Mima a tu equipo si aspiras a la excelencia

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

Son varias las ocasiones en las me he acercado a una pyme o un profesional, y me han confesado que ya no saben cómo hacer para motivar a su equipo de trabajo.

Si eres seguidor de mi blog, y si no aprovecho a invitarte a que lo seas, a menudo hablo de una figura vital y motor de muchos cambios dentro de una empresa, el líder.

La responsabilidad de éste es mucha, por ese motivo es tan importante acertar con la decisión de a quién se le va a otorgar este rol. Hoy no me voy a centrar específicamente en esta figura, pero sí en la importancia que tiene sobre su equipo, y además la ardua tarea de saber cómo motivar al mismo, para evitar caer en la apatía.

Para que el desarrollo de nuestro trabajo vaya viento en popa y todo llegue a buen fin, se necesita:

– una unión que desde la cúspide de la empresa pase por los mandos intermedios y llegue a cada uno de los trabajadores;

 

– unos objetivos claros y concisos. La coordinación y la determinación dentro de la propia empresa debe estar bien delimitada. Esto ayuda a que el trabajador no tenga dudas respecto al desempeño de sus funciones;

– que el ambiente de trabajo sea óptimo, o por lo menos aproximarse a ello, además de saludable. Trabajar a gusto no tiene por qué significar que el trabajador se llegue a acomodar;

– que se respire la calidad humana dentro de la propia organización. ¡Los trabajadores no son meros números, son PERSONAS!;

que las promesas y acuerdos se lleven a cabo, y no se los lleve el viento. Si la empresa quiere tener credibilidad, ésta pasa por los hechos. No exijas, si tú no eres el ejemplo a seguir;

que las personas que integran el equipo tengan protagonismo. Hacerles partícipes interesándose por sus opiniones antes de tomar ciertas decisiones es fundamental para que sientan que son importante dentro de la organización;

– romper con barreras que se arrastran en la actualidad y están a la orden del día. Combínense los ingredientes de juventud y madurez, experiencia y energía, pues se complementan entre sí. Intenta hacer excelentes a todos, que unos se nutran de otros;

– la puesta en práctica del salario emocional. Evidentemente, un trabajador trabaja por dinero, pero si se logra que además lo haga con pasión, todos saldrán ganando. Una palabra agradable a tiempo, un “gracias”, “enhorabuena”, “gran trabajo”, “te mereces un descanso”…;

la profesionalidad de tu equipo en gran medida depende de los principios y valores sobre los que se basa la propia empresa. No alimentes reptiles, sino hormigas…

 

Tratar a todas las personas por igual es la mayor injusticia que podemos practicar. Trabajamos con personas, cada uno de nosotros tenemos una personalidad diferente, la gestión de emociones está más trabajada en unos que en otros, nuestra vidas personal es única y nos condiciona para bien y para mal…

Entonces, si realmente así somos y nos comportamos en nuestra vida personal y profesional, ¿por qué dentro de las empresas se tiene un mismo patrón para tratar a unos y a otros?

Es evidente que si lo que deseamos es que la empresa roce la excelencia, en gran medida, este hecho depende de las personas que hacen realidad una idea.

Me dirijo a ti si estás leyendo este post y eres empresario. “Puede que tengas una idea, dinero para comenzar con ella, pero… ¿y si no tuvieses eso tan importante que es el capital humano, qué harías con todos los medios que tienes?”

Se invierte en nuevas tecnologías, en obsequios en Navidad para los clientes, en que las instalaciones sean la envidia de la competencia, en campañas en busca de mayor visibilidad, en publicidad para alcanzar la atención de nuestros clientes potenciales, comidas desmesuradas para impresionar a estos últimos…, pero se está olvidando algo muy importante. ¿Le has preguntado a las personas que llevan sobre sus hombros el peso de tu negocio si necesitan algo o se sienten compensados, y no solo económicamente?

Estamos viviendo actualmente una situación precaria en el mercado laboral. Y digo esto, porque la precariedad viene provocada por varias partes.

Se espanta al talento porque éste se puede percibir peligroso según la empresa de la que hablemos y de las personas con responsabilidad.

Se han levantado grandes muros para personas con mucha experiencia, ¿esto qué significa? Personas que llevan muchos años en el mercado laboral y tienen mucho que aportar a un negocio. Su experiencia y capacidad para el trabajo se está haciendo invisible. Invisible para los ciegos.

La integración de la mujer al mundo laboral sigue siendo lamentable. No nos engañemos, lo que no ha evolucionado es la mentalidad con respecto a este tema.

