¡Viva la madre que me parió!

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Con cariño por Carmen Prada

 

Siempre he escuchado que para ser madre, una mujer nunca está preparada.

Yo no lo soy, pero sí hija y hermana, y tengo varias amistades en mi entorno que son madres. También he escuchado que te cambia la vida… Y es algo que jamás he dudado.

Admiro a mi madre, lo he hecho toda mi vida. Soy consciente de que cuando hablamos de nuestras madres, se utilizan muchas frases hechas. Pero es que, aun hechas, son verdaderas.

Admiro a mi madre por muchos motivos, y entre ellos, el regalarme su ejemplo de vida humilde, honrada, de sacrificio, generosidad, y repleta de entrega. Entrega por su esposo y por sus hijas.

Ella siempre dice que su mayor orgullo son sus tres hijas, y hasta en eso es generosa. La vida no le ha regalado nada, siempre nos ha hecho ver que para lograr algo se debe derrochar mucho sacrificio. Que conseguir las cosas de un modo fácil y rápido no es el mejor camino. Y es que nuestra mejor carrera de estudios nos la ha regalado ella, la carrera de la vida.

Humildemente, pienso que ser madre es una carrera de fondo. Durante 9 meses hay momentos buenos y otros que no lo deben ser tanto. Poco a poco vamos creciendo y los hijos,  a veces sin percatarnos de ello, nos volvemos egoístas. Egoístas porque nuestra memoria es selectiva y se nos olvida  lo mucho a lo que nuestra madre tuvo que renunciar, y quizá lo siga haciendo, para darnos lo mejor.

Noches en vela, miedos, preocupaciones, decepciones, alegrías… ¡Tanto y nada que le damos! Pero aun así, ahí están, incondicionales.

Una madre ejerce con “título” siempre. En la más tierna infancia, en la complicada adolescencia, en la esperanzadora juventud, cuando nos casamos, pero también cuando nuestra edad y “experiencia de la vida” nos hacen pensar que en nuestra vida actual nuestra madre poco ha de ejercer. ¡Disculpadme, pero es un grave error! El punto de vista de una madre es único, por lo que creo muy conveniente estar siempre receptivo a lo que puedan decir, pues lo harán con amor y conocimiento, más allá de que después cada uno ha de tomar sus propias decisiones, pues en eso también consiste ser adulto.

Hay muchas frases típicas de una madre, pero sin duda la mía tiene un repertorio diferente para  cada una de sus tres hijas. Y es que cuando digo que una madre toda la vida sigue ejerciendo como tal y además debemos disfrutar con ello, pongo el ejemplo de frases típicas de la mía, que aún ahora, a mis 40 años, sigue diciéndome:

  • Me he podido comer medio cocido, pero para mi madre la frase “nena, no has comido nada”, es obligatoria.

 

  • Reconozco que me gusta mucho hablar con ella, y aunque estamos a poca distancia geográfica, al teléfono le damos bastante uso. Si pasa unos días sin llamar y al final acabo llamándola yo, solo descolgar el teléfono dice “justo ahora, hija, te iba a llamar yo…”

 

  • Puedo llevar cinco capas de ropa encima, pero sin duda dirá “abrígate, que después así se cogen los catarros”.

 

Podría seguir y seguir, pero independientemente de la edad que tengas, tú que me estás leyendo, seguramente hayas identificado a tu propia madre con alguna.

Y es que es cierto, ¡MADRE NO HAY MÁS QUE UNA!

¿Y por qué hoy hablo de las madres? Hoy se celebra su día. Será como recordatorio, porque a mi madre la tengo en la mente cada día e instante de mi vida.

No necesito un día como hoy para decirle “te quiero mamá”, o mandarle un beso por teléfono, achucharla cuando estoy con ella, decirle lo orgullosa que me siento de ella por recientes pasos que ha dado que solo los valientes se atreverían a darlos, a hacerle un regalo porque he visto algo que me ha hecho pensar en ella… ¡Celebro tener a mi madre, pero lo hago cada día!

Bello poema he encontrado para este día, a ti mamá que jamás me has soltado de la mano te lo dedico:

“Manos las de mi madre, tan acariciadoras,
tan de seda, tan de ella, blancas y bienhechoras.
¡Solo ellas son las santas, solo ellas son las que aman,
las que todo prodigan y nada me reclaman!
¡Las que por aliviarme de dudas y querellas,
me sacan las espinas y se las clavan en ellas!

Para el ardor ingrato de recónditas penas,
no hay como la frescura de esas dos azucenas.
¡Ellas cuando la vida deja mis flores mustias
son dos milagros blancos apaciguando angustias!
Y cuando del destino me acosan las maldades,
son dos alas de paz sobre mis tempestades.

