Homo emotionalis en el trabajo, y no máquinas

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Artículo publicado por Carmen Prada

El pasado sábado publiqué un post con el título de No me gustaría olvidar acerca del día que hoy se conmemora, referido a esa cruel enfermedad que es el Alzhéimer, que a tantas familias ha visitado, por desgracia.

Desde niña me enseñaron a ser agradecida y desde el corazón cuando una tanto recibe. Y lo digo por los mensajes y comentarios que me han llegado desde las distintas Redes Sociales, así como por el alcance de la publicación, al igual que la sensibilidad que he podido ver y sentir en muchas personas que ni conozco acerca del dolor que produce “la enfermedad del olvido”, lo cual me ha sobrecogido. Muchas gracias a todos.

También es cierto que me ha sorprendido que la mayor difusión se haya producido en la Red Social LinkedIn, lo cual me ha hecho reflexionar y mucho. Ésta es la red de contactos de profesionales por excelencia, el lugar virtual de mayor relevancia para la práctica del networking, la Red en la que pueden surgir colaboraciones u ofertas laborales si la aprovechas bien y la sabes trabajar correctamente, pero también es cierto que en determinados momentos llega a parecer fría y mecánica.

Me explico. En muchas ocasiones creemos que en nuestro ámbito laboral, profesional, incluso en el personal, no nos debemos mostrar tal y como somos, y mucho menos cómo nos sentimos. Evidentemente, no hablo de extremos, ya que ir contando las penas a todo aquel que pasa o estar sollozando con el pañuelo en la mano permanentemente, ni es sensato ni es profesional, desde luego.

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Algunas personas llevan tiempo interpretando un papel de duros y temibles en su trabajo, en algunos casos para eso les pagan, “según dicen…”. Otros denotan fuerte personalidad y además necesitan mostrarla imperiosamente.  Otros van a trabajar y solo respiran eso, rutina, hacen  sus horas y para casa. Hay personas que tienen que medir mucho en su puesto lo que dicen o hacen, ya que su contrato pende de un hilo cada día. También nos encontramos con otras que aspiran a encontrar un nuevo puesto de trabajo y llevan tiempo preparándose mediante formaciones, talleres… el qué hacer o no hacer en una entrevista de trabajo para lograr el objetivo. Profesionales que según el sector del que hablemos, deben mostrar su mejor cara para de este modo llegar y empatizar con los demás, independientemente del momento por el que estén pasando.

En estos días me he hecho varias preguntas a las que no he podido evitar hacer otra cosa que dar respuesta:

  • ¿en qué lugar quedan nuestras emociones? ¡En el lugar más oscuro! En ese en el que evitamos que se detecten, por si acaso… Tenemos demasiados miedos, quizá entre todos nos hayamos encargado de ello.
  • ¿Pero no somos personas por encima de cualquier cosa? ¡Por supuesto, y no debemos rehuir de esa realidad! Las personas tenemos sentimientos, miedos, flaquezas, vivimos por emociones… ¡Somos seres humanos! En nuestra vida personal, pero también en la profesional, no somos máquinas.
  • ¿Expresar nuestras emociones puede dar muestra de debilidad? Todas las personas que han mostrado sus emociones, miedos, incluso rabia, me merecen todo el respeto y, ¿sabéis por qué? Porque son personas que gozan de una sensibilidad capaz de transmitirla y gran fortaleza para hacer frente a las dificultades que puedan surgir. ¡Yo las querría en mi equipo! Grandes dotes de solidaridad es lo que trae consigo la capacidad de trabajar en equipo.

 

  • ¿Por qué hay personas que en el ámbito profesional no las muestran explícitamente? En muchas ocasiones, algunas personas, por motivos diversos, en su vida en general, desempeñan un doble papel. Por un lado el Sr. Fulanito en su ámbito laboral es de una determinada manera, mientras que en su vida privada se comporta de forma completamente distinta. Esto a veces llega a confundir a cualquiera…

 

  • ¿En cuántas ocasiones hemos escuchado o dicho, “no tiene escrúpulos de ningún tipo”? Tengo la esperanza de que todos los tengamos, aunque a algunos les cuesta más que a otros buscar dentro de sí mismos y sacar lo mejor…

 