Y qué decir de la discriminación que sufren las personas con algún tipo de incapacidad o limitación. Solo se les ve como oportunidad de subvención. ¡Muchas lecciones nos podrían dar a cualquiera!

 

Si deseas marcar la diferencia en tu negocio, crea una Marca Personal con tu capital humano. Dales el valor que se merecen y será entonces cuando tu empresa empezará a ser diferente a la de la competencia, arriesgándote a que no sea una empresa “moderna”, sino con valores de verdadero progreso.

 

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada – Consultora  de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Pinterest.es

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Desaprende y podrás seguir creciendo

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Artículo publicado por Carmen Prada

Cuando en determinadas ofertas de trabajo encontramos entre los requisitos, “no es necesario tener experiencia”, uno de modo inconsciente puede llegar a pensar que “este trabajo no parece muy profesional, ¡no es necesario experiencia!”, o nos inclinamos por otra conclusión, “aquí van a pagar una miseria, pues no valoran la experiencia…”. Evidentemente nunca llueve a gusto de todos, pero por qué no pensar ¡esta es mi oportunidad! En esta vida nunca se sabe… (Y doy fe de ello.)

Y lo digo porque yo misma en varias ocasiones he optado como persona responsable para cubrir vacantes en equipos comerciales en distintas empresas en las que he trabajado, que el personal a formar parte de la plantilla en esa ocasión no tuviese experiencia.

Siempre planteo mis reflexiones sobre mi propia experiencia, y las estrategias que he llevado a cabo en los distintos puestos de trabajo que he desempeñado me han enseñado a manejar este tipo de situaciones, y a saber cuándo es preciso arriesgar.

Os preguntaréis en mi caso por qué lo hacía, y estoy segura que no soy la única que ha llevado esta práctica para la contratación de nuevo personal, aunque en la mayoría de las ocasiones no se argumente el por qué.

En mi opinión hay determinadas profesiones en las que en muchas ocasiones se obtiene mejor rendimiento por parte de la persona que comienza e incluso del equipo al que se va a integrar cuando la experiencia en el sector es prácticamente nula. ¿Por qué? Porque sobre todo en el mundo comercial, los vicios que se llegan a adquirir son tremendos. Entre los que a uno le acompañan de su trayectoria profesional y los que se pueden contagiar, una empresa puede llegar a tener “clones” de comerciales formados todos por el mismo patrón, y no es habitual que el patrón sea el soñado…

¿Por qué no mezclar, savia nueva con cosecha añeja? Volviendo al comienzo de las líneas, ¿por qué no postularse entonces para este tipo de puestos de trabajo? Es un buen momento para que lo reflexionemos.

La savia nueva tiene que tener una capacidad de aprendizaje devoradora, ilusión, ganas, capacidad de sacrificio, de trabajo en equipo, brotes de liderazgo, creatividad, actitud, proactividad, pero hago la siguiente pregunta, ¿por qué a la cosecha añeja no se le propone “desaprender” cuando sea preciso?

¿No debería darse el caso de aprender y reciclarse con la misma facilidad?

En muchas ocasiones, las personas responsables o los propios empresarios se encuentran con personal que forman parte de su equipo de trabajo desde hace muchos años, lo que conlleva tener gran experiencia, o por lo menos así debería de ser, pero no poseen la capacidad de reciclarse, “desaprender”, y eso también debe formar parte de tu experiencia en adaptabilidad. Los tiempos cambian, las prácticas de llevar a cabo un trabajo también, el aprendizaje de nuevas técnicas de ventas nos pueden ayudar, la tipología de los clientes ya no es la misma que hace años, el propio cliente actúa de modos diferentes, las objeciones también se han “renovado”… ¡Las costumbres en muchas ocasiones no son la mejor opción!

Entonces, ¿qué opináis de este combinado en un equipo de trabajo?

Cuando decidía hacer esta combinación de profesionales los motivos eran:

  • fomentar el trabajo en equipo;
  • la automotivación;
  • combinación entre la experiencia y las ganas del principiante;
  • la proactividad se contagia, por lo que unos tirarán de los otros inconscientemente;
  • medir la capacidad de aprendizaje del nuevo personal y las resistencias ante el cambio del personal más veterano.

Tener la capacidad de autorrenovarse día a día, sin anclarse en la idea de “con la experiencia que tengo…”, es una gran virtud y una actitud a tener en consideración. Cuando uno está en cargos de responsabilidad, debe tener el criterio suficiente como para valorar y premiar este tipo de acciones y adaptabilidades, porque en muchas ocasiones y a ciertos años resulta un poco más complicado, en estos casos la motivación juega un papel importantísimo con estos profesionales.