Ellas son las celestes; las milagrosas, ellas,
porque hacen que en mi sombra me florezcan estrellas.
Para el dolor, caricias; para el pesar, unción.
¡Son las únicas manos que tienen corazón!
(Rosal de rosas blancas de tersuras eternas:
aprended de blancuras en las manos maternas).

Yo que llevo en el alma las dudas escondidas,
cuando tengo las alas de la ilusión caídas,
¡las manos maternales aquí en mi pecho son
como dos alas quietas sobre mi corazón!
¡Las manos de mi madre saben borrar tristezas!
¡Las manos de mi madre perfuman con terneza!”

                                                                                                              Alfredo Espino

 

No dejemos de dar gracias cada día por el hecho de habernos dado el regalo de la vida.

Dedicado a mi madre en especial y a todas las madres que leáis estas humildes palabras que salen del corazón. Unas palabras inspiradas por el amor de una hija.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, propia

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Líderes de nada, esclavos de si mismos

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Artículo publicado por Carmen Prada

Miras a un lado, miras al otro y da igual el color o la ideología, todos quieren pasar por encima de sus adversarios. Lamentablemente, España sufre un mal cada vez mayor, los sectarismos ideológicos quieren tener el poder a costa de lo que sea y de quien sea.

Me hace gracia – porque no gano nada con indignarme – la docilidad de la ciudadanía ante un sistema electoral y político que está diseñado para que los políticos jueguen groseramente con las voluntades de los votantes, planteando o rechazando según convenga pactos de lo más variopinto, regalando senadores que no han sido elegidos por los electores, tomando posesión de cargos sin respetar la ley en el mismo momento de la toma…

Hay muchas maneras de insultar al pueblo, pero lo peor es que al pueblo parece darle lo mismo, por lo que a veces pienso que no merecemos algo distinto a lo que hay. Lo de la búsqueda del bien común suena muy bonito, como la deportividad en el fútbol, pero a la hora de la verdad cada cual mira única y exclusivamente por sus intereses, y los debates políticos son sustituidos por broncas taberneras, la altura de miras y el sentido de estado por el afán de poder y la ambición personal, y la ciudadanía agacha la cerviz, quizá porque los ciudadanos, individualmente, en su vida privada, no son menos mezquinos ni más honrados que aquellos que nos pretenden gobernar.

Que cada sociedad tiene los gobernantes que se merece, es un dicho del que cada día estoy más convencida. Percibo en mi vida cotidiana un creciente individualismo en la gente, un progresivo deterioro en valores, por lo que no me sorprende que el nivel intelectual y ético de los líderes políticos sea a la par cada vez más pobre. No veo capacitado a ninguno para acelerar cualquier solución presente o futura, sino más bien, están buscando sus intereses presentes y futuros… Es triste que el poder se vea como un triunfo, que tras unas elecciones todos reivindiquen la victoria como si eso fuera lo que realmente importa. No hace falta ocupar ningún sillón ministerial en especial si lo que se quiere de verdad es servir a la sociedad, a tus semejantes, a los más necesitados…

El poder puede ser tentador, suculento y confuso. Sin duda, siempre peligroso. Ocurre lo mismo con el dinero. No conozco a nadie a quien el poder o el dinero haya transformado positivamente, haciendo de esa persona alguien más cercano, humano, humilde, fraterno, honesto, brillante… En cambio, creo que todos conocemos a alguien a quien el poder o el dinero lo ha llevado a ser más altivo, materialista, egoísta, corrupto, hipócrita y embustero… y en algunos casos un perfecto imbécil. Afortunadamente, no siempre ocurre, pero el riesgo está ahí.

En el mundo profesional, y muy concretamente en el sector comercial el conozco muy bien por mi larga trayectoria en él, también ocurre a menudo que toca convivir con gente “trepa” capaz de cualquier cosa por conseguir un puesto determinado, o con quien ya lo ha conseguido y se vanagloria de ello humillando a sus subordinados. Confiar un puesto de responsabilidad a alguien, exige no solo una capacitación profesional, o unos méritos constatables, sino también calidad humana que genere corriente positiva en el trabajo, como compañerismo, honestidad, afán de superación, reconocimiento, respeto, sentido de equipo… Aunque sin duda puede ayudar, en absoluto es imprescindible que las personas se lleven bien o tengan formas de ver la vida similares para trabajar juntas de forma exitosa. Es perfectamente posible hacer equipo y que la labor sea fecunda cuando las prioridades y los objetivos se tienen claros y no pasan por mirarse el ombligo, aunque los puntos de vista difieran en ciertos aspectos.

Saber valorar las diferencias como una posibilidad de enriquecimiento compartido puede ser muy provechoso, pero eso exige renunciar a los prejuicios y sectarismos que tienden a etiquetar a las personas, haciendo que nos cerremos a toda la riqueza humana y profesional que el otro puede ofrecer. Caer en este error, no solo es poco inteligente, sino que puede llegar a ser muy costoso, por lo que procuremos rodearnos de personas predispuestas a escuchar y aprender de otras, y  no malgastemos tiempo y energías con quienes levantan alambradas ficticias entre “los que son de los míos” y el resto.

