Solo hay una opción sensata en la vida, vivirla

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Por Carmen Prada

A menudo he escuchado decir que cuando una persona sufre una enfermedad o un accidente y su vida corre peligro, parece que aquellos que le quieren están más preparados para asumir su pérdida… Reconozco que lo dudo, aunque también es cierto que las personas más queridas que me han dejado, ha sido en todos los casos de manera inesperada. Y puedo decir que las emociones se manifiestan como un huracán que llega a absorber todo tu ser y sentimientos.

Es duro levantarse un día, y que de una manera inesperada alguien te diga que una persona muy cercana y querida ha fallecido. Este hecho lo he vivido hace muy pocos meses, cuando me comunicaron el fallecimiento de uno de mis mejores amigos, alguien muy próximo en lo personal y profesional, un gran apoyo, en quien yo confiaba.

Cuando pronuncias la palabra muerte, las caras que percibes alrededor son de que se trata de un tema tabú, y mi opinión es que tratar algo tan evidente e inevitable, como también lo es la vida, con tanto terror e inmadurez, nos hace alejarnos de la realidad.

Es como si algo dentro de nosotros se partiese en varios pedacitos, el dolor se centra en el pecho y las lágrimas se hacen presentes como nuestras compañeras de camino. Algo cotidiano en lo que esa persona habitualmente estaba presente, nos hace recordar una y otra vez que ya no está, que no nos acompaña…

Aunque puedo decir que son innumerables las ocasiones en las que con el paso de los días me doy cuenta que esas personas están más presentes en mi vida quizá que en otros momentos lo hayan estado.

 

Uno mira al cielo en las noches estrelladas y busca cuál es la que más brillo tiene, porque sin duda, esa es la de cada uno.

 

Entonces dudas de todo, sobre todo de uno mismo. ¿Le dije todo lo que quería decirle? ¿Por qué no hice todo lo posible por verle el último día en el que quedamos para vernos? ¿De verdad sabía lo mucho que le quería y siempre le querré? ¿Le di ese tipo de abrazos que hacen crujir todo el cuerpo? ¿Estuve siempre que me necesitó? Qué sé yo, infinidad de preguntas nos inundan…

Y si éstas nos surgen con dolor, ¿será que algo nos estamos “perdiendo”? Podemos seguir toda la vida de luto, con lágrimas constantes, con recuerdos que nos alejan de toda realidad, fustigándonos por lo que dejamos sin hacer o eso pensamos… O, ¿por qué no aprovechamos estos azotes que nos da la vida para valorar todo lo bueno vivido y aprender de los posibles errores, para no volver a cometerlos con los que aún están en este mundo?

Hay personas a tu alrededor que te necesitan, que te extrañan en los momentos en los que estás ausente, viven tu dolor como suyo, cada lágrima que derramas salpica sus corazones, son testigos de tus desvelos, quisieran poder pulsar un interruptor y transformar tu llanto en tu mejor sonrisa. Pero no es tan sencillo, lo sé.

Él ya no está físicamente a tu lado. Pero sabes que le gustaría verte feliz, afrontando la vida con entusiasmo, contagiando tu alegría por doquier, algo que en ti es muy natural, pues es tu marca personal.

No te sientas mal por sentirte mal, tienes derecho a esos momentos, pero no olvides que a tu alrededor estamos personas que te queremos, que te comprendemos, pero que no renunciaremos a volver a reír contigo, pues eso también le gustará a él, allá donde esté. Muchos besos.

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, propia

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Cuando un amigo se va

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Por Carmen Prada

El 24 de octubre de 2016 escribí mi post mensual en La Nueva Ruta del Empleo, no sé si como desahogo y ejercicio de esperanza ante una situación que para mí estaba siendo muy dura de asimilar. El texto era el siguiente:

“Hoy os quiero hablar de un gran amigo al que quiero muchísimo, el cual siempre me ha dicho, `Carmen, si uno trabaja únicamente por dinero en esta vida, nada le quedará cuando ya no pueda seguir haciéndolo. El dinero no sirve para mucho, ya que la pasión por lo que uno hace, el dinero no la paga´.

Prefiero no decir aquí su nombre, y lo entenderéis cuando sigáis leyendo, pues considero adecuado preservar su intimidad. Es una persona que desempeña con mucha profesionalidad y honradez sus trabajos, y digo en plural, porque además de tener su propia asesoría desde hace años, es profesor en un centro de Formación Profesional. Es la persona con mayor nobleza y entrega que conozco. Os sorprenderá, pero ¡ya podría estar jubilado! Pero ha entregado su vida a lo que hace, llegándome a confesar muchas veces que “qué haría yo sin poder hacer lo que me gusta, Carmen”.