¿Por qué todo esto? Porque las emociones son indispensables en nuestras vidas, no somos robots, no podemos fingir no tener momentos de debilidad o necesidad de que alguien nos escuche, es imposible alejarnos de la vida real y personal, debemos romper con ese tópico de que llorar es de débiles, parece que la vida es de diversos colores pero que el negro no está, muchas veces la sociedad nos quiere empujar a deshumanizarnos…

Tengo claro algo, y puede que haya personas que discrepen al respecto, pero no entiendo a un buen profesional desdoblándose de su persona real, no esa que le han hecho interpretar o él mismo ha tomada prestada y en la que a veces se siente acomodado, y otras tantas incómodo…

La sensibilidad caracteriza a los que saben afrontar la vida salvando muchas barreras de las que nunca han renegado, y han aprovechado éstas para crecer exponencialmente en su vida personal y profesional.

A todos los que no teméis mostrar vuestras emociones, os doy las gracias de corazón.  Y confío que muchos más se liberarán de cargas para poder hacerlo.

*Fotografía, Pixabay.com

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Sé leal a ti mismo y a lo que amas

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Imagen realizada por Juan Manuel López Gay (Lolo, apasionado también de estos colores)

 

Por Carmen Prada

Así finalizaba el post del pasado sábado: “un día para tener fe y quedarse afónico animando, cantando y, ojalá, celebrando. El próximo sábado en mi post sabréis lo acontecido, y cómo lo he vivido. Os emplazo a ello…” (Recomiendo le deis un repaso, ¡¡Triunfal Deportiva, adelante y arriba!!)

Pues lo prometido es deuda, y aunque lo que tengo que recordar no es muy grato, lo haré brevemente.

Tuve fe, casi me quedo afónica, canté y mucho, y lo único que no pude hacer y era lo más importante es disfrutar de la celebración, y digo no pudo ser  porque todo finalizó de la peor manera posible. Mi equipo ha descendido a la 2ª división B. Al finalizar y aun a pesar del dolor y la tristeza, me levanté y aplaudí a ese equipo que tantas pasiones lleva despertándome durante años.

Reconozco que fue un fin de semana duro, en el que por momentos los ojos fueron los que hablaban y mi rostro era un poema. No solo se ha descendido de categoría balompédica, el hecho de que Ponferrada no esté en el fútbol profesional la próxima temporada tendrá consecuencias sociales y económicas negativas para el club y la ciudad. Toca recomponerse, encarar con nuevas ilusiones y renovados bríos el futuro más inmediato, y luchar como siempre lo hemos hecho para lograr el objetivo la próxima temporada, nuevamente el ascenso. Y por supuesto, seguiré animando al equipo desde mi asiento como lo hago desde hace años.

El deporte es muy grande, si estás atento te aporta mucho, pues es un espacio en el que se refleja lo mejor y peor de cada uno, lo mejor o peor de la sociedad. Va mucho más allá de lo que es simplemente un partido de fútbol.

En el deporte experimentas el compañerismo, el valor del sacrificio, del trabajo en equipo, la importancia de la constancia, conoces mucha gente, haces amistades, viajas, ríes, lloras, aprendes a ganar y a perder, a superarte. Y aunque  no es lo mismo vivirlo como deportista que como hincha, lo cierto es que tanto desde una perspectiva como desde la otra se viven alegrías y decepciones, lealtades e incongruencias. Es una escuela para la vida, pues está a la orden del día que los mismos que hoy elevan a alguien a los altares, mañana lo defenestren. A veces los periodistas, otras muchas los aficionados. Yo que he estado vinculada laboralmente muchos años al sector comercial, continuamente veo paralelismos entre el fútbol y ese mundillo profesional. Habitualmente la gente no tiene mucha memoria, lo que hayas hecho en el último partido es lo que cuenta, y eso muchas veces es muy injusto. A mí me ha dolido que tras decretar el árbitro el final del partido, se hayan escuchado numerosos insultos a los jugadores desde la grada, cuando unos pocos minutos antes solo se oían vítores y ánimos. La frustración, la tristeza y la decepción no justifican nunca la falta de respeto, nadie está obligado a ir al estadio. A mí no se me ocurre hacer tal cosa, porque mi educación no me lo permite, y porque si no estoy de acuerdo con lo que veo tengo toda la libertad para marcharme, el insulto no ayuda ni beneficia a nadie.