En un equipo, siempre existen distintos carismas profesionales, que si se aprovechan y engarzan harán crecer más y mejor a la empresa, pero la figura de “poder”, si no se ejerce con autoridad moral y sobre todo enfocada a facilitar el desarrollo de las diversas potencialidades, terminará por diluirse en su propia inoperancia o ahogarse por la voracidad de su ego.

 

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Pixabay

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No te enamores de un hombre que no llora

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Por Carmen Prada

 

Soy consciente de que hoy, 19 de marzo, el calendario nos recuerda la celebración del Día del Padre, aunque este año la festividad litúrgica de San José se traslada al lunes 20 por coincidir con el tercer domingo de Cuaresma, que tiene preeminencia. Llevamos semanas observando cómo las tiendas se visten para ello, anuncios en los medios de comunicación, conversaciones con amigos sobre el regalo adecuado… Y a raíz de este día, quiero tocar un tema importante, pues creo que es un momento idóneo para hacerlo.

Nada me impresiona más que los hombres que lloran. Nuestra cobardía nos ha hecho considerar el llanto como cosa de mujercitas. Cuando solo lloran los valientes; por ejemplo, los héroes de Homero.  Julio-Ramón Ribeyro.

 

Esta frase representa todo lo que significa para mí el llanto en un hombre. ¿Quién dijo que los hombres no pueden llorar, que no se lo pueden permitir, que es de cobardes?

Por defecto, pensamos que llorar no es un buen síntoma, que lo debemos evitar… ¿En cuántas ocasiones has dicho o escuchado eso de “no llores, así no se soluciona nada”? ¡Pues claro que podemos y además debemos llorar!

En general, cuando alguien nos dice una frase como la anteriormente citada, en vez de ayudarnos en ese momento por el que estamos atravesando, nos produce todavía más dolor e incomprensión. En la sociedad hemos llegado a considerar el llanto una debilidad, en vez de verlo como una emoción más, como puede ser reír.

Cuando hablamos de los hombres, ¡el tema mete miedo! La debilidad que observamos en el llanto se multiplica a pasos agigantados y empezamos con las dichosas etiquetas.

Os voy a hacer una pregunta a la que cada cual responderá según su condición.

¿Has visto a tu padre llorar?

Yo os confieso que sí, la primera vez que esto sucedió me di cuenta de la sensibilidad que transmitió. De no tener miedo ni prejuicios a mostrar su llanto. Esas pequeñas lágrimas que han recorrido sus mejillas casi sin que nadie se percate de ello, han sido de liberación. Desde luego que yo no considero a mi padre un cobarde, y mucho menos débil por el mero hecho de llorar.

El llanto nos ayuda a desahogarnos, a tranquilizarnos. Nos hace sentirnos más libres, sin represiones, sin miedos.

A veces, las personas lloramos no porque seamos débiles precisamente, sino porque llevamos demasiado tiempo siendo fuertes en exceso.

Si hablamos de la figura de un padre, a mucha gente la han educado en la idea de que es el cabeza visible de la familia, la parte más fuerte, el ejemplo en muchos sentidos, y no puede permitirse el lujo de expresar sus sentimientos y como todo ser humano mostrar sus imperfecciones y miedos.

La responsabilidad es tal, que a lo largo de su recorrido en la vida la mochila que llevan permanentemente en la espalda es tan pesada, que en ocasiones se sienten solos e incomprendidos.

Pero, ¿os habéis planteado qué sucede cuando el ser humano llora de emoción? En ese momento, se produce una auténtica catarsis liberadora. En muchos casos, ese llanto viene provocado por una canción que nos envuelve en recuerdos, un reencuentro con un amigo, un ascenso profesional por el que habíamos luchado sin tregua…

Llorar de emoción se convierte en un ejercicio muy liberador a nivel emocional que se produce inmediatamente, y como consecuencia y de forma inconsciente cuando un ser humano se siente desbordado por sus sentimientos.

¿Por qué cuestionamos el llanto por sufrimiento, y no lo hacemos cuando aparece por emoción?

Lloremos cuando tengamos que llorar, no temamos a las etiquetas, compartamos esa tristeza que nos ayudará a llevarlo mejor, pero eso sí, tengamos en cuanta con quién lo hacemos… No se trata de ir llorando de esquina en esquina, se trata simplemente de liberar una emoción más que nos pesa y a veces demasiado.