En mi opinión, no creo en los grupos formados con los mismos patrones de perfil profesional, creo en aquellos en los que el equipo es heterogéneo y de lo más variopinto. Y además para el empresario, un gran medidor de capacidad de gestión de un equipo de trabajo para la persona responsable del mismo.

A mí no todas mis amistades me aportan lo mismo, porque nadie es igual y además ni lo pretendo. Cada una es peculiar, diferente, pero hay algo que todos tienen en común, y es lo mucho que me aportan independientemente de sus características.

La vida es una continua ruleta de aprendizaje y desaprendizaje, el que no aguante el movimiento, se bajará en la próxima parada…

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Más vale poco de muchos que mucho de uno

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Artículo publicado por Carmen Prada

¿Si te planteasen tener en tu empresa o en tu equipo de trabajo al mejor vendedor que hayas conocido, le harías un hueco aun teniendo completa la plantilla? Estoy convencida que muchos alzarían las manos, pidiéndolo sin demora.

Lo cierto es que en un equipo comercial, a priori este gran vendedor puede salvar “muchas vidas”, pero, ¿durante qué periodo de tiempo?, ¿cuál sería el modo de actuar para alcanzar tales números?, ¿qué repercusión tendría en el resto del equipo?

Evidentemente, a un “comercial 10 en ventas” muchas empresas se lo rifarían independientemente de pensar más allá. Realmente es todo un filón para un negocio. Sobre todo para el mando intermedio, ya que le maquillaría los números cada mes, cerraría los trimestres con nota, haría de tirita en el caso de bajo rendimiento de otros compañeros, sería un referente a tener en cuenta para continuamente recordárselo al resto del equipo, las comisiones subirían como la bolsa en días de bonanza… Quizá más bien sería un remiendo momentáneo, según mi parecer.

Esta figura que se lleva todos los reconocimientos por parte de la empresa y ante sus compañeros, y al que todo se le concede porque lo tiene “más que merecido”, es ese profesional del que dependes, así de claro. Dirigir a un equipo comercial es una tarea de presente, pero sin duda de siembra para el futuro. Y la siembra en el mundo comercial es lo más complicado a lo que uno se tiene que enfrentar, si quiere tener una buena recogida.

Siempre he tenido claro mi punto de vista con respecto a este tema y mi modo de actuar. He dirigido equipos de trabajo, equipos comerciales, y lo cierto es que la única premisa que colocaba encima de la mesa era la de que mi equipo lo monto yo, y del mismo modo que es mi responsabilidad la contratación del mismo, asumo las consecuencias. Porque en esta vida, hay que ser coherente y congruente. Y siempre he preferido dar cuenta de mis decisiones, para lo bueno y lo malo, que tener que responder por decisiones que otros han tomado incluso sin ni siquiera consultarme. Si después había que echar balones fuera, estaba claro que en la portería me iba a encontrar yo, pero lo asumía.

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He de decir a favor de todos los jefes que he tenido, que nunca ninguno me impuso un equipo de personas y me dijo “esto es lo que hay, y es con lo que tienes que trabajar”.

Quizá a muchas personas, en cambio, esa postura impositiva por parte de la empresa les resulte más cómoda, porque la responsabilidad no va a recaer sobre ellos al 100%, y además no se tienen que romper la cabeza al montar un equipo de trabajo, que no es tarea fácil.

En mi caso, he evitado a toda costa tener entre mi gente a un “ crack de comercial” que me diera los números que necesitaba y que además lo hiciese “a costa de lo que fuese…”, he evitado mirar hacia otro lado sin importarme el modo de cómo consiguiese esos números, y desde luego he evitado dejar que ese supervendedor “fuera por libre” mientras el resto del equipo “ni fu, ni fa”, con cambio de cromos continuamente y sin la motivación suficiente como para darle un giro a sus números. Soy consciente de que hay equipos que funcionan así, y como los números, en sentido colectivo, van saliendo, pues así se tapa la realidad.

Mi postura siempre ha sido la misma. Obviamente, no rechazo tener un excelente profesional en mi equipo, sería como decir que no quiero al mejor delantero del mundo en mi querida S.D.Ponferradina, pero la experiencia me lleva a ser muy cuidadosa, pues hay “cracks” que basan sus números en prácticas comerciales poco éticas, otros pecan de egocentrismo y cualquier planteamiento de trabajo en equipo les resbala, y otros piensan que presentar buenos números es patente de corso para hacer lo que les dé la gana. Ahora bien, doy la bienvenida al que a una habilidad comercial excelente, una la honestidad, la disciplina, el respeto, la humildad y la calidad humana suficientes para poder trabajar en equipo y aportar a los demás todo aquello que les pueda ayudar.