Ahora es el momento de estar unidos, de apoyar a la entidad, pues ser hincha de un equipo es un sentimiento, y a quien se quiere se le apoya cuando peor lo está pasando, lo fácil es subirse al carro cuando las cosas van viento en popa. A veces te ves envuelto en conversaciones en las que una intervención por tu parte haría retumbar nuestro precioso castillo templario, por lo tanto tampoco te sientes libre, la memoria recuerda frases que se dijeron un día que ahora solo son eso, palabras, la humildad brilla por su ausencia y no se oye decir “disculpa, he cometido un error…” ¡Esto es fútbol, pero también es la vida!

Vivimos en una continua vorágine de intereses, opciones, ventajismos, el egoísmo hoy por hoy es el deporte que más en auge está. Por eso, no resultaría extraño que algunos le dieran la espalda al equipo…hasta que vuelva a ganar.

No dejes de ser tú mismo por las decepciones, las modas, lo rutinario, la falta de valores, el oportunismo, el materialismo, la carencia de sensibilidad… Y mucho menos te sientas solo cuando llegue ese momento en el que mires a tu alrededor y no veas a los que siempre te han acompañado, pues tendrás el grato e impagado placer de encontrarte de frente contigo mismo. Con el orgullo de dar o intentar dar lo mejor de ti y no guardarte nada.

No te sientas estúpido por ser como eres. No tengas ningún reparo en ir en contra de la masa, vive según lo que crees, según lo que sientes, según lo que amas. Lo más fácil es ser uno más en la masa, y dejarse llevar por la corriente.

 

En la vida no se trata de ser un ganador o un perdedor, sino de ser uno mismo y dar lo mejor de sí.

 

 

Carmen Prada / Apasionada por la vida y por dos colores, el blanco y el azul

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Somos seres afectivos

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Por Carmen Prada

Hoy toca algo distinto, ¿qué va a cambiar? Simplemente la forma de plantear el tema que voy a tratar. Nos va a tocar trabajar a todos, voy a ir dejando preguntas y cada cual que haga su propia reflexión. Además, podéis compartirlas en comentarios y quizá nos ayudemos unos a otros.

Hablemos del amor. En nuestra sociedad ha ido cambiando el concepto de lo que entendemos por amar, también sufrir por amor, concebirlo como un proceso con batacazos y recompensas, pero lo que no cambia es que como el aire y el agua, sin amor no podemos subsistir.

 ¿El amor tiene un significado universal? Para mí este sentimiento es personal e intransferible, como el ADN. Cada uno damos y acogemos de manera diferente. La dificultad radica en que la interrelación sea fluida, pues hay a quien le cuesta dar, pero no olvidemos que hay a quien también le cuesta acoger. ¿Realmente uno recibe en proporción a lo que da? ¿Se puede llamar amor cuando se da esperando recibir? ¿Das lo que crees dar…?
Realmente complicado, lo admito. Difíciles preguntas a las que hacer frente…

¿Por qué algunos amores se agotan? ¿Se puede evitar de forma continuada la monotonía? ¿Es posible mantener el amor con la misma intensidad? ¿Todo se puede asumir por amor? ¿Necesitas el amor en tu vida? ¿Todos necesitamos “vivir de esa pasión”? Y ya no hablo del amor de pareja, pues hay mucha gente que sufre la soledad, a pesar de vivir rodeada de vecinos o poder estar conectados por las redes sociales a un montón de personas. Por ello hay personas que buscan la compañía y una caricia en los animales, otros que banalizan el amor haciendo de ello una permanente aventura. La amistad es una muy noble forma de amor, quizá la más necesaria.

Pero el amor y la amistad son muchas veces palabras que se las lleva el viento. De nosotros depende en gran medida demostrar que nos importa una persona, darle valor y autenticidad a la relación que tengamos con ella, sea del tipo que sea.

El amor se muestra, se expresa, se dona, también se habla e incluso se canta y se baila. Y si no es así, piensa que quizá algo estás haciendo mal.