Para todos los padres que son el fuerte tronco en la familia, ese espejo en el que muchos nos reflejamos… Mostraros humanos y sin miedos, ayudad a  crecer a vuestros hijos sin prejuicios y mucho menos les digáis que “los chicos no lloran, tienen que pelear”, porque los estaréis encaminando directamente a que sean “machitos” en vez de verdaderos hombres.

Y para todos nosotros, que los tenemos enfrente, dejemos que lloren. Acompañémosles en las alegrías, pero también en esos momentos en los que se muestran más frágiles. Eso sí, no os olvidéis de llevar con vosotros siempre un pañuelo, quizá alguien lo pueda necesitar. Incluso uno mismo…

Por y para los padres y en especial para el mío, que tanto nos han dado y tan poco nos han pedido. Si en estos momentos tu padre ya no te acompaña en el recorrido de la vida, no te sientas mal si al recordarlo tus ojos se humedecen.

 

Un padre jamás deja de ser padre. Un hijo, tampoco…

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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No aspires a menos que al infinito

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Artículo publicado por Carmen Prada

Se ha retomado el curso académico, el político, vuelve el fútbol si es que alguna vez se fue, mucha gente se reincorpora a sus puestos de trabajo tras las merecidas vacaciones, otros que han podido trabajar en Navidad han de volver a buscar un empleo… Cada cual tiene su historia, y los estados de ánimo son también diversos, pues hay quien sufre el síndrome postvacacional, otros en cambio afrontan este inicio de año con las pilas cargadas dispuestos a alcanzar todos sus objetivos, hay quien decide comenzar o continuar estudios, hay quien no termina de ver la luz al final del túnel…

En muchos momentos de mi vida he podido observar la sobreprotección de algunos padres con sus vástagos, y no puedo evitar recordar mi propia infancia, aquellos tiempos en los que se veía como algo normal que los niños se ensuciaran jugando en la calle, o que se cayeran en la playa al correr detrás de un balón. Y no pasaba nada. Nunca ha sido tarea fácil educar a los más pequeños, pero no dejo de sorprenderme al ver a algunos padres alterarse ante situaciones intrascendentes, mientras diversos estudios reflejan que nuestros jóvenes paulatinamente comienzan antes a beber alcohol, fumar, tomar drogas, hacer un mal uso de las nuevas tecnologías… No pretendo criticar a nadie, entiendo que es muy complicado, pero no cabe duda que hay cosas que resultan cuando menos curiosas.

Son los padres, en su labor educativa primordial, quienes primero nos marcan y delimitan ciertas líneas rojas que no podemos traspasar. Eso es bueno y necesario, en su justa medida, para nuestro desarrollo personal y social, conocer los límites. Después la sociedad se encarga de imponer un suma y sigue de prohibiciones. El problema no está en esto, más allá de que pueda haber leyes más justas o más injustas, la verdadera losa psicológica es la que tiene que ver con los prejuicios y las etiquetas que, sin darnos cuenta, podemos cargar en la mochila, y que nos llevan a vernos a nosotros mismos y a los demás como seres mucho menos capaces de lo que realmente somos.

Muchas veces parece que estamos “programados” para ser conformistas, para aceptar los roles marcados por los prejuicios y la comodidad, para resistirnos a salir de nuestra zona de confort. La sobreprotección que hemos arrastrado se nos hace en muchos momentos cuesta arriba cuando ya somos adultos, a la hora de tomar muchas decisiones. Nos crea miedo a lo desconocido. Ya no están mamá o papá para sacarnos las castañas del fuego, y si no hemos aprendido desde pequeños a afrontar los problemas, a ejercitar la tolerancia ante la frustración sin rendirnos, si nuestra autoestima y seguridad en nosotros mismos son bajas porque nos hemos acostumbrado demasiado a depender de lo que otros hacen o dicen, seguramente tengamos un problemón cuando nos vengan mal dadas, y no será el contratiempo de turno en sí el problema, sino la falta de valentía y espíritu de superación para poder afrontar sin miedo cualquier adversidad, viéndola como una oportunidad de crecimiento y desarrollo que nos llevará a descubrir lo mejor de nosotros mismos.

Lo cierto, y no permitas que nadie te convenza de lo contrario o te haga dudar, es que somos una especie con una capacidad de adaptación y superación asombrosa.

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Recuerdo todavía el estado de continuo asombro que me causó la celebración de los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro 2016, pues me permitió conocer historias de superación personal que dejan a uno con la boca abierta. Detrás de cada uno de estos héroes hay una vida marcada no por la limitación física o intelectual, sino por las enormes ganas de vivir e ir más allá paso a paso.