En la diversidad todos podemos enriquecernos, por lo que he preferido tener siempre grupos con cierta heterogeneidad, que unos profesionales se pudiesen nutrir de los otros, evidentemente alguno siempre despunta y eso es bueno, porque para el resto es un ejemplo a seguir, pero lo que puede ser fatídico es que de uno solo dependa todo el equipo, y mucho menos yo como responsable del mismo.

Si eres capaz de completar un grupo de personas con valores y profesionalidad, el resto lo tienes muy sencillo. Pero llegar a ese punto reconozco que no es fácil.

A mí me importa el modo de trabajar de la gente que tengo a mi cargo, que lo hagan con honradez y seriedad, y no quiero que lo hagan de cualquier manera para llegar a ser un “10”. Me gusta la competitividad sana dentro del propio grupo, y eso se consigue con personas  que trabajen con pasión, a gusto pero con la presión necesaria, con capacidad de sacrificio, en un buen ambiente de trabajo, y con posibilidades reales de crecimiento individual y colectivo.

Y os estaréis preguntando, ¿por qué motivo no quieres a alguien que despunte claramente en tu equipo de trabajo y te pueda ayudar a alcanzar los objetivos más fácilmente? Lo quiero si va acompañado de valores, porque ayudará al resto. No lo quiero si solo va a lo suyo, ¡es pan para hoy y hambre para mañana! Esa situación no creará buen ambiente, y si el equipo depende demasiado de sus ventas, ¿qué pasará si un buen día decide dejar de formar parte de la empresa? ¡Sería un desastre! No tengo ninguna duda de que es mejor, a medio o largo plazo, haber apostado por varios que sumen, aunque menos individualmente, que confiarlo todo a una carta.

En cambio, si el grupo está unido y comprometido, no tardará en descubrir los beneficios de trabajar en equipo, sacando de cada uno lo mejor, premiando los logros en público, hablando en privado de posibles errores a mejorar y logrando el respeto de todos, además de que los números serán constantes y en aumento, (en eso deberíamos trabajar), nunca jugaremos con fuego.

¡Claro que es un desafío personal!

¡Por supuesto que es difícil!

 ¡Evidentemente que toda la responsabilidad la tendrás que asumir para lo bueno y para lo malo!

Pero si eres un líder y no te dan miedo los retos, tu mayor satisfacción será cuando llegue la época de recogida, porque has trabajado en el tiempo de siembra.

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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Networking en estado puro

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Algunos miembros del Grupo Cornatel/HacemosNetworking

Artículo publicado por Carmen Prada

 

El networking es una práctica común en el mundo empresarial y emprendedor. Aunque es una palabra que se viene escuchando de manera más habitual desde hace unos años, el networking es algo que ha existido desde hace milenios, desde que el ser humano comenzó a comerciar, pues no es otra cosa que la creación de una buena red de contactos para generar oportunidades de negocio.

Como digo, con ese nombre se viene realizando desde hace años, y su fin es ampliar nuestro negocio y enriquecernos en muchos sentidos de los contactos que generamos con su práctica. Realmente sin darnos cuenta lo hacemos a diario, en un encuentro con compañeros de profesión, con el propio cliente, tomando un café con los amigos, e incluso hasta en reuniones familiares.

Seguro que algunos ya sabéis que presido un grupo de networking, y hace unas semanas, los miembros del grupo que desarrollamos tareas directivas, comentamos la idea de hacer una jornada de convivencia con todo el grupo. Evidentemente, en este tipo de práctica, cuanto más heterogéneo sea el colectivo, más enriquecedor será para cada uno de los miembros.

Yo quería algo fuera de lo común en este encuentro, no quería simplemente ir a una zona de baño (por la época del año en la que estamos) y posteriormente una comida. ¡No, quería algo diferente!

Sonia, Joaquín, Juanma, José, Javier, que forman parte de la directiva del grupo y son un gran apoyo para mí y a los cuales se lo agradezco públicamente, de inmediato dieron como respuesta que estaría muy bien, y nos pusimos a trabajar en ello.

Quería algo distinto aunque no era sencillo, no quería romper con la filosofía del grupo que es la práctica del networking, pero sí deseaba hacer algo fuera de formalismos y del hábitat natural en el que nos movemos cada vez que nos reunimos. Entonces, ¿por qué no comenzar esta jornada, fijada en un sábado, practicando el paintball? ¡Sin duda fue todo un acierto!

