puramente cinematográficos, con el inmenso Roberto De Niro como protagonista:

  • estas personas gozan de una “experiencia natural”, esa experiencia que solo te da la vida con el paso de los años.

  • Las ganas de no quedarse atrás, de hacer ver que son tan válidos como cualquiera de nosotros, independientemente de la edad.

  • El haber pasado personalmente o con terceros por muchos altibajos emocionales y llegar a saber gestionarlos mejor.

  • La tenacidad y capacidad de sacrificio que han tenido que desarrollar en varios momentos de su vida profesional y personal.

  • La madurez para afrontar determinadas situaciones y poder con ésta ayudar a otros.

  • La lealtad que tienen hacia la empresa es mucho mayor que en otros perfiles profesionales con otra edad.

  • La amplia red de contactos con que cuentan, ¡llevan practicando Networking gran parte de su vida y sin enterarse en muchos de los casos!

Son motivos más que suficientes como para confiar en personas que con más de 45 años están en el mercado laboral y no se les dan oportunidades, y nos pueden dar a los que somos más jóvenes lecciones de vida. Pero también tenemos que tener la humildad de reconocer que podemos y debemos aprender de todo el mundo, y especialmente de quienes han ido y siguen yendo por delante de nosotros en la mejor universidad, que es la de la vida y la necesidad.

Mi suegra tiene 64 años y es la más veterana con diferencia en su lugar de trabajo. Ha escuchado más de una vez comentarios relativos a que está impidiendo a otra persona más joven acceder al mercado laboral. Pero lo cierto es que habitualmente compañeros de su entorno profesional se nutren de su experiencia y consejos, y son mayoría absoluta los que la valoran como un activo muy destacado para el colectivo, por su juventud de espíritu, su capacidad para adaptarse y renovarse continuamente, y su pasión vocacional que le lleva a ir cada mañana al trabajo con la ilusión de una veinteañera.

No pongamos excusas baratas, ni dos dejemos engañar por prejuicios o etiquetas.
Cada persona tiene grandes cosas que aportar, si sabemos mirar más allá de los fríos datos de un currículum.
Lo más importante de los llamados Recursos Humanos es precisamente eso, que somos seres humanos.
Y muchas veces no lo son.

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Pixabay

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Un pedacito de todos nosotros

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Por Carmen Prada

 

Me gustaría compartir en el día de hoy un sentimiento, una emoción que quizá en algún momento para muchos de vosotros haya sido al mismo tiempo un pesar.

Cada vez estoy más segura de que “uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde”. ¡Es cierto! Y en ocasiones, hay pérdidas que no volveremos a recuperar, al menos en mucho tiempo.

Y os estaréis preguntando, “¿pero todo esto a que viene, Carmen?”

En mi zona, la comarca del Bierzo, disfrutamos gracias a Dios de bienes tan preciados como la cultura gastronómica y enológica, histórica y monumental, y cómo no, de unos parajes y paisajes que son nuestro orgullo. Los amantes de la naturaleza, tanto turistas como cualquier persona que desee respirar aire puro, pueden disfrutar y perderse en nuestro paraíso poblado de numerosa y variada flora y fauna.

Hoy os quiero presentar uno del que durante años y años hemos gozado y disfrutado, El Valle del Silencio. ¿Cómo describirlo para que podáis sentir su frescura?

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Imagen de Javier Martínez Ponte – Antes

“Un río de cristalinas aguas serpentea a lo largo de un valle angosto, sinuoso y de fuertes pendientes, y deja paso a un paisaje perfecto para el viajero sin prisas, donde disfrutar de la tranquilidad y la naturaleza.

El paraje de Tebaida Berciana es un lugar de ermitaños. Fructuoso y Genadio son sus primeras señas de identidad y quienes fundaron monasterios en Compludo, San Pedro de Montes o Santiago de Peñalba, lugares repoblados espiritualmente durante los siguientes siglos. El Valle del Silencio guarda la magia del bosque, de sus pueblos y de una cultura que permanece en la memoria.

En esta ruta se pueden visitar: la Cueva de San Genadio, el Monasterio de San Pedro de Montes, la Ermita de Santa Cruz, el Monasterio Iglesia de Santiago de Peñalba y la Herrería de Compludo”.

¿Por qué todo esto? Porque a primera hora de este pasado miércoles, se inició un pavoroso y dramático incendio en nuestro Valle del Silencio, donde miles de hectáreas han sido arrasadas dejando una imagen de desolación donde poco antes había un secular vergel.

