El coraje es una decisión

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Artículo publicado por Carmen Prada

 

A menudo me llegan ofertas de empleo y propuestas de colaboración por diferentes medios. Pero he de reconocer que en muchos de los proyectos que se me presentan no creo, con lo cual, aceptar algo en lo que no veo una  lógica, sería  incoherente por mi parte. Por otro lado, llegan ofertas con tintes que están lejos de la seriedad profesional… Otras, que la carta de presentación en sí de la empresa deja mucho que desear, y también es cierto que otras las voy dejando porque quizá no es el momento, pero nunca las descarto…

Hace algún tiempo, contactó conmigo una persona, que así se considera antes que empresario, interesada en mí profesionalmente. Desde el inicio le hice saber que el proyecto me parecía atractivo, le veía cosas interesantes, tenía muy buena pinta…

 Durante unos días, intercambiamos dudas, reflexiones, opiniones, sugerencias… Y progresivamente hablamos del proyecto con mayor profundidad. Me comentó algo que me hizo ver el porqué este proyecto tenía algo diferente al resto, y lo que me dijo fue “soy humilde pero muy honrado”. Puede sonar a frase hecha, pero tras saber cómo su idea nació, las dificultades que se ha podido encontrar, desencuentros, decepciones, estoy convencida de que es así. Y no tiene cualquier cosa, sino un proyecto inteligente, de futuro, y con un logro muy importante, que es la confianza y unión de las personas, que reitera “son una parte muy importante del proyecto”.

Como a muchos, por desgracia la crisis le azotó, y fue una crisis en muchos sentidos, económica, social, familiar, de salud…  Y lo cierto es que en algunos casos, -y no hablo en concreto de éste-, cuando uno está en lo alto, cuando uno piensa que las necesidades materiales las tiene sobradamente cubiertas, se corre el riesgo de que los euros tapen “otras miserias”…

Son muchos los empresarios y profesionales que han tocado la cima en momentos de bonanza, y a menudo –no siempre, claro-, sin ser conscientes, la soberbia, la altanería, el egocentrismo, el egoísmo… han sido sus compañeros de viaje, y han podido hacer en ellos estragos, ya que han vivido una vida alejados de esa otra realidad que también existe,  que es la de la precariedad y las dificultades para llegar a fin de mes.

Es muy fácil subir, mirar por encima del hombro, llegar a creerse dioses y tratar a los que están a su alrededor con un despotismo desmesurado, sin darse cuenta que el recorrido de la vida es largo, y acabas encontrándote con muchos cruces de caminos, y en ellos, personas que conocías…

No son pocos, y lo digo porque conozco casos concretos, los que siguen sin aceptar que su pedestal ya no es el mismo, el nivel no lo pueden mantener, que quizá deban llamar a puertas que antes ellos tenían que abrir, y ahora tendrían que esperar lo contrario, son incapaces de someterse a una conversión de humildad, su corazón aunque sufra no lo muestran, sino todo lo contrario, siguen viviendo una vida irreal, la soberbia la siguen llevando por bandera… Y no son capaces de mirar atrás, verse a tiempo real y hacer una autocrítica, levantar la mirada de la zona del ombligo o mantenerla a la altura de los ojos de la persona que tienes en frente, porque en esta vida hay que saber ganar, pero también aceptar una derrota, y es que tanto en el éxito como en el fracaso hay que equiparse de mucha humildad.

Seguramente no sea fácil, pero estoy segura que te tiene que hacer crecer el valorar situaciones, momentos, acciones, sensaciones…, en los que antes ni se reparaba. De estos actos nacen nuevas personas, valores, sentimientos… Y es que la persona que me ha inspirado a escribir esto, me ha hecho creer que la humildad desde el todo hasta el poco sigue existiendo. Que de ella nacen ilusiones, pasiones, proyectos, metas, caídas y vueltas a empezar, amar todo aquello que te rodea… Y es que en este caso las fuerzas se las han dado sus hijos, su familia, amigos, “algo que no se ve pero se siente”…, y es que cuando por momentos quieres tirar la toalla, te das cuenta que existen un montón de motivos por los que seguir luchando.

Claro que hay que luchar, pegarse cada día con la vida, patalear, caerse, sudar… Pero, ¿quién nos dice que de todo sufrimiento y dolor no va a nacer algo bonito, que la vida nos va a enseñar algo nuevo?

A mí me has dado una lección, me has hecho ver que hasta las derrotas más crueles se pueden vestir de colores, y no sé cuál será mi camino, pero algo sí puedo decir, y es que todo proyecto que nace desde la humildad del corazón tiene el éxito garantizado, y valoro y agradezco que lo hayas querido compartir conmigo.

El éxito no es el final, el fracaso no es fatal: es el coraje para continuar lo que cuenta.

                                                                                                      WINSTON CHURCHILL

*Fuente de la fotografía, Pixabay.com

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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