Nos dividimos en dos grupos, algunos compañeros no pudieron acudir por compromisos laborales, pero aun así estuvimos bastantes, y durante media mañana, el trabajo en equipo, la resolución de conflictos, el liderazgo, la estrategia, la competitividad… se trabajó y bastante, y sin darse cuenta,  y es que sin duda, llevamos a cabo un ejercicio de supervivencia en toda regla, jugando varias partidas y cambiando en cada una la modalidad del juego y las posiciones de los equipos. ¿No es esto la propia vida?  ¿No tiene acaso que ver con el día a día de las empresas y profesionales? ¡Claro que tiene que ver, y mucho!

Así se desarrolló la jornada de “competición”, seguida de una amena y distendida comida, y posteriormente relajante tarde piscinera, el calor la verdad es que era sofocante. De todo ello saqué conclusiones de gran interés.

Se dice que grandes directivos, altos cargos… tienen este tipo de encuentros para cerrar negocios y eliminar la ansiedad, la frustración y el estrés.

Un Grupo, una empresa, un equipo, se hace grande  y hace mejores a los que lo rodean cuando se cree en una idea, se tiene claro un objetivo, se mantiene la motivación y se provoca la automotivación. Cuando un proyecto es ilusionante, cuando se cree en él, en las personas que lo acompañan, todo es más sencillo. Y es cierto que en muchas ocasiones el mostrarte como una persona cercana, dejando a un lado la rutina, los problemas, las inseguridades… ayuda a conseguir que en estos ambientes se llegue a conocer aun más a miembros con los que, por un motivo u otro, no tienes la misma empatía, o quizá una de las dos partes se sienta más insegura en las reuniones formales. ¡Y es que es un modo de acercarnos todos a todos!

La creatividad y la innovación en ámbitos empresariales o profesionales con una capacidad más humilde, son motor de movimiento, la gasolina necesaria, alguna de las soluciones para marcar la diferencia en un mercado, el profesional, en el que cada vez nos encontramos con mayores dificultades para salir adelante.

La experiencia en networking es además una cualidad profesional muy valorada en distintos ámbitos profesionales. Las empresas de consultoría, servicios o venta de productos, valoran más a sus empleados capaces de utilizar sus habilidades de networking orientadas a conseguir nuevos clientes para la empresa, o para reclutar a los mejores candidatos. ¿Por qué se ha llegado a esta conclusión? Porque si aprovechamos esta práctica al máximo, creceremos en muchos aspectos como profesionales, no solo incrementando el volumen de negocio, sino también desarrollando y puliendo habilidades que nos ayudarán a ser mejores profesionales, independientemente del sector al que cada cual se dedique.

Nos lo pasamos en grande, nos conocimos mejor, fortalecimos los lazos humanos, sudamos un cuanto, nos reímos, y renovamos nuestra voluntad de seguir “dando guerra” y alcanzar mayores metas.

P.D.: Un agradecimiento especial al miembro BINATUR, que ejerció de anfitrión y nos ayudó a descubrir los múltiples atractivos de practicar el paintball.

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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¡A mí nadie me dio un libro de instrucciones!

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Artículo publicado por Carmen Prada

Son sorprendentes los miedos y amenazas que llega a tener uno como profesional. Y digo sorprendentes, porque en las últimas formaciones que he impartido sobre Acciones Comerciales, eran varias las personas que reconocían que su mayor amenaza era que otros compañeros hiciesen mejor el trabajo y alcanzasen “mejores números” que ellos.

Son varias las lecturas que se pueden obtener de estas confesiones, pero desde luego lo que tienen que tener claro las empresas, desde mi humilde experiencia, es que es algo que deben trabajar. Y sin duda, ¡se puede hacer!

Pueden ser varias las causas, pero entre ellas todo apunta a una presión inmensa en el mundo profesional, la crisis laboral que hace luchar a uno en varios frentes, el temor a ser el señalado, el no ser capaz de reponerse ante la frustración, la propia inseguridad, perder el puesto de trabajo… Pero también es cierto que se puede ver como una postura inconformista y de superación, ¡esto es lo que hay que explotar, sin duda!

¿A quién le toca cambiar estos miedos? ¿Quién debe manejar estas situaciones? ¿Es aconsejable trabajarlas? ¿Son situaciones fáciles de manejar por cualquiera? ¿Cualquier persona está preparada? ¿Merece la pena para la empresa?