Cuando veo que muchos de ellos son capaces de hacer cosas, faltándoles una o varias extremidades, que yo no sería capaz de hacer a día de hoy con mis dos brazos y mis dos piernas, no puedo dejar de admirarlos, y pensar que lo que nos limita son los estereotipos, los prejuicios, las etiquetas y falta de espíritu. No es lástima lo que me provocan, sino gratitud sincera por la lección que cada uno de ellos da a la sociedad y a mí misma. No tenemos derecho a quejarnos por tonterías. O sí lo tenemos, pero no perdamos el tiempo ejerciéndolo. Mejor es ejercer el derecho a no rendirse nunca, a sacar de todo algo positivo, a querernos a lo grande y a querer a los demás atreviéndonos a descubrir el tesoro que es cada persona.

Humildemente tengo que pedir perdón por mi resistencia a creer como cierta una noticia que, al comprobar su veracidad, me dejó patidifusa. En la prueba de atletismo masculino de 1500 metros lisos de estos Juegos Paralímpicos, los cuatro primeros atletas clasificados llegaron a meta con mejor tiempo que el conseguido por el campeón olímpico el pasado agosto. O sea, que el campeón olímpico hubiese terminado quinto en la prueba paralímpica con su tiempo.

 ¿Os dais cuenta? No solo lo han hecho muy bien, es que ¡¡¡incluso lo han hecho mejor que aquellos que son los mejores del mundo en el deporte sin discapacidad!!! No me lo creía, lo admito.  Y por otro lado, me llamó poderosamente la atención que esta noticia no hubiese sido portada de informativos, pues es algo que trasciende al deporte, nos habla de lo maravilloso que puede llegar a ser el ser humano.

¿Alguien puede dudar de que cada uno de nosotros, que también somos de carne y hueso, no tiene un potencial inmenso por descubrir y ofrecer?

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen Carmen Prada

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¿Solo reaccionamos cuando hay muertos, o quizá ni así?

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Por Carmen Prada

Quizá lo que escriba a continuación sea un intento de mostrar sensatez y sensibilidad, o más bien, ¿una necesidad imperiosa de dar un grito al aire y expresar mis emociones y sentimientos hacia una realidad social atroz?

Hace poco me encontré en una red social lo que una joven de 13 años había compartido en su muro. Os puedo decir que me partió el alma, pero esta es la realidad en muchos adolescentes y jóvenes, y no la que muchas familias quieren mostrar, o lo que es más grave, desconocen.

“Querida sociedad:
Has cambiado bastante. ¿Por qué? ¿Por qué ahora todos me juzgan? Ellos no saben nada de mí ni de mi vida, ellos no me conocen. Si me visto de una forma, soy una hípster y si me visto de otra voy de moderna. Si twitteo mi vida soy una gilipollas que piensa que a todo el mundo le importa lo que me pase y si no twitteo nada soy una aburrida. Si tengo trece años tengo que fumar, beber alcohol y ser una puta. Y si tengo dieciséis soy una inmadura que no sabe nada. Si soy rubia, soy tonta, si me tiño soy una teñida de mierda. Si me gusta el heavy soy emo, si me gusta el pop soy infantil. Si apruebo todas soy una empollona, si suspendo soy imbécil. Si me gusta un videojuego soy una friki. Si soy fan de un cantante o grupo soy una obsesionada. Si digo palabrotas soy una mal hablada y si no las digo soy una aburrida. Si estoy delgada, estoy anoréxica. Si estoy gorda, estoy obesa…..
Yo creo que ya basta con las etiquetas. Hay gente que le puede dar igual lo que le llame, pero a otra mucha le puede doler muchísimo y puede llegar a hacer cosas horribles y tan solo por culpa de unas estúpidas etiquetas. Cada persona es como es, y eso es lo que la hace única, perfecta y especial. Ser ella misma”.

¡Malditas etiquetas! ¡Dichosos juicios! Lo deja claro en la frase que he resaltado en negrita.

¿Hacer cosas horribles? ¡Claro que sí, y le creo! Y le creo porque cada vez más estamos viendo cómo hay niños que no viven esa etapa, jóvenes que viven una vida que aún no es la que le corresponde, y adultos que no se dan cuenta de nada porque “ya bastante tienen con su propia vida”, para qué molestarles.

Os puedo decir que las tentaciones han existido siempre, las maldades también, pero también es cierto que la forma de afrontar todo ello no es la misma.

Recuerdo que en mi adolescencia muchos de mis amigos empezaron a fumar, ¡siempre dije NO! En el colegio sufrí con una compañera su superioridad física y despotismo, lo intenté afrontar con la mayor entereza posible, aunque una nunca lo olvida. Respecto a los dichosos botellones que tan de moda están ahora, solo participé en dos, y fueron inocentes veladas en la orilla de la playa cuando iba a veranear con mis padres a un cámping, nada que ver con el desmadre actual. Mi hora de llegada aún con 17 años los fines de semana eran las 22 horas, y cuando salía en mi bolsillo solo había 500 pesetas, lo suficiente para pagarme la entrada a la discoteca y comprarme a la salida unas chuches, ¡no daba para más!

