Un pequeño recorrido por nuestra vida

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En continuo recorrido

 

Artículo publicado por Carmen Prada

Recuerdo que hace unos meses, me encontré con un compañero del colegio del que hacía muchos años había perdido el rastro. Tuvimos pocos minutos para conversar, su vida está lejos de su ciudad natal, y yo continúo en el mismo lugar donde ambos nos criamos. Digo, fueron escasos minutos, porque únicamente recordamos, nos reímos, y disfrutamos volviendo a esos años, los de la infancia. Reconozco que siempre nos llevamos muy bien, yo era una niña tímida y reservada y eso a veces hacía que “las poderosas”, de algún modo se sintiesen superiores a esa niña, que simplemente vivía su inicio de juventud. Él y otros compañeros siempre me trataron con mucho cariño y por momentos, a sabiendas de mi inocencia, me sobreprotegían.

Fue curioso, él recordaba unos momentos, unas vivencias de esa época y yo otras. Nos reíamos porque nuestra memoria se antojó selectiva, ya que cada uno se había quedado con curiosidades que, de algún modo, le habían marcado. Resultó un rato agradable.

Muchas veces, llevados por la rutina, el estrés, el día a día y sobre todo cuando nos surge algún problema, alguna preocupación, nuestra memoria se vuelve selectiva. Claro está, que en estos casos no nos beneficia en absoluto. Ese contratiempo se vuelve el centro de nuestra vida, cuando realmente es solo una parada más, no tiene que bloquearnos.

Pasamos por alto continuamente nuestro caminar en la vida, en muchas ocasiones nos olvidamos de todo lo vivido desde el comienzo, desde el mismo momento que tuvimos uso de razón. Y es que casi siempre los primeros recuerdos que nos vienen a la mente son los de la edad escolar, las primeras amistades, los dibujos animados preferidos, la merienda que tanto disfrutábamos cuando salíamos del cole, del momento en el que llegaban las vacaciones y nos íbamos con nuestros padres al lugar acostumbrado, de las canciones de la época.

De la época de juventud, nos viene a la mente la primera vez que nos dejaron maquillarnos –las mujeres-, el primer amor, los domingos de discoteca, las fiestas del instituto, aquellos exámenes en los que nos lo jugábamos a todo o nada, la primera vez que nos rompieron el corazón… Y sí, puede sonar hasta aquí, todo a una dulce melodía. Pero no, a esas alturas también había piedras en el camino, como algunas que he dejado entrever.

La juventud es una etapa difícil, complicada, con piedras, charcos, zancadillas, pero al final nuestra memoria sigue siendo selectiva, tiende a recordar lo bueno.

Comenzamos la etapa laboral, si uno tiene suerte o trabaja para tenerla, iniciaremos nuestra andadura en algún puesto que nos guste, que nos llene, en el que habíamos pensado, y si no seguiremos buscando nuestro sueño, trabajando para sobrevivir, y en ningún caso sin dejar de luchar sea cual sea nuestra meta profesionalmente, siempre desde la humildad y la honradez, pero con una dosis de ambición buena, porque la ambición en su justa medida y con cabeza es motor de grandes hazañas.

En el mundo profesional, es en el que quizá más zancadillas, golpes, charcos, caídas, peligros nos encontramos y a diferencia de los recuerdos de la infancia y juventud, nuestra memoria puede ser que esté marcada por las veces que nos caemos y nos volvemos a levantar. En Estados Unidos se dice que uno no es buen profesional -y algunas empresas así seleccionan a sus candidatos- hasta que no tiene tres grandes caídas, porque entienden que a partir de esta última, están formados profesionalmente. Para ellos eso es “experiencia”, para nosotros “fracaso”. Cuestión de mentalidad, ¿verdad? En fin…

En esta etapa de madurez, ya pensamos en encontrar al amor de nuestra vida, formar una familia, estabilizarnos, comprar un coche, casa… ¡Qué sé yo! Pero volvemos a tener memoria caprichosa, porque solo nos quedamos en la mayoría de los casos, en las dificultades que nos encontramos en este proyecto de vida. Que si la persona de la que te has enamorado tiene “taras”, el pago de la hipoteca, el coche solo da gastos, lo que supone económicamente mantener a los niños, la libertad que teníamos de algún modo se ha perdido, cuesta llegar a final de mes…

Y es que a veces hace falta volver la mirada atrás, para recordar todo lo bueno que la vida nos ha proporcionado, momentos que si no hacemos un esfuerzo quedan en el olvido, no nos damos cuenta de los sacrificios que nuestros padres han hecho para que hayamos llegado a este punto, nos olvidamos de las amistades que la vida nos ha regalado, del amor, de la gran suerte de haber vivido la infancia cuando hay muchos niños que no lo pueden hacer, de momentos que no van a volver, de una buena compañía en el lugar y momento adecuado, de los viajes disfrutados, de la emoción de cada año con los regalos de los Reyes Magos… ¡Infinidad de grandes momentos!

Sigo pensando que nos fustigamos demasiado, que nosotros mismos nos hacemos daño, parece que nos cuesta menos acordarnos de lo malo que de lo grato. Y es que sigo creyendo que somos esclavos de nosotros mismos.

Y finalizo como comencé, “hace muy escasos días…”, hice un pequeño recorrido por mi vida y me di cuenta que aún a pesar de la cruz que en nuestras vidas cada uno lleve, de igual manera, tenemos un pedacito de cielo, solo debemos abrir los ojos y echar la mirada en todas las direcciones.

 

 

 

 

*Autora de la fotografía, Carmen Prada

 

 

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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4 comentarios en “Un pequeño recorrido por nuestra vida

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