Haría una gran apuesta a que muchos líderes, jefes… ante estas situaciones su toma de decisión sería, “pues si no aguantas la presión, no vales para esto”. ¿Y por qué no lo trabajamos junto a ellos? Evidentemente las empresas no están para perder dinero ni tiempo pero, ¿te has planteado que si son varios los casos de este tipo los que se dan en tu negocio, y siempre se recurre a la misma solución, quizá sea que la persona que realmente no está preparada es la que lidera tu equipo de trabajo? ¡Y claro que sin duda, ésta es la solución más rápida y menos laboriosa para ella! Además, me atrevería a decir que se lo vende al empresario como que “primero es la empresa”.

Quitémonos de la cabeza que gestionar equipos de trabajo, es gestionar unidades de producción, ¡estoy totalmente en desacuerdo! Gestionamos mucho más que eso, gestionamos emociones, situaciones, riesgos, momentos, complicidades, motivaciones, metas, aprendizajes… pero sobre todo y ante todo, y por todo lo anterior, ¡personas!

Cuando hace años tomé el mando de un equipo de trabajo de venta telefónica, que en ese momento era el único que existía en la zona, ya que empezaba esta actividad a tener movimiento, mi comienzo en este trabajo fue con el “pinganillo”, desde abajo, y después, por méritos propios, decidieron darme esa gran oportunidad que era gestionar de pronto un equipo de más de 20 personas, que hasta ese momento habían sido mis compañeras al mismo nivel.

Os aseguro que el día que me dieron la noticia, lo recuerdo como un gran momento profesional en muchos aspectos. El sacrificio y el esfuerzo habían merecido la pena, y es que para mí ha sido una de las experiencias que más me ha hecho crecer personal y profesionalmente. Eso sí, esta responsabilidad me la dieron sin libro de instrucciones… De pronto me vi con un equipo de personas, con la necesidad de saber resolver conflictos en cuestión de segundos, varios al mismo tiempo, llegar a objetivos cuyo cumplimiento dependía de todos, y además yo misma seleccionaba a los candidatos a entrar en plantilla, decidía quién sí o no, y me tenía que ocupar de su formación y seguimiento desde el primer momento.

En muchas ocasiones me encontraba chicas a las que daba la formación, y cuando llegaba el momento de ponerse al teléfono el miedo era espantoso, algunas se levantaban y sin mediar palabra se iban llorando, otras me repetían, “no voy a ser capaz, Carmen,” y entre otros muchos casos me encontraba las que se venían abajo porque ponían todo su empeño y tenían maneras, pero algo les fallaba… En todo equipo hay alguien que resalta por encima del resto, y a mí se me ocurrió de un modo sibilino y sin que ellas mismas se dieran cuenta, colocar a esas personas a las que les faltaba arrancar, pero que sus maneras me decían que tenían un buen potencial, al lado de algunas de las mejores.

Algunos diréis, ¡madre mía, qué remedio, las has tenido que hundir más, si cabe! Pues no, todo lo contrario. Observaba cómo las novatas comenzaban a utilizar argumentos muy válidos que ellas escuchaban a las compañeras, sus expresiones cambiaban cuando la persona que tenía al lado le confesaba que “así comencé yo, y mira ahora…”, y ya no os digo nada cuando llegaba la primera venta, ¡aplauso de todo el equipo! A partir de ahí, llegaba el despegue…

¡Claro que esto lleva mucho trabajo y dedicación!, pero os aseguro que la satisfacción que a mí me aportaba era enorme. Había mucho trabajo detrás de todo ello, intentaba hacer un equipo con un único objetivo, todos íbamos en el mismo barco, la motivación para mí siempre ha sido un pilar básico y siempre la he intentado transmitir, el compañerismo se contagiaba, los éxitos y logros los hacíamos de todos… Pero repito, ¡a mí nadie me dio un libro de instrucciones!

¿Qué no soy muy pragmática? Puede ser, pero tampoco lo deseo. Creo en el potencial de las personas, sé que por comodidad o por no saber descubrir y pulir las cualidades, se queda mucho talento perdido por el camino, pero quizá y vuelvo a dejar esta pregunta en el aire, ¿quién es el que falla cuándo no se sabe cómo afrontar estas situaciones y revertirlas?

Creo desde mi humilde experiencia, que he dado respuesta. Cada uno, que busque la suya, pero desde la profesionalidad y humildad. ¡Ojo, gestionamos personas, no máquinas…!

Ayuda a muchas personas a tener éxito y tú también lo tendrás.

 

 

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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El espacio de trabajo, un aliciente más

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Artículo publicado por Carmen Prada

Cuando una lleva años trabajando siempre en lugares con características comunes, es difícil plantearse si hay otras alternativas al respecto, y es que realmente una se acaba acostumbrando a la rutina habitual.