Vivimos atrapados y atropellados por la rutina, las prisas, el egocentrismo que nunca nos hará felices…

Y a veces llegamos al andén, y de repente nos damos cuenta de que hemos perdido tontamente el tren por habernos entretenido demasiado en el quiosco de la estación…

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Tú decides quién quieres ser

 

 

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Imagen cedida y proveniente de un trabajo realizado por Salvi Design

 

Por Carmen Prada

Una de las costumbres que, el que más o el que menos, tiene a primera hora de la mañana, cuando uno salta de la cama y apoya el primer pie sobre el suelo, por un motivo u otro es darse de frente con un espejo. A esas horas sólo pensamos: “si alguien viese con qué cara me he levantado”, “menudo pelo, esto no hay por donde cogerlo”, “esta arruga no la tenía ayer”… Pero a medida que va transcurriendo el día nos volvemos a encontrar con nuestro compañero, el espejo, en cualquier momento, como cuando nos retiramos a retocar el lápiz de labios, lavarnos las manos, cepillarnos los dientes, a desahogarnos por una desafortunada compañía… Y cuando el día llega a su fin, y las mujeres lo buscamos para extendernos la crema de noche y los hombres a indagar en la última cana que ayer no tenían, entonces es ahí, en ese preciso momento, cuando nos damos cuenta que lo que estamos viendo no es lo que hace horas habíamos observado.

Personalmente pienso que hay dos tipos de personas. La primera, aquella que le gusta prácticamente siempre lo que ve, y si algo no le encaja mira en otra dirección, pensando: “es lo que llevo viendo toda mi vida y no lo voy a cambiar ahora, al que no le guste que no mire”. Y es cierto, a estas personas ni con lejía. ¡Nadie las va a cambiar! Y el que pretenda hacerlo se sentirá frustrado una y otra vez.

La segunda, es aquella que con bastante frecuencia, lo que ve no le agrada. Ésta es consciente de que podría ser más dulce en su vida personal, o buscar ese tiempo que nunca tiene para escuchar a un amigo, tener la capacidad de comprometerse más en su trabajo, cumplir aquellas promesas que siempre se quedan en eso, quizá arreglarse físicamente para gustarse más, devolver una llamada perdida que nunca devuelve, dedicarle a la familia un poco por lo menos de lo tanto que ésta le ha dedicado… Pero también es cierto que a este tipo de personas, y no a las primeras, es a las que más difícil les resulta prácticar “deportes” como es el auto-beso y el auto-abrazo. ¿Alguna vez lo habéis practicado?

Debemos valorarnos, reconocernos y pronunciar públicamente del mismo modo nuestra satisfacción por lo bien hecho, las alegrías, el orgullo de un triunfo, una meta alcanzada y todo aquello bueno y mejor que nos suceda, sin esperar a que alguien lo haga por nosotros. Esto no es soberbia, altanería, arrogancia, sino humildad, comenzando ésta con llorar cuando debemos hacerlo, pero también celebrarlo cuando existan motivos para ello.

Alguna vez he puesto en práctica dicho “deporte,” y le digo a quien en ese momento lo precisa (y entre ellas me incluyo): “da infinidad de besos a una de tus manos, y cuando en ella no tenga cabida ni un beso más, llévatela a la mejilla y date todos esos besos que de ti venían,” todos terminan sonriendo.

Entonces, ¿por qué nos cuesta tanto querernos y a la vez nos gusta tanto fustigarnos? Pon en marcha esa frase que tanto escuchamos o hemos dicho alguna vez los que somos futboleros, “hay que saber perder pero también ganar”. Afrontemos las pequeñeces que cada uno tenemos con humildad, compromiso, tenacidad, inconformismo… Pero eso sí, sin mirar a otro lado, y cuando tengamos algo que celebrar… muéstralo, compártelo, hazlo saber y sobre todo, ¡gústate mucho!

Hace ya unos cuantos años uno de los más grandes como fue Albert Einstein, dijo algo que no ha pasado de moda ni pasará: “si buscas resultados diferentes, no hagas siempre lo mismo”.

Perdonémonos a nosotros mismos para así querernos y, una vez lo hagamos, tendremos la mejor versión de nosotros. Así lograremos ser quien deseamos. Tú decides quién quieres ser…

 

 

 

 

 

Carmen Prada/ Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

 

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Sueño, luego existo

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Por Carmen Prada

Ellos me llaman “profe”, y en ocasiones no llego a saber si los papeles están invertidos, puesto que me aportan tanto en las formaciones que sinceramente me siento “alumna”.