Reconozco que en esa etapa de mi vida era una jovencita frágil, pero, ¿sabéis quién me ayudó y me formó para decir NO a muchas cosas? Mis padres, unos padres que no tuvieron la suerte de poder estudiar demasiado, ya que desde muy jovencitos tuvieron que trabajar, pero eso no les ha impedido nunca tener una cultura de valores impresionante.

Vemos en el caso de los adultos noticias que son incomprensibles. Observamos cómo se utiliza la violencia de la manera más irracional, cómo se finge y miente en muchos casos para dañar a otros, estamos infectados de materialismo viviendo en un mundo irreal, cada uno mete la mano en el “saco” en la medida en la que puede, vivimos en una continua tensión por ser mejor que el que tengo al lado, y ya da igual si ese es uno al que llamamos amigo.

¿Y todo esto para qué? ¡Ni idea! ¿Qué intentamos lograr? ¡Ni idea! ¿Por qué tenemos que estar continuamente mostrando un yo monstruoso? ¡Ni idea!

¿Qué estamos haciendo entre todos con esta sociedad? ¡Sí, porque todos estamos colaborando en deshumanizar principios que deberían ser incuestionables! Cada vez parece más “normal” pasar por encima de cualquiera a base de codazos, pisotear los sentimientos y abrir heridas en muchas personas. Incluso hacemos cambiar a base de miedos a determinadas personas porque creemos estar por encima del bien y del mal.

¿Qué estamos consiguiendo? ¡Eso lo tengo claro! Destruir valores, principios y marcar dramáticamente la vida de otras personas.

Los hogares muchas veces son cunas de toda esta deshumanización, ¿qué pretendemos esperar de los más jóvenes?

No comprendo como un chaval de 13 años pueda llevar 50€ en el bolsillo, ¡que a veces ni yo los llevo! Ven con toda normalidad, incluso como un derecho, tener el último móvil que ha salido, bien por no ser menos que sus amigos que ya lo tienen, o bien por poder presumir ante ellos de tenerlo si ellos aún no. Yo no acostumbro a trasnochar, pero cuando lo hago me sorprende ver a las 2 de la madrugada a muchachitos de 13 ó 14 años por ahí. Menudo negocio las tiendas de 24 horas, se forman colas los viernes y los sábados ya a media tarde con jóvenes que la mayoría de ellos no tienen la edad permitida para comprar alcohol. Jovencitas maquilladas que quieren aparentar una edad y una vida que todavía no les corresponde vivir. Precisamente esta semana, ha salido a la luz el caso de una chica de 12 años, ¡12!, que ha fallecido tras un coma etílico en una fiesta de Halloween. ¿Y a alguien le importa? ¿Si no hubiera fallecido se habría comentado en los noticiarios? ¡Miserable hipocresía!

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Y podría seguir, pero, ¿para qué? No hay más ciego que el que no quiere ver.

Alguno estará pronunciando la dichosa frase de ¡es que los tiempos han cambiado! Benditos tiempos anteriores, entonces.

¡Basta de hacer daño impune y gratuitamente!

¡Basta de colgar etiquetas que en muchos casos llegan a destrozar vidas!

¡Basta de buscar víctimas vulnerables para satisfacer egos!

¡Basta de juzgar por la talla de vestir o por el color de tez!

 

Es lógico que se sientan perdidos y confundidos si a diario es lo que vemos en la televisión, por la calle, en casa… Pero entonces, ¿no creéis los adultos que debemos de ser nosotros los que los guiemos? ¡Claro que antes tenemos que volver a retomar valores que nosotros mismos hemos perdido y olvidado!

No me importa la edad que tengas, si llevas gafas o no, si eres rubio o moreno, si eres alto o bajito, si estás delgado o un poquito grueso, me es indiferente si tienes algún problema físico o mental, si te gusta el rock o eres más de hip hop… Lo único que te puedo decir y de todo corazón es que nunca dejes de ser tú para pasar a ser una persona que ni conoces. Vive cada momento como te corresponde, disfruta de la vida según tu edad, vive y deja vivir, respeta y no odies, pero sobre todo, ¡nunca dejes de ser tú!

Los que vengan detrás, te lo agradecerán eternamente…

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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¿Libertad sin o con ira?

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Artículo publicado por Carmen Prada

Tema de gran relevancia y actualidad, el de la libertad de expresión. Hoy por hoy y de un modo demasiado recurrente, se reivindica la libertad de expresión como si fuera un absoluto, sin detenerse a reflexionar que cualquier forma de libertad ha de ser ejercida con responsabilidad, sensibilidad y respeto por la libertad y dignidad de los demás. Nada nuevo, pues es habitual que se nos llene la boca exigiendo derechos, pero no nos gusta que nos recuerden nuestros deberes. Y cuando, en cualquier orden de la vida, las cosas no están equilibradas, se producen excesos y abusos. Equilibrio, sin duda uno de los conceptos más importantes e ignorados por la sociedad posmoderna, más dada al capricho y al ombligocentrismo.