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Javier Martínez Ponte – Ahora

Desolados estamos todos los bercianos que por él llevamos días llorando. Son lágrimas de impotencia, de rabia, de incomprensión… ¿Incomprensión? ¡Sin duda!

Incomprensión por no entender cómo hay personas capaces de estar tan vacías en su interior para llegar a provocar catástrofes tan crueles como ésta. Se me ocurren muchos calificativos, pero no los voy a utilizar. Los que realmente amamos nuestra tierra, con sus riquezas, pero también con sus pobrezas, no debemos permitir que personas que además de tener el interior negro, sucio e insípido, nos quiten a la gente de bien las ganas y el orgullo de defender y cuidar lo que hemos heredado de generaciones pasadas, para podérselo entregar del mejor modo a las futuras.

También es cierto que la autocrítica en estos momentos no está de más… No se actúa hasta que algo así llega. No se toman las medidas necesarias para cuidar lo que presumimos tener, y yo me pregunto, ¿y ahora qué lugar ocupará nuestro Valle cuando se nos llenaba la boca hablando lejos del Bierzo de él?

Para todos los que amamos el Bierzo, no solo el Valle del Silencio está de luto, nosotros como bercianos también…

Seguro que muchos de los que estáis leyendo estas palabras que salen de lo más profundo de mi ser, habéis lamentado sucesos similares en vuestra tierra, pues se trata de una lacra muy extendida. Una mayor concienciación medioambiental desde la escuela, junto con una menor tolerancia a comportamientos irresponsables que frecuentemente se dan en determinados ámbitos, no solo en el rural, son carencias sociales que necesitan ser impulsadas y gestionadas convenientemente por el poder público, pero también por la conciencia personal de cada ciudadano.

La unión de las personas, la responsabilidad firmada por determinados cargos de la administración, y sin duda una dura condena a comportamientos incomprensibles y repugnantes, han de ser  la base del trabajo por el bien común y la riqueza – en cualquier sentido – de nuestro país.

Hoy siento tristeza e indignación, pero no nos rindamos nunca. La naturaleza volverá a florecer, estemos siempre de parte de la vida. También eso es vivir confiadamente el Tiempo Pascual.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Trabajar en familia y no morir en el intento

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Artículo publicado por Carmen Prada

En algún momento lo leí, y es que dicen las estadísticas que la primera generación levanta una empresa, la segunda la administra y la tercera la dilapida.

Hace escasos días escuché un programa de radio en el cual se planteaba la siguiente pregunta: “¿trabajaría usted con su pareja o con algún familiar?” Lo cierto es que la respuesta abrumadoramente mayoritaria era ¡no! Así de sencillo.

Son muchas las cosas a tener en cuenta, y depende en gran medida de la personalidad y carisma de las personas que lideran el proyecto.

Hay negocios generacionales, la primera generación quizá no poseía los mismos recursos o preparación académica que la segunda y tercera generación, pero es cierto algo, y es que la formación es muy importante, pero el empuje y la fe y la pasión por lo que uno crea y ve florecer pesa más.

Reconozco haber trabajado con el que ahora es mi esposo, pero en aquel entonces novio, y yo ejercía un cargo de responsabilidad dentro de un equipo comercial del que él formaba parte. Lo teníamos claro, a partir de tal hora somos profesionales, y después de la jornada laboral otra vez pareja. Reconozco que pocas personas entendían cómo podíamos hacerlo, pero la verdad es que nunca tuvimos problema alguno al respecto.

Delimitar y alejar de tu vida personal la profesional nunca es fácil, y es más, puede llevar a rupturas sentimentales, familiares o a distanciamientos con amistades.

Lo más complejo de todo cuando tu trabajo lo compartes con un familiar es saber dónde y cuándo finalizan las relaciones personales y las profesionales. Al final, es como una relación de amor/odio, ya que gestionar las emociones cuando existe un vínculo de confianza tan fuerte hace por momentos que ambos midan sus fuerzas llegando al máximo.

La situación actual en el país hace que muchas personas se planteen cuestiones como puede ser el poner en marcha una empresa familiar. De esa idea, evidentemente empiezan a surgir diversas preguntas, tales como:  ¿qué hacemos entonces?, ¿trabajamos en familia o mejor buscamos nuestro propio camino?

Sin duda, cada persona es un mundo y un caso particular, pero el tema de las empresas familiares puede parecer algo más sencillo de gestionar, ya que “al final todo queda en familia”, pero tiene más inconvenientes que ventajas, y es que sin duda no es oro todo lo que reluce.