Lecciones y lecciones, podría acumular libros con ellas, ya que son muchas historias personales, laborales, frustraciones, miedos, pasados… que consiguen enriquecerme personal y profesionalmente. Ellos dicen que tengo respuesta para todo, realmente ellos me dan lecciones de todo.

Esta semana tuve el privilegio de dar una formación sobre Recepción y Atención al Cliente enfocado a la Hostelería en El Camino de Santiago. El grupo que me acompañó y fue capaz de hacerme sentir como pez en el agua, era un conjunto de personas tan especial como heterogéneo.

Todos tenemos un pasado, una historia, tropiezos, heridas… Y por momentos esa mochila nos acompaña, y además lo hace cargada de piedras, nos pesa, nos hunde… y cuando ya pensamos que no podemos ni con una piedra más, nos damos cuenta, surge algo, alguien nos hace abrir los ojos, nos suenan esas palabras en los oídos que disfrutamos como una melodía y nos damos cuenta que ni todo es blanco, ni todo es negro, igual que somos conscientes que los miedos existen, son reales, son emociones de defensa, nos frustran y nos paralizan, pero en su justa medida hasta pueden ser beneficiosos, debemos tener esa sensación para llegar al punto de reacción.

No podemos vivir anclados en el pasado sin ser capaces de disfrutar del presente y con visión de futuro. Todos, absolutamente todos, tenemos objetivos, metas, sueños en la vida, pero muchas veces aparece nuevamente el miedo sencillamente por pensar en ello en alto, o hacérselo saber a alguien. ¡Fuera miedos en las metas que nos marcamos, y disfrutemos de los objetivos! Estos chicos como tú, como yo, tienen mochilas, miedos, frustraciones, que pueden creer que paralizan sus sueños. Muchas veces sentimos que no tenemos ese privilegio, que no podemos porque siempre hay algo en el comienzo o en el camino que nos va a bloquear. Llegamos a creer que la andadura no merece la pena porque nos volveremos a caer, tropezaremos en las mismas piedras y que todo se pondrá en contra nuestro, y entonces llega el momento en el que nos cuestionamos, ¿para qué soñar? ¿Para qué tener metas? ¿Por qué crearnos falsas ilusiones? Nos hacemos todas estas preguntas, respondiéndonos nosotros mismos con barreras.

Un día, de pronto, te das cuenta que las piedras del camino las vas a poder esquivar, que si en alguna tropiezas te colocarás una tirita, que un día gris no perturbará tu paz, que el objetivo lo tienes claro y que no permitirás que nada ni nadie te diga si eres capaz o no de conseguir ese objetivo.

¡Debemos sentirnos vivos cada día! ¡Debemos atrevernos a sentir miedo! ¡Debemos hacernos preguntas con respuestas objetivas! ¡Esto y mucho más para alcanzar nuestro propósito!

Chicos, disfrutemos cada día de las cosas más sencillas, sonriamos, lloremos, emocionémonos, bailemos, regalemos unas palabras de aliento a quien no nos las ha pedido pero las necesita, demos la mano a alguien que nos la tiende… porque con todos estos pequeños detalles alcanzaremos instantes, segundos, momentos de felicidad.

Han logrado que yo haya alcanzado mi objetivo cada uno de estos días que he pasado junto a ellos, y eso lo han conseguido todos sin darse cuenta, y es que les he visto envueltos en ilusiones, metas y objetivos y además como siempre repito… ¡he disfrutado mucho en el camino!

Esta formación me ha llenado, no he dejado de aprender, y he podido seguir haciendo realidad mi sueño, el tratar y moverme entre personas.

No eran conocedores de mi objetivo, y yo conozco cada uno de los suyos y por momentos me han puesto el vello de punta.

Ahora todos son conscientes de que se han marcado un objetivo, una meta o un sueño, y lo han pronunciado en alto.

¡Chicos, todos somos testigos, y debemos ir por ellos! Al final del camino, nos espera la recompensa.