Os invito a reflexionar un poco sobre unas cuestiones que me inquietan. En vuestro día a día, en cualquier ámbito de la vida, viváis en Soria, Zaragoza, Alicante, Badajoz, Barcelona, Luarca, Astorga, te dediques a lo que te dediques, sea cual sea tu condición social… ¿Te sientes libre en la práctica de tu derecho a la libertad de expresión? ¿Te sientes libre de ejercerlo muy a menudo? ¿El modo de ejercerlo otras personas de tu entorno, muchas veces te hiere? ¿Eres de los que piensan que a veces se abusa de la calumnia e injuria apoyándose en la libertad de expresión? Podría seguir…

Qué curioso me resulta, cuando observo cómo esa supuesta libertad de expresión en muchas ocasiones es secundada por una masa de personas, personas que ofenden a otras con esa manera de ejercer su libertad de expresión, y que se esconden cobardemente en el anonimato de la multitud.

Se me ocurre cuando se hace burla de la orientación sexual de una persona, también cuando se ridiculiza a alguien por razón de su credo, de igual modo cuando se señala a un enfermo de VIH por su condición, cuando resulta hasta gracioso el ver una malformación física en una persona y nos burlamos de su aspecto, las palabras o desprecios que se dirigen a un mendigo, la acusación permanente a las personas que defienden sin ambages la vida humana, cuando se prejuzga y se margina a alguien por su procedencia o el color de su piel…Demasiados ejemplos, pero muchísimos menos de los que se podrían citar en la misma línea.

Muchos se consideran con derecho a la libertad de opinión para la calumnia, injuria, falta de respeto, humillación… hacia las personas que tienen otra condición.

Desde luego y sin lugar a duda, en mi opinión el derecho al honor está por encima de la libertad de expresión, siempre que ésta dañe al prójimo con injurias, calumnias y ultrajes hacia las personas o hacia las cosas que tienen un valor simbólico, sentimental e identitario para un determinado grupo. ¿De verdad es necesario herir a otros para reivindicar yo lo que creo justo?

Hay muchas cosas que no son ilegales, pero que no hacemos porque sabemos que no proceden, como ir disfrazado cuando no es Carnaval, o ir vestido totalmente de blanco a una boda siendo la madrina. Quedarse en lo que es legal o ilegal es una muestra de gran superficialidad, no renunciemos a ser un poco más profundos, que seguro que si queremos, lo podemos ser. Hay espacios y momentos para la reivindicación, pero no procede llevar ésta a cualquier espectáculo o ambiente. En un mitin de Rajoy, Sánchez, Rivera o Iglesias, nadie va con la bandera del Betis, de la Real Sociedad o del Rayo Vallecano, sería absurdo. Igualmente, no es procedente ir al estadio de fútbol con la bandera del PP, PSOE, o de cualquier otro grupo o ideología política. Si la mezcla de deporte y política sirviera para que en la política hubiera más deportividad, aun podría aceptarse. Pero la experiencia demuestra que esa mezcla es venenosa por naturaleza.

Os aseguro que el homosexual, el mendigo, el enfermo, el católico, no se sienten en la mayoría de las ocasiones con la fuerza de poder ejercer la libertad de opinión. Y repito, me da igual la ciudad, el pueblo, la bandera, el politiqueo… Simplemente soy una persona que se atreve a ejercer la libertad de opinión sin necesitar el respaldo de otra o una masa de personas para reivindicarme.

Reconozco que en mi día a día hay muchos momentos en los que no digo lo que pienso, no ejerzo mi derecho a expresarme, porque este hecho podría causar un daño innecesario a un tercero, o porque si lo hiciese, el daño me lo causarían a mí. Con lo que, ¡la libertad de expresión algunos la utilizan para un bien personal, lleven por delante a quien se lleven! Se me ocurren muchos calificativos para este tipo de personas, podría ejercer como ellos mi libertad de expresión o de opinión, pero no lo hago porque resulta innecesario, y además me colocaría a su misma altura.

Utilicemos la libertad de expresión para el bien común y con sensatez, recordemos que la vida tiene memoria, y que en algún momento tirar de hemeroteca nos puede poner colorados.

La persona cabal, madura y bien educada sabe que no todo lo permitido es oportuno.

La persona sensible sabe que la libertad de expresión ejercida con tacto nos hace más humanos.

