No dudaría en volver a reír

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Seguiré sonriendo a la vida…

Por Carmen Prada

Pocos días atrás, disfruté de una velada estupenda con una amiga. Son de esos momentos que te gustaría no terminasen por lo bien que te sientes, y eso que el encuentro se prolongó de madrugada, aunque no soy persona que suela trasnochar. Como siempre digo, la noche, al menos en mi caso, se hizo para descansar, y el día para exprimirlo al máximo.

En esta entrañable velada, nos fuimos a un lugar en el cual a esas horas ambas nos sentimos cómodas, un karaoke. Por un lado mi amiga, ¡qué tontería!, Nuria, que así se llama y merece ser mencionada por la fantástica voz que tiene, iba a gozar de uno de sus placeres, y por otro yo estaba en un lugar tranquilo, en el cual lo que haces es disfrutar en un ambiente sano y escuchando canciones de todos los tiempos.

Viendo a Nuria cómo disfrutaba, lo hacía yo. Estaba disfrutando de una de sus pasiones, cantar. ¡Se las sabe todas y su voz hace que el vello se llegue a erizar a quienes la escuchamos! Os confieso otra de mis taras, cantar. Sí, lo reconozco, lo hago fatal, pero si me tengo que decidir por alguna canción, siempre hay tres que están en mi repertorio. Con lo que me arriesgué a que se produjeran tormentas, huracanes y maremotos en mi zona y opté por una de ellas. Es una canción con poca letra, con un estribillo pegadizo, que a muchos quizá poco les inspire, pero sinceramente, la profundidad de sus escasas palabras cala.

Esta canción es la del ya fallecido Antonio Flores, (que de caídas, golpes y frustraciones supo un poco…); “No dudaría”. Era yo jovencita cuando comenzó a sonar, y es que a mí  me ha hablado en diferentes etapas de mi vida y mucho.

El famoso fragmento en el que dice “prometo ver la alegría y escarmentar de la experiencia…y nunca, nunca más usar la violencia…”, es grande todo lo que me trasmite…

Cuando pasan los años, te das cuenta que vas acumulando experiencias, penas, alegrías, éxitos, fracasos, nuevos acompañantes en tu caminar… Porque, ¿cuántas veces hemos hecho un pequeño alto y echado la mirada atrás? ¡Muchas!

 En el terreno profesional, la mayoría de las veces luchamos por ese puesto de trabajo con el que pagamos las facturas y la hipoteca, y solo por eso, que no es poco, intentamos ser optimistas. Pensamos que quizá no sea el trabajo de nuestra vida, pero nos consolamos con la recurrente frase de “hay gente que está peor….”, pues claro que sí. Es ahí cuando sin tener el trabajo de nuestra vida nos sentimos inspirados.

La cúspide de frustración llega cuando ese puesto de trabajo deja de existir y entonces nos lamentamos del tiempo perdido, malgastado… Yo soy de las que opino que de todo, absolutamente de todo, se aprende, de lo bueno y también de lo que no ha sido tanto…

Escarmentemos de las experiencias, saquémosle jugo, nutrámonos de lo que hemos aprendido y nunca olvidemos por lo que no volveríamos a pasar. Con la desilusión, la frustración, el desencanto…no ponemos solución a lo que ahora consideramos como tiempo perdido. Por ello, seamos capaces de ver con espíritu constructivo todo aquello que esa experiencia nos ha aportado por momentos. Y por supuesto, levantémonos, sigamos caminando, y no nos desprendamos nunca de nuestra paz, que nos faculta para superar cualquier “golpe mal dado”.

Cuando nos damos de frente en el terreno personal, quizá aquí, no escarmentamos tanto de la experiencia… Muchas veces no nos conviene, la venda la tenemos permanente y el pañuelo en la mano de una manera constante. ¿Tenemos capacidad para ver la alegría, cuando “llueve”? Pues tampoco. Caemos una y otra vez en la misma piedra, pensamos que no hay mañana y tampoco futuro, echamos la vista atrás, y solo recordamos los momentos de dolor.

¿Realmente creéis que escarmentamos de la experiencia? ¡Pues no! Y aquí sí que muchas veces somos demasiado crueles con nosotros mismos, nos causamos dolor, daño, pasamos a ser nuestros peores enemigos. Las heridas son muchas, las marcas más… Nos colocamos una coraza  y es entonces cuando utilizamos “la violencia” (fustigándonos continuamente…) Y es que somos cobardes, miedosos, tememos por lo poco que tenemos sin arriesgar, y llegamos a conformarnos con las migajas.

 La canción entona esa preciosa frase que dice “no dudaría en volver a reír”. ¡Pues claro! Mis raíces me han acompañado siempre, son el mayor legado, he tenido siempre muy presente mis cicatrices, pero solo para no olvidarme dónde no volver a meter el dedo, he intentado sacar el máximo provecho hasta de las situaciones dolorosas para recordar lo que las ha provocado y no llamar a esa puerta, me niego a rendirme y dejar de seguir luchando, deseo y necesito seguir Bailando bajo la lluvia para hasta poder disfrutar de ella y siempre, siempre he tenido muy claro lo que quiero y lo que no (cosa que no suele encajar la gente demasiado bien). Y es que, “no voy a dudar en volver reír, nunca”.

Mucha gente me dice que siempre tengo una sonrisa y casi nunca se sabe si tengo dolor. Amigos, sonrío porque continuamente la vida me da motivos y os aseguro que “prometo ver la alegría y escarmentar de la experiencia, pero nunca, nunca más usar la violencia… parachuruchuru, parachururuchururú…”

 

No dejéis de escuchar la canción, de poca letra pero de tanta sabiduría…

Carmen Prada | Consultora de Desarrollo Personal y Profesional

Imagen Carmen Prada

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