La urgencia de un proyecto de construcción de una sociedad rota

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Artículo publicado por Carmen Prada

“Es más fácil construir niños fuertes que reparar hombres rotos”.Frederick Douglass

 

Disculpad que saque mi raíz y vena futboleras, en el más amplio sentido de la palabra en ambos casos.

Deseo compartir aquí y ahora con todos vosotros algo que muchas de las personas con las que me relaciono habitualmente ni saben, y es que durante gran parte de mi adolescencia y primera juventud desarrollé la actividad arbitral en el fútbol. Confieso que algo de “culpa” en todo esto tuvo mi padre, pues mi hermana y yo comenzamos en ese mundillo influenciadas sin duda por el hecho de haberlo acompañado muchas veces a los partidos que él durante años dirigió cada fin de semana, en categorías y campos modestos, en los que el árbitro se encontraba expuesto a todo tipo de incomprensiones y cosas peores, como podéis imaginar.

Recuerdo aquella etapa de mi vida con cariño, aunque en cada partido escuchaba barbaridades, y seguramente más por ser mujer. Frases como “estás mejor fregando los cacharros”, “a ti te hacia yo mujer”, “vete al puticlub y ganarás más”, y otras mucho peores que prefiero no reproducir, eran habituales. Pero quizá lo más curioso y triste es que no pocas veces eran mujeres las que proferían las expresiones más machistas.

También he de advertir que los espectadores participaban muy activamente en esa violencia verbal, que era tolerada con naturalidad, y también los conflictos y trifulcas entre los jugadores eran habituales.

Paradojas de la vida, hace casi diez años, retirada ya por completo del mundo arbitral, conocí a un chico con el trabé una gran amistad. Era y sigue siendo árbitro. Y además, desde hace casi un lustro es mi esposo.

Me ha contado muchas anécdotas vividas en primera persona, y aunque en comparación con lo que ocurría hace más de dos décadas, cuando yo arbitraba y él jugaba al fútbol, las cosas algo han mejorado, los episodios de violencia en el deporte se siguen produciendo con demasiada frecuencia. Quizá pase como con la violencia doméstica, salvando las distancias. No es que haya ahora más que en tiempos de nuestros padres y abuelos, pero sí hay más sensibilización y repercusión mediática al respecto. Y, al igual que con la doméstica, hay muchísimo camino por andar para erradicar esta lacra de nuestra sociedad.

Llevamos una temporada escuchando y viendo imágenes sobre hechos tan lamentables como que en partidos de categoría infantil los padres se enfrentan unos a otros llegando incluso a las manos. De todos estos hechos vergonzosos, han salido heridos y actuaciones judiciales. Los moratones y las contusiones son daños físicos con tratamientos conocidos y concretos, pero hago una pregunta; y los daños en la retina de muchos hijos, llantos y decepciones, ¿esos quién los va a reparar?

 

Hoy en día queremos ganar y ser los mejores, que se nos vea, llamar la atención, estar por encima de cualquiera… ¡En todo y a costa de cualquier cosa!

Toda esta violencia en la sociedad la respiramos cada día, no sé si somos del todo conscientes.

Entre los más jóvenes nos estamos encontrando con auténticas tragedias, incluso llegando a suicidios al sufrir el llamado bullying, un acoso físico y/o psicológico al que someten, de forma continuada, a un alumno sus compañeros.

Nos vamos al terreno profesional, y las injusticias y abusos aparecen como una plaga. La falta de respeto y de dignidad están a la orden del día.

  • Contratos de trabajo abusivos en los que todo vale, y si no te conviene hay muchos en la cola del paro.

 

  • Faltas de respeto por parte de cargos intermedios o incluso el propio empresario, viviendo a diario bajo la amenaza de perder el puesto de trabajo.

 

  • Las desigualdades salariales y de oportunidades por razón de sexo.

 

  • La relación con los compañeros… Es sano la competitividad, pero, ¿sabemos medir el grado? Cruzar la línea roja es muy fácil cuando lo que quieres conseguir es a costa de todo y todos.

 

  • El escaso valor que se le da a la experiencia, buscando perfiles que se pueden definir claramente: menores de 40 años. Se acostumbra a discriminar de este modo y dejar a un lado a personas que podrían tener un peso importante dentro de la empresa, cómo no, junto a esos “otros perfiles” con tanta demanda en estos momentos.

Y es que en nuestra vida personal nos sucede lo mismo, seguimos compitiendo salvajemente.

Se compite por tener mejor móvil que el amigo. Por irnos de vacaciones cada año y hacer eco con todo detalle para mostrar así el poder adquisitivo que tenemos. Si el mejor amigo de mi hijo tiene las últimas zapatillas deportivas que han salido en el mercado, el mío las tiene que tener también, que no se diga…

¿Dónde han quedado los verdaderos valores? Es algo a reflexionar por todos, yo me incluyo.

Estamos construyendo una sociedad basada en el materialismo, en el ansia de poder, el egoísmo, sin parar a pensar que vienen otras generaciones detrás a las que se lo estamos poniendo muy difícil. Y difícil por comportamientos que no se entienden, pero que ya empiezan a ver como normales, por la cotidianidad con que los viven.

Planes de estudio en los que las humanidades tienen cada vez una presencia más marginal, abundancia de familias desestructuradas, nuevas formas de violencia por el mal uso de las nuevas tecnologías, pérdida generalizada del sentido de la trascendencia, una sociedad más interconectada en la que las personas a su vez viven una mayor soledad por la superficialidad imperante que lleva al “consumismo de relaciones fugaces”…

Y sin embargo, no hay que perder la esperanza. También es más fácil encontrar personas dispuestas a no dejarse arrastrar. Puedes relacionarte con gente de los cinco continentes a golpe de clic, las posibilidades de llevar adelante proyectos aumentan, todo es más fácil si se tienen en cuenta las herramientas con las que contamos y se utilizan adecuadamente. Pero no pongamos nuestra fe en las tecnologías. Al final, son las personas lo realmente valioso e importante.

 

No renunciemos nunca a ver en cada una de ellas un motivo para seguir creyendo que merece la pena, pero eso sí, desde el realismo, y sin miedo a poner nombre a cada una de las violencias y miserias que tenemos que enfrentar cada día en este mundo gris en el que, gracias a Dios, mañana de nuevo saldrá el sol.

 

 

 

 

 

 

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen, Pixabay

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2 comentarios en “La urgencia de un proyecto de construcción de una sociedad rota

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