Existe cuestiones básicas que toda empresa de este tipo, que no deja de estar formada por personas, debe plantearse:

  • ¿lo voy a hacer por necesidad? Con lo cual, el grado de responsabilidad, implicación y desempeño de tus funciones, va a ser proporcional a esa necesidad, que sin duda no tiene por qué estar reñida con que además disfrutes con tu trabajo.
  • ¿Lo voy a hacer por compromiso? La respuesta que doy a esta última pregunta es simple. Llegará un momento en que se tome otro camino diferente, ya que ni uno mismo se identifica con lo que hace. ¡No existe una necesidad que haga que luches por el negocio!

Para mí, las empresas familiares son empresas, sin añadir “familiares”. Porque si nos ponemos a pensar, ¿cuál es el fin de cualquier empresa? Obtener una rentabilidad económica. Debemos tener claro que una empresa no es una ONG, y a partir de aquí, ¡nadie trabaja por pasar el rato! De ahí la importancia, como siempre digo, de la sana ambición. El conformismo tiene que estar muy lejos de cualquier profesional, y más si cabe en estos casos.

Yo tampoco me conformo con los inconvenientes de hacerlo, y voy a intentar buscar soluciones para que la situación sea más gratificante, en muchos sentidos:

  • en cualquier empresa familiar es aconsejable definir horarios estrictos y reales de trabajo, días de descanso, tareas repartidas y a las que cada cual se compromete, objetivos claramente definidos, sin olvidarnos de algo tan básico como es la innovación dentro de un negocio.
  • Déjese claro desde el inicio el porcentaje a repartir de las ganancias, como ha tenido que quedar claro el de las responsabilidades.
  • Algo básico es saber separar el terreno personal del profesional, respetando siempre dichos ámbitos. Tanta confianza en la mayoría de las ocasiones perjudica más que beneficia, de ahí que muchas veces se abuse de ella…

 

  • Mantener el autocontrol juega un papel muy importante. Como mencioné anteriormente, la confianza nos puede llevar al abuso o incluso a situaciones límite que además de finalizar con ese compromiso profesional, pueda limar y dañar la relación familiar o de amistad.

 

  • Si ya cuando tenemos trabajadores a nuestro cargo es importante una buena comunicación, sobra decir que en este caso debe ser abundante. Una de las herramientas más valiosas para el buen funcionamiento de la empresa, sin duda.

Os quiero dejar una breve reflexión.

“Que lo que no ha separado la sangre que corre por las venas de una familia o por el vínculo tan estrecho que existe en una pareja, no lo separe algo tan material como una lucha de poder y egos…” Carmen Prada.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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¿Te consideras aprendiz o empresario?

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Peter Drucker, reconocido investigador, autor de diversos libros sobre administración, indica que el empresario no posee características especiales, y, en sí, estas no son necesarias; dice que él personalmente ha sido testigo de cientos de casos en los cuales personas comunes se han desenvuelto de muy buena forma como empresarios.

Según se encuentra el mercado laboral, la precariedad del mismo y las pocas alternativas que se presentan, los emprendedores salen hasta de debajo de las piedras.

También es cierto que hay un dato significativo, son más el número de empresas y negocios que cierran, que los que comienzan su andadura. ¿Alguna vez os habéis preguntado el porqué? ¿Cuál puede ser el motivo? ¡Yo sí lo he hecho!

Es cierta y acertada en mi humilde opinión la cita de Peter Ducker, “empresario puede ser cualquiera”, no se necesitan unas capacidades extraordinarias para ello, pero lo que sí me cuestiono es, ¿el poseer ciertas capacidades puede condicionar el camino al éxito o al fracaso de la empresa? ¡Sin duda creo que sí!

En muchas ocasiones, conversando con personas con las que quizá no tenga un contacto tan directo o recién acabo de conocer, surge la siguiente pregunta: “¿y tú a qué te dedicas?” La respuesta es instantánea, “empresario”.

¿Realmente existe esa vocación empresarial?

Creo humildemente que sí, y además es algo que se huele, se siente, se palpa, es como una vena que no le sale a todas las personas. He conocido a muchos de los que se denominan “empresarios”, pero con esa vena pocos.

Hace escasos días encontré por casualidad un post que muestro a continuación y que para mí tiene mucho significado.