 

 

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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La muerte de Jesusa no ha de ser en vano

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Por Carmen Prada

 

Así comenzaba un artículo que escribí con fecha 5 de marzo de 2016: “cuando vi colgado en una red social el llamamiento para buscar a una mujer de 82 años enferma de alzhéimer, perdida desde hacía 8 días, no lo pensé. Esta mujer vive en mi ciudad, un día como otro cualquiera salió a caminar pero no ha regresado…” El nombre del artículo es, Hoy es ella y, ¿mañana?

El pasado domingo día 3 fue encontrado un cadáver en un paraje silvestre a unos pocos kilómetros de Ponferrada, en la localidad de Cortiguera. Al día siguiente, el lunes, las autoridades confirmaron que se trataba de Jesusa. Su desaparición se produjo el 24 de febrero, y después de tantos días, sus familiares, amigos y todas las personas que nos habíamos involucrado de un modo u otro, hemos podido descansar de tal inexplicable suceso, y sabemos dónde podemos acudir para llevarle una flor o rezar por su eterno descanso.

 Muchas personas mantuvimos la fe y la esperanza de que aparecería, en una situación complicada pero que entre todos la devolveríamos a su hogar. Al ver que los días transcurrían uno tras otro y no había rastro, la duda se apoderó de mí, inevitablemente se piensa en lo peor. Y es que Jesusa podía ser mi abuela, madre, tía, amiga… y solo de pensar en esa tragedia, por momentos me impacientaba más.

El día que reconocieron su cadáver, reconozco fue un día de duelo interno, lágrimas recorrieron mi rostro y un montón de emociones me invadieron, me vinieron a la cabeza muchos momentos transcurridos en esas semanas de incertidumbre.

Momentos de emociones compartidas con más de 70 personas, que se unieron a la causa, minutos y horas en los que mi whatsapp sonaba y sonaba porque algún mensaje recibía del grupo creado con el nombre, “Por Jesusa”, pidiéndome, “por favor, Carmen, añade este número…,” y el grupo sumaba y sumaba gente. Ella ha sido capaz de unir a muchos bercianos en torno a una causa, unirnos por una esperanza, un único objetivo, y era sencillamente llegar a encontrarla.
Ha logrado que surgieran amistades, que existiesen unos lazos de unión que hasta ahora no habían existido, muchos hemos pasado horas con la mirada perdida buscándola, somos muchos los que hemos colaborado de un modo u otro.
Realmente no se ha ido, ha sido capaz de crear un lazo de esperanza entre muchos de nosotros, un lazo que en muchas ocasiones y antes de buscarla habíamos pensado ya estaba caduco, y éste ha sido el de la solidaridad.
Han sido mañanas, tardes, atardeceres, momentos en la oscuridad, en los que la hemos buscado, pero no nos ha importado, porque en nuestra mente estaba su fotografía, la de la esperanza.

Ha sido una gran experiencia en muchos sentidos, que me ha dejado ver que debemos seguir creyendo en los demás, que la solidaridad debe ser indispensable en nuestras vidas, no mirar a otro lado si la desgracia no nos salpica directamente, que la unión en la sociedad hace la fuerza, que todos necesitamos dar y recibir gestos y palabras de apoyo, que nada se puede dejar para dentro de un rato o mañana porque quizá, ese “en otro momento”, puede resultar demasiado tiempo. Que hay momentos para nuestro trabajo, estrés diario, para preocuparnos por la facturas, por llegar a final de mes, pero llegado este momento me he preguntado, ¿le damos el suficiente valor a la vida? ¡Solo tenemos una, y además el privilegio de gozar de las personas a las que queremos! ¿La aprovechamos lo suficiente? ¿Expresamos todo lo que sentimos? ¿Queremos de la forma correcta?… Muchísimas y muchísimas preguntas.

Algo sí que tengo muy claro, “nuestra Jesusa” solo hay una, pero con el apellido alzhéimer, demasiados, cada vez más. No miremos a otro lado ante esta tragedia, se está multiplicando demasiado, debemos levantar la vista cuando vayamos caminando por la calle,  y observar lo que sucede, ya que este mal no cesa… ¡No tiene piedad! Si vemos a una persona desorientada, caminar sola a una hora intempestiva o por un paraje alejado, pensemos que puede ser un caso similar, sobre todo si es alguien de cierta edad, no caigamos en el maldito individualismo de ir solo a lo nuestro, pues a lo mejor evitamos otra tragedia. Mejor equivocarnos por ser demasiado prudentes, y que nos llamen indiscretos por preguntar, que pecar de indiferencia ante una situación que puede costar una vida y mucho dolor.