Digo características comunes porque los lugares en los que yo he desarrollado mis jornadas laborales, son espacios con “cuatro paredes”, algunos de ellos sin ventilación, la luz natural brillaba por su ausencia, con focos de luz que agotaban la vista, no tenía importancia que hubiese ventanas… Te pasabas jornadas continuas sin respirar el aire libre, sin tener un contacto con el exterior, sin saber si llueve o ya ha salido el sol… Eso sí, con tu silla, mesa, ordenador, a veces reposapiés, aire acondicionado en el mejor de los casos, material pertinente… ¿Pero de verdad entendemos por comodidad física de trabajo esto último que he nombrado? ¡Hasta hace bien poco me sumaba a los que también lo creen! Habrá opiniones para todos los gustos, pero recientemente me he dado cuenta que no.

De hecho, últimamente observo por las RRSS, revistas o internet, que se le está dando una vuelta de tuerca a este tema por parte de algunas empresas, ya que han considerado que para obtener un buen ambiente de trabajo y con todo ello mejores resultados, no solo es importante tener un buen equipo de trabajo, un buen ambiente entre los trabajadores, las últimas tecnologías del mercado… Observo que apuestan por espacios a la última moda, con demasiada domótica y practicidad, tendencias futuristas…

Puede que erróneamente pensemos que el sitio donde realizamos nuestro trabajo no influye en la calidad del mismo, pero nada más lejos de la realidad. Un buen espacio de trabajo conseguirá que reduzcamos nuestro estrés, seamos más eficaces y aumentemos nuestra productividad.

La tecnología en la actualidad nos permite que con un simple móvil, una tablet o un portátil y una conexión a internet, la mayoría de los profesionales podamos realizar nuestro trabajo desde prácticamente cualquier localización, y precisamente ahí quiero llegar…

La IV Encuesta Adecco sobre La Felicidad en el Trabajo realizada por Adecco España reveló que casi un 80% de las personas que tienen trabajo consideran que la felicidad laboral está en disfrutar del trabajo que se realiza y estar en un buen ambiente de trabajo. Tanta validez tienen los factores que tienen que ver con disfrutar del trabajo o trabajar en un ambiente de compañerismo para los españoles, que casi un 60% de los encuestados aseguró estar dispuesto a cambiar una parte de su salario por un mayor índice de felicidad laboral, dejando la mejora salarial o el ascenso laboral por debajo en factor de importancia de todos los antes mencionados.

He llegado a plantearme esta reflexión, ¿es importante nuestro lugar de trabajo?, ya que hace pocos meses me he incorporado a un proyecto en el que me encuentro muy a gusto, por el espacio físico y el ambiente.

El sitio donde trabajo por las mañanas y que ocupa una parte de mi jornada laboral, es singular, especial, con unas características muy lejanas a las que estaba acostumbrada a trabajar, pues está en medio de la naturaleza. Veo y huelo el rocío de la mañana, y solo con abrir la puerta me da el sol en el rostro, la luz es totalmente natural, no estoy rodeada de cemento y asfalto, sino que levanto mi cabeza y veo montañas, verde, los únicos sonidos que escucho son los de los animales que por allí andan libres… Mis descansos, los hago sentada al aire libre mientras disfruto de un café o un refresco, o caminar por la pradera, que es otra opción.

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Tengo internet, mesas, sillas, y quizá no sean tan ergonómicas como esas que encontramos en las oficinas que antes mencionaba, pero sí puedo decir que la comodidad, la satisfacción, la motivación en el trabajo, no las encuentro en esas sillas ni en esas mesas, sino en el ambiente que me rodea.

¡Evidentemente que influye el lugar! Una se aleja del estrés diario, encuentra un compañerismo que antes no había conocido, trabajas con una dosis de motivación. Cuando me levanto por la mañana, me pregunto, ¿qué nuevo día me encontraré en ese entorno?

Ese lugar es El Caracol del Bierzo, una granja dedicada a la helicicultura y a su vez Bar-Restaurante-Lounge, situado en Carracedelo, que está 20’ al oeste de Ponferrada, mi ciudad, en la provincia de León. Un proyecto sin duda construido a base de ilusión, tesón, entrega, esfuerzo y mucho mucho cariño, y eso precisamente es lo que respiramos los que tenemos el privilegio de disfrutar con lo que hacemos.

No busquemos lugares casi “marcianos”, de última generación, para la portada de revistas, sino lugares en los que el trabajador o profesional disfrute con lo que hace y se recojan los frutos.

¡Sin duda, el lugar importa!

