Hagan hueco, les presento al talento

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Artículo publicado por Carmen Prada

Son innumerables las veces que escuchamos o nosotros mismos hemos pronunciado la famosa frase que dice: “nadie es indispensable…” La podemos aplicar a nuestra vida personal y también en el terreno profesional o empresarial.

Sí es cierto que en el personal, si quien nos falta es un familiar muy allegado o un amigo íntimo, es natural sentir su ausencia, pues quizá nadie puede llenar ese vacío. Pero también es cierto que la vida continuamente nos da oportunidades de volver a comenzar, encontrar nuevas amistades, volver a creer en el amor cuando ya creías que no era posible, descubrir que afrontar la existencia con un espíritu positivo siempre termina mereciendo la pena, aunque muchas veces vengan mal dadas. No es difícil, si se quiere, encontrar poderosos motivos para no resignarse y seguir adelante.

 Y es que en esta vida, ni todo es blanco ni todo es negro. Cuando como profesional escuchas esta frase repetitiva, y en algunas ocasiones pronunciada con maldad, uno no se detiene a reflexionar al respecto.

Es cierto que hay personas que cuando dejan un hueco en una empresa, equipo deportivo, organización, grupo… muchas veces llegas a pensar, “ya estaba tardando, porque mira que las ha preparado…”, y es que a veces hay personas que se van demasiado tarde. Cuando sucede esto, el sentimiento no es de pesar, sino de alivio, “ya era hora…”

Pero después están las otras, las que se van en busca de una mejora profesional, un ascenso, un reconocimiento del que se percata todo el mundo menos el que debe, una remuneración económica acorde con su valía, una oportunidad de crecer. En definitiva, un lugar donde se reconozca y valore su talento.

¡Es muy triste, pero real como la vida misma! ¿Realmente hay casos en los que podemos llegar a ser de algún modo indispensables? ¡Suena a locura! Evidentemente hay empresas que no saben gestionar el talento, lo infravaloran en vez de cuidarlo, lo constriñen en lugar de potenciarlo, terminan ahuyentándolo cuando deberían acogerlo y amamantarlo.

Ser un empresario capaz de gestionar talentos no se consigue solo con conocimientos técnicos, sin duda fundamentales para dirigir un negocio, hace falta olfato e intuición, mano izquierda, generosidad, incentivar, atreverse a confiar y saber muy bien en quién poder hacerlo.

 

Los profesionales de sobresaliente valía por supuesto que dejan huella, huecos que en muchas ocasiones a las empresas les cuesta llenar (en el caso de que lo logren), supone también tiempo, y tiempo para una empresa se traduce en dinero. Los valores y la personalidad de las personas talentosas, los hace mejor cuando además son capaces de trasmitirlo a un equipo de trabajo, contagiando su entusiasmo a otros, así como la pasión y habilidades que les caracterizan.

Con lo que la empresa no solo pierde al profesional con ese talento por excelencia  y lo que aportaba por sí mismo, sino que hay que poner un nuevo capitán en el barco, asumir el riesgo de que no encaje, y cuidado si quien se ha ido lo ha hecho por no sentirse valorado, porque ese mensaje tan negativo puede calar en otros miembros del equipo y tener un efecto dominó…

Si, por el contrario, ese profesional que dirige un equipo de trabajo se siente valorado por su empresa, tendrá confianza para tomar las decisiones difíciles que considere necesarias, podrá a su vez motivar e incentivar a sus subordinados, será más difícil que escuche los cantos de sirena que le lleguen de otros sitios, y su implicación en el proyecto arrastrará a otros a dar lo mejor de sí mismos, con el lógico beneficio que eso supone para poder conseguir los objetivos deseados.

Samuel Langhorne Clemens, fue un estadounidense del siglo XVIII, consiguió un gran éxito como orador y escritor, pero realmente carecía de visión financiera y, aunque ganó mucho dinero con sus escritos y conferencias, lo malgastó en varias empresas y se vio obligado a declararse en bancarrota. Con la ayuda del empresario y filántropo Henry Huttleston Rogers finalmente resolvió sus problemas financieros. Toda esta situación que le rodeó y en la que se embarcó sin tener conocimientos para ello, le dio la legitimidad de pronunciar una sabia frase: “Aléjate de la gente que trata de empequeñecer tus ambiciones. La gente pequeña siempre hace eso, pero la gente realmente grande, te hace sentir que tú también puedes ser grande”.

 

Prepárate antes de embarcarte en grandes proyectos si careces de capacidades para comenzar, pero por otro lado, tú que tienes talento, no dejes que te contagien aquellas personas que te rodean y carecen de él. ¡Vuela!