Bello nombre el de Jesusa, estará en nuestra mente y en un trocito de nuestro corazón.

Te toca descansar, Jesusa, le toca a tu familia, y a todos los que hemos velado por ti aun sin conocerte. Ahora sabemos dónde te podemos encontrar para estar unos minutos a tu lado, tu recuerdo siempre estará entre nosotros. Descansa en paz.

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Nuestro baúl secreto

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Por Carmen Prada

He escuchado y leído a psicólogos, que conversar en voz alta con uno mismo es propio de personas inteligentes,  aunque muchos piensan que solo es propio de “chalados”, y reconozco no tener ese perfil porque no lo hago ni bajo la ducha.

Sí es cierto que conozco a contadas personas que lo practican, y doy fe que son personas diferentes, con una inteligencia y agudeza poco comunes…

Os preguntaréis, ¿dónde quieres llegar? Exactamente a que cuando exteriorizamos de algún modo lo que vivimos, y me refiero sobre todo a las preocupaciones o desgracias, todo parece menos dramático, o a lo sumo nos pesa menos “el equipaje”.

Reconozco que me complace y me enriquece escuchar a las personas, familia, amigos, conocidos, compañeros… y aunque en escasas ocasiones no me pronuncio cuando estamos en una conversación, me quedo con muchos detalles, me percato de cosas que no se dicen de viva voz, pero se hacen saber a través de una comunicación no verbal, quizá sea por defecto profesional. Hablar y escuchar nos aportan mucho, eso sí, si este ejercicio lo hacemos como debemos.

En muchas ocasiones vamos almacenando para nuestro particular baúl un montón de sentimientos, sensaciones, emociones, lágrimas, palabras, miedos, decepciones, frustraciones… Y os habéis preguntado alguna vez, ¿para qué nos sirve hacer este acopio? ¡Realmente para nada! O bueno, pensándolo un poco, para que nos pese aun más la mochila que llevamos pegada a la espalda, a la cual sin darnos cuenta ya nos hemos acostumbrado.

Muchas veces, escucho frases como “era por no molestar”, “no quería que…”, “me siento fatal si…”, “total, no ha pasado nada”, “no tenía importancia”, “es que siempre con mis problemas”… ¿Somos conscientes que en ocasiones no buscamos la ayuda que estamos necesitando solo por no mostrar nuestra debilidad? ¿No sería mejor ser más humildes y menos autosuficientes?

La beata Madre Teresa de Calcuta, hace años pronunció en una entrevista una de las muchas frases célebres que nos dejó. “A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota” ¡Y así es! Llenamos la vida de muchas de las personas que nos rodean cuando compartimos una palabra consoladora, un abrazo que ya tardaba, un perdón que cuesta pronunciar, un dolor que tenemos amarrado al pecho desde hace tiempo, una buena noticia que hace que dos sonrían…

Eso sí, el baúl de los secretos explota por los aires cuando está tan lleno que ni un “secreto” más tiene cabida. Vamos acumulando y acumulando y en el momento que menos nos demos cuenta y por cualquier memez, saldrá a flote toda la podredumbre que llevamos dentro. Un lastre en el que encontraremos piedras, barro, basura putrefacta…, que mejor hubiera sido depurar en su momento.

Cuando explotamos, no controlamos ni con quién, ni por qué, ni el momento, ni las palabras, ni la ira… ¿Realmente pensáis que merece la pena llegar a esta situación? Yo estoy convencida que no.

Solo merece la pena guardar esos secretos, esas confesiones, esas emociones que solo nos pertenecen, si nos sirven para meditar, enfrentarnos a nosotros mismos y a nuestro propios miedos, y al final, tras sacarlo todo del baúl, conseguir afrontar el presente y el futuro fortalecidos y con una sonrisa en la vida. En la nuestra seguro, y si puede ser a la vez compartida mucho mejor.

Os dejo con una canción de Laura Pausini, “Gente” ¡Disfrutadla, merece la pena!

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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