Mientras soñaba me encontré con la realidad

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Por Carmen Prada

 

Recuerdo que ya desde bien jovencita veía pasar vidas ante mí e intentaba mejorarlas, aunque en aquel momento no era consciente de que no todas tenían por qué mejorar…  Mi inquietud por todo lo que se mueve me ha acompañado a lo largo de todos estos años hasta llegar al presente. Y me explico.

Ya con 10 años buscaba mi momento durante el día y además en el mismo lugar para poder estar a solas y hacerme preguntas, a la par que yo misma me las respondía.

Recuerdo que después de hacer los deberes, que por entonces ni se cuestionaban, y merendar mi bocadillo preferido de mantequilla con azúcar, mi madre me permitía salir a jugar como se acostumbraba, a la calle, y disfrutar de un poco de ocio. Había algún momento en ese rato en el que sola buscaba un banco que estaba situado de espaldas al río Boeza, afluente del Sil que cede a éste sus aguas al llegar a Ponferrada. Justo a la derecha de ese banco de hierro cruzaba una carretera, y a pocos metros estaba situado un semáforo.

En aquel rato de preguntas y respuestas eran muchos los coches que por aquel entonces circulaban por allí, y cuando en el semáforo se dibujaba el color rojo, mi cabeza empezaba a imaginar la vida que podían tener las personas que ante él paradas se encontraban.

Y os preguntaréis, ¿pero no has comentado que te hacías preguntas a las que tú misma dabas respuesta? ¡Pues sí, y además con una rapidez de vértigo!

Utilizaba gran parte de mi tiempo preguntándome cómo sería mi vida en el año 2000, por aquel entonces corría 1987. Y yo misma me respondía.

Tendría una gran casa, toda llena de cristales, ya estaría casada, habría sacado la carrera de periodismo y completamente feliz. ¡La vida soñada por cualquiera y no estaba nada mal! ¡Para qué darle más vueltas, ya estaba todo planeado! Planeaba mi vida sin quitar de mi vista ese año como referencia, porque me parecía una fecha importante, quizá por su simbolismo, no sé…

Esta situación se repitió día tras día durante un periodo de tiempo considerable.

A medida que iban sucediendo los años comenzó toda la lluvia de noticias y hechos que iban a llevarse a cabo en esa fecha clave. Veía más complicado que todo lo que llevaba años soñando se hiciese realidad, sin pararme a pensar evidentemente y menos a esa edad que para alcanzar los sueños, una tiene que hacer algo…

Lo cierto es que llegó ese año tan señalado y nada fue como yo lo había soñado. Incluso puede que haya sido uno de los peores de mi vida, justo ese, pues mi abuela paterna, que era mi confidente y alguien muy muy importante en mi vida, falleció y de un modo inesperado.

A esas alturas ya me había dado cuenta que la vida no sucede como una se la imagina, ni tan siquiera pensando en el día de mañana mismo. Quizá ese fue el primer aviso que tuve advirtiéndome que la vida no es tal y como la programamos, y mucho menos como la imaginamos.

La vida la construímos cada día, pasito a pasito, deshaciéndonos de cosas y cargándonos de otras.

Imaginaros lo difícil que es llevar a buen puerto la nuestra, tropezando lo menos posible, levantándonos lo más rápido que podemos de la última caída, saltando obstáculos que en ocasiones ni somos conscientes…, como para pretender organizar la vida de los demás.

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El deseo para nosotros mismos es la construcción, mientras que en ocasiones tengo la sensación que para otros es la destrucción del bienestar ajeno. No podemos caminar cada día juzgando lo que hacen o no hacen los demás, poniendo en tela de juicio acciones, menospreciando a la gente porque uno no obtiene lo que desea, intentando saltar por encima de quien haga falta… Porque si llegamos a esto, qué triste y vacía debe ser nuestra existencia.

Cuando yo me sentaba hace 29 años en aquel banco de hierro color verde con agujeros, y miraba cómo pasaban los coches y con ellos muchas historias, solo se me pasaba por la cabeza construir dentro del vehículo cualquier historia de vida que fuera mejor que la que ya existía.

Hoy en día miro atrás, obtengo muchas lecturas y reflexiones y me doy cuenta que la mujer de hoy es esa misma que hace tantos años aun siendo niña ya soñaba con un mundo mejor.

Doy fe que he cometido muchos errores en mi vida y seguramente los que me queden, pero de algo sí estoy segura, y es que soy persona de construcción y no de demolición…

No cambiaría lo que soy en este momento por lo que podía haber sido en ese año 2000, la vida me ha regalado muchas cosas, y entre otras el valor que tiene la mía propia y la de las personas que me rodean.

 

 

 

 

 

*Fuente de la fotografía, Carmen Prada

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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6 comentarios en “Mientras soñaba me encontré con la realidad

  1. Buenos Días querida amiga, es un regalo del cielo, levantarse, tomar un café y leer un artículo tuyo, aunque pueda parecer peloteo, para nada lo es. Tenia muchas ganas de que llegara este día para empaparme de tus siempre bien halladas palabras.
    Hoy me propongo reflexionar muy para mi, sobre ese momento de infancia al que tu haces referencia, pues en todos los hubo. Respecto a lo esas personas destructivas, cada día te encuentras con ellas, pero he aprendido algo, esas personas ” me resbalan “, allá ellas con sus envidias, porque no son más que eso, personas frustradas y envidiosas. Nosotros Seguiremos construyendo caminos para que vivamos en un mundo mejor, ¿ Quien Quiera?
    Un Beso Carmen.

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    • Muchas gracias Amigo por tus sinceras palabras, soy consciente que salen del corazón.
      ¡Cierto! Pienso del mismo modo que tú. Todos hemos pasado por momentos como esos, aunque para darse cuenta de ello, hay que pararse en muchas ocasiones en la vida.
      Este recuerdo es uno de los que me acompaña cada día para recordarme que los sueños se construyen día a día y con mucho esfuerzo…

      ¡Un beso enorme!

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  2. Susana Álvarez Fernández dijo:

    Compartimos dos cosas, el bocadillo con mantequilla y azúcar ¡qué rico! Y ese borrador de vida que nunca se cumplió. En mi caso, he de decir que sí conseguí una cosa, ser madre muy joven. Decidí que iba a ser madre joven y con 25 años lo cumplí. El resto del boceto no tiene absolutamente nada que ver. Y no me importa, ¿sabes el motivo? Porque me gusta mucho el reflejo que me devuelve el espejo todas las mañanas.

    Te quiero mucho amiga, y cada día estoy más feliz de contar contigo en mi vida.

    Un beso.

    Susana

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    • Lo cierto es que ¡son muchas cosas las que compartimos, amiga!

      La imagen del espejo es un gran medidor de nuestra paz interior. A mí también me gusta, por ese motivo no cambio mi vida actual por la imaginaria que un día construí.
      Estas pequeñas reflexiones que me acompañan me han llevado a ser la persona que soy, aún a pesar de lo mucho que me queda por recorrer.

      ¡Mil gracias por existir en mi vida!

      Un beso enorme, Amiga.

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