Cinco de marzo, ha sido niña

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Por Carmen Prada

 

Os preguntaréis, ¿qué tiene de especial esta fecha en la que hoy estamos? Bueno, pues para mí mucho, pues tal día como hoy de hace cuarenta años mi madre sufrió dolores de parto para traerme al mundo, y eso fue solo el preludio de los desvelos que pasó en mi más tierna infancia para calmar mi llanto y hacerme comer. Reconozco que es algo que aún arrastro, lo del apetito un poco escaso, aunque lo del llanto, según el momento, los sigue habiendo, pero también a veces de felicidad. Desahogarse siempre ayuda, en las duras y en las maduras…

Fui una jovencita de fuerte personalidad, con ideas muy firmes y difícil de manipular. Como todo el mundo, he pasado por momentos más complicados y más fáciles de gestionar, pero por mi forma de ser, la fórmula rápida no ha sido la elegida habitualmente.

Reconozco que me he equivocado un montón de veces, pero los errores procuro utilizarlos como fuente de aprendizaje y trampolín para crecer. Mi familia ha sido el gran pilar, el punto de apoyo sobre el que madurar, mi gran inspiración en tantos momentos…

Jamás he perdido el norte, con orgullo puedo decir que provengo de una familia humilde y que jamás lo olvidaré, porque así es mi corazón y mi forma de vida. De ella he heredado la capacidad de sacrificio para alcanzar todo aquello que uno desea. También es cierto que a veces la vida te pone a prueba de sinsabores, pero al final aprendes que la capacidad de adaptación a estas situaciones te ayuda a crecer.

Recuerdo que con mi primer empleo, recién acabados mis estudios, y a la vez que trabajaba duro nueve horas y media de lunes a sábado, obtuve mi permiso de conducción. Apenas podía dedicarle tiempo, pero desde el principio tuve claro que lo sacaría a la primera, y todo por el sacrificio que en ello ponía cada día después de una jornada intensa de trabajo.

Conseguí comprar mi primer coche, ¡evidentemente de segunda mano!, pero no por ello me sentí menos orgullosa. Mis horas interminables de trabajo, en ese momento como Jefe de Administración, daban sus frutos, y es que siempre fui como una hormiguita.

Con el paso de los años, la experiencia de la vida te enseña muchas cosas. Entre ellas a luchar por lo que se quiere, a saber en quién sí y en quién no confiar, a enfrentarse a los miedos, a amar, a creer con realismo en uno mismo y en los demás, a disfrutar de momentos inesperados, a conocer personas que marcarán tu vida de un modo u otro…, pero sobre todo la necesidad de quererte, respetarte y que los demás lo hagan.

Amo cada día que la vida me regala, soy consciente que nada es fácil y os aseguro que sé de lo que hablo, pero tengo la gran suerte de haber nacido en el seno de una familia luchadora y humilde, lo cual me ha ayudado a tener siempre los pies en el suelo y tener claro de dónde vengo, en qué punto estoy y hacia dónde voy.

Para mí cada día es un regalo, una oportunidad y un reto. Sentir todo esto me hace sentir viva, algo que necesito como el aire que respiro.

¡Cierto, cumplo 40 años! ¿Y qué? Feliz de vivir con pasión muchos momentos, de disfrutar de las alegrías, de saber llorar las penas, de hacerme más fuerte con las frustraciones, de ser conocedora de mis valores, de tener cada vez más claros mis principios, y de atreverme a tomar decisiones, acertadas o no.

Intento día a día crecer personal y profesionalmente sin perder el horizonte, no olvidarme de lo que soy. Una mujer honesta consigo misma y con los demás, demasiado transparente tal vez, pero así lo prefiero.

Me queda mucho camino que recorrer, mis sueños los tengo claros, pero el trayecto es largo.

Más allá de las dificultades y complicaciones que se nos presentan en la vida, ésta merece la pena. Son muchos los momentos de felicidad, solo debemos estar atentos para apreciarlos, y me sentiré eternamente agradecida a todas las personas que me acompañan día a día de un modo u otro y tanto me aportan sin pedir nada a cambio.

Muy especialmente doy las gracias a mis padres, cuyo cariño nunca me ha faltado, y que con sus valores me han enseñado el camino de la vida.

 

Y cómo no, a la persona que cada día, en los buenos y en los no tan buenos momentos me acompaña, me saca una sonrisa, me hace sentir viva, es el mejor antídoto contra cualquier atisbo de “crisis de edad” por sus continuos cariños y tiernos piropos, está a mi lado de modo incondicional y es el acompañante en ese tren llamado amor. Gracias Roary, gracias mi amado esposo.

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

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