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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La doble cara del poder

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Artículo publicado por Carmen Prada

Miras a un lado, miras al otro y da igual el color o la ideología, todos quieren pasar por encima de sus adversarios. Lamentablemente, España sufre un mal cada vez mayor, los sectarismos ideológicos quieren tener el poder a costa de lo que sea y de quien sea.

Me hace gracia – porque no gano nada con indignarme – la docilidad de la ciudadanía ante un sistema electoral y político que no respeta en absoluto los resultados de las urnas, y que está diseñado para que los políticos jueguen groseramente con las voluntades de los votantes, planteando o rechazando según convenga pactos de lo más variopinto, regalando senadores que no han sido elegidos por los electores, tomando posesión de cargos sin respetar la ley en el mismo momento de la toma…

Hay muchas maneras de insultar al pueblo, pero lo peor es que al pueblo parece darle lo mismo, por lo que a veces pienso que no merecemos algo distinto a lo que hay. Lo de la búsqueda del bien común suena muy bonito, como la deportividad en el fútbol, pero a la hora de la verdad cada cual mira única y exclusivamente por sus intereses, y los debates políticos son sustituidos por broncas taberneras, la altura de miras y el sentido de estado por el afán de poder y la ambición personal, y la ciudadanía agacha la cerviz, quizá porque los ciudadanos, individualmente, en su vida privada, no son menos mezquinos ni más honrados que aquellos que nos pretenden gobernar.

Que cada sociedad tiene los gobernantes que se merece, es un dicho del que cada día estoy más convencida. Percibo en mi vida cotidiana un creciente individualismo en la gente, un progresivo deterioro en valores, por lo que no me sorprende que el nivel intelectual y ético de los líderes políticos sea a la par cada vez más pobre. No veo capacitado a ninguno para acelerar cualquier solución presente o futura, sino más bien, están buscando sus intereses presentes y futuros… Es triste que el poder se vea como un triunfo, que tras unas elecciones todos reivindiquen la victoria como si eso fuera lo que realmente importa. No hace falta ocupar ningún sillón ministerial en especial si lo que se quiere de verdad es servir a la sociedad, a tus semejantes, a los más necesitados…

El poder puede ser tentador, suculento y confuso. Sin duda, siempre peligroso. Ocurre lo mismo con el dinero. No conozco a nadie a quien el poder o el dinero haya transformado positivamente, haciendo de esa persona alguien más cercano, humano, humilde, fraterno, honesto, brillante…En cambio, creo que todos conocemos a alguien a quien el poder o el dinero lo ha llevado a ser más altivo, materialista, egoísta, corrupto, hipócrita y embustero…y en algunos casos un perfecto imbécil. Afortunadamente, no siempre ocurre, pero el riesgo está ahí.

En el mundo profesional, y muy concretamente en el sector comercial de las ventas, también ocurre a menudo que toca convivir con gente “trepa” capaz de cualquier cosa por conseguir un puesto determinado, o con quien ya lo ha conseguido y se vanagloria de ello humillando a sus subordinados. Confiar un puesto de responsabilidad a alguien, exige no solo una capacitación profesional, o unos méritos constatables, sino también calidad humana que genere corriente positiva en el trabajo, como compañerismo, honestidad, afán de superación, reconocimiento, respeto, sentido de equipo… Aunque sin duda puede ayudar, en absoluto es imprescindible que las personas se lleven bien o tengan formas de ver la vida similares para trabajar juntas de forma exitosa. Es perfectamente posible hacer equipo y que la labor sea fecunda cuando las prioridades y los objetivos se tienen claros y no pasan por mirarse el ombligo, aunque los puntos de vista difieran en ciertos aspectos. Saber valorar las diferencias como una posibilidad de enriquecimiento compartido puede ser muy provechoso, pero eso exige renunciar a los prejuicios y sectarismos que tienden a etiquetar a las personas, haciendo que nos cerremos a toda la riqueza humana y profesional que el otro puede ofrecer. Caer en este error, no solo es poco inteligente, sino que puede llegar a ser muy costoso, por lo que procuremos rodearnos de personas predispuestas a escuchar y aprender de otras, y  no malgastemos tiempo y energías con quienes levantan alambradas ficticias entre “los que son de los míos” y el resto.

En un equipo, siempre existen distintos carismas profesionales, que si se aprovechan y engarzan harán crecer más y mejor a la empresa, pero la figura de “poder”, si no se ejerce con autoridad moral y sobre todo enfocada a facilitar el desarrollo de las diversas potencialidades, terminará por diluirse en su propia inoperancia o ahogarse por la voracidad de su ego.

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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