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada – Consultora  de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen de, Pinterest.es

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En cada momento, hay que hacer lo que toca

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Artículo publicado por Carmen Prada

Mi familia proviene de zona rural, con lo que estoy muy acostumbrada a comer productos elaborados en casa, buenos y sanos, porque tanto las verduras, patatas, huevos, carne de cordero, cerdo y pollo son fruto habitualmente del trabajo de mis padres y abuelos. Evidentemente, obtener estos alimentos requiere mucho sacrificio, horas, pasar calor, frío, inversión, y muchas veces saber que lo que estás alimentando o sembrando en un momento dado, no dará su fruto hasta pasado un tiempo, y también habrá algo que se pueda perder. Después de esto, con paciencia, solo queda esperar, pero con la satisfacción de haber hecho el trabajo. Y lo cierto es que espero como un chorro fresco de agua en esta época, todo hay que decirlo, el manjar de un tomate de casa… ¡Ya queda nada!

¿Y a qué viene esta confesión de la bendita procedencia de algunos de mis alimentos? A que como muchas cosas en la vida, hay que sembrar para recoger.

Hace escasos días estaba conversando con profesionales que confesaban según el sector al que se dedicaban, que el trabajo ha bajado en los últimos 3 meses. Les pregunté que a qué creían que podía ser debido. Algunos a los que le estaba afectando este mal, me apuntaron que quizá estuviese haciendo mella la incertidumbre política que nos acompaña desde hace meses en nuestro país, otros lo achacaban a que estos meses de verano se paraba todo mucho y la gente daba como continua respuesta “a la vuelta del verano”, también que las personas estaban pensando más en los gastos vacacionales…

Llegué entonces a la siguiente conclusión, se para el cliente, ¿me paro yo…?  Con lo que a continuación pregunté pensando que estas situaciones suceden repetidamente cada año y en prácticamente sectores determinados, ¿no hay plan B? ¿Nos paramos nosotros también? ¡No había respuesta!

¿Y por qué no lo dedicamos a la siembra? ¿Por qué no creamos necesidades? ¿Por qué no aprovechamos al mismo tiempo para hacer un repaso de los “deberes” que hemos dejado a medias? ¿No pensáis que la época de llamar a nuestras puertas ya pasó?

¡Está claro!

  • Siembra, vístete con el mejor mono de trabajo y sal a la calle, comenta entre tus amistades, habla con tus clientes potenciales y fidelizados y pídeles referencias, quizá sea el momento de acudir a reuniones con otros profesionales, pensar en colaboraciones, aprovechar el boca a boca. Si tenéis paciencia, llegará el fruto, ¡no lo dudéis!
  • Cread vosotros la necesidad al posible o ya cliente, ¿que no la tiene? ¡Mostrádsela! Si no tenéis desarrolladas las capacidades comerciales, pedid ayuda para formaros y hacerle ver al cliente, eso sí, siempre con honradez y honestidad, lo que le vendría bien y aun no os había solicitado. No dejéis que él sea consciente un buen día de la necesidad y para cubrirla acuda a otro lugar. Entonces, ¡no nos quejemos! Me da igual a lo que os dediquéis, ¡todos somos vendedores, no penséis que esto no va con vosotros!
  • Aprovechad el tiempo para repasar si la ruta de trabajo es la correcta, si estáis optimizando todos los recursos que hoy por hoy tenemos para hacer mejores y mayores nuestros negocios. Haced un repaso de “deberes y haberes”, llevad a cabo una estrategia de trabajo diferente, si queremos “plan B” y demás planes…
  • No esperéis a que os llamen, no tengáis la confianza en que el cliente va a devolver la confirmación que tiene pendiente. Todos somos clientes y con muchas cosas en nuestra cabeza, el recordárselo es cosa nuestra, si lo hacemos con profesionalidad no se tiene por qué molestar. El cliente de ahora está más informado pero no mejor, no dudéis que si el trabajo no lo hacemos nosotros, ya sabe sin moverse dónde debe acudir. Llamad su atención de algún modo, o incluso si ya es cliente, quizá es el momento de volver a hacerle una visita “de cortesía.”

¿Que no tenemos paciencia? ¿Que queremos el dinero rápido? ¿Es perder el tiempo en esta época? ¿Pensamos que no necesitamos plan B? ¿La recogida se nos hace larga?

Si como respuestas a estas preguntas obtenemos más Síes que Noes, ¡tenemos un grave problema! Y es que quizá te debas replantear si estás en condiciones de ser profesional o quizá tu papel encaje más en el de empleado.

Algo sí tengo claro, y es que para el que siembra y tiene paciencia para recoger, los frutos serán abundantes, y además el sabor de boca que va a dejar será de cosecha propia, y todo en casa sabe mejor…

Siembra un acto y cosecharás un hábito. Siembra un hábito y cosecharás un carácter. Siembra un carácter y cosecharás un destino.

Charles Reade

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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