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Las estrellas brillan por ti, mamá

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Por Carmen Prada

Hoy es uno de esos días del año que debe ser celebrado de forma especial, aunque todos y cada uno de los días son un regalo que conviene apreciar y agradecer. En este 2016 coincide la celebración del Día de la Madre con la del Día del Trabajador. Con los tiempos que corren, ¿no celebramos ambas cosas cada día? Aun así, haré un humilde homenaje a la mujer más importante que hay en mi vida, con estas sentidas y merecidas palabras, esa mujer es mi madre.

Soy la primogénita de 3 hermanas, su experiencia como madre comenzó conmigo y os aseguro que no se lo puse fácil… En poco más de un año repitió la experiencia, y ya cuando prácticamente no se esperaba, llegó la que aun ahora con 30 años seguimos llamando “la niña”. A todas nos criaron con los mismos valores y principios, y digo esto porque desde bien temprano nos hicieron ver que las cosas para conseguirlas precisan de mucho esfuerzo, pero también de cariño.

Mi madre nunca nos dejó en manos de nadie para que nos educara, se sacrificó en muchas ocasiones como mujer y trabajadora para educar y estar al lado de sus hijas, ella siempre ha dicho y lo comentamos en muchas ocasiones que una de las cosas de las que en su vida se siente más orgullosa es que sus hijas se criaron junto a ella, en buena parte porque ni ella ni mi padre se criaron con mis abuelos, y siempre han llevado en el corazón cierto pesar por ello.

Cuando fuimos creciendo empezó a trabajar, y siguió dándonos lecciones… Recuerdo y no lo olvidaré nunca, escuchar la puerta de casa a las  5 de la madrugada porque mi madre se iba a trabajar, llegaba al mediodía, y después de dos horas de descanso reanudaba la jornada. Vi a mi madre con las manos envueltas en durezas, estropeadas, con los huesos y la espalda dañados, con déficit de horas de sueño, agotada… Pero veía una madre orgullosa de su sacrificio, porque sabía que tendría su recompensa.

El nivel cultural de mis padres es muy básico, pero de lo que no carecen es de “sabiduría de la vida,” pues siempre han sabido salir adelante y superar las dificultades, que no han faltado. Ya lo dice el refranero, “enseña más la necesidad que la universidad.” Nunca han tenido que insistirnos en lo necesario que es el sacrificio y el esfuerzo, pues se han pasado toda la vida mostrándonos con hechos lo que significan esos conceptos, así como los de dedicación y entrega, y sobre todo lo que es la honradez y la humildad.

La figura de mi madre en nuestras vidas nos ha servido para saber que los valores y los sueños no se compran con títulos, sino que hay que luchar por lo que uno sueña, ser conscientes que en la vida el sacrificio te lleva a la recompensa de un modo u otro, que la honradez debe ser tu carta de presentación y que la humildad te abre muchas puertas.

Las tres hermanas hemos sido criadas de igual modo, todas hemos estudiado lo que nos gustaba, y siempre gracias a Dios y a lo que hemos visto en casa hemos tenido trabajo, hemos sido conscientes de que para tener algo hay que poder pagarlo, que para darte un capricho, te lo has tenido que ganar, que el conformismo no forma parte de nuestros genes, y que la familia es el pilar básico en nuestras vidas.

Recuerdo que cuando tan solo era una adolescente y no tenía claro qué quería estudiar, siempre decía lo mismo cuando surgía la pregunta, “¿qué quieres ser de mayor?” Yo lo tenía claro y contestaba siempre lo mismo, “¡como mi madre!” Cuando dejé de ser una jovencita y a madurar como mujer, siempre me repetí lo mismo, “si algún día soy madre solo deseo ser como fue la mía.” Por circunstancias inesperadas de la vida no tengo hijos, pero si los tuviera lo tendría muy fácil para saber cómo educarlos teniendo presente la figura y el ejemplo de mi madre.

Ella es para mí un referente en muchos aspectos, es la única, la mejor, la que no falla, la que siempre ha estado, la que nunca jamás me ha soltado de la mano, la que intuye sin necesidad de escuchar palabras, ella lo da todo sin pedir nada a cambio, esa mujer que me ha demostrado que la vida va más allá del dolor y el sufrimiento, la que me ha hecho ver la luz cuando solo percibía oscuridad, capaz de hacerme creer en mí, esa persona que me da todo simplemente al escuchar su voz al otro lado del teléfono, es ella… ¡Es mi madre!

Siempre me repito diciendo que una madre es madre toda la vida. No hay un momento o una edad en la que deje de ejercer como tal. Las madres están cuando las necesitamos, pero otras muchas veces no olvidemos que ellas precisan de nosotros. Hagámonos esta pregunta, ¿estamos siempre cuándo nos necesitan?

Mi madre es única, aunque suene a tópico, y lo único que pido es que la vida nos regale muchos años para poder seguir compartiendo momentos y experiencias. Aunque te lo digo muy a menudo, ¡te quiero madre, te quiero mamá!

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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