El ser empresario no lo otorga un título, ni es algo que compres. Es una arriesgada y apasionante decisión, pero a la hora de la verdad no todos valen para esta faena. Tengo muy claro que esta figura debe tener unos rasgos que no muchos poseen.

Puede ser que muchos de vosotros os hayáis encontrado con esta respuesta, “de profesión, empresario”, o incluso os estéis planteando emprender. Si os encontráis en cualquiera de los dos casos anteriores, os invito a que planteéis u os planteéis las siguientes cuestiones:

  • ¿Posees una gran capacidad para dirigir?

La mayor parte de la responsabilidad de alcanzar los objetivos marcados sin duda es tuya como empresario. Eres la persona que tiene la última palabra en las decisiones, y para ello tienes que saber marcar el camino a seguir. Debes tener el potencial necesario para sacar a flote las habilidades del personal que tú mismo has elegido para que te acompañe en tu andadura.

Nada puedes dejar al azar, debes tener un plan, no ir a salto de mata.

  • Este es tu objetivo, ¿pero sabes cuál es tu meta?

¡La pregunta del millón! Dejemos a un lado los objetivos mensuales, trimestrales, por empleado… No, estamos hablando del camino a seguir para alcanzar tu meta. No te puedes permitir dar palos de ciego. Tan claro la tienes que tener que debes hacérsela llegar con la mayor transparencia posible a las personas que están a tu alrededor. Debes llegar a seducirlas con tu idea, ya que si tú no lo tienes claro, los objetivos estarán difusos, y será complicado que los balances sean satisfactorios, y el riesgo será mayor de que el proyecto no tenga éxito ni continuidad en el tiempo. Y no solo tú pagarás las consecuencias. ¡No hagas víctima a los demás de tus errores!

  • ¿Estás dispuesto a asumir riesgos?

Debes saber asumir riesgos para crecer, pero antes de ello debes ser consciente de los pros y contras de cada disyuntiva, y mantener los pies en el suelo y la cabeza sobre los hombros… Esto último es muy importante, no te busques problemas, no se los busques a otros.

  • ¿Posees capacidad de decisión?

Eres la persona que más decisiones vas a tomar en tu organización. Como cualquier otra persona, unas veces acertarás y otras errarás. No caigas en el error de “echar balones fuera” cuando cometas un error. Es lo más recurrente y lo más sencillo a corto plazo, pero a medio o largo, estarás a la deriva y solo.

  • ¿Tienes esa vena y carisma entonces?

Solo ese empresario del que hablo, sí, ese que tiene vena y carisma es capaz de sacar de los que tiene alrededor lo mejor de cada uno.

Potencia a los subordinados, dedica el conveniente tiempo y dinero a su continua formación y a la tuya propia, debes saber delegar en ellos, haciendo que se sientan importantes y respetados como personas, ayuda a obtener la mejor implicación del conjunto de la plantilla. Se echa en falta dentro de las empresas ciertas palabras como “gracias”, “disculpa”, “de nada”, “buenos días”, “enhorabuena”, “gran esfuerzo”, “magnífico”, “te lo agradezco”… ¡Empieza tú a marcar la diferencia!

Eso sí, se escuchan más a menudo “que no vuelva a suceder”, “un grave error”, “que sea la última vez”, “esto es un ultimátum”… No llegues a utilizar el autoritarismo, si no piensa que en algo estás fallando.

Una cosa importante, ¡los errores y fallos, se corrigen en privado!

Nunca olvidemos que trabajamos con PERSONAS, personas con vidas, con necesidades, inquietudes, historias… No eres nada sin ellas. Tu organización la compone un grupo humano, del cual te guste o no dependes. No arrastres, no humilles, no arañes, no dañes, no prives de libertad y mucho menos juegues con el pan de nadie.

También quiero recordar que abusar de la necesidad de otros, empequeñece… Tú como empresario no serías nada sin los trabajadores, solo tendrías una idea. Para alcanzar esa meta necesitas de los demás. Los trabajadores deben tener claro su papel, pero no caigas en la tentación de la vanidad, llegando a pronunciar “sin mí, no serías nada…”

 

Fomentemos los valores humanos, las sanas relaciones entre
personas dentro de las empresas, para que todos se sientan
implicados en un proyecto común y orgullosos del mismo. En
un equipo es importante que haya un buen capitán y líder, pero
todos han de sentirse útiles, respetados y reconocidos, pues los
éxitos dependen de la suma eficiente de todos. Quien está a la
cabeza, ha de mantener siempre la humildad, y servir a los
demás como ejemplo profesional y personal.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com y Google

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