He compartido largos cafés con él, conversaciones profundas, de fe, de política, de la vida, de la familia, de los dichosos impuestos… Yo me pasaría horas y horas con él charlando. Siempre he tenido presente una frase que a menudo pronuncia en nuestros encuentros, “el dinero solo me serviría por si un día enfermase, y aun así…”. Y es cierto, al dinero siempre lo ha tratado como al mayor traidor del hombre.

No olvidaré el momento en el que me regaló la mayor lección de vida y valentía.

Fue a principios del mes de abril, cuando sonó mi teléfono y vi su nombre en la pantalla. Pensé, ¡toca café y tertulia! Pues la realidad fue otra, y ésta se distanciaba infinitamente de mi deseo. Él llevaba una temporada con unos dolores muy fuertes en la espalda y estaba en medio de pruebas médicas. Desde el otro lado del teléfono me dice, “Carmen, ¿recuerdas que me tenían que dar los resultados de las pruebas pendientes? Pues ya me los han comunicado, tengo cáncer”.

 

Os tengo que confesar que de repente mi rostro se inundó de lágrimas (como en este mismo momento me está sucediendo al escribirlo y recordarlo), al escucharlo noté que la voz me fallaba. Dejé que siguiese hablando, y con total serenidad y calma me dijo, “no te preocupes, la vida es así, Carmen, yo estoy en paz y preparado para lo que tenga que ser. Si todo va bien esto solo será un contratiempo, y si no, no pasa nada, tú sabes que aquí solo estamos de paso”. A través del teléfono además de transmitir lo que me estaba confesando con toda serenidad, le pude intuir una sonrisa y continuó diciéndome, “¡ves, cuántas veces te dije que para qué valía el dinero!, ¿te acuerdas?”

No fue fácil para mí reaccionar con serenidad y calma, pero cuando escuché el modo con el que me transmitía lo que le estaba sucediendo, me dije que nunca podría pagarle (y no hablo de dinero), todos los valores que siempre me ha transmitido, como son humildad, sensatez, valentía, pasión por lo que hace y una inmensa entrega a los demás.

Después de acudir todas las semanas a una clínica fuera de nuestra provincia a recibir sesiones de quimioterapia, en ocasiones muy esporádicas ya que apenas tenía fuerza física, quedábamos a tomar un café. Y no olvidaré el último hasta hoy, ya que hace 3 meses que no puedo hablar con él ya que está ingresado en la clínica, bastante grave por la dichosa enfermedad.

Sentados en una terraza me dijo, “me he pasado toda mi vida entregado a los demás, estoy en un momento que en ocasiones me viene a la cabeza el pensar qué habría pasado si me hubiese querido y pensado más en mí. No sé si el dinero me salvará la vida, pero si no puede ser, estoy preparado para lo que tenga que suceder. La vida es muy corta, pasa demasiado deprisa, he tenido la gran suerte de disfrutar siempre de lo que he hecho. Y si me tengo que ir, Carmen, me gustaría irme pensando que a través de esa pasión he ayudado a personas.” Después de escucharle y con la voz temblorosa le dije, (su nombre), a mí me has ayudado mucho, y puedo decir algo de lo que últimamente no es fácil presumir, y es que tengo al mejor amigo que se puede tener y jamás me has fallado. Solo espero que te haya podido devolver una mínima parte de todo lo que tú me has regalado.

 

Ruter@s, hace tres meses para mí larguísimos que no lo veo. Hablo con su familia y me van informando, pero si hoy os estoy hablando de él es porque la sabiduría que tiene de la vida le ha terminado dando la razón.

El dinero lo necesitamos, todos queremos y necesitamos cubrir nuestras necesidades y aspiramos a una calidad de vida, no solo a sobrevivir a duras penas, que es la situación de mucha gente, por desgracia, pero os invito a reflexionar seriamente si no le damos a veces más importancia de la que realmente tiene.

¿Realmente crees que acumular riquezas garantiza la felicidad?

¿Las verdaderas amistades surgen o se compran con dinero?

¿Desaparecerían de tu vida todos los problemas?

¿Teniendo mucho dinero te daría igual cuidar o no tu desarrollo personal y profesional?

Quizá la pasión con la que desempeño todo aquello que llevo a cabo, el mirar a los ojos a las personas sin esquivarlas, el dar sin pensar en cuándo recibiré, el intentar por lo menos arrancar una sonrisa en un momento delicado, y sobre todo ir por la vida teniendo claro que a mí la felicidad me la aportan pequeños momentos, como esos cafés con mi amigo, son las cosas que me hacen sentir viva.

Ojalá pronto lo pueda volver a ver, y que me pueda decir que “el dinero me ayudó a hacer frente a una enfermedad y gracias a él la pude superar, pero lo que me mantuvo vivo, ¡fueron las ganas de vivir!”

 

Dicen que quien tiene un amigo tiene un tesoro, y podéis creerme que conocerlo ha sido uno de los mayores regalos que la vida me ha dado, espero y rezo de corazón por su pronta mejoría, pues mi amigo es una persona de la que se aprende cada día en el terreno profesional y personal, y aún tiene mucho bien que hacer en este mundo, si Dios quiere.”

 

 

Como arriba he señalado, esto fue publicado en octubre. Pues bien, el pasado 21 de diciembre de 2016 me despertaron con la dolorosísima noticia de que en la noche había finalizado su existencia terrena. Fueron días realmente duros e intensos, y en su multitudinario funeral quedó de relieve el mucho bien que hizo por tanta gente. En estas situaciones, las lágrimas brotan no solo de tristeza, sino también por la impotencia de no encontrar la forma de expresar el agradecimiento hacia la persona fallecida.

Nuestros cafés, tertulias y confesiones no volverán, pero siempre me sentiré una privilegiada por haber podido contar con su generosa amistad, su ejemplo y sabiduría de vida.

Él se fue en paz, y me consta que el legado que ha dejado en todos los que lo conocimos perdurará mientras vivamos cada uno de nosotros.

Solo puedo decirte, querido amigo, GRACIAS POR SER UN ÁNGEL EN MI VIDA, EN MÍ TU RECUERDO SIGUE VIVO, Y ESPERO VOLVER A ENCONTRARTE EN LA ETERNIDAD.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen de Pixabay

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Un tren llamado amor

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Con cariño por Carmen Prada

Un día lo conociste, pensaste que iba a estar siempre, pero se esfumó, y cuando regresó creíste que ahora sí se iba a quedar… Pero no, falsa alarma, volvió a tomar el mismo camino y se fue.

El amor es generoso cuando es puro, no avisa, llega, lo sientes, todo dentro se mueve, suena una constante melodía en tus oídos, brilla con luz propia… Seguramente todos sabemos lo que se siente, pero cuando vuelves a vivir la ruptura y ya con cierta edad, te vienen a la cabeza infinitos miedos, dudas. Llegas a pensar que ya no hay tiempo, mi belleza no es la misma, mi poder de atracción se ha ido, no quiero volver a sentir las mariposas porque ya me han herido, deseas huir del dolor, no quieres ni besos acompañados de promesas porque regresaron, se fueron, volvieron y en nada se quedaron… ¿Y ahora qué haces? Te vuelve a acompañar nuevamente la soledad, ¿no te asusta más ésta que el amor?

Al final te das cuenta que sin amor no puedes vivir, no encuentras un motivo, una razón… Necesitas esa caricia que nadie más es capaz de prestarte cuando realmente existe el amor.

Era de las que pensaban que mi tren ya había pasado, que no encontraría esa media naranja, y es que con el paso de los años uno se vuelve más exigente y ¡no, la vida volvió a ser generosa conmigo!

Él se presentó como una ráfaga de aire fresco en mi vida, el arco iris volvió a aparecer, la ilusión de una quinceañera resucitó… y cuando sientes estas emociones y otras muchas, te das cuenta de que esa es la otra parte de ti que te faltaba para poder ser más tú misma, pues somos seres relacionales, sentimentales, necesitados de una alteridad que nos complemente. Enseguida supimos ambos que habíamos encontrado ese amor que tanto añorábamos, la amistad, la confianza y la lealtad han forjado nuestro pasado, presente y seguro futuro. Cuando algo se construye con unos pilares tan fuertes como esos no hay huracán capaz de echarlo abajo.

El amor duele y duele porque sientes. No creo en las parejas perfectas, porque todo amor es imperfecto, pero lo importante es que los fundamentos del mismo sean sanos y auténticos, más allá de los defectos de cada cual. No nos durmamos cuando lo tengamos, no nos acomodemos porque ya lo hemos conseguido, se debe celebrar cada día, no tan solo el 14 de febrero, muéstrale que tus besos, palabras y caricias son algo más que simplemente eso, hazle ver que cada día es una oportunidad nueva de crecer y madurar juntos.

Mi ráfaga de aire hoy está de enhorabuena, celebra un nuevo año. Yo disfruto de una doble celebración, ese nuevo regalo que Dios le ha dado y el que este día lo volvamos a disfrutar juntos.

Por este motivo, te aseguro que ¡el amor existe! No lo temas. Porque si le das la oportunidad de que entre en tu vida, tienes la posibilidad de que se quede. ¿Y si es ese el tren del para siempre?

Desea ardientemente el volver a sentir el cosquilleo, los minutos previos a los encuentros, los mensajes que se hacen esperar, esa voz que te hace temblar, esas las palabras que se pronuncian cerca del cuello, una mirada penetrante… No lo niegues, no te resistas, lo necesitamos como al aire, pero esta vez…Pídele, diciéndoselo al oído, que no se vaya, por favor… Porque sin su presencia no puedes vivir.

Totalmente cierto, sin tu presencia me cuesta respirar. Una vez pronunciamos, “siempre es siempre”, y un año más disfrutamos de esa frase…

Y para terminar, os invito a disfrutar de una maravillosa canción, la cual escuché por vez primera cuando mi esposo me la cantó el día de nuestra boda, aunque el pobre estaba casi afónico…

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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Amistad cierta o simplemente envoltorio…

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Artículo publicado por Carmen Prada

Llega el fin de semana y me surgen infinidad de preguntas. Y se me antoja plantear una, ¿crees en la amistad?

Los que me conocéis sabéis que todas mis respuestas llevan una carga extra de sinceridad, y no a todos les agrada…Y es que en esta vida toda respuesta sincera tiene su riesgo. La pregunta que he dejado en el aire, es de esas que según el momento, la situación, el estado de ánimo…su respuesta varía. Pero sí es cierto que en el fondo, aun cuando todo es oscuro, cuando solo vemos el lado doloroso de la vida, en momentos en que estamos abatidos, desanimados y somos muy escépticos con respecto a ella, aun en esos, creemos en la amistad, porque a la menor oportunidad nos aferramos a ella.

Claro que la amistad existe, además la necesitamos. Qué triste, insoportable muchas veces, sería la vida sin ella, la precisamos como el respirar. Claro que no es pura ni inmaculada habitualmente, porque somos imperfectos, y a veces nos causa desgarro y dolor, como en el amor, pero no dejamos de anhelarla y buscarla, no obstante.

Es quizá la forma de amor más natural, pues surge en cualquier momento, y no es exclusiva como el amor conyugal, sino compatible con otros amores de índole similar. Cada amistad te aporta valores, experiencias, compañía, sensaciones diferentes.

Me llama la atención la frivolidad con la que se utiliza, siendo algo tan serio y delicado. ¿De verdad consideráis amigo a quien llama solo cuando te necesita, a quien siempre tiene una excusa, a quien su mono tema egocéntrico le hace ser el centro de atención, a quien está dispuesto a una ronda de vinos y nada más, o a quien desconoce la palabra “gracias”…? ¡¡Uuff!! ¡De ninguna manera! Yo los llamo oportunistas.

La amistad es cierta cuando sientes la cercanía de la persona aun sin estar presente, sin decir nada conoce tu estado de ánimo, una mirada le dice todo, es una relación que se cultiva cuando se riega, necesitas algo y aun sin pedirlo tiene extendida la mano, una vivencia no es lo mismo si no está… Y cuando necesitas un confidente es una tumba.

Muchas decepciones. Demasiadas personas que se quedan en el camino. Infinitos llantos en silencio.

Pero yo me considero una persona muy afortunada, porque creo en la amistad, como creo en el amor.

La vida, generosa siempre conmigo, me ha regalado últimamente muchos “incondicionales”. Por eso es injusto totalmente eso de que “hay que tratar a todos por igual”. ¡Claro que no!

No hay mayor injusticia que darle la misma categoría a las personas que vienen envueltas con premio, que a las que lo más bello que tienen es el envoltorio…

*** Os dejo con una canción que a mí siempre me ha gustado mucho. Porque en algún momento nos ha ayudado o nos ayudará…***

 

 

“Carmen